El niño y la vida familiar en el antiguo régimen; Philipe Ariés

PSicología. Niñez. Maternidad. Indumentaria. Juegos tradicionales. Edad Media

  • Enviado por: Yamakanji
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 5 páginas
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UAEM

Facultad de humanidades

Literatura Infantil como mediación cultural

El libro El niño y la vida familiar en el antiguo régimen se plantea como objetivo, mostrar el desarrollo del “sentimiento de la niñez” desde la Edad Media hasta nuestros días, en otras palabras mostrar cómo se hace consiente la sociedad de la particularidad de la niñez. Partiendo de documentos como las representaciones pictóricas y escritos, el autor nos hace consientes del desarrollo de las representaciones de la niñez –lo que a su vez, nos ayuda a acercarnos a los significados que ostentaba esta etapa de la vida. Es así, que podemos observar que en la Edad Media “el sentimiento de la infancia no existía”1sin embargo, poco a poco –dependiendo del espacio geográfico- se desarrolla esta “conciencia de la infantilidad” y aunado a ésta, se van a ir transformando las formas de interacción entre la niñez y el mundo de los adultos.El autor va a demostrar dos hipótesis importantes, la primera es la afirmación de que “[nuestra sociedad antigua tradicional] no podía representarse bien al niño, y menos todavía al adolescente”2es decir, que no existía un léxico tan especializado como el actual, que pudiera designar las diferentes etapas de la vida. La segunda hipótesis “pretende demostrar el nuevo espacio ocupado por el niño y la familia en nuestras sociedades industriales”3por lo tanto, plantear cómo el niño se convierte en un objeto de afecto, cuando anteriormente era tan inestable y efímero que “no había tiempo ni ocasiones para para que su recuerdo se grabara en la memoria y en la sensibilidad de la gente”.4

El conjunto de palabras que designa a la niñez, parece ser más ambiguo en cuanto se retrocede más en el tiempo, debido a que parece ser que no había un interés por una etapa en la que el niño era bastante frágil. Es así, que podemos encontrar una gran cantidad de palabras ambiguas que definen –con limites muy difusos- las etapas de la vida, que se refieren a “nociones que en aquel tiempo eran científicas, e igualmente correspondía a un sentimiento popular y común de la vida”.5Sin embargo, es esta ambigüedad en el concepto de niñez y juventud la que nos hace conscientes de que se carece de una especial atención en la niñez durante la Edad Media. Es importante agregar, que la mayoría de la gente no se sabía su edad, la razón era que la mayoría de las personas se inscribía en las etapas de la vida –que eran representadas alegóricamente con las estaciones del año- sin embargo, uno o dos años de diferencia entre la edad que tenían y la que creían tener no era extraño. Creemos que el autor, hace una interesante reflexión en cuanto al tema de las edades, ya que muestra, el corto tiempo que duraba la niñez y la carencia de una definición exacta. Una idea que apoya la anterior, es el análisis de las obras de arte que presenta, es decir muestra que “el arte medieval no conocía la infancia o no trataba de representársela” 6ya que no se debe a una “torpeza” pareciera que se debe a una sociedad en la que no existía la infancia como la concebimos nosotros. la representación de los niños, como hombres con tamaño reducido es usada por el autor para poner de manifiesta esta carencia del sentido de la infancia, y también es un buen punto de inserción para hablar de su corta duración si la comparamos con la infancia actual. Es decir, que el niño lo dejaba de ser tan pronto y podía sostenerse así mismo; a los siete años, una persona era mezclada en el mundo de los adultos, en el cual recibía la “educación”.

El arte medieval representaba hombres completos reducidos de tamaño, si bien no hay que olvidar que el arte medieval no es realista; no busca representar cuerpos con exactitud. El autor, menciona que esta “resistencia a aceptar en el arte la morfología infantil se encuentra en la mayoría de las civilizaciones arcaicas”.7 No es hasta el siglo XIII que comienzan a aparecer algunos rasgos de lo que será la niñez moderna, gracias a la representación de los ángeles que aparecen con la apariencia de un hombre joven, e incluso para el siglo XIV un poco afeminado. Tampoco hay que dejar de lado la importancia de la representación del niño Jesús, debido a que “con la maternidad de la Virgen, la pequeña infancia entra en el mundo de las representaciones”.8 Creemos que es muy interesante este análisis iconográfico del arte medieval, y la posterior comparación con las épocas posteriores, para poder observar cómo se representa a la niñez cada vez más real. También es importante remarcar que el autor también coteja documentos como diarios, y poemas y otros documentos, ya que tan solo una representación que no corresponda con la realidad, no podría por sí solo demostrar la existencia o no del “sentimiento de la infancia”, del mismo modo quien analice el arte abstracto, podrá observar elementos que no correspondan a un realismo exacto, sin embargo, eso no quiere decir que no tengamos conciencia del concepto que se está representando. Para la época gótica, encontramos la aparición de los niños desnudos, esta figura también será usada para representar una “alegoría de la muerte”. Lo importante es que en los siglos XIV y XV, estas representaciones no cambiaran mucho, sin embargo a partir del siglo XIV “El tema de la santa infancia no dejará […] de amplificarse y diversificarse”9lo que nos deja ver que ese “sentimiento de la infancia” iba ganando terreno entre la sociedad de aquella época. Sin embargo, es hasta los siglos XV y XVI, que se desprende una rama laica de las representaciones infantiles en la pintura que van a devenir en los cuadros de costumbres, sin embargo “no nos engañemos una vez más: esas escenas de costumbres no se refieren a la descripción exclusiva de la infancia, sino que frecuentemente aparecen niños entre sus protagonistas principales o secundarios”.10Lo que nos indica que, aunque la infancia aparece cada vez más en la iconografía en los siglos XV y XVI, lo cierto es que aparecen aún como personajes secundarios, lo que nos hace conscientes de la frontera inexistente entre niños y adultos y también el de la “representación de la infancia, por su aspecto gracioso o pintoresco”11, poco a poco la niñez, comienza a tomar importancia, desarrollándose y apareciendo como el protagonista de un cuadro –posteriormente de fotografías- incluso cuando éste muere –a partir del siglo XVI.

En el ámbito de la indumentaria, tampoco existía un tipo específico de ropa, más bien la indumentaria medieval era un símbolo de estatus social, más que un medio de distinción de la edad. Sin embargo, es a partir del siglo XVII, que la ropa infantil comienza a ser un símbolo de diferenciación de la edad. Aunque en el sexo la separación no es tan clara, debido a que los niños pequeños y las mujeres llevan el mismo vestido hasta los cuatro o cinco años. Así, podemos observar que la indumentaria de los infantes, se desarrolla no muy diferentemente del traje de las mujeres del cual solo se distingue porque tiene una abertura enfrente. Sin embargo, la diferenciación con la ropa de los adultos nos habla de dos cosas, la primera es que la ropa infantil se desarrolla con un fin práctico, debido a las aperturas hacia adelante, y también un fin estético. Sin embargo, al igual que con las pinturas, la indumentaria infantil pronto tomará rasgos propios que lo harán diferenciarse definitivamente de la indumentaria de adultos, lejos de ser una mera copia en pequeño. Así se llega a la “adopción del pantalón para los niños [que fue] en parte la consecuencia de este interés nuevo por el uniforme”12que se desarrolla durante el siglo XIX. También pudo haber influido, la búsqueda de una mayor comodidad. La única reflexión que creemos conveniente es que la indumentaria infantil se reservó casi principalmente a lo0s hombres, la indumentaria para mujeres se limitó a una copia de los vestidos de una mujer en pequeño, aunque con el tiempo adquirió pequeños rasgos distintivos como moños. No es hasta el siglo XIX y XX, que la niña adquiere un traje propio diferenciado del de la mujer.

El mundo de los juegos, tradicionalmente no estaba limitado a los niños como hoy en día, de hecho en este aspecto –como en muchos otros- tampoco estaba bien delimitado el mundo de los adultos y el de los niños ya que era común que jugaran juntos. También era muy usual exigirle a los niños a muy temprana edad el aprendizaje de un instrumento lo que se puede observar “la precocidad con que se enseña la música y la danza a los hombrecitos de esa época”13por lo que no era raro encontrar en grandes cantidades lo que hoy se ha convertido en algo extraño y curioso de ver es decir, un “niño prodigio”. Es decir, que una gran cantidad de saberes que antiguamente se enseñaban a una edad muy temprana, la sociedad actual las ha velado. También encontramos algunos juegos, que consideramos peligrosos como el tiro con arco, eran juegos habituales a tan temprana edad. En este aspecto, toma una gran importancia la moral, ya que muchos juegos que velamos a la niñez, no es por lo peligroso, o debido a la complejidad de las reglas. Sino porque la moral actual nos impide permitirles a los niños hacerlo. Un ejemplo son los juegos de azar que según el autor, eran muy comunes en los siglos anteriores al XIX, cuando se implanta una moral que los relega a la avaricia. Los juegos de azar no eran moralmente malos, sino vistos solamente como una forma en la que la gente podía perder su dinero, por eso algunos persuadían de no hacerlo, sin embargo, si no tenías nada que perder era lícito hacerlo debido a que te podías hacer rico. En este mismo contexto de la moral, podemos hablar del comportamiento sexual de la infancia, las prácticas relacionadas como los juegos que tienen que ver con tocamientos de los genitales, son bastante frecuentes en el siglo XVI y principios del XVII. La represión de los instintos sexuales era tardía para nuestros estándares, ya que hasta los siete años –edad en la que el niño pasaba a ser adulto- se le reprimían esta clase de juegos, sin embargo, como a los siete ya era adulto, nada le impedía comenzar con su vida sexual precozmente –para nuestros estándares- pues ya a los catorce era bastante común el matrimonio. La moral se nos antoja tan floja, que a algunos podría parecerles una barbaridad las prácticas infantiles que en otras épocas tenía la infancia. Sin embargo, creemos que cuando se refiere a los musulmanes –si bien es cierto que la moral musulmana carece del ´proceso de radicalización de los valores europeo del siglo XIX, no podemos asumir que otros pueblos –aunque su comportamiento sea similar al de la Europa antigua- sirvan de referencia para estudiar el pasado. Dicho de otro modo, es una práctica muy usada durante todo el siglo XIX y el XX, principalmente por antropólogos, el asumir que para estudiar las sociedades antiguas hay que estudiar las actuales “primitivas” porque no han sido “contaminadas” por el proceso de la civilización.

En conclusión, podemos aplaudir el libro, debido a que las aportaciones que realiza en el estudio de la niñez, son acertadas en cuanto a que deja ver las diferentes formas en las que era observada la niñez en la Europa desde la Edad Media hasta los siglos XIX y XX. No menos importante son los análisis del arte, de los juegos y de las jergas lingüísticas propias de la niñez –aunque también del ámbito familiar en general- que ayudan a representar mejor que hay un interés en la niñez creciente a partir del siglo XV pero que prolifera durante el XVII. El problema de la forma de querer a los niños, también es abordado por el autor, lo que nos habla de distintas formas de sociabilización familiar, desde el niño efímero que puede morir y que incluso no se cuenta, hasta el niño que es considerado el futuro y en el que descargamos todas nuestras frustraciones.

Bibliografía:

ARIÉS,Philipe, El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Madrid, Taurus, 1987.

1Philippe, Ariés, El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Madrid, Taurus, 1987, p.178.

2Ibid., p.9.

3Ibid., p.11.

4Ibid., p.10.

5 Ibid., p.44.

6Ibid., p.57.

7Ibid., p.58.

8Ibid., p. 60.

9Ibid., p. 61.

10Ibid., p.63.

11Id.

12Ibid., p91.

13Ibid., 94.