El maestro de esgrima; Arturo Pérez-Reverte

Literatura española contemporánea. Narrativa actual. Novela histórica. Temas principales y secundarios. Contexto social. Argumento. Personajes. Estilo

  • Enviado por: Scooby
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Comentario de la novela “El maestro de esgrima”

FICHA

Título: El maestro de esgrima

Autor: Arturo Pérez-Reverte

Género: Narrativa (Aventuras) Subgénero: Novela

Época: Siglo XIX, concretamente alrededor de 1868 Movimiento: Vanguardismo

Fecha de la primera edición: 1998

Editorial: Círculo de Lectores Número de la edición: Primera edición

A

continuación, haré un amplio comentario sobre los puntos a destacar de la obra, es decir: el tema (principal y secundarios), la estructura, el tratamiento del tiempo y del espacio, los personajes y el estilo, junto al lenguaje. Finalmente, profundizaré y hablaré sobre la intención, actitud… expuesta por el autor a lo largo de toda la obra y acabaré dando mi opinión personal de la obra. Todo esto irá presentado tal y como lo acabo de enumerar.

Tema de la obra:

“ La búsqueda de la propia satisfacción personal”

Claramente podemos observar que en torno a esta idea giran todos los sucesos acaecidos en la novela. Es en esta época, tiempo de revueltas, de guerras y de grandes conspiraciones, cuando se delata en la mayoría de las personas ese pesimismo propio de la era. Por ello, mucha gente opta por buscar algún motivo, por muy insignificante que sea, con el que pueda seguir “disfrutando” de la vida y, a la vez, pueda sobresalir un poco de esa sociedad tan cruel y salvaje. Para verlo de una manera más fácil pondré algunos ejemplos. En el caso de nuestro protagonista, Jaime Astarloa, sueña con encontrar la estocada definitiva, la estocada imparable. Ese golpe con el cual hallaría su tan ansiado Grial y su sueño: ser el maestro de esgrima más importante de su época. Como puede apreciarse, la búsqueda de ese golpe es lo que hace que nuestro esgrimista no se hunda en las fauces del pesimismo y de la decadencia social. Vemos un choque: la ilusión de Jaime, al igual que los demás personajes por descubrir su objetivo, choca con esa realidad de la que hemos hablado. En el caso de Adela de Otero ocurre lo mismo. Sólo que esta vez su satisfacción personal es la de resolver la deuda que tiene con su “padre”. Observamos que hace cualquier cosa con tal de quedarse satisfecha (mata a Luis de Ayala, manda matar a Lucía, etc.). Con el marqués de los Alumbres ocurre parecido. Manda a Bruno Cazorla Longo, el padre adoptivo de Adela de Otero, una carta en la que pide un beneficio con tal de que unos documentos privados no sean publicados por él (el marqués), pues este acto delataría a dicha persona. Esto es lo que lleva a Luis de Ayala a poder disfrutar de la vida, actuando de este modo se siente satisfecho. Y casos como estos podemos encontrar unos cuantos más.

Pasando a los temas secundarios, de los cuales hablaré brevemente, he de decir que hay tres que destacan por encima de todos los demás: el desengaño, relacionado muy estrechamente con el pesimismo (anteriormente comentado), y el honor. El primero de ellos se puede apreciar fácilmente en las personas que forman la tertulia del café Progreso. Todos han vivido el desengaño de una manera u otra. Marcelino Romero, el profesor de piano, está sumergido en este sentimiento por el hecho de no haber sido correspondido con un amor tan deseado para él. Y para colmo, sus esperanzas de ser un aclamado profesor en el campo de la música se habían reducido a una triste quimera. Don Lucas, viudo y sin hijos, había visto como todas sus fortunas se venían abajo, además de ser el punto de atención de todo el mundo por el hecho de que algunas vecinas le daban algo de dinero para su supervivencia. Estos motivos, al igual que la persona anteriormente comentada, le han llevado al desengaño, a no apreciar la vida. El pesimismo juega un papel fundamental en la obra entera por estar muy unido al anterior. Podríamos decir que el pesimismo es complementario al desengaño (en este caso). Jaime Astarloa, sin ir más lejos, padece en algunos momentos esas ansias por escapar de la sociedad, o sea, se observa que todos los días son prácticamente iguales para él, que si las citas con sus alumnos, el cafelito del café Progreso, etc. No intenta cambiar, hacer cosas nuevas; se ve superado por ese pesimismo del que hemos hablado. Sólo tiende a vivir con lo que le ha tocado. Yo diría que este es el ejemplo más claro que he podido encontrar a lo largo de toda la obra aunque hay otros casos. El último subtema importante es el del honor. Principalmente porque el deporte que practica el maestro de armas se basa en el honor, ese honor por el que anteriormente a estos años mucha gente había muerto, esa imagen impecable que cada uno tiene que defender con uñas y dientes en la sociedad. El esgrima es la máxima representación del honor que cada uno atesora, es lo que he podido hallar entre las hojas de este libro (claro está, dicho de otra manera). Con esta frase resumo todo lo que he comentado hasta ahora. La deshonra al honor en causa de muerte. Así pues, terminaré diciendo que este hecho estaba muy presente en Jaime Astarloa, el cual sólo era partidario de las armas blancas para defender el propio orgullo. El uso de las demás armas era motivo de cobardía. Concluyendo, añadiré algún que otro tema secundario más: la confianza, la codicia, la frustración…

Procederé al análisis de la estructura pero antes he de decir, que este apartado está divido en dos partes: la que se refiere a la estructura externa y a la estructura interna. El análisis de estas partes lo haré en el orden dado.

La construcción de la novela se basa en la división mediante capítulos, concretamente en ocho. Según mi opinión, el hecho de haber este número de capítulos y no otro se debe a que al comienzo de cada parte tenemos la definición de un golpe específico de esgrima (excepto en la primera). Dicho de otra manera: la definición de la que hace uso Pérez-Reverte sirve para explicar de una forma muy simple lo que a continuación vamos a encontrar. Así, en el segundo episodio, vemos que el maestro conoce a Adela de Otero, una muchacha que a primera vista transmite simpatía, alegría, buena educación… pero que al final acaba siendo lo menos inesperado por el lector y, claro está, por el esgrimista. Para que lo comentado se pueda entender, aún si cabe, de mejor manera, escribiré la definición que nos podemos encontrar al comienzo de la segunda parte: “los ataques falsos dobles se usan para engañar al adversario. Empiezan por un ataque simple”. Como podemos apreciar, el escritor no está hablando sobre el engaño y, efectivamente, ocurre esto. La mujer trata de caer lo mejor posible a Astarloa para no levantar sospecha alguna. En el último capítulo ocurre lo mismo: se nos hace una breve descripción de lo vamos a encontrar de ahí a adelante. Añadiré, que la selección de estos ejemplos se debe a que son lo más representativos a la hora de argumentar mis explicaciones.

Atendiendo al desarrollo de la obra, podemos esquematizar el argumento de la siguiente manera:

  • INTRODUCCIÓN: Presentación del personaje principal y de los personajes secundarios.

  • Descripción del físico y de los perfiles psicológicos de cada uno.

  • Presentación de la antagonista (Adela de Otero).

  • PLANTEAMIENTO: Jaime Astarloa es contratado por una mujer extraña para que le sea explicada la estocada de los doscientos escudos.

  • Necesidad por parte del maestro de armas de encontrar el golpe definitivo.

  • Relato breve sobre la entrada de Astarloa en el mundo de la esgrima.

  • Posible enamoramiento de éste por la mujer.

  • NUDO: Presentación entre Adela de Otero y Luis de Ayala y suspensión de las clases de esgrima con el maestro por parte de ésta.

  • Entrega de documentos privados y de gran importancia por parte del marqués al esgrimista.

  • Muerte del marqués de los Alumbres por alguien desconocido.

  • Invitación por parte de la policía al protagonista para ayudar en el caso.

  • Supuesta muerte de Adela de Otero (la difunta se llama Lucía).

  • Muerte de Agapito Cárceles tras ser torturado.

  • DESENLACE: Encuentro entre la bella mujer y el maestro en casa de él.

  • Explicación por parte de ella de todo lo sucedido.

  • Ruegos de Adela de Otero para que le sea entregado la parte más importante de los documentos (una carta) y negación de éste.

  • Disputa entre ambos mediante el uso de arma blanca (el florete).

  • Muerte de la muchacha.

  • CONCLUSIÓN: Descubrimiento por parte de Jaime Astarloa de la estocada perfecta, o sea, de su Grial.

  • La historia se desarrolla en la época en que Isabel II ocupaba el trono del reinado de España, esto es, hacia el año 1868. El Madrid isabelino que le ha tocado vivir al protagonista es un hervidero de corrillos y de maniobras políticas promovidas por los partidarios del retorno al absolutismo y, en cambio, los liberales y republicanos, conspiradores, son marginados y perseguidos con gran odio. Un ejemplo lo tenemos en las personas que forman la tertulia en el café Progreso. Don Lucas apoya intensamente la idea de tener una monarquía en el país pero Cárceles, en contra, opta por el deseo de tener una patria liberal y federalista. Este marco temporal influye de forma muy negativa en la vida de los personajes. En más de un pasaje podemos comprobar que los acontecimientos que se están llevando a cabo traen de cabeza a algunos. El camino de la amargura y la desolación son posibles vías de escape. O si no, para combatir esta penosa época hay gente que echa la vista atrás en búsqueda de años mejores. En pocas palabras, a lo largo de toda la novela podemos apreciar ese malestar colectivo que pervive en cada uno día y noche. Es por ello que hay personas como el periodista que optan por revelarse de manera frenética, o sea, prefiere expulsar todo su odio acumulado por el régimen del país con el fin de poder liberarse. Por otro lado, estos años también influyen en el desarrollo de los acontecimientos. Para explicar esto tenemos el caso del primer asesinato. Éste está preparado para que ocurra justo cuando se levante una rebelión contra el gobierno de la Península. Y a partir de aquí todo cambia, pues la investigación policial se lleva a cabo más despacio de lo normal y con gran dificultad mientras los malhechores tienen la ventaja de actuar con mayor discreción porque la policía en estos momentos se ocupa principalmente de las revueltas que se levantan a lo largo de Madrid y toda su periferia. No es pues, momento para andar analizando un caso meticulosamente puesto que no hay mucho tiempo y hay falta de personal.

    Suponemos que las aventuras ocurren en el verano del año 1868, pues al principio de la obra nos aparece “Todo el mundo conspiraba en aquel verano de 1868” (a pesar de que en el epílogo se nombra el año 1866). Además, en el libro encontramos algunas anotaciones sobre el tiempo que hace en la capital (ejem: La mañana era muy calurosa; Madrid Languidecía bajo un sol de justicia.) y, encima, no hace ningún tipo de referencia al paso de los años, si es que habría. Por el contrario, a lo largo del libro podemos experimentar cambios o saltos cronológicos hacia el pasado. El caso más claro es el de Jaime Astarloa, cuando nos empieza a contar el por qué de su fracaso en el Ejército y como se dio a conocer como un brillante maestro en el arte de la esgrima. También podemos destacar el ejemplo de Adela de Otero, cuando nos comienza a hablar sobre su extraña niñez. Época en la que alguien misterioso la cogió y se encargó de ella para toda la vida; hasta que la vida les separó. Por lo tanto, sí podemos apreciar cambios importantes en el tiempo. Seguramente, esta estrategia es utilizada por el autor para dar a conocer algo más de los personajes importantes de la obra, a la vez que lo utiliza para detener el desarrollo de la historia y poder dar explicaciones de sucesos que si no quedarían sueltos. Los puntos de referencia temporal que tienen mayor importancia son los años que transcurren durante el reinado de Isabel II. Son estos años momentos de gran tensión y de grandes disputas por intentar conseguir una situación estable en lo que a la política y situación social se refieren. De estos acontecimientos se sirve Pérez-Reverte para situar la historia y de esta forma, podemos ver que toda la novela se apoya sobre este suceso. Dicho todo esto, me atrevería a asegurar que el paso del tiempo se podría tomar como un personaje más de la obra, pues su evolución durante la obra es más que notable. Este paso del tiempo es el que condiciona gran parte de la historia, impone unas reglas que se deben seguir, hace cambiar de mentalidad a la gente… En fin, rasgos destacables ya mencionados que no voy a repetir.

    El argumento se narra principalmente en pasado; y digo principalmente porque hay momentos en los que se utiliza la voz presente, como por ejemplo en los diálogos. El pasado suele ser la forma más común en la narrativa, ya que sus tiempos verbales tienen la misión de producir ese dinamismo o movimiento propio de las novelas de hoy en día. También, nos informan sobre la acción y, por tanto, su intensidad es mayor que si usáramos el presente o el futuro puesto que los acontecimientos se basan sobre algo ya ocurrido, hay, podríamos decir, como una base en la que se apoya la demás historia. Acabaré diciendo que los verbos, sean del tiempo que sean, nos ofrecen los contenidos clave de la narración.

    Los periodos de vida de los personajes que aparecen en el libro son, principalmente, el presente. Arturo Pérez-Reverte no está contando el día a día de varios personajes junto a una breve interpretación de los problemas de algunos de ellos, sus preocupaciones, sus ilusiones, etc. Claro está, que a pesar de que los verbos estén en pasado, tal y como hemos comentado, la narración se basa en periodo de vida actual de cada uno de ellos. Por otro lado, encontramos momentos de referencia hacia el pasado, como es el caso de Jaime Astarloa y Adela de Otero. Son breves pasajes donde nos cuentan unas anécdotas de su vida pasada. Se puede ver que el personaje principal y la antagonista, aún viviendo en el presente, están viviendo más de cara al futuro. Esto se debe a las enormes ansias que tienen por cumplir sus objetivos en la vida (ya comentados). En cambio, todos los demás están viviendo en la realidad, o sea, en lo que les ha tocado vivir. Aunque siempre hay alguno, como Cárceles, que gracias a la política logra está constantemente mirando hacia el futuro: y si ocurre esto, y si ocurre lo otro…

    La historia podríamos decir que transcurre en casas de diferentes personajes, es lo que llamamos el primer marco de la acción. Tenemos la casa del maestro de armas, la cual juega un papel muy importante durante toda la obra, ya que sirve como lugar de entrenamiento y de enseñanza para algunos jóvenes (Alvarito Salanova, Los hermanos Cazorla y Manuel del Soto), y como escenario para el desenlace final. Parecida sería la casa de Luis de Ayala, sólo que, en este caso, es utilizada para un mero “entrenamiento” entre el maestro y el marqués de los Alumbres. Pero vemos con detenimiento como este lugar va cada vez a tener más importancia. Aquí ocurre un asesinato y por tanto se convierte en lugar inseguro y peligroso, aunque, más adelante la desolación y la marginación van envolviendo este espacio. En pocas palabras, el palacio de Villaflores pasa a ser de un lugar exuberante y hermoso a un lugar tétrico y triste. La casa del periodista se convierte salvajemente en el enemigo de Astarloa, pues aquí está a punto de morir por culpa de la estrechez de las habitaciones. Por último, tenemos el café Progreso, lugar que utiliza el autor para descubrir los ideales de cada uno. Eso sí, los dos primeros lugares comentados son los de mayor importancia, y no comentó la casa de Adela de Otero porque no ocurre ningún tipo de acontecimiento que cambie el curso de la historia. Lo único que se nos da es que la decoración es de muy buen gusto y que los objetos repartidos por toda la casa son de gran valor. Atendiendo al segundo marco de la acción, tenemos la ciudad de Madrid como lugar de la historia y como lugar más importante. También podemos encontrar el parque de El Prado, lugar donde Astarloa solía ir cuando tenía necesidad de evadirse un poquito de la sociedad (El Prado es un gran parque y podría servir para que la persona se sentiría como en un entorno natural y alejado de la ciudad) o reflexionar sobre diferentes temas que le producían quebraderos de cabeza. España, Italia y Francia sirven como lugares para posicionar de manera global toda la novela. En Francia e Italia transcurre la historia del esgrimista cuando era joven, cuando comenzó a dar sus primeros pasos en la esgrima de alta alcurnia (recordemos a Lucien de Montespan). En estos dos países encontramos lugares tan diversos como París (Francia) y Roma, Viena, Nápoles (Italia). España sirve como lugar para el resto de la historia. Después de comentar todo esto, fácilmente se puede observar que hay una especie de relación entre espacios. Los dos países extranjeros sirven para el protagonista y para la antagonista como medio de formación de sus futuros, esto es, Astarloa conseguirá de manera excelente sobresalir en el campo de la esgrima y Adela de Otero, gracias a su supuesto padre adoptivo, logrará tener un futuro más que aceptable. Por otro lado, en un pasaje del libro se nos dice que la mujer nació en Italia. De esta manera, observamos un enlace entre ambos. Y este enlace, si no fuese por el objetivo tan macabro de ella, podría llegar a ser hasta muy prometedor, o sea, que podrían acabar enamorados. Este ejemplo puede ser muy claro a la hora de ver ese enlace que Pérez-Reverte nos hace ver entre espacios, pues más que entre países, en este caso, lo que él busca es una relación entre personajes. El espacio influye mucho a lo largo de toda la historia, pero no tanto en el carácter de los personajes. Al basarse casi todo el argumento entre diferentes espacios la historia, lógicamente, tiene que amoldarse a ellos. Un ejemplo podría ser el momento tan crítico que el maestro de armas pasa en casa de su amigo de la tertulia Cárceles (a pesar de estar comentado, hago hincapié en este ejemplo por ser de gran utilidad este apartado y por ser es que mejor se puede entender, pero hay más). Vemos que la historia es de una manera y no de otra debido al espacio. Con todo esto no cabe duda de que el espacio podría ser incluso un personaje más de la historia.

    En esta novela aparecen más de diez personajes; no sabría decir un número exacto porque la cantidad de nombres de políticos es bastante extensa, por lo tanto, al indicar el número me referiré solamente a los que, de una manera u otra, actúan con mayor frecuencia en la historia. Por lo tanto, los personajes son nueve, ni más ni menos. Aunque, antes de proceder al análisis de cada uno de ellos, diré que en la novela aparece un personaje colectivo, en este caso, la sociedad. Esta sociedad impone unos cánones de convivencia y de vida. Me explico, es culpa de la sociedad el que gran cantidad de gente esté hundida en el pesimismo, en la pobreza… y encima hay que seguir sus reglas porque de lo contrario esta sociedad va a por ti. Una clara muestra de esto se ve en la rebelión que hace la gente en contra de la monarquía. Pues bien, ahí está la policía para detener y para no dejar que haya una revolución en contra de las pautas marcadas. Ahora sí, voy a pasar al análisis de cada uno de los personajes.

    Jaime Astarloa: Ha rebasado el medio siglo de edad. Es de mediana estatura y su extrema delgadez le da una falsa apariencia de fragilidad, desmentida por la firmeza de sus miembros, secos y nudosos. Su nariz es un poco aguileña y tiene una frente despejada y noble. El color de su pelo es blanco y tiene unas manos finas y bien cuidadas. Sus ojos grises poseen una expresión grave y su bigote está en muy buen estado. La forma de vestir se corresponde con la época anterior: todos sus trajes están cortados según patrones de veinte años atrás. Todas estas características han sido impuestas por el escritor, por tanto, se trata de una heterocaracterización, esto es, sabemos cómo es por lo que otros dicen.

    Adela de Otero: Tiene un agradable tono de voz, ligeramente ronco y al parecer con un leve acento extranjero, eso sí, imposible de identificar. Sus manos son finas, con el meñique curvado hacia el interior y con las uñas muy cortas, como si de un hombre se tratara y el único adorno en ellas es un aro de plata; la piel tiene un agradable tono moreno y fresco. Sus ojos son de color violeta con pequeños toques dorados; su pelo es negro, abundante, recogido sobre la nuca con un pasador de nácar y en la comisura derecha de la boca tiene una cicatriz que agudiza la sonrisa. Tiene estatura elevada (para tratarse de una mujer) y sus proporciones se pueden considerar regulares. Está entre los veinte y los treinta años. Sin duda alguna, todo esto corresponde a una heterocaracterización.

    Luis de Ayala: Tiene el cabello abundante y crespo. Es exuberante: cuerpo fornido y grande, recio vozarrón, propenso a los arrebatos de pasión y de alegre camaradería. A sus cuarenta años es soltero, apuesto y poseedor de grandes fortunas. Se puede considerar jugador y un mujeriego. Es el prototipo del aristócrata de la España del siglo XIX. Ha sido diputado en las Cortes y por un breve tiempo ocupó la secretaría del Ministerio de la Gobernación. El comentario del autor acerca de este personaje se ha hecho mediante la heterocaracterización.

    Agapito Cárceles: Tiene aspecto de cura exclaustrado. Malvive escribiendo en un periódico argumentos muy radicales bajo el seudónimo “El patriota embozado” o de los conocidos. Es republicano y federalista. Odia el clero y la monarquía y sostiene que los dos inventos más importantes de la Historia han sido la guillotina y la imprenta. El autor hace de éste una autocaracterización, es decir, mediante sus palabras y acciones se está retratando a sí mismo.

    Don Lucas: Caballero de buena familia pero ido a menos, estirado y rozando los sesenta. Viudo, sin hijos ni fortuna, vive de una renta muy justa y de lo que algunas vecinas le dan. Es muy meticuloso y siempre procura ir vestido impecablemente. Lo podemos definir como monárquico, católico y hombre de honor. En el ojo izquierdo lleva un monóculo de concha y su bigote es de color amarillento gracias a la nicotina. Podríamos decir que se hace de él una autocaracterización.

    Marcelino Romero: Es profesor de piano en un colegio de señoritas. Desde un par de años atrás vive un amor imposible de alcanzar; una madre cuya hija ha aprendido de él a tocar algún instrumento musical. Está cerca de los cuarenta y es una persona tísica, sensible y melancólica. De él se hace una heterocaracterización.

    Antonio Carreño: Es funcionario de Abastos. Se trata de un hombre pelirrojo y flaco, con barba de color cobre muy bien cuidada. Amigo de pocas palabras y se da aires de conspirador y de masón. Sabemos todo esto gracias a la heterocaracterización.

    Jenaro Campillo: Es bajito y pulcro. Tiene unos bigotes teñidos de negro erizados y un peluquín sobre la calva. Viste bastante vulgar y usa quevedos con cristales azules, sujetos por un cordón a una solapa.

    Lucía no la nombro porque su importancia en la obra queda restringida a unos cuantos apartados. Me explico; Lucía sólo aparece al principio, cuando el esgrimista aparece por la casa de su jefa (Adela de Otero) y al final, cuando aparece muerta.

    De todo esto podemos sacar la siguiente conclusión: el protagonista, junto con Adela de Otero son los únicos personajes que sufren una evolución a lo largo de toda la historia. Astarloa descubre que se está volviendo a enamorar, a pesar de su edad y la mujer acaba revelando toda su malicia y crueldad. Por otro lado, todos los demás personajes arriba citados, además de Jenaro Campillo y Lucía, responden a un patrón de comportamiento, es decir, no progresan psicológicamente, se quedan estancados. Por lo tanto, podemos hablar de unos personajes planos.

    Después de haber analizado de forma minuciosa a cada uno de los personajes, he decir que cada uno de ellos tiene una relación con otro, o sea, hay algunos que se complementan entre sí, otros que son opuestos, bien por su forma de ser o bien por su ideología, etc. Para que todo esto quede completamente claro voy a hacer un comentario sobre cada uno de ellos.

    De Astarloa podríamos decir que se lleva prácticamente bien con todo el mundo, aún así, la relación con todos no es la misma. Se complementa de una manera muy especial con el marqués de los Alumbres. Entre ellos dos se cuentan todos los chismorreos habidos y por haber. También, vemos que uno soluciona las carencias (excepto las mujeres) del otro y viceversa. Pondré un ejemplo para que se comprenda mejor. Luis de Ayala le ofrece comprensión, diversión… y el maestro de armas le da su sabiduría acerca de las cosas que ocurren en el mundo, concretamente en Madrid; y su bien hacer de las cosas. Con Adela de Otero no ocurre lo mismo. Aparecen como dos personajes que, según el desarrollo de la obra y el punto de vista del maestro de armas, podrían haber llegado a ser complementarios, pero acaban odiándose el uno al otro por culpa de las cartas que le había dado el marqués. Por tanto son dos personajes opuestos, cada uno de ellos busca, quiere, piensa… lo contrario que el otro. Sus amigos de la tertulia se podrían tomar como unos compañeros, sin más. No se demuestra de una manera precisa la relación que mantiene con cada uno de ellos. Si es verdad que en algunos pasajes nos aparece Astarloa hablando con alguno de ellos, como es el caso de Marcelino Romero o Agapito Cárceles. Por tanto, diremos que la relación entre estos personajes es de suma.

    Adela de Otero selecciona de manera muy especial sus amistades, ya que a posteriori, serán sus víctimas. Esto mismo es lo que le pasa al marqués. En un principio podemos apreciar que la relación entre ambos parece ir viento en popa, por lo que la relación entre ellos es de complementariedad, al igual que ocurre con cualquier pareja. En cambio, Luis de Ayala muere a manos de ésta, y siendo así, deberíamos deducir que la relación ha pasado a ser opuesta. Pero éste no es el caso, ya que él muere sintiendo algo por ella, muere enamorado y Adela de Otero, en un apartado del libro lamenta haber tenido que matar al marqués, pues lo consideraba una buena persona. A Jaime Astarloa le ocurre algo similar. La mujer se da cuenta de que él está perdidamente enamorado de ella y ésta aprovecha la ocasión para jugar con sus sentimientos hasta llevarle al tesoro, esto es, hasta el sobre con el contenido misterioso. Aunque en un principio no lo parezca, la relación entre ambos es opuesta.

    En cuanto a Luis de Ayala, las relaciones se pueden ver desde un principio claras, aunque al final, una de ellas engaña. Tiene a Jaime Astarloa como su mejor amigo, le cuenta todo (casi todo porque al final nos damos cuenta de que le ocultaba todo lo referente a esas cartas) y confía en él plenamente. No hace falta dar más detalles para comprobar que su relación es complementaria y no de suma. Y esto lo vemos en el maestro de armas, cuando su amigo muere él es incapaz de recuperarse en un principio; por lo tanto deducimos que uno no puede vivir sin el otro. En cambio, sufre un inesperado engaño por parte de Adela de Otero. Cree que entre ellos hay algo más que amistad, y efectivamente lo hay o eso es lo que el autor nos quiere hacer pensar. Porque la mujer no está dispuesta a que Luis de Ayala salga con vida de casa. Esta supuesta orientación que se le da al libro es la clave para que el lector caiga en la trampa. Aún así, la relación es complementaria, puesto que no hay unas pruebas convincentes que demuestren que son opuestos: no acaban la relación odiándose, sino que Adela de Otero lo mata por propios motivos personales.

    En el personaje de Agapito Cárceles podemos ver la muestra más clara de oposición. Odia de una manera sobrenatural a don Lucas. Es incapaz de aceptar ni una sola idea de él, está en contra de todos sus argumentos, pues le parecen que son propios de una persona no muy inteligente. Y aquí se observa el menosprecio que siente hacia su “compañero”. Vemos que son los dos personajes que muestran más abiertamente su manera de pensar y de actuar, y por lo tanto con los que mejor se aprecia la contraposición de ideas que tienen. Con los demás podemos decir que persigue una relación de suma, sobre todo.

    Don Lucas es el opuesto al periodista, tal y como hemos comentado. Por eso, no voy a hacer ningún tipo de análisis sobre su relación con éste. Con los demás personajes su relación es simplemente de suma.

    Los otros personajes, Antonio Carreño, Marcelino Romero, Lucía y el jefe superior de policía Jenaro Campillo mantienen una relación de suma con las demás personas. No hay ninguna con la que se lleven de manera especial, por lo que un comentario sobre sus otras relaciones sería absurdo. Así pues, lo dejamos como hemos dicho.

    A continuación, comenzaré el análisis del estilo y el lenguaje utilizados por el escritor a la hora de escribir esta novela. Primero, hablaré de las modalidades discursivas empleadas, para después comentar el estilo del autor.

    La narración es la modalidad más importante de toda la obra por tratarse, efectivamente, de una novela. Es la encargada de informar al lector de los acontecimientos que están ocurriendo y de situar espacial y temporalmente al lector. La narración ocurre de una manera bastante lenta, ya que el estilo utilizado por Pérez-Reverte es bastante adornado y con gran cantidad de detalles. Las palabras más útiles en esta modalidad son los verbos, pues ofrecen los contenidos clave y aportan la acción necesaria. Los tiempos verbales que con mayor frecuencia se utilizan son: el pretérito perfecto simple (pasó, sonrió, decidió…), el pretérito pluscuamperfecto ( habían matado, habían dado, habían ido…), el pretérito imperfecto (mantenían, reñía, quería…) y el presente, utilizado básicamente para los diálogos (temo, doy, necesito…). Por otra parte, la narración ocurre en pasado, a excepción de los diálogos y el narrador que cuenta la historia encaja con el perfil de omnisciente, pues sabe todo acerca de los personajes y sabe lo que va a ocurrir.

    La descripción podríamos decir que está al servicio de la narración. Normalmente, suele quedar reducida, a pequeñas notas, pero en este caso el autor hace gran uso de ella para así poder ayudar al lector a hacerse una idea de los lugares o de los acontecimientos que están ocurriendo con mayor precisión ( en el caso de las revueltas que surgen en la ciudad). Por esta razón, diré que el tipo de descripción de la que Pérez-Reverte hace uso es bastante minuciosa. Los adjetivos y fórmulas equivalentes como los sustantivos son las palabras clave en la descripción. Algunos ejemplos de los adjetivos pueden ser: modernas, grandes, largo, noble, honroso, etc. En cuanto a los sustantivos, tenemos de todas las clases: discípulos, nubes, maestro, grises, exacta, metálica, etc. Las descripciones que aparecen en la novela son de bastantes tipos diferentes. Tenemos la topografía ( se hace uso de ella en el momento que Jaime Astarloa entre en casa de Cárceles, en la mansión de Villaflores, etc.), descripciones de cosas ( el cofre de seguridad donde se cobijan las cartas, los diferentes floretes…), la prosopografía ( cuando el maestro de esgrima ve por primera vez a Adela de Otero, cuando él mismo se observa en el espejo, etc.), la etopeya ( cuando el maestro de armas nos habla sobre sus costumbres de cada día, en la descripción del carácter de la mujer, de Antonio Carreño, etc.), la descripción de situaciones (en la batalla final, lo acontecido en el exterior de la casa del marqués tras su muerte…), descripciones de sentimientos (cuando Astarloa se enamora de Adela de Otero, cuando ve a Lucía muerta y completamente desfigurada, etc.) y alguna que otra más, como la descripción de sensaciones.

    El diálogo, parte fundamental del texto, juega un papel importante junto a la narración. Gracias a esta modalidad discursiva Pérez-Reverte nos muestra de una manera muy fiel el habla de los personajes en el siglo XIX. Por lo tanto, diremos que estos diálogos son bastante realistas, pero que a la vez están compuestos, mayoritariamente, por frases largas y están cargados de ideas. Me explico, el autor opta por unos diálogos extensos en los que priman la gran variedad de ideas expuestas acerca de un mismo tema, o sea, en vez de contestar a una pregunta de forma directa, el escritor prefiere dar un rodeo y contestar desde diferentes puntos de vista o de diferentes formas, según la ocasión lo permita. Por otra parte, hay que añadir que los diálogos están adecuados a la clase social o formación de cada uno, es decir, durante toda la obra se utilizan diferentes registros idiomáticos para distinguir a cada personaje. He aquí algunos ejemplos que corroboran esta última explicación: observamos un registro culto en varios apartados de la novela (“Veo que lleva usted sus utensilios profesionales bajo el brazo…”; “Pues ya ve don Manuel… de este Madrid asfixiante.”; etc.”), en este caso, cuando Jaime Astarloa se encuentra con el conde de Sueca, es decir, con un noble. Otro ejemplo puede ser la conversación que mantienen el maestro de armas y Adela de Otero al conocerse por primera vez (“Le suplico que me excuse… semejante situación.”; “Quizá no haya caído… ofendiendo, señora.”; etc.). Por otra parte, tenemos el registro coloquial; y un buen ejemplo del uso que se hace de éste lo encontramos en Agapito Cárceles, gran usuario de las frases hechas (“¡Esta vez se va a armar la marimorena!”; “Para que se vayan enterando de lo que vale un peine.”; etc.), y en don Lucas (“Y el juicio de la Historia me importa un rábano.”; “¡Usted no es un patriota ni harto de vino!”; etc.). Podríamos decir que éstos son los registros idiomáticos más importantes de toda la obra o, por lo menos, en los que el autor quiere hacer hincapié.

    Arturo Pérez-Reverte hace uso de un lenguaje bastante cargado y a la vez clásico, es decir, este lenguaje supone representar el habla típica del siglo XIX y, por tanto, nos tenemos que adecuar a él a lo largo de todo el libro. Dicho de otra manera, el uso de este lenguaje no es un mero capricho de Pérez-Reverte, sino que sólo trata de reflejar esa época en la novela. Algunas características propias de este habla y que además aparecen con mayor frecuencia son: las metáforas (…donde el vino relucía como oro líquido.; “Me he enamorado como un lechuguino cualquiera”; La pequeña rendija atraía como un imán su mirada; “Decadente en el sentido bello del término, como una flor que se marchita en un vaso, como un buen grabado antiguo”; … ), bastantes epítetos de tipo visual (castaño, grises, larga, etc.), infinidad de exclamaciones retóricas, cuyo fin es invocar a algo o a alguien o expresar un sentimiento de angustia, agonía… de forma que todo el mundo lo escuche (“¡Por el amor de Dios!”; “¡Se trata de una dama!”; “¡Revolución nunca!”; etc.), el polisíndeton (un caso claro lo encontramos en la repetición continuada de la conjunción “y” durante varias oraciones), etc.

    La intención del autor a la hora de escribir la novela es la de criticar la sociedad del siglo XIX. Años en los que la gente ha cambiado radicalmente de hábitos y en su forma de pensar. Por ello, Madrid se convierte en lugar idóneo para simbolizar las corrupciones, conspiraciones e intrigas que traen a más de uno de cabeza. Es el caso de Jaime Astarloa, un hombre que sigue creyendo en los valores caducos como el honor, la fe, la confianza… pero que ve como, poco a poco, todo se va desmoronando sin poderse evitar. De esta forma, el escritor parte de dos lugares diferentes a la hora de desarrollar la historia. Por un lado, tenemos al maestro de armas, que es una de las pocas personas que sigue viviendo a la antigua usanza y que es capaz de prescindir de la política tan caótica que sufre España. Es decir, este personaje se toma como vía de escape de la sociedad actual, como si fuese un reflejo de lo que la Península fue y de lo que ya no es. Y, por otra parte, tenemos a la sociedad en sí. Esa sociedad tan agonizante que busca algún medio por el que escapar. Concluyendo, Astarloa representa el pasado, lleno de gozosas experiencias y de virtud; y todo lo que le rodea forma parte del presente, lleno de desgracias y de pesimismo. Es por ello que Pérez-Reverte critica a las gentes de la época. Esas gentes que no han sabido adaptarse al momento histórico que les ha tocado vivir y que buscan mediante diversos medios (conspiraciones, asesinatos, etc.) huir de la realidad. Así pues, descubrimos con cierta facilidad que la actitud es de crítica. Los sucesos están contados con total veracidad, esto es, tal y como ocurrieron y, por eso, podemos hablar de una historia contada con un punto de vista totalmente realista y objetivo. Además, todos estos eventos se cuentan desde una distancia bastante cercana. De este modo, se consigue que el lector se introduzca de manera satisfactoria en las aventuras del personaje. En cuanto a la ideología expresada en la obra, podemos hablar de una mentalidad propia de una época y de una sociedad en concreto. El pesimismo y el desengaño están por encima de todo, y esto sucede por el simple hecho de que en estos años las cosas no han salido de manera satisfactoria y la gente ve como el país se está yendo a pique. Esto también es culpa de la ideología política que se está llevando a cabo. Es una ideología que no parte con unas ideas estipuladas o marcadas. Recordemos que en España se está llevando a cabo una revolución en contra de la monarquía implantada por Isabel II. De este modo, observamos que la gente está totalmente confusa pos los sucesos que se le vienen encima: unos piensan de modo liberal y otros, en cambio, optan por seguir como hasta ahora. Dicho esto, queda aclarado el por qué de una ideología tan pesimista y frustrada. Añadiré que en esto último Pérez-Reverte consigue de manera idónea reflejar la situación de lo que fue un país caótico.

    Finalmente, daré mi juicio personal acerca de la obra. Esta novela me ha supuesto un nuevo modo de ver los valores del honor, de la confianza… o sea, he podido recapacitar acerca de la importancia que tenían éstos en el pasado. Me he dado cuenta de que el arte de la esgrima se basa, principalmente, en el honor. Es pues, un deporte digno del que se pueden aprender muchas cosas, como por ejemplo: aprender a dar la cara en situaciones adversas, esto es, te enseña a ser valiente; aumenta tu fe y responsabilidad ante la vida; etc. También, he tenido en Jaime Astarloa un maestro en la forma de asumir los problemas que la vida trae consigo. Es capaz de desconectar de modo asombroso de todas las dificultades que se le viene encima, tal y como lo muestran algunos ejemplos: no hace caso de la política del país, ya que sus años le han enseñado que si crees en la política como modo de vida acabarás sumergiéndote en una pesadilla de la que será imposible salir. Desde mi humilde opinión, Arturo Pérez-Reverte consigue de manera fascinante recrear el ambiente del siglo XIX, y esto se debe, ante todo, a la información que ha sabido recoger sobre la época. Es por ello, que este libro resulta ser una pieza muy fidedigna en cuanto a asuntos políticos se refiere. En cambio, he de admitir que el escritor abusa bastante de las descripciones y de un estilo sobrecargado; y esto se aprecia en el lento ritmo con que se suceden los acontecimientos. Para que se entienda mejor añadiré que la acción no comienza hasta que transcurren más o menos tres cuartas partes del libro. Y es por esta razón por la que la novela puede parecer un poco aburrida. Acabaré argumentando que la obra, en general, se merece un buen premio, pues bien podría ser un documento histórico sobre la política de aquel verano de 1868 y, a la vez, un buen libro para disfrutar, pues sus aventuras te embarcan el mundo del arma blanca, donde toda lucha se hace por defensa de tu honor.

    El maestro de esgrima

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