Elecciones generales del año 2000

Sistema electoral estadounidense. Presidencialismo. Elección Presidente. Polémica y debate. Bush. Gore

  • Enviado por: Luis Tp
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ELECCIONES GENERALES DEL 2000 EN ESTADOS UNIDOS

Sistema de elección del presidente

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos no son directas, sino indirectas. Los ciudadanos eligen en cada Estado un bloque de electores, que son, a su vez, los que votan al presidente y vicepresidente “el martes que sigue al segundo lunes de noviembre ”. Cada Estado tiene un número de lectores, que es igual al de los senadores (siempre dos por Estado) y diputados (varían según el censo estatal) que envía al Congreso de Washington. El sistema que se aplica para la asignación de votos es el mayoritario puro: el candidato que tiene un solo voto popular más se lleva todos los electores del Estado, con excepción de Main y Nebraska, donde se aplica el sistema proporcional.

Los fundadores de la República se inclinaron por el voto indirecto para proteger los intereses de los Estados más pequeños e impedir que los presidentes procedieran de los estados más grandes.

En la actualidad el colegio electoral, al que no pueden optar ni congresistas ni funcionarios federales está compuesto por 538 miembros.

El recuento oficial de los 538 votos no se conoce hasta el 6 de enero en sesión solemne del Senado. Estos 538 compromisarios están repartidos por Estados en igual número a la suma de sus parlamentarios en la Camara de Representantes (435) y Senadores (100) más tres electores ofrecidos para la ocasión por el distrito de Columbia. En la representación final de los Estados depende además de su población y varía entre los 54 compromisarios del más poblado (California) a los tres con que contribuyen los siete más pequeños.

Los compromisarios son elegidos por cada partido entre sus seguidores más fieles, y los del candidato ganador son convocados el primer lunes despúes del segundo miercoles de diciembre a la capital de cada estado para votar por el candidato presidencial.

Esta aparente libertad de voto abre una rendija constitucional por la que el candidato más votado podría llegar a la Casa Blanca. Se trataría de presionar a los compromisarios para que votaran conforme al sufragio popular, pero es improbable que tal estratagema tenga resultado debido a la lealtad política de esos delegados.

Una semana antes del dia de la votación a las elecciones del 2000 entró en el Congreso una nueva propuesta para abolir el Colegio Electoral alegando que debería ser el pueblo el que decida ya que el Colegio Electoral es una reliquia propia de una época en la que no sólo había una profunda desconfianza de las élites hacia los votantes, sino de unos tiempos en que votaban los varones, pues las mujeres carecían del derecho de sufragio y los negros no podían ni soñar con las urnas. Es hora de pensar desde nuestro punto de vista en reformar un sistema pensado para las exigencias políticas del siglo XVIII, un invento que no debería haber llegado al XXI, es un dinosaurio que debería estar en un museo.

Crónica

El 8 de noviembre miles de votantes americanos fueron a las urnas, fue la elección más larga y más reñida desde hacía 40 años, cuando Kennedy se impuso a Nixon. También se votó al senado, designando once gobernantes, los representantes locales y hubo referendos para algunas leyes.

La cautela dominó al dia siguiente a los candidatos y a los medios de comunicación tras la experiencia de la noche electoral, cuando las cadenas dieron a Gore como ganador, anunciaron después un empate y por último, otorgaron Florida a Bush, y con él la Casa Blanca.

No sólo Al Gore cogió el teléfono para felicitar a George W. Bush por su supuesta victoria. Guiados por la credibilidad de las mejores televisiones estadounidenses, líderes y políticos de todo el planeta se apresuraron a felicitarle ante una victoria que parecía firme. Desde China a Alemania o la UE, sus dirigentes pronto se hallaron ante un importante patinazo diplomático. Y tuvieron que dar marcha atrás o callar. Gore se prestaba a aceptar en público su derrota cuando fue informado de que la batalla de Florida no estaba clara. Gore retiró la felicitación y las televisiones se retractaron.

Al Gore consiguió más votos que ningún otro candidato en la historia electoral norteamericana, y más de cien mil por encima de Bush gracias a una movilización de última hora de la minoría negra y los sindicatos, que votaron en masa a favor del candidato demócrata. Que la victoria moral fuese victoria real dependía de un puñado de

votos decisivos en la composición del Colegio Electoral que es el que elige presidente.

La situación se complicó en el Estado de Florida. La voluntad política de más de cien millones de norteamericanos estuvo en el aire por el diseño de una papeleta. El departamento de elecciones del condado de Palm Beach, al norte de Miami decidió poner la lista de candidatos en dos filas “para simplificarla y ahorrar espacio”. La supuesta noble intención creó primero una enorme confusión entre los votantes y luego cambió el futuro del país.

El resto de los sesenta y siete condados de Florida siguieron el estilo tradicional de un candidato por línea mucho más fácil a la hora de perforar el número correspondiente. En el caso de Palm Beach en la primer fila de la izquierda aparecía Bush en cabeza seguido de Gore, y a la derecha figuraba Pat Buchanan el primero. En ambas filas hay una flecha dirigida hacia una columna central en la que están marcados los círculos de perforación. Eso hizo que muchos votantes interpretaran que al perforar el segundo círculo estaban votando por Gore, cuando en realidad lo hacían por Buchanan.

A mediodía del martes la voz sobre la confusa papeleta se empezó a correr, pero para muchos ciudadanos ya era tarde. Cientos de ellos empezaron a llamar a las autoridades electorales y al Gobernador, Jeb Bush. No lograron poder votar de nuevo, ya que no se podía determinar quienes ni cuantos eran los afectados, pero decidieron que iban a hacer resonar su voz de protesta. Horas más tarde, cuando el escrutinio nacional daba un empate y cuando de madrugada se declaró la victoria de Bush el grupo montó en cólera.

Por otra parte, hubo también denuncias de intimidaciones a ancianos y de votos comprados, pero el FBI no quiso hacer comentarios al respecto. El condado de Palm Beach es un recinto tradicionalmente demócrata, Gore obtuvo 159220 votos y Bush 90380.

A medida que avanzaba el día aumentaban las denuncias de irregularidades como de urnas misteriosamente perdidas y halladas.

Los funcionarios del Gobernador Jeb Bush se vieron forzados a realizar un segundo recuento de votos. La ley estipula que se haga cuando la diferencia de votos entre los candidatos es inferior al 0,5% y que el proceso lo presida el propio Gobernador.

Para evitar cualquier sospecha, Jeb Bush anunció su renuncia a presidir el segundo recuento y expresó su compromiso en proteger la integridad del proceso, rechazó las denuncias de irregularidades y expresó su decepción con los medios que habían hablado de éstas. No todos compartían la postura del Gobernador, el congresista demócrata de Palm Beach afirmaba que no era posible que en un área de judíos Buchanan obtuviera el 20% de los votos.

Mientras el País entero tenía puesta su mirada en el recuento de Florida, en la capital del Estado se barajaba también la posibilidad de una nueva elección bien en todo el Estado o en los condados donde han surgido dudas como Palm Beach o Miami.

En el primer recuento de la madrugada del miércoles, Bush ganaba a Gore por sólo 1734 votos en Florida, pero esa frágil mayoría estaba ahora amenazada por los más de tres mil ciudadanos de Palm Beach que alentaron a las autoridades que la papeleta era tan extraña que les había hecho votar por el candidato equivocado junto a las denuncias centradas en presuntas intimidaciones a ancianos.

Las elecciones presidenciales dieron a Gore la victoria en el voto popular, lo que no le garantizaba el acceso a la Casa Blanca. Si se confirmaba que Bush había ganado en Florida, éste sería presidente gracias al sistema indirecto de compromisarios del Colegio Electoral.

De 1734 votos de Florida, los que Bush le sacó a Gore en el primer recuento, dependía el nombre de la persona que iba a ocupar la presidencia. Gore una vez escrutados la práctica totalidad de los votos a escala nacional, le sacó a Bush una corta ventaja en ese terreno: unos 48,8 millones frente a 48, 5.

Pero si finalmente Bush se hacía con Florida, el republicano habría ganado lo importante: el número de compromisarios del Colegio Electoral, elegidos Estado por Estado, que se precisa para conquistar la Casa Blanca. A falta de saber lo ocurrido con Florida y sus 25 compromisarios y de otro Estado confuso, Oregón, y sus 7 compromisarios, Gore contaba con 260 votos del Colegio Electoral y Bush con 246. Ni Bush ni Gore podían alcanzar la cifra mágica de los 270 sin cosechar Florida. Y las noticias y rumores de las que antes hemos hablado eran de lo más confuso. Al escándalo de la confusión de las papeletas había que añadir que más de 2000 votos por correo, probablemente republicanos en su mayoría aún no habían sido contados; el escrutinio de esos votos por correo podía tardar tres días. Todo podía culminar en los tribunales, incluido el nombre del titular de la Casa Blanca.

Oficialmente, la responsabilidad última recaía sobre el gobernador Jeb Bush, con el visto bueno del legislativo local, pero las demandas legales podían dejar en suspenso esa vía.

Si la polémica de las 22400 papeletas de Palm Beach se dirimía en los tribunales la elección del presidente iba a entrar en un laberinto judicial imposible de predecir. Primero debían emitir sentencia los tribunales de circuito, los de apelación y el Supremo de Florida, esta vía local no excluía la federal, en cuyo caso se podía llegar al Supremo de Estados Unidos.

Por rápido que fuera ese proceso legal iba a llevar semanas o meses y la Constitución de Estados Unidos prevé una entrega del poder el 20 de enero de 2001.

Lo que alegaban los republicanos era que la validez de las papeletas era incuestionable ya que los dos partidos las aprobaron y se publicaron en varios periódicos, por lo que los votantes tuvieron suficiente tiempo de haber pedido un cambio, cosa que no hicieron. Sin embargo, la base legal de los demócratas era que la papeleta no cumplía con los requisitos legales de un memorándum de la secretaría de estado de Florida.

Después del segundo recuento automático, Bush gana a Gore en Florida por 327 votos. Pero un tercer recuento de votos, esta vez manual, pudo cambiar drásticamente los resultados si las cifras que se barajaban se confirmaban. En el condado de Broward, se declararon nulas más de 7000 papeletas, de las cuales en al menos 800 los agujeros no estaban perfectamente perforados y las máquinas no los podían leer. Ese condado fue uno de los que iniciaron un recuento manual, pero había al menos otros tres que tenían intención de hacer lo mismo, todos con una mayoría de votantes registrados como demócratas. En el condado de Miami-dade se desecharon 17000 votos por distintas razones y en el condado de Bolusia se descontaron 16000 votos de Gore que más tarde se volverían a sumar. En Palm Beach había más de 12000 papeletas insuficientemente perforadas, a las que hay que añadir las otras 19000 perforadas por duplicado.

Los republicanos se temían que las personas que efectuaran ese recuento manual debían decidir en los casos dudosos cual era la voluntad del elector pidiendo al Tribunal del distrito sur de Florida que ordenara la paralización de ese sistema. El caso calló en manos de un juez nombrado por Clinton.

Gore recibió intensas presiones para que no llevara a los tribunales los resultados oficiales de Florida pero la verdad era que quien había judicializado era Bush. Mientras, EE.UU. seguía sin conocer a su futuro presidente y una imagen de república bananera se extendía por el interior y el exterior del país.

La secretaria de estado de Florida, partidaria de Bush, utilizando la discrecionalidad que le otorga la ley dijo que todos los condados que no tuvieran los resultados finales ese dia a las cinco de la tarde quedarían excluidos, este anuncio llegó poco después de que el juez federal de Miami denegara la petición de Bush de bloquear el recuento manual de votos en varios condados de Florida.

Si se cumplía el anuncio hecho por la secretaria de estado de Florida significaba una derrota automática para Al Gore. La incertidumbre aumentaba a medida que se acercaba el plazo de las cinco de la tarde, las juntas electorales de los condados de Florida emprendieron una carrera contrarreloj recontando manualmente cientos de miles de papeletas, pero lo cierto es que era imposible llegar a tiempo.

Pero la secretaria de estado dijo que revisaría las solucitudes de recuento fuera de plazo pero sin comprometerse a aceptarlas, sin embargo, la situación dio un giro de 180 grados a la mañana siguiente, ya que Bush presentó una demanda al Tribunal Supremo pidiendo que anulara los recuentos alegando que la tabulación inicial y el posterior recuento le dieron la mayoría de los votos.

El Supremo de Florida, consciente de que EE.UU. no podía esperar mucho tiempo sin conocer el nombre del ganador en Florida, que sería su futuro presidente, dio a los condados un plazo para ultimar sus recuentos manuales y enviarlos a la secretaria de estado para que los incluyera en la versión oficial de los resultados, el plazo vencía el lunes dia 27 de Diciembre. La secretaria estaba obligada a modificar sus resultados provisionales con los datos que le enviasen los tres condados (Palm Beach, Miami-dade y Broward). Éstos, de mayoría demócrata tenían cinco días para ultimar el recuento manual, que tras dos mecánicos emprendieron.

Gore esperaba que de ese recuento salieran a su favor votos suficientes para neutralizar la ventaja que llevaba en Florida Bush y que se elevaba a 930 sufragios.

La polémica está servida

Finalmente, el Tribunal Supremo de EE.UU. dio un giro a la historia ya que tenía en sus manos la demanda que Bush le había presentado para que declarara ilegal todo el recuento de votos y anulara con ello la sentencia del Supremo de Florida que los autorizó.

Un Tribunal Supremo de EE.UU. profundamente dividido conforme a las líneas ideológicas decretó que no había lugar a un nuevo recuento de los votos de Florida por falta de garantías constitucionales y con ello concedió, de hecho, la presidencia al republicano George W. Bush. Siete de los nueve jueces coincidieron en que el sistema en vigor impide un recuento uniforme de los sufragios; otros dos jueces mantuvieron la tesis favorable al recuento ya que entonces nunca se sabría con completa certeza la identidad del ganador.

La sentencia que daba satisfacción a Bush quedó recogida en un cuadernillo de 65 páginas por la que se revocaba la sentencia del Supremo de Florida que ordenaba un nuevo recuento. Esta sentencia de Florida establecía que el día 12 era la fecha límite para determinar el resultado de la votación y la consiguiente elección de los 25 compromisarios del Estado en el colegio electoral. Según el tribunal Supremo de EE.UU. esa fecha había llegado y no había ningún sistema en vigor que, en atención a la orden del Tribunal Supremo de Florida, contuviera unos mínimos criterios constitucionales.

Para el Supremo de EE.UU., la ausencia de un sistema común de recuento en toda Florida violaba el principio de igualdad que garantiza la Constitución, al impedir que todos los votos tuvieran el mismo valor. Un condado podía considerar válido un voto que el condado vecino rechazaba.

El presidente del Tribunal señaló que la elección de un presidente no es una elección cualquiera y que en determinadas circunstancias el Tribunal Supremo de EE.UU. tiene que intervenir, y ésta era una de ellas.

El debate sigue abierto

En nuestra opinión esta no es una ocasión para intervenir porque la ley de Florida establece que de lo que se trata es de saber cual es la intención del votante al emitir su sufragio y por lo tanto corresponde sólo a Florida decidir como se determina su voluntad. La mayoría del Tribunal Supremo decreta la eliminación de un número indeterminado de votantes cuyos sufragios revelan clara intención, y por lo tanto, según la ley del Estado son legales, aunque por la razón que fuera fueron rechazados por la máquina del recuento. Por tanto, la petición de Bush y su condonación por el Supremo es una no declarada falta de confianza en la imparcialidad y capacidad de los jueces de Florida para decidir cómo decidir con el recuento.

La apariencia de división corre el riesgo de socavar la confianza del pueblo en el propio Tribunal, herida que puede dañar no sólo a este Tribunal, sino a la nación.