El puente; Carlos Gorostiza

Literatura hispanoamericana del siglo XX. Literatura argentina. Teatro. Argumento. Crítica e interpretación

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  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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EL PUENTE

El Puente fue estrenada en 1949. La historia tiene como protagonistas a dos familias de diferentes clases sociales unidas por un hecho trágico.

Según Osvaldo Pelletieri en el libro “Una historia interrumpida”, el texto se hace cargo de la polémica presencia del peronismo en la vida nacional (y con el cual el movimiento de Teatro Independiente se hallaba enfrentado) presentando la crisis económica en pleno período de auge del gobierno encabezado por Perón y mostrando de manera transparente su visión de la situación social. En principio hay un comentador de la crisis, el personaje de Padre, “puente” entre otras clases sociales en pugna en el microcosmos del país ideado por Gorostiza. El personaje de la Madre se identifica con la remanencia social, la aceptación de una sumisión sin límites a la burguesía media (Elena):

ELENA.- ¿Y entonces de qué tiene miedo?

MADRE.- No, no es miedo, señora.

ELENA.- ¿Ah, no?

MADRE.- No, miedo no.

ELENA.- ¿Y entonces?

MADRE (pausa. No encuentra la verdadera respuesta).- La vida me ha enseñado así.

ELENA.- Eso no es manera de vivir.

MADRE.- Ya sé que no. ¿Pero qué le va a hacer? No hay otro remedio. Un golpe detrás de otro le enseñan a una que no puede quedarse tranquila.

Tilo es el índice del debatirse de los sectores obreros y medios bajos “que pugnaban por subir la escalera”. Sin embargo los “muchachos de la calle” llevan consigo las contradicciones que Gorostiza veía en la reforma social que había realizado el peronismo: tiene un conocimiento más o menos claro de su poderío en el seno de la vida del país, no están resignados a su suerte, pero cuando tratan de comprender de una manera más o menos sistemática los problemas reales del país y de su clase, se advierte que no están capacitados para ello:

TILO (otra vez extemporáneamente).- Che, Ñato, ¿vos sabés por qué viene una crisis?

ÑATO (en Babia).- ¿Qué?

TESO.- Si sabés por qué viene una crisis…

(…)

ÑATO.- Seguro que lo sé. Mi viejo me lo explicó el otro día.

TILO.- A ver…

ÑATO.- Es muy largo, che. ¿Ahora me venís con esas cosas?

PICHÍN.- ¡No viste que no sabe ni medio!

ÑATO.- Ufa, che, ¡sí lo sé! Ahora no tengo gana…

RONCO.- Una crisis viene cuando no hay plata.

El texto empieza en la esquina de un barrio en donde se encuentran un grupo de muchachos pateando una pelota esperando la llegada de Andresito, un chico mas del grupo, que se encontraba trabajando en la construcción de un puente en Campana:

PATO.- Y… Vamos a ver. ¿Anoche no lo viste a Andresito?

TESO.- Todavía no ha llegado.

(…)

PATO.- ¿Y si no viene?

MINGO (con un poquito de miedo).- ¿Por qué no va a venir? (Silencio.)

RONCO.- ¿En dónde están haciendo el puente?

PATO.- Por ahí. Cerca de Campana, qué sé yo.

La madre de Andresito está preocupada por su hijo porque no ha llegado todavía, pero además su preocupación se fundamenta en que tiene una deuda que pagar y necesita que Andresito llegue con la quincena.

Por eso los muchachos, al enterarse de este problema, deciden juntar plata (lo poco que tienen) entre todos para dárselo a la mamá de Andresito, pero como no llegan a juntar lo suficiente, algunos se van a pedirle a sus mamás o a sus tías dinero prestado:

MADRE.- Y… usted sabe cómo es ella. (Tilo no contesta.) Yo anoche tenía que pagar una cuenta, ¿sabe? Y esperaba que Andresito viniera con la quincena para poder pagarla. Pero Andresito no vino. Y ese hombre está esperando desde hace una semana y no quiere saber nada de nada. Dice que va a ir a la comisaría. Imagínese. Nosotros pasamos por cosas duras, ¡si sabré yo! Pero nunca tuvimos que ir a la comisaría.

Estas razones son las que nos permiten asegurar que tanto la familia de Andresito como los muchachos pertenecen a una clase social baja y necesitada.

MINGO (pesadamente).- ¿No oíste lo de la vieja?

PICHÍN.- ¿Qué le pasa?

MINGO.-… ¿que necesita cien pesos?

TESO.- Como él no tiene que pagar, sabés…

PICHÍN.- A mí no me vengás con eso, che. (Monta enojo.) Y si hay que poner plata yo pongo. (Monta más enojo.) ¡Para eso laburo! (Tiene un acceso.) ¡Acá hay cinco mangos, vamos! (Estira la mano con cinco pesos y con la otra reclama que lo imiten.)

ÑATO.- ¡Estás loco, vos! ¿Te creés que vamos a juntar cien mangos?

PATO (ve la posibilidad).- ¿Y por qué no?

Al producirse el cambio de movimiento, la nueva escena transcurre en una casa en la que casualmente hay una persona que también se encuentra trabajando en el puente y que todavía no llegó. Esa persona es Luis, el marido de Elena, que a su vez es el jefe de Andresito.

ELENA.- ¿Quién era?

RODOLFO (con la misma insolencia).- Equivocado. (Se sienta en el sillón que hay junto al teléfono y hace como que lee el libro.)

ELENA (para sí).- ¡Pero qué raro, Luis! (A Rodolfo.) ¡No vayas a ocupar el teléfono que ahora nomás debe llamar, eh!

Podemos decir que la familia que vive en esta casa pertenece a una clase social media/alta, gracias a algunos de los temas tocados durante la charla que mantuvieron Elena y una amiga, como, por ejemplo, la “falta” de sirvientas:

ELENA (invitándola a sentarse frente a la mesita baja).- Perdoname que te reciba así, Tere, pero no te esperaba. Vos sabés que ahora, con la falta de sirvientas…

TERE (explotando).- ¡No me hables! ¡Es un problema terrible!

ELENA.- ¡Ja! ¡Si lo sabré yo!

TERE (con voz aguda).- ¡En casa se nos va a ir la que tenemos…!

ELENA.- ¡Ah, sí!

TERE.- Sí, va a trabajar a una fábrica. Vos sabés, estas chirusas, con tal de trabajar poco hacen cualquier cosa…

Es en esa charla donde el padre expresa sus ideas sobre las clases sociales del momento:

PADRE.- Vea. Antes las clases sociales eran dos. Aquí estaban los de arriba y aquí estaban los de abajo. Ahora no. Ahora todo está más entreverado. Ahora hay una escalera. (Ese es su argumento.) Eso es. Una escalera. Cada uno tiene un escalón. Unos están debajo de todo y otros arriba, pero hay un montón de escalones llenos de gente. Y todos luchan por subir y por no bajar, ¿comprende? Entonces no hay tiempo para otra cosa. El de abajo le hace cosquillas al de arriba, y el de arriba le tira patadas al de abajo. ¿Se da cuenta? De vez en cuando, alguno se escurre y sube; y otro pega un resbalón y cae. Pero esas son excepciones.

(…)

PADRE (continuando).- En mis tiempos, sacando algunos anarquistas y otros cuantos socialistas, todos vivían tranquilos. Los de arriba, contentos. Y los de abajo, bueno, los de abajo, al menos vivían resignados. Pero hoy en día… (silbidito de admiración.)

(…)

PADRE.- ¿Y quién es? ¿Tuyo? No. ¿De tu marido? No. El dinero corre. Viene y se va. No es de nadie. El dinero es dinero y nada más. Que algunos ahora tengan más no significa que pertenece a ellos. Lo tiene ahora, que es muy distinto.

La madre de Andresito, preocupada porque su hijo no llegaba se dirige a la casa del jefe, es decir, a la casa de Elena. Es allí donde se origina una charla que deja al descubierto algunos de los prejuicios que tenían acerca de la clase social a la que la otra pertenecía:

MADRE.- Y…claro…Una tendría que trabajar y nada más. Ganar para lo que necesita. Si uno no trabajara sería diferente. Pero si uno trabaja debería tener derecho a vivir en paz.

ELENA (más cansada).- Vea, a mí no me interesa en absoluto. Pero no me explico cómo es que si trabajan los tres no les alcanza el dinero…

(…)

ELENA (retadora).- Todos esos que están en la calle son sus amigos, ¿no?

MADRE (tímidamente).- Sííí…

ELENA.- Entonces no podrá ser muy bueno, si se junta con ellos. Están todo el día atorranteando por ahí. Por lo menos podría decirles que no se paren en esta esquina.

MADRE (sin solución).- ¡Y! ¿A dónde van a ir los muchachos?

ELENA (asombro y enojo).- ¡Cómo adónde! ¡Como si no hubiera más sitios que éste!

MADRE (siguiendo sus pensamientos).- Y no es por contradecirla, señora, pero son todo buenos muchachos. Lo que pasa es que son todos muchachos de la calle. Pero de cualquier manera Andresito es diferente. Yo traté de que estudiara todo lo posible. Después, desgraciadamente, tuvo que ponerse a trabajar, pero…

Al no recibir respuesta acerca de dónde se encontraban el ingeniero Luis y Andresito, Elena le pide a la madre que se retire de su casa, que ya no tenía más que hacer ahí. Es allí donde la madre le explica el problema que tiene con la deuda y le pide si le puede prestar el dinero. Pero este pedido no le cayó nada bien a Elena. El diálogo se torna un tanto tenso y agresivo:

ELENA.- ¿Y para qué quiere ese dinero?

MADRE.- Tengo que pagar una cuenta. Me habían dado un plazo hasta ayer, y como Andresito no vino no la pude pagar. Si no la pago antes de las doce tendré que ir a la comisaría.

ELENA.- Eso le pasa por ponerse en deudas.

(…)

ELENA.- Vea. Tengo por costumbre no dar limosnas ni prestar plata. Para mí, las dos cosas tienen igual significado. En este mundo todos tienen la misma oportunidad. El que no la sabe aprovechar, allá él. Nosotros no tenemos por qué después ir salvándolos de los apuros. Mejor es darles una lección.

(…)

MADRE (algo va comprendiendo).- Yo creía que usted en el fondo no era como es.

ELENA.- ¿Qué quiere decir con eso?

MADRE (continuando).- Si no, no le hubiese pedido nada.

(…)

ELENA (ahora se divierte, casi).- ¿Entonces de qué cosas se olvida una viviendo…aquí?

MADRE.- De la necesidad de todos los días, de los apuros. Eso los hace diferentes. No comprenden ¿sabe? No comprenden que una puede necesitar. Una, que pasa esta vida, lo sabe, pero ustedes…

ELENA (no le gustó).- ¿Nosotros qué?

MADRE (triste, retándola casi cariñosamente).- No son buenos…no son buenos…

(…)

ELENA (interrumpiéndola).- Lo que pasa es que todos ustedes están mal acostumbrados. Y cuando se les da un dedo se toman el brazo. Eso me pasa por dejarla esperar aquí. Para otra vez ya sé lo que tendré que hacer.

Es allí cuando llega el padre con la noticia de que hubo un accidente en la construcción del puente que “encerró a todos en el fondo del agua”.

Al llegar la ambulancia entran uno de los cuerpos a la casa de Elena. Pero al acercarse Elena al cadáver se da cuenta que no es Luis, sino Andresito; los habían dejado en casas equivocadas. El pobre fue recibido en la casa del rico y el rico en la casa del pobre.