El valor de educar; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Ensayo. Educación. Transmisión de valores. Ética

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El valor de educar

f. Sabater

CAPÍTULO 1.

Este capítulo nos habla de que el ser humano nace humano, si, pero prematuro, es decir, que también se tiene que hacer humano. ¿cómo? Mediante la educación. La educación ha de venir por parte de nuestros semejantes. Es más importante la relación que tenemos con nuestros semejantes que aquello que llamamos cultura. Hemos de aprender a pensar lo que estamos pensando y a tratar a nuestros semejantes como sujetos y no como objetos. En resumen, un hombre ha de llegar a ser hombre para llegar a ser hombre.

CAPÍTULO 2.

No estamos solos, y necesitamos que otros humanos nos enseñen a ser humanos. Hemos de entender que no somos iniciadores de un linaje. Nos enseña todo lo que nos rodea, incluso individuos que ya están muertos, de ellos nos llegan sus descubrimientos. No hay nada más característico del hombre como el invento del tiempo. Nosotros tenemos conciencia de que vamos a morir, cosa que los demás animales no tienen, y por ello mismo tenemos conciencia temporal; no hay aprendizaje que no implique conciencia temporal. El tiempo también afecta a los educadores, porque no se puede enseñar algo que no se haya vivido antes. Todos los hombres somos capaces de enseñar y todos hemos sido maestros alguna vez. Nadie puede librarse de instruir no de ser instruido. El hecho de que todo el mundo sea capaz de ensañar algo, no quiere decir que cualquiera sea capaz de ensañar cualquier cosa. La institución educativa aparece cuando lo que hay que enseñar adquiere carácter científico. No todo se puede aprender en casa, pero tampoco se puede aprender todo en la universidad. Hoy por hoy no puede separarse educación e instrucción porque hay que tener unos valores morales, que es la educación, y una instrucción, para valernos por nosotros mismos. J. Passmore hizo una distinción entre capacidades abiertas y cerradas. Las capacidades cerradas son aquellas que cuando se ha aprendido todo, no se puede ir más allá; las capacidades abiertas son aquellas que se aprenden de modo gradual, no se llegan a aprender del todo. Pero lo más importante y necesario es la capacidad de aprender. La capacidad de aprender en el alumno ha de ser activa y no pasiva, porque de ese modo podrá desarrollarla y aprender gradualmente. Hay que enseñar a aprender. La educación una capacidad acierta y la instrucción cerrada, y hacen falta las dos. La instrucción ha de ser especializada, para rendir en el ámbito productivo, y en la educación no solo se trabaja en transmitir valores, normas, etcétera, sino que también intenta formar la personalidad. El niño necesita ser reconocido como tal y un ser irrepetible. Una de las principales tareas de la enseñanza ha sido promover los modelos de excelencia y pautas de reconocimiento que sirvan de apoyo a la autoestima de los individuos. De la renuncia o abandono de la escuela surgen la mayoría de trastornos juveniles, los cuales sirven pedagógicamente para reforzar los modelos.

CAPÍTULO 3

En la familia el niño recibe su primera educación, que constituye la sociabilización primaria, y la escuela y amigos constituye la sociabilización secundaria. Si el niño no recibe una buena educación en familia, los maestros y demás habrán de acarrear con esa tarea. En la educación en familia se aprende por medio de la afectividad. Hoy en día debido a los cambios en las familias, los maestros han de afrontar las deficiencias que muestran los niños debido al consentimiento de sus padres; no obedecen a sus mayores y por tanto no tienen interés por aprender. En una familia alguien ha de tener el papel adulto, ya que hoy en día la moda es ser joven, o por lo menos aparentarlo. Cuanto menos padres quieren ser padres, más paternal se le exige al estado que sea, y ello conlleva a que el estado reciba críticas por su falta de autoridad; refirámonos a autoridad no como el hecho de mandar, la autoridad en las familias consiste en ayudar a los más jóvenes a crecer en el modo más afectivo posible. Si los niños no aprenden con autoridad en las familias, habrán de hacerlo en la escuela con la fuerza. La desaparición de toda forma de autoridad en la familia no conlleva a una libertad responsable, sino a una forma caprichosa de autoridad. Pero no todos los motivos de eclipse familiar vienen de los cambios en los adultos, hay que tener en cuenta la televisión. La televisión enseña a los niños en forma de avalancha lo que la familia ensaña gradualmente; lo muestra todo sin tabúes; desmitifica cosas que antes creían ser ciertas; les muestra la realidad humana sin censuras; y todo ello sin alfabetización previa. Llegados a este punto, la escuela tiene doble tarea: ocuparse de muchos elementos de conciencia y lograr que acepten someterse al esfuerzo de aprender sin el ambiente afectivo de la familia.

Ahora explica como ha de abordar la escuela ciertos temas. El primero la religión y la ética: la ética se distingue de la religión en su objetivo, la primera intenta dar una vida mejor y la segunda algo mejor que una vida, y en el método, ética se basa en la razón y la religión en la revelación. La ética es cosa de todos y la religión de unos cuantos. En la escuela si se puede dar una asignatura de historia de las religiones, pero no para formar creyentes sino para informar a estudiantes.

El segundo tema a tratar es el sexo: antaño la educación sexual se convertía en un problema, porque debía combatir los mitos provincianos por el ocultamiento que convertía todo lo sexual en obsceno, mientras que hoy en día todo lo sexual acapara casi toda la atención pública. Los niños y los jóvenes entran antes en contacto con la práctica sexual, y que menos que conozcan su funcionamiento al completo y no a medias. Informar con claridad no es invitarles al libertinaje, sino una ayuda para que la salud juvenil no caiga en enfermedades y embarazos no deseados, etcétera.

El tercer tema a tratar, y el cual constituye el tema más difícil a tratar por los maestros, es la droga. ¿Por qué se drogan los jóvenes? Obvio, porque la droga está ahí. La escuela solo puede ensañar los usos responsables de la libertad, no a que renuncien a ella. Alguno pseudoeducadores dicen que la droga no es una cuestión de libertad porque el drogadicto pierde el libre albedrío. En la actualidad mientras siga vigente la absoluta penalización del uso de drogas, los esfuerzos de los maestros por preparar a los jóvenes para afrontar ese embrollo no puede ir más allá de recomendarles que no mitifiquen la ilegalidad, y mucho menos la legalidad.

El cuarto tema es la violencia: los jóvenes son violentos, al fin y al cabo sus padres lo fueron, y su abuelos y sus… La violencia es un componente de todas las sociedades, una sociedad humana sin violencia es una sociedad inerte. La violencia es un componente de nuestra condición que debe ser recompensado y mitigado racionalmente por el uso de nuestros impulsos no tan naturales, como el orden pacífico, la cooperación… Lo que hay que hacer es explicar que la violencia siempre es respondida con violencia, y es precisamente esa cadena cruel la que la hace temible e impulsa a tratar de evitarla. La educación debe inspirar el convencimiento de que para protegerse a si mismo hay que afrontar las tendencias a la violencia, y no llegar al uso de ella.

CAPÍTULO 4

La enseñanza siempre implica algo de coacción, ningún un niño quiere aprender algo que le cuesta asimilar y que le quita su tiempo de juego, y eso es actuar con tiranía; tiranía porque se ordena a alguien que haga o deje de hacer algo en contra de su voluntad. La educación constituye algo parecido a una obra de arte colectiva que da forma a los seres humanos. La educación responde antes a los intereses de los educadores que a los de los educandos, porque para que funcione una sociedad, es preciso que aseguremos el reemplazo en todas aquellas tareas sin las cuales no podríamos subsistir. Hay que preparar a los niños a que sepan ayudarnos y sostengan todo aquello de lo que la fatalidad biológica nos va haciendo a los mayores poco a poco a dimitir.

Los niños son reclutas forzosos y la principal función de producción de una sociedad es la manufactura de seres humanos y para conseguirlo no contamos con más patrón que los propios seres humanos. Si, la educación implica cierta tiranía, porque proporciona a la fuerza herramientas simbólicas que luego permitirán combinaciones inéditas; es el embarque en la condición humana. El objetivo explicito de la enseñanza es conseguir individuos libres, pero la vía para llegar a esa libertad requiere una instrucción, un hábito de obediencia. No partimos de la libertad, sino que llegamos a ella. Ser libre es liberarse de la ignorancia primitiva; librarnos de apetitos e instintos que la convivencia nos enseña a controlar. La libertad es la conquista de una autonomía simbólica por medio de un aprendizaje. Los niños empiezan a estudiar a la fuerza, porque ello requiere un esfuerzo y ellos solo se esfuerzan por lo que les divierte, no quieren saber metodológicamente. El niño no sabe que ignora y es el educador quien da la importancia a la ignorancia del alumno. No se puede enseñar a un niño sin antes contrariarle en mayor o menor medida, para poder formar su espíritu primero hay que formar su voluntad, y eso duele un poco.

En el niño hay unas virtudes que han de ser encaminadas a la plenitud personal que se considera educativamente deseable y la mejor educación será aquella que más virtudes logre potenciar y coexistir armónicamente.

El maestro solo puede ensañar, pero es el niño quien realiza siempre el acto de aprendizaje. Para enseñar a un niño, hay que enseñar jugando, su placer le hará aprender y , aprovechando esa inclinación hacia el juego, se le pueden enseñar muchas cosas, pero no todas; de hecho lo primero que te enseñan en la escuela es que no todo se puede aprender jugando.

La autoridad debe ejercerse siempre, primero en la familia y luego en la escuela; en la escuela se propone como una colaboración necesaria que se les ha de imponer. Se les debe enseñar en el ejercicio igualitario de la deliberación democrática. La infancia y la adolescencia están cada vez más inmersas en la práctica de la violencia, y la solución es que la escuela debe formar ciudadanos libres y no soldados. El maestro debe impedir en sus alumnos la rebeldía arrogante, según la cual el más fuerte puede tiranizar a los demás. Cuando los adultos no ejercen la autoridad, reina el despotismo de los cabecillas, lo cual deriva en insolencias. Lo que deben hacer los que enseñan es apreciar las virtudes de una insolencia. La insolencia es la afirmación entre tanteos de la autonomía individual y el espíritu crítico. La capacidad de vivir en conflicto de forma civilizada es una señal de salud mental y social; para un maestro sensato es una muestra de positivismo, auque resulte incómodo. Lo más difícil es el practicar una enseñanza que se haga de respetar pero que incluya como una de sus lecciones necesarias el aprendizaje de la irreverencia y la disidencia razonada como vía de madurez intelectual.

CAPÍTULO 5

Cada época tiene sus temores, y en cuanto a la educación es la hipotética desaparición de los planes de estudio de las humanidades, sustituidas por especialidades técnicas que mutilarán a las generaciones futuras de la visión histórica, literaria y filosófica. Pero el temor parece justificado, pues los planes de enseñanza general tienden a reforzar los conocimientos científicos o técnicos a los que se supone que tienen una utilidad práctica inmediata y a una directa aplicación laboral.

Las facultades que el humanismo pretende desarrollar son la capacidad de análisis, la curiosidad que no respeta dogmas ni ocultamientos, el sentido del razonamiento… La cuestión de las humanidades es que todas las materias son importantes y útiles. Hoy en día hay mucha oferta académica, pero tropieza con dos obstáculos: los límites de la capacidad de aprendizaje y el número de horas lectivas, y la disponibilidad de profesores, que cuando sacaron sus carreras ni siquiera existían las materias que en un futuro habrían de impartir.

Lo más importante que debe hacer un maestro es despertar la curiosidad de aprender en los alumnos, hacerles entender que el objetivo es generalizado. La virtud humanista y formadora de las asignaturas que se enseña no estriba en su contenido sino en la concreta forma de impartirlo. En cuanto a la filosofía, hay quienes hemos intentado seducir en lugar de intimidar, que hay otras formas de abordar inicialmente los temas filosóficos que despiertan la complicidad y no el fastidio; ello es el único medio de estimular a los niños para que prosigan por si solos con el aprendizaje.

La principal causa de ineficiencia docente es la pedantería pedagógica. La pedantería exalta el conocimiento propio por encima de la necesidad docente de comunicarlo. Un origen de la pedantería es que la gran parte de las profesores fueron alumno buenos de la asignatura que han de impartir, y por eso no entienden que los alumnos suyos no la entiendan. El profesor que quiere enseñar una asignatura tiene que empezar por suscitar el deseo de aprenderla, y como los pedantes consideran ese deseo obligatorio, solo logran enseñarla a aquellos que realmente quieren aprenderla. El problema del pedante no es que no quiera enseñar, sino que quiere ser admirado por los sabios y probarse a sí mismo que vale más que el que más. El deber del maestro es estimular a que los alumnos hagan hallazgos y enseñarles como pueden hacer más.

Si hay motivos para preocuparse por la decadencia de las humanidades, pero poco tienen que ver con querellas de asignaturas, y aún menos con el temor supersticioso ante los más sofisticados instrumentos técnicos. Son de diferente índole.

¿Qué significa humanidades? Los humanistas se centraron en el estudio de textos cuyo origen era declaradamente humano y no supuestamente divino. El respeto a la razón al margen de la fe constituye el punto de partida de las humanidades. No hay humanidades sin respeto racional. Para la razón todos somos semejantes, ella misma es la semejanza, por ello aunque seamos occidentales, orientales, o lo que seamos, todos usamos la razón, de una manera u otra. La educación humanista consiste en fomentar e ilustrar el uso de la razón. No hay educación si no hay verdad que transmitir, por lo que si hay crisis en humanidades. No puede enseñarse nada si el maestro no cree en lo que enseña y que es lo importante que debe saberse. La búsqueda racional de verdad tropieza en la práctica pedagógica con dos obstáculos: el análisis de las opiniones y la incapacidad de abstracción. Las opiniones se convierten en expresión inevitable de la personalidad del sujeto, como si lo importante fuera a quien pertenecen y no en que se basan. Vivir en una sociedad plural impone asumir que lo respetable son las personas y no sus opiniones, y que el derecho a la propia opinión es que ésta sea escuchada y debatida. Lo que el maestro debe fomentar en sus alumnos es la capacidad de participar en controversias razonadas. Aprender a discutir, refutar y justificar lo que se piensa, es parte irrenunciable de cualquier educación que aspire a ser humanista.

Una de las cosas más alarmantes de la educación actual es que los profesores de párvulos se agobian de lo mucho que preguntan los niños y por otro lado, las quejar de los profesores de universidad por lo poco que preguntan sus alumnos.

Otro aspecto de la educación humanista es la dimensión narrativa que engloba y totaliza los conocimientos que la transmiten. Las humanidades son materias que conservan vivo el latido biográfico de quienes la exploraron. La memoria de los hombres pretéritos y la urgencia de la vida en el presente es lo que unifica la dispersión de temas académicos que conforman el currículum. La sensibilidad narrativa es ante todo la sensibilidad literaria, es decir, se aprende leyendo.

CAPÍTULO 6

El proceso de la enseñanza no es una mera transmisión de conocimientos objetivos, sino que se acompaña de un ideal de vida y de un proyecto de sociedad. La educación es una tarea de sujetos para formar sujetos. El factor de subjetividad viene determinado por tradición, leyes, cultura… La educación tiene como objetivo completar la subjetividad del niño y trata de acuñar una precisa orientación social: la que cada comunidad considera preferible. La educación siempre es en cierto sentido conservadora, porque es una consecuencia del instinto se conservación, tanto colectivo como individual. Es ante todo transmisión de algo y solo se transmite aquello que quien ha de transmitirlo considera digno de ser conservado. Pero su pedestal conservador no agota el sentido ni el alcance de la educación, porque los aprendizajes humanos nunca están limitados por lo meramente fatídico, sino que siempre se ven desbordados por lo que podríamos llamar el entusiasmo simbólico. El mensaje de la educación siempre abarca su reverso, o al menos algunas de sus alternativas; eso es evidente en la modernidad cuando la complejidad de saberes y quereres sociales tiende a convertir los centros de estudio en ámbitos de contestación social a lo vigente. Quien pretenda educar se convertirá en cierto modo en responsable del mundo ante el niño, y hacerse eso no es aprobar el mundo tal como es, sino asumirlo conscientemente. La educación transmite porque quiere conservar, porque valora positivamente ciertos conocimientos, comportamientos, habilidades… y nunca es neutral. Ningún maestro puede ser verdaderamente neutral, escrupulosamente indiferente ante las diversas alternativas que se le ofrecen al discípulo.

El ideal básico que la educación actual debe conservar y promocionar es la universalidad democrática, que consiste en acabar con los manejos discriminatorios. Hoy por hoy la enseñanza más avanzada puede que si sea selectiva y favorezcan la especialización de cada cual según su vocación, pero el aprendizaje básico no debe ser regateado a nadie. No hay ningún mecanismo fiable para medir la inteligencia humana. Es la educación precisamente la encargada de potenciar las disposiciones propias de cada cual. La pretensión de la universalizadota de la educación comienza intentando auxiliar las deficiencias del medio familiar y social en el que cada persona se ve obligado por azar al nacer. Otra vía universalizadora de la educación es ayudar a cada persona a volver a sus raíces, a buscar dentro de uno mismo lo que nos identifica.

Es importante que la escuela nos enseñe a discutir, pero hay que dejar claro que la escuela no es un foro de debate. Sería suicida que la escuela renunciase a formar ciudadanos demócratas. La escuela es el único ámbito general que puede fomentar el aprecio racional por aquellos valores que permiten convivir juntos a los que son gozosamente diversos. El sistema democrático no es algo espontáneo en los humanos, sino algo conquistado a lo largo de muchos esfuerzos revolucionarios en el terreno intelectual y político, y por ello ha de ser enseñado con la mayor persuasión didáctica compatible con el espíritu de autonomía crítica. Toda política democrática conlleva valorar positivamente la existencia de pluralismo social, estimular la participación en la gestión pública… Habrá que mostrar como llegaron tales valores históricamente imprescindibles y lo que ocurre allá donde no hay elecciones libres.

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