El talento de Mr. Ripley; Patricia Highsmith

Literatura y cine. Análisis del personaje. Psicopatía. A pleno sol de René Clément. Realismo poético

  • Enviado por: Daniel González
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 27 páginas

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ANÁLISIS COMPARATIVO DE

“El talento de Mr. Ripley” (1955), de P.Highsmith

“A pleno sol” (1959), dirigida por René Clément

Trabajo realizado por: Daniel González Irala

Asignatura: La historia y literatura en el cine

ÍNDICE

  • El concepto de psicópata ....................................................... 3

  • El crimen desde el lado opuesto del espejo .............................. 9

  • El realismo poético y René Clément ........................................14

  • La adaptación. El arte como fingimiento ..................................17

  • Conclusiones ......................................................................... 26

EL CONCEPTO DE PSICÓPATA

¿Es Tom Ripley un psicópata?. El origen del concepto nos viene dado por la idea del camaleón, que se traduciría simplemente en una persona con habilidad para cambiar de actitud, adaptando en cada caso la más ventajosa. Sea como fuere, este concepto no aporta nada, y nos hace ver cómo a pesar del desarrollo de una alta tecnología científica, nuestra capacidad para organizar la sociedad se desmadra y abarca derroteros cada vez más horribles e insospechados (crímenes, drogas, genocidios,...).

Conviene precisar que un psicópata no es sólo y/o necesariamente un enfermo mental con psicosis o esquizofrenia; la diferencia básica es que el psicópata no presenta un deterioro en su percepción de la realidad, y por lo tanto no muestra delirios, alucinaciones, habla incomprensible, conductas perturbadas... es decir, saben en todo momento lo que están haciendo.

De esta forma, son considerados psicópatas desde el mismo Roldán, que mentía con respecto a que tenía estudios universitarios, hasta el conocido Dioni, que gracias a sus dotes de persuasión, logró robar el furgón blindado con los millones de todos los españolitos, y que le ha servido para convertirse en un personaje popular y querido por el público; la era en que vivimos y el uso desorganizado de las tecnologías a que hacíamos referencia, hacen posible el “chateo” cotidiano con personas a las que no conocemos, y que sufren grandes transformaciones de lo virtual a lo real.

Según Vicente Garrido(impulsor de la psicología criminal y pedagogía correccional en nuestro país), los rasgos de la psicopatía comprenden dos dimensiones fundamentales: el área emocional o interpersonal y aquélla referida a su estilo de vida.

Dentro del área emocional e interpersonal, muestran las siguientes características:

  • Locuacidad y encanto superficial.- en el caso del Tom Ripley que retrata Clément, destaca siempre la cara encantadoramente malvada de Alain Delon en la secuencia en que éste se está probando la ropa de Philipe (al director le suena mejor este nombre que el de Richard o Dickie) delante del espejo del armario, y se insinúa como si al otro lado estuviese Margue, besándola, haciéndola suya, como si ya empezase a suplantar la personalidad de su amigo; la locuacidad está más presente en la novela así como en la última versión de Minguella , sobre todo en las dos últimas secuencias, que son la de los anillos (tras descubrir Margue los anillos de su novio, Tom se bloquea y parlamenta su justificación a través del argumento de los sentimientos encontrados y trata de matarla), y la de la vuelta a EE.UU. en el camarote con Peter.

  • Egocentrismo y grandioso sentido de la propia valía.- esta primera característica se da también en el personaje de Dickie (Philipe); Clément desvaloriza bastante a este personaje (en la novela, al menos le ilusionaba la pintura; y en la versión de Minguella, el jazz) lo retrata como una persona rica en dinero, pero pobre en espíritu, convirtiéndolo en un personaje más orgánico y menos bohemio; el tema de la autoestima, sin embargo, aparece más en Tom, quién ambiciona poder enriquecerse a costa del padre de Dickie y también quitarle a su novia Margue; en todo momento Tom se ve capaz de cumplir estos objetivos.

  • Falta de remordimientos o sentido de culpa.- esta característica aparece en lo que no vemos; Ripley siempre tiene un plan para salir adelante huyendo, y si se descubre algún muerto más, como es el caso de Freddie Miles, siempre puede ser obra de su otro yo Philipe ó Dickie Greenleaf, perfecta coartada para no sentirse culpable, más que para autojustificarse.

  • Falta de empatía.- esto es, la incapacidad de ponerse en el lugar de los demás; esto nos lleva a preguntarnos qué es lo que quiere el protagonista, ¿amor?, ¿dinero?. La respuesta parece ser compleja, pero lo que quiere es hacer daño a los que le rodean; en éste único sentido, podemos considerarlo un psicópata.

  • Mentiroso y manipulador.- Existe una parte del diálogo de la película de Minguella, que es esclarecedor, y es cuando Dickie pregunta al protagonista cuál es su talento (todo el mundo tiene un talento, al menos uno,...); Tom responde que el de decir mentiras, falsificar firmas e imitar voces. Las consecuencias de poseer estos “talentos” son la perpetración de fraudes, estafas, suplantaciones de personalidad,...

  • Emociones superficiales.- los psicópatas tienen incapacidad para desarrollar en profundidad emociones y sentimientos; el miedo y la ansiedad lo sienten sólo como algo cognitivo, aprendido, y no a través de componentes corporales (nudo en la garganta, sudor,...) como le ocurre a Margue.

En cuanto a otros aspectos que influyen en su estilo de vida, destacan:

  • Impulsividad.- el resultado suele ser la consecución de conductas que se suceden sin ninguna explicación; en el caso de Tom, todo parece obedecer a una trama maquiavélica perfectamente improvisada, y también estudiada, sobre todo en la película de Clément, donde el primer crimen aparece después de que Philipe y Margue tengan una discusión amorosa provocada por Tom (que recoge un pendiente o broche de una mujer de la calle que ambos en principio pretenden seducir y lo mete en el abrigo de Margue), lo cuál hace que la novia quiera desembarcar, y es entonces cuando en una partida de cartas y discutiendo sobre los móviles del crimen: amor y dinero, Tom mata a su amigo con un arma blanca utilizada anteriormente para comer chorizo; en la novela, esta primera muerte es consecuencia de la petición de Dickie para remar, pues el motor de la lancha se ha parado, Tom agarra el remo y le golpea en la cabeza con él hasta matarlo; la impulsividad se puede manifestar pues, de distintas formas.

  • Deficiente control de la conducta.- esta característica es más propia de la vida, que del cine y la literatura; no digo que Tom no sienta inseguridad, que su comportamiento no se repita, pero como personaje, tanto Highsmith como Clément, saben dotarlo de una apariencia fría y una personalidad estable, que Minguella no respeta tanto, quizás porque el psicópata Delon al fin y al cabo no era más que un prototipo (la mayor parte de sus papeles en el cine así lo demuestra), y Matt Damon, un tipo más dado a la sensiblería y ambigüedad sexual, construyendo así un personaje más humano y vendible.

  • Necesidad de excitación continuada.- existe un momento en la novela en que el protagonista tiene que hacer ver a Margue, que está en Roma, cómo su novio ha regresado a Mongibello. Tom permanece en la bañera de su hotel y se plantea el riesgo que puede suponer decirle eso, pero la verdad es que sin riesgo, nada de lo que había hecho anteriormente tendría sentido, o al menos así piensa él. Ese riesgo se plasma en la película de Clément, cuando Tom vuelve al pueblo, y con gran detallismo prepara la habitación de Philipe, dejando arrugas en la cama, la cartera con los diez millones de liras sobre una mesa, dando a entender que ha estado allí; además todos los bienes del testamento de Philippe irán a parar a Margue. En la novela queda más claro, puesto que Tom escribe una nota de suicidio firmada por Dickie, que sirve como elemento aún más confuso en la investigación.

  • Falta de responsabilidad.- en la novela, esta es una característica que se va desarrollando en el personaje de Ripley, conforme va avanzando la trama, y deja ver sus resultados cuando aparecen en Italia los señores Greenleaf (pues es con ellos con los que se ha comprometido), para seguir investigando el caso con un detective privado propio, puesto que el padre califica a la Policía italiana como incompetente. El hecho de que las pruebas sean todas a favor del suicidio no sólo exime de culpa al autor del delito, sino que le da derecho a recibir todos los bienes de su testamento. En la película, el asunto es bien distinto, puesto que la aparición de los padres se da al final, en el momento en que se descubre saliendo de la superficie al estar atado a una de las cuerdas del velero el cadáver de Philippe, justo en el momento en que querían hablar con Tom, que logra esconderse durante unos segundos, pero al que un aviso de llamada telefónica de la Policía por mediación de su ama de llaves, que es interrumpida con el letrero de FIN, probablemente le lleve a su justo castigo.

  • Problemas precoces de conducta.- que en el caso que nos abarca, se muestran en el comportamiento, estatus económico-social, frustraciones,... que ya en Washington mostraba Tom Ripley, un hombre aburrido de trabajar explotado en compañías de seguros, que se sabe mediocre, con una formación académica básica referida a las letras y la contabilidad, y que encuentra un filón para elevar su autoestima en Herbert Greenleaf; a partir de aquí, todo se podría resumir en la famosa frase: “Ten cuidado con lo que desees, puedes llegar a conseguirlo”.

  • Conducta antisocial adulta.- de nuevo volvemos a la espiral ya mencionada, ¿qué motiva a actuar a un psicópata?, ¿es suficiente la necesidad o el deseo de hacer el mal?, ¿otorga el mal algún tipo de control superior sobre la persona?, esta idea se lleva desarrollando en la literatura, el cine y en cualquier expresión artística desde hace siglos. En este sentido, la conducta antisocial la vemos , sobre todo en la novela cuando la Policía busca al asesino de Miles y Tom no quiere ser visto por ninguno de los muchos amigos de Dickie.

Patricia Highsmith reconoce como referente literario en sus novelas y relatos de suspense a Fiodor Dostoievsky, y sobre todo el personaje de Raskolnikoff, en su obra “Crimen y castigo”. Como dato interesante, hemos de añadir que el escritor ruso nació en el manicomio en el que su padre trabajaba de médico, viviendo su infancia en constante contacto con enfermos mentales: este hecho marcaría su vida y le ayudaría a desarrollar una fructífera vocación por la introspección psicológica de los personajes. Además tuvo que convivir durante toda su larga vida (60 años) con la pobreza y la enfermedad. La epilepsia y los continuos problemas familiares, influyeron de igual modo en su atormentada literatura. Para colmo, cuando ya era un escritor muy famoso, fue condenado a muerte por sus ideas revolucionarias, aunque en el último momento, esta condena fue conmutada por los trabajos forzados y el destierro en Siberia.

Por su parte, René Clément, tiene también un referente literario importante en su propio país, y es la presencia de Meursault, el indolente asesino que mataba a balazos a un marroquí sin que lo pareciese y que también odiaba el sol de la playa, protagonista de “El extranjero” de Albert Camus. La imagen final de la película, Tom con gafas de sol, aguantando el calor sofocante de su conciencia, sentado en una silla blanca, podría ser perfectamente la imagen de portada de una nueva edición de la obra camusiana.

EL CRIMEN DESDE EL LADO OPUESTO DEL ESPEJO

De Patricia Highsmith sabemos que nació en Fort Worth (Texas) en 1929, creció en Nueva York y murió en algún lugar de Europa en 1995. Sus padres se separaron antes de ella nacer; ambos eran artistas comerciales. A su padre, de descendencia alemana, no lo vio hasta que tuvo 12 años (de hecho, el apellido Highsmith viene dado por su padrastro); ante este problema, durante su más tierna infancia, fue cuidada por su abuela materna. Estudió en la Julia Richmon Highschool, y consiguió graduarse en inglés, latín y griego por la Universidad de Columbia. Desde que iba al colegio mostró una gran aptitud para las artes plásticas (pintura y escultura, sobre todo), pero prefirió ser escritora, y se dedicó a narrar historias de adolescencia y a trabajar como guionista suplente en cómics. Además tuvo gran cantidad de empleos, como, por ejemplo, vendedora en unos grandes almacenes.

Su debut vino de la mano de “Extraños en un tren”, en 1950, novela que ha sido adaptada al cine tres veces: la primera por Alfred Hitchcock; la segunda, que tiene como título, “Once you kiss a stranger” , dirigida por Robert Starr en 1969; y, por último, y convirtiendo el suspense en comedia negra, Danny De Vito, realizó una versión en 1987, titulada “Tira a mamá del tren”.

En 1953, y bajo el pseudónimo de Claire Morgan (un amuleto que le sirvió para ganarse al colectivo de gays y lesbianas) publica “The price of salt”.En este contexto, cabe señalar por su temática la novela “Carol y Small G, un idilio de verano”, una de las últimas publicadas por la autora.

Pero sin duda, el gran momento literario no aparece hasta 1955, gracias a Tom Ripley. La novela “El talento de ...” supone el mayor éxito de su carrera; de hecho, Ripley no muere en esta entrega, sino que la autora llegará a escribir cinco libros más (“The american friend”, “Ripley under ground”, “Ripley's game”, “The boy who followed Ripley” y “Ripley under water”), llegando incluso el temido personaje a casarse y tener un hijo; esta primera novela ha sido llevada al cine, como sabemos por René Clément (“A pleno sol”, 1959) y recientemente, por Anthony Minguella (1999). Por otra parte, la novela “El amigo americano”, correspondiente a esta serie, fue llevada también al cine, de la mano de Wim Wenders, en 1977, siendo un dato reseñable a destacar la presencia de dos actores (directores), vinculados estrechamente con el cine negro: Samuel Fuller y Nicholas Ray.

Otras de sus novelas interesantes son “Crímenes imaginarios”, “El juego del escondite”, “Mar de fondo”, “El cuchillo”, “Gente que llama a la puerta”,... llegando también a escribir libros de relatos (“Catástrofes”, “Sirenas en el campo de golf”, “Los cadáveres exquisitos”) y ensayo (“Suspense”).

En todas estas historias no hay protagonistas, el verdadero, el único, es el mal, normalmente llevado a cabo a través del asesinato, no hay buenos ni malos, son todos juguetes de instintos y obsesiones. En alguna ocasión, se ha etiquetado esta concepción del suspense, como novela policiaca que riñe entre Chandler, Agatha Christie y Conan Doyle; probablemente el intento de emparejar a éstos dos últimos con su estilo, viene de la mera fijación comercial por la que los tres escribieron novela en serie; en cuanto a Chandler, la Highsmith siempre dijo que se diferenciaba en tanto en cuanto sus personajes no actuaban desde la recámara, sino que eran ellos mismos, y sus mecanismos mentales maquiavélicos, los que provocaban toda acción; y es que la gente hablaba por hablar, y discutía su modo de vida solitaria, en el que la única compañía era la de sus gatos, animales egoístas, que al parecer (vox pópuli) la convirtieron en una persona huraña y amargada, sólo porque penetraba en la psicología de los personajes, y porque lo hacía de tal manera, que ese mal hiciese partícipe al lector de su propia psicopatía, desde este punto de vista tan personal, colocaba el crimen desde “el lado opuesto del espejo”, no interesan las investigaciones policiales, ni cómo se llega a saber quién ha sido realmente el culpable, lo que realmente importa es meterte en la cabeza del asesino; en este sentido, y desde mi más modesta opinión, veo cierta relación también con el escritor americano Cornell Woolrich, también denominado William Irish, y de cuyo talento se sirvió de un mismo modo Hitchcok, para narrar no ya grandes películas, pero sí pequeños relatos; de la misma forma, la propia Highsmith hace un guiño en su novela hacia “El embajador” de Henry James, durante el viaje en barco de Tom a Europa. Esto nos hace ver que ella misma pretende situar sus diversas influencias en el relato y novela de terror del XIX, si bien es cierto que no fue ese el contexto literario en que escribió, lo cual hace que no desechemos ninguna de las propuestas hechas anteriormente, y que, al mismo tiempo nos encontremos ante una novelista inclasificable, o en cualquier caso con un estilo gris (entre lo policíaco y lo negro).

Partiendo de la idea de los espejos, que será utilizada por la escritora de un modo especialmente reseñable al principio de la novela, para dar las primeras pinceladas a su personaje (léase el momento en que Tom decide irse a Europa tras la propuesta de míster Greenleaf, en la que recobra su propia autoestima, y compárese sólo dos páginas después, cuando ya han hablado de dinero y objetivos vitales, cómo al pasar ante el mismo espejo “advierte una expresión adusta en la comisura de sus labios”), vemos cómo René Clément también sabe utilizarla de un modo poético y narrativamente eficaz , a saber: cuando Tom se viste en Mongibello con las ropas de Phillippe e imagina que es él amando a Margue; o cuando, en el velero, introduce el pendiente de una mujer que encontraron por la calle, en alguno de sus trajes, para que ésta sospeche de infidelidad, abriendo un armario con espejo interior en el que se refleja Phillippe durmiendo. En este sentido, el espejo es un elemento que nos lleva al tema del doble (doppelganher) surgido en el romanticismo, y que aquí no resulta metafórico, pues la suplantación de la personalidad de Phillippe es tan verdadera como que lo ha matado, y como que sólo su doble será capaz de matar a su propio amigo Freddie Miles; en este sentido, cabe señalar el parecido físico entre Delon y Ronet (el mayor logro que se ha conseguido a la hora de encontrar parecidos con el tema del doble, constituye, desde mi punto de vista el dúo Francoise-Eric Gendron y Jean-Claude Adelin, en la película “Mi nombre es sombra” de Gonzalo Suárez); este tema del doble implica también el aspecto sexual o amoroso por el que Tom no sólo pretende hacer el mal, sino conseguir dinero y amor (o sexo); el dinero lo consigue con la falsificación, pero ¿y el amor?, se diría que al personaje de Delon lo único que le interesa es el sexo, aunque si por casualidad, actuase por amor, el psicópata sería menos psicópata, y, por lo tanto, más humano, de ese engaño vive el cine (y por lo tanto el arte), y es ahí, donde se ponen en marcha los mecanismos de identificación con el personaje por parte del espectador, y gracias a ello el arte es fingimiento. Por su parte, el mito del doble nos lleva, en este caso a establecer otro parecido de nuestro protagonista con respecto a su antagonista, y es el parecido con el personaje de Fausto, de Goethe (no creo casual que en la novela haya un personaje de unos veinte años llamado Fausto, que es uno de los vecinos de Dickie, que se dedica a dar clases de italiano a Tom); en este sentido, Tom parece bastante más joven que Phillipe, de hecho la diferencia de edad real entre los dos actores es aproximadamente de ocho años (Ronet nació en Niza en 1927 y Delon lo hizo en Sceaux, Hauts-de-Seine en 1935); la pérdida del alma para conservar la eterna juventud (idea que también tiene referentes en la obra de Oscar Wilde, “El retrato de Dorian Gray”), se empieza a fraguar en la película incluso antes del primer asesinato, cuando Phillippe no quiere ser espiado por Tom en el velero, mientras besa, abraza o hace el amor con su novia, y lo empuja hacia atrás en una barca atada con una cuerda al barco, provocando al protagonista una insolación (de nuevo volvemos al mito del doble, ya que si hay algo que les diferencia físicamente es el color de la piel, dada la tez blancuzca propia de Delon frente al moreno -cultivado o no- de Ronet), circunstancia que provocará compasión y/o encariñamiento por parte de Margue hacia el protagonista; aparte, el personaje de Fausto está presente a la hora de considerar a Tom no ya sólo como un camaleón, sino como alguien con una personalidad infantil, que hace en todo momento lo que le da la gana, sin más preocupaciones que satisfacer sus propias necesidades; en este sentido, un detalle a destacar es el referido al tema de la comida; observamos cómo todos los personajes que son ricos por su cuna, desprecian comer en abundancia (desde el mismo Greenleaf, que casi le enseña normas de educación en el camarote a Tom, hasta todos sus amigos, poniendo especial atención no tanto en Margue, como en la profesora y alumnos que estudian ballet), mientras que a Tom el matar le da hambre (de hecho es tan visual esta idea como que a Phillippe lo mata con un cuchillo con el que anteriormente ha estado cortando chorizo, y a Freddie Miles con una especie de recipiente donde se guardan frutas, pimientos y demás); este detalle también dota de humanidad al personaje, realizándose a la vez acaso una crítica contra la pose bohemia o pseudo-artística que impide una verdadera ocupación laboral (tan sólo Margue parece ilusionada con el proyecto de escribir una novela), y en cualquier caso una matización a la idea del deseo de dinero que tiene Tom , que pudiendo ser explotado por los autores hacia la codicia, pierde importancia como tal, pues si pasa hambre, lo más lógico es que coma, o que, cambiando de terminología, se busque la vida. Este hecho también se podría interpretar como que el personaje siente hambre de mal.

EL REALISMO POÉTICO Y RENÉ CLEMENT

La marcha ascendente del cine francés durante los primeros años, sufrió un serio tropiezo a principios del sonoro, debido a la crisis económica irradiada desde los Estados Unidos (quiebras, desempleo, agitación social) y a que la industria francesa no poseía patentes propias de sistemas sonoros, y por tanto, tan solo se podía recurrir a los bancos de Nueva York y Berlín. Las empresas de estos dos países más importantes (Paramount y Tobis, respectivamente) se instalaron en los viejos estudios.

El vertiginoso aumento de los costos de producción, hizo que sólo lograra sobrevivir la obra de Jean Vigo, concebida al márgen de la industria, con películas como “A propos de nice”, “ Zéro de conduite” o “L'Atalante”, que supondrán un puente entre los malabarismos vanguardistas del surrealismo y la consolidación de un realismo poético de anteguerra.

En el seno de la gran industria, y al amparo del capital francoalemán, René Clair debutó con “Bajo los techos de París”, un musical, donde apenas se llegaba a la caricatura tierna y romántica en el tema, pero que supuso un punto clave para el comienzo del sonoro; más tarde, vendría “El millón”, donde con un ballet grotesco se apostaba por la farsa colectiva, “¡Viva la libertad!”, un canto humano (que incluso quiso ser imitado por Chaplin) a la idea de que el dinero no hace la felicidad, “Catorce de julio”, “El último millonario” o “El fantasma va al Oeste”. Otros directores que surgieron, fueron Julien Duvivier, cuyo “Pelirrojo” supuso un estudio sensible de la psicología infantil; Jacques Feyder ,y “La kermesse heroica”, que produjo grandes conflictos en los Países Bajos, y supuso además una inversión en cuanto a que poseía una reconstrucción ambiental exacta y documentada con testimonios pictóricos de la gran escuela flamenca.

Por otro lado, cabe hablar de Jean Renoir, que prosiguió este discurso naturalista especializándose en tipos abyectos, ambientes sórdidos y demás detritus de la sociedad (destacando “La golfa”, “Nana”, o “Toni”) y cultivando el reportaje basado en la crónica de sucesos cotidianos, que se acercaba a lo que después en Italia se llamaría neorrealismo; pero con la formación del Frente Popular, su cine se decantaría por la exaltación del comunismo y la mirada se decantaría por una tendencia más hedonista y populista (“Un día de campo”). Renoir intentó, por tanto, unir el idealismo romántico con el progresismo social, y fruto de ello nacieron películas como “La gran ilusión”, “La Marsellesa” o “La regla del juego”, donde a pesar de todo todavía había algo de esa visión corrosiva que le llevó a adaptar a Zola o Gorki. A menudo, estos films producían repulsa en los alemanes y afinidad en los norteamericanos.

Ya se empezaban a ver pues las características de un naturalismo poético o realismo negro, donde se combinan las capas más bajas del escombro social con la idea de una felicidad, que es un espejismo inalcanzable.

El 14 de junio de 1940, los alemanes ocupan Francia no sólo en un sentido político y militar, sino también cultural e intelectual, utilizando la Propaganda Staffel, para conseguir la activa nazificación del país, aunque muchos de los directores mencionados acaben buscando refugio temporal en los estudios americanos. Goebbels da órdenes para que los films que se produzcan en Francia sean ligeros, vacíos y estúpidos, pero a lo más que puede aspirar es a constreñir los límites temáticos; en este sentido, se apostará por un cine literario, donde el vuelo emprendido hacia el romanticismo, se disfrace de teatralidad, melodrama y pantomima.

Aparecen directores como Cocteau ( con el que Clement colaboraría en “La Bella y la Bestia”) o Bresson, pero la figura que vuelve a poner los pies y la cabeza en su sitio, es la de Henri Georges Clouzot, a quién se llegó a considerar el rival de Hitchcock por la utilización del suspense, siempre con un negro pesimismo y una visión cruel del mundo, que dieron como resultado películas como “El asesino vive en el 21”, donde se planteaba aspectos que encontramos en “A pleno sol”, como son el desconocimiento de la frontera entre el Bien y el Mal.

Y es en este contexto en el que aparece René Clément, un arquitecto nacido en Burdeos, que empieza haciendo cortos (destaca “Soigne ton gauche”, escrito por Jacques Tati) y documentales sobre ciudades y de guerra. Sus grandes obras fueron: “La Bataille du Rail”(1946), que narraba una historia sobre trabajadores del ferrocarril que pertenecían a la resistencia organizada durante la ocupación alemana; “Juegos prohibidos”(1952), que narraba la pérdida de los padres de una niña de 5 ó 6 años, que se hacía amiga de un chiquillo campesino, y como no saben a qué jugar, imitan a los adultos, y acaban celebrando el ritual de sus propias muertes en un cementerio de animales (se trataba de un guión mediocre, pero con una realización asombrosamente original basada en el virtuosismo técnico y los efectos especiales, que contaba además con música de Narciso Yepes); y “Le jour et l'heure”(1962).

A partir de aquí se convirtió en un cineasta en el olvido, que en 1966 realizó otra película, “Arde París”, grande en cuanto al elenco de actores y en la que colaboraron como guionistas Francis Ford Coppola y Gore Vidal, pero que fue muy criticada.

A partir de aquí, su carrera se basaría en pequeñas producciones internacionales, que no por peor calidad, cayeron en un rápido olvido.

“A pleno sol”(1959), nos desmarca de su temática basada en el documental, pero no hace falta imaginar mucho, para averiguar que la Italia mediterránea, turística, pescadora y barroca, así como el aire de postal que tiene el film, no son captados así de manera gratuita.

LA ADAPTACIÓN. EL ARTE COMO FINGIMIENTO

Planteando un análisis lo menos simple de la adaptación, recurrimos, ya no al esquematismo propio de Linda Séger, por el que de buenas novelas, salen malas películas, y de malas novelas, salen grandes films, sino a la tipología que propone José Luis Sánchez Noriega.

Según la dialéctica fidelidad/creatividad, nos situaríamos en una adaptación como transposición, a medio camino entre la adaptación fiel y la interpretación, de tal forma que, reconociendo el valor de la obra literaria, se consigue construir un texto fílmico independiente, desarrollando lo implícito, buscando equivalencias, eliminando subtramas,... (en este sentido la adaptación posterior de Minguella cabría en la categoría de adaptación como ilustración, dada su literalidad con respecto al original; en este caso, además de justificarse por su comercialidad, permite convertir a Tom en un personaje de más dimensión, al convertirlo en homo, o por lo menos, heterosexual).

Según el tipo de relato, y teniendo en cuenta que el cine es un arte más nuevo que la literatura, considero que existe divergencia estilística (ya digo, aunque la novela se publicase en 1955 y la película saliese en 1959); de hecho, esta divergencia puede existir en los dos sentidos; pienso que es una película moderna para la fecha en que se rodó, cierto que no es una gran obra, pero en su modestia supone un mayor logro en el alcance innovador de su gramática visual, que el que consigue Patricia Highsmith con respecto a los escritores coetáneos.

Según la extensión, considero que en la película se ha realizado una reducción del material literario (lógico si comparamos más de 280 páginas con una hora y cincuenta minutos), sin embargo, la película va directa al conflicto y a la acción o acciones que describe el libro; cuenta con menos personajes, de tal manera que empieza centrando toda su fuerza en la lucha entre protagonista-antagonista y prescinde del uso excesivo del género epistolar.

Por último, según la propuesta estético-cultural, tengo dudas en si se trata de un saqueo (simplificación y/o dulcificación) o una actualización de la obra; estoy más de acuerdo en esto último; si analizamos el final, vemos cómo en la novela, el personaje huye y no sabe hacia donde (en realidad tiene tiempo de pensarlo en las siguientes entregas), mientras que en la película le espera un destino trágico, pero que Clément sólo aborda desde el fuera de campo, dejando el posible encarcelamiento en prisión en la imaginación de más de uno.

Si nos vamos al principio del film, vemos un hidroavión aterrizando en el mar , ¿llegaría por este medio de transporte Tom de América, teniendo en cuenta que al poco tiempo, Phillipe le cuenta a Freddie Miles que lleva cinco años allí?, eso es desde luego lo lógico. A continuación, (y entre estos dos momentos) se nos van ofreciendo una serie de imágenes en las que aparecen zonas de la Roma clásica (el Coliseo, la ciudad antigua,...)que se van mezclando con filtros verdes y rojos, mientras van apareciendo los títulos de crédito; vemos cómo Tom está falsificando firmas sobre estas postales, que cada vez evocan más paisajes turísticos que zonas monumentales. En este sentido, la película empieza a cobrar un “look” típico de postal, que da un aire de superficialidad a la atmósfera que se contrapone y, a la vez, se complementa, con un libro que Tom acaba de comprarle a Margue sobre Fra Angélico, este detalle nos hace ver cómo lo que Ripley busca en Europa es enriquecerse en sentido cultural y artístico, lo que le seduce es la bohemia, no el dinero en sí; es curioso, cómo desde el principio, Tom y Phillipe son dos personajes en conflicto (se supone que durante los cinco años en que han convivido también hubo momentos agradables). Caminando por la calle, los dos personajes principales, se encuentran con un ciego que les pregunta por una dirección, Phillipe pretende ayudarle, pero Tom le quita el bastón, ya que de todas formas no lo iba a necesitar (la idea es que un ciego no tiene miedo de nada, porque no conoce los peligros ni los obstáculos); más tarde, vemos a la pareja en un coche de caballos intentando ligar con una mujer en la calle, que en seguida se cansa, y a la que se le cae un pendiente (que Tom recogerá para que sirva de prueba de infidelidad con su novia).

Más tarde, vemos la utilización del ballet como elemento de sutileza y fingimiento, en la escena propia de una mujer mayor, bastante gorda, que conduce una clase de baile con pocas alumnas, que termina con la aparición de Tom, Philipe y un amigo suyo que aparece borracho; de esta forma, Clément opta por una primera descripción de tipos y personajes propios del realismo en el que se le ubica. Ante la presentación de estos dos canallas (protagonista y antagonista), vemos un plano detalle de los ojos de Margue, y de esta forma, nos es presentado el “love interest” (como diría Linda Seger) un personaje (Margue), encarnado por una actriz proveniente del mundo de la canción, Marie Laforet, que con su belleza sugestiva recuerda a ciertas mujeres neorrealistas (por ejemplo Ingrid Bergman en “Stromboli”), y desde la que se nos cuenta la historia, dado que Tom (o Delon) actúa y no le da tiempo a nada más, y ella parece ser como el personaje guía de la historia, el más inteligente emocionalmente, no sólo porque esté escribiendo una novela sobre Fra Angélico (lo cual además le da un carácter de bondad que ninguno de los dos tiene, no olvidemos que para los artistas antiguos y medievales, lo bueno-moralmente- era lo bello, concepción que varió con los románticos, que empezaron a ver en el mal, belleza estética), aspecto del que hipócritamente se aprovecha Tom al regalarle el libro (tejiendo así su artimaña, e identificando este tipo de arte como barroco o neoclásico), sino por la decisión de Clément de convertir a Philipe en un tarambana sin oficio ni beneficio (recordemos que en la novela se dedicaba a pintar, y en la reciente película de Minguella a tocar el jazz; ambas ocupaciones las realizaba con mediocridad y de una manera disipada, pero en fin), un antagonista más orgánico y menos sensible, y por tanto, más débil.

Por otra parte, la decisión de elegir a Alain Delon fue decisiva en su día; este actor resultaba siempre antipático, ideal para papeles de malo, personajes frustrados,..., sin embargo, se trata de alguien que da la cara (recordemos el encanto superficial del psicópata), esta imagen proyectada al cine, tenía su origen en su propia vida. Delon nació en una familia rota y, por consiguiente tuvo una infancia difícil, en la que cada dos por tres era expulsado de la escuela (por si alguien viera similitud con “Los cuatrocientos golpes”, hay que decir que el actor odiaba a Truffaut), no quiso ir al servicio militar y sin embargo se hizo paracaidista con los marines franceses en Indochina, trabajó como camarero, vendedor y mozo en los almacenes Les Halles. Debuta en el cine en 1957, pronto interpretaría a uno de sus papeles más importantes en "Rocco y sus hermanos”, y es en ese momento en el que decide convertirse en productor, envuelto en el crimen, las drogas y escándalos sexuales que implicaron a políticos y empresarios del mundo del espectáculo. Mientras ocurría esto, el personaje típico que Delon interpretaba era el de un joven enérgico y corrupto con un aire de héroe romántico que se asemejaba al de James Dean; unas veces era un psicópata matón huidizo y otras un gángster en toda regla. Aún así, he de decir que el personaje de Tom le viene demasiado “grande” (quizás la palabra sea todo lo contrario, “pequeño”, ya que veo preciso que el actor que encarne a Tom tendría que acercarse con una mayor hondura psicológica), de hecho, habla poco y parece no sentir la tragedia que se le viene encima, su interpretación no es que resulte mecánica, pero se nota falta de ambición.

A partir de aquí se suceden escenas ya comentadas más arriba, como la sugestiva forma que tiene Delon de imitar a su adversario delante del espejo, la comida de los tres en el camarote, donde Philipe enseña a utilizar el cuchillo a Tom, la insolación del protagonista, producida a raíz de querer espiar a los amantes, las posiciones de descanso en que los tres toman el sol ...En estas escenas destaca la utilización de imágenes insólitas del velero que dilatan la acción y van preparando la situación para el asesinato (picados y puntos de vista gusano para mostrar la altura de los mástiles, planos vacíos tomados desde la parte izquierda de la popa, o, incluso alguna imagen diegética, como la del reflejo del nombre del barco en el agua, que nos hace ver que es propiedad de Margue,...). Más tarde, viene la escena en que Tom coloca el pendiente de la mujerzuela en un sitio visible para Margue; al día siguiente, mientras Tom y Philipe juegan a las cartas, Margue escribe su novela, Tom pone un disco de 45 r.p.m. y suena Nino Rota (esta vez no ya en forma de ballet). De este compositor, que también fue director de orquesta, hay que señalar que su talento precoz le llevó a obtener una beca por la que se fue a vivir a Estados Unidos, llegando a formarse en el Curtis Institute of Philadelphia; también se licenció, al volver a Europa, en literatura por la Universidad de Milán, convirtiéndose en cinco años en profesor y director del Conservatorio Barri, escribió 9 óperas y 5 ballets con éxito; empezó a componer para cine y teatro cuando ya rozaba los cuarenta años; además de para Clement, trabajó para Fellini (es destacable en “El jeque blanco”), Visconti, Castellani, Zefirelli, Coppola (“El padrino”) o King Vidor.

La pareja discute, y Margue descubre el pendiente, Phillipe se enfada y le tira el manuscrito al mar. Margue quiere desembarcar, lo hace en Mongibello. Tom y Philipe siguen jugando a las cartas; Philipe, que adopta una pose de chulo, le pregunta si le va a matar y por qué quiere hacerlo; Tom le contesta que para usar sus tarjetas de crédito; más tarde, Philipe le pregunta si ha sido él quién a puesto a la vista de Margue el pendiente; Tom responde que sí, inmediatamente después apuesta su reloj de oro por 2500 dólares que le ofrece Philipe, Tom le responde que puede tener más, incluso todo lo que quiera; empieza a haber tensión, se nos muestra en plano detalle el cuchillo de cortar chorizo bajo las nalgas del protagonista, siguen jugando, Tom mata a Phillipe de una cuchillada, lo tapa con una manta. Empiezan a sonar los primeros avisos de tragedia griega, gracias al excesivo oleaje del mar, y al sonido estridente de una campanilla que también vemos en detalle. Tom tapa el cadáver con una manta, le pone un ancla encima, y atándola por uno de los extremos a una cuerda del velero, tira todo al mar, espera a que se hunda, y entonces suelta la cuerda del barco. Tom se viste como Philipe, y se come una manzana.

Y aquí es donde aparecen algunos elementos visuales referidos a la tragedia griega, tragedia que Aristóteles define como la imitación de una acción elevada y completa, de cierta amplitud, realizada por medio de un lenguaje enriquecido con una serie de recursos ornamentales, cada uno usado en las diferentes partes de la obra, y que se efectúa gracias a personajes que obran, y no narrativamente, y que, con el recurso a la piedad y el terror, logra la expurgación de tales pasiones; en el caso de la película de Minguella, estos elementos aparecen todos en una secuencia dramática (aquella en la que se celebraba una especie de procesión por la que la virgen aparecía de dentro del mar) pero, en la película que nos abarca, este recurso aparece fragmentado: abandonamos el escenario del crimen, y volvemos a la playa, donde dos viejos, emulando al coro griego, repiten en voz baja la palabra “desgracciatto”.

En el hogar de Margue, en Mongibello, Tom pasa a recoger sus cosas; ella le pregunta por Philipe y le habla de su capricho de ir a París, y él asegura no saber donde está, aunque probablemente se encuentre en Roma. Tom se va a Roma a vivir a un hotel, y allí se hace pasar por su amigo, ensaya minuciosamente la falsificación de su firma. Margue no encuentra a su novio en Roma, y decide irse a Nápoles con Tom. A la vuelta, la profesora de ballet se da cuenta de que mister Greenleaf está registrado en el mismo hotel que ella, por lo que Tom alquila un apartamento al que acude Freddie Miles, buscando al que por lo visto es su desconocido amigo; le pregunta por Philipe, Tom le intenta despistar, pero en la entrada, la portera le dice que el que está arriba es mister Greenleaf, pero el mejor amigo de Philipe no vuelve a hablar con Tom, puesto que en la puerta de la casa recibe de éste por detrás un golpe con objeto contundente en la nuca (al parecer una cesta o algo para meter frutas, verduras frescas y pollo). Tom sale a la calle y parece estar aparcando un coche que es suyo (de Philipe), vuelve al piso y se come el pollo. Baja el cadáver por las escaleras en brazos, simulando que su amigo muerto está borracho, lo mete en el coche (un Fiat) y deja el cuerpo en un descampado que parece solitario, atribuyendo ya él mismo el crimen a su amigo Philipe.

Tom cambia de domicilio, recoge sus maletas del hotel y va al banco a retirar diez millones de liras de la cuenta de Philipe; la duda del banquero se muestra en forma de suspense mediante la fragmentación de planos, pasándose de un plano detalle de los ojos del banquero, a otro de los ojos de Tom, y finalmente a otro de un solo ojo de Tom (de esta forma tan sencilla se ahorran el dar o no a conocer la desconfianza creciente de los bancos ante la firma, que en la novela es más evidente).

Aparece el inspector de policía Ricardi, que le informa de la muerte de Freddie Miles, Tom le dice que hable con Margue, pensando qué puede llegar a decirle a ella; en esta escena en la bañera es donde se da cuenta que sin riesgo no habría juego, y por tanto, nada valdría la pena (este pensamiento aparece en la novela). La siguiente escena nos lleva al depósito de cadáveres, donde se juntan Margue, Tom, amigos del muerto (y de los dos muertos) y la profesora de ballet que entona el clásico “no somos nada” (¿arte como fingimiento?); aparece también en esta escena, otro elemento que podría definir la tragedia, y es la mirada de uno de los enfermeros (que en este caso actúa como la campanilla del barco, una vez muerto Philipe); de esta forma, en la siguiente escena, en un restaurante, aparece este elemento más desarrollado que se realiza en concreto con la utilización de una mujer joven en primer término desenfocada, con la mirada hacia abajo, sin lugar a dudas se trata de un elemento que produce una pequeña distorsión en el plano de apenas unos segundos (suficiente para notar su presencia); en esta escena, Tom le dice a Margue que Philipe está en Mongibello, pues ha recibido noticias suyas, y le ha dicho que se vaya con él en el tren de la mañana, de esta forma se adelanta a Margue y a la Policía, y se va a la casa de ellos en el pueblo, dejando rastros de que ha estado allí (pliegues en la cama que denotan descuido y maleta con los diez millones de liras dentro); Ripley se esconde mientras se busca al señor Greenleaf, y, de este modo, se empieza a barajar la hipótesis del suicidio. En la siguiente escena, la Policía entra en la casa de Tom, y le acusa de encubrir a Philipe, quién a su vez ha matado a Freddie Miles. Tom se traslada a Mongibello, aquí aparece un nuevo personaje que se nos muestra como un elemento misterioso si no tenemos en cuenta la novela, se trata del hipotético profesor de pintura de Philipe, que grita hacia su balcón, al verse involucrado en la trama astutamente urdida por el protagonista. Tom empieza a estar desesperado, y habla con la profesora de ballet y otro amigo de Greenleaf (cuyo bastón y vestuario nos recuerda la imposición de un final que está a punto de llegar en clave o sugiriendo los elementos de la tragedia griega) para ver cómo se encuentra Margue, ellos aseguran que ella no le quiere ver, pero Tom consigue entrar de nuevo en su casa (suprimiéndose la escena de los anillos de la novela) con el fin de cautivar como lo hacía en un principio delante de un espejo, a la chica, hablan de que en el testamento, Philipe dejó todos sus bienes para ella, pero parece que con eso no es suficiente (es curioso, porque el espectador no sabe si el testamento es también una maniobra del Tom suplantador o del propio Philipe), y que Tom Ripley consigue seducir a una mujer, aprovechándose de su inseguridad. De esta forma, la pareja se va a la playa a celebrar su romance, pero, en ese momento, a Margue le avisan de que acaban de llegar los padres de Philipe, con el ánimo de vender el barco, Tom prefiere no verlos, en ese momento, al otro lado de la playa vemos cómo el cadáver de Phillipe emerge del agua, mientras oímos en off los gritos de Margue aterrorizada; Tom permanece retirado tomando el sol, mientras sufre el asfixiante calor de la espera hacia su trágico destino que se materializará a través de una llamada de teléfono.
CONCLUSIONES

Volviendo al principio de este análisis, ¿es Tom Ripley un psicópata?, nos damos cuenta de que esta pregunta ya ha sido contestada y, por ello, no tiene sentido en sí misma. Vivimos rodeados de psicópatas, la metáfora del camaleón es más que una máscara, la pregunta sería, ¿qué tenemos todos de psicópatas?, ¿somos capaces de matar por envidia, por dinero, por poder?, ¿dónde está la frontera entre el Bien y el Mal?, y sobre todo ¿no habéis tenido ganas de matar a nadie nunca?, ¿no habéis sentido odio nunca contra nadie?.

Entonces, va y resulta que la psicopatía no es, al menos, desde mi punto de vista, un problema social, sino que, siendo universal, sólo pertenece al individuo, lo que hace que, en muchos casos, el problema sea justificable según y/o por las circunstancias. En el libro de Vicente Garrido, habla cómo hay psicópatas en todos los ámbitos profesionales y en todo tipo de hogares (no sólo los desestructurados por malos tratos a mujeres o niños), los hay que incluso después de cometer varios crímenes, se casan y tienen hijos (como el mismo Ripley).

Así pues, pienso que cualquiera puede desarrollar las características propias de una persona de estas características, que los médicos no consideran enferma, pero la misma observación de la conducta de un personaje te hace ver que no merece la pena perder la capacidad de tener sentimientos en pro de ideas maquiavélicas disfrazadas de odio, venganza, celos, envidia,...entre otras cosas porque éstos últimos también son sentimientos, y si no se desarrollan de una manera natural, sin necesidad de alimentarlos constantemente sobre la base del exceso de información, nos pueden convertir en personas infelices con una calidad de vida cada vez más baja.

BIBLIOGRAFÍA

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  • De la literatura al cine”, José Luis Sánchez Noriega, Paidós Comunicación, Barcelona, 2000

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