El mito de la caverna; Platón

Filosofía griega. Filóssofo griego. Pensamiento platónico. Vida y obra. Libro VII de la República

  • Enviado por: Daida
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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SU AUTOR: PLATÓN

Platón nació en Atenas, probablemente en el año 427 a. C., o sea, dos años después de la epidemia de peste y de la muerte de Pericles. Su familia era una de las más distinguidas de la ciudad, siendo su verdadero nombre Aristocles. Platón es un sobrenombre que literalmente significa “ancho” y, según la leyenda , haría referencia al tamaño de su espalda o de su frente, aunque en la época de Platón tal apodo debía haber perdido tal connotación semántica. Cuentan que su padre (Aristón) murió cuando Platón todavía era un niño y que su madre (Perictíona) volvía a casarse con un amigo de la familia, habiendo tenido cuatro hijos de su primer matrimonio: Adimanto, Glaucón, Potona y Platón. Los dos primeros aparecen como personajes de la República; de su hermana Potona se sabe que tuvo un hijo de nombre Espeusipo que acabó sucediendo a Platón en la dirección de la Academia.

Según la tradición, durante su adolescencia cultivó la poesía y escribió algunas tragedias que echó al fuego cuando a eso de los veinte años empezó a relacionarse con Sócrates. Cuenta Aristóteles que, antes de hacerse acompañante asiduo de Sócrates, Platón frecuentó a un tal Crátilo, el cual se proclamaba partidario acérrimo del “todo fluye”, hasta el punto de afirmar que era engañoso fijar las cosas con palabras y que resultaba más acertado limitarse a señalarlas con el dedo.

En el año 399 tiene lugar la justificada, aunque en modo alguno justa, condena a muerte de Sócrates por la ciudad de Atenas (no por tres o cuatro desaprensivos) y Platón, desengañado de la política ateniense, comienza a viajar. Con toda seguridad estuvo en Italia meridional, donde es de suponer que trabara contacto con escuelas pitagóricas y movimientos órficos, emprendiendo más adelante ( a los cuarenta años, según la Carta VII) su primer viaje a la isla de Sicilia. Allí se hace amigo de Dión, cuñado del tirano Dionisio de Siracusa, con quien comparte sus aspiraciones políticas. Tras una estancia en Sicilia de uno o dos años, Platón vuelve a Atenas y adquiere un terreno próximo al gimnasio de Academos donde comienza a impartir sus enseñanzas, centradas seguramente en el estudio de la matemática y del arte de discurrir o dialéctica.

Unos veinte años después, hacia el año 367, recibe una invitación para trasladarse a Sicilia, coincidiendo con la muerte del tirano Dionisio y la subida a l poder de su hijo del mismo nombre. Tras unas rocambolescas intrigas palaciegas, Dión es desterrado y Platón termina regresando a Atenas. En el año 361 Platón viaja por tercera vez a Sicilia, invitado a asistir a unos festejos organizados por Dionisio el Joven, el mismo arbitrario personaje que le había hecho la vida imposible en su anterior estancia. En esta ocasión, las intrigas pasan a mayores y Dión logra derrocar a Dionisio, siendo asesinado tres años más tarde por los mismos que le habían ayudado a hacerse con el poder, entre los cuales figuraba algún miembro de la Academia Platónica.

Tras la muerte de Dión, Platón se aparta por completo de la practica política, sin haberla ejercido jamás en su ciudad natal, dedicándose de lleno a la dirección de la Academia hasta su muerte a los ochenta años. En cuanto a la academia, siguió funcionando con más o menos altibajos hasta el año 529 d. C., fecha en que el cristianísimo emperador Justiniano ,a clausuró, a raíz de haber prohibido la enseñanza de la filosofía en Atenas.

LAS OBRAS DE PLATÓN

La obra de Platón suele dividirse temáticamente en tres partes:

  • Diálogos socráticos: Apología, Critón, Eutifrón, Laques, Cármides, Lisis, Ion, Hipias menor y mayor,Protágoras, Gorgias. Presentan al personaje de Sócrates trajinando por la ciudad de Atenas e incordiando cual un tábano a sus autocomplacidos vecinos formulándoles la peliaguda pregunta “¿qué es...?”, referida a todo aquello que se muestran más seguros de conocer.

  • Diálogos doctrinales: Menón, Crátilo, Eutidemo, Menéxeno, Banquete, Fedón, República, Fedro. El personaje central sigue siendo Sócrates, pero ahora expone una doctrina a partir del examen de las respuestas de sus interlocutores, o bien mediante la narración de mitos.

  • Diálogos críticos: Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Filebo, Timeo, Critias, Leyes. En estos diálogos suelen ponerse en cuestión las tesis más problemáticas de la etapa anterior.

LA OBRA: LA REPÚBLICA (ANÁLISIS)

Lo que más influyó en la filosofía de Platón fue la vida y la muerte de su mentor, Sócrates. Sócrates fue una figura carismática que atrajo a una multitud de jóvenes atenienses acaudalados. No dejó nada escrito, pero ejerció influencia mediante conversaciones en plazas y mercados. Afirmaba no tener ninguna doctrina que enseñar, pero mediante sucesivas preguntas mordaces demostraba a quienes se dirigía cuán poco sabían sobre la verdadera piedad, la justicia o la moral. Siendo todavía joven Platón, Sócrates fue condenado a muerte por corromper a la juventud de la ciudad y no creer en los dioses. Sócrates tomó la cicuta, que era la forma habitual de ejecutar a los ciudadanos de Atenas.

En sus diálogos, Platón dotó a Sócrates de una especie de vida después de la muerte. Sin embargo, el personaje que responde por Sócrates en la obra de Platón probablemente difiere mucho en sus opiniones del autentico Sócrates. Platón escribía como si estuviera recogiendo conversaciones realmente ocurridas; pero en la época que se puso a escribir La república el Sócrates de Platón se había convertido en el portador de las opiniones del autor.

La república constituye una combinación de los dos enfoques que caracterizan la escritura de Platón. En el libro I hay una conversación entre Sócrates y algunos amigos que podria haber sido la primera escena de una obra teatral. Pero en las secciones posteriores, aunque Platón continua escribiendo en forma dialogada, los argumentos que importan aparecen en la boca de Sócrates, y el resto de los personajes se limita a asentir.

La mayor parte de La república es una respuesta al reto que plantean Trasímaco y Glaucón. Trasícamo sostiene que lo que se entiende por el nombre de justicia no es sino lo que conviene a los intereses de los más fuertes. El poder es lo único que hace que algo sea justo. Glaucón va más lejos al proponer que quienes se comportan de forma justa sólo lo hacen por instinto de conservación.

Aunque La república suele considerase una obra de filosofía política y pese a que en su mayor parte se centra en la cuestión de cómo debe gobernarse el estado utópico de Platón, el tema del estado solo se introduce para establecer la moralidad individual.

A los seres humanos les es trabajoso vivir solos. La cooperación y la vida comunitaria presentan muchas ventajas. Conforme se desarrolla el estado y el trabajo se va especializando, se hace patente la necesidad de un ejercito permanente que defienda el estado de los posibles ataques. Los guardianes del estado deben ser, según Platón, fuertes y valientes, lo mismo que los buenos perros guardianes. Pero también deben tener un temperamento filosófico. Una parte significativa de La república se ocupa del programa de Platón para entrenar a los guardianes.

Platón divide en dos su clase de los guardianes: los gobernantes y los auxiliares. Los gobernantes son los que tienen el poder político y toman las decisiones importantes; los auxiliares ayudan a los gobernantes y proporcionan defensa contra las amenazas exteriores. El tercer grupo, los trabajadores, como su nombre indica, trabajará para abastecer las necesidades de todos los ciudadanos. A Platón no le interesa demasiado la vida de los trabajadores: la mayor parte de La república se ocupa de los guardianes.

A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, Platón, en La república, pensaba que las mujeres debían recibir la misma educación que los hombres, se les debía permitir combatir contra ellos y ser guardianes si demostraban aptitudes. Cierto que seguía creyendo que los hombres superarían a las mujeres en todas las actividades. Aún así, sus propuestas eran radicales en una época en que las mujeres de clase media casadas estaban prácticamente encarceladas en sus hogares.

EL MITO DE LA CAVERNA

- Has de ver, pues, a los hombres como en una morada bajo tierra, a modo de caverna, la cual tiene una gran entrada abierta hacia la luz y orientada hacia el conjunto de la caverna; considera que los hombres están en esta morada desde niños encadenados de piernas y cuello de modo que, permanentemente, sólo pueden mirar hacia delante, incapaces a causa de las cadenas de volver la cabeza; reciben luz de más arriba, de lejos, la luz de un fuego, que arde a sus espaldas; entre el fuego y los encadenados (por lo tanto, a espaldas de éstos) pasa un camino; imagínate a lo largo de él un muro dispuesto como para los ilusionistas se coloca ante los hombres el biombo por encima del cual muestran sus maravillas.

- Lo estoy viendo

- Imagínate ahora que a lo largo de este muro pasan hombres que portan útiles de todo tipo que sobresalen del muro y estatuas (de hombres) y otros vivientes de piedra y madera, y toda clase de objetos fabricados; como es natural algunos de los porteadores hablan, otros pasa en silencio.

- Extraña imagen, y extraños prisioneros.

- Semejantes a nosotros; pues los tales ¿crees, en primer lugar, que verían a sí mismos, y unos de otros, otra cosa que las sombras que se proyectan, bajo la luz del fuego, sobre la pared de la caverna que queda frente a ellos?

-¿Cómo podrían, si están forzados de por vida a tener las cabezas inmóviles?

-¿Y con respecto a las cosas que son llevadas (por los que pasan) a lo lago (del muro)? ¿No verían eso mismo (es decir: las sombras)?

- Desde luego.

- Si fuesen capaces de conversar unos con otros, ¿no crees que tendrían por lo ente (=lo que es) aquello que ven?

- Necesariamente.

- Y si la cárcel tuviese eco, dado por la pared que está enfrente? Cuando algunos de los que caminan hablasen, ¿Crees que ellos ( los presos) creerían que lo que habla es otra cosa que la sombra que pasa?

- No, por Zeus.

- Entonces, de todas todas, los tales no tendrían por verdadero otra cosa que las sombras de los artefactos.

- Necesario de toda necesidad.

- Considera ahora la clase de liberación de las cadenas y curación de la ignorancia que tendría lugar si les aconteciese algo como lo siguiente: que alguno fuese desatado y súbitamente obligado a levantarse y a volver la cabeza y a caminar y a mirar hacia la luz, de modo que, haciendo todo esto, se dolería y, a causa del deslumbramiento, sería incapaz de mirar aquellas cosas cuyas sombras veía antes; ¿qué crees que diría si alguien le dijese que antes veía naderías y que más bien es ahora cuando ve algo que está más próximo al ser y cuando, vuelta la mirada a una posición más recta mira hacia algo más ente?; ¿y cuando, mostrándole cada una de las cosas que pasan ( a lo largo del mundo), se le obligase a contestar a la pregunta “qué es”?; ¿no crees que se encontraría en un callejón sin salida y que pensaría que lo que veía antes es más verdadero que lo que ahora se le muestra?

- Desde luego.

- Y si se le obligase a mirar hacia la luz, ¿no crees que le dolerían los ojos y que huiría, volviéndose de nuevo hacia aquello que puede contemplar, y que tendría esto por realmente más evidente que lo que le es mostrado?

- Así es.

- Y si desde allí alguien lo arrastrase por la fuerza a través de la ruda y escarpada salida ( de la caverna), y no lo dejase antes de arrastrarlo hasta la luz del sol, ¿no es cierto que, en tal arrastre, se dolería vivamente y se irritaría, y que, después de que llegase a la luz, por tener los ojos llenos del resplandor, no podría ver nada de lo que ahora se le dice que es verdadero?

- No podría, en efecto, al menos de repente.

- Sin duda necesitaría acostumbrarse, si debe llegar a ver lo que está arriba. Y primero podrá mirar con mayor facilidad a las sombras ( de las cosas bajo la luz del sol), y después a las imágenes de los hombres y de lo demás en la superficie de las aguas, y más tarde alas cosas mismas; partiendo de esto, podrá contemplar lo que hay en el cielo, y el cielo mismo, y lo contemplará con más facilidad de noche, mirando hacia la luz de las estrellas de la luna, que de día el sol y la luz del sol.

-¿Cómo no?

- Finalmente podrá mirar al sol, no las imágenes de él en las aguas o en donde quiera que sea, sino al sol mismo en sí, en su propio lugar, y contemplarlo tal como es.

- Necesariamente.

- Y será entonces cuando podrá articular esto acerco del sol: que él es el que dispensa las estaciones y los años y el que gobierna todo lo que hay en la región de lo que se ve, y que es la causa aun de todo aquello que ellos ( los que están en la caverna) ven en cierto modo.

- Es claro que llegará a esto (a la luz del sol) cuando haya sobrepasado aquello (la caverna).

- Pues bien, acordándose de su primera morada y de la sabiduría de allí y de los que eran sus compañeros de prisión ¿no crees que se felicitará por el cambio y que los compadecerá?

- Y mucho.

- Y si entre aquellos hubiera ciertos honores y elogios y recompensas para el que discerniese más agudamente lo que pasa ( las sombras que pasan por la pared de enfrente) y para el que mejor recordase lo que suele pasar antes y después y a la vez, y para el que de este modo pudiese predecir lo mejor posible lo que en cada caso va a pasar, ¿crees que tendría deseo de tales recompensas y que envidiaría a los que son honrados con ellas y a los que allí tienen el poder, o más bien que le pasaría lo que dice Homero, que preferiría “servir por salario a un extraño si bienes” y en general sufrir cualquier cosa antes que entregarse a aquellos pareceres y vivir de aquella manera?

- Creo, en efecto, que aceptaría cualquier cosa antes de vivir de aqulla manera.

- Y considera esto: si tal, descendiendo de nuevo 8 a la caverna), volviese a asentarse en su primitivo sitio, ¿no tendría los ojos llenos de tinieblas al llegar súbitamente de la luz del sol?

- Desde luego.

- Y si hubiese de competir en el discernimiento de las sombras con los que siempre han estado presos, mientras aún está como ciego, antes de asentar los ojos -y no sería poco el tiempo de adaptación- no daría de qué reír, y no se diría de él que, por haber realizado aquella ascensión, viene con los ojos estropeados y que no vale la pena intentar semejante viaje?; ¿y no es cierto que, en el caso de que intentase soltarlos y conducirlos arriba, si pudieran apoderarse de él y matarlo lo matarían?.

- Muy cierto.

EL MITO DE

LA

CAVERNA:

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SU AUTOR,

LA OBRA.