El príncipe; Nicolás Maquiavelo

Ciencia política. Filosofía renacentista. Arte de la estrategia. Pensamiento maquiavélico. Poder

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EL PRÍNCIPE

(NICOLÁS MAQUIAVELO)

Asignatura: Ciencia Política

ÍNDICE.

-Introducción…………………………………………..Pág.1

-Capitulo I……………………………………………..Pág.1

-Cap. II, III y IV…………………..…………………...Pág.2

-Cap. V y VI…………………………………………...Pág.3

-Cap. VII, VIII y IX…………………….……………...Pág.4

-Cap. X, XI y XII……………………………………….Pág.5

-Cap. XIII, XIV y XV…………………………………..Pág.6

-Cap. XVI, XVII y XVIII……………………………….Pág.7

-Cap. XIX y XX………………………………………...Pág.8

-Cap. XXI y XXII………………………………………Pág.9

-Cap. XXIII, XXIV y XXV…………………………….Pág.10

-Cap. XXVI…………………………………………….Pág.11

-Conclusión……………………………………………..Pág.11

- INTRODUCCIÓN.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527), nacido y muerto en Florencia provino de una familia noble. Recibió una sólida educación humanística, basada en el estudio de los clásicos latinos e italianos. En 1498 fue nombrado secretario de la República de Florencia. Sirvió como embajador del Francés Luis XII. En 1512, perdió su puesto en la secretaría de estado. En 1520 recibió el encargo de escribir la historia de Florencia. En 1527 se volvió a proclamar otra República en Florencia, pero Maquiavelo no fue considerado lo bastante hostil a los Medicis para seguir ocupando el cargo. Enfermo de pena, según se dice, por el giro de acontecimientos, murió ese mismo año.

Maquiavelo tiene una concepción totalmente diferente de la sociedad humana: para él el hombre es por naturaleza perverso y egoísta, sólo preocupado por su seguridad y por aumentar su poder sobre los demás; sólo un estado fuerte, gobernado por un príncipe astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo, que frene la violencia humana. Algunos le atribuyen la invención de la dictadura moderna.

Su obra El Príncipe (1513), tiene como misión la felicidad de sus súbditos y ésta sólo se puede conseguir con un Estado fuerte. Para conseguirlo tendrá que recurrir a la astucia, el engaño, y si lo considera necesario, la crueldad. La virtud fundamental es la prudencia, para la convivencia del Estado. Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. Para él, los medios no importan, no es necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en realidad.

Aunque El Príncipe estuviera dedicado a Lorenzo Medicis, con la esperanza de recuperar la confianza perdida, Maquiavelo quiere presentar en su obra el arquetipo de cualquier político. Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él, esas condiciones son: la capacidad de manipular situaciones; el gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón; tiene que ser hábil en el engaño; y por último, debe ser amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.

Para Maquiavelo, la mejor forma de gobierno es la República, y justifica la romana como la más perfecta. Aunque él era Republicano y aspiraba a convertir Florencia en un estado fuerte, en El Príncipe acepta como último caso, que en ciertos momentos de corrupción y desorden que es más útil y eficaz la acción de un solo personaje.

I- CUÁNTAS SON LAS FORMAS DE PRINCIPADO Y CÓMO SE ADQUIEREN.

Maquiavelo dice que los gobiernos que dirigen la vida de los hombres han sido y son repúblicas o principados, y que estos dominios son alcanzados a través de las armas propias o ajenas.

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II- LOS PRINCIPADOS HEREDITARIOS.

En los estados hereditarios que están acostumbrados al linaje de su príncipe, se encuentran menos dificultades para conservarlos que en los nuevos, porque basta con no transgredir la ordenación establecida por los predecesores y con enfrentarse a los imprevistos pensando bien cómo se va a solucionar el problema.

Dice Maquiavelo, que es mejor que esa forma de gobierno sea hereditaria porque así el príncipe que heredaba al otro, no cambiaba el sistema.

III- DE LOS PRINCIPADOS MIXTOS.

En estos principados si que se encuentran dificultades. Si no se trata de un principado nuevo, su inestabilidad nace en que los hombres siempre están dispuestos a cambiar de señor, creyendo que así van a mejorar, pero no es así, la situación empeora.

Por otro lado, cuando se conquista por segunda vez un país que se había rebelado anteriormente es más difícil volverlo a perder, porque el señor, después de la rebelión, no tiene tantos reparos en asegurar si posición castigando a quienes le son hostiles, individualizar a los sospechosos y reforzando sus puntos débiles.

Las dificultades aparecen cuando se conquistan dominios en una región con lengua, costumbres y leyes diferentes, hay que tener mucha suerte y mucha habilidad para conservarlos. Uno de los remedios mejores y más eficaces sería que el mismo conquistador fuera a vivir allí. Porque si el príncipe está presente, puede ver cómo nacen los desórdenes y ponerles remedio rápidamente, mientras que si no está, sólo llegan a su conocimiento cuando ya son demasiado grandes y no tienen solución.

Otro de los remedios más eficaces es el de instalar colonias en uno o dos lugares, para que actúen casi como si fueran cadenas para el nuevo estado. Cuando en lugar de colonias, se envían soldados, el gasto es mucho mayor, hasta el punto de que para pagar a las tropas hay que gastar todo lo que se recauda, de forma que la conquista se convierte en pérdida.

Los romanos observaron bien estas reglas en los estados que ocuparon: establecieron colonias, se ganaron a los menos fuertes sin dejar que creciera su poder, debilitaron a los poderosos, y no dejaron que ningún extranjero se volviera demasiado influyente.

IV- POR QUÉ RAZÓN EL REINO DE DARÍO, CONQUISTADO POR ALEJANDRO, NO SE REBELÓ A SUS SUCESORES, UNA VEZ MUERTO ÉSTE.

Alejandro Magno se apoderó de Asia en muy pocos años, y apenas había acabado de conquistarla cuando murió, por lo que resultaría lógico que todo el estado se hubiese rebelado, pero sus sucesores lograron conservarlo.

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Existen dos formas de gobernar: mediante un príncipe de quien todos los demás son servidores, que le ayudan a gobernar el estado en calidad de funcionarios. Aquí el príncipe tiene una mayor autoridad, porque no hay nadie más en todo el país a quien se reconozca como superior, y si los súbditos obedecen a algún otro, es en calidad de ministro y funcionario, y no le profesan ningún cariño. Y la segunda forma de gobernar es mediante un príncipe y una corte nobles, que gozan de esa condición no por gracia de su señor, sino por la antigüedad de su linaje.

V- CÓMO HAY QUE GOBERNAR LAS CIUDADES O LOS PRINCIPADOS QUE, ANTES DE SER OCUPADOS, VIVÍAN CON SUS PROPIAS LEYES.

Cuando los estados que se conquistan están acostumbrados a vivir en libertad y a tener sus propias leyes, hay tres formas de conservarlos: destruirlos, ir a vivir allí personalmente, y dejar que sigan viviendo con sus leyes cobrándoles un tributo y creando en su interior gobiernos oligárquicos que los mantengan fieles a ti.

Es más fácil gobernar una ciudad acostumbrada a vivir en libertad utilizando a sus propios ciudadanos.

Cuando las ciudades o las provincias están acostumbrados a vivir bajo el dominio de un príncipe y el linaje de éste se ha extinguido, los ciudadanos, en parte porque están acostumbrados a obedecer, y en parte porque se han quedado sin su antiguo príncipe, ni se ponen de acuerdo para elegir a uno de entre ellos, ni son capaces de vivir en libertad.

Así que el único medio seguro para dominar a una ciudad es destruyéndola.

VI- LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE CONQUISTAN CON LOS PROPIOS EJÉRCITOS Y LA PROPIA VIRTUD.

Un hombre prudente debe tomar siempre los mismos caminos que han seguido los grandes hombres e imitar a los que han sido más ilustres, por si sus capacidades no llegan a igualarlos, por lo menos que se le parezcan un poco.

En los principados completamente nuevos, en los que hay un nuevo príncipe, se encuentran más o menos dificultades para conservarlos según que el conquistador sea más o menos virtuoso.

Así, los que se convierten en príncipes gracias a sus capacidades, encuentran más dificultades para conquistar el principado, pero les resulta más fácil conservarlo, y las dificultades que se les presentan nacen en parte de las nuevas leyes y de los nuevos sistemas que se ven obligados a introducir para garantizar la estabilidad del estado y su propia seguridad.

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VII- LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE CONQUISTAN GRACIAS A LA SUERTE Y A LAS ARMAS DE OTROS.

Aquellos príncipes que adquieren un estado comprándolo o recibiéndolo como favor de otro, no serán capaces de mantenerlo si no tienen suficiente vigor para ello. Tienen más dificultades porque no han demostrado ni utilizado su valía, valor o virtud para conquistar dicho estado, no tienen tropas fieles al nuevo príncipe ni raíces que le son necesarias para establecerse de manera estable.

Un hombre que alcanza la dominación de un estado por la tortura debe ser más precavido y tener planeado sus metas de estabilidad y conquista, más aun que un hombre que ha alcanzado su principado por méritos propios. Aun así, es muy posible que la fortuna que antes le era favorable se ponga en su contra y no logre su propósito.

VIII- DE LOS QUE HAN LLEGADO AL PRINCIPADO MEDIANTE DELITOS.

Por otro lado, hay otras dos formas de pasar a ser príncipe: se trata de cuando se alcanza el principado por un camino delictuoso y nefasto, o de cuando un privado se convierte en príncipe de su patria con el apoyo de sus conciudadanos.

Por ejemplo, Agatocles de Sicilia, es de los que llega al poder mediante la violencia. Llevó a lo largo de su vida una vida delictuosa. Planeó convertirse en príncipe y conservar con la fuerza y sin obligaciones hacia otros lo que le había sido concedido de común acuerdo. Una mañana reunió al pueblo y al Senado e hizo que sus soldados asesinaran a todos los senadores y a los ciudadanos más ricos.

Así que, cuando se conquista un estado, el que lo ocupa tiene que pensar cuáles son los ultrajes que va a tener que cometer y hacerlos todos de una vez, para no tener que cometer uno nuevo cada día, asegurándose de esta forma la fidelidad de los hombres y ganándoselos con los beneficios que les ofrece.

Y sobre todo, un príncipe debe vivir con sus súbditos, para que ningún acontecimiento le obligue a cambiar de actitud.

IX- EL PRINCIPADO CIVIL.

El principado civil es aquel que se conquista a base de la gracia a favor de sus compatriotas sin utilizar la violencia, depende de cierta habilidad proporcionada por la fortuna o bien del apoyo del pueblo o de los nobles, éstos cuando comprueban que no pueden resistir al pueblo, concentran la autoridad en uno de ellos y lo hacen príncipe, siendo la única autoridad y no tiene a casi nadie que no esté dispuesto a obedecer, jamás podrá dominar a un pueblo cuando lo tenga por enemigo, el que llegue a príncipe de esta manera debe esforzarse en conservar su afecto, cosa fácil, pues el pueblo sólo pide no ser oprimido.

Es mejor el principado civil que la monarquía absoluta, ya que esta dispone de magistrados que separan al pueblo del príncipe y pueden ponerse en contra de éste.

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X- CÓMO HAY QUE VALORAR LAS FUERZAS DE CADA PRINCIPADO.

Existen dos tipos de principados, el fuete, que consta de un ejército grande, y tienen mucho dinero. Y el otro principado es el débil, todo lo contrario, tiene un ejército pequeño y con poco dinero.

Un principado débil debe fortificar su ciudad, más que los demás, sin preocuparte de nada más.

Por otra parte, también deben mantener muy contentos a sus ciudadanos.

XI- DE LOS PRINCIPADOS ECLESIÁSTICOS.

Para conquistar un principado eclesiástico se necesita virtud o suerte, pero para conservarlo no es necesario, porque están regidos por antiguas instituciones eclesiásticas que han tenido tanta influencia y tanto prestigio que mantienen a sus príncipes en el poder independientemente de cuál sea su forma de proceder y vivir. Estos son los únicos principados seguros y felices.

Estos principados no necesitaban un gran ejército ni grandes fortificaciones de su principado. Estos principados eran fundados antiguamente por instituciones muy poderosas y con muchas propiedades.

XII- TIPOS DE EJÉRCITO: LOS EJÉRCITOS HEREDITARIOS.

El ejército con que un príncipe defiende su estado puede ser propio o mercenario, auxiliar o mixto. Los ejércitos mercenarios y los auxiliares son inútiles y peligrosos, si uno funda su estado sobre milicias mercenarias nunca se sentirá ni firme ni seguro, porque están desunidas, son ambiciosas y carecen de disciplina y de fidelidad hacia su señor.

La única razón que los mantiene en el campo de batalla es recibir una pequeña paga, lo que no es suficiente para morir por un príncipe.

Los capitanes de los mercenarios pueden ser hombres excelentes en el manejo de las armas, o no serlo. Si lo son, no te puedes fiar de ellos porque siempre aspirarán a su propia grandeza, bien oprimiendo al príncipe u oprimiendo a otros contra el príncipe.

El ejército debe estar a las órdenes de un príncipe o de una república. El príncipe tiene que ir en persona, y desempeñar él mismo el cargo de capitán. La república tiene que mandar uno de sus ciudadanos, y si el que manda no resulta un hombre válido, tiene que cambiarlo, y si lo es, tiene que controlarlo con las leyes, para que no sobrepase el límite.

Es seguro, que los príncipes solos y las repúblicas hacen grandes progresos, mientras que las milicias mercenarias no causan más que daños.

Por otro lado, no daban importancia a las unidades de infantería, muy poca infantería, no podían pagar los capitanes mercenarios a tantos soldados. La caballería, en cambio, la financia el príncipe. Había mucha caballería y poca infantería.

Aquí, en las batallas no se mataban, sólo se hacían prisioneros, y sin rescate.

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XIII- LOS EJÉRCITOS AUXILIARES, MIXTOS Y PROPIOS.

Las tropas auxiliares son las que se tienen cuando se pierde a alguien poderoso que venga a ayudarte y a defenderte con su ejército, como hizo por ejemplo, el papa Julio II.

Estos ejércitos pueden ser útiles y buenos en sí mismos, pero casi siempre resultan perjudiciales para quien los llama, porque si pierdes, acabas derrotado, y si ganas, acabas siendo su prisionero.

Así que, ningún principado está seguro si no tiene un ejército propio, está por completo en manos de la suerte, ya que no hay valor que la defienda fielmente en las adversidades.

Los ejércitos propios son los que están compuestos de súbditos, ciudadanos o favoritos suyos, y todos los demás son mercenarios o auxiliares. Y las tropas mixtas, son las tropas propias y las tropas mercenarias o auxiliares.

XIV- DEBERES DE UN PRÍNCIPE FRENTE AL EJÉRCITO.

Un príncipe no debe tener otro objetivo ni otra preocupación, ni debe considerar como suya otra misión que la de la guerra, su organización y su disciplina.

El arte de la guerra convierte a príncipes que no la dominan, en plebeyo, y a plebeyos que dominan el arte, en príncipes.

Entre un príncipe armado y otro desarmado no hay comparación posible, y no es lógico que quien está armado quiera obedecer al que está desarmado, ni que el que está desarmado se sienta seguro estando rodeado de gente armada. Así, un príncipe desarmado no es respetado por un súbdito armado.

Por otro lado, además de mantener a los suyos bien organizados y entrenados, debe dedicarse con frecuencia a las cacerías, y acostumbrar así su cuerpo a la fatiga, y aprender cuáles son las características de cada lugar. Conociendo el terreno se puede conocer el terreno del enemigo, y las posiciones que tomarán por analogía.

Y por último, el príncipe debe leer los ejemplos que da la historia, y considerar las acciones de los hombres más ilustres, ver cómo se portaron en las guerras, analizar sus victorias, y sobre todo, hacer lo que ya han hecho en tiempos pasados otros hombres.

XV- CUALIDADES POR LAS QUE LOS HOMBRES, Y ESPECIALMENTE LOS PRÍNCIPES, SON LOADOS O CRITICADOS.

Un príncipe tiende a ser bueno y miserable. Para Maquiavelo, un príncipe tiene que ser amoral, olvidarse de lo bueno y de lo malo. Debe hacer lo necesario para mantener su principado, aunque tenga que utilizar técnicas crueles, y a su vez mantener contentos a los gobernados.

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XVI- LIBERTAD Y PARSIMONIA.

La libertad utilizada de forma que se note, perjudica, porque si se utiliza con inteligencia los demás no se darán cuenta. La liberalidad es perjudicial si impide que los gobernados teman al príncipe. Un príncipe que quiera ser liberal acabará obligando a sus gobernados a pagar más impuestos para aumentar su riqueza, así poder mantener el caro estatus del liberal.

Si por otro lado, pretende corregir su postura de liberal por el odio causado a los ciudadanos por su empobrecimiento será tachado de avaro. Para solucionarlo, no debe tener miedo a ser tachado de avaro desde un principio, ya que con el tiempo la gente se dará cuenta que con los impuestos pueden defenderse a las en las guerras y empezar nuevas empresas, sin agravar al pueblo, y lo tendrán por liberal.

Así, la avaricia será el vicio que asegurará el reinado del príncipe pero sin llegar a ser despreciado. Con lo que sólo pueden tener fama de liberal, aquellos que pretenden conseguir un principado.

XVII- CRUELDAD Y HUMANIDAD: ¿ES MEJOR SER AMADO QUE SER TEMIDO, O VICEVERSA?

Uno príncipe no debe preocuparse de tener fama de cruel por mantener a sus súbditos unidos y fieles porque será mas piadoso que aquellos que por ser demasiado humanos dejan que sigan los desórdenes, de lo que hacen asesinatos y robos, porque éstos suelen perjudicar a toda la sociedad, mientras que lo que ordena el príncipe sólo ofenden a individuos concretos. La fama de cruel resulta inevitable sobretodo para el príncipe nuevo, pero debe ser prudente al creer y al actuar y no crearse miedos por sí mismo, y proceder de forma que, conciliando la prudencia y la humanidad, la excesiva confianza no lo vuelva incauto, y la excesiva desconfianza no lo vuelva insoportable.

Es más seguro ser temido que ser amado, porque se puede decir que los hombres son ingratos, inconstantes, falsos, y fingidores, cobardes ante el peligro y ávidos de riqueza. Y además, los hombre temen menos ofender al amado el al temido.

Pero cuando el príncipe está con el ejército y tiene que gobernar a una multitud de soldados, entonces no tiene que preocuparse en absoluto de tener fama de cruel, porque sin ella es imposible mantener a las tropas unidas y dispuestas para cualquier operación.

Entonces, puesto que los hombres aman según su voluntad y temen según la voluntad del príncipe, un príncipe sabio debe depender sólo de lo que es suyo, y no de lo que es de otros, sólo tiene que ingeniárselas para evitar que le odien.

XVIII- DE QUÉ FORMA TIENE QUE MANTENER LA PALABRA UN PRÍNCIPE.

La experiencia de los tiempos demuestra que los príncipes que han hecho grandes cosas son los que han dado poca importancia a su palabra y han sabido embaucar la mente de los hombres con su astucia, y al final han superado a los que han actuado con lealtad.

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Hay dos formas de combatir, mediante las leyes y con la fuerza. Las leyes son propias del hombre, y la fuerza, de los animales. A veces al no ser suficiente combatir mediante las leyes, hay que recurrir a la fuerza. Así que un hombre debe hacer un buen uso tanto del animal como del hombre. Uno sin otro no puede funcionar.

En los tratados, si los ciudadanos no cumplen su parte del trato, el príncipe no está obligado a cumplir su parte, y si ha de romperse que sea mejor el príncipe el que lo haga, engañando a los demás e induciéndoles al error. Un príncipe no hace falta que sea fuerte y astuto a la vez, sólo basta con parecerlo.

XIX- CÓMO EVITAR EL DESPRECIO Y EL ODIO.

El príncipe tiene que pensar en evitar cualquier cosa que pueda provocar el odio y el desprecio, siempre que consiga evitarlo habrá cumplido con su deber. El odio nace sobretodo cuando el príncipe roba y usurpa los bienes y las mujeres de sus súbditos, de lo cual tiene que abstenerse.

El desprecio nace cuando al príncipe se le considera inestable, superficial, afeminado, indeciso.

Un príncipe debe tener dos miedos, uno interno, de sus súbditos, y otro externo, de los extranjeros poderosos.

Un príncipe no debe dar mucha importancia a las conjuraciones si goza del cariño del pueblo, peo si el pueblo está en su contra y le odia, entonces debe temer a todo y a todos.

El príncipe será querido si sus actos son valientes, gloriosos, consecuentes y enérgicos. Sólo un príncipe que cometa errores muy graves podría sufrir una conspiración.

XX- UTILIDAD O INUTILIDAD DE LAS FORTALEZAS Y DE OTRAS MUCHAS MEDIDAS QUE LOS PRÍNCIPES TOMAN COTIDIANAMENTE.

Para asegurarse la posesión del estado, algunos príncipes han desarmado a sus súbditos, otros han mantenido divididas las tierras sometidas, y otros han alimentado enemistades contra sí mismos.

Nunca ha ocurrido que un príncipe nuevo haya desarmado a sus súbditos, cuando los ha encontrado desarmados siempre les ha dado armas. Una vez se hayan beneficiado los que el príncipe ha armado, se podrá actuar con los demás con más confianza. Y si los desarmas empiezas a ofenderlos, porque demuestras que desconfías de ellos, bien porque crees que son cobardes o porque los crees desleales, y generan odio hacia el príncipe.

Pero cuando un príncipe conquista un estado nuevo y lo anexiona como nuevo miembro a su viejo estado, entonces es necesario desarmarlo, exceptuando a aquellos que te han apoyado en la conquista.

Sin duda, los príncipes se vuelven grandes cuando superan los obstáculos y las dificultades que se les presentan.

Los príncipes, especialmente los que son nuevos, han encontrado más lealtad y más utilidad en aquellos que al principio de su mandato consideraban sospechosos que en aquellos en que confiaban.

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Para poder guardar el estado con mayor seguridad, los príncipes han tenido la costumbre de edificar fortalezas que pudieran servir como riendas y freno para los que osaron marchar contra ellos, y como refugio seguro ante un ataque imprevisto.

XXI- QUÉ DEBE HACER UN PRÍNCIPE PARA SER ESTIMADO.

Nada da tanto prestigio a un príncipe como afrontar grandes empresas y dar de sí insólito ejemplo. También favorece a un príncipe, el hecho de ofrecer ejemplos singulares de política interna. Estos ejemplos se producen cada vez que alguien actúa de forma especial, para bien o para mal, en el ámbito de la vida civil, y el príncipe toma una resolución, para premiarle o castigarle. Y sobretodo, un príncipe tiene que ingeniárselas para dar una imagen de grandeza y de ingenio excepcional en todos sus actos.

También gana un príncipe gran estima cuando es un amigo y un enemigo de verdad, cuando se muestra sin ningún miedo a favor o en contra de unos y otros. Esa actitud siempre será más útil que te descubras y luches abiertamente, porque si no lo haces siempre serás presa del que vence, y no habrá ninguna razón para que te defiendan ni te acojan. Porque el vencedor no quiere amigos sospechosos que no le ayuden en las adversidades, y el que pierde no te acoge si no has compartido su suerte con las armas en la mano.

Y siempre ocurrirá que el que no es tu amigo te propondrá la neutralidad, mientras que el que es tu amigo te pedirá que participes con las armas.

Por otro lado, cuando los que luchan son de tal naturaleza que no tienes que temer al vencedor, aliarse resulta todavía más prudente, puesto que vas a destruir a uno con la ayuda de otro que le ayudaría a salvarse y que una vez que haya vencido quedará a su disposición, y es imposible que no venza con su ayuda.

Un príncipe debe procurar no aliarse nunca con uno más poderoso que él para atacar a un tercero, a menos que le obligue la necesidad. Porque si el príncipe gana, queda prisionero para él, y los príncipes tienen que evitar siempre que puedan quedar en manos de otros.

XXII- LOS CONSEJEROS DEL PRÍNCIPE.

Para un príncipe tiene gran importancia la elección de los ministros, que serán buenos o malos según la prudencia que demuestre al escogerlos. Si son hombres capaces y fieles siempre se le puede considerar sabio, porque quiere decir que ha sabido elegirlos capaces y mantenerlos fieles. Pero cuando no son así, siempre se puede da de él un juicio negativo.

Hay tres tipos de habilidades de los príncipes en cuanto a sus ministros; saben descubrir cuanto les importa sabes, disciernen con facilidad aquello que se les propone y por último, no entienden por sí misma ni por otros.

Pero en cuanto al modo en que el príncipe puede conocer la valía de un ministro, hay un método que nunca falla, y es que cuando se vea a un ministro que piensa más en sí mismo que en el príncipe, y que en todos los asuntos busca su propio provecho, piensa que una persona que actúa de esa forma nunca podrá ser un buen consejero y nunca te podrás fiar de él.

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El príncipe para conservar su fidelidad, debe ocuparse de su ministro, honrándole, enriqueciéndole, haciendo que se sienta obligado y compartiendo con él honores y cargos, para que el ministro vea que no puede estar sin él.

XXIII- CÓMO EVITAR A LOS ADULADORES.

Los príncipes deben rechazar a los aduladores. A los aduladores no les debe importar que se les diga la verdad, que no les ofenda conocer la opinión contraria, pero manteniendo siempre el respeto que el príncipe se merece. Deben dejarse aconsejar siempre y cuando el príncipe lo requiera y no se debe dejar influenciar por consejeros cuando tienen una idea clara.

Y por otro lado, conviene que los consejeros procedan de gente sabia, noble y buena, que sean buenos consejeros, y que parezcan nacidos del principado. Así, tienen que ser los buenos consejos, vengan de quien vengan, los que nazcan de la sabiduría del príncipe.

XXIV- POR QUÉ LOS PRÍNCIPES DE ITALIA HAN PERDIDO SUS REINOS.

Los príncipes preparados, virtuosos y afortunados asegurarán su principado aunque sean príncipes nuevos, mientras los torpes no perduraran aunque sean hereditarios. Los príncipes de Italia cometieron distintos errores gravísimos; errores en sus relaciones con el ejército, no se congraciaron con el pueblo, no supieron contener la ambición de los nobles, y tampoco pensaron en la guerra en tiempos de paz. Pues cuando entraron en guerra, huyeron esperando que el pueblo los reclamase cuando se cansaron de los abusos de los innovadores. En resumen, esperaban que los ayudaran a regresar y levantarse, cuando únicamente esa tarea es del mismo príncipe y de nadie más.

XXV- CUÁL ES EL PODER DE LA FORTUNA EN LAS COSAS HUMANAS Y CÓMO HACERSE FRENTE.

Muchos han pensado y piensan que las cosas del mundo están gobernadas tan profundamente por la casualidad y por Dios que los hombres no pueden enderezarlos con su saber, o que no pueden solucionarlas en absoluto. Por esto, dirían que dejarse gobernar por la suerte.

Un príncipe triunfa cuando se adapta su forma de proceder a la naturaleza de los tiempos que en ese momento se corren, y fracasa aquél que no actúa conforme el momento en el que se está viviendo.

Los hombres tienen distintas formas de actuar, unos con miedo, otros con fuerza, con violencia, con astucia, paciencia…para poder alcanzar sus objetivos, que son la gloria y la riqueza. Se puede alcanzar el propósito, actuando de cualquiera de las maneras, y las razones la naturaleza de los tiempos, que concuerdan o no con su forma de proceder.

Así que, los hombres tienen éxito mientras que se muestren acordes, y fracasan cuando son discordes, con lo que es mejor ser impetuoso y prudente. 10

XXVI- EXHORTACIÓN A TOMAR ITALIA Y LIBERARLA DE LOS BÁRBAROS.

Italia, habiéndose quedado como sin vida, espera saber quién será el que la cure de sus heridas, ponga fin a los saqueos en Lombardía y a las exacciones en el reino de Nápoles y en Toscaza. Y se ve como ruega a Dios que le envíe a alguien que le quite de las crueldades y las insolencias de los bárbaros.

Italia debería de proveerse de cualquier empresa, de ejércitos propios, porque no puede haber soldados mas fieles, mas verdaderos ni mejores. Y aunque todos ellos sean buenos, al estar juntos se volverán aún mejores cuando se vean a las órdenes de su príncipe, y vean que éste los honra y los estima.

CONCLUSIÓN.

“El príncipe” es la síntesis de la disolución de un mundo, el medioevo, y el nacimiento de un nuevo principio de realidad en el que el hombre, volvía a ser la preocupación esencial de todas las cosas, el Renacimiento. Si la política debía ser el arte de lo posible, para Maquiavelo, significaba que ésta debía de basarse en realidades. Las necesidades de cambio que él formuló para su tiempo, fueron extraídas de su observación del mundo material y del estado de ánimo colectivo de sus compatriotas. Un principio fundamental de Maquiavelo, es que si un pueblo quiere permanecer libre debe estar dispuesto a defender la propia libertad contra los enemigos externos, para lo que necesita un ejército, y contra los enemigos, y contra los enemigos internos, para lo que necesita un ejército, y contra los enemigos internos, para lo que están las virtudes civiles, el coraje de hablar, de movilizarse y de resistir.