El sí de las niñas; Leandro Fernández de Moratín

Literatura española del Siglo XVIII. Teatro neoclásico. Matrimonios concertados. Triunfo del amor. Crítica de las convenciones sociales

  • Enviado por: Pedro
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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EL SÍ DE LAS NIÑAS. Examen:

A finales del siglo XVII entra en crisis en Europa el Antiguo Régimen, y comienza la Ilustración (Siglo de las luces) basado en la razón y la crítica. En España empieza en el siglo XVIII con la “Guerra de Sucesión”, que instauraría la Casa de Borbón. Los regentes de este siglo fueron los representantes del despotismo ilustrado (con Carlos III como prototipo de monarca ilustrado).

Uno de los géneros literarios más dominantes fue el teatro. Difundía crítica y enseñanza y estuvo al servicio de los intereses políticos y morales de la época. El libro pertenece a este género, dentro de la etapa del Neoclasicismo (siglo XVIII) influenciado por el clasicismo francés, italiano y clásico. Se caracteriza por el racionalismo y el carácter didáctico.

El autor del libro es Leandro Fernández Moratín. Nació en Madrid en 1760, y murió en Paris en 1828. Escribió dentro de la tendencia neoclásica. Se adoptó la regla de las tres unidades: unidad de acción, de tiempo, y de lugar; para que así las obras parecieran creíbles y verosímiles. A parte de “El sí de las niñas” escribió “El viejo y la niña”, que critica las uniones de parejas sin interés y engañadas, o “la Mojigata” que combate la hipocresía y la falsa piedad.

El sí de las niñas se publicó en 1805 y se estrenó en 1806. Es un claro ejemplo de obra ilustrada, donde se defiende el derecho de la mujer a aceptar a su cónyuge contra la imposición familiar, pues en esta época era frecuente prometer a las jóvenes con gente mayor adinerada.

La obra se divide en 3 actos. Los personajes principales son don Diego, don Carlos, doña Irene, doña Francisca, Rita, Simón y Calamocha. Trata de que don Diego, hombre de 60 años, adinerado, es concertado en matrimonio con doña Francisca, una joven de 16 años, hija de doña Irene, artífice de esta unión. Don Carlos, es el verdadero amante de doña Francisca. Simón, Rita y Calamocha son los sirvientes. Ejercen mucha influencia sobre los personajes al ayudarles.

La obra transcurre en una sala de una posada. La acción empieza a las 7 de la tarde y acaba a las 5 de la mañana. En el acto I, doña Francisca viene de vivir en un convento, y su madre la obliga a aceptar a don Diego como prometido. Ella por su educación, acepta. Don Diego ya aprecia que la niña esta forzada y es infeliz. Doña Francisca estaba enamorada de un joven que resultaría ser el sobrino de Don Diego, don Carlos. Este va a la posada al recibir una carta de doña Francisca contándole la situación. En el acto II, doña Irene sigue presionando a su hija. Doña Francisca se encuentra por fin con su amante. Después don Carlos se encuentra con Simón y con don Diego con quien se comporta dócilmente y se va. En el acto III, Don Carlos lanza una carta a doña Francisca por la ventana, pero la encuentra don Diego, y se entera del romance. Cuando vuelve, Don Diego le interroga sobre su relación con doña Francisca. Don Carlos logra hacer ver que doña Francisca nunca le amará, ya que solo le ama a él. Don Diego se lo cuenta a Doña Irene. Esta, lee la carta, y empieza a gritar y a amenazar a su hija, lo que hace que apareciera don Carlos. Al final todos aceptan que doña Francisca y don Carlos se casen

En el texto abunda el vocabulario y las expresiones coloquiales de esta época. Se utilizan antífrasis. Doña Irene, Francisca y los criados usan expresiones vulgares, que dan más realismo a la obra. Moratín muestra a doña Irene como la clase de mujer anticuada regida a las leyes de la sociedad que ve a la mujer como algo inferior. Critica esta situación mediante Rita, quien se mete con ella de una forma irónica y cómica. Se observa el seguimiento de la regla de las tres unidades. Se usa el factor casualidad para lograr esta unidad. Es también importante mencionar el uso del racionalismo. Los personajes, prefieren usar la razón antes que dejarse llevar por la pasión. Aunque defienda la libertad, Moratín también muestra la importancia de ser leal a la autoridad, como don Carlos con don Diego, para mantener el orden público.