El Vicario de Wakesfield; Oliver Godsmith

Literatura universal siglo XVIII. Narrativa y relato moralizante. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Anapaula Merino Isunza
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 4 páginas
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El Vicario de Wakesfield

Oliverio Goldsmith, literario ingles del siglo 18; ingenioso, simple, natural, fácil y entendidísimo autor de “La aldea abandonada” es también el feliz escritor de “El vicario de wakesfield”, una novelita que ha desafiado el tiempo con su gracia ingenua, pequeña obra maestra divertida como pocas. “el vicario de wakesfield” representa lo que todavía solemos imaginar como dechado de bondad. En cierto modo esta es la razón de la actualidad de esta obrita, que por cierto, es de las más editadas en el continente americano.

En este pequeño libro se descubre que no basta para ser un perfecto ciudadano con sonreír a los desconocidos, ayudar a los ciegos a cruzar la calle, ser amable con los ancianos; sino que un buen acto puede tener consecuencias terribles. El buen vicario contempla azorado cómo sus principios rectos no producen otro resultado que calamidades y desdichas, y, finalmente, la ruina total de su familia. Dice el vicario “siempre fui de la opinión que el hombre honrado que se casa y forma una familia rinde mayor servicio a su país que el que se queda soltero y no hace otra cosa que hablar del aumento de la población.

Por este motivo, cuando apenas hacia un año que había tomado las órdenes, empecé a pensar seriamente en el matrimonio y escogí a mi mujer de la misma manera que ella escogió su traje de novia; no por un exterior bello y brillante sino por aquellas cualidades que hacían augurar un buen resultado. Nos amamos y nuestro afecto fue creciendo con los años. No había nada en nosotros que pudiera ponernos a malas con el mundo o entre nosotros mismos.

Siempre estuvimos rodeados de amigos y familiares aun los de cuarto grado, entre los que había algunos tullidos y de mala reputación. Y así vivimos felices muchos años sin que esto quiera decir que no faltaran algunos pequeños sinsabores: mi huerto era saqueado por los niños de la escuela y las natillas de mi mujer varias veces terminaron en la panza de los gatos. Mis hijos, fruto de la templanza, fueron educados sin blandura y crecieron sanos y robustos.

Los chicos fuertes y activos, las muchachas lozanas y hermosas. Olivia, que contaba ya 18 años, era por naturaleza franca, alegre e imperiosa. Las facciones de Sofía eran suaves y modestas, pero seductoras. La una conquistaba a primera mirada, la otra gracias a esfuerzos, repetidos con éxito. Una me entretenía con su vivacidad cuando estaba contento, la otra con su buen sentido cuando estaba triste. Mi hijo mayor Jorge se educo en Oxford e iba para una profesión; mi segundo hijo, Moisés, que quería dedicarse al comercio, recibió en casa una instrucción consistente en un poco de todo. La suma de mi beneficio eclesiástico no ascendía a más de 35 libras esterlinas al año, los cuales cedía yo íntegramente a los huérfanos y viudas de los clérigos de nuestra diócesis porque, poseyendo yo una fortuna propia, no me parecía prudente apropiarme de esa asignación, y, por otra parte experimentaba yo un placer intimo en cumplir con mi deber sin pago alguno. Ejercí mi ministerio lo mejor que pude exhortando a los hombres casados a la templanza, a los solteros a contraer matrimonio y a los eclesiásticos subordinados a la virtud.

Polemicé con el teólogo y matemático Whinston la ilegalidad de los sacerdotes anglicanos para tomar una segunda esposa después de la muerte de la primera, y para decirlo en una palabra; me preciaba de ser el perfecto monógamo.

Prosigue el honrado vicario contando los pormenores de su vida eclesiástica y familiar. Incluso llego el buen vicario primrose a mandar a hacer los epitafios de las tumbas de su familia en vida, los que colocó sobre la chimenea y en los que se reiteraba el gran amor que se tenia. Pero dicen que no ha de haber gloria cumplida en este mundo y esta vida feliz y maridable se empeño un día: su banquero, se fuga inesperadamente de la ciudad y se lleva todos los fondos del vicario que se ve totalmente arruinado de la noche a la mañana. Pero como las desgracias nunca vienen solas, días después sufre la terrible pena de que su hija mayor, Olivia, se fuga seducida por un canalla, el “squire” del distrito, un tal Thornhill. Pero no terminan ahí las desventuras del infeliz vicario; pues poco tiempo después, ve como se incendia su modesta casa y para colmo de desdichas, va a dar con sus huesos a la cárcel por no poder pagar una deuda que vienen a cobrarle

En torno a la familia había un hombre desagradable; el señor Burchell que un día ya había sostenido una disputa con la señora Débora, en la que la señora, en lugar de reforzar sus argumentos fue acalorándose, y al final, se vio obligada a salvarse de la derrota a gritos. Esto produjo una situación muy tensa entre la familia del vicario y este Burchell que terminó por alejarse de la casa.

Pero las desgracias que aquejan a la familia, incluyendo en encarcelamiento del Vicario Primrose, hacen que Burchell regrese solícito a ver la forma en que puede ayudar. Se hace evidente que Burchell pretende a Sofía y que esta se siente complacida con la preferencia de Burchell, aunque entre ellos hay una muy marcada diferencia de edades. Una de las cosas que mas disgusta a la señora Débora, madre de Sofía, y mas aun en estos agobiantes es que Sofía acepte los galanteos de Burchell cuando se ha comprobada que aunque Burchell es un hombre gentil, es un pobretón insolvente, que no tiene ninguna fortuna ni la más remota posibilidad de obtenerla. Una vez que Sofía ha insistido que ha pesar de que Burchell es pobre y es mayor que ella; esta dispuesta a casarse con él, Burchell se quita la careta y se presenta con su verdadero nombre: el señor William Thornhill, uno de los mas acaudalados señores de la región: tío y protector además del sinvergüenza que sedujo a Olivia.

El digno señor Burchell saca de la cárcel al infeliz vicario y se casa con Sofía. Poco después se aclara que Olivia estaba verdaderamente casada con el granuja sobrino de mister Thornhill, pues tratando de burlarse de la muchacha simula un matrimonio, pero el encargado de celebrarlo, para poder timar a Thornhill después, inscribe seriamente, realmente la boda.

Presionado por el señor Thornhill tío del malvado, no tiene inconveniente en confesarlo.

Para que la felicidad del vicario Primrose sea completa el banquero que se fugo con sus bienes es detenido por la policía en el puerto de Amberes. Por cierto que se le encuentra mas dinero que el que se robó.

Y así termina esta sentimental y artificiosa pero deliciosa novelita.