Enseñanza de actividades físicas y deportivas

Memoria de prácticas de Educación Física y Deporte. Colegios. Educación deportiva primaria

  • Enviado por: Francisco Javier Merino Puerma
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 19 páginas
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Enseñanza de actividades físicas y deportivas

Índice

O) - NOTA ACLARATORIA pág 3

I) - PRIMERA IMPRESIÓN Pág 4

II) - MI CLASE Pág 6

III) - ¡¡¡A TRABAJAR!!! Pág 7

IV) - CELEBRAVIONES Pág 19

V) - CONCLUSIONES Pág 21

Nota aclaratoria

Me han pedido que al término de mis cinco semanas de prácticas elabore unas memorias en las que debe quedar reflejado lo que viví, observé y realicé en el centro educativo donde estuve destinado. Pues bien, esto es lo que intentaré hacer de la mejor manera posible, lo que no significa que dicha labor sea sencilla de realizar, ya que no se puede transmitir fácilmente a un papel lo que se lleva en el corazón.

Sé que puede sonar un tanto manida y repelente la frase, pero si quien lea este documento ha pasado por unas prácticas educativas al igual que yo, confío en que entenderá perfectamente a lo que me refiero.

Así pues, y habiendo querido dejar constancia de este punto, me dispondré a desarrollar de la mejor manera posible mis vivencias, observaciones y realizaciones en mis practicas como docente.

I. Primera impresión

Es difícil para mí saber lo que la mañana del 21 de Enero pasaba por mi mente.

Los nervios y la incertidumbre de no saber lo que me esperaría, hacían que casi no me diera cuenta de lo que estaba viviendo. Luego, cuando entré en la Sala de Profesores y los vi a todos allí sentados y yo entrando como uno más, creo que fue cuando empecé a reaccionar. No me podía creer que yo estuviera en esa sala, tan temida y admirada por mi no hace muchos años, y ahora entrase en ella “formando parte” del equipo que la compone.

El Jefe de Estudios nos explicó a los nueve profesores de prácticas brevemente cual sería nuestro papel allí a desarrollar y lo que más o menos se esperaba de nosotros.

Tras repartirnos los horarios y comunicarnos en qué aula trabajaríamos cada uno, hicimos un breve recorrido por el colegio y nos indicó la localización de clases, patios, gimnasio, sala de ordenadores... y demás instalaciones que teníamos a nuestra entera disposición para su uso.

A continuación cada uno de nosotros debía irse a la clase que le hubiera sido asignada y comenzar su labor de “docente por cinco semanas”. Y así hicieron todos mis compañeros. En mi caso, el Jefe de Estudios me había asignado solamente clases de Educación Física lo que me dejaba un horario con bastantes horas libres, por lo que hablando con él llegamos al acuerdo de que me lo completaría.

Y así, sin hacer nada en particular, pasó mi primer día allí. Aunque para mí fue igual de valioso charlar amigablemente con los profesores o recorrer palmo a palmo el colegio.

Al día siguiente me fue entregado un horario más equilibrado con una variación a destacar: a parte de las clases de Educación Física que debía dar a 2º, 5º y 6º de Primaria, el resto de las horas, debía estar ayudando en lo que pudiera a la profesora de 2º B, Doña María José.

Este aspecto lo quiero resaltar porque, aunque mi especialidad sea la Educación Física, ha sido muy enriquecedor para mí el poder trabajar también dentro del aula.

Lo cierto es que desde un principio todo fueron facilidades y libertades. Y quizás eso me asustaba un poco, porque eso exigiría por mi parte renunciar a cualquier excusa a la hora de trabajar, ya fuera por falta de materiales o recursos.

A esto habría que sumarle la presión que yo sentía en mi interior por haber sido antiguo alumno del centro, lo que en aquellos primeros momentos me agobiaba bastante, pues pensaba en si llegaría a estar a la altura de lo que se esperara de mí.

II. MI CLASE

Como acabamos de mencionar, debía dar clase también a los niños de 2º de Primaria, y la verdad es que la experiencia no pudo ser mejor.

La clase en sí era de lo más heterogénea en comportamientos, personalidades o niveles de clase social, lo que me ha enriquecido mucho, pues exigía de mí modos de actuación distintos, tantos como niños había.

Al decir esto, me refiero a que he podido comprobar como, a pesar de que todos los alumnos de una clase tienen características en común (como la edad o los objetivos que deben conseguir) cada uno de ellos necesita de ti un modo de actuación diferente, pues no todos avanzan a la misma velocidad o de la misma manera.

III. ¡¡A TRABAJAR!!

En el relato de este apartado iré entremezclando mi experiencia tanto en las clases de Educación Física, como en la clase de Primaria.

El primer día que tuve la oportunidad de dar clase fue “raro”.

La profesora de 2º A se llevó a sus alumnos al patio y allí comenzó a impartirles la clase de Educación Física, mientras yo observaba. La última media hora me invitó a llevar la clase y a darla con total libertad. Yo, por supuesto, no quería desperdiciar la oportunidad y quise demostrar que podía contar conmigo para lo que necesitara.

Con lo que yo no contaba era con que los nervios iban a salir a relucir porque, cuando me dispuse a explicarles algunos juegos, mi mente se quedó en blanco y sólo se me ocurrieron juegos ya de sobra conocidos por todos ellos. Esto supuso que al final de la clase se me acercaran algunos niños y me “aconsejaran” que fuera más original en futuras sesiones puesto que se sabían todos los juegos que pusimos en práctica. Aunque, eso sí, me dejaron claro que se lo habían pasado en grande.

Aunque ahora lo veo como una anécdota y algo bonito para recordar, he de reconocer que en ese momento me sentí un poco decepcionado, si bien es verdad que tanta sinceridad por su parte me vino muy bien para aprender del error, fruto de mi falta de experiencia, y descubrir así algo tan fundamental y básico como que a los niños les gusta:

1º) divertirse

2º) aprender nuevos juegos

Incluso me atrevería a afirmar que por ese orden de preferencia.

Y cuento esto porque a partir de ese primer día, traté de buscar sesiones amenas, divertidas, útiles en relación a su mejora física, así como originales.

Si lo conseguí o no, no podré responderlo objetivamente, pero si me lo preguntaran yo diría que, al menos para los niños, ha significado una forma nueva de recibir las clases.

En relación a la clase de Primaria debo destacar la impresión que me produjo presentarme ante ese grupo de “pequeños diablos”.

No sé por qué, pero yo me sentía fuera de lugar. Creía estar preparado para dar clases de Educación Física, pero reconozco que pasar un gran tiempo de mi período de prácticas en una clase de 2º de Primaria, me producía un tremendo temor, que no sé si denominarlo miedo. Me causaba incertidumbre saber si podría desenvolverme fácilmente ante 25 niños y niñas que me pedirían ayuda constantemente.

Así que un poco entrecortado y atemorizado, entré en la clase y, tras presentarme la profesora, Mª José, me senté en una sillita como la de ellos y me dediqué a observar. Imagino que mi cara debía ser digna de ver, porque los pequeños me miraban de arriba a abajo y cuchicheaban entre ellos. Yo, al principio, permanecía inmóvil, aunque con el paso de los minutos me fui relajando.

Me dediqué a ver, oir y callar y así fui elaborando mis primeras impresiones de cada uno de ellos, contemplando sus comportamientos, actitudes y formas de actuar, para cuando me fuera preciso mediar saber cómo hacerlo.

El primer día pasó y me fui a casa con el deseo de que llegara otro y poder conocer más y mejor a esos “pequeños seres”, que con sus simples miradas me habían cautivado.

Los días iban pasando y yo ya me había presentado a todas mis clases con la noticia de que durante unas semanas yo sería su nuevo profesor. Noticia que todos recibieron con gran satisfacción, lo que en mí produjo alegría a la vez que me hacía sentir una gran responsabilidad.

Para comenzar a desarrollar mi trabajo, mi primer objetivo sería ponerme al día de por dónde iba cada profesor con su clase.

Tras dejarme todos los profesores sus libros de ejercicios y unidades didácticas, organicé para cada grupo unas sesiones que, según su resultado, me aportarían información sobre el nivel general de cada clase y así saber qué debía esperar de cada una de ellas.

Esto es lo que se conoce como Evaluación Inicial, y me fue de gran ayuda ya que sus resultados fueron la piedra angular del resto de mi trabajo.

Y es que, antes de comenzar las prácticas, estuve repasando los apuntes de Didáctica General y opté por tener en cuenta a Ausubel, y su teoría del “aprendizaje significativo”. Entendí que si quería tener éxito en mi pequeña andadura de docente, no podía obviar los anclajes (conocimientos previos) que poseían. De ahí que me decantara por realizar una pequeña evaluación inicial.

Aunque también he de resaltar que no me fue fácil encontrar la manera más idónea de ponerla en práctica, porque mi objetivo principal en todo aquello era hacerlo lo más entretenido y ameno posible, y no sólo pasarles unos test o ponerlos a correr y tomar nota de sus tiempos. Y lo cierto es que salí satisfecho de cómo salió todo porque encontré juegos y ejercicios entretenidos y que me reportaron información de sus niveles físicos. ¡Objetivo cumplido!

Volviendo a mi andadura en la clase de primaria, las anécdotas se fueron sucediendo, mi admiración por todo lo que observaba iba “in crecendo” y mi temor disminuyendo.

MªJosé me encomendó la tarea permanente de ayudar a un alumno que por diversas causas no podía seguir el ritmo de sus compañeros: no sabía leer, tenía dificultad en el área de matemáticas... Además el chico tenía algunos problemas de comportamiento: pegaba a sus compañeros, decía tacos, y molestaba constantemente en clase.

Me pidió que me pusiera con él e intentara que al menos “no molestara a los demás de la clase”. Y lo entrecomillo porque esas fueron sus palabras exactas.

La verdad es que el comentario me molestó ya que me dio la impresión de que su intención no era que el niño alcanzara a los demás, sino que no molestara. Es decir, me pareció que para ella era un caso perdido y que lo único que yo tenía que hacer era entretenerlo con tal de que no hiciera ruido.

Quizás no sea yo quién para criticar este aspecto, pero debo reconocer que me enfureció recordar que tenemos una asignatura en 2º de carrera llamada “Bases Neuropsicológicas” en la que nos detallan cómo podemos ayudar a niños con problemas tanto físicos como de conducta, así como el camino más adecuado a su integración. Lo cierto es que esto me hizo pensar que todos estos estudios quedan en tinta mojada a los ojos de profesores ya veteranos.

Pero aunque esto me enoje, me ayuda a darme cuenta de que cuando se nos presentan casos así, la solución no es ignorar el problema, sino afrontarlo de la mejor manera posible por muy difícil e incómodo que nos resulte. Y digo todo esto porque a mi modesto entender, en apenas cinco semanas, conseguí que el chico cambiara, al menos en algo, su actitud en clase. Sólo me hizo falta escucharlo un poco y buscar métodos para que prestara más atención.

Pero este sería un tema arduo y complicado de tratar. Además no es el fin de estas memorias buscar soluciones a casos como éste sino narrar mi experiencia, como así intento hacer.

En Educación Física proseguí realizando ejercicios a base de juegos.

Destacaré uno en concreto porque me reportó información muy útil en pos de futuras sesiones. Se trata del juego de los números electrónicos:

La clase queda dividida en unos 5 grupos y deben formar el número que yo les indique tumbándose en el suelo. Así, con sus cuerpos, forman el número.

Pues bien, con este sencillo juego pude determinar claramente quiénes eran los líderes de la clase, ya que destacaban por ser los que daban las órdenes a los demás sobre cómo y dónde debían ponerse. Así mismo, quedaba patente también los que se dejaban dominar, los dudosos, los “torpes”,...

Todo esto dio como resultado que el juego fuese alabado y criticado. Para los líderes era un juego muy motivante, porque les permitía poner en práctica sus dotes de mando. Mientras que para los chicos de carácter más débil era frustrante verse dominados por el “listo” de la clase.

El juego que quizás más me desanimó y agradó a la vez fuera el que desarrollara con todas las clases llamado “El festival de Eurovisión”:

En él debían tararear imitando a perros, gatos o pájaros la melodía del festival de Eurovisión. Todas las clases entendieron la dinámica del juego, con una peculiaridad: ningún chico de ninguna clase se sabía el himno. Y la verdad es que al principio esto me descolocó un poco y no sabía cómo salir airoso de aquella situación. A eso me refiero cuando matizo que el juego me desanimó.

Pero pensé que debía haber alguna canción de sobra conocida por todos ellos. Y desde luego que la encontré: “Operación Triunfo”. Concretamente, “A tu lado”. Así que les cambié una canción por otra y el resultado fue inmejorable.

El juego salió perfectamente: ellos se divertían y yo respiraba tranquilo por haber podido encontrar una alternativa rápidamente que me permitiera el poder seguir adelante.

Y es que no hay que obviar que existe una nueva cultura como es la de la televisión que, estemos a favor de ella o no, en según qué circunstancias puede sernos de gran ayuda.

En la clase de 2º mi papel ya no se cernía exclusivamente a atender al chico que se me encomendó en un principio. Poco a poco los fui conociendo a todos y aprecié cosas muy interesantes.

Me sorprendía que en niños aparentemente tan iguales, pudiera haber personalidades tan distintas entre ellos. Me refiero a que te podías encontrar con un niño hiperactivo, y en la mesa de al lado a otro extremadamente introvertido, hasta el punto de que no hablara absolutamente con nadie, ni siquiera con la maestra. Yo tampoco fui capaz de sacarle ni una palabra y esto me frustraba un poco, pero siempre intenté ver el lado positivo de mis “fracasos” y quise pensar que tampoco podía hacer milagros, y más si ya había psicólogos que se estaban encargando del caso.

En Educación Física, y hablamos ya de la 3ª ó 4ª semana más o menos, me iba sintiendo cada vez más a gusto entre los chicos y creo que a ellos les pasaba lo mismo conmigo. Aunque, quizás por ser el profesor de prácticas, en determinados momentos no me tomaran tan en serio como podrían hacer con el resto de sus profesores.

Aquí debo recalcar un punto que antes no mencioné porque carecía de relevancia hasta ahora. Todas las clases de Educación Física las daba sólo, es decir, sin la presencia del profesor en el patio, que me dejaba al frente de la clase mientras él se iba a su despacho a encargarse otros menesteres.

No digo esto porque me molestase, al contrario. Yo me sentía más libre y sin la presión de tener a nadie que me observara todo el tiempo. Lo que ocurría es que al estar yo solo al frente de cada grupo, era relativamente fácil que se me escapara de las manos su control.

Y esto fue lo que ocurrió. Cuando fui al aula de un curso para llevármelos al gimnasio, por las escaleras iban chillando, corriendo y sin hacerme caso (lo cual no ocurría con el resto de los profesores). Así que al llegar al gimnasio los volví a subir a su clase y tras hacerles notar mi disgusto por su comportamiento, volví a bajar con ellos. Pero por desgracia se volvió a repetir la escena.

Hasta cuatro veces los hice subir y bajar del gimnasio a la clase hasta que conseguí que lo hicieran en silencio y orden.

Mi actuación aún me plantea dudas y no sé si mi decisión fue acertada o no. Además conseguí ganarme cierta enemistad por parte de algunos chicos. Y, aunque a los dos días estuvieran todos a bien conmigo, lo cierto es que creo que podía haber encontrado otra fórmula para conseguir lo que salió al cuarto intento. Pero ¿cuál?.

Ya estamos a finales de las prácticas y he de reconocer que el hecho de que casi me sintiera más a gusto en la clase de primaria que en el patio, impartiendo las clases de Educación Física, me pilló bastante de sorpresa. Digo esto porque, poco a poco, los nervios y el temor de los primeros días dentro del aula fueron dejando paso a la satisfacción.

De mi papel en esta clase poco me queda ya por destacar.

En alguna ocasión me tuve que quedar sólo con ellos y aunque, al igual que me pasara con la clase de Educación Física, los chicos se revolucionaron más conmigo que si hubiera estado Mª José, creo que supe controlar bastante bien la situación.

¡Ah!, no quisiera terminar mi comentario a cerca de lo que viví en esta clase sin obviar lo que más me llamó la atención.

Se da por supuesto que los tiempos han cambiado y la enseñanza educativa también pero creo que, tras lo observado, aún hay rastros, y bien arraigados, de “escuela antigua”.

Yo creía desterrada la enseñanza a través de los castigos. A lo mejor se trata de una creencia errónea por mi parte, pero la verdad es que me sorprendió, y de manera negativa, comprobar que se sigue castigando a los niños poniéndolos de pie durante varias horas mirando hacia la pared.

No sé si es algo común o no, pero lo cierto es que esto ocurre. Tal vez con la llegada de sabia nueva, profesores a los que se les han dado a conocer otros estilos de enseñanza, el panorama educativo se vea enriquecido, y poco a poco se puedan ir erradicando métodos obsoletos.

Y para concluir, quisiera destacar un último hecho que considero importante.

Me llamó la atención que aunque intenté, en según qué sesiones, poner en práctica los principios de Individualización, Globalización o Actividad, no obtuve el mismo resultado dependiendo de la clase en que actuara.

Haciendo los mismos ejercicios en las distintas clases, el resultado obtenido era totalmente diferente. Con lo cual aprecié que una cosa es lo que ponga en un libro y otra muy distinta lo que ocurre dentro de un aula con 25 chicos distintos unos de otros.

Referente a lo que he mencionado antes en relación a los principios puestos en práctica, quisiera destacar el de Socialización en la actividad que realicé con todos los cursos en vísperas de los carnavales.

Les pedí que se trajeran pelucas, pinturas y demás enseres para el día siguiente y, clase por clase, realizamos una caracterización de “Un paso de Semana Santa”, “Un día en la playa”... Y lo cierto es que salió muy bien.

Los chicos se lo pasaron en grande y yo conseguí que todos se divirtieran sin importarles si tenían que coger en brazos a un niño o a una niña, o si en el mismo grupo estaba fulanito o menganito. Conseguí que divirtiéndose se relacionaran todos con todos, aunque en clase las diferencias de pandillas se vieran claramente.

(Como muestra de lo que escribo aporto algunas de las fotos que les hice a los chicos).

Por último, apostillar que pese a los momentos tensos o complicados por los que pasé, no cambiaría ninguno de ellos ya que tanto de los ratos buenos, como de los menos buenos, puedo afirmar que he podido aprender algunas cosas muy importantes.

Y puede que esté equivocado, pero creo que éste era el fin primordial de las prácticas, “ hacer lo que se pueda de la mejor manera posible y, si no sale así, al menos encontrar siempre el lado más positivo para aprender de nuestros errores.”IV. CELEBRACIONES

No puedo pasar por alto en este documento los distintos actos que se llevaron a cabo en el tiempo que estuve en el colegio. Y no puedo obviarlos, por dos motivos:

1º porque fueron celebraciones en las que directamente se trataron temas transversales.

2º porque en estas celebraciones mi participación fue muy activa

El primero se celebró el día 30 de Enero “DÍA DE LA PAZ”. Como es de suponer, el tema transversal en este acto no era otro que el de la “educación para la paz” y se trató de una manera muy amena, educativa y divertida para los chicos.

A Quique Blanco (otro profesor de prácticas) y a mí, se nos encomendó la tarea de pensar alguna representación teatral en la que se dejase ver la importancia de la paz en el mundo en que vivimos. Así que representamos un mimo entre los dos.

La representación fue un éxito y nos ganamos el cariño de todos los chicos de Primaria (puesto que la misma se ofreció a toda la etapa). No olvido que el fin de ésta no era ganarse aplausos o simpatías entre los chicos, sino que captaran el mensaje.

Está claro que en 10 minutos no se consigue inculcar algo tan importante como “el respeto a los demás” pero creo que al menos conseguimos que los chicos se lo pasaran bien y “captaran” la moraleja de lo que allí se representó.

La segunda representación se llevó a cabo el día 27 de Febrero con motivo del “DÍA DE ANDALUCÍA”.

El tema transversal está claro: “Cultura andaluza”, y buscábamos un objetivo prioritario: que conocieran la historia de su tierra y valoraran el cuidado por ella.

En la fiesta, celebrada para todo el colegio, tuvimos una participación casi exclusiva todos los profesores de prácticas.

Representamos una obra de teatro mostrando la antigua historia de Andalucía.

El teatro fue un rotundo éxito y los aplausos recibidos fueron la mejor recompensa a tantas horas de preparación y esfuerzo.

Después hubo poemas recitados por alumnos del colegio de distintos niveles y, finalmente, se concluyó con la izada de la bandera blanca y verde, acompañada del himno andaluz cantado por todo el colegio al unísono (profesores y alumnos).

V. CONCLUSIONES

Por último, a modo de resumen, destacar algunas de las conclusiones obtenidas en mi período de prácticas, así como la valoración personal de esta inolvidable experiencia.

Hasta el 21 de enero siempre había afirmado que el campo de la educación me gustaba. Hablaba de lo maravilloso que sería estar al cargo de una clase y lo que yo haría o dejaría de hacer en un aula. Y con esto no quiero decir que me defraudara la realidad, nada más lejos. Si no que es muy distinto como se ve por fuera a como se ve desde dentro.

Lo que quiero expresar es que siempre hablaba desde la teoría y ahora debía poner en práctica lo que había estudiado. Y la conclusión que saqué el 1 de Marzo es que no hay nada que me llene más que enseñar a niños, pero que es muy duro. Y esto último lo ignoraba.

Los niños te llegan a enseñar cosas que tú serías incapaz de imaginar. Y me sorprendió darme cuenta de que pude aprender de ellos casi tanto o más de lo que ellos hayan podido aprender de mí.

Y esto es lo que me llevo de las horas que pasé en aquel colegio.

Si lo hice bien o mal no lo sé. Lo que sí puedo afirmar es que fue una experiencia imborrable.

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