El nombre de la rosa; Umberto Eco

Literatura universal contemporánea. Narrativa. Novela histórica medieval. Suspense. Contexto. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Maogirl
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
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EL NOMBRE DE LA ROSA

ENTRE BORGES Y HOLMES

El nombre de la rosa, (texto analizado a lo largo de este seminario) es el resultado del trabajo de Umberto Eco como semiólogo, y se ve reflejado en el hecho de recurrir a varios textos de distintos autores para tener una visión más global del desarrollo de la novela; esto es el producto de la investigación del lenguaje y la literatura en distintas épocas en las que Eco hace referencia (directa en indirectamente) a lo largo de la novela.

El hecho de que en una novela estén involucrados tantos fragmentos distorsionados de otras obras literarias es inquietante, ya que se puede ver en ellos los elementos en los que el autor se ve influenciado fácilmente, así como el hecho de recurrir al texto original (al que Eco hace referencia) para cambiar el ángulo de vista sobre un mismo hecho nombrados de distinta manera tomando en cuenta los puntos de vista de los dos autores.

En este ensayo se hace énfasis en los dos autores en los que quizás Umberto Eco ha hecho más menciones para la elaboración de El Nombre de la Rosa: Jorge Luis Borges y Sr. Arthur Conan Doyle y su conocida obra Sherlock Holmes. En primer lugar, la presencia de Borges se hace evidente desde el comienzo desde “Naturalmente, un manuscrito”, donde hay dos referencias indirectas hacia este escritor; primero, hace alusión a dos elementos muy importantes dentro de la literatura de Borges: los espejos y el ajedrez; “...tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Tesmevar, `Del uso de los espejos en el juego del ajedrez´...” 1; Borges ve en estos dos conceptos su estrategia simbológica en cuanto al reflejo falso de la realidad (espejo), -uno de los libros de Eco se llama “De los espejos y otros ensayos- y la universalidad de la que tanto ha hablado (ajedrez).

La segunda referencia tomada en este capítulo es la alusión que Umberto Eco hace de un cuento de Borges; “más tarde, un erudito - que no considero oportuno nombrar- me aseguró, y era capaz de nombrar los índices de memoria...” 2 : se trata de Funes, el memorioso, donde Funes es un personaje que a raíz de un accidente, por acto entre consciente e inconsciente, recuerda todo lo que sucede sin perder un solo detalle, de una manera tan precisa que cuando recuerda y narra todo lo que pasó en un día, contándolo se demora un día. Lo anterior Umberto Eco lo nombra para reforzar el recurso literario que emplea en “manuscrito recuperado”, lo que usa para desentenderse de la autoría de la novela, como también para fortalecer el discurso imaginario.

Siguiendo el curso de la lectura, más adelante se encuentra algo, (que no puede ser más evidente); se trata de la aparición del personaje Jorge de Burgos, (nótese que hasta el mismo nombre tiene similitud con el de Jorge Luis Borges), un anciano, uno de los más viejos del monasterio y padeciendo de ceguera, pero Eco no creó este personaje ciego en vano, ya que Borges también se quedó ciego en su edad adulta. Borges, quien sostenía que los humanos creemos más en Dios por auto compasión que por otra cosa, somete esta problemática a un aspecto teológico, por lo que medita sobre su ceguera, tomando en cuenta la maestría de Dios, y se puede apreciar en el Poema de los Dones:

“[...] De esta ciudad de libros hizo dueños

a unos ojos sin luz, que solo pueden

leer en las bibliotecas de los sueños

los insensatos párrafos que le den

las albas a su afán [...]”3

2IDEM. p. 7

3BORGES, Jorge Luis, El Hacedor. Alianza Emecé, Madrid, 1972. P.27.

Precisamente, este texto de Borges traduce lo que él mismo califica de “magnífica ironía”, al serle concedida la dirección de la Biblioteca Nacional de Argentina ya después de ciego. En este aspecto divergen estos dos personajes, (uno tomado de la realidad y otro imaginario), ya que aunque Borges se siente algo desdichado de su ceguera, la emplea como un nuevo elemento dentro de su literatura, en cambio Burgos lo que hace es emplearla como si a cambio de su ceguera, obtuviera un místico sexto sentido, en donde cualquier señal donde hubiera risa, maldad o error humano era prueba indiscutible acerca del fin del mundo, lo que lo llevó al radicalismo y necesariamente, a la amargura.

Sherlock Holmes también hace sus aportes, pero más que recursos literarios o referencias, como lo hizo Borges, participa para dar el ambiente policiaco que Eco pretendió en algunas partes de la lectura. Tras la muerte de Adelmo da Otranto, el seguimiento que hace Guillermo de Baskerville, es muy al estilo de Holmes, ya que, como se puede evidenciar en el cuento de Conan Doyle “El misterio del valle Boscombe” Sherlock Holmes no considera la verdad absoluta con las primeras pruebas de crímenes o algo similar, sino que cualquier detalle, por muy insignificante que parezca, él lo toma en cuenta para realizar conclusiones, aunque éstas no las considere como verdad absoluta y puedan estar cambiando contingencialmente; esto da prueba de su astucia, así como Guillermo la demostró desde el incidente del caballo Brunello4 que, con minuciosas observaciones al ambiente, pudo sacar deducciones sobre algo que no había visto, pero sin embargo lo describió como si lo hubiera presenciado. En El misterio del valle Boscombe Sherlock (al que consideraremos como Guillermo), junto a Watson (éste sería Adso) es llamado para esclarecer un crimen cometido, así como Guillermo, antiguo inquisidor, llegó a la abadía tras la llamada del Abad, y tan pronto llegan a la escena donde ocurrieron los hechos, empiezan a comprender lo que sucede, y a la vez darle un sentido distinto y verdadero a la situación, porque como lo menciona Sherlock en la historia:

4 CFR: ECO, Umberto. Op. Cit. Pp.20-25.

“De sobra me conoce usted para creer que alardeo cuando digo que confirmaré o destruiré su teoría valiéndome de medios que él es totalmente incapaz de emplear e inclusive comprender...”5

Quizás la frase anterior esté cargada de cierta ostentación y orgullo, pero tanto Guillermo como Sherlock se vanagloriaban de su sapiencia. En el segundo asesinato de El Nombre de la Rosa, se puede observar una analogía clarísima en cuanto al seguimiento de éste caso y el de Conan Doyle, las tácticas de observación son muy semejantes; en la novela de Umberto Eco las huellas son algo muy importante desde el comienzo con el suceso del caballo Brunello, pero cobran mayor importancia tras ser asesinado Venancio de Salvemec6, ya que Guillermo, preocupado se dirige hacia Adso diciéndole la importancia de las huellas, en ese caso se hacían más evidentes ya que estaba nevando, y por las huellas pudo esclarecer que el cadáver fue arrastrado hacia el chiquero, que fue asesinado en el edificio, y que el asesino no quería que descubrieran el cadáver en ese lugar, que el asesinato se produjo cuando todos estaban durmiendo. Así mismo Sherlock se refiere a la escena del crimen que llevaba a cargo; con tan solo examinar el lugar pudo darse cuenta del orden cronológico del crimen, de las características del asesino, del arma empleada para ejecutar el asesinato, hasta de la marca de cigarrillos que fumaba el mismo; (también cabe mencionar que tanto Holmes como Baskerrville empleaban lo que ellos llamaban “plantas medicinales”, mientras tanto Adso como Watson son los que registran uno a uno los hechos y experiencias de sus maestros) la suspicacia y manera de interpretación de los hechos llevan a la conclusión de que Guillermo y Sherlock fueron una misma persona en diferentes épocas.

5DOYLE, Arthur Conan. Sherlock Holmes: Obras completas. Editorial Óptima. Argentina. 1984. Pp. 99, 100.

6ECO, Umberto. Op. Cit. Pp.99, 100.

El último aspecto por resaltar, es la relación entre la descripción de la biblioteca de la Abadía con el texto de Borges La Biblioteca de Babel, en la cual Borges hace una minuciosa descripción tanto en la estructura como en los significados de cada elemento dentro de la biblioteca, metaforizándola a la vez con el propio universo visto como una biblioteca infinita y laberíntica, y en esta se puede hacer referencia a Malaquías, el bibliotecario de la abadía (cuyo nombre se dio por el del último profeta, y el de la novela es el último bibliotecario), ya que Borges menciona ”...el hombre, el imperfecto bibliotecario puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos...”7, dando a entender la susceptibilidad del hombre frente al pecado y a la influencia del mal, sobretodo en la edad media, donde estaba tan estigmatizada la concepción del mal, más que todo en un monasterio donde el peligro era la sabiduría y la relación con la verdad, ya que la manipulación de estos los podría dispersar del temor hacia Dios, y éste era utilizado como instrumento para intimidar y oprimir.

Frente a la biblioteca de la abadía, esta también era un laberinto construido mediante simetrías y duplicaciones, cuyo fin era confundir, marear, y asfixiar al que entraba allí, llevándolo incluso a la misma muerte, esta descripción está muy relacionada con la de Borges, y la sorpresa es que al final del laberinto se encuentran con un espejo, lo que se asocia inmediatamente con Borges.

Aún falta una buena parte de esta enriquecedora e intrigante lectura, y conforme se vayan pasando las hojas, irán apareciendo otros elementos que se relacionarán con Borges, Conan, e incluso otros autores, y a medida que lleguen, serán prueba de que sin estas inclusiones a las que Eco se relacionó tan estrechamente El nombre de la Rosa no sería el mismo, y no se sabría a qué otros recursos hubiera recurrido este autor, aunque sería interesante descubrirlo, o tan solo imaginarlo.

7BORGES, Jorge Luis, El Hacedor. Alianza Emecé, Madrid, 1960. Pp.56, 57.