El nombre de la rosa; Jean Jacques Annaud

Cinematografía. Suspense. Intriga. Monasterios. Monjes Benedictinos, Franciscanos y Dominicos. Dulcino. Umberto Eco. Argumento. Biografía

  • Enviado por: Sandra Juan
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 16 páginas
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EN NOMBRE DE LA ROSA

1.- FICHA TÉCNICA

'El nombre de la rosa; Jean Jacques Annaud'

1986, Francia, Italia y Alemania Occidental
Distribuidora: Warner Home Video
Director: Jean-Jacques Annaud
Duración: 126 minutos
Actores principales: Sean Connery, Christian Slater
Idioma Original: Inglés y Latín
Fecha de estreno: 2007/02/12
Fecha de lanzamiento: 29 de noviembre de 2004

'El nombre de la rosa; Jean Jacques Annaud'


EQUIPO TÉCNICO

'El nombre de la rosa; Jean Jacques Annaud'

Director:  Jean-Jacques Annaud
Producción:  Bernd Eichinger
Productoras:  Cristaldifilm, France 3 Cinéma, Les Films Ariane, Neue Constantin Film, Rai Uno Radiotelevisione Italiana y Zweites Deutsches Fernsehen
Con la participación de:  Franco Cristaldi y Alexandre Mnouchkine
Producción ejecutiva:  Jake Eberts y Thomas Schühly
Producción asociada:  Herman Weigel
Diseño de producción:  Dante Ferretti
Casting:  Gianni Arduini, Dominique Besnehard, Celestia Fox, David Rubin, Sabine Schroth y Lynn Stalmaster
Guión:  Andrew Birkin, Gérard Brach, Howard Franklin y Alain Godard
Dirección de fotografía:  Tonino Delli Colli
Vestuario:  Gabriella Pescucci
Maquillaje:  Maurizio Silvi y Hasso von Hugo
Montaje:  Jane Seitz
Montaje de sonido:  Milan Bor
Banda sonora:  James Horner

2.- Sinopsis

Basada en la exitosa novela de Umberto Eco. Todo comienza una hermosa mañana de finales de noviembre del año 1327 cuando Fray Guillermo de Baskerville (Sean Connery), un monje franciscano y antiguo inquisidor, y su inseparable discípulo el novicio Adso de Melk (Christian Slater), que es quien relata la historia, acuden a una abadía benedictina situada en el norte de la península italiana para intentar esclarecer la muerte del joven miniaturista Adelmo da Otranto. Durante su estancia en la abadía van desapareciendo misteriosamente más monjes, a quienes encuentran muertos al poco tiempo. Lentamente, y gracias a la información aportada por algunos monjes, Guillermo va esclareciendo los hechos. El móvil de los crímenes parecen ser unos antiguos tratados sobre la licitud de la risa que se encuentran en la biblioteca del complejo, de la cual se dice que es la mayor del mundo cristiano. ¿Quién es el asesino? ¿Qué hicieron sus víctimas para morir asesinadas? Nadie lo sabe...

Fray Guillem de Braskerville, junto con su aprendiz Adso, son llamados a un convento de Franciscanos, para resolver el caso de una muerte, bastante extraña. Al llegar al monasterio se encuentran con que los monjes franciscanos pensaban que era todo culpa del Ángel caído o de algún de sus fieles como por ejemplo Lucifer. Pero Fray Guillem, con su perspectiva de las cosas, que no es el típico de un monje, llega a la conclusión de que no ha sido causa del maligno, si no, que aquella muerte ha sido provocada. En unos primeros momentos al espectador se le hace creer con la posibilidad que otro monje más bien graso y de piel muy blanca, haya sido el autor del crimen. En la escena del crimen, ven una huella bastante peculiar que memorizan y les convence todavía más firmemente en la opción de que la muerte no se ha hecho así como así. Al cabo de unos días, se encuentra una segunda muerte, en unas circunstancias no muy agradables de ver (hacia abajo en una cazuela llena de sangre, con los pies fuera). Pero en la autopsia, Fray Guillem observa que este pobre hombre tiene un dedo y la lengua pintados de negro. Como que las cosas no se solucionan, al día siguiente aparece la figura de la inquisición, cosa que no hace demasiada gracia a los monjes, y también aparecen los portavoces del papa todos corderos vestidos con unas fachas del todo peculiares. Aquella misma noche, se encuentra una mujer y un hombre jorobado, asi como una cabeza de gallo y algunos enseres más propios de un rito satánico. El inquisidor rápidamente dictamina sentencia y hace hablar al jorobado, este le confiesa que también hay por medio otro monje. Así el inquisidor dictamina, que se deben quemar a los tres infieles. Antes de esto Adso, mantiene una relación sexual con la chica, y se enamora de ella. Fray Guillem y Adso, durante este tiempo, han ido descubriendo hechos como que a un monasterio dónde es famosa su biblioteca los libros no estén presentes, y van moviéndose hasta que descubren que se puede ir a la biblioteca por una puerta secreta. Pasan unos días más y aparece el hombre que sospechábamos antes que era el autor de los crímenes, también muerto, pero su zapato es la huella que memorizaron. Pero también vuelven a observar que aquel hombre tiene el dedo y la lengua de color negro. Fray Guillem, piensa que seguramente todo esto ha pasado al leer algún libro envenenado con cicuta o algo, así que buscan y buscan, hasta que encuentran en una sala a un monje que con prestigio y mando dentro del monasterio, que se les da el libro, pero Fray Guillamos le dice que leerá el libro con guantes, cosa que hace que el monje se lleve el libro. Durante el transcurso de la persecución, y mientras se están organizando los preparativos para “hacer justicia”, el monje dice una frase que hará historia es algo así “La risa saca el miedo, el miedo es el que hace creer, y si traiamos el miedo traiamos la fe”. También cae una llama de aceite y empieza a arder la biblioteca. Los monjes que estaban viendo cómo se quemaban a aquellos tres personajes, marchan de allí apresuradamente a apagar el fuego. Durante el transcurso de esto, los hombres del pueblo liberan a la mujer. Adso y Fray Guillem, consiguen salir de la biblioteca en llamas. Cuando los monjes marchan a apagar el fuego, el inquisidor intenta huir pero es seguido por los hombres del pueblo y durante esta persecución este inquisidor sufre un accidente y muere. A la mañana siguiente Fray Guillem y Adso, marchan del monasterio, cuando estaban de camino a no se sabe dónde, Adso se encuentra con la mujer, y optan por seguir a Fray Guillem, y ya para finalizar, al final Adso, que es quien nos narra lo historia, deja caer esta pregunta: - “¿Dónde debe estar en estos momentos aquella mujer?” Si al menos supiera cómo es dice.

3.- MOMENTO HISTORICO DE LA PELICULA

El término Edad Media, es un término convencional que se utiliza para referirse al período de la historia europea que abarca desde el colapso de la civilización romana en el siglo V hasta fines del siglo XV.Para dividir este extenso período se distingue la Alta Edad Media, entre lo siglos V y XII, y la Baja Edad Media, del siglo XIII al XV.El nombre edad media se deba a los eruditos humanistas de los siglos XV y XVI, que se refirieron a esta época como Medium aevo (Medievo), pues se veían a sí mismos como los líderes del renacimiento, exponentes de una nueva mentalidad, de una cultura y de una civilización que desde su punto de vista habían estado en la oscuridad, después del declive de la cultura grecorromana en Occidente.La edad media está marcada por la emergencia de Europa como unidad sociocultural, el ascenso y posterior declive de una distintiva civilización cristiana y el casi conseguido intento de la iglesia de funcionar a la manera de un estado mundial, sucediendo así al desaparecido imperio romano.Se inicia un proceso de urbanización, se establecen monasterios y centros de peregrinación y hay una gran explosión del comercio.El siglo XIII fue el del dominio de las monarquías.

4.- LA VIDA EN EL MONASTERIO

Monasterio, conjunto de edificaciones donde viven los monjes y las monjas, hombres y mujeres que han decidido llevar una vida aislada del resto de la sociedad, con un conjunto de reglas y costumbres, dedicados a la oración y al servicio divino. Pero comprender adecuadamente el sentido de un monasterio, exige tener en cuenta la historia de los monjes, sus formas de vida y su influencia en el arte y la sociedad.

En las más importantes religiones del mundo siempre han existido hombres y mujeres que deciden apartarse de la sociedad y vivir una vida de aislamiento para dedicarse a la meditación, a la penitencia y a la contemplación de las verdades y misterios religiosos. En un primer momento, estos hombres vivían totalmente aislados llevando una vida de soledad absoluta. Se les conocía con el nombre de eremitas y vivían en el desierto o en lugares de difícil acceso. Pero pronto se organizaron en comunidades que respetaban la soledad de cada individuo y cuidaban de sus necesidades.

En el cristianismo se encuentran dos tradiciones monásticas: la tradición oriental y la tradición occidental. Fue el cristianismo oriental el que vio aparecer las primeras formas de vida monástica. El obispo san Basilio (c. 329-379) recogió las tradiciones de los antiguos eremitas y organizó los primeros monasterios de Oriente, con un conjunto de reglas determinadas. El actual monasterio cristiano ortodoxo griego del monte Athos (Grecia) sigue el modo de vida impuesto por san Basilio, que era la primera forma de organización monástica.

Las normas de san Benito marcaron la tradición religiosa y cultural de Occidente.

Fue casi un siglo después, en el decadente mundo romano de Occidente, cuando san Benito de Nursia (c. 480-547) fundó el primer monasterio cristiano de Occidente en Montecassino (Italia), el año 529. Las normas de san Benito influyeron decisivamente en la tradición religiosa y cultural de Occidente. En aquella época había dos clases de clero: El alto Clero (papa, sacerdotes, diocesanos, inquisidores...) Bajo Clero (pequeños curas de pueblo, monjes...) Pero en un monasterio, había la siguiente jerarquía: había alguien que se encargaba de traerlo todo y tomar decisiones, como una clase de cabeza suprema “padre”, después había dentro de lo que serian los monjes, algunos con más relevancia que de otros, por ejemplo: un escritor, no tenía la misma posición que el bibliotecario, y debajo de estos pues había aquel hombre que no tocaba demasiado, que era jorobado, esta sería cuando no tenían problemas o no debían tomar decisiones demasiada decisivas, porque cuando debían tomar siempre aparecían figuras superiores o más próximas a Dios como por ejemplo los inquisidores y los portavoces del papa que actuaban como jueces y mandaban sobre ellos. Los espacios más relevantes del convento eran la biblioteca “sobre todo”, la sala capitular, la habitación de Adso y Fray Guillem de Baskerville. Lo único que nos enseñan es cómo eran los monasterios por dentro, cosa que a la gente le puede importar o no pero que no tiene demasiada relevancia con lo que pasa en aquella época. Son los espacios más relevantes porque son allí dónde se desarrollan las acciones y dónde surgen las conversaciones más trascendentes para el argumento de la película

Observamos una diferencia asombrosa entre el pueblo, si se puede decir pueblo,(en el que predomina el analfabetismo, pero no tiene porque faltar lo que se dice cultura de pueblo (lengua propia, tradiciones, etc...), en el que la película nos enseña al pueblo como un conjunto de pobres, analfabetos y sucios (cosa que seguramente no es del todo falso) y el s el clero ( en el que hay, cultura, sabiduría, quizás demasiada credibilidad) pero también dentro de este último grupo hay unas diferencias abismales entre las diferentes personas que lo componen, cosa que no debería ser así.

Dentro de la película, tratan a la mujer como la representación del mal, del diablo y sobre todo la relacionan con la atracción carnal de la mujer, cosa que es del todo machista, al utilizar a la mujer como objeto y no como el ser que es, simplemente sin más ni menos una mujer, con igualdad de condiciones.

“La risa saca el miedo, el miedo es el que hace creer, y si traemos el miedo traemos la fe”. Esto me pareció que quiso decir aquel hombre ciego. Es que no debían reir, por no poner en entredicho lo que decían las escrituras, porque al estar en un estado “maligno” podían interpretar mal lo que verdaderamente nos querían decir.

Los tipos de música que existían en la edad media eran el románico, el gótico, canto gregoriano, y la música profana que podían cantar los trovadores y las gentes de los pueblos.

Llaman en la Edad Media la atención cosas que creo que todavía con los años que hace de aquello no se han arreglado del todo, como por ejemplo la utilización de la mujer como objeto, la superioridad opresora de unos hombres sobre otros, aunque, lo que decía la iglesia al respeto era: Que éramos todos hombres, pero que unos traían una ropa y otros traían otra, pero que cuando muriéramos y pasáramos “a mejor vida” lo que l que pasaría a mejor vida sería el alma y no la ropa.

El personaje por excelencia sería Fray Guillem de Braskerville, porque es un hombre que ha visto mundo, cuando habla sabe de lo que habla y siempre respeta más o menos la postura de los otros. Pero siempre vigilando los perjuicios que le puedan venir tras decir lo que piensa. Quizás es que, es más pensador que monje.

EL MODO DE VIDA DE LOS MONJES: LA REGLA DE SAN BENITO

Abadía de Montecassino Fundada por san Benito de Nursia en el año 529, la abadía de Montecassino ha constituido, a lo largo de los siglos, un destacado centro de la cultura europea, en el que los monjes benedictinos desarrollaron una importante labor de transcripción de textos antiguos y de códices. Destruido por un terremoto en 1349, el recinto fue reconstruido y ampliado en varias ocasiones. Durante la II Guerra Mundial la abadía sufrió un devastador bombardeo de los aliados, tras lo cual fue de nuevo reedificada. En la imagen, detalle del claustro central, de estilo renacentista, enriquecido con una amplia logia, denominada del Paraíso, que asoma al bello paisaje circundante.SCALA, Florence

San Benito sintetizó algunas de las más importantes tradiciones orientales y elaboró una detallada reglamentación para organizar la vida de los monjes y las monjas, así como la estructura de los monasterios. Era la llamada `regla de san Benito'. Los monjes debían vivir en comunidad, en una casa común o monasterio, para apoyarse unos en otros y socorrerse en caso de necesidad. Estos religiosos realizaban tres promesas que les impedían contraer matrimonio, tener bienes propios o realizar su voluntad: se trata de los votos de castidad, pobreza y obediencia.

Las comunidades de monjes se encontraban sometidas al poder de un abad o prior que, en algunos casos, era elegido democráticamente por los miembros de la comunidad monástica. Una vez elegido e investido de su cargo, el abad tenía absoluta autoridad sobre el conjunto del monasterio y sus propiedades.

La vida diaria de los monjes se dividía en tres partes: la oración, el trabajo y el descanso.

San Benito organizó también las actividades de los religiosos, mostrando un gran sentido común y equilibrando los aspectos material y espiritual que están presentes en toda vida humana. La vida diaria de los monjes se dividía en tres partes: la oración, el trabajo y el descanso. A cada uno de ellos se dedicaba un tercio del día, con lo que se combinaba el ejercicio físico y el trabajo mental o espiritual. El lema de la regla monástica era, precisamente, “Reza y trabaja” (Ora et labora). Los monjes se reunían seis veces al día para rezar en la iglesia del monasterio, lo que permitía dividir el día de un modo ordenado.

A estas reglas fundamentales de organización pronto se añadieron otras, que ordenaban la vida de los monjes y que la llenaban de contenido. Eran consideraciones prácticas, que pronto se convirtieron en tradiciones de la vida monástica, muchas de las cuales perduran en nuestros días.

LA ESTRUCTURA DEL MONASTERIO: UNA CIUDAD INDEPENDIENTE

Monje en el scriptorium En la Europa medieval los libros eran reproducidos por monjes que copiaban textos completos en una dependencia del monasterio llamada scriptorium, dispuesta para tal fin.

De acuerdo con la regla de san Benito, el monasterio debía ser autónomo para poder mantener el aislamiento de los monjes. Esto suponía que el edificio debía tener una determinada estructura arquitectónica, con partes muy diferenciadas. Y su conjunto era como una ciudad aislada, que se bastaba a sí misma y que apenas precisaba nada del exterior.

El elemento principal del monasterio era la iglesia, donde se realizaban las oraciones de los monjes. Era el centro en torno al cual se organizaban las distintas dependencias. Junto a la iglesia, y con acceso directo a ella, se encontraba un patio o claustro de planta cuadrada. Este claustro solía estar formado por arcadas cubiertas, con un pequeño jardín en su interior, donde se encontraba un pozo de donde los monjes recogían agua y donde se lavaban tras el trabajo. A lo largo del claustro se abrían las otras habitaciones. Así, se encontraba el refectorio o comedor, donde los monjes realizaban sus comidas en común. La sala capitular era un espacio importante del monasterio, donde se reunían los monjes para deliberar o leer los capítulos de sus reglas monásticas. Una estancia, adyacente a la iglesia, acogía el scriptorium, donde algunos monjes trabajaban copiando manuscritos o iluminando los libros con espléndidas miniaturas.

Un poco más apartado del claustro y de la iglesia, se encontraban las cocinas y la despensa, donde se preparaban las comidas del monasterio. Sobre ellas, aprovechando el calor del hogar, se hallaba una gran sala donde estaba el dormitorio común de los monjes, que solía tener un acceso directo, mediante una escalera, a la iglesia.

En muchas ocasiones, el monasterio estaba rodeado por algunas huertas, talleres y campos de labranza, donde los monjes trabajaban para obtener su sustento y desarrollaban nuevas técnicas agrícolas. Todo el conjunto de edificios se encontraba cerrado por una cerca o muralla que clausuraba el espacio del monasterio como un lugar sagrado, al que sólo se podía entrar con el permiso del abad. Esta estructura de edificios era compartida, con escasas diferencias, por los monasterios de Occidente.

Con el auge de la vida monástica, los primitivos monasterios fueron creciendo y algunos de sus edificios aumentaron en número y tamaño. Amplias dependencias para despensa y graneros permitían almacenar el producto de las cosechas. Muchos tenían hospitales y farmacias, donde atendían a los monjes y a los enfermos de los pueblos vecinos. En muchas ocasiones, las habitaciones del abad se encontraban separadas, a la puerta del monasterio, y una cárcel, generalmente situada en la puerta de entrada de la muralla, permitía encerrar a quienes cometían delitos.

LA IMPORTANCIA SOCIAL Y CULTURAL DE LOS MONASTERIOS

Los evangelios de Lindisfarne fue realizado por monjes de Northumberland. Aquí vemos la primera página del Evangelio según San Mateo en la que la letra mayúscula está ricamente decorada. Los iluminadores anglosajones e irlandeses tomaron los diseños entretejidos y decorados con criaturas fantásticas del arte vikingo.

En una Europa asolada por los conflictos internos y la desorganización social que siguieron a la caída del Imperio romano, los monasterios fueron un remanso de paz y de cultura. Los monjes, muchos de los cuales sabían leer y escribir, se encargaban de copiar importantes manuscritos, preservando así importantes tesoros culturales que, de otro modo, se hubieran perdido. Algunas plegarias de los monjes se hacían en el llamado canto llano o gregoriano y algunas de sus composiciones musicales eran de extraordinaria belleza.

Los monasterios fueron verdaderos focos de cultura en el occidente europeo.

Muchos monasterios contaban con pequeñas escuelas, donde se enseñaba cuanto los monjes sabían, desde técnicas de escritura hasta botánica, farmacia o agricultura. Las bibliotecas guardaban centenares de copias de libros antiguos. Desde el siglo VII al siglo XIII (en que comienzan a aparecer las primeras universidades), los monasterios fueron verdaderos focos de cultura en el occidente europeo.

Pero los monasterios fueron también un modelo de organización social y un foco de poder político. Su estructura permitía que fueran una verdadera ciudad en miniatura, con una perfecta organización y una verdadera autonomía económica. En algunos casos, contaban con grandes riquezas y extensiones de tierra, que eran producto de las donaciones que hacían nobles y fieles. Durante gran parte de la edad media, los abades de los grandes monasterios se comportaban como verdaderos señores feudales: mandaban sobre muchos vasallos y ejercían gran influencia en las distintas naciones europeas.

LA EXPANSIÓN DE LOS MONASTERIOS

Desde el siglo IX (c. 820), la regla de san Benito se extiende por toda Europa. Los monjes que vivían de acuerdo con sus normas se llamaban benedictinos, en recuerdo de su fundador. Algunos de los primeros monasterios eran ya muy importantes, como el de Montecassino en Italia o el de Mont-Saint-Michel, en Francia, que fue fundado en una isla, frente al océano Atlántico, el año 966.

Pero la gran época de expansión de los monasterios en Europa tuvo lugar entre los siglos XI y XIII. Se fundaron grandes monasterios en Austria, Alemania, Gran Bretaña, Italia y España. En su construcción se aplicaron los estilos románico y gótico, y fueron focos de importantes innovaciones arquitectónicas y artísticas. Muy pronto, los monasterios no eran sólo lugares de vida religiosa, sino que se convirtieron en centros de desarrollo cultural e influencia social. Los grandes monasterios acumularon cuantiosas riquezas, tenían centenares de vasallos y poseían grandes extensiones de campos y bosques que les reportaban cuantiosas rentas. Los abades de los monasterios más importantes alcanzaron un gran poder.

Ante la desmesurada riqueza que acumulaban ciertos monasterios benedictinos, se planteó la exigencia de una reforma en el siglo XII. Fue el monje francés san Bernardo de Claraval (c. 1090-1153) quien dictó una serie de austeras normas de vida para volver a la primitiva austeridad de la vida monástica y fundó la llamada regla cisterciense, que creó también un estilo artístico muy influyente, lleno de elegante simplicidad.

También se crearon diferentes órdenes monásticas que, con ciertas variaciones, respetaban los aspectos esenciales de la regla de san Benito. Así aparecieron los trapenses o los cartujos, que llevaban una vida de especial rigor y soledad. Pero todos ellos respetaron las normas básicas dictadas por san Benito y mantuvieron los rasgos de la vida monástica. Esta forma de vida, y los monasterios que la acogen, sigue desempeñando actualmente un importante lugar en la vida del cristianismo y representa el valor de una vida dedicada a la oración y a la soledad

5.- BENEDICTINOS, FRANCISCANOS Y DOMINICOS

A) Los Benedictinos Regla de San Benito o Benedictinos, órdenes religiosas que siguen las enseñanzas de san Benito de Nursia. Los primeros doce monasterios benedictinos fueron fundados por san Benito, a comienzos del siglo VI en Subiaco, cerca de Roma. Más tarde fundó la famosa abadía de Montecassino donde estableció la regla benedictina que organizó y revitalizó la vida monástica occidental, y le dio sus características propias. Según el juicio de la época, la Regla benedictina imponía muy poca austeridad y ascetismo: tenían que disponer de la comida, ropa y abrigo adecuados; dependiendo de la época del año y de las fiestas litúrgicas que celebraran cada día los benedictinos destinaban entre cuatro y ocho horas para celebrar el Oficio divino y siete horas para dormir. El resto del día estaba dividido con el mismo número de horas para trabajar (generalmente en la agricultura), y para el estudio y la lectura religiosa. El abad tenía una total autoridad patriarcal sobre la comunidad, aunque él mismo estaba sujeto a la Regla y debía consultar con los miembros de la comunidad sobre los asuntos más importantes. Durante la vida de San Benito, sus discípulos se encargaron de difundir esta orden por muchos países del centro y oeste europeo. Muy pronto se convirtió en la única orden religiosa importante de estos países, permaneciendo así hasta la fundación de los Canónigos Agustinos en el siglo XI y de las Ordenes Mendicantes en el siglo XIII.

Gregorio I fue el primero de los 50 sacerdotes benedictinos que han ocupado el trono papal; algunos otros fueron León IV, Gregorio VII, Pío VII y Gregorio XVI. San Agustín de Canterbury, discípulo de Gregorio el Grande, quien tomó en sus manos la dirección de la orden benedictina de Inglaterra a finales del siglo VI, se convirtió en el primero de una larga lista de benedictinos que fueron arzobispos de Canterbury. Ya en 1354 la orden había aportado 24 Papas, 200 cardenales, 7.000 arzobispos, 15.000 obispos, 1.560 santos canonizados y 5.000 beatos. Desde entonces el número de personas vinculadas a la orden, ha llegado a unos 40.000, dentro de los que se incluyen 20 emperadores, 10 emperatrices, 47 reyes, 50 reinas y muchas otras personas que pertenecieron a la realeza y la nobleza. Durante el siglo XIV, la orden benedictina contaba con 37.000 miembros; en el siglo XV, sólo con 15.107. La Reforma los redujo a 5.000. En estos momentos son unos 11.000 hombres y 25.000 mujeres.

El hábito de los benedictinos consta de una túnica y de un escapulario, sobre el que llevan una capa, con una capucha para cubrirse la cabeza. El color no está especificado en sus reglamentos y se piensa que los primeros benedictinos se vestían de blanco, el color natural de la lana sin teñir. Sin embargo, durante muchos siglos el negro ha sido el color más predominante, y por eso a los benedictinos también se les conoce como “monjes negros”.

B) Franciscanos, orden religiosa de la Iglesia católica fundada, probablemente en 1208, por san Francisco de Asís. Fue aprobada por el papa Inocencio III en 1209.

Después de haber dedicado su vida a predicar, a servir y a vivir en pobreza, Francisco organizó en torno suyo a un grupo de 12 discípulos. Los condujo desde Asís hasta Roma, buscando la bendición del Papa, quien expresó sus dudas con respecto a si era posible, en efecto, llevar el rigor de vida que el grupo se proponía adoptar. Sin embargo, Inocencio III les dio su bendición, con la condición de que se hicieran clérigos y que eligieran a un superior. Francisco fue elegido como tal y el grupo retornó a Asís, donde obtuvieron un permiso de la abadía de los benedictinos para poder utilizar la pequeña capilla de Santa María de los Ángeles, en el monte Subasio, alrededor de la cual construyeron cabañas con ramas de árboles. Más tarde, con la intención de imitar el modelo de vida de Jesucristo, iniciaron una vida de predicaciones itinerantes y de pobreza voluntaria.

Por aquel entonces, la hermandad no contaba ni con una organización formal ni con un noviciado, pero considerando que el número de discípulos aumentaba y que las enseñanzas se difundían con mucha rapidez, se hizo evidente que el solo ejemplo de Francisco no representaría un argumento de bastante peso como para aplicar una disciplina entre los frailes. En 1223, el papa Honorio III emitió una bula en la que constituía a los Frailes Menores como una orden formal, instituyendo, además, un año de noviciado para entrar en ella.

El convento y la basílica de la orden en Asís se construyeron después de que Francisco falleciera en 1226. Su magnificencia causó disgusto entre diversos sectores católicos, por considerarlos incongruentes con los ideales de pobreza de Francisco. Después de muchas discusiones, el papa Gregorio IX decretó que el dinero podía ser distribuido por un miembro de la orden que hubiera sido elegido como administrador y que la construcción de los conventos no iba en contra de las intenciones del fundador.

A medida que fue pasando el tiempo, la orden fue creciendo, siendo los dominicos la única entidad que los igualaba en poder. Sin embargo, los franciscanos se fraccionaron, y en 1517 el papa León X los dividió en dos grupos: los conventuales, a quienes, tal como en otras órdenes monásticas, les estaba permitido poseer bienes que pertenecieran a la comunidad, y los observantes, quienes buscaban seguir los preceptos de Francisco lo más literalmente posible; desde entonces los observantes han sido la rama de mayor importancia dentro de la orden. A comienzos del siglo XVI se formó una tercera comunidad que luego se independizó, los capuchinos. A finales del siglo XIX, el papa León XIII agrupó a las tres ramas de franciscanos, que pasaron a constituir la Primera Orden Menor de Frailes, nombrando a las monjas, conocidas como clarisas pobres, como la Segunda Orden, y en tercer lugar, tanto a los hombres como a las mujeres que vivían en una sociedad laica que no se sometía al juramento del celibato, los agrupó en la Tercera Orden.

Además de su predicación y de su constante actividad de ayuda social, los franciscanos son reconocidos por su devoción por los estudios. En Inglaterra, por ejemplo, con antelación a la Reforma, los franciscanos acaparaban muchos cargos universitarios, contando con destacados profesores como Juan Duns Escoto, Guillermo de Ockham y Roger Bacon. De la orden surgieron, asimismo, cinco papas (Nicolás IV, Sixto IV, Julio II, Sixto V y Clemente XIV) y dos antipapas (Alejandro V y Nicolás V).

Durante su primer viaje al Nuevo Mundo, Cristóbal Colón iba acompañado por un grupo de franciscanos. Los primeros conventos americanos fueron fundados (en Santo Domingo y en Concepción de la Vega, en la actual República Dominicana), en 1502, por franciscanos. La rápida conversión al cristianismo de los indígenas americanos, así como el consiguiente entusiasmo de las misiones españolas, llevó a que la orden se expandiera hacia los virreinatos de Nueva Granada (1519), Nueva España (1524) y Perú (1532), y hacia América Central desde 1536. A comienzos del siglo XVI, Fernando el Católico, rey de Castilla, consideró necesario emitir un decreto en el que se estipulara que entre los nuevos conventos debía existir una distancia mínima de cinco leguas de distancia. Mientras los franciscanos españoles iban expandiéndose de un modo gradual por Sudamérica, hasta alcanzar el océano Pacífico, los frailes franceses, que habían llegado a Canadá en 1615 guiados por el explorador francés Samuel de Champlain, organizaron sus misiones por todo el ámbito septentrional del continente.

La administración general de los franciscanos es elegida en un capítulo general y reside en la casa generalicia ubicada en Roma. Sus subordinados, los provinciales, gobiernan sobre todos los hermanos de una provincia, y los custodes (o guardianes, al contrario que otras órdenes nunca fueron llamados abades), a la cabeza de una sola comunidad o convento. Estos cargos son elegidos por un periodo de dos años.

C) La Orden de Predicadores (Ordo Praedicatorum), conocidos popularmente como Dominicos y Orden Dominicana son una orden mendicante fundada por Santo Domingo de Guzmán en Toulouse, Francia. Su hábito es blanco con una túnica, escapulario, capucha y una capa de color negro. Utilizan como logo más conocido, la cruz de Calatrava pintada con los colores de la orden. El Lema de la Orden es Laudare, Benedicere, Praedicare (Alabar, Bendecir y Predicar)El verdadero y original nombre de la orden es "Domini-Canis", o sea, perros (guardianes) del Señor.Los Dominicos nacen en el contexto de la lucha contra las herejías, que eran muy fuertes y numerosas a comienzos del siglo XIII, amenazando con dividir a una Iglesia Católica cuya jerarquía y clero se encontraba en uno de sus puntos de mayor degeneración. Santo Domingo de Guzmán, natural de Caleruega, España, era un clérigo que integraba el capítulo de la catedral de Osma (actualmente El Burgo de Osma). Durante un viaje diplomático realizado con su obispo al norte de Europa, tuvo la oportunidad de atravesar Francia y entrar en comunicación con varios grupos declarados como herejes cátaros y albigenses, quienes predicaban contra la jerarquía eclesiástica, pregonando la pobreza mendicante y el regreso a la Iglesia primitiva. hacia 1206 Santo Domingo tuvo la idea de organizar un grupo que fuera a predicar en tierras de herejes, buscando su conversión. Dicho grupo debía vivir pobremente, sin criados ni posesiones. El Papa aprobó la idea, pero la experiencia no tuvo éxito inmediato, por lo que los gobiernos civil y eclesiástico optaron por utilizar la fuerza, llevando a cabo una cruenta cruzada contra estos grupos heréticos.Diversas representaciones de la cruz de Calatrava, símbolo de la Orden. Santo Domingo continúa madurando su idea y se va a vivir a la diócesis de Toulouse o Tolosa, donde fundó un monasterio mixto en Prouille. Finalmente, hacia 1215 organizó la primera comunidad formal de "hermanos predicadores", como fue llamada la Orden naciente. Se componía de 16 integrantes. Dicha comunidad se guiaba bajo la regla de San Agustín y vivía en Conventos o casas urbanas, bajo una espiritualidad a la vez monástica y a la vez apostólica. El lema escogido fue "contemplate aliis tradere", es decir: "Contemplar y dar a otros el fruto de la contemplación". Todo esto fue novedoso para la época, pues hasta entonces, los religiosos vivían en monasterios y no se dedicaban a la predicación, la cual, en teoría, era monopolio de los obispos, quienes tampoco la ejercían, imbuidos como estaban en asuntos económicos y de poder. Los Dominicos tomaron como ejes de su carisma el estudio y la predicación, unidos a la pobreza mendicante. La Orden fue aprobada por el Papa Honorio III en 1216. Pocos años después Santo Domingo toma la decisión de dispersar al pequeño grupo, enviándolo a lugares claves de la Europa de entonces: París y Bolonia, donde se encontraban las dos principales universidades del mundo occidental. El éxito fue inmediato. Si en 1221, cuando murió su fundador, Los dominicos eran alrededor de 300 frailes, unos cincuenta años más tarde el número bordeaba los 10.000 miembros. Hasta el siglo XIX, los dominicos representaron la segunda comunidad masculina más numerosa, después de los franciscanos. Pronto se hicieron muy populares, y grandes teólogos se forjaron en sus filas. Los casos más renombrados son los de Santo Tomás de Aquino, San Alberto Magno, el "Maestro" Meister Eckart y San Vicente Ferrer.La preparación y formación teológica expuesta tanto por los Dominicos como por los Franciscanos hizo que al fundarse la Inquisición, en 1231, las autoridades se fijaran en estos religiosos y le confiaran su organización, que llevaron adelante con mucho celo, al punto de que los primeros quedaron asociados para siempre con este tristemente célebre tribunal. Tal vez los más famosos inquisidores son Bernardo Gui (o de Guio) y Tomás de Torquemada, ambos dominicos. Tras una decadencia que afectó a todas las órdenes religiosas en general durante el siglo XIV, los Dominicos se reformaron en el siglo XV, preparándolos para una nueva tarea: la Evangelización de América. Su trabajo allí fue muy importante y en los anales de la historia se tiene en especial consideración a Fr. Bartolomé de las Casas, Fr. Antonio de Montesinos, Fr. Pedro de Córdoba, San Luis Beltrán y otros más por su labor en la defensa de los derechos de los indígenas americanos. En América, los Dominicos también intervinieron en la educación de la población criolla, a través de la fundación de centros universitarios y en la propagación de prácticas y devociones que aún hoy están presentes entre la población católica, como la devoción a la Virgen María a través del rezo del rosario. Al advenir la época de las revoluciones (siglos XVIII-XIX) tanto en Europa como en América, la Orden soportó la crisis más grande de su historia. La inobservancia, la laxitud, la aridez intelectual, unida a los ataques que desde el exterior lanzaron las autoridades políticas de corte liberal, la llevaron a casi desaparecer por completo. A partir del siglo XIX comenzó una segunda restauración, si bien el número de religiosos nunca volvió a tener el guarismo de otras épocas. Uno de los restauradores más conocidos por su influencia en Francia y en Europa en general, fue Enrique Lacordaire. En el siglo XX la Orden Dominicana recuperó parte de su antiguo esplendor en el campo teológico y pastoral. A través de teólogos como Marie Dominique Chenu e Yves Congar, entre otros, los dominicos tuvieron una influyente participación en el Concilio Vaticano II. En la actualidad, los alrededor de 8000 frailes que existen se dedican especialmente al estudio teológico y filosófico, a la pastoral en parroquias, a la misión y la enseñanza en centros de estudio.

6.- RELACION ENTRE CIENCIA Y FE

Por mucho tiempo se ha transmitido la idea, aceptada por la inmensa mayoría, de la rivalidad entre la ciencia y la fe. Los recuerdos del encuentro de Galileo con la Inquisición y de los cristianos con las ideas de Darwin prueban, dicen, son dos evidencias (entre muchas) del hecho. Pero esto es sólo una verdad parcial. Hay que recordar que ideas cristianas ayudaron al adelanto de la ciencia. Hay que recordar que muchos de los científicos, sobre cuyos descubrimientos se fundó la ciencia moderna, fueron creyentes.Cuando se da una aparente discrepancia entre dos aspectos tan importantes del saber humano, debemos pensar que, quizás. algo anda mal. Es probable que nuestars definiciones no sean correctas o que nuestros prejuicios no nos dejen escuchar al contrario.Es cierto que, en ocasiones, la iglesia ha perseguido a los científicos, como también lo es que éstos han demostrado en otros casos sus prejuicios contra los teólogos. Sin embargo, ambas disciplinas no son inherentemente antagónicas. Aún hoy día, en un clima filosófico en el que prevalece el naturalismo materialista, hay excelentes científicos que se declaran cristianos. Y si bien hay muchos científicos brillantes que rechazan el cristianismo, rara vez lo hacen por razones derivadas de su propia actividad científica.

7.- DULCINO Y LOS DULCINISTAS

Dulcino (1250-1307), conocido también como Fray Dulcino o Dulcino de Novara (en italiano Dolcino da Novara), fue un líder religioso italiano del siglo XIV, continuador del milenarismo de Gerardo Segarelli y fundador de la secta de los Hermanos Apostólicos (en italiano Fratelli Apostolici) o dulcinianos. Predicó la proximidad del fin de los tiempos y el descenso del Espíritu sobre los apostólicos. El Papa Clemente V decretó contra él y sus seguidores una cruzada, durante la cual fue capturado, torturado y quemado vivo.

No se conoce con exactitud el lugar de nacimiento de Dulcino, cuyo verdadero nombre era al parecer Davide Tornielli, pero se cree que nació en la provincia italiana de Novara, perteneciente al Piamonte. Según la inquisición de Bernardo Gui, era hijo ilegítimo de un cura, que huyó a Vercelli tras ser condenado por ladrón, para unirse a la secta de Segarelli, ese "mendigo loco y sodomita", donde se dedicaban a los robos y al sexo libre. Sin embargo, la mayoría de las fuentes coinciden en apuntarle como hijo de una rica familia, predicador competente y carismático, con buen conocimiento de la Biblia, y que cursó, desde joven, estudios eclesiástico.A la muerte de Segarelli, Dulcino se convirtió en cabeza de los Hermanos Apostólicos, y en 1303 emigró con sus seguidores a las montañas del Trentino, cerca del Lago de Garda, donde conoció a Margherita di Trento, hija de la condesa Oderica di Arco, que a partir de entonces fue su compañera.En 1304, los dulcinianos atravesaron las montañas lombardas hasta Valsesia, donde su número se incrementó con siervos que huían de los dominios de los obispos de Novara y Vercelli.La secta fundada por Dulcino contó en su apogeo con un número máximo de entre cinco mil y diez mil adherentes. El Papa Clemente V despachó desde Aviñón una cruzada contra los dulcinianos, concediendo a quienes participaran en ella una indulgencia plenaria. Las tropas fueron dirigidas por el obispo de Vercelli, Raniero.Los dulcinianos se procuraron alimento por medio de pillajes cometidos en las campiñas de Valsesia, mientras se refugiaban en una improvisada fortificación en el monte Rubello, cerca de Biella, soportando la hambruna y las nevadas. Cuando fueron derrotados, durante la Semana Santa del año 1307, la mayoría de los Hermanos Apostólicos fueron pasados por las armas inmediatamente, pero el propio Dulcino, su compañera Margherita y su lugarteniente Longino di Bérgamo fueron capturados para su posterior juicio por la Inquisición. Los dos últimos fueron condenados y quemados en la hoguera en Biella en junio de 1307, y Dulcino fue obligado a presenciar sus suplicios, oportunidad en que mostró una entereza notable, según las memorias de la época. En julio del mismo año Dulcino fue torturado y quemado vivo en Vercelli, sorprendiendo a público y verdugos por su templanza ante los tormentos.

Las ideas de Dulcino

Es difícil distinguir sus verdaderas ideas de las acusaciones que se le dirigieron con motivo de la cruzada ordenada por la Santa Sede, entonces radicada en Aviñón. Anunció un inminente fin de los tiempos, en el cual el orden y la paz serían restablecidos. Criticó a la Iglesia por la acumulación de riquezas y predicó la austeridad. Las bases de sus ideas eran:

  • La oposición a la jerarquía eclesiástica y el retorno de la iglesia a sus ideales originales de pobreza y humildad.

  • La oposición al sistema feudal.

  • La liberación de los hombres de cualquier restricción.

  • La organización de una sociedad igualitaria, de ayuda y respeto mutuos, basada en la propiedad comunitaria y en la igualdad de sexos.

Por estas ideas, fue considerado uno de los reformadores de la iglesia, y uno de los fundadores de los ideales de la revolución francesa, e incluso del anarquismo y del socialismo.

Según Dulcino, la historia de la humanidad constaba de cuatro períodos:

  • El del Viejo Testamento, caracterizado por la multiplicación del género humano.

  • El de Jesucristo y los Apóstoles, caracterizado por la castidad y pobreza.

  • El iniciado por el emperador Constantino y el Papa Silvestre I, caracterizado por una decadencia de la Iglesia a causa de la acumulación de riquezas y ambiciones.

  • El de los apostólicos, caracterizado por el modo de vivir austero, en pobreza y castidad, que se prolongaría hasta el fin de los tiempos.

Dulcino dejó escritas sus ideas en una serie de cartas enviadas a los Apostólicos entre el 1300 y el 1307

8.- QUIEN ES LA ROSA?

Rosa es una campesina pobre. Es de quien se enamora Adso. Es condenada a la hoguera por practicar la brujería, ya que Bernardo de Ghu la encuentra robando comida, y rodeada de gatos negros y gallinas muertas. Por esto la declara una bruja y la culpan de las muertes de los monjes.

9.- Biografia UMBERTO ECO

Umberto Eco (1932- ), escritor y profesor universitario italiano mundialmente conocido por su novela El nombre de la rosa.

Eco nació en Turín el 5 de enero de 1932. Después de estudiar en la universidad de esa ciudad, trabajó para la RAI (Radio Audizione Italiana) desde 1954 hasta 1959, y fue profesor de Estética en Turín, entre 1956 y 1964. Más tarde, dio clases en la Universidad de Milán durante dos años, antes de convertirse en profesor de Comunicación visual, en Florencia en 1966. Durante esos años publicó sus importantes estudios Obra abierta (1962) y La estructura ausente (1968).

Entre los años 1969 y 1971 dio clases en la Universidad Politécnica de Milán, y en 1971 pasó a ser profesor de Semiótica en Bolonia. Al mismo tiempo que sus trabajos teóricos sobre el análisis de los signos y los significados han influido y creado escuela en círculos académicos, Eco se ha hecho popular a través de dos novelas, El nombre de la rosa (1980), una historia detectivesca con la intriga de la novela policiaca, que se desarrolla en un monasterio en el año 1327, y El péndulo de Foucault (1988), una fantasía acerca de una conspiración secreta de sabios. Ambas novelas se basan en los amplios conocimientos que Eco ha ido adquiriendo sobre filosofía y literatura. El nombre de la rosa fue adaptada para el cine (1986) por el director francés Jean-Jacques Annaud. Volvió a la narrativa con La isla del día antes (1995) y, en 1998, publicó Kant y el ornitorrinco, un texto a caballo entre el ensayo filosófico y la novela. En 2001 publicó la novela Baudolino, con la que volvía a la edad media, en esta ocasión a la corte del emperador Federico I Barbarroja. Su más reciente publicación es la colección de ensayos Sobre literatura (2003).

En 2000 fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

'El nombre de la rosa; Jean Jacques Annaud'

Sandra JUAN SAN ROMAN

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