El Prícipe; Nicolas Maquiavelo

Filosofia rencentista. Pensamiento maquavélico. Unificación italiana. Poder. Cinismo

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Comentario del texto de Nicolás Maquiavelo

“Pero mi intento es escribir cosas útiles a quienes las lean, y juzgo más conveniente decir la verdad tal cual es que como se imagina; porque muchos han visto en su imaginación repúblicas y principados que jamás existieron en la realidad. Tanta es la distancia entre como se vive y como se debería vivir, que quien prefiere a lo que se hace lo que debería hacerse, mas camina a su ruina que a su consolidación, y el hombre que quiere portarse en todo como bueno, por necesidad fracasa entre tantos que no lo son, necesitando el príncipe que quiere conservar el poder estar dispuesto a ser bueno o no, según las circunstancias.”

(El príncipe, Cáp. XV)

Siglo XV en Europa, es el Renacimiento, la época que abre la puerta de la Edad Moderna, y en la cual surge en Europa una nueva forma de pensar y ver las cosas de manera diferente a como en los últimos siglos se venía haciendo en la Europa Medieval. Se rompe con el dominio ideológico que poseía la religión cristiana y la institución que representaba a esa divinidad en el mundo, la Iglesia, un pensamiento teocrático, en el cual, todos los principios y reglas, tanto la naturaleza como el hombre, y todos los ámbitos del saber, partían del cristianismo y se debían adecuar a el, y si no lo hacían, se intentaba por todos los medios que así fuere.

El pensamiento que surge y rasga ese teocentrismo, es el antropocentrismo, característico del renacimiento, y que junto al nuevo modo de pensar las cosas, en base a un empirismo, hace que en el renacimiento resurja el saber científico moderno. Figuras como Galileo, Copérnico, Colón, y otros muchos, que se enfrentaron a la ceguera interesada de la Iglesia para demostrar hechos y verdades que no interesaban al Catolicismo, porque confirmaba las mentiras, que a lo largo de la historia nos hicieron creer, y por que atacaba a los pilares que sostenían al poder inmenso que poseían.

En ese contexto, en el corazón del mundo renacentista, Italia, la nación se encuentra dividida en diferentes ciudades-estado, como Venecia, Florencia, Génova, etc. Y con gran parte del centro de la península en manos papales. Estas ciudades no eran rival, y estaban en posición sumisa al dicho Vaticano y a las potencias que eclosionan en Europa, el Reino de Francia y el gran imperio que poseían en Europa y el nuevo continente la monarquía hispánica.

Nicolás Maquiavelo, pensador político, nació en Florencia en 1469. Participó en la vida política de esta ciudad desde muy joven trabajando como funcionario destacado durante el régimen de la República de Florencia, siendo secretario de la segunda cancillería. En 1512, cuando los Médicis recuperaron el poder en Florencia y la República se vino abajo, Maquiavelo fue depuesto de su cargo y condenado a ocio forzoso. Después del retiro de la vida pública, donde escribió sus obras más importantes de contenido político. A pesar de sus intentos por ganarse el favor de los Médicis, nunca volvió a ocupar un cargo destacado. Cuando la republica volvió a ser temporalmente restablecida en 1527, muchos republicanos sospecharon de sus relaciones con los Médicis. Murió en Florencia en 1527.

Maquiavelo con su experiencia en la política y su gran conocimiento de la historia, escribió tres libros de contenido político, “El arte de la guerra” donde habla de las ventajas de las tropas reclutadas frente a las mercenarias, sus “Discurso sobre la primera década de Tito Livio” (1513) en donde tomando los conceptos teocráticos medievales de la historia, atribuye hechos históricos a las necesidades de la naturaleza humana y a los sucesos fortuitos de la fortuna.

El Príncipe”, su obra más importante, punto de partida de un punto de vista técnico-científico de la política, y uno de los más influyentes tratados en el posterior desarrollo de la teoría política, redactado en 1513, no fue publicado hasta cinco años después de su muerte en 1532, y en el pretendía crear un manual para asesorar, y a la vez adular y conectarse con los Médicis, a Lorenzo de Medici, al cual Maquiavelo veía como un nuevo Cesar Borgia capaz de despertar a Italia, y aliar a todos sus estados para garantizar su independencia frente a intereses foráneos, incluso el deseo de unirla bajo un mismo estado.

El Texto aquí comentado se sitúa en la tercera parte, que abarca de los capítulos quince al veintitrés, en los cuales, suscitando gran polémica, teoriza sobre como debe un soberano comportarse en las relaciones con sus súbditos, amigos y enemigos. Usando la ley y la fuerza, y despreciando las consideraciones morales, para conseguir la seguridad y libertad del estado. Incide también en que hay que ganarse al pueblo, no se debe ser odiado, ya que esto es una perdición, sin embargo, pese a no ser odiado, un príncipe debería ser temido.

Cuando Maquiavelo nos dice en su primera parte del texto que su “intento es escribir cosas útiles a quienes las lean, y juzgo mas conveniente decir la verdad tal cual es que como se imagina”, Nos viene a la cabeza la idea de su realismo político. Este realismo se basa en la observación de la experiencia presente e histórica, de la cual Maquiavelo puede presumir, gracias a su experiencia en vida como embajador, y al profundo conocimiento de la historia que llega a conseguir durante su ocio forzado. Este empirismo, basado en esos hechos concretos, definibles en el espacio y el tiempo, y en esas realidades vividas, le permiten a esta teoría esbozar y describir lo que los hombres hacen en verdad y lo que son, no lo que deberían hacer o ser, como hacían antes en el campo de la política.

Algo que también ayuda a centrarse en una técnica, una ciencia política es que Maquiavelo, con una visión pesimista de la naturaleza del hombre, ve a la historia como una fuente de saber y mentora del teórico político gracias a que según él, ella padece un continuo ciclo, constante, de repeticiones, de coincidencias en que un estado asciende, alcanzando un máximo, para luego decaer y caer en un caos magnánimo.

Las condiciones morales, las que nos dicen como deberíamos actuar o ser, son para Maquiavelo, una absoluta inutilidad que no debería tener la más mínima influencia en el buen gobernante, ya que, en sus palabras, “que quien prefiere a lo que se hace lo que debería hacerse, más camina a su ruina que a su consolidación”. La moral, que estaba subordinada al cristianismo y a su ideología, tenía en uno de sus campos a la política, que según ellos la política debería ser un medio del gobernante para lograr el fin moral del cristianismo: Maquiavelo, en su teoría política realista nos da una política autónoma de la moral y religión, basada en el empirismo y que debe prescindir de los anteriores. La actividad humana tiene para él fines propios e independientes, es una cosa terrenal. El estado tiene un comportamiento, necesidades y fines propios, por lo que actuar bien o mal moralmente no se debe tomar en consideración, sino que se debe considerar la estrategia que le convenga al gobernante para lograr salvaguardar la seguridad y la libertad del estado, y si coincide con bueno o mal comportamiento moral eso es algo que debería verse desde un prisma pragmático, en boca del florentino: “Necesitando el príncipe que quiere conservar el poder estar dispuesto a ser bueno o no, según las circunstancias.”

Visto esto, he aquí algo que nos puede ayudar a ver los prejuicios que caen sobre Nicolás, su mala consideración del poder eclesiástico, y sus declaraciones sobre la moral como algo totalmente prescindible hizo crecer ampollas en el mundo cristiano, que actuando en consonancia con la visión maquiaveliana de la historia como algo cíclico en los ostentadores del poder, para conservar su control y potencia, relacionándolo con el enemigo del dios cristiano, el diablo, y tachándolo de inmoral, de anticristiano. Más no hay que verlo bajo ese punto de vista, ya que no actúa en contra del cristianismo, no es una reacción a el, sino mas bien una independencia de este, y como es natural, en ciertos puntos, se tienen visiones diferentes, cuando no coinciden la trascendencia moral del cristianismo con la praxis de la política maquiaveliana. Algo que se nota y se ve en la vida y obra de Maquiavelo es esa especie de nacionalismo italiano. A lo largo de su vida constato su deseo de que los estados en que estaba fragmentada Italia, se unieran bajo una misma alianza, para no depender ni doblarse ante los Estados Pontificios, que extendían sus garras territoriales en gran parte del Lacio, y sobre todo frente a las potencias como Francia o España.

El ojo con que se debe ver a Maquiavelo, y la mejor descripción de el es como el de un técnico de la política, aclara las mejores estratagemas y consejos prácticos para que un gobernante obtenga el éxito político y la salvaguarda de la seguridad y libertad del estado, buscando la máxima eficacia y los mejores resultados.

Así se puede considerar a este ciudadano de la Florencia del siglo XV y principios del XVI, como el pionero en el pensamiento político moderno, después de el y tras muchas décadas, en el siglo XVII, en Gran Bretaña surgen figuras como Locke, Hume, etc, y los posteriores ilustrados franceses del siglo XVIII, padres de la democracia, como Voltaire, Rousseau o Montesquieu, entre otros. Maquiavelo fue la persona que dio ese primer paso realista y empírico en el campo de la Política, alejado de parafernalias y cuentos que nada tenían que ver con los asuntos de estado, al mismo tiempo que otras figuras del renacimiento hicieron lo mismo en otros campos. A partir de ahí, y gracias a ese conocimiento, la fuerza de la ciencia de la civilización humana es exponencial, y la política como ciencia también.