Enfermedad de Párkinson

Enfermedades neurológicas degenerativas. Síntomas. Temblores. Terapias

  • Enviado por: Daniela Navarrete
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 6 páginas
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Parkinson

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad neurológica de origen desconocido. Los pacientes con esta enfermedad se caracterizan por caminar arrastrando los pies, por el temblor de sus miembros cuando están en reposo, por el aumento en la resistencia a los movimientos pasivos, por una postura encorvada y rígida, y por la demencia orgánica progresiva. La deficiencia de dopamina se considera como la causa principal de los síntomas de esta enfermedad. Dopamina es un elemento que se encuentra en ciertas células cerebrales que gobiernan los movimientos, el equilibrio y el caminar.

Se estima que la enfermedad de Parkinson afecta de un a un millón y medio de personas en los Estados Unidos. Las estadísticas recientes a nivel mundial afirman que afecta al 0,25 por 100, considerando el conjunto de la pobla­ción, y al 0,50 por 100 considerando a la población que ha sobrepasado los 40 años de edad. Se nota una preponderancia en el sexo masculino; pero no muy acentuada (1,25 hombres por 1 mujer).

Comúnmente afecta a las personas mayores de 50 años, pero la enfermedad de Parkinson puede ocurrir antes de los 40 años de edad. Aproximadamente 10 por ciento de los casos se consideran de comienzo joven.

La transmisión hereditaria de la enfermedad se ha comprobado solo en pocos casos. Algunas estadísticas indican una predisposición hereditaria con variación del 4 al 16 por 100 de los casos totales.

Síntomas

La enfermedad de Parkinson a menudo se inicia de forma insidiosa y avanza de forma gradual. En muchas personas se inicia como un temblor de la mano cuando está en reposo. El temblor es máximo en reposo, disminuye con el movimiento voluntario de la mano y desaparece durante el sueño. El temblor, leve y rítmico, se intensifica con la atención emocional o el cansancio. Aunque el temblor aparece en una mano, al final puede pasar a la otra y afectar a brazos y piernas. Pueden afectarse también la mandíbula, la lengua, la frente y los párpados. El temblor no constituye el primer síntoma en un tercio de las personas con la enfermedad de Parkinson; en otras, se hace menos notorio a medida que la enfermedad progresa y muchos nunca llega a manifestar temblor.

La dificultad para iniciar el movimiento es particularmente importante y la rigidez muscular dificulta aún más la movilidad. Cuando el antebrazo es flexionado o extendido por otra persona, se puede percibir rigidez y una especie de chirrido. La rigidez e inmovilidad puede contribuir a producir dolores musculares y sensación de cansancio. La combinación de todos estos síntomas causa muchas dificultades. El deterioro del control de la musculatura de las manos, provoca dificultad creciente para las actividades diarias, como abrocharse los botones de la camisa o atarse los cordones.

A la persona con enfermedad de Parkinson, le supone un esfuerzo dar un paso y la marcha a menudo es a pasos cortos, arrastrando los pies y sin el compás del balanceo habitual de los brazos. Al iniciar la marcha algunas personas experimentan dificultades para detenerse o girar. El paso puede acelerarse inadvertidamente, lo que obliga a la persona a desarrollar una carrera corta para evitar la caída. La postura se encorva y le es difícil mantener el equilibrio, lo que ocasiona una tendencia a caer hacia delante o hacia atrás.

Las facciones son menos expresivas debido a la inmovilidad de los músculos de la cara responsables de la expresión. A veces, esta falta de expresión se confunde con una depresión, aunque muchas personas con enfermedad de Parkinson se vuelven efectivamente depresivas. Con el tiempo la cara adquiere una cara perdida, con la boca abierta y una disminución del parpadeo. Es frecuente que estas personas babeen o se atraganten como consecuencia de la rigidez muscular en la cara y en la garganta, lo que dificulta la deglución. Los pacientes de la enfermedad de Parkinson, suelen hablar susurrando con voz monótoma, y pueden tartamudear debido a la dificultad que tienen para expresar sus pensamientos. La mayoría mantiene una inteligencia normal, pero muchos desarrollan demencia.

De acuerdo con la escala Hoehn y Yahr, la enfermedad de Parkinson tiene las siguientes fases:

1.- Fase involucra solo un lado del cuerpo

2.- Fase involucra los dos lados del cuerpo

3.- Fase causa dificultad con el equilibrio y el caminar

4.- Fase causa dificultad significante con el equilibrio y el caminar

5.- Fase resulta en la inmovilidad completa

Las primeras fases se consideran leves, la tercera moderada, y la cuarta y quinta avanzadas.

De 60 a 90 por ciento de las personas con la enfermedad de Parkinson desarrollaran dificultades al hablar caracterizadas por el habla lento, débil, y descoordinado. Estas dificultades varían entre las personas afectadas y pueden cambiar el volumen y el tono, o pueden hacer que la voz suene ronca, monótona, o que las palabras salgan en reventón. Estos problemas suelen empeorar.

La mitad de los pacientes con la enfermedad de Parkinson desarrollan problemas con la deglución. Esta condición puede causar a la persona que derrame comida o líquido de su boca, o que trague la comida antes de que se haya masticado, causando problemas con el ahogo. Pacientes con la enfermedad de Parkinson y sus cuidantes deberán estar pendientes de las señas del ahogo, de comida atorada en la garganta, y de congestión después de comer. A causa de esta dificultad en toser y aclarar los pulmones, pacientes con la enfermedad de Parkinson tienen riesgo de atraer la pulmonía.

Investigaciones indican que más de la mitad de los pacientes con la enfermedad de Parkinson experimentan cambios leves intelectuales y 20 por ciento experimentan cambios más graves. En la enfermedad de Parkinson, el paciente podría tener dificultades con la concentración, el aprendizaje, o recordar nombres. Todas las medicinas recetadas deberían ser cuidadosamente controladas puesto que las dosis altas pueden causar alucinaciones o confusión.

Otros síntomas de la enfermedad de Parkinson incluyen la depresión, el estreñimiento, la pérdida de peso, trastornos al dormir, deterioro cognocitivo, el cierre forzado de los párpados, babear, infecciones de la vejiga, sudor superfluo, y problemas sexuales.

“El temblor”: Característica del Parkinson

¿Cómo es el temblor en estado de reposo?

El temblor en estado de reposo muscular consiste en oscilaciones regulares de peque­ña amplitud y ritmo lento de 4 o 5 ciclos por segundo, variables de un momento a otro del día y según el segmento del cuerpo.

En la mayoría de los casos el temblor cesa con el inicio de los movimientos volunta­rios, para volver a aparecer en cuanto se vuelve al estado de reposo. Sólo en las formas especialmente graves, el temblor subsiste también durante los movimientos voluntarios.

¿El temblor puede verse influido por causas externas?

Sí. En efecto, las emociones y la fatiga aumentan la amplitud de las oscilaciones. Es característico el aumento inducido por el calculo mental, tanto es así que esta res­puesta al cálculo, se suele aceptar como diagnóstica, en casos de temblor modesto o aparentemente latente.

¿Cuáles son las partes del cuerpo más afectadas por el temblor?

El temblor aparece inicialmente, sobre todo en las manos, afectando a ambas manos o a una de ellas. Después, el temblor se puede generalizar progresivamente, presentando algunas particularidades en razón de la lo­calización afectada. En las manos afecta al pulgar y al índice y, después, a los otros dedos, induciendo una semiflexión de las falanges sobre el metacarpo y un movi­miento inverso del pulgar.

Cuando el temblor afecta a los miembros inferiores, los pies son los puntos electivos, con movimientos alternativos de flexión y extensión del pie. Es poco frecuente el tem­blor a nivel de los muslos. En las fases avanzadas de la enfermedad el temblor afecta también a la cabeza. Puede darse temblor en los labios, en la lengua y en la mandíbula; este último recuerda los movi­mientos rápidos de masticación. En cam­bio, los músculos abdominales no presen­tan temblores.

Diagnóstico

Aunque no hayan pruebas específicas, hay varias maneras de diagnosticar la enfermedad de Parkinson. Normalmente el diagnóstico se basa en un examen neurológico que incluye la evaluación de los síntomas y su severidad. Podría ser necesario una prueba de drogas anti-Parkinson si los síntomas fuesen lo suficientemente graves. También, si fuese necesario, podrían hacerse exámenes cerebrales para descartar otras enfermedades que tengan síntomas similares a los de la enfermedad de Parkinson.

Tratamiento

Actualmente no existe remedio para la enfermedad de Parkinson. Si el tratamiento progresara más allá de los síntomas menores, sería necesario un tratamiento por medio de medicamentos. La medicina frecuentemente recetada es la Levadopa (L-DOPA), la cual ayuda a reponer una de las dopaminas perdidas. También podrían recetarse otros medicamentos, incluyendo los antihistamínos y los antidepresivos.

En estos momentos L-DOPA se considera el medicamento más eficaz. Sinemet, una combinación de Levadopa y Carbidopa, es normalmente el medicamento que más doctores usan para tratar a los pacientes con la enfermedad de Parkinson. Aunque efectos secundarios, como las diskenesias (movimientos incontrolables) y la confusión, se encuentran a los 8 años, el uso de estas medicinas puede traer alivio por 10 a 15 años.

Características de la L- DOPA

¿Por qué el fármaco de elección en el parkisonismo es la L-Dopa?

La L-Dopa es un fármaco que, a nivel del sistema nervioso central, se transforma en dopamina, es decir en la sustancia que actúa como mediador químico de los im­pulsos nerviosos entre los centros encefáli­cos del aparato extrapiranudal. En el par­kinsoniano, la lesión extrapiramidal se produce debido a una disminución de dopami­na en los núcleos centrales encefálicos. De ello se desprende que, con la administración de L-Dopa, se persigue corregir el trastor­nos bioquímico que hace que los centros extrapiramidales carezcan de dopamina.

¿Por qué no se usa directamente la dopamina, en lugar de L-Dopa?

No se usa la dopamina porque todos los fármacos que tienen como blanco el sistema nervioso central deben ser capaces de franquear la llamada barrera hematoencefálica esto no es posible para la dopamina y sí para la L-Dopa; Ésta, una vez franqueada la barrera, se encuentra con una enzima que la transforma directamente en dopamina, así transformada, es capaz de compensar la carencia de dopamina en las diferentes zonas del cerebro.

Al cabo de un decenio de experiencias clínicas con este fármaco ¿qué consideraciones pueden hacer sobre la L-Dopa?

La mejoría de la sintomatología parkinsoniana por el empleo de la L-Dopa, ha constituido un paso grande en el tratamiento y el conocimiento de este síndrome. A pesar de los excelentes resultados conseguidos, no se puede olvidar que la, L-Dopa sigue siendo un fármaco sintomático, que no puede corregir la causa del padecimiento. Algunas estadísticas de 1977 informan que con el empleo de L-Dopa se han conseguido mejorías espectaculares en el 20 por 100 de los casos, moderadas en el 40 por100 y modestas en el 25 por 100. El 15 por 100 restante de los sujetos no ha dado respuesta alguna al tratamiento. Además, el beneficio terapéutico de la L-Dopa tiende a agotarse con el paso de los años, tanto es así que después de 5 años de tratamiento sólo una tercera parte de los pacientes sigue teniendo el beneficio inicial. De aquí la necesidad de aumentar la posología del fármaco y el riesgo de aparición de efectos secundarios que, además de los trastornos digestivos, cardiovasculares y las crisis hipertensivas, consisten en alteraciones psíquicas de tipo depresivo o delirante, y en movimientos involuntarios, en forma de discinesias.

¿Cuáles son los fármacos que no hay que usar durante el tratamiento con L-Dopa?

Los fármacos que no deben ser empleados: durante el tratamiento con L-Dopa, porque reaccionan negativamente con él, son; vita­mina B6, reserpina y fenotiacinas y sus derivados. El primero, es decir, la vitamina B6, aunque administrada en dosis muy ba­jas, anula los efectos de la L-Dopa, disminuyendo la cantidad disponible para atra­vesar la barrera hematoencefálica; la reserpina y las fenotiacinas, mediante diferentes mecanismos, pueden causar parkinsonismo secundario, anulando, de este modo, la ac­ción de la L-Dopa.

Intervenciones Quirúrgicas

En los últimos años, tratamientos quirúrgicos han aumentado las opciones para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. Existen tres opciones para los pacientes con la cual tratamientos convencionales no han producido alivio adecuado. Para garantizar los mejores resultados, candidatos para estos tratamientos deberían satisfacer varias medidas antes de ser considerados. Candidatos deberían estar en buen estado físico y tener menos de 65 a 70 años de edad. También deberían ser evaluados por un neurólogo especializado en la enfermedad de Parkinson ya que estos tratamientos pueden perjudicar la salud de pacientes elegidos inapropiadamente.

Talamotomía

Destruye las células cerebrales en el tálamo para corregir el temblor en las manos y brazos de pacientes con ningunos otros síntomas. Los riesgos son mínimos. Mejoramiento de los síntomas es de inmediato en 80 a 90 por ciento de los casos y recuperación completo toma seis semanas.

Palladotomía

Destruye las células cerebrales en el globus pallidus, la parte del cerebro que controla el movimiento. Esta operación puede asistir con problemas de movimiento lento, temblor, y desequilibrio, y se lleva a cabo con el paciente consciente. Generalmente se observa disminución en los movimientos incontrolables y la recuperación toma seis semanas.

Implante de tejido fetal

Es una técnica experimental para restorar la habilidad del cerebro para producir la dopamina. La polémica moral y política sobre esta técnica podría, en el futuro, dirigir a los médicos hacia el uso de células creadas genéticamente para este tipo de cirugía. Hasta la fecha, no existen investigaciones de largo plazo sobre los efectos de los implantes de tejido fetal, pero resultados preliminarios indican que ésta cirugía puede reducir dramáticamente el uso de los medicamentos. También se encuentra que los mejoramientos no se observan hasta después de seis meses, con mejoramiento continuo hasta los dos años siguientes.

Terapia Física y del Habla

El cuidado de los pacientes con la enfermedad de Parkinson incluye una dieta balanceada y ejercicio uniforme. Las terapias físicas, ocupacionales, y del habla también podrían ser indicadas.

Terapia física y ejercicios para fortalecer los músculos deberían ser parte integral en el manejar de la enfermedad de Parkinson. Un terapeuta le podría ayudar a establecer y seguir un programa de ejercicio. Una buena rutina debería incluir ejercicios para fortalecer y extender los brazos, las piernas, los pies y la cara, y ejercicios específicos para ayudar con el control de la deglución. Un terapeuta de ocupación le ayudaría con el caminar y con tareas cotidianas. Un terapeuta del habla le podría ayudar a mejorar la calidad, claridad y volumen de la voz. Cuando el habla esta sumamente perjudicada, una voz computarizada podría ser la solución en algunos casos. También sería importante que los familiares aprendan nuevas maneras de ayudar al paciente comunicar. Por ejemplo, si el paciente esta confuso, tal vez sería necesario darle sugerencias. El no poder comunicarse es muy frustrante para el paciente y requiere que los familiares ofrezcan apoyo y confianza.

Perspectivas

Nuevos medicamentos incluyen drogas conocidas como "agonistas" que imitan a la dopamina en el cerebro y retrasan el avance de la enfermedad de Parkinson. También, investigaciones usando primates con factores neurotrópicos gliales derivados indican resultados prometedores. Otras drogas prometen aumentar el valor de la droga Sinemet. Al mismo tiempo, las técnicas quirúrgicas van mejorando. Por ejemplo, investigadores en el área de los implantes de tejido fetal están explorando el uso de una proteína, que se encuentra en el cuerpo del paciente, para cultivar las células nuevas. Finalmente, se está experimentando con estimuladores eléctricos implantados en el tálamo o el globus pallidus para que los pacientes puedan activar los beneficios ellos mismos.