El polizón de Ulises; Ana María Matute

Literatura española contemporánea del siglo XX. Narrativa. Novela. Cuentística de posguerra infantil. Argumento. Personajes

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EL POLIZÓN DE "ULISES"

El Polizón de "Ulises es un clásico de la literatura infantil, escrito por María Matute. Está compuesto por trece capítulos con sus correspondientes títulos.

Al comienzo del libro aparece una descripción de tres señoritas que son hermanas. Las tres viven en una gran casa heredada de su padre, su abuelo y bisabuelo. Etelvina, Leocadia y Mauelita están solteras.

ETELVINA: Es la mayor de las tres hermanas. Amaba la lectura de la "Historia del Gran Imperio Romano". Ella también escribió sobre Historia porque admiraba la grandeza de los emperadores romanos. Se pasó la mayor parte de su vida leyendo y escribiendo.

LEOCADIA: Es la mediana de las tres. Era muy romántica, refinada y sentimental. Le gustaba mucho tocar el piano y preparar exquisitos platos de cocina y cuidar de sus plantas.

MANUELITA: Es la pequeña de las tres hermanas. Se encargaba de la administración y explotación de la finca, ya que era muy trabajadora y fuerte.

Una noche, alguien dejó abandonado a un niño en la puerta de la gran casa. Se intentó buscar a los padres, pero al no encontrarlos, las tres lo acogieron, lo adoptaron y lo bautizaron con el nombre de Marco Amado Manuel (el primer nombre lo puso Etel con motivo de un personaje histórico; el segundo, Leo con motivo de su gusto al amor; el tercero, Manuela porque era una tradición familiar, su padre y su abuelo se llamaban así) aunque todo el mundo lo llamó JUJÚ.

A las tres hermanas les gustaba el niño porque veían en él al hombre que nunca tuvieron: Etel lo veía inteligente, Leo guapo y Manu fuerte.

Desde el comienzo del cuento, puede observarse la distinción entre los caracteres de las hermanas y la distinta forma en la que cada una pretendía educar a Jujú: "Será un gran historiador"-decía Etelvina; "Será elegante y hermoso como un príncipe"-opinaba Leocadia; "¡Bobadas!. Será un buen campesino y llevará la finca, como el Abuelo, como papá y como yo. ¿Para qué nos lo quedamos, sino?. Parecéis tontas". (Página 22)

Continuamente se suceden disputas entre las hermanas debido a que el carácter y las aficiones son muy distintos entre sí. Es por ello por lo que cada una quiere educar al niño siguiendo el impulso de su propia personalidad.

La señora Etelvina (Etel para el niño): "Intentaba y deseaba por todos los medios que Jujú llegara a ser un hombre culto; más aún, un hombre sabio. Especialmente en cuanto a la Historia e Investigación sobre los Romanos". (Página 23)

Desde que el niño era pequeño, le recitaba los nombres y hazañas de los más famosos emperadores, sus batallas, su pujanza, esplendor y decadencia. Todos los conocimientos que ella había adquirido durante años y años de estudio, iban a ser sembrados en Jujú y regados a lo largo del tiempo para, recibir una gran cosecha de conocimientos. Ella fue quien le enseñó a leer y escribir y quien puso en sus manos los primeros libros. Así, el pequeño sabía leer y escribir con tan sólo 5 años.

Por otro lado está tía Leocadia (Leo para Jujú): "Ella deseaba inculcarle buenos modales, elegancia, dulzura, gusto por el baile, la música y los manjares delicados, amor por las flores y los animales, y afición a la poesía. (Página 24)

Al niño, realmente, no le gustaban las cosas que Leo pretendía enseñarle y de hecho fue de quien menos aprendió y con menor gusto. Sin embargo, ella sembró en el un sentimiento muy importante: "Algo así como una especie de ensueño, un afán de huir a algún lado, a algún lugar remoto y misterioso, que el mismo Jujú no sabía bien explicar". (Página 24) Es decir, consiguió despertar la imaginación y los ensueños del niño.

Gracias a los libros de aventuras de Leo, en muchas ocasiones, el pequeño se escondía por el huerto para poder soñar tranquilo a "espaldas de la severa educación de la señora Etel que despreciaba las novelas y los cuentos". (Página 25)

Como hecho importante, hay que destacar que durante todo el libro aparecen citados distintos personajes históricos o protagonistas de novelas de aventura infantil: Ivanhoe, Ricardo Corazón de León, Marco Polo, Barbarroja, el Príncipe Blanco, El caballero del Antifaz. El pequeño los conoció a todos gracias a las lecturas de Leo.

Por último, Manuelita (tía Manu para Jujú) fue la que consiguió más rendimiento de Jujú. Sus enseñanzas eran directas. El niño trabajaba de la mañana a la noche, como un hombre. Ella soñaba con que el pequeño siguiera sus pasos: "Haré de él un hombre, no un presumido o un sabio loco". (Página 25)

Pero, en el fondo del corazón de Leo siempre creyó que Manu era demasiado severa con Jujú y desaprobaba su sistema educativo.

En definitiva, el niño permanecía todo el niño ocupado con las enseñanzas de sus tías. Tiene una educación aislada del resto de niños de su edad. Puede que ese fuese el motivo por el que quería viajar, quería huir de todo aquello.

Todas las noches, las tres hermanas, recorrían la casa de arriba a abajo cerrando puertas y ventanas. A este hecho cotidiano le llamaban "la caza del ladrón". Es decir, protegían al niño intentando que nadie pudiese estropear los conocimientos que le inculcaban día tras día.

Cuando Jujú se acostaba, las tres "contemplaban al heredero", es decir, observaban con orgullo como todo el trabajo que realizaban con él iba dando su fruto. Intentaban "transportar" todos los conocimientos, habilidades, actitudes... al niño.

Mientras Jujú dormía, Etel, Leo y Manu lo observaban: "Recogían las ropas esparcidas por el suelo, buscaban las botas, examinaban rotos y desperfectos". (Página 26) Es decir, examinaban con detalle los hechos que pudiesen entorpecer el enriquecimiento personal del pequeño.

En el baño de la casa Jujú podía hacer algo muy importante para él: conseguir intimidad para desarrollar su propia imaginación y crear su mundo. Es allí donde comienza a crear sus propias aventuras: "La bañera era alta y debía subirse a un taburete para poder entrar en ella, como si se tratara de un abordaje. Los grifos de la bañera tenían forma de cabezas de dragón, y sus ojos eran diminutas piedras verdes, que le miraban malignamente". (Página 28) Leo tenía mucho que ver en las historias que el niño inventaba, ya que a ella también le gustaba soñar e imaginar cosas.

Para las tres hermanas, Jujú era el prototipo de hombre que siempre habían querido tener y es por ello que la educación que le imponían cada una de ellas pretendía desarrollar las capacidades del niño que tanto anhelaban en los hombres. Así, Etel lo define como "el niño más inteligente y culto del mundo"; Leo opina que "no existía nadie más bello" y Manu dice que "no hay nadie más robusto, fuerte y viril que Jujú". (Página 30)

El niño era feliz, pero "sentía un terrible deseo de algo que él mismo no entendía bien, quería ir lejos de casa, del pueblo, de la comarca e incluso del país". (Página 31) Es decir, el niño estaba aprendiendo mucho de sus tres tías, y eso le empujaba a conocer nuevos sitios. Su inteligencia aumentaba de tal forma que la vida que llevaba se le quedaba pequeña y le obligaba a conocer más y desarrollar así su conocimiento. Este es un deseo que se manifiesta durante todo el relato como, conocer nuevos lugares y su gente: "¡Cuantas cosas existen, que yo no conozco!. (Página 46)

En el deseo del pequeño (ampliar su mundo habitual) puede que Etel tuviera algo que ver, ya que mostró la biblioteca que pertenecía al Abuelo. Ésta contenía innumerables libros de viajes, países lejanos... También Leo sería responsable debido a la música y las novelas de aventuras que ella compraba: Sandokán, Gulliver, Simbad...

Jujú trabajaba durante todo el día. Por las mañanas se encargaba de recoger leña para caldear la casa. "No podía comprender cómo hacía falta tanta leña", es decir no entendía que para aprender debiera trabajar tanto.

El pequeño protagonista no tenía amigos, es por ello por lo que tuvo que inventarlos (Contramaestre, Admirante Plum, Señorita Florentina). Puede que por el hecho de sentirse sólo y de no poder hablar con personas de su misma edad, el niño tuviera la tendencia de encerrarse en sí mismo y de no darse a conocer tal y como era.

Las tres tías tenían su tiempo correspondiente para inculcar al niño sus propios conocimientos: por la mañana Etel le daba clases, a la hora de almorzar Leo se ocupaba de él, por las tardes era el turno de Manu.

Todas las tardes Jujú tenía un rato par él: "la hora de la siesta", en la que desconectaba del mundo en el que vivía para poder viajar hacia el "país" donde realmente quería estar. Era su mundo.

Manu era la que pretendía mostrar al pequeño la vida tal y como era: "La vida es dura y si no se aprende desde niño a darle la cara, luego te dan tantos golpes que un hombre no podría soportar -(página 36). Es por ello por lo que el niño se ganara el pan desde siempre. "Jujú supo ganar su día", con esto se quiere dar a entender que Manu quiere que el niño trabaje para ganarse la posibilidad de aprender.

El sitio donde Jujú podía leer tranquilo era el desván: "Su reino, su mundo, y allí organizó su otra vida" -(página 37) . Es decir, desde su puesto de vigilancia en el desván, Jujú contemplaba el fabuloso mundo inventado por él.

Para construir y posteriormente completar el velero, recurrió a los conocimientos de sus tías en los distintos ámbitos e incluso, objetos suyos: un libro de cuentas de Manu (que es el diario de a bordo), telas de Leo (confeccionó la bandera) y los libros del bisabuelo que Etel subió al desván porque no los consideró importantes.

En el desván descubrió, junto con sus amigos, un lugar "secreto", donde seguramente su abuelo se habría escondido en épocas de grandes guerras: "Florentina se había hundido en el vacío". Es una situación nueva que no pertenece a su experiencia y el pequeño no la conoce, por ello siente cierto desconcierto.

En numerosas ocasiones se muestra el deseo de que el niño crezca y se haga mayor: "Te regalaré un potrillo, suponiendo que dejes de ser un niño y te portes como un hombre" -(página 42); ¡"No se ve a ser niño toda la vida!". (Página 96); "¡Se hace un hombre!" -(página 105); " Déjalo. ¡Déjale ser hombre, si quiere ser un hombre!. Las enfermedades y todas esas pamplinas se pueden dominar" -(página 76). Por ello, varias veces el pequeño desea crecer rápido.

Leo creía que sus hermanas trataban de forma demasiado severa al niño: "¡Pobrecito mío, que te obligan a trabajar como un hombre y eres sólo un niño... !".

Nunca ocultaron a Jujú su pasado, pero ellas le contaban historias que no podía creer: "Tú -decía Leo-, a buen seguro que sería algún príncipe destronado, abandonado por el usurpador al trono"; "Sabiecito mío -decía Etel- tú debes ser hijo de algún guerrero". El pequeño no podía creerse esas historias. Por otro lado Manu daba al traste con esos sueños: "Tú eres un buen campesino. Eres lo que eres y te debe bastar" -(página 49).

Ciertamente, Jujú no se distinguía por el amor al trabajo de Manu hubiese deseado: "El invierno invita al campesino a la holganza y entonces, el verano le coge blando. No hay que perder la costumbre del trabajo" - le dijo en una ocasión- (página 66).

La personalidad de las tres tías se manifiesta en el comportamiento del niño en distintas ocasiones: cuando sueña con las historias de Leo, cuando Manu le dice que debe mostrase como un hombre y no demostrar miedo o cobardía ante la vida: "¿Qué tonterías son ésas? ¡Ni que fuera la primera vez que lo ves! ¿Qué tiene de particular nuestro pobre Ford?"- dijo el niño. (Pagina 57).

Cuando Jujú descubrió al preso escondido en el pajar, sintió miedo y ganas de delatar al extraño, pero en el fondo también deseaba ayudarlo, ya que jamás en su vida había tenido la oportunidad de entablar una relación con alguien que pudiese convertirse en su amigo. Además, su imaginación jugó un papel muy importante ante tal situación y los libros que leyó le proporcionaron las armas secretas para poder afrontar los problemas.

En definitiva, "no quería que el fugitivo fuese descubierto" (pagina 64), ya que para sus tías sería un "ladrón de conocimientos" y harían todo lo posible por devolverlo a la prisión. Además él no había estada ante una situación así anteriormente y sentía curiosidad por aquel hombre.

Jujú estaba siempre de parte del perseguido y en contra del perseguidor: "No sabía por qué, pero de pronto, sentía una piedad grande y extraña por aquella negra piel que colgaba del alto palo. ¡Él tenía hambre!" -pensó el niño cuando dieron caza al lobo que atormentaba a la vecindad. (Página 53) "Estoy seguro de que es incapaz de hacer nada malo a contramaestre". (Página 63)

El niño afrontó la situación como si se tratara de un reto, un juego nuevo. Por primera vez podría hacer partícipe de sus historias a un adulto. Se sentía poderoso y mayor (se puede observar como el niño se hacía mayor, sus conocimientos eran más racionales): "Puede usted ser el polizón de mi barco todo el tiempo que quiera" -(página 74) Al niño le motivaba mucho el hecho de que el fugitivo estuviese en el "Ulises", ya que su imaginación volaría y haría de él su polizón, su compañero de aventuras.

Así, decidió que el fugitivo fuese el polizón de su "Ulises": "Parece un lobo de mar -se dijo a sí mismo-. Sí, se parece a Simbad, Ulises, a Marco Polo...". Todos estos personajes fueron conocidos gracias a las lecturas de Leo.

La primera vez que Jujú sintió ser un hombre, en vez de un niño, fue cuando apuntó al fugitivo con un rifle (Manu le dejaría usarlo cuando cumpliera catorce años). En ese momento su voz sonó muy parecida a la de la autoritaria tía Manu.

La influencia de Manu en el comportamiento del niño se aprecia en muchas ocasiones, una de ellas fue cuando el Sargento registraba el Ulises. El niño pensó: "¡Ojalá te pierdas en la nieve de la carretera y jamás se te ocurra poner tus sucias botas en la cubierta de mi Ulises, condenado!". Sin embargo el niño se mostraba muy simpático e invitaba al Sargento a volver: "¿Vendrá a verme alguna vez Sargento?". (Página 78)

El pequeño, quiso mostrarse ante su amigo el fugitivo como una persona madura y adulta: "Hay que ser duro" (página 86) Este comportamiento se debe a que sus tías, mayoritariamente Manu, pretendían que creciera rápido y el niño se siente presionado.

Los libros que Jujú leía en el "Ulises", le enseñaron muchas cosas interesantes. Por ejemplo, a despistar con pimienta el rastro perseguido por los perros de los policías. La afición la lectura la obtuvo gracias a la perseverancia de Etel y los buenos libros de aventuras de Leo.

En varias ocasiones, el Señor Fugitivo le cuenta historias sobre sus viajes por numerosas islas: "Tú serás mi heredero. Les diré: ved, éste es mi hijo. Más que mi hijo, porque le debo a él la vida". El pequeño nunca había oído antes que alguien le llamase hijo, eso le gustaba y se sentía halagado por las palabras de su amigo. Le hacía ser importante, e incluso quería heredar de él todas sus aventuras. Pretendía huir con él, deseaba conocer el Mundo y olvidarse de aquel lugar donde llevaba una vida tan rutinaria.

El "polizón" estaba herido, y su herida no mejoraba. El pequeño subía a verlo a la hora de la siesta (su tiempo libre) y le ayudaba a curar su pierna. Jujú ya le había cogido mucho cariño y sentía que era su amigo, su compañero de aventuras y de confesiones. El niño planeaba la huída con mucha prudencia y premeditación, pero en el fondo de su corazón aparecían dudas y a la vez justificaciones para acabar con ellas: "Las tías son buenas y las quiero mucho, pero con ellas no se puede hablar de ciertas cosas. Sólo un hombre puede hablar de esas cosas a otro hombre. Además, no soy ni campesino, ni gitanillo, ni príncipe abandonado, como imaginan las tías. Yo tengo sangre de marinero -(página 94)-. Aquí queda reflejado el afán del niño por viajar como un marinero y de conocer gente nueva con la que poder hablar de cosas interesantes.

Jujú le da mucha importancia a valores como la amistad, la lealtad, solidaridad, confianza, sinceridad... y por ello hizo algo muy importante para él: " La herida de Polizón seguía mal. Yo no sabía como debíamos curarla. Entonces, la otra mañana, cuando fui a por leña al cobertizo, vi el hacha y se me ocurrió darme un tajo en la pierna" -(página 97)-. De esta forma Jujú aprendería a curar la herida de su amigo. No le importaba el dolor, sólo ayudar a Polizón, incluso cuando su herida mejoró se la infectó él mismo para sufrir como su amigo. Este es un concepto de amistad muy especial.

Las tías de Jujú comenzaron a sospechar sobre la forma de actuar del niño, ya que comía demasiado, se distraía en los estudios y se cansaba con facilidad (cada una se preocupaba del Jujú que querían educar: a Etel le preocupaban los estudios, a Manu su capacidad de trabajo). Veían que el pequeño estaba encerrado en sí mismo y no se mostraba tal y como era: " Su vida era el Ulises y nada más que el Ulises"- (pagina 102).

Estaba próximo el día de su huída cuando cumplió once años: "11 años de un hombre hecho y derecho -dijo Manu; 11 años de estudios y sabiduría -añadió Etel; 11 años -le besó dos o tres veces y se secó las lágrimas" -(página 104). En aquellos momentos se sintió como un verdadero traidor porque abandonaría a las personas que le ayudaron a crecer, se sentía realmente emocionado. Cada una de ellas le dio su regalo de cumpleaños: "Un buen campesino vive pendiente de las horas -dijo Manu cuando le entregaba el reloj de pulsera"; "Una buena historia y un gran ejemplo -Etel le entregó un lujoso libro"; "Para tu naricita querida -Leo le entregó doce pañuelos, con sus iniciales, en todos los colores del arcoiris" -(página 105)

Él se sentía mal al ver todas las muestras de cariño pero la llamada del "Ulises" era más poderosa que todo. A la hora de dormir se despidió de las tres: "Buenas noches, tía Leo. Te quiero mucho. Gracias por tus pasteles"; "Buenas noches, tía Etel. Eres muy sabia. Gracias por tus lecciones"; "Buenas noches, tía Manu. Eres muy fuerte y muy bueno. Gracias por tener tanta paciencia conmigo" -(página 106)

La mañana de la fuga llegó, sintió como si se estuviera despidiendo de alguien: "de un niño que fue amigo suyo, de algún tiempo, en algún lugar" -(página 110) En realidad el niño se estaba despidiendo de su vida en aquel lugar: "la verdad es que Jujú ardía de confusión y deseos entremezclados"- (página 111)

Se decía a sí mismo para autoconvencerse: "Cuando se elige un camino, se elige". Además, "el Polizón” le trataba exactamente como a Jujú le gustaba ser tratado: como un hombre a otro hombre. Como un camarada a otro camarada. Como dos amigos." -(Página 110) Al mismo tiempo él mismo se decía: "¡Se acabaron las comidas suculentas de Rufa!... Bien, hay que despedirse de todas esas cosas. La vida, de ahora en adelante, es una dura cosa!" -(Página 112)

Cuando Jujú pudo comprobar que el "Polizón" no había acudido a la cita en el lugar pactado, se sintió traicionado: "Fue como una ruptura de algo muy querido: la confianza, la fe en al amistad. Sentía un nudo en la garganta que casi le impedía respirar" -(página 121) A pesar de todo, intentó cruzar el río para comprobar si el Polizón se encontraba en la otra orilla. Quería vengarse: "¡Polizón se ha burlado de mí, pero te juro que se lo haré pagar!" -(página 123)

A partir de ese momento, todo sucedió muy rápido. Jujú iba a morir ahogado en el río mientras su amigo Contramaestre y el potro Remo miraba impotentes. En esos momentos apareció el Polizón y lo salvó.

Jujú permaneció durante mucho tiempo en la cama enfermo. Cuando se recuperó, sus tres tías le entregaron una carta que había escrito Polizón: "Voy a devolverte al Ulises, que es donde debes estar. Porque un Capitán no puede abandonar su puesto, así como así" -(pagina 130) El pequeño supo que al Polizón lo apresaron.

Después de todo lo sucedido, el niño sintió deseos de trabajar, de estudiar y de no abandonarlas nunca. Se sintió muy seguro: "¡Es un hombre¡".

Todo el tiempo sembrando conocimientos en la mente del pequeño, dieron su fruto: "Volvió al trabajo, al estudio y se hizo más alto, sabio y fuerte" -(página 133) Jujú era ahora quien ayudaba y cuidaba de sus tías: " Esta era sólo la historia de un muchacho que, un buen día, creció" -(página 133)