Empleo y desempleo en México (1996-2000) y su contexto en América Latina

Inestabilidad económica. Descapitalización. Paro. Mercado de trabajo. Condiciones laborales. Cambio tecnológico. Globalización

  • Enviado por: Chiva
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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INTRODUCCIÓN

En los últimos 10 años, han ocurrido grandes cambios y grandes crisis que han afectado notablemente el desarrollo tanto económico, como social de México, y que también ha tenido una repercusión a nivel macroeconómico, pero más notablemente, en América Latina.

Después de la crisis de 1994, los mexicanos tuvimos que aceptar las reformas, excusas y las soluciones dadas por el gobierno (algunas veces acertadas, la mayoría no) para poder sacar adelante un país cada vez más golpeado por la pobreza y el desempleo.

Precisamente uno de los sectores más afectados por la inestabilidad económica, ha sido el empleo, ya que, por la descapitalización sufrida por las empresas, aumentó notablemente la tasa de desempleo en los años 1995 y 1996.

El presente trabajo, da una mirada objetiva al empleo y al desempleo en México, no sin antes, presentar los antecedentes que tuvo a nivel macroeconómico en toda América Latina.

 

I. EVOLUCIÓN DEL MERCADO DE TRABAJO LATINOAMERICANO ENTRE 1980 Y 1995.

Las crisis económicas de los años 80, así como las medidas de ajuste estructural implementadas a partir de ahí, tuvieron como consecuencia inicial un severo deterioro de las condiciones de producción y de la situación laboral en la región, produciendo una inflexión de las tendencias que caracterizaron el período anterior. 

En los años 80 se empieza a hacer sentir en el mercado de trabajo el efecto demográfico de la disminución del incremento de la población en edad de trabajar iniciada en los años 70, lo que provoca una disminución en el ritmo de crecimiento de la PEA. Por otro lado, siguen aumentando las tasas de participación, en especial la de las mujeres.

Se acentúa la tendencia a la urbanización y terciarización del mercado de trabajo: la PEA no agrícola sigue creciendo. 

Elevación de las tasas de desocupación abierta y acentuada reducción salarial.

La crisis económica de los años 80 afectó la evolución del producto y, en especial, del empleo. El PIB per cápita de la región cae casi 10 puntos en 10 años.

Empleo y desempleo en México (1996-2000) y su contexto en América Latina

Los salarios, a su vez, experimentaron un acentuado deterioro entre 1980 y 1990, especialmente el salario mínimo y el salario agrícola. 

En consecuencia, ocurre un aumento de la pobreza y de la concentración del ingreso. Los avances logrados en los 20 años anteriores (1960-1980) se neutralizan: la pobreza total aumenta.

Entre 1990 y 1994, pasado el período más intenso del ajuste económico, la recuperación económica experimentada en varios países significó también un crecimiento del empleo. Se interrumpe el proceso de caída de los salarios mínimos, que se incrementan levemente (1,1% anual), mientras los salarios industriales aumentan un 2,4 al año.

En 1991, los salarios alcanzaron lo mínimo observado desde 1980 (65% de su valor). A partir de ahí se detiene el retroceso del salario mínimo, que había sido constante durante toda la década de los 80, en consecuencia del abandono deliberado de la política de salarios mínimos por parte de muchos gobiernos de la región, además del deterioro de su poder de compra debido a las altas tasas de inflación

Empleo y desempleo en México (1996-2000) y su contexto en América Latina

Ese proceso de recuperación se detiene en 1995. La desaceleración del crecimiento económico (1,7% en 1995) se refleja en un nuevo aumento de la desocupación abierta (de un 6,3% en 1994 a un 7,5% en 1995), un estancamiento de los salarios mínimos y una leve reducción de los salarios reales en la industria (-0,5%). En el aumento de las tasas de desocupación abierta se destacan las situaciones de Argentina (11,5% en 1994 y 18,4% en 1995) y México (3,6% en 1994 y 6,6% en 1995).

 Los indicadores desfavorables registrados en 1995 evidencian la fragilidad de las mejorías verificadas tanto en términos del crecimiento económico como de la situación laboral entre 1990-1994 y cuestionan la sustentabilidad de las políticas adoptadas en el período.

La elevación de la tasa de desocupación abierta fue resultado del bajo dinamismo e inestabilidad de la economía (que presentó un crecimiento promedio de 2,9% en 1996), la reducción del empleo público y la aplicación de nuevos ajustes.

 

Cambios en la estructura y deterioro de la calidad del empleo.

Hay que señalar, además, que aún en el período en que se pudo observar un crecimiento del empleo (1990-1994), ese estuvo acompañado por un significativo deterioro de su calidad. Disminuye la importancia del sector público y de la gran empresa privada como generadoras de empleo. Por otro, aumenta la importancia de las pequeñas empresas y del sector informal y de los trabajadores por cuenta propia no profesionales.

 

Empleo y desempleo en México (1996-2000) y su contexto en América Latina

 

 

Otro indicador del deterioro de la calidad del empleo es la reducción del grado de protección social de los trabajadores. Según la OIT, apenas 35% de la PEA latinoamericana estaba, en 1994, protegida por algún sistema de seguridad. Ese dato estaría indicando que un porcentaje significativo de los trabajadores del sector "formal" también está fuera de los sistemas de seguridad social.

II. Características del mercado de trabajo en México.

 La composición del empleo ha cambiado durante esta década. Por una parte, el empleo ha continuado desplazándose desde los sectores productores de bienes hacia los de servicios. La participación de los servicios en el empleo aumentó hasta situarse en un 75% del total hacia mediados de la presente década. En promedio, 90 de cada 100 nuevos empleos generados en los años noventa correspondieron a las actividades de servicios.

Para algunos, el rápido aumento del empleo en este sector implica no sólo un menor nivel de productividad promedio, sino también un crecimiento más lento de la misma. Para otros, el aumento de la inversión, la rápida incorporación de nuevas tecnologías, la intensidad en el uso de trabajo calificado y la estrecha vinculación de algunas actividades de servicios a los sectores productores de exportables eleva tanto el nivel como el crecimiento de la productividad del sector de servicios y de la economía en su conjunto.

La terciarización de los nuevos empleos contribuye al deterioro de la calidad de los puestos de trabajo, por dos motivos. Por un lado, la productividad en los servicios crece menos y, por otra, la productividad media disminuye. Asimismo la ampliación de la brecha intersectorial de productividades tendería a aumentar el diferencial salarial, lo que afectaría la distribución de ingresos entre los ocupados.

  

Heterogeneidad en la distribución del desempleo. 

El desempleo se focaliza en determinadas categorías dentro de la PEA (como las mujeres y los jóvenes). La tasa de desempleo de las mujeres es, en la mayoría de los países de América Latina, de un 10 a un 40% superior a la tasa de desempleo de los hombres. La tasa de desempleo juvenil es 50% superior a la tasa de desempleo urbano promedio (considerando los jóvenes con edades entre 20 y 24 años) y el doble considerando los que tienen entre 15 y 24.

En síntesis, se puede decir que la relativa estabilización y recuperación económica experimentada en lo que va de los años 90 no ha representado una mejora significativa en la situación del mercado de trabajo.

  

La estructura de los nuevos empleos de modernos a informales. 

La mayor proporción del empleo continuó concentrándose en actividades informales, las que incluyen a trabajadores por cuenta propia, familiares no remunerados, ocupados en micro-empresas y al servicio doméstico.

Por otro lado, la participación del sector informal en los servicios y, en particular dentro de éstos, en servicios comunales, personales y sociales es significativamente superior a la de los sectores productores de bienes, lo que se debe, en gran parte, a la mayor facilidad de entrada al mercado laboral que ofrecen estas actividades. El segmento del sector informal que más ha crecido durante esta década en la totalidad de los países es el de las microempresas.

Las ocupaciones informales corresponden a actividades con reducida productividad e ingresos, en comparación con el promedio y con el nivel prevaleciente en los sectores modernos. En promedio, el nivel de ingreso de los informales es de alrededor del 62% del ingreso de los ocupados en el sector moderno. Como consecuencia del aumento del empleo informal se reduce el crecimiento de la productividad media tanto de los sectores productores de bienes como el de servicios, afectando la competitividad y, por tanto, la capacidad de crecimiento futuro.

 

La calidad del empleo en las microempresas 

Las microempresas, por sus características de empleo y nivel de remuneraciones se ubican en un estrato intermedio entre el sector moderno y el resto de las actividades informales. Un 30% de los trabajadores de las microempresas está ocupado en el sector productor de bienes y el 70% restante en el de servicios al igual que el promedio de la economía. En la producción de servicios, el empleo en microempresas tiene una concentración mayor en comercio y otros servicios en relación con el promedio

El ingreso en las microempresas supera, en promedio, al ingreso por ocupado del sector informal en su conjunto, y alcanza alrededor del 90% del ingreso medio del sector moderno. Hay, asimismo, marcadas diferencias de remuneraciones entre los asalariados de los pequeños establecimientos y los de tamaño mediano y grande. El salario pagado por las microempresas representa un 55% del registrado en las empresas modernas.

Condiciones laborales y calidad del empleo

  La calidad del empleo no sólo se refiere a los niveles de productividad e ingresos, sino que abarca también otros aspectos de las condiciones laborales de los ocupados; en particular, el tipo de relación laboral entre trabajador y empleador, la duración de la jornada de trabajo, la protección social de los trabajadores y el ejercicio de los derechos laborales fundamentales. 

En cuanto a las microempresas, que como se señaló anteriormente concentran gran parte de los nuevos empleos creados durante el período analizado, existen evidencias que muestran que, entre 1995 y 1996, la mayoría de los trabajadores no tuvo una relación laboral formalizada, ya que carecieron de contrato de trabajo escrito. La duración de la jornada laboral, por su parte, es mayor que la de los trabajadores del sector formal.

En lo referido a la protección social, otra investigación reciente muestra que los trabajadores en microempresas prácticamente carecen de protección tanto para la vejez como en la salud.

Por otra parte, los trabajadores de las microempresas no tienen casi acceso a los mecanismos institucionales necesarios; sindicalización y negociación colectiva, entre otros, para asegurar el ejercicio de sus derechos laborales fundamentales. Los especialistas en esta materia reconocen que el porcentaje de trabajadores accidentados en estas empresas s muy superior al de las empresas del sector formal.

En cuanto a las condiciones salariales, como se señalara anteriormente, el nivel de la remuneración promedio de los trabajadores de las microempresas equivale al 55% del de los asalariados del sector moderno.

Debe reconocerse su importante contribución a la generación de empleo. Si bien una fracción no marginal de los nuevos empleos está constituida por puestos de trabajo de baja calidad, otra alcanza niveles de productividad e ingresos que corresponden a empleos de buena calidad, lo que muestra que, bajo ciertas condiciones, las micro-empresas pueden llegar a constituir opciones válidas de generación de empleo productivo.

Nuevos empleos, equidad y pobreza

  Aun cuando el empleo creció en México en los años noventa, su crecimiento fue diferenciado según estrato de ingreso. Aumenta el diferencial de ingresos entre los ocupados ya que el crecimiento de los ingresos altos superó al promedio y también al de los demás estratos de ingresos.

En los estratos de ingresos altos se registra la expansión más acelerada tanto de empleo como de ingresos debido a la buena calidad de los puestos de trabajo; al otro extremo, los estratos de ingresos más bajos se benefician también de la expansión de empleo, así como de la mejora en las remuneraciones pero en menor medida que los demás, como consecuencia de la baja calidad de los nuevos empleos. Los grupos medios resultaron menos favorecidos en materia de crecimiento del empleo

Se estima que el aumento en el poder adquisitivo del ingreso per cápita de los hogares de menores ingresos debería resultar en una reducción de la incidencia de la pobreza y viceversa. El crecimiento del ingreso per cápita de los hogares depende del aumento del número de ocupados en cada hogar y de la evolución de los ingresos reales lo que, como se mostró, están influenciados por la calidad de los nuevos empleos.

En México, como en todos los países el empleo del estrato de menores ingresos se expandió. Además, en la mayoría de los países considerados el número de ocupados por persona en los hogares pobres creció más que el promedio. No obstante, dado que la mayor parte de los nuevos empleos del estrato pobre son informales, ello resultó en un crecimiento más lento del ingreso real en comparación con el de los ocupados en los otros estratos. Aun así y como resultado del crecimiento de ambos factores, el ingreso per cápita de los hogares más pobres aumentó

En estas condiciones, la reducción de la pobreza dependerá de la capacidad que tenga el país para, por un lado, alcanzar un crecimiento alto y sostenido del empleo que sea compatible con el aumento de la población de los hogares pobres y, por otro, mejorar la calidad del empleo; es decir, mejorar los ingresos reales de los ocupados pertenecientes a dichos hogares.

 

 

 

III. EL CAMBIO TECNOLÓGICO Y EL EMPLEO

Cambios en el ámbito internacional 

Los cambios recientemente producidos, la nueva organización del proceso productivo, tiene una suerte de doble impacto inicial desfavorable sobre el fenómeno del empleo que debe ser, sin embargo, contrabalanceado con tendencias más benévolas, más favorables que emergerán en el curso y en la maduración de este mismo proceso. Sin embargo, parece evidente que uno tiene que asumir, como un primer efecto permanente de la nueva forma de producir del nuevo patrón productivo que reemplaza al viejo diseño fordista, el de una reducción y sustitución significativa del trabajo humano. La reducción del empleo es así, un problema común a la agenda de los países desarrollados en Europa, Estados Unidos o Asia y empieza a serlo dramáticamente también en los países en desarrollo como ocurre con nuestro país.

El fenómeno de la automatización y la robotización, en su modalidad particular en este tercer ciclo de cambio científico-técnicos, tiene este primer efecto negativo de reducir el espacio y la cantidad de trabajo humano necesario para crear bienes y servicios.

La modernización productiva, el gran cambio tecnológico que vivimos, no sólo elimina y ahorra trabajo creando problemas de desempleo, sino que ahorra también capital que se puede aplicar a nueva inversión generando nuevo empleo. Este ciclo es el que están intentando aprender precisamente los países desarrollados. El proceso de modernización tecnológica conlleva la reducción de empleos, pero conlleva también a ahorros en materia del gasto necesario para adquirir algunos productos y, por lo tanto, origina un proceso de ahorro, que puede dinámicamente ser conducido hacia nueva creación de empleo.

 

La necesidad de innovación e inversión 

En este contexto invertir en innovación significa hacer un conjunto de tareas concretas, como aumentar el gasto en ciencia y tecnología, impresionantemente descuidado en México, al punto que, como se puede ver en cuadros comparativos, los países latinoamericanos no sólo no avanzan sino que retroceden desde los últimos veinticinco años.

Está todo el tema de la cooperación en el sector público y el privado en el campo de la investigación y desarrollo, de la relación entre las universidades y las empresas, tan ausente y distante en nuestros países y tan relevante en países dinámicos y desarrollados; el tema de la capacitación y participación de los trabajadores, especialmente la creación de mecanismos de negociación colectiva para hacer posible, no la discusión demagógica sobre mayores ingresos, sino la participación en los aumentos de productividad conseguida en torno a metas explícitas y logradas.

  

Impacto de la Globalización en el mercado laboral en México.

  La globalización significa que los países están hoy más integrados a la economía internacional que en el pasado. Las reformas comerciales y financieras implicaron reducir las barreras al comercio exterior, mediante la eliminación de las restricciones cuantitativas a las importaciones, la reducción de las tarifas y de su dispersión. La reforma financiera dio origen a un proceso de apertura del mercado de capitales, lo cual coincidió con una fuerte entrada de capitales externos.

La globalización abre nuevas oportunidades para la creación de puestos de trabajo y afecta los determinantes del empleo y los salarios. Los cambios en la demanda agregada requieren una mayor capacidad de adaptación en la organización de los procesos de producción y de trabajo. Asimismo, la necesidad de aumentar la competitividad implica que el ajuste de los salarios está limitado por el crecimiento de la productividad del trabajo.

Pero no es que el crecimiento sea la causa del desempleo, sino que la mala distribución de los beneficios que genera el crecimiento sería la causa de que no haya un óptimo nivel de empleo y, por supuesto, de equidad social. 

Los resultados de la globalización.

En materia de empleo, la reducción del tamaño del sector público, traslada al sector privado una mayor responsabilidad en la creación de nuevos puestos de trabajo. Esto último requiere no sólo inversión en capital físico sino también en capacitación, factor clave para elevar la productividad y la capacidad competitiva de los trabajadores.

La desregulación de los mercados reduce la intervención directa del Estado en las áreas del comercio, finanzas y trabajo. Ello ha significado una menor protección a los mercados de bienes y de trabajo con el objetivo de mejorar la eficiencia y otorgar mayor importancia a los mecanismos de mercado en la asignación de recursos.

En el campo laboral las reformas han introducido importantes cambios en la legislación en una doble dirección. Se modifican las condiciones de los contratos, se flexibilizan la duración y distribución de la jornada de trabajo y se amplían los causales de despido al incorporar a la legislación los motivos económicos. Estas reformas tienden a facilitar la adaptación de las empresas a las nuevas condiciones económicas. Se introducen reformas constitucionales y de legislación laboral, para asegurar los principios de libertad sindical y restablecer las garantías de los derechos de los trabajadores para negociar libremente.

La demanda de empleo del sector moderno privado reaccionó positivamente al crecimiento del producto en todos los países exceptuando Argentina.

La expansión del empleo en empresas de tamaño grande y medio no logró compensar la pérdida de ocupaciones del sector público, lo cual resultó en la mayoría de los países en una reducción en la capacidad del sector moderno para absorber a los nuevos entrantes al mercado laboral en puestos de trabajo de alta productividad. 

La mayor proporción del empleo generado continuó concentrándose en el sector informal, conformado por trabajadores por cuenta propia, familiares no remunerados, ocupados en microempresas y en servicio doméstico.

Al concentrarse la expansión del empleo en actividades de baja productividad, se reduce la productividad media y afecta, en consecuencia, los esfuerzos para aumentar la competitividad.

Si bien las políticas para flexibilizar el mercado de trabajo han contribuido a una adaptación más rápida de la ocupación en las empresas, al mismo tiempo han generado un aumento del trabajo precario.

El salario industrial se incrementó en términos reales en prácticamente todos los países. No obstante, en la actualidad todavía persiste un rezago salarial importante en relación a 15 años atrás en Venezuela, Perú, México, Argentina y Bolivia. El poder adquisitivo del salario mínimo, en la mayoría de los países su nivel actual es inferior al registrado en 1980.

 

III. ¿QUÉ SE NECESITA PARA MEJORAR EL EMPLEO EN MÉXICO?

Es necesario mejorar la calidad de los empleos y para ello se sugiere asignar prioridad a tres vías de acción: generar más y mejor empleo, mejorar la calidad del empleo informal, particularmente en las microempresas, y elevar el nivel de educación y capacitación de los trabajadores con menores ingresos.

En la economía global hay una concentración de la propiedad del capital y la tecnología que no es muy recomendable y, México como país en desarrollo que participa en la economía global, no debe permitir que se creen estructuras que le impidan buscar los muy importantes objetivos de una expansión en el crecimiento y la producción.

Se deberían promover actividades que conduzcan a la inversión de parte del sector privado local y foráneo en la economía, pero con miras a garantizar la diversificación de la producción. Porque es un hecho que la demanda de servicios y manufacturas para la exportación, particularmente de servicios, aumentará considerablemente en vista de los procesos globales y de la revolución tecnológica que están sucediendo actualmente, y los cuales, en la región, tendrían que comenzar a relacionar con estos acontecimientos.

La acción colectiva de parte de los países en desarrollo es esencial para influir en la forma de ese orden global. Al tratar de instrumentar la acción colectiva a nivel global, se debe buscar una guía que permita fomentar las posibilidades comerciales y de inversión entre los mismos países en desarrollo. En América Latina, México puede encontrar ciertamente enormes capacidades que los países pueden intercambiar entre sí.

En los años noventa, efectivamente, América Latina y particularmente México, tuvo más pobreza que hace un tiempo, tuvo más desempleo, tuvo una peor distribución del ingreso y afrontan riesgos, en muchos casos inocultables, de desintegración social.

En materia de desempleo, la media del desempleo que en 1990 era de 5,7% había pasado ( a unos años después de la crisis de 1994) a 8% en 1996, la distribución del ingreso se hacía notoriamente más regresiva y la disparidad productiva más aguda y, el conflicto entre atraso y progreso originaba cuadros que en muchos lugares prefiguraban situaciones inquietantes o riesgos de conflictos sociales.

Las reformas económicas no rinden frutos inmediatos y los mejores estudios prueban que son las reformas antiguas las que, con un alto costo social, después de diez o más años empiezan a mostrar indicadores más favorables y los países que emprendieron reformas modernizadoras de la economía en los años noventa están pagando justamente, este costo inicial elevado y al parecer por naturaleza de la estrategia actual de desarrollo prevaleciente en el mundo. En este cuadro habría que agregar que la aplicación de amplios programas de superación de la pobreza, que son materia de consenso en el gobierno de nuestro país, aunque no siempre con las condiciones generales del proceso de crecimiento, han sido interrumpidos en muchos casos abruptamente, anulando los resultados incrementales que se esperaban.

México tiene delante un difícil paso hacia la nueva modernidad tecnológica y productiva, y una doble agenda social de pobreza y equidad, que ojalá podamos encarar en los años venideros con eficacia y con oportunidad.

 IV. INDICADORES DE EMPLEO Y DESEMPLEO EN MÉXICO

(PORCENTAJES ANUALES)

1996-2000

CONCEPTO

1996

1997

1998

1999

2000

1. Población de 12 años y más

75.5

75.9

75.7

76.0

75.8

2.PoblaciónEconómicamente activa

General

55.4

56.2

56.5

55.8

56.3

Hombres

74.4

75.0

75.5

74.9

74.8

Mujeres

38.2

39.3

39.4

38.5

39.5

3. Tasa de Desempleo Abierto

General

5.5

3.7

3.2

2.5

2.2

Hombres

5.3

3.5

2.9

2.4

2.1

Mujeres

5.9

4.2

3.6

2.7

2.4

Grupos de Edad

De 12 a 19 años

11.4

8.4

7.0

5.8

5.4

De 20 a 24 años

8.8

6.5

5.8

4.5

4.1

De 25 a 34 años

4.9

3.1

2.8

2.4

1.9

De 35 a 44 años

3.1

1.9

1.7

1.3

1.2

De 45 años y más

3.2

1.9

1.4

1.1

1.1

4. Población Económicamente Inactiva (PEI)

Inactivos Disponibles

0.5

0.4

0.6

0.6

1.3

Inactivos no disponibles

99.5

99.6

99.4

99.4

99.7

Condiciones de inactividad

Estudiantes

38.0

37.9

37.7

38.3

38.0

Quehaceres domésticos

49.3

49.2

49.9

49.0

49.8

Pensionados y jubilados

5.2

5.5

5.2

5.7

5.3

Otros inactivos

7.5

7.4

7.2

6.9

7.3

5. Población Desocupada Abierta por:

Motivos para dejar el empleo:

Cese

39.7

34.0

34.6

35.8

30.2

Trabajo temporal terminado

22.2

20.1

17.8

15.7

17.1

Insatisfacción por el trabajo

81.2

38.2

38.5

39.9

42.1

Otros motivos

6.9

7.7

9.1

8.6

10.6

Duración del desempleo

De 1-4 semanas

45.3

54.5

57.4

59.2

60.4

De 5 a 8 semanas

18.1

17.8

18.0

18.5

17.2

De 9 a más semanas

36.6

27.7

24.6

22.3

22.4

Con experiencia laboral

85.4

84.9

85.4

85.4

85.6

Sin experiencia laboral

14.6

15.1

14.6

14.6

14.4

Rama de actividad

Transformación

22.2

24.7

24.6

25.4

25.6

Servicios

35.8

37.8

36.1

34.7

33.7

Comercio

18.8

18.5

19.0

18.2

19.6

Otros

23.7

19.0

20.3

21.7

21.1

Por nivel de instrucción

Sin instrucción

2.1

1.3

1.6

1.2

1.6

Primaria incompleta

7.8

7.0

6.6

5.1

4.6

Primaria completa

16.3

14.9

14.4

13.3

13.1

Secundaria completa e incompl

39.6

40.1

37.3

37.8

36.8

Medio superior y superior

34.2

36.7

40.1

42.6

43.9

Posición en el hogar

Jefe del hogar

24.1

23.4

22.0

21.6

22.4

Cónyuge

9.5

10.4

9.9

8.7

9.7

Hijos

56.7

56.9

58.2

59.8

57.6

Otros

9.7

9.3

9.9

9.9

10.3

 

V. ANÁLISIS ESTADÍSTICO

(De acuerdo a los datos anuales mostrados en la tabla anterior)

MEDIDAS DE CENTRALIZACIÓN

EMPLEO (POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE ACTIVA)

GENERAL

Media geométrica: 56.04

Mediana: 56.2

Media armónica: 56.04

Desviación estándar: 0.4393

HOMBRES:

Media geométrica: 74.92

Mediana: 74.90

Media Armónica: 74.92

Desviación estándar: 0.40

MUJERES

Media geométrica: 38.98

Mediana: 39.30

Media armónica: 38.9

Desviación estándar: 0.59

TASA DE DESEMPLEO ABIERTO

GENERAL

Media geométrica: 3.24

Mediana: 3.20

Media armónica: 3.09

Desviación estándar: 1.30

HOMBRES

Media geométrica: 3.07

Mediana: 2.90

Media armónica: 2.92

Desviación estándar: 1.27

MUJERES

Media geométrica: 3.57

Mediana: 3.60

Media armónica: 3.40

Desviación estándar: 1.39

POBLACIÓN ECONÓMICAMENTE INACTIVA (PEI)


INACTIVOS DISPONIBLES

Media geométrica: 0.46

Mediana: 0.50

Moda: 0.6

Media armónica: 0.45

Desviación estándar: 0.13

INACT. NO DISPONIBLES

Media geométrica: 99.52

Mediana: 99.50

Media armónica: 99.52

Desviación estándar: .13

Moda: 99.4


VI. ANÁLISIS ECONÓMICO

El empleo y el desempleo fueron 2 de los rubros de la economía que más fueron modificados debido a la crisis de 1994.

En el año de 1996, el empleo apenas estaba recuperándose, poco a poco comenzó a mostrar niveles cada vez más estables, desde 55.4 hasta 56.3% en el año 2000 en la población en general. Un aspecto interesante ha sido, que las mujeres, al ver las necesidades del hogar y la cada vez más precariedad del dinero, presentan un aumento en el índice de empleo o población económicamente activa del 1.3% del 96 al 2000.

La tasa de desempleo ha sufrido un muy notable descenso desde el 96 al 2000, desde un 5.5% a un 2.2%, disminuyendo gradualmente en los años 97, 98 y 99. La tasa de desempleo en las mujeres en el año 2000, solo es .2% más alta que la de los hombres, lo que nos muestra que las mujeres mexicanas son un importante factor en el mercado laboral.

La tasa de desempleo por grupos de edad, en el caso de los jóvenes de 12 a 19 años, ha disminuido en un 6%, lo que nos indica que, al ver las necesidades en sus hogares, los jóvenes y niños han salido a buscar un empleo que les permita contribuir al sustento familiar y sus gastos escolares, que también es la situación de los jóvenes entre 20 y 24 años. Otro caso que nos llama la atención, es el de los mayores de 45 años, cuya tasa también disminuyó, esto quiere decir que las personas, cada vez trabajan a mayor edad.

La población económicamente inactiva, se mantiene estable en sus porcentajes desde el año de 1996, como es el caso de los estudiantes, que presentan iguales porcentajes del 96 y del 2000: 38.0%, al igual que los jubilados, pensionados, amas de casa, etc., que varían mínimamente en sus porcentajes.

Las condiciones por las que se deja el trabajo, en el caso de un cese, disminuyeron dramáticamente casi en un 10%, del año 96 en el que todavía las empresas adolecían de las secuelas de la crisis del 94, en el que el porcentaje era 39.7, hasta el 2000 donde era 30.2, los trabajos temporales disminuyeron en un 5.1% y la insatisfacción por su trabajo, disminuyó casi en un 50%, lo que nos muestra más estabilidad en cuando a lo que quiere el trabajador.

La duración del desempleo ha bajado notablemente, siendo la tasa más alta, la de 1 a 4 semanas que es de 60.4%, y también las demás tasas, hasta la de 9 semanas que ha disminuido de un 14.1%.

En cuanto a las ramas de actividad, las tasas de desempleo se han mantenido estables, solo variando de 1 a 2% en la industria de la transformación, los servicios y el comercio.

En el desempleo por instrucción se presenta un caso curioso: las tasas de desempleo de las personas sin instrucción o instrucción básica han disminuido de 1 a 4% del 96 al 2000, siendo esto originado por las nuevas inversiones extranjeras que se han traído al país, que necesitan mano de obra barata y no calificada; en contraste con la tasa de las personas con educación superior y media superior, cuya tasa aumentó en un 9.7%, debido a que no hay suficientes empleos bien remunerados que satisfagan a una persona con ese nivel de escolaridad, que quiere superarse en su profesión.

De acuerdo con su posición en el hogar, las tasas de desempleo no han variado mucho, el jefe de familia sigue siendo el principal proveedor, y los hijos o el cónyuge ayudan al gasto familiar.

CONCLUSIONES

El empleo y el desempleo en México del año de 1996 al año 2000 tuvo notables cambios y ajustes que han modificado la economía y la infraestructura del país.

Debido a la inestabilidad económica sufrida recientemente, las inversiones no han sido suficientes para poder crear las fuentes de trabajo que un país de jóvenes como México requiere.

Cada vez somos más los jóvenes con aspiraciones que deseamos tener una profesión que nos permita desarrollarnos como individuos y contribuir también al desarrollo de nuestro país, pero desgraciadamente, el gobierno no ha adoptado las medidas necesarias para poder acabar con la desconfianza que se tiene hacia los riesgos de la inversión que puedan crear la infraestructura de empleos que pueda satisfacer la demanda de los cada vez más egresados de las escuelas superiores.

Con el cambio administrativo en la Presidencia de la República, se tiene la esperanza que las nuevas medidas que se tomen, puedan darle al país, los empleos que tanto necesita para su desarrollo.

Empleo y desempleo en México (1996-2000) y su contexto en América Latina

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BIBLIOGRAFÍA

www.inegi.gob.mx

www.monografías.com/economía/

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