El rayo que no cesa; Miguel Hernández

Literatura española contemporánea del siglo XX. Vida y obra literaria. Poesía y lírica de la generación del 36. Temas. Forma. Métrica

  • Enviado por: Myriam Rodriguez Moreno
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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TENDENCIAS DE LA POESÍA ESPAÑOLA DEL MOMENTO

Una brillante generación de poetas, conocida como la Generación del 27, floreció a finales de los años veinte y durante toda la década de los treinta. El más conocido de estos poetas es Federico García Lorca, quien dio expresión al espíritu popular de España en sus poesías y obras teatrales.

Otros poetas destacados de esta generación son Jorge Guillén, Rafael Alberti y Vicente Aleixandre. La obra de Guillén se agrupa, bajo el título de Aire nuestro, en tres libros: Cántico, Clamor y Homenaje. Guillén tuvo que exiliarse por motivos políticos en 1939, y sus versos reflejan un pesimismo creciente. Aleixandre, que obtuvo el Premio Nobel en 1977, ejerció una considerable influencia sobre otros poetas españoles. Su obra poética, que comienza con Ámbito (1928), adapta con inmensa creatividad la experiencia renovadora del surrealismo. Antología total (1975) es la más reciente colección completa de sus obras. La influencia de esta formación generacional se reflejó en poetas como César Vallejo, Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Octavio Paz, entre otros. Al grupo al que en ocasiones se hace referencia como Generación del 36 pertenecen Germán Bleiberg, Carmen Conde, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Dionisio Ridruejo y, así también, Miguel Hernández, quien fue elogiado de forma unánime tras la publicación de El rayo que no cesa (1936). La generación del 36 se caracteriza por la expresión de su fe religiosa y por su intimismo. Fueron poetas disconformes con la situación política y social creada tras la Guerra Civil española, pero que en vez de enfrentarse con el régimen establecido optaron por una poesía personal y sincera sobre la naturaleza, la fe religiosa y otros temas íntimos.

Nueve poetas dominan la generación que sucede a la del 36; se trata de Rafael Morales, Vicente Gaos, Carlos Bousoño, Blas de Otero, Gabriel Celaya, Victoriano Crémer, José Hierro, Eugenio de Nora y José María Valverde. El verso de Hierro representa al antiesteticismo, el compromiso social y la preocupación por España que caracteriza al grupo en su conjunto. Otras características del grupo son: 1) poesía subjetiva del individuo en conflicto con el mundo exterior, como en los poemas iniciales de Blas de Otero; 2) actitud realista -ni trágica ni exasperada, sino serena y de religiosidad íntima-, como en la obra de Valverde y la poesía última de Blas de Otero; y 3) tendencias objetivas y poesía social, como en la obra de Gabriel Celaya, Victoriano Crémer y Eugenio de Nora. En la poesía actual española todavía hay dos generaciones encontradas, poetas que se iniciaron en los años sesenta y setenta aún dominados por los temas sociales, pero que pronto se centran más en una poesía estética -con toques surrealistas, intuitivos y personales, como José María Caballero Bonald, Ángel Crespo, Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez o Félix Grande; y las últimas generaciones- con obras consolidadas que aportan modernidad, intuición y estética, como Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Antonio Martínez Sarrión, Leopoldo Mría Panero entre otros.

Es difícil, por no decir imposible, fijar criterios de unidad estilística con criterios clásicos por falta de perspectiva histórica y por la convivencia en la actualidad de géneros y estilos.

La guerra civil española (1936-1939) y los turbulentos años que la precedieron influyeron profundamente en la trayectoria de los escritores. La mayoría de éstos, por no decir todos, tomaron partido por alguno de los bandos que se hallaban ya prácticamente en lucha fratricida desde 1931, y ello se reflejó en casi toda la producción literaria de la época, muy rica en todos les géneros. Por lo demás, y una vez terminada la contienda, la mayoría de estos autores continuaron su labor creadora, si bien muchos tuvieron que hacerlo en el exilio.

VIDA Y TRAYECTORIA

Orihuela se encuentra situada en la parte sur de la provincia de Alicante, lindando ya con Murcia. El río Segura cruza la ciudad fertilizando su rica huerta. Traspasando la artística puerta que daba acceso al antiguo camino de Alicante, se llega a la calle San Juan, estrecha vía llena de iglesias y conventos. En el número 82 de esta calle nació Miguel Hernández, el día 30 de octubre de 1910. Sus padres, Miguel y Concepción, habían tenido ya otros dos hijos: Vicente y Elvira. El padre de Miguel se dedicaba a la cría y comercio de ganado por lo que el nacimiento del nuevo hijo le llenó de satisfacción al pensar que sería de gran ayuda en la continuación del negocio familiar.

A los tres años de nacer Miguel se traslada la familia a una casa más amplia, en la calle de Arriba, actualmente denominada calle de Miguel Hernández. Allí tienen ya un pequeño patio para albergar el ganado y un reducido jardín que Miguel utiliza para sus juegos infantiles y, posteriormente, para dedicarse a la lectura y composición de sus primeros poemas.

A escasos metros de su casa se encuentra situado el monumental colegio de Santo Domingo, regentado entonces por los jesuitas. Allí acude Miguel, en calidad de alumno pobre, a recibir sus primeras y únicas enseñanzas. Su etapa escolar es muy reducida ya que sólo abarca desde los ocho a los catorce años, pero es intensamente aprovechada por este niño que busca con avidez saciar su sed de formación y cultura. Las excelentes notas que recibe al final de cada curso son el justo premio a su interés y esfuerzo.

A Miguel Hernández le llamaban el <pastor poeta> porque de pequeño se dedicaba a cuidar el ganado que tenía su padre. Al cumplir los catorce años, su padre le saca del colegio para que le ayude en el pastoreo de las cabras. Esta brusca paralización de sus estudios supone un fuerte trauma para Miguel, que ve así truncada su aspiración de adquirir una sólida formación. Pero la decisión paterna no impide que Miguel siga cultivando su inquietud cultural y, sobre todo, literaria. Junto con su zurrón de pastor no olvidaba poner cada mañana, algunos libros de poesía. Gabriel Miró, Vicente Medina, Garcilaso, Ruben Darío, etc.; serían sus poetas preferidos.

Poco a poco fue familiarizándose con el estilo de aquellos poetas, así empezó a hacer sus pinitos poéticos.

Miguel nunca renunciaría a su condición de pastor, y cuando su amigo Pablo Neruda le ofrece la posibilidad de buscarle algún trabajo en Madrid, él le sugiere desempeñar su oficio de pastor.

La adolescencia de Miguel se desarrolla entre su trabajo de pastor, sus juegos juveniles, sus lecturas y, sobre todo, sus tertulias con sus amigos y compañeros. Carlos Fernoll, Ramón Sijé -a quien dedicaría su famosa Elegía-, y otros. Este grupo de amigos solía reunirse en la tahona de la familia Fenoll. El principal motivo que unía a este grupo de jóvenes es su común inquietud literaria. En las habitaciones altas del horno se reúnen casi todas las tardes para leer libros, comentar novedades literarias y, especialmente, para recitar los poemas que iban creando. En esta “escuela poética” va perfilando Miguel sus primeras creaciones, algunas de las cuales aparecerían publicadas en diversos periódicos locales.

Estos balbuceos poéticos de Miguel no fueron comprendidos por muchos de sus paisanos. Pero él no se desanimó. Empieza a recitar poemas en actos públicos y sociales de Orihuela y, en 1931, consigue un premio por su <Canto a Valencia>, poema que había presentado a un concurso convocado por el Orfeón Ilicitano de Elche. Este premio, consiste en una escribanía, supone un importante aliciente para el joven Miguel que así ve reconocida su obra.

Los amigos de Miguel, le animan a viajar a Madrid para buscar allí el apoyo que no encuentra en su ciudad natal. Allí se daría a conocer y alcanzaría la fama. Pero era difícil conseguir el dinero para tal aventura. Entre todos los amigos reúnen unas pesetas y Miguel, se marchó a la capital de España con una pequeña maleta vieja, en la que llevaba lo necesario. Esta era toda su fortuna. Contaba entonces Miguel 21 años de edad. El poeta se encuentra sólo en una gran ciudad, lejos de su tierra y de su gente. La ciudad le resulta extraña y amenazante.

Después de pasar seis meses en Madrid, al ver que no consigue sus objetivos, Miguel decide volver a su pueblo. Pero en el viaje es detenido en la estación de Alcázar de San Juan, por no estar debidamente documentado. Allí permanece encerrado tres días. Esta sería su primera, pero no última detención.

A pesar de este fracaso, intenta de nuevo el viaje en 1934. Esta vez va con más ánimos, ya que, el año anterior, había conseguido publicar su primer libro, titulado Perito en lunas. En este nuevo viaje, Miguel conoce al poeta chileno Pablo Neruda, que tanto le ayudó en su perfeccionamiento poético. Igualmente encuentra en Vicente Aleixandre a un verdadero amigo y hermano. Pero la instancia de Miguel en Madrid, se ve ensombrecida con la noticia de la muerte de su amigo de la infancia, Ramón Sijé. Como sentido homenaje a su memoria le dedica la famosa Elegía.

Miguel va situándose en Madrid y abriéndose comino en el mundo literario de la época. Encuentra trabajo como colaborador en la redacción y preparación de su obra enciclopédica Los toros. La producción poética y literaria de Miguel va en aumento. Aparecen nuevos poemas publicados, así como obras de teatro y colaboraciones periodísticas. Todo este trabajo suyo culminaría con la publicación de su libro El rayo que no cesa, obra de gran importancia que recoge el caudal amoroso del poeta hacia su gran musa: Josefina Manresa.

Al estallar la guerra civil, en 1936, Miguel se enrola en el ejército republicano compartiendo su vida militar con sus actividades poéticas. A las pocas semanas de iniciarse la guerra es asesinado Federico García Lorca en Granada. La temprana muerte de García Lorca, admirado amigo de Miguel, le llena de gran tristeza que plasma en su elegía al poeta asesinado.

En su calidad de Comisario de Cultura, Miguel viaja por diversos lugares de la geografía española pronunciando conferencias, representando obras de teatro y recitando sus poemas. Alguno de sus poemas se imprimen en tarjetas y octavillas y se reparten entre los soldados, estos poemas sirven para elevar la moral de los luchadores.

Invitado por el Ministerio de Instrucción Pública, asiste en Moscú al V Festival de Teatro Soviético. Al regreso encuentra Miguel que ha salido ya de la imprenta su libro de guerra Viento del pueblo. En este libro, dedicado a Vicente Aleixandre, se encuentran conocidos poemas, como “El niño yuntero”, “Vientos del pueblo me llevan”...

El poeta participa activamente en El Altavoz del Frente, plataforma de animación cultural entre los soldados. Asimismo publica cuatro piezas breves, en prosa, bajo el título Teatro en guerra, así como su obra dramática El labrador de más aire. A punto de finalizar la guerra edita Miguel su libro de poemas El hombre acecha, que dedica a su amigo Pablo Neruda.

El 9 de marzo de 1937, en plena guerra, Miguel se casa con Josefina Manresa, su novia de Orihuela a la que dedicó tantos poemas de amor. La joven pareja se traslada a vivir a Cox, un pequeño pueblo cercano a Orihuela y allí se instalan en una humilde casa. Poco tiempo pueden estar juntos, ya que Miguel tiene que desplazarse al frente en repetidas ocasiones. Encontrándose Miguel en la batalla de Teruel recibe la noticia del nacimiento de su hijo, al que pone el nombre de Manuel Ramón en recuerdo de su abuelo materno y de Sijé. Pero poco le dura la felicidad, ya que a los diez mese muere este primer hijo.

El dolor de esta pérdida se ve compensado con la alegría del nacimiento de su segundo hijo, Manuel Miguel, el 4 de enero de 1939, a escasos mese de finalizar la guerra. Una carta de su esposa, en la que le explica las estrecheces económicas que están pasando, alimentándose sólo de pan y cebollas, le inspira a Miguel una de las más bellas nanas de la poesía española:

En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

Se amamantaba.

Al terminar la guerra, en 1939, Miguel intenta pasar a Portugal, pero es detenido en la misma frontera y entregado a la Guardia Civil. Trasladado a la prisión de Rosal de la Frontera pasa luego a la de Huelva, a la de Sevilla y, finalmente, a la prisión celular de la calle Torrijos en Madrid. Allí empieza a escribir su libro Cancionero y romancero de ausencias, en el que manifiesta su honda amargura por la situación que atraviesa y su profunda preocupación por su esposa y su hijo.

Puesto, inesperadamente, en libertad provisional, viaja hasta Orihuela para abrazar a sus seres queridos. Pero la desgracia le persigue, y es detenido nuevamente en Orihuela al haber sido denunciado por un paisano suyo. Miguel tiene que pasar la vergüenza de ser conducido esposado por las calles de su ciudad natal. La Guardia Civil le lleva hasta el Seminario -entonces convertido en Penal-.

Tras pasar dos meses en los calabozos es trasladado a la prisión madrileña ubicada en la plaza del Conde de Toreno, donde se encuentra con Antonio Buero Vallejo con el que trabó una gran amistad. A Miguel le juzga un Consejo de Guerra, acusándole de haber escrito poesías en contra del fascismo y, por ello, le condenan a la pena de muerte que, tras la presión de numerosas personalidades nacionales y extranjeras, sería posteriormente cambiada por treinta años de prisión.

Miguel continua su calvario de cárceles. De Madrid es trasladado a la Prisión Provincial de Palencia de la que, pasados dos mese, sale camino del Penal de Ocaña. La miseria, las enfermedades y el alejamiento de su esposa y su hijo van minando el cuerpo de este pastor-poeta, acostumbrado al campo y la montaña, y que se ve ahora encerrado entre cuatro paredes. Sin embargo, aún le quedan ánimos para escribir a su mujer animándole en su soledad. Asimismo prepara juguetes de madera para su hijo y compone poemas para sus compañeros de prisión.

Enfermo y desesperado es trasladado al Reformatorio de Alicante, su tierra, donde se consuela con las visitas de su mujer, su hijo y familiares. Estos encuentros con su familia le dan ánimos para soportar las penalidades carcelarias, pero la enfermedad va robándole la vida poco a poco.

Miguel se siente cada vez peor. La enfermedad se le agudiza y tiene que guardar cama en la enfermería de la prisión. Ya no puede acudir al locutorio para hablar con su mujer. Sus compañeros tienen que escribirle las cartas porque ha perdido sus fuerzas. En estas cartas le pide a su mujer algodón, gasas y medicinas. Le efectúan una pequeña operación de pulmón, pero sin resultado positivo. La vida se le escapa paulatinamente.

El 28 de enero de 1942, a los 31 años de edad, muere Miguel Hernández en la enfermería de la prisión de Alicante. Según sus compañeros de habitación, sus últimas palabras estuvieron dedicadas a su mujer: <¡ Ay, Josefina, qué desgraciada eres!>. Un pequeño grupo de familiares y amigos le acompañaron hasta el cementerio de Alicante, donde se encuentra enterrado su cuerpo en una sencilla sepultura. Una breve inscripción en la lápida nos recuerda que allí reposan los restos de uno de los más grandes poetas de nuestra literatura.

TEMÁTICA

La obra literaria de Miguel Hernández comprende la poesía, el teatro y la prosa. Pero donde más destacó Miguel, y es más conocido, es por su producción poética. Aunque vivió poco tiempo, escribió cinco libros de poesía, además de numerosos poemas sueltos. Asimismo publicó cuatro obras de teatro y diversos escritos en prosa.

Uno de los libros más conocidos y famosos de este poeta es El rayo que no cesa, de tal forma que, muchas veces, se le llama a Miguel Hernández <el rayo que no cesa>, por su valentía y firmeza en la defensa de sus ideales. Este libro, publicado en el año 1936, consta de 27 sonetos que, es una de las formas poéticas más difíciles de escribir. El tema general de este libro es el amor, al que dedica frases muy hermosas:

Te mueres de casta y de sencilla:

estoy convicto, amor, estoy confeso

de que, raptor intrépido de un beso,

yo te libé la flor de la mejilla.

El libro está dedicado a la que luego sería su mujer, Josefina Manresa, y el título le viene del principio de un soneto que empieza así: “¿No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras?”. Y, efectivamente, el rayo del amor no cesa en el corazón de Miguel. Amor y dolor son las dos grandes pasiones que cruzan todo este libro y que ya marcarán inexorablemente la vida de Miguel.

Nadie me salvará de este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no es tu voz, el norte que pretendo.

La figura del toro aparece repetidas veces en este libro con una fuerte carga autobiográfica. Miguel se siente identificado con este noble animal que <respira corazones por la herida> y <no da un paso atrás si no es para escarbar sangre y furia en la arena>. Miguel, al igual que el toro, se considera carne de yugo destinado para el luto. Por ello, y de forma premonitoria, la muerte aparece descarnada, trágica en este libro de su juventud: “Como el toro he nacido para el luto y el dolor”.

Lo que he sufrido y nada todo es nada

para lo que me queda todavía

que sufrir, el rigor de esta agonía

de andar de este cuchillo a aquella espada.

En sus sonetos y, sobre todo en las composiciones más libres se observa con claridad el Miguel Hernández de la poesía impura y de un erotismo mucho más coherente con lo que ya empieza a ser su cosmovisión definitiva. En su lenguaje más inmediato, recuerda por su tono más bien a Pablo Neruda y empezará a dar sus primeros y dubitativos pasos en sendas odas que dedicará a este poeta.

El rayo que no cesa es el resultado de la crisis de Miguel, y que sin esa clave no es posible entender su verdadero alcance.

Ante todo, el AMOR. El descubrimiento del amor constituyó, para Miguel, una auténtica aventura poética. En El rayo que no cesa se va a encontrar con temática abundante y falta de material expresivo en que volcar ese cúmulo incesante de sentimientos.

En El rayo que no cesa conviven residuos de los viejos planteamientos religiosos, gérmenes de la nueva poética y, sobre todo, el patético girar en el vacío, en la protagonista del libro.

El toro es a menudo trasunto de él, y representa el impulso genital por excelencia. Los problemas sobreviven al encontrarnos con el toro destinado a la corrida o con el castrado. Ese toro trágico es, desde luego, el que predomina en El rayo, pero no es el único hernandino. Por eso, cuando se habla de él como un leit-movit de continua presencia en su obra, conviene precisar que se trata, en efecto, de un tema muy importante en su poesía, pero que al mismo nivel hay otros que lo son tanto o más (el limón, el mar, la palmera, el pájaro, etc.).

Y su simbolismo no siempre es trágico, al igual que el amor no siempre conduce a la pena.

El soneto de El rayo que no cesa refleja un sentimiento desarraigado de lo natural, que conduce, por tanto a la muerte.

El rayo es por tanto, un libro compuesto según módulos, desde su estructura general a la colocación del material procedente de otras versiones, pasando por la temática, la métrica, la retórica, e incluso la técnica. En él confluyen elementos renacentistas, barrocos y románicos junto a las más variadas tendencias modernas.

LA SIGNIFICACIÓN

Miguel Hernández, descubrió a los autores del Siglo de Oro. Influido por éstos, desechando las modernas tendencias propias de la llamada generación del 27, cultivó la métrica renacentista y barroca. Su lirismo, su independencia con respecto a las servidumbres de la moda literaria, y la sencillez y pureza de su obra, le han convertido en uno de los grandes modelos de numerosos poetas posteriores.

Hay toda una generación sobre la que pesó decisivamente la guerra civil y sus consecuencias: clamorosas adscripciones políticas, la cárcel (donde murió Miguel Hernández).

Miguel era miembro del Partido Comunista español, durante la República participó en las Misiones pedagógicas, creadas para llevar la cultura a las zonas más deprimidas de España. Tomo parte activa en la Guerra Civil española y asistió al Congreso internacional de intelectuales antifascistas de 1937 en Valencia.

La importancia de la obra de Miguel Hernández influyó notablemente en las generaciones posteriores y ha sido y es muy admirado por muchos escritores anteriores y posteriores a él.

BIBLIOGRAFÍA, FOTOS Y COMENTARIOS

Miguel Hernández para niños. Edición preparada por Francisco Esteve. Ediciones de La Torre. Patrocinada por el Excmo. Ayuntamiento de Madrid. 1992.

Miguel Hernández. Perito en Lunas. El rayo que no cesa. Estudio, edición y notas de Agustín Sánchez Vidal. Editorial Alhambra. 1ª edición, 1976.

Enciclopedia Encarta 98.

Gran Enciclopedia Larousse Gel. Editorial Planeta.

Áreas consultorio didáctico. Lengua y literatura. Ediciones Nauta.

Facta. Enciclopedia sistemática, tomo nº4. Ediciones Rialp. Madrid, 1965.

Pequeño diccionario de sinónimos, ideas afines y contrarios. Editorial Teide. Barcelona.

En el apartado de la significación no he encontrado mucha información, así que he puesto todo lo posible que he podido encontrar.

MIGUEL HERNÁNDEZ

El rayo que no cesa

Por: Myriam Rodríguez Moreno. 1º Bachillerato Tecnológico.1999.