El trabajo

RRHH (Recursos Humanos). Historia. Producción. Revolución industrial. Capitalismo. Pobreza. Desempleo

  • Enviado por: La Desacatada
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 12 páginas
publicidad
publicidad

Introducción

Desde hace millones de años hasta la actualidad, todos los seres humanos

necesitamos trabajar. A través del trabajo, las personas obtenemos los bienes que

necesitamos para vivir.

El trabajo es uno de los tres factores de producción principales, junto con la

tierra (o recursos naturales) y el capital. Es una actividad humana por medio de la

que los seres humanos se relacionan para dominar la naturaleza, garantizar su

supervivencia y generar riquezas.

La organización del trabajo ha ido cambiando a lo largo de la historia, siguiendo

el ritmo con que se fue modificando la organización de la producción.

En el periodo neolítico, los hombres trabajaban para garantizar su

supervivencia. Cuando las sociedades se hicieron sedentarias y se complejizaron, un

grupo de hombres comenzó a trabajar para una minoría de sacerdotes o guerreros

que controlaban el poder. En las civilizaciones de la antigua Grecia, Roma y en el

antiguo Egipto la mayor parte de los trabajadores eran esclavos.

En la Edad Media, el trabajo esclavo fue remplazado por la servidumbre, otra

forma de dependencia personal.

En el siglo XVIII, a partir de la Revolución Industrial, surgió lo que en la

actualidad se conoce como el “trabajador libre”.

Desarrollo

Si se le pregunta a una persona cualquiera qué es lo que necesita para vivir, es

probable que en primer lugar diga que necesita trabajo.

A través del trabajo, las personas se relacionan con otras y producen y acceden

a los bienes y servicios que necesitan para vivir. Además, si el trabajo que se

desarrolla es del agrado de la persona que lo ejerce, disfruta al ejercer el oficio o

profesión que más le agrada.

En la industria, el trabajo tiene una gran variedad de funciones, que se pueden

clasificar de la siguiente manera: producción de materias primas, como en la minería

y en la agricultura; producción en el sentido amplio del termino, o transformación de

materias primas en objetos útiles para satisfacer las necesidades humanas; distribu-

ción, o transporte de los objetos útiles de un lugar a otro, en función de las

necesidades humanas; las operaciones relacionadas con la gestión de la producción,

como la contabilidad y el trabajo de oficina; y los servicios, como los que producen

los médicos o los profesores.

Mucho economistas difieren entre trabajo productivo y trabajo improductivo.

El primero consiste en aquellos tipos de manipulaciones que producen utilidad

mediante objetos. El trabajo improductivo, como el que desempeña un músico, es útil

pero no incrementa la riqueza material de la comunidad.

El trabajo comprende dos elementos: una manera de relación entre los hombres

y un cierto nivel de desarrollo de la técnica.

A lo largo de la historia, tanto la organización del trabajo como la distribución

de su producto han sido objeto de disputas entre diferentes grupos sociales. Por otra

parte, el desarrollo de las fuerzas productivas nunca se detiene.

Un poco de historia

En la primera etapa del desarrollo humano, los hombres, que vivían en tribus,

desarrollaron una economía de subsistencia, es decir, cazaban, pescaban o

recolectaban frutos para garantizar su supervivencia.

Aunque eran sociedades muy poco desarrolladas, ya existía en ellas una división

social del trabajo. Esto significa que algunos miembros de la tribu desempeñaban

ciertas tareas -como la caza y la pesca- mientas otros se dedicaban a otras

actividades, como cuidar a los más pequeños.

El desarrollo de la agricultura y la ganadería produjo importantes cambios en

la vida de esos pueblos.

  • Dejaron de ser nómadas y se hicieron sedentarios: se asentaron en las

zonas aptas para el cultivo y la cría de animales.

  • La producción se fue haciendo más compleja y aparecieron nuevas

profesiones (orfebres, herreros, etc.)

  • El surgimiento del excedente económico, una parte de la producción que

no se utilizaba para el consumo inmediato y que era necesario

administrar.

Un grupo de hombres que concentraban el poder se aparto entonces del trabajo

manual mientras la mayoría de los trabajadores eran sus esclavos. Eran guerreros o

sacerdotes, que tenían varias funciones: administrar los bienes, proveer justicia,

curar, organizar a la tribu. Ejercían un poder omnímodo sobre la sociedad que

gobernaban, es decir, podían incluso disponer de la vida de sus súbditos.

Comenzó así un proceso en el cual la riqueza, el poder y el conocimiento se

fueron distribuyendo de modo desigual entre los miembros de la comunidad.

El surgimiento de la industria

En la edad media, la esclavitud fue remplazada por la servidumbre. Una gran

parte de los campesinos, llamados siervos, dependían durante toda su vida del señor

feudal, al que pagaban un tributo: trabajaban para él algunos días de la semana o le

entregaban parte de lo que producían.

A fines del siglo XVIII, en Inglaterra se conjugaron una serie de elementos que

favorecieron un proceso de innovación económica conocido como Revolución

Industrial, que permitió el pasaje de una economía predominante agraria a una

economía centrada en la industria mecanizada. Este proceso sentó las bases de la

economía capitalistas industriales de la actualidad.

La Revolución Industrial y la consolidación del capitalismo

A partir del siglo XVIII, en Europa occidental la forma de organizar y dividir el

trabajo cambió radicalmente. Por primera vez las maquinas remplazaron a la fuerza

y la energía que los trabajadores aplicaban durante la fabricación de los productos.

La aplicación del vapor como fuente de energía para el telar mecánico y otras

máquinas provoco una verdadera explosión de las industrias, conocida con el nombre

de Revolución Industrial. Éste fue un cambio revolucionario, porque permitió un

enorme aumento de la cantidad de productos fabricados y vendidos.

El cambio más importante que se registro en las economías industriales fue que

se comenzó a producir bienes con el objetivo de obtener la mayor cantidad de

riqueza posible. Los fabricantes de tela, por ejemplo, comenzaron a producir una

cantidad de paños muy superior a la que siempre habían vendido y buscaron nuevos

mercados, es decir nuevos compradores.

Para lograr estos objetivos, los dueños de las nuevas industrias tuvieron que

usar su dinero y transformarlo en capital. El dinero se transforma en capital cuando

es invertido en la producción, es decir, cuando es utilizado para comprar materia

prima y maquinarias, y para pagar los salarios de los trabajadores contratados. La

forma de organizar y dividir el trabajo entre los integrantes de la sociedad que surgió

de este proceso se denomina capitalismo.

Durante los primeros tiempos de la industrialización los niños fueron

empleados para trabajar en las minas de carbón. Trabajaban en túneles muy

angostos, donde los obreros adultos no entraban, y permanecían doce horas en

el interior de la mina, bajo tierra. Sufrían graves problemas de salud y recibían

un salario menor al de los trabajadores mayores.

Las relaciones sociales capitalistas

El capitalismo originó nuevas relaciones sociales entre los integrantes de la

sociedad.

  • Los artesanos dejaron de ser los dueños de las herramientas y las maquinas,

  • que pasaron a ser propiedad privada de los dueños de las nuevas fabricas.

  • Los dueños de las primeras fabricas eran comerciantes que habían logrado

  • acumular mucho dinero.

  • Transformaron ese dinero en capital cuando lo invirtieron en el desarrollo de

  • la nueva actividad industrial, para obtener nuevas ganancias. Los dueños de

    las fabricas y empresas industriales fueron llamados empresarios o

    capitalistas.

  • Los trabajadores que no contaban con capital comenzaron a considerarse

  • trabajadores libres.

  • El dueño de la fabrica compraba la fuerza de trabajo del obrero y la utilizaba

  • para generar riquezas. Los obreros con su trabajo agregaban nuevo valor a

    las materias primas.

  • Así sucedía, por ejemplo, cuando transformaban el algodón en tela o

  • fabricaban herramientas de acero. De este modo, el trabajo de los obreros da

    origen a las mercancías que venden los empresarios.

  • Los capitalistas reponen todo lo que gastaron en el proceso de producción,

  • pagan el salario de los obreros y, además, obtienen una ganancia.

    Los trabajadores necesitan el salario que los capitalistas les pagan por su

    trabajo para satisfacer sus necesidades y las de sus familias.

    La aparición del “trabajador libre”

    El cambio fundamental de las economías industriales consistió en que se

    comenzó a producir bienes para generar la máxima riqueza posible.

    El capital desempeño un papel protagónico en este proceso, puesto que fue el

    medio para adquirir materias primas, invertir en maquinarias y contratar la mano

    de obra necesaria para la producción.

    Los que no disponían de capital eran considerados trabajadores libres (ni

    esclavos ni siervos) que se veían obligados a vender su fuerza de trabajo al dueño de

    la fabrica. Los empresarios compraban esa fuerza y la utilizaban para generar

    riquezas.

    Las luchas por el control de la producción

    La primera etapa de la Revolución Industrial implicó un impulso inédito del

    taller capitalista. Los antiguos maestros artesanos se transformaron en empleados de

    los capitalistas dueños de estos grandes talleres. Bajo un mismo techo se agruparon

    decenas y aun centenares de productores que debían volcar toda su energía y su

    conocimiento en la producción de bienes.

    Los trabajadores de estas primeras fábricas conocían la totalidad del proceso de

    trabajo ellos se habían formado durante años en la producción y conocían sus

    secretos.

    Ellos eran quienes sabían como hacer, por ejemplo, una silla. Sabían que pasos

    debían seguir, marcaban sus propios tiempos de trabajo. Y el empresario no podía

    más que quejarse si sus asalariados no seguían el ritmo que él quería.

    A lo largo de todo el siglo XIX se libró en el campo de la fabrica una lucha, a

    veces sorda, a veces ruidosa.

    El trabajo se divide y se instala la rutina

    A fines del siglo XIX un ingeniero norteamericano llamado Frederick Taylor

    marcó el inicio de una nueva etapa de la Revolución Industrial: reorganizó el proceso

    del trabajo. Taylor creó un Departamento de Organización y Métodos, que se

    ocupaba de la concepción y el diseño del producto que se iba a fabricar. La

    producción quedaba de esta manera dividida en distintas etapas que conformaban

    una “línea de producción”. En esta organización, cada obrero debía llevar adelante

    una parte de la producción, según las ordenes impartidas por los ingenieros.

    Organizados de esta manera, los obreros realizaban tareas rutinarias y repetitivas,

    como acondicionar una placa o ajustar un tornillo, que no requería mayor

    instrucción. Así, el asalariado perdía el conocimiento del proceso de producción que

    había poseído hasta entonces.

    Esta división del trabajo posibilitó un enorme salto en la productividad de las

    empresas, puesto que se producían en cantidades mucho mayores que cuando el

    trabajo era predominante artesanal.

    Como los capitalistas necesitaban vender lo que producían sus fábricas,

    comenzaron a preocuparse, por primera vez, de que sus obreros cobraran sueldos

    que les permitieran comprar la mercancía que producían.

    El capitalismo de bienestar

    Al cabo de incesantes luchas, algunas conquistas de los trabajadores se fueron

    afianzando.

    Tras la Segunda Guerra Mundial, con el mundo dividido en un bloque socialista

    y un bloque capitalista, los países occidentales establecieron nuevas relaciones entre

    los trabajadores, el Estado y los empresarios.

    Entre 1945 y mediados de 1970 se extendió un período de extraordinario

    crecimiento económico. En este marco, el Estado, especialmente en Europa

    occidental, pretendió alcanzar el “pleno empleo” a través de las empresas públicas y

    construir un “fuerte sistema de seguridad social”. El Estado, los sindicatos y el sector

    privado llegaron a algunos acuerdos para fomentar el crecimiento. El sector privado

    aceptaba la política social y salarial solicitada por los sindicatos a cambio de que

    éstos aprobaran su política de inversión. El Estado era el encargado de garantizar a

    los trabajadores la cobertura de sus necesidades básicas -salud, vivienda, educación,

    recreación-. Estas necesidades adquirieron en esta etapa rango de derechos de

    ciudadanía, que debían ser garantizados en la práctica. Este Estado que asume la

    función de garantizar las necesidades de sus habitantes es conocido con el nombre de

    “Estado de bienestar”.

    Pobreza y desocupación: dos graves problemas en el mundo actual

    En la actualidad, muchos millones de seres humanos son pobres. Las personas

    que viven en la pobreza no pueden obtener los bienes que necesitan para vivir bien y

    crecer sanos. La gran mayoría de los pobres, por ejemplo, no pueden ir a la escuela o

    completar sus estudios y no pueden conseguir un empleo; no reciben vacunas y por

    eso sufren enfermedades que podrían evitarse. Además, sufren otros problemas de

    salud, provocados por la mala alimentación, la falta de agua potable y las pocas

    posibilidades de recibir atención médica y de comprar remedios.

    ¿Cuáles son las causas que explican estos problemas?¿Por qué, cada día,

    muchos niños y adultos mueren de hambre, si la cantidad de alimentos que se

    producen es suficiente para alimentar toda la población del planeta?¿Por qué

    muchas personas sufren enfermedades para las cuales hay remedio?

    La causa principal es que la riqueza esta distribuida en forma desigual entre los

    integrantes de la sociedad. Un grupo minoritario controla la mayor parte de la

    riqueza producida en todo el mundo, mientras que la mayor parte de los habitantes

    sufren necesidades.

    Otro grave problema que enfrenta la mayoría de los integrantes de la sociedad

    en todos los países del mundo es la falta de empleo. Por esta razón, cientos de

    millones de trabajadores desocupados y sus familias no pueden obtener los bienes

    que necesitan para vivir bien.

    El desempleo y otros problemas en el mundo del trabajo

    El desempleo puede definirse como la falta del trabajo remunerado.

    En la actualidad, una porción elevada de la población mundial económicamente

    activa* se encuentra desempleada.

    Un problema global

    Las razones del crecimiento del desempleo son múltiples. Entre ellas se cuenta

    la amplia difusión de tecnologías de producción que requieren poca mano de obra, el

    aumento de la cantidad de personas en edad de trabajar y, especialmente en los

    países más pobres, la falta de capital para invertir en la organización de la

    producción.

    Los niveles de desocupación son muy variables según los países, pero el

    desempleo se hace sentir tanto en los países más ricos como en los más pobres.

    El desempleo y sus consecuencias son distintos según las condiciones de los

    países y los individuos a los que afecta. En los países más ricos existen servicios que

    brindan ayuda a quienes no tienen trabajo, como por ejemplo, los seguros de

    desempleo.

    Según los datos del instituto Nacional de Estadísticas y Censos, en nuestro país

    había, en octubre de 1996, 2.617.618 personas carentes de empleo.

    Aunque éste problema es el problema más acuciante, es necesario tener en

    cuenta otros temas relacionados con el mundo del trabajo:

    • La subocupación o subempleo, que es la situación de aquellas personas

    que trabajan menos horas de las que quieren o necesitan.

    • La urgencia por percibir un salario, que obliga a mucha gente a realizar

    trabajos que aceptan a disgusto, porque están formados para otras

    tareas o tienen otras inquietudes laborales.

    • La modificación de las condiciones de trabajo en un sentido perjudicial

    para el trabajador, a través de la precarización del vínculo laboral entre

    el empleador y los asalariados. Esto significa que el empleado acepta

    condiciones de trabajo en las cuales la relación contractual puede ser

    interrumpida en cualquier momento.

    El desempleo, no obstante, es el problema prioritario, porque quien carece de

    trabajo se ve sometido a apremios económicos y a sensación de no poder ser útil a la

    sociedad.

    Tanto la necesidad de una de una retribución económica como la dignidad que

    implica ser útil a los demás constituyen derechos reconocidos en la mayoría de los

    países occidentales contemporáneos, que deben ser garantizados en la práctica.

    *Población económicamente activa: porción de la población integrada por

    aquellos individuos que trabajan y los que buscan trabajo. Representa el potencial

    humano con que se cuenta para realizar las actividades de una economía, por

    ejemplo, la economía de un país.

    Conclusión

    El desarrollo tecnológico que hay en la actualidad va haciendo innecesaria

    cierta mano de obra, sin que se pueda recuperar. Por otro lado, la globalización de la

    producción (la producción a escala mundial) promovió la instalación de las

    industrias en los lugares donde los salarios son más bajos.

    Para muchos países, el resultado fue el aumento del desempleo, la creciente

    tendencia hacia puestos de trabajos temporales y la caída de los salarios.

    La búsqueda de soluciones para el grave problema del desempleo parece ser un

    desafío para el futuro.

    Las Naciones Unidas han señalado con alarma, que las 358 fortunas

    individuales más grandes tienen el mismo ingreso que el 45% más pobre de la

    población mundial, es decir, 2.300 millones de personas.

    El reto para el futuro será mejorar la calidad del crecimiento económico; es

    decir mejorar la integración económica y social de manera que sea posible reducir la

    desigualdades en ingresos y riquezas. El problema principal, por lo tanto, no es como

    multiplicar las riquezas sino como distribuirlas en beneficio de la mayoría de los

    habitantes del mundo.