Embalsamamiento

Trabajo mortuorio. Embalsamador. Historia. Momificación. Artes funerarias. Calidad. Cliente. Paraquista. Taricotas. Práctica egipcia

  • Enviado por: Vaguitis15
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publicidad

Así embalsamaban a sus muertos


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Gracias a la perfecci6n alcanzada por los antiguos egipcios en las técnicas de momificación, muchos de sus muertos han llegado hasta nuestros días en un extraordinario estado de conservación.


L


os arqueólogos no saben con seguridad en qué momento ni bajo qué circunstancias surgió el oficio

~do de embalsamador, aunque tienen constancia de que empezaron a realizar sus trabajos mortuorios a lo largo del Nilo hace al menos 4.500 años y de que prestaban sus servicios exclusivamente a miembros selectos de la familia real. De hecho, uno de sus primeros dientes fue Hetepheres, esposa de 5nefrú -rey que inauguró la IV Dinastía (2600-2470 a.C)- y madre de Kefrén, que construyó la Gran Esfinge en Giza. Los embalsamadores extrajeron las visceras de Hetepheres a través de una incisión en el flanco izquierdo y las preservaron en una caja canópica, recipiente destinado a albergar los órganos vitales del fallecido. Hasta entonces, los difuntos no recibían tratamientos espe

ciales. En las dinastías precedentes, los cadáveres eran envueltos en lino, a veces

impregnado con resinas, e introducidos

flexionados en una vasija de arcilla rectangular, en una ataúd de madera o en un sarcófago de piedra. Y en tiempos predinásticos, hace entre 7.500 y 5.000 años, los muertos se enterraban tal cual en agujeros de poca profundidad practicados en la arena del desierto.

Los descendientes de Kefrén quedaron tan maravillados de las artes funerarias de los embalsamadores, que quisieron conservar el privilegio de la momificación para sr mismos y para sus familias. El cuerpo incorrupto del faraón certificaba su naturaleza divina y aseguraba su poder terrenal desde el Más Allá. Pero la realeza fue incapaz de mantener el monopolio de la momificación durante mucho tiempo y, hace unos 4.000 años, se extendió a los nobles y al clero para seguidamente

convertirse en una práctica disponible para quienes pudieran sufragársela.

Aunque son pocos los documentos


que nos han llegado sobre el proceso de embalsamamiento, los expertos coinciden en afirmar que se trataba de un complejo ritual que comprendla una serie de manipulaciones y ceremonias religiosas sujetas al ritual del Ubro de /os Muertos y que recaía en manos de la

< casta sacerdotal. Los embalsamad~ -=:::::' A.

res no acostumbracan a discutir sus tru

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cos con los ~O@DQS y~iimien- _ .

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pesar de ello, la ciencia mo erna ha podido reconstruir y verificar el proceso de la momificación, simple y pragmático desde el punto de vista técnico, pero harto complejo si se tiene presente su dimensión sagrada.

La calidad del resultado final dependladel poder adquIsitIvo del cliente.

Normalmente, tras la muerte. el cadáver era conducido a la Casa de /0 BeHeza. donde se lavaba y purificaba para poder ser trasladado a la Casa de Purificad6n, el taller del embalsamador. tste iniciaba sus operaciones perforando la bóveda craneal insertando una vañlla metálica, quizás un tubo cilíndrico, a través de las fosas nasales. En la maniobra, punzaba el hueso etmoides entre los orificios de los ojos y drenaba la masa viscosa del cerebro. Una vez vaciada la cavidad craneal, a veces se vertía resina caliente en su interior o se rellenaba con lino. Luego. con una afilada piedra etlope u obsidiana, el

paraquista -sacerdote encargado de la parte quirúrgica- practicaba una indsión en el flanco izquierdo del abdomen. El embalsamador metía su mano por la herida y extrara todas las vísce

ras, salvo el corazón, que era considerado la sede de las emociones y los perr samientos; y los riñones que. debido a su complicada posición anatómica, se negaban a extraer.

Una vez eviscerado, unos sacerdotes conocidos como taricotas rociaban


las cavidades torácica y abdominal con vino de palma, mirra y otras sustancias balsámicas que disimulaban el hedor de la putrefacción.

ConcluIdas estas intervenciones, el cuerpo y las vrsceras se trasladaban a la mesa de desecación. En ésta, el embalsamador procedra a rellenar el cuerpo eviscerado con docenas de pequeñas bolsas de lino que contenran una sustancia considerada divina por los egipcios. Hablamos del natrón, un cóctel natural de sales, rico en carbonato y bicarbonato de sodio, que actuaba como un eficiente desecante. Para acelerar la deshidratación, también introdudan serrín, vegetales secos y arena. Hecho esto, el equipo de embalsamadores vertra una jarra tras otra de natrón hasta cubrir todo el cuerpo con más de 250 kilos de estas sales.

El cuerpo permaneda una media de 40 dras en salazón. Pasado este tiempo, el natrón era retirado y el cadáver se lavaba y perfumaba de nuevo. Paralelamente, las vísceras eran envueltas en lino y guardadas en sus respectivos vasos canopos que, desde el Reino Nuevo, representaban las cabezas de los 4 hijos de Horus: Duamutef guardaba el estómago; Amset, el hígado; Kebehsenuf, los intestinos; y Hapi, los pulmones.

El paso final del embalsamamiento

era el ritual del vendado, que corría a cargo de los sacerdotes coaquitas. Antes, el cadáver se untaba con una mezcla de cera, natrón, aceite de cedro, cominos, goma y posiblemente vino y leche, todo ello espolvoreado con especias conservantes. Los coaquitas tardaban una media de 15 dras en empaquetar el c~erpo siguiendo un ritual en el que se gastaba hasta 700 metros de tela de lino. La momia quedaba asr lista, después de 70 dras de preparativos, para la fastuosa procesión fúnebre.

La práctica de la momificación egipcia fue decayendo progresivamente durante el siglo 11I a.c., aunque persistió de forma muy burda entre los cristianos coptos hasta el año 640.


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