El sí de las niñas; Leandro Fernández de Moratín

Literatura española del Siglo XVIII. Teatro neoclásico. Vida y obra. Época. Género. Argumento. Tema. Estructura. Recursos literarios

  • Enviado por: Saúl Peña
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas

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El sí de las niñas

Leandro Fernández de Moratín

Índice

Título 3

El autor: Leandro Fernández de Moratín 3

  • Obra 3

Época 4

Género 5

Argumento 5

Tema 6

Estructura 7

Forma literaria 7

  • Estrategias de construcción del texto 8

  • Personajes 9

Bibliografía 11

Título de la obra

El sí de las niñas

El autor: Leandro Fernández de Moratín

Nació el 10 de marzo de 1760 en Madrid. Su padre era el famoso literato Nicolás Fernández de Moratín, de familia noble. Ya desde joven, Moratín demostró sus aptitudes para la escritura, mereciendo dos accésit de la R.A.E., el primero con tan sólo 19 años por su romance La toma de Granada por los Reyes Católicos. Fue un hombre de mundo, ya que residió en multitud de países europeos (Francia, Inglaterra, Italia, entre otros). Este hecho le permitió ser nombrado Secretario de Interpretación de Lenguas, miembro de la Junta Gubernativa para la Reforma del Teatro y, lo más importante, empaparse de las ideas ilustradas que circulaban por estos países. Por ello, apoyó la invasión napoleónica de España: era un afrancesado. Durante el gobierno de José Bonaparte ocupa el cargo de bibliotecario real, y tras este gobierno, huye de la capital, refugiándose en Valencia primero, después en Barcelona, y luego en Francia. Tras un breve retorno a Barcelona, pasa el resto de su vida exiliado en Francia, entre Burdeos y París, hasta que muere en esta ciudad el 21 de junio de 1828.

Moratín fue el escritor dramático con más éxito en esta época. Supo combinar la inclusión de los valores ilustrados con el logro del favor del público, a través de creaciones que pertenecen a multitud de géneros (algo habitual en los escritores ilustrados), como el ensayo, la sátira y la poesía, pero fue el teatro el género que más y mejor cultivó. Son obras de costumbres, con una marcada intención didáctica y crítica.

El teatro del literato reflejaba la vida social de la época, sobretodo enfocada a la clase media, ya que consideraba que era este el grupo que podía hacer posible la libertad que él anhelaba. Adecua los registros a cada personaje. En sus obras los sucesos se organizan de una manera lógica. Moratín creo la comedia española moderna, que abandona las progresiones irregulares e imprevisibles y adopta evoluciones mucho más lógicas y razonables.

Obra

En 1779 su romance La toma de Granada por los Reyes Católicos merece un accésit en un concurso convocado por la R.A.E. En 1780 escribe Oda a la muerte de don Nicolás Fernández de Moratín y comienza el Diario. Un año después redacta la Oda a la Tirana. En 1782 vuelve a obtener un accésit de la R.A.E. por su Lección poética. 1783 se caracteriza por la composición de poemas de circunstancias como Oda a la paz o Oda al nacimiento de los serenísimos infantes. En 1786 acaba El viejo y la niña y al año siguiente termina la zarzuela El Barón, realizada por encargo. Publica La derrota de los pedantes en 1789. En 1791 escribe La comedia nueva y
La mojigata
. En 1792, de viaje en Inglaterra, inicia las que serán sus Apuntaciones sueltas de Inglaterra. En ese mismo año compone El tutor, un borrador de comedia que será destruido. En 1793 llegará a Italia, donde empieza su Viaje de Italia. En 1799 convierte su zarzuela El barón en comedia. Escribe El sí de las niñas en 1801 y siete años más tarde adapta La escuela de los maridos de Moliere. En 1810 compone el Auto de fe de Logroño. En 1812 publica junto a Estala el Diario de Valencia y pasados dos años traduce el Cándido de Voltaire. En 1821 termina Orígenes del teatro español y en 1825 se publican en París sus Obras dramáticas y líricas.

Época Literaria

La obra aparece en el final del movimiento que hizo del siglo XVIII el Siglo de las Luces: la Ilustración. Fue un periodo de grandes cambios en todos los ámbitos: la política, la sociedad, la cultura...

El sistema político que predominaba en la Europa dieciochesca era el despotismo ilustrado, que trabajaba por el progreso económico y social de los pueblos al margen de su voluntad. En una frase se puede resumir la visión política de los gobernantes de la época: “Todo por el pueblo pero sin el pueblo”. En España cambió la dinastía reinante: los Borbones accedieron al poder tras la guerra de Sucesión en la que perdieron los Austrias. Cuando Moratín escribió El sí de las niñas gobernaba Carlos IV, quien aplicó una política de defensa contra los ideales revolucionarios que llegaban desde Francia que defendía Moratín.

En esta época se sintió la necesidad de transmitir la cultura a todas las capas sociales. Con ese propósito se trabajó en las aulas de enseñanza (hubo varias reformas educativas), en los periódicos (más de setenta en época de Carlos III), en las academias (se fundó, entre otras, la R.A.E.) y en las sociedades.

Durante esta época se registraron varias corrientes estilísticas. Son el rococó, el prerromanticismo y el neoclasicismo. A este último estilo pertenece la mayor parte de la obra de Moratín, y El sí de las niñas se engloba en un subgénero del mismo: la comedia neoclásica.

Género

Pertenece al género dramático y al subgénero de la comedia. Esto es fácilmente observable, ya que se aprecian los rasgos típicos de ambas. Algunas de las características que hacen pensar que pertenece al género dramático son que la obra está en su mayor parte escrita en estilo directo, se encuentran acotaciones, se divide en actos y escenas, etc. Dentro de la comedia presenta las características típicas de la neoclásica: tiene un carácter didáctico, intenta mostrar la vía de la razón para abandonar los vicios y debilidades típicas de la sociedad, muestra una realidad idealizada, sólo saca a escena a burgueses y sus criados, etc.

Argumento

Don Carlos es un joven militar que en una de sus temporadas de permiso se enamora de Doña Francisca, una joven que se está educando en un convento de monjas de Guadalajara, que a su vez se queda prendada de él. Las religiosas recomendaron a Doña Irene, su madre viuda, que la joven contrajera matrimonio con Don Diego, un hombre maduro y pudiente, que busca compañía para pasar los últimos años de su vida y que además es el tío de don Carlos. Doña Irene atiende los consejos y prepara la boda con don Diego, sin preguntar ni tener en cuenta la opinión de doña Francisca.

La cercanía de la boda provoca la partida hacia Madrid, lugar donde está previsto que se celebre la boda. La llegada de la noche obliga a parar y buscar alojamiento en el camino, acomodándose en una posada de Alcalá. A está misma posada va a llegar don Carlos, quién tras recibir la carta de doña Francisca contándole la historia de su enlace, partió desde Zaragoza hacia Madrid para implorar la ayuda de su tío, sin saber que es precisamente su oponente.

Desde llegada a la posada, y durante casi toda la obra, doña Irene asegura a don Diego la plena disposición de su hija para el casamiento. Este no queda totalmente contento con ello, pide la opinión a la propia Francisca, que por la presión ejercida por su madre no se atreve a contradecirla.

Gracias a Rita y Calamocha, los criados de doña Francisca y don Carlos, estos descubren que se encuentran en la misma posada. El joven promete a su amada que parará el enlace y que para ello cuenta con la ayuda de un pariente suyo muy adinerado. Su sorpresa llegará al descubrir que su rival amoroso no es otro que su propio tío. En una muestra de acatamiento de la autoridad familiar, don Carlos decide abandonar a su enamorada y volver a Zaragoza.

Antes de su partida, don Carlos escribe una nota para doña Francisca, explicándole los motivos de su huida. Para avisar de su llegada, el joven comienza a puntear una guitarra, que llama la atención de Rita y doña Francisca, pero también la de don Diego y su criado, Simón. Desde la calle, don Carlos lanza la nota, pero un ruido provocado por Simón hace que la muchacha y su criada vuelvan a su habitación y que la carta caiga en manos de Simón y su señor. Este, al leer la carta y enterarse de la historia, manda a su criado alcanzar a su sobrino y traerlo de vuelta. Después de hablar a solas con doña Francisca y con su sobrino, confirma que ambos están realmente enamorados y con su renuncia a casarse con doña Paquita, posibilita el matrimonio entre los jóvenes, con el beneplácito de doña Irene.

Tema

Las bodas de conveniencia, la represión de los sentimientos y una educación opuesta a la sinceridad y el afecto.

Estructura

Externamente, la obra se divide en tres actos y treinta y ocho escenas, que se distribuyen de la siguiente manera: nueve en el primer acto, dieciséis en el segundo y trece en el tercer y último acto.

Internamente la obra sigue la clásica división entre introducción, nudo y desenlace. La introducción ocupa el primer acto excepto su final, que forma parte del nudo. Además, también forman parte del nudo el segundo acto en su totalidad y parte del tercer acto. El resto del tercer acto constituye el desenlace. Forma literaria

Se trata de una obra escrita en prosa, ya que el texto se agrupa en líneas y párrafos y no en versos y estrofas. Además no se aprecia ritmo musical.

En la obra predomina el estilo directo, ya que se transcriben íntegramente las conversaciones de los personajes. Se utiliza un léxico asequible, y adecuado a las características de cada personaje (nótese la diferencia entre la lengua utilizada por don Diego y la utilizada por Calamocha), excepto en algunas ocasiones en las que se utiliza un léxico inapropiado para un personaje con el fin de ridiculizarlo (por ejemplo, cuando doña Irene habla de las píldoras de coloquíntida y asafétida, palabras demasiado cultas para ella). El objetivo de esta adecuación es la verosimilitud, que también se busca mediante la lengua empleada: en la obra se emplean expresiones coloquiales y figuradas (por ejemplo: “vete con Dios”), refranes, etc. Ese objetivo también se logra mediante la abundancia de puntos suspensivos:

  • DON DIEGO: Aquí no hay escándalos... Ese es de quien su hija de usted está enamorada... Separarlos y matarlos viene a ser lo mismo... Carlos... No importa... Abraza a tu mujer.

Predomina el lenguaje denotativo, aunque también aparece el connotativo (especialmente en personajes como doña Irene, con sus exageraciones o don Diego, con sus ironías). Se utilizan todas las personas verbales, pero se utilizan sobre todo la primera y la tercera del singular. Es frecuente el uso de los pronombres y formas de cortesía (usted, vuestra merced, etc.). Se usan multitud de tiempos verbales tanto del indicativo como del subjuntivo, pero el que más se usa es el presente de indicativo.

Se utiliza un número considerable de recursos literarios, pero sin llegar a ser excesivos. Entre ellos encontramos:

  • Interrogación retórica: “¿No te parece que para ir por la posta hizo muy buena diligencia?”. Don Diego. Acto I, escena I.

  • Epíteto: “Soledad terrible”. Don Diego. Acto III, escena XVIII.

  • Ironía: “Se dejaba pedir aquel caribe de don Bruno (Dios le haya coronado de gloria)”. Doña Irene. Acto II, escena II

  • Hipérbole: “¿Pues no lo he dicho ya mil veces?”. Doña Irene. Acto III, escena XI

  • Elipsis: “Y sobre todo, ¡aquel candor, aquella inocencia!”. Don Diego. Acto I, escena I

  • Enumeración: “Es muy linda, muy graciosa, muy humilde,...”. Don Diego. Acto I, escena I.

  • Perífrasis: “Inocente asilo de la devoción y la virtud” (por un convento). Don Diego. Acto II, escena V

  • Paralelismo:

    • DON CARLOS: ¿Descansar con celos? [...]

    • DOÑA FRANCISCA: ¿Dormir con amor?

Acto II, escena VIII.

  • Comparación: “Como pez en el agua”. Doña Irene. Acto II, escena IV.

  • Personificación: “¿Se anuncian así la alegría y el amor?”. Don Diego. Acto III, escena VIII.

  • Apóstrofe: “¡Paquita!... ¡Vida mía!”. Don Carlos. Acto II, escena VII.

Estrategias de construcción del texto

No abundan las acotaciones típicas del teatro. Las que se encuentran suelen referirse a aspectos relacionados con los personajes (entradas, salidas, acciones, a quién van dirigidos, etc.) y las pocas que indican las características del escenario suelen hacerlo a grandes rasgos, sólo indicando los aspectos más importantes.

La obra tiene externamente un sentido cómico e irónico, pero si analizamos más detenidamente la obra también tiene un profundo sentido crítico.

La obra sigue la regla de las tres unidades, que son:

  • Tiempo: La obra se desarrolla en diez horas, entre las siete de la tarde y las cinco de la mañana siguiente. La obra empieza por la tarde (con luz escasa), se desarrolla por la noche (sin luz solar) y acaba con la llegada del día. Este hecho se relaciona simbólicamente con el triunfo de «las luces» (la razón) sobre las «tinieblas de la ignorancia», al que se refirió el autor frecuentemente.

  • Espacio: Toda la composición se desarrolla en el mismo lugar: una posada de Alcalá de Henares.

  • Acción: Aunque al principio parece que hay varias, a lo largo de la obra se descubre que es una misma vista desde perspectivas diferentes.

Personajes

Son siete, pocos personajes si se compara con la comedia barroca. Esta limitación en el número de personajes refuerza la unidad de acción, Pueden hacerse dos clasificaciones generales: una por su sexo (cuatro hombres y tres mujeres) y otra por su posición social (cuatro merecen el tratamiento de don, tres no (los criados). Son los siguientes, con sus respetivas características:

  • Don Diego: Es un hombre mayor, de unos sesenta años. En él se encuentran los valores ilustrados que Moratín pretendía transmitir: una educación basada en la sinceridad y el afecto; unos padres que proponen, no imponen las cosas a sus hijos adultos; una mujer más integrada en la sociedad, etc. También es un personaje serio y razonable, aunque como ser humano, pierde los estribos en alguna ocasión. Podemos decir que es una especie de alter ego de Moratín. Es el personaje que interviene en más escenas, quien abre y cierra la obra y el que desencadena la acción. Algunos estudiosos (como René Andioc) han señalado que es el verdadero protagonista de la obra.

  • Doña Irene: Es una mujer más o menos de la edad de don Diego. Se trata de un personaje ridículo, con muchas manías y achaques. No se trata de un personaje «malo», sino egoísta: mira por su propio interés sin pensar en los demás. El matrimonio de su hija con don Diego es su solución a los problemas económicos que las acucian. Es el contrapeso a las virtudes morales de don Diego: según René Andioc, literalmente, es «portavoz del pasado y de un conservadurismo mezquino»,

  • Don Carlos: Es un joven militar enamorado de doña Paquita. Es un personaje en el que se refleja el «justo medio»: obedece a su tío en todo momento (incluso sabiendo que no está obligado), pero cuando éste es injusto se rebela. Ama a doña Francisca, pero cuando comprueba los problemas que traería su relación piensa abandonarla: sabe dominar su pasión.

  • Doña Francisca: Es una joven recién salida de un convento, marcada por una educación que menospreciaba la sinceridad y el afecto, supeditándolos al recato, el honor, la obediencia, etc. Ello la lleva a comportarse de manera hipócrita durante la obra, sin expresar su opinión, sometiéndose a la autoridad materna. Al final de la obra su actitud cambia y expresa sus verdaderos sentimientos.

  • Rita: Es la criada e íntima amiga de doña Francisca. Esta joven representa el optimismo y la naturalidad (reflejada, por ejemplo, en el lenguaje).

  • Simón: Es el criado de don Diego, un hombre de edad que intenta aconsejar a su amo, aportando el sentido común del que a veces don Diego adolece.

  • Calamocha: Es el criado de don Carlos, un hombre apicarado que se caracteriza por su naturalidad y viveza.

Bibliografía

Larousse 2000. Ed. Larousse-Bordas. Barcelona, 2001.

El sí de las niñas. Editorial Castalia. Madrid, 1991.

Contexto. Lengua Castellana y Literatura. Andrés Amorós y otros. Ediciones SM. Madrid, 2003

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