El tango

Música tradicional argentina. Baile argentino. Indumentaria. Personajes

  • Enviado por: A. Fernández
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 4 páginas

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Este relato sobre el tango argentino tiene necesariamente que empezar

situándose, y, ésta localización, no puede ser otra que la de Buenos Aires

y más concretamente lo que se conoce como el arrabal.

Es en el arrabal donde se desarrolla lo que se puede llamar el criollismo

resentido de los suburbios frente al criollismo romántico del interior.

Es, el criollismo, un sentimiento muy propio del argentino, que le define

no sólo físicamente no también sentimentalmente, lo auténtico se hace en

Argentina a la criolla, viene a ser una forma de identificación nacional,

una forma de enriquecer su propio ser, cosa a la que todo argentino aspira.

Por orilleros, también, eran conocidos los habitantes del arrabal. Podemos

asimilar los versos orilleros y con acento gauchesco a Joaquín Castellanos

y a Almafuerte (Pedro B. Palacios) con sus "milongas " pero, éstos no eran

escritores de letras de tango. Evaristo Carriego como poeta y romántico fue

el primer espectador de nuestros barrios pobres y para la historia de

nuestra poesía esto es importante. Las letras del tango nacen en el

arrabal, allí en la calle Corrientes.

La calle popular se hace patio, se une al discutidero eterno de la calle

Florida y así el tango puede quebrarse con diablura y bochinche por las

aceras y, el cielo es sólo para los varones.

Allí en las casas malas del barrio del Temple se bailaba el tango, en estos

salones que por diez centavos había habitación y compañera. La guitarra, el

bandoneón y el barrio se unen, es la música de la calle, pues, es Buenos

Aires, quien lo crea y quien lo vive.

En las orillas se representó el tango y al mismo tiempo las definió el

propio tango y el arrabalero, cada tango nuevo fue redactado en este idioma

popular marcado por la sombra de Buenos Aires.

Muy cerca del tango se encuentra la milonga y, sin duda, en ocasiones se

complementan cuando se escuchan, sin embargo, el tango ha alcanzado una tan

marcada personalidad que lo aleja y lo distancia de la milonga.

Mientras que, la música del tango se asocia en un principio a los burdeles,

la milonga fue siempre mas representativa del barrio, su versión corriente

es como un infinito saludo, los aires y los argumentos suelen cambiar pero

lo que no varia es la entonación del cantor que parece mas bien un contador

de historias.

El tango está y vive en el tiempo, en los desaires y contrariedades que la

vida nos causa y siendo como fue su origen tan local y tan concreto, con

unos personajes y un ambiente tan característico, ha llegado a adquirir una

dimensión universal que para muchos admiradores de sus notas se les hace

eterno.

En nuestro paseo por el barrio y el arrabal nos encontramos necesariamente

unido al tango, a ese prototipo que es el "guapo" enfrentado a la idea de

mujer, que transmite el tango: así, a veces, es esa triste figura de mujer

de todos, eternamente sola; a veces, ese amor ideal que llegó tarde o

perdió su oportunidad; a veces, sólo la encarnación de un desengaño. Este

"guapo", también, llamado "compadrito" es aquel que cultiva el "coraje", es

un estoico en el mejor de los casos y en el peor un profesional del

barullo, un especialista de la intimidación, un veterano en el ganar sin

pelear, ganador a pura presencia y cobarde. Educado en cualquier esquina de

la ciudad, si obró muertes entiende que el destino fue quien lo hizo a

través de él. A veces, también, es el perro solitario y sin ley.

"El compadrito" encuentra su alter ego en el " gaucho", el primero

pertenece a la ciudad y el segundo al campo, siendo tan diferentes han sido

igualmente calumniados.

El "gaucho" es el hombre rechazado por la civilización, Martín Fierro no es

el poema de la pampa sino del hombre desterrado a la pampa, apartado de la

civilización pastoril centrada en las estancias donde se creaban pueblos.

Al todovaleroso Fierro, le dolía aguantar la soledad, tal vez quería decir

la pampa. Hoy, y no sabemos si gracias a la literatura gauchesca es más un

prototipo, está más cercano a la mitología de la nación que a la realidad y

como tal, sólo, es el reflejo de las virtudes y defectos que se le han

atribuido con el tiempo.

Así, tendríamos a hombres de pobrísima vida, a gauchos y orilleros de las

regiones ribereñas del Plata y del Paraná, creando, sin saberlo, una

religión, con su mitología y sus mártires, la dura y ciega religión del

coraje, de estar listo a matar y a morir. Esta religión es vieja como el

mundo, pero habría sido redescubierta y vivida, en estas repúblicas, por

pastores, matarifes, troperos, prófugos y rufianes. Es como una profesión

de fe en la vanidad de lo viril.

Hará ya más de cien años se nombraba " compadrito " a los porteños pobres;

Ascasubi, el gran periodista y poeta, los define como: " mozo, soltero,

bailarín, enamorado y cantor "; Maner Sans como: " individuo jactancioso,

falso, provocativo y traidor".

Sin embargo, en general, el " compadrito ", es el plebeyo ciudadano que

tira a fino, otras atribuciones son el coraje con el que se adorna y su

dicharareria, así como que en su entorno arrabalero se genera su propia

forma de expresión que es el "Lunfardo". El "Lunfardo" nace casi al tiempo

del tango y forma todo un repertorio de términos que desde finales del XIX

muestra como se pudo llegar de forma festiva a aglutinar la gran avalancha

de inmigración que arribó a Buenos Aires.

Su indumentaria fue la común a su tiempo, con la acentuación propia de

algunos detalles, hacia el 1890 fueron sus características el sombrero

negro de copa altísima, la chaqueta cruzada, el pantalón francés con

trencilla, el botín negro y de tacón alto, sobre 1929 el sombrero pasa a

ser gris, se adornaban el cuello con un gran pañuelo, la camisa rosa o

granate, la chaqueta abierta, algún dedo lleno de anillos y el botín negro

resplandeciente.

Los naipes también ayudan a enmarcar a este prototipo que define a la

ciudad y se centra en el boliche (taberna), el juego y su forma de

afrontarlo, el propio hecho de jugar tiene dos connotaciones, el propio

juego y lo mágico, los naipes siempre diferentes en su combinación,

sometidos al azar de la mano que los mezcla aúna su propio misterio al de

los números en su misma combinación.

Todo jugador no hace más que reincidir en bazas remotas, su juego es una

repetición de juegos pasados, vale decir, de vivires pasados. Se trasluce

que el tiempo es una ficción y así casi nos hemos acercado a la metafísica:

al parecer, única finalidad y justificación de todos los temas.

Entre el juego de los naipes surge otra clave a tener en cuenta, el puñal o

el flacón, característicos del "compadrito" y del "gaucho", quienes lo ven

tienen que jugar con él, es más que una estructura hecha de metales; los

hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso, es de algún

modo, eterno, desde el que una noche mató a un hombre en cualquier lugar,

hasta los que mataron a Cesar. Puede dormir un sencillo sueño guardado en

algún sitio pero su función es la de derramar sangre.

Así, hemos ido desgranado las diferentes claves que nos llevan al tango: el

arrabal y el compadrito, los naipes y el boliche, el puñal y el destino, el

baile y la mujer, así, como dice Borges: "El infinito tango me lleva hacia

todo".

En una versión, que podríamos llamar sentimental, el tango habría nacido en

el suburbio, en los conventillos, el patriciado lo habría rechazado al

principio; hacia 1910, siguiendo el ejemplo de París habría franqueado las

puertas de los aristócratas.

Otros muchos acuerdan que el origen del tango esta en los lupanares donde

surgiría hacia 1880 o 1890 recibiendo, posteriormente, quizás alguna

influencia del apache francés.

Su instrumental primitivo son las orquestas formadas por: guitarra, piano,

flauta, violín, incorporándose después el bandoneón y el bajo.

En el tango siempre se han advertido dos manifestaciones, una de índole

sexual y otra pendenciera, modos que al fin son la manifestación de un

mismo impulso que genera el hombre, al fin es posible que pelear pueda ser

una fiesta.

El tango antiguo, como música, es como la misma música en general, voluntad

y pasión, aquel tango antiguo, suele transmitir esa belicosa alegría cuya

expresión verbal ensayaron en edades remotas otras culturas en el mundo.

La música del tango va literalmente, en algunos casos, al ritmo del

corazón, no llega a ser totalmente sexual, pero si es sensual y

sentimental, según las diferentes canciones. Es una expresión de

sentimientos que a veces se refieren a la pareja o en general a la propia

vida, al fin, todo es siempre un amor sentimental ya se refiera a una

ciudad, a un hecho, a una mujer o a un hombre. Sólo el universal

sentimiento humano podía habernos unido en su ilusión, en la propia ilusión

del tango.

Los compositores de letras y música se suelen centrar en ejercicios de

nostalgia de lo que fue, llantos por lo perdido, esencialmente tristes

aunque la tonada sea alegre.

Tal vez la misión del tango sea esta: dar a los argentinos la certidumbre

de haber sido valientes, de haber cumplido ya con las exigencias del valor

y el honor.

Admitiendo, en este caso, una función compensatoria del tango queda un

breve misterio por resolver. Nuestro pasado militar es copioso, pero es

indiscutible que el argentino en trance de pensarse valiente, no se

identifica con él ( pese a la presencia que en las escuelas se da al

estudio de la historia) sino con las vastas figuras genéricas del gaucho y

del compadre.

Las letras del tango provienen de plumas heterogéneas, normalmente

populares, lo que despierta la veneración de los eruditos.

Al principio el tango no tuvo letra, y cuando la tuvo era casual o se

nutría de historias gauchescas, entonces los arrabales no eran materia

poética. Después el género empezó a historiar las vicisitudes locales

centrándose especialmente en el amor clandestino o sentimental, de

recriminación, de odio, de burla y de rencor, toda la ciudad con su más

íntimo latir fue entrando en el tango, todo lo que mueve a los hombres

desde el deseo a las intrigas más bajas, así se fue formando una especie de

"comedia humana " de la vida de Buenos Aires.

De esta forma, fue convirtiéndose el tango argentino en un espejo de la

realidad de los bonaerenses a la vez que un influjo sobre ellos mismos.

El tango en sus orígenes fue quizás ingenuo pero alegre y valeroso,

posteriormente, adopta un aire pesimista que con gran lujo, recrea las

desdichas propias y las desvergüenzas ajenas.

Vemos, pues, que se puede opinar y hasta discutir sobre las letras y la

música del tango, sin embargo, hay algo cierto que como todo lo verdadero,

encierra un secreto, y es que pertenece a Buenos Aires sin sus atardeceres,

sin sus noches, sin su paisaje no puede hacerse un tango Finalmente, como

paradoja podemos concluir que su misma localidad lo hacen al mismo tiempo

tremendamente universal y eterno.