El príncipe; Nicolás Maquiavelo

Filosofía renacentista. Pensamiento maquiavélico. Conservación del poder político. Inconveniencia de la virtud. Ideas de la obra

  • Enviado por: Jesús Ponz Zapater
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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NICOLÁS MAQUIAVELO

1er. Curso Cultura y Civilización

Historia de La Filosofía

Indice

¿Nos pueden decir algo todavía hoy las ideas de los filósofos que pensaron hace muchos siglos?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3

Maquiavelo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 - 4

El Príncipe. Tema y Argumento. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5 - 6

Citas correspondientes al libro El Príncipe. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7 - 8

Conclusión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8

Bilbliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8

¿Nos pueden decir algo todavía hoy las ideas de los filósofos que pensaron hace muchos siglos?

El personaje tratado en éste trabajo es una clara y rotunda afirmación a la pregunta. En su libro “El Príncipe”, independientemente de a quien realmente refleja, contempla todo un tratado de diplomacia actual, en el que sólo debemos cambiar la palabra príncipe, por gobernante o jefe de gobierno. Por supuesto que hay algunas citas o apreciaciones que no tienen su traslado tal cual al modo de vida al uso, ya que es un libro escrito en 1513, pero si una inmensa mayoría de sus reflexiones están de completa actualidad. En éste libro "El Príncipe" se encuentra la reivindicación del Estado moderno como articulador de las relaciones sociales y la necesidad de que los hombres vivan en libertad. Resulta especialmente interesante el análisis de la personalidad del político. “El político ha de ser una persona hábil, capaz de manipular situaciones valiéndose de cualquier medio; ha de poseer destreza, y una equilibrada combinación de fuerza y tesón, además de intuición para sortear los obstáculos que se le presente y una carencia total de escrúpulos. Ha de ser además capaz de actuar según los cambios momentáneos, buscando apoyos o forzando traiciones según las circunstancias.”

MAQUIAVELO

Nicolás Maquiavelo -Niccolo Macchiavelli- nació en Florencia el 3 de mayo de 1469 y murió el 22 de junio en la misma ciudad en 1572. Fué enterrado por su familia en Santa Croce. Era hijo de Bernardo dei Niccolo Macchiavelli, jurisconsulto, y de Bartolommea dei Nelli, una dama muy bella e instruida.'El príncipe; Nicolás Maquiavelo'
Recibe una educación esmerada. Físicamente era Nicolás Maquiavelo un hombre enjuto, de regular estatura y rostro anguloso, expresivo y sereno. Fue escritor, jurista, diplomático y político. Su prestigio comenzó pronto, y a los veinticinco años se le nombró secretario del gobierno De los Diez. Manifestó pronto sus inclinaciones, prefiriendo entre los autores antiguos, de los que entresacó su formación humanística, a Tito Livio y a los historiadores. En 1.498 fue nombrado funcionario de La República Florentina, renacida tras la muerte de Lorenzo el Magnifico y el alejamiento de los Médicis. Su cargo de jefe de la segunda cancillería era burocrático, sin un verdadero y auténtico poder de decisión, pero le permitía igualmente participar en la política de la ciudad y, sobre todo, ejercitar, en contacto directo con los acontecimientos, sus extraordinarias dotes de observador.

En 1500 inició una serie de viajes diplomáticos que le llevaron a Francia e Italia central, donde César Borgia trataba de construir un verdadero Estado, asentado en la corte pontificia, en Alemania, cerca del emperador Maximiliano. De estos viajes Maquiavelo extrajo conclusiones agudas y precisas; por otro lado, acumuló ideas para una posterior reflexión, comprobando personalmente, por ejemplo, las ventajas de un Estado minoritario, la falta de una clase dirigente italiana, los daños de las milicias mercenarias. En 1502 contrajo matrimonio con Marietta Corsini, del cual nacieron cuatro hijos. Sus actividades como embajador duraron hasta el año de 1512 pues en ese año, con el apoyo del Papa, los Médicis regresaron a Florencia. A la vuelta de los Médicis al señorío de la ciudad fué encarcelado y sometido al tormento, acusándosele de conspirador. Ya había publicado para entonces obras filosóficas y literarias, pero en la cárcel intensificó sus tareas, y gracias a la atracción que siempre experimentó el gran Lorenzo de Médici, uno de los espíritus más representativos del Renacimiento por las artes y las letras, pudo Maquiavelo obtener su favor. Después de un breve periodo de prisión, quedó recluido en su casa de campo, el Albergaccio, cerca de San Casciano. La inactividad forzada, después de una participación tan intensa en la vida política, hasta los 44 años, era dura de soportar. Las cartas de este periodo hablan de paseos por el campo, de juegos en la hostería, pero, sobre todo, de profundos estudios. Mantuvo una gran amistad con Vettori Guicciardini. Entre ambos se cruzó una interesante correspondencia, cuyas constantes eran el anticlericlanismo y la acusación de ser Roma, la causa de que no pudiera lograrse la unidad italiana. “Yo amo a la patria mas que al alma” dijo en una de sus cartas. Pero la patria cuando resurgió libre de tiranos fue inmensamente ingrata con él. Hasta obligarle a gemir. “Heme aquí desnudo sin nada que me defienda. No me queda nada que hacer en éste mundo; me arrojan de entre los míos; lo que antes me sostenía ahora me falta. Qué es esa patria en la que he creído?.. La vida entera desperdiciada, todo vano, todo inútil”.

En 1520, gracias al cardenal Julio de Médicis, Maquiavelo obtuvo el encargo de escribir los anales y las crónicas de Florencia. En seis años concluyó las Historias florentinas, en las que las vicisitudes de la ciudad son examinadas sin intención enaltecedora y con gran independencia de juicio. A este encargo siguieron otros, que no reinsertaron, ciertamente, al escritor dentro de la vida política florentina, pero que le permitieron reemprender una actividad práctica próxima a la investigación teórica. Aunque no había habido por su parte ningún acerca miento particular a los Médicis, el nuevo Gobierno republicano que se instauró en Florencia en mayo de 1527 lo alejó de cualquier actividad pública, y un mes después Maquiavelo mora en la más absoluta pobreza. Maquiavelo, sonreía cuando escuchaba a Savoranola con sus profecías, no las creía. Pero le respetaba, porque era un hombre de gran rectitud; admiraba su intención pero criticaba su método. El último gran amor de Nicolás fue Barbara Salutati, llamada “La Cantante”, que estaba casada con Pietro Landi, quien hacia la vista gorda, cuando se trataba de que su mujer ganase dinero en abundancia.

Maquiavelo, ha dado nombre a un adjetivo no muy seductor, Maquiavélico, La Real Academia de la Lengua, en una de sus acepciones lo define como “Hábil para conseguir algo con engañosen general, quien lo usa quiere subrayar una displicencia que toca la crueldad. Maquiavelo, el pensador de cuyo nombre deriva tal adjetivo, era hábil y displicente, aunque no engañador y cruel. Fué, sobre todo lo suficientemente perspicaz como para poner al descubierto los aspectos desagradables y los mecanismos ocultos del poder político, y, como ocurre frecuentemente, cuanto había en las páginas que escribió de cínico e inmoral se le achacó a él, que analizaba el comportamiento de pueblos y de gobiernos, y no a quien, en realidad, provocaba y utilizaba las situaciones por él descritas.

Dos siglos después de su muerte, un admirador le dedicó un monumento funerario, sobre cuya losa se puso la famosa inscripción “Ningún elogio grande para éste hombre”.

El Príncipe

TEMA Y ARGUMENTO
El Renacimiento había dado inicio a la secularización del mundo y las cuestiones religiosas quedaban restringidas al ámbito de la conciencia individual. La ciencia renacentista había despojado al hombre de su armadura teológica y le había devuelto la voluntad de organizar su existencia sin temores o esperanzas de compensación espiritual; en una vida ultraterrena. El Estado también empezaba a concebirse como un poder secular no ofrecido a los individuos por derecho divino sino por intereses económicos, de clases o ambiciones personales. El Príncipe, que describe Maquiavelo, es un príncipe realmente italiano; pero al mismo tiempo resulta un tipo genérico de los grandes soberanos del Renacimiento, y personifica la conversión de la Italia de la Edad Media en el estado nuevo y moderno. Frente a la concepción medieval del Sacro Imperio Romano-Germano, es decir un imperio universal de la Cristiandad bajo el amparo de los Papas, Maquiavelo presenta la necesidad de un estado laico y fuerte, y cuyos fines están por encima de los intereses y la moral humana y que, naturalmente, no se considera unido a los demás pueblos europeos; por el contrario el Príncipe, debe aprovechar toda ocasión de robustecimiento o ampliación de su poder, incluso por la violencia o por la astucia. Supo intuir antes que sus propios contemporáneos que era imposible organizar un Estado en medio del derrumbe social de Italia. Bajo este concepto, se le puede considerar el inventor de los nacionalismos, con toda la transcendencia histórica que ello supone. Las opiniones posteriores sobre su obra, en lo concerniente a su política de maximizar los medios frente a los fines en el ejercicio del poder, ignoran que el escritor florentino fue un ardiente partidario de la libertad. Y lo demostró con sus escritos defendiendo las instituciones republicanas que fueron destruidas con la invasión de Francia y España a Italia; lo mismo que contra la corrupción, a la que consideraba una amenaza contra la libertad, virtud sin la cual ningún pueblo puede construir su grandeza. Se le atribuyen las frases: "La experiencia muestra que las ciudades jamás han crecido en poder o en riqueza excepto cuando han sido libres", "El fin justifica los medios", aunque Mauricio Viroli, investigador italiano (Florli 1952) indica que ésta última, “es una idea de los jesuitas en el siglo XVII”. El éxito de un soberano radica en tomarle el pulso a las situaciones, valorarlas y armonizar su conducta con la dinámica inherente a ellas. Son las necesidades las que impondrán una respuesta.

Y con ello Maquiavelo demuestra que los hombres se miden con el mundo y actúan sobre él. Premisa infalible que había olvidado La Edad Media. Ello significa que la ambición de Maquiavelo de ver una Italia unida, expuesta de forma precisa en los consejos que en 26 capítulos sugieren al magnífico Lorenzo de Médicis, no constituyen un espejismo político sino que puede realizarse en la realidad material a través de la lucha por el poder y estimulando en los italianos los sentimientos comunes que configuraban la identidad cultural de ese país. Existe una circunstancia concreta: Italia invadida por fuerzas extranjeras, y una necesidad real: la liberación nacional y la construcción de la unidad política. El medio para lograrlo es la guerra y el fin, adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos, organizándose como estado nacional. Para Maquiavelo los fines políticos eran inseparables del bien común. La moral para el diplomático florentino radica en los fines y la ley constituye el núcleo organizador de la vida social. Todo lo que atente contra el bien común debe ser rechazado y por ello "la astucia, la hábil ocultación de los designios, el uso de la fuerza, el engaño, adquieren categoría de medios lícitos si los fines están guiados por el idea del buen común, noción que encierra la idea de patriotismo, por una parte, pero también las anticipaciones de la moderna razón de Estado.

Las simplificaciones de las que ha sido víctima Maquiavelo, no han logrado minimizar esa nueva dimensión ontológica sobre el poder genialmente concebida por el estadista florentino. Para Maquiavelo está claro que ha diferencia de los países europeos, en Italia no había sido posible construir el Estado-nación. El soberano que fuese a enfrentar este reto histórico, necesitaría de una suma de poder que lo convirtiera en un monarca absoluto. Esa empresa solo es posible si el gobernante dispuesto a llevarla a cabo, arma los ciudadanos para liberar a su patria de las fuerzas extranjeras. Cumplida esta tarea procurará ofrecer al pueblo leyes justas y éste as su vez, asumirá la defensa y seguridad de la nación. El interés de Maquiavelo se centra, a través de toda su obra, en la política como el arte de conquistar el poder. La política es por tanto el arte de el príncipe o gobernante en cuanto tal. Y el príncipe, en cuanto conquistador y dueño del poder, en cuanto encarnación del Estado, está por principio, y no por accidente, exento de toda norma moral. Lo importante es que tenga las condiciones naturales como para asegurar la conquista y posesión del poder, " que sea astuto como la zorra, fuerte como el león" ( príncipe C.8 ) Dice Maquiavelo que el príncipe que quiere conservar el poder "debe comprender bien que no le es posible observar, en todo, lo que hace mirar como virtuosos a los hombres, su puesto que a menudo para conservar el orden de un Estado, está en la precisión de obrar contra su fe, contra las virtudes de la humanidad y caridad y aún contra su religión" ( Príncipe C.18). Para Maquiavelo la razón suprema no es sino la razón de Estado. El Estado, que identifica con el príncipe o gobernante, constituye un fin último. El bien supremo no es ya la virtud, la felicidad, la perfección de la propia naturaleza, el placer o cualquiera de las metas que los moralistas propusieron al hombre, sino la fuerza y el poder del Estado y de su personificación el príncipe o gobernante. El bien del Estado no se subordina al bien del individuo o de la persona humana en ningún caso, y su fin se sitúa absolutamente por encima de todos los fines particulares por más sublimes que se consideren. La permanente transformación de la política, como la soñó Maquiavelo, puede ser el camino para la humanización del poder y la sociedad. La lectura completa del libro es un tratado sobre el arte de la política. El Príncipe ha tenido apologistas entusiastas, como Gentile, Alfieri, Gobineau y Nietzsche, y detractores implacables, a cuyo frente se hallan, en diferentes épocas, hombres como Saavedra, Fajardo, Voltaire, Federico de Prusia, Castelar, Tolstoi, etcétera. Napoleón comentó el libro de Maquiavelo con discrepancia en algunos puntos, pero siempre con simpatía.

Citas que corresponden al libro “El Príncipe”.

De cómo delegar medidas impopulares. Los príncipes deben dejar a cargo de otros la imposición de obligaciones, cargas y castigos, reservándose la concesión de gracias y mercedes.

De cómo disimular y simular. Debe saber disfrazar bien las cosas y ser un maestro en fingimiento, aunque los hombres son tan cándidos y tan sumidos, a las necesidades de cada momento, que quien engañe, encontrará siempre alguien que se deje engañar.

De cómo evitar el odio. El príncipe que quiere conservar el poder debe estar dispuesto a ser cruel cuando le sea preciso imponer obediencia y fidelidad de sus súbditos. Es mucho mas seguro ser temido que amado, en el caso de que falte alguno de los dos afectos.

Debe hacerse temer de modo que el miedo no excluya el afecto y engendre el odio. Sobre todo debe abstenerse de quedarse con los bienes de los conciudadanos, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio.

De cómo imitar a los grandes hombres. Un príncipe debe leer la historia y fijarse en las hazañas de los hombres célebres, ver como han gobernado, con el fin de que, aunque no se alcance su virtud algo quede de su aroma.

De cómo luchar. Sépase que hay dos maneras de combatir, una con las leyes y otra con la fuerza. Debe usar la astucia del zorro y la fiereza del león.

De la fidelidad a la palabra dada. Un príncipe no debe ser fiel a su promesa cuando esa fidelidad le perjudica y han desaparecido las causas que le hicieron prometerla. Jamás le faltarán argumentos para disculpar el incumplimiento de sus promesas.

Del entretenimiento. Debe distraer al pueblo con fiestas y espectáculos, en épocas convenientes del año. Un príncipe no debe permanecer ocioso.

La crueldad. El gobernante debe procurar hacer todas las crueldades de una vez para no tener necesidad de repetirlas. Puede hacer buen uso o mal uso de la crueldad. Se dice bien usada, si puede llamarse bueno a lo que es malo en sí mismo, cuando se emplea una sola vez por la necesidad de afianzar el poder y después no se repite, procurando que, en cuanto sea posible, se convierta el hecho en utilidad del pueblo. Mal usada es la que, no teniendo grande importancia al principio, va después creciendo en vez de desaparecer.

La elección de consejeros. Debe huir de los aduladores, el único modo de evitarlos, consiste en que los hombres comprendan que no te ofenden diciéndote la verdad; sin embargo cuando todos pueden decírtela, te faltan al respeto. Un príncipe prudente se procura un tercer procedimiento, elige hombres sensatos como consejeros a los que sólo a ellos les otorga la libertad de decirle la verdad y únicamente en aquellas cosas de las que les pregunta y no de ninguna otra.

La resistencia a los cambios. Quien se apodere de una ciudad acostumbrada a gozar de su libertad y no la destruya, debe esperar ser destruido por ella, pues siempre tendrá como bandera de rebelión la libertad y su antiguo régimen.

Debe tenerse en cuenta que no hay cosa mas difícil de realizar, ni de mas dudoso éxito, ni de mayor peligro para manejarla, que el establecimiento de grandes innovaciones, porque el legislador tiene por enemigos a cuantos vivían bien con el régimen anterior.

La venganza. Téngase muy en cuenta que a los hombres se les debe ganar, o imposibilitarles de causar daño, porque de las pequeñas ofensas se vengan, pero no de las grandes; por ello el agravio que se les haga debe ser de los que no permitan tener venganza.

Las alianzas. El que llega a ser príncipe con ayuda de los nobles, se mantiene en el poder con más dificultad que el que debe el principado al pueblo.

El príncipe no puede nunca estar seguro contra el pueblo, porque son muchos los que lo forman, y si contra los nobles, que son pocos.

Quien llega al poder por voluntad del pueblo, debe conservar su amistad, cosa fácil, puesto que el pueblo solo pide no ser oprimido.

Las cualidades que debe tener. Debe cuidar de que no le salga frase de su boca que no esté impregnada de las cinco cualidades que deben rodearle, de manera que quien le vea y oiga, le parezca humano, leal, integro, compasivo y religioso. Todos verán lo que aparentas, pocos sabrán lo que eres y éstos pocos no se atreverán a ponerse en contra de la inmensa mayoría.

Las ofensas y los favores. Los hombres ofenden por miedo o por odio. Las ofensas deben hacerse todas de una vez, porque cuanto menos se repitan, menos hieren; y los favores conviene ejecutarlos poco a poco, para que se saboreen mejor.

CONCLUSIÓN

La lectura de "El Príncipe" nos enfrenta al triunfo del espíritu renacentista sobre la religión. “El Príncipe" es la síntesis de la disolución de un mundo, el medioevo, y el nacimiento de un nuevo principio de realidad en el que el hombre, volvía a ser la preocupación esencial de todas las cosas, El Renacimiento. Si la política debía ser el arte de lo posible, para Maquiavelo, significaba que ésta debía de basarse en realidades. Las necesidades de cambio que él formuló para su tiempo, fueron extraídas de su observación del mundo material y del estado de ánimo colectivo de sus compatriotas. Un principio fundamental de Maquiavelo, es que si un pueblo quiere permanecer libre debe estar dispuesto a defender la propia libertad contra los enemigos externos, para lo que necesita un ejército, y contra los enemigos internos, para lo que están las virtudes civiles, el coraje de hablar, de movilizarse y de resistir.

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Bibliografía

Maquiavelo, Nicolás. El Príncipe. Círculo Amigos de la Historia. 1974 Dietrich Schwanitz. La cultura. Todo lo que hay que saber. Edit. Santillana 2002. 8ª Edición oct 2003.

Reportaje de La Historia, Edit. El mundo. 1989

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