El interaccionismo simbólico

Ciencias sociales. Teorías: ontológica, epistemología, metodología, ética y temática. Herbert Blumer. Goffman. Interacción social

  • Enviado por: Victor Samuel Martinez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 33 páginas

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"EL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO"

TRABAJO DE TEORÍA SOCIOLÓGICA CONTEMPORÁNEA

UNIVERDIDAD DE SALAMANCA

FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

LICENCIATURA DE SOCIOLOGÍA

CURSO: 98/99

"Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto: -la uva- le susurró- está hecha de vino.

Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos."

Eduardo Galeano "El libro de los abrazos"

EL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO.

DIMENSIONES DE LAS TEORÍAS SOCIOLÓGICAS.

  • ONTOLÓGICA.

  • Para analizar la perspectiva ontológica del Interaccionismo simbólico, es necesario hacer

    una breve referencia a las teorías precedentes que le sirven como punto de partida.

    El Interaccionismo simbólico se ve influido por dos corrientes filosóficas: el pragmatismo nominalista y el conductismo.

    La primera afirma que aunque los macrofenómenos existen, no tienen efectos determinantes sobre la conducta del individuo, es decir, los individuos son actores que definen, aceptan o modifican las normas, roles, creencias... de su entorno comunitario, según sus intereses personales.

    El conductismo repercute en el Interaccionismo, en cuanto, que se huye del mero conductismo radical de Watson, para extender sus principios a los procesos mentales.

    Por ello, podemos afirmar, que el Interaccionismo pretende superar tanto el reduccionismo conductista como afrontar la amenaza de las teorías macrosociológicas que sometían la conducta del individuo.

    Así se configura la premisa inicial de la teoría: el individuo, como ser social, vive en interacción con otros individuos y /o grupos sociales, y son estos procesos de interrelación los que contribuyen de forma decisiva a la configuración de la personalidad del individuo.

    Para G. Mead, teórico más significativo de esta corriente, sería la totalidad de procesos sociales en curso lo que precede a la mente, al self (capacidad de verse a uno mismo como objeto social). Según este autor, la unidad básica de su análisis es el “acto social” y el mecanismo básico que lo configura es el “gesto” en especial el gesto vocal que permite usar, a los seres humanos, los símbolos significantes que conducen al desarrollo del lenguaje y la capacidad para comunicarse.

    El concepto de self es de suma importancia para los interaccionistas simbólicos. Para entenderlo es necesario tener en cuenta las aportaciones de varios autores:

    * MEAD: entiende el self como la capacidad de verse a sí mismo como un objeto social. El self surge del proceso social: la comunicación entre los humanos.

    Es la capacidad de las personas de ponerse en el lugar de otros con el fin de actuar como esos otros actúan y verse a sí mismo como lo ven otros.

    El self incluye dos fases: el “yo”, los aspectos imprevisibles y creativos; y el “mí”, el conjunto organizado de actitudes de los demás asumidos por el actor. Toda personalidad es una combinación de “yo” y de “mí”.

    * COOLEY: lo define como la capacidad de vernos a nosotros mismos como vemos cualquier otro objeto social. Desarrollamos un sentimiento de nuestro self como consecuencia de imaginarnos cómo aparecemos ante los demás y qué opinan ellos de nosotros.

    * BLUMER: un ser humano puede ser un objeto de su propia acción, actúa hacia sí mismo y guía sus acciones hacia otros sobre la base del tipo de objeto que es para sí mismo.

    * ROSENBERG: el self es la totalidad de los pensamientos y sentimientos que el individuo tiene de sí mismo como objeto. Implica una serie de motivaciones, de metas deseadas por los actores, entre las que destacan dos: la autoestima (deseo de pensar bien de uno mismo), y la autoconsistencia (deseo de proteger el self frente al cambio o al mantenimiento de la imagen de uno mismo).

    * GOFFMAN: se centró en la dramaturgia, como si la vida social fuera una serie de actuaciones que se asemejan a las representadas en el escenario.

    Considera al self como el producto de la interacción dramática entre el actor y la audiencia. Así que el self es vulnerable a su destrucción durante la representación. Se interesa por los procesos para evitar estas destrucciones y presentar un self fuerte a la audiencia, lo llamó “el arte de manejar las impresiones”.

    Dentro de esta analogía teatral habla de la “fachada”, como la parte del escenario que funciona de un modo general y prefijado, a fin de definir la situación para los que observan la actuación.

    Los actores suelen tener interés en ocultar cosas en sus actuaciones para presentar una imagen idealizada de sí mismos. El actor emplea mecanismos para infundir respeto en la audiencia, pero ésta está implicada en este proceso para que la representación sea buena.

    Así, Goffman se interesa por los equipos, que serían un conjunto de individuos que cooperan en la representación de una rutina.

    Grupos y sociedad: los interaccionistas entienden que las pautas entretejidas de acción e interacción constituyen los grupos y las sociedades. Critican la tendencia a centrarse en las macroestructuras.

    Según MEAD, la sociedad es el proceso social que precede tanto a la mente como al self. Representa el conjunto organizado de respuestas que adopta el individuo en la forma de “mí”.

    Entiende el control social como la dominación de la expresión del “mí” sobre la del “yo”. Define las instituciones sociales como la “respuesta común de la comunidad”. A través de la educación, se internalizan los hábitos comunes de la comunidad, es este un proceso esencial para llegar a tener self.

    BLUMER entiende que la sociedad es un conjunto de personas que actúan, y la vida de la sociedad son las acciones que éstas realizan.

    Lo principal es el estudio de la acción conjunta, que no sería simplemente la suma de todos los actos individuales, sino que la crean los actores y sus acciones, al ir acomodándose y haciéndose indicaciones unos a otros.

    Reconoce que la mayor parte de las acciones conjuntas adoptan formas pautadas y que se rigen por sistemas de significados preestablecidos, como la cultura y el orden social; sin embargo, esto no determina la acción humana.

  • EPISTEMOLOGÍA.

  • El Interaccionismo simbólico, por su interés en articular lo psicológico y lo social, sitúan su

    teoría dentro de la Psicología Social.

    Su perspectiva se define por ser ideográfica, al centrarse en lo particular en cuanto tal, huyendo de las leyes y afirmaciones genéricas; también se caracteriza por ser una teoría nominalista al dejar de lado en su análisis, las estructuras macrosociológicas, a favor de lo individual y concreto.

    Para comprender lo social desde el Interaccionismo hay que recurrir a los principios básicos enumerados por sus teóricos:

    1º) Los seres humanos están dotados de capacidad de pensamiento.

    2º) La capacidad de pensamiento está modelada por la interacción social.

    3º) En la interacción social las personas aprenden los significados y los símbolos que les permiten ejercer su capacidad de pensamiento distintivamente humana.

    4º) Los significados y los símbolos permiten a las personas actuar e interactuar de manera distintivamente humana.

    5º) Las personas son capaces de modificar o alterar los significados y los símbolos que usan en la acción y la interacción sobre la base de su interpretación.

    6º) Las personas pueden introducir modificaciones y alteraciones por su capacidad para interactuar consigo mismas, lo que les permite examinar los posibles cursos de acción y valorar sus ventajas y desventajas relativas para elegir uno.

    7º) Las pautas entretejidas de acción e interacción constituyen los grupos y las sociedades.

    A lo largo de estos principios se observa como se configura la sociedad a partir de los individuos que interactúan a través de símbolos y significados aprehendidos en el proceso de socialización y configuración del pensamiento humano.

    Dentro de la concepción epistemológica del Interaccionismo cabe hacer mención a E. Goffman en su obra “La presentación de la persona en la vida cotidiana”, en ella plasma la vida social como un teatro: “dramaturgia”. El self es un producto de interacción dramático entre el actor y su audiencia, no es una posesión del actor. La persona se opone a la destrucción del self en la representación: “arte de manejar las impresiones”. Es necesario tener en cuenta, para acercarse a la realidad, que presentamos imágenes idealizadas en las que ocultamos errores, placeres secretos, procesos de producción,...

    Con frecuencia es la propia audiencia la que mantiene una imagen idealizada del actor. La unidad de análisis para Goffman no es el individuo, sino el equipo entendido como el actor y la audiencia en interacción.

    El Interaccionismo Simbólico, al igual que otras teorías psicosociales, tiene una serie de limitaciones y/o carencias que determinan el estudio de lo social, entre ellas cabe destacar:

    1.- El rechazo de las técnicas científicas convencionales ya que ciencia y subjetivismo no deben considerarse realidades excluyentes entre sí.

    2.- Se trata de una teoría cuyos conceptos esenciales son definidos con vaguedad (self, yo, mí) lo que no le proporciona un pilar teórico consistente.

    3.- Ignora o asigna poca importancia a las grandes estructuras, dentro del binomio individuo-sociedad.

    4.- Y por último, omite la importancia de factores psicológicos como lo inconsciente, lo emocional, las necesidades,...

    C) METODOLOGÍA.

    En este apartado son de obligada referencia las ideas de Blumer. Este autor criticó el cientifismo ciego en Sociología, creía que los métodos cuantitativos eran menos útiles de lo que decían los sociólogos convencionales. Criticaba el reduccionismo de la complejidad del mundo social a variables científicas. La correlación simplista de variables ignoraba el proceso interpretativo clave para comprender la vida social. Este autor también rechaza el esquema teórico abstracto.

    Blumer recomienda el uso de “conceptos sensibilizadores” de los que dice que son menos violentos para estudiar el mundo real y que estos sugieren el objeto de estudio y donde buscarlo.

    Aboga por el uso de la introspección simpática para estudiar la vida social (ponerse en el lugar del otro). Muestra una clara preferencia por los métodos “suaves” frente a los “duros”.

    Como en otros apartados tampoco en lo metodológico en Interaccionismo simbólico sigue una línea uniforme. De especial relevancia es el enfrentamiento entre Kuhn y Blumer. El primero defiende el uso de la generalización y formulación de leyes, elabora índices abiertamente conductuales, maneja conceptos operacionales (variables investigables) que acepta y usa. Defiende una acción social determinada y plantea procesos estáticos. Blumer por su parte defiende una metodología distintiva sin generalizaciones, el uso de la introspección simpática y los conceptos sensibilizadores, como señalábamos anteriormente. Rechaza variables sociológicas y plantea la imprevisibilidad en la acción humana y el dinamismo y continuidad de los procesos.

    Frente a Mead, Blumer introduce un método naturalista y señala que las formas complejas de conducta social no son susceptibles de análisis experimental. Mead representa una línea más dura, quizá por su contacto con el conductismo y utiliza la observación sistemática y la investigación experimental.

    Hoy en día predominan aún las ideas de Blumer.

    D) ÉTICA:

    Las referencias a principios éticos no abundan en el texto, la única alusión directa la hallamos en los objetos abstractos de Blumer: ideas o principios éticos. Además es preciso señalar que a esa idea va unida la idea del relativismo. Importancia del significado de los objetos para las personas. La naturaleza de un objeto consiste en el significado que tiene para la persona. Los símbolos permiten a las personas actuar de una forma distintiva, especialmente el lenguaje.

    A la idea anterior podemos unir la importancia del valor para sí del significado de la realidad, lo que nos lleva a hablar de subjetividad. Gran valor de la capacidad de interpretación del mundo social. Los significados de los símbolos son individuales y subjetivos y dependen de la interpretación que de ellos se haga y el valor que se les asigne. Pero junto a ello es preciso realizar una construcción de los significados frente a los diversos reduccionismos psicológicos.

    La sociología no nos deja ser neutrales, la asepsia no tiene valor, construimos la realidad según nuestras necesidades, valoración de los objetos y situaciones desde la utilidad (pragmatismo). Acción social, como la capacidad de actuar teniendo en mente a los otros.

    Cierta ambigüedad respecto a la posibilidad de elección (libertad) capacidad de aceptar, rechazar, modificar, definir normas, roles y creencias conforme a los intereses personales y planes del momento. No meros títeres del contexto en que nos ha correspondido vivir. Luchando frente al determinismo sociológico de las grandes teorías macrosociológicas. Los estímulos ofrecen ocasiones u oportunidades para actuar no compelen ni obligan a hacerlo. No existen macrofuerzas que determinen nuestra conducta individual. O en cambio es la sociedad quien constituye y controla los procesos mentales de los individuos, los actores no como seres libres, sino controlados en sus conductas y cogniciones por el conjunto de la comunidad. Más bien y exceptuando a Mead el Interaccionismo Simbólico parece tomar la primera dirección. El “yo” como proceso del self que nos permite una personalidad libre y definida por nosotros (dinamismo y creatividad), frente al otro proceso “mi”: “Conjunto organizado de actitudes de los demás que uno asume”, el otro generalizado. El control social fruto de la dominación de la expresión del mi sobre la expresión del yo. En esta línea también Goffman, self espontáneo y self sometido a los constreñimientos sociales.

    Siguiendo con el problema de la Libertad: ¿Actuamos como pensamos que se espera de nosotros, interpretamos o nos presentamos tal como somos?. Importancia de la coherencia entre apariencia y modales. Intento de presentar imágenes idealizadas que llevan a ocultar placeres secretos, errores, necesidad de mostrar sólo los fines y no los medios y el proceso, elegir entre otras posibles alternativas y mantener pactos para llegar a buen término. Mantener las distancias sociales para de este modo mistificar actuaciones. “La sociedad... obliga a las personas a presentar una imagen determinada de sí mismas... y debido a que nos obliga a cambiar de rol y a elegir entre muchos roles complicados, nos hace permanentemente irreales, inconsistentes y deshonestos” (Collins, 1986ª: 107).

    El problema parece poder quedar resuelto con las aportaciones de Mead sobre el acto humano cuenta con cuatro fases: impulso, percepción, manipulación y consumación, las cuatro relacionadas de forma dialéctica. En las cuatro fases están implicadas la persona y el entorno. La primera de ellas incluye junto a la inmediatez la capacidad de las personas de valorar teniendo presentes las experiencias pasadas y las consecuencias futuras, es decir, capacidad de reflexionar. La segunda va asociada a la capacidad de elección frente a diversos estímulos. Junto a ellas es preciso destacar que las personas debido a su inteligencia racional somos capaces de inhibir temporalmente la acción, retardar las reacciones. Conciencia: inteligencia reflexiva, mente como garantía de la posibilidad de los seres humanos de solucionar de forma eficaz los problemas que surgen en el mundo real.

    Reforzando la idea anterior encontramos que la capacidad de pensamiento y la interacción dan lugar a la entidad social. Con ello la socialización no es un mero proceso pasivo para el individuo, sino que las personas retomamos y adaptamos las informaciones a nuestras propias necesidades.

    La sociología planteada por el Interaccionismo Simbólico no resuelve, a nuestro juicio con demasiado acierto la idea del conformismo o conservadurismo, algo que se hace patente en las siguientes líneas. El Self se desarrolla a través de la reflexión entendida como la capacidad de ponernos inconscientemente en el lugar de los otros y de actuar como lo harían ellos, concepto con similitudes al de empatía desarrollado por otras corrientes psicológicas. El self ha de conducirse según las actitudes comunes a la comunidad. Conservador. El self nos hace más eficientes para el conjunto de la sociedad, cumplimos por éste lo que se espera de nosotros. Queda abierta la posibilidad de mejorar y cambiar a la comunidad (otros generalizados) a través del pensamiento construyendo un “otro generalizado” superior. Las posibilidades de cambio que señalan para nada cuestionan el sistema. La idea del cambio está desarrollada, desde nuestro punto de vista, de forma insuficiente y, por tanto, difícil de combatir el conformismo. Imagen, opinión y sentimiento de nosotros mismos.

    Aportación que apenas supera el individualismo como vemos reflejado en la distancia entre el Self virtual y el Self real. Self existente, deseado y presente: cómo somos, cómo nos gustaría ser y forma en que nos presentamos en una situación determinada. “Identidad social virtual” e “identidad social real”, el abismo entre ambas produce la estigmatización que puede ser desacreditado, evidente, o desacreditable, imperceptible. Dos motivos destacables: autoestima Pensar bien de uno mismo y autoconsistencia mantener la imagen de uno mismo. Importante investigación empírica sobre la autoestima que le ha supuesto un amplio reconocimiento a Rosenberg.

    E) TEMÁTICA:

    La forma de acercarse a la realidad, con sus aportaciones y limitaciones, ha servido para que sus ideas hayan tomado un lugar privilegiado en algunos campos: El lenguaje y sus funciones. Conductas abiertas y conductas encubiertas, importancia de los símbolos y los significados en esta segunda.

    La dramaturgia de Goffman como clave para aprehender la realidad social. Importancia de los espacios físicos. Mantener imágenes idealizadas de los actores, éstos por si mismos pero también la audiencia en un determinado momento. Manipulación y automanipulación.

    Investigación empírica a partir de la obra de Goffman recurriendo a su enfoque dramatúrgico. Fachadas institucionalizadas que dan lugar a representaciones colectivas. Las fachadas se eligen no se crean. Pan y circo o manipulación de los mass-media. Así aparece en los trabajos de Snow, Zurcher o Peter sobre la celebración de la victoria por las masas en los partidos de fútbol como representaciones dramatúrgicas, los análisis dramatúrgicos de Haas y Shaffir sobre la profesión médica, el de Zurcher sobre los juegos bélicos y el estudio del Kitahara sobre los mecanismos dramatúrgicos, mostrar el rango, desplegar naves, mostrar el armamento, que utilizó el comodoro Perry para abrir las puertas de Occidente a Japón. Parece clara página.

    Su forma de ver la sociología les lleva a decir del acto social o la acción conjunta, que es más que la suma de las acciones, carácter propio, resultado de acomodarse unos individuos a otros en sus líneas de actuación, la esencia son los actores y la acción. Su huida del determinismo no es totalmente real si tenemos presente que las acciones conjuntas con suma frecuencia adoptan formas pautadas, regidas por sistemas preestablecidos como la cultura y el orden social. Para evitar esto Blumer señala que es el proceso social en la vida grupal el que crea y mantiene las normas y no lo contrario.

    Realizar el estudio del mundo real no es sencillo por ello se precisan modelos para su estudio. Ambigüedad señalada más arriba según autores. Blumer se opuso al análisis experimental de las formas complejas de conducta social por creer que estas no eran susceptibles de este tipo de análisis, frente a él otros teóricos lo defendían como posible. Los primeros serán criticados por huir de las técnicas científicas convencionales: codificación, clasificación,...

    HERBERT BLUMER: “EL INTERACCIONISMO SIMBÓLICO: PERSPECTIVA Y MÉTODO”

    El interaccionismo simbólico es una perspectiva sumamente amplia. Herbert Blumer es su representante tradicional. Fue él mismo quien en 1.937 acuñó el término “interaccionismo simbólico”. Este autor recoge las líneas teóricas principales del interaccionismo, e intenta desmarcarse de las dos corrientes teóricas predominantes:

    • El funcionalismo estructural y las teorías sociológicas macro, que consideran que la conducta individual está determinada por macrofuerzas exteriores (la estructura social, la cultura, normas, valores...).

    • El reduccionismo psicológico del conductismo, que subrayaban la influencia de los estímulos externos sobre la conducta humana.

    Herbert Blumer tiene tres obras importantes:

    • La interacción simbólica (1.954).

    • El interaccionismo simbólico: perspectiva y método (1.969).

    • La industrialización como agente del cambio social (1.990).

    Vamos a analizar la segunda de estas obras, que supone una visión clave para el interaccionismo simbólico. Pero en este libro no se refiere sólo a este tema, sino que va más allá: su preocupación por el método de la Psicología Social. También algunos de sus artículos se refieren a categorías de la Ciencia Social, su teoría, sus conceptos y sus variables.

    Para el análisis de esta obra de Blumer, vamos a seguir las dimensiones básicas de las teorías sociológicas, a lo largo de los diferentes artículos que componen el libro.

    DIMENSIÓN ONTOLÓGICA

    Herbert Blumer concibe el interaccionismo simbólico como un enfoque relativamente definido del estudio de la vida de los grupos humanos y del comportamiento del hombre. Parte de tres premisas básicas:

    • El ser humano orienta sus actos hacia las cosas en función de lo que éstas significan para él.

    • El significado de estas cosas se deriva o surge como consecuencia de la interacción social entre los individuos.

    • Los significados se manipulan y modifican mediante un proceso interpretativo desarrollado por la persona. La interpretación supone un proceso de autointeracción.

    Lo novedoso de este planteamiento reside en que no se limita a contemplar factores causales, como otras corrientes psicológicas y sociológicas, en la formación de la conducta humana, sino que señala la existencia de un proceso interpretativo personal del significado de las cosas, fruto de la interacción social que orienta la conducta.

    Para Blumer el interaccionismo simbólico está cimentado en una serie de ideas básicas o “imágenes radicales”, que constituyen el armazón del estudio y análisis de esta corriente: sociedades o grupos humanos, interacción social, objetos, el ser humano como agente, los actos humanos y la interconexión de las líneas de acción. Vamos a comentar lo que significa cada una de estas ideas para Blumer.

    NATURALEZA DE LA VIDA EN LAS SOCIEDADES Y GRUPOS HUMANOS

    Los grupos humanos están formados por individuos comprometidos en la acción. Los individuos pueden actuar de forma aislada, colectivamente o en nombre o representación de alguna organización. La sociedad está formada por personas involucradas en la acción, y la vida de la sociedad es un proceso de ensamblaje de las actividades de sus miembros.

    NATURALEZA DE LA INTERACCIÓN SOCIAL

    La interacción es un proceso que forma el comportamiento humano. Las actividades de cada miembro se producen primordialmente en respuesta o en relación con las de los demás.

    Expone el planteamiento de George Herbert Mead respecto a la interacción humana. Esta puede darse a dos niveles:

    • “Conversación de gestos”: una persona responde directamente al acto de otra sin interpretarlo. Blumer lo llama “interacción no simbólica”.

    • “Empleo de símbolos significativos”: implica la interpretación del acto. Blumer lo denomina “interacción simbólica”.

    Mead describe la interacción simbólica como una exposición de gestos y una respuesta al significado de los mismos. Cuando el significado es el mismo para ambas personas, se comprenden mutuamente. El proceso consiste en formular indicaciones a los demás sobre lo que hay que hacer, y en interpretar las que ellos formulan a su vez.

    La interacción social se ejerce primordialmente en el ámbito simbólico.

    NATURALEZA DE LOS OBJETOS

    Un objeto es todo aquello que puede ser indicado, que puede señalarse o a lo cual puede hacerse referencia. La naturaleza de un objeto es el significado que éste encierra para la persona que como tal lo considera.

    Los objetos son creaciones sociales, resultado de un proceso de indicaciones que emana de la interacción social.

    Cada persona tiene un “mundo” de objetos físicos, sociales y abstractos, se configura un entorno con aquellos objetos que unos seres humanos determinados identifican y conocen, y que encierran un significado para dichas personas. Para conocer y comprender la vida de un grupo es necesario determinar su mundo de objetos.

    EL SER HUMANO CONSIDERADO COMO ORGANISMO AGENTE

    Como indica Mead, la persona posee “un sí mismo”. Esto quiere decir que un individuo puede ser objeto de sus propios actos. Este auto-objeto se forma mediante un proceso de asunción de papeles basado en las diferentes maneras de definirlo que tienen los demás.

    Esto significa que la persona humana es capaz de establecer una interacción consigo misma o autointeracción, que es un proceso en el que el individuo se hace indicaciones a sí mismo, de las cuales se sirve para orientar sus actos.

    NATURALEZA DE LA ACCIÓN HUMANA

    La acción por parte del ser humano “consiste en una consideración general de las diversas cosas que percibe y en la elaboración de una línea de conducta basada en el modo de interpretar los datos recibidos”.

    Esto concuerda con el concepto de acto de Mead: la acción humana es un proceso de interacción del ser humano consigo mismo. La acción es una conducta elaborada por el actor, y no una respuesta prefigurada de su organización personal.

    Esto también es válido para la acción colectiva o conjunta, en la que intervienen una serie de individuos, y que sería el resultado de un proceso interpretativo a través de la formulación recíproca de indicaciones entre quienes intervienen en el mismo.

    INTERCONEXIÓN DE LA ACCIÓN

    La acción conjunta constituye la concatenación de los actos de los individuos que componen una colectividad. Por lo tanto, es el resultado de un proceso de formación y utilización de significados, y no la expresión de formas preestablecidas de acción conjunta.

    * En una sociedad humana, hay una gran parte de formas reiterativas y preestablecidas de acción conjunta, que hacen pensar en un orden de vida establecido. Sin embargo, la acción conjunta reiterativa y estable es el resultado de un proceso interpretativo al igual que cualquier nueva forma de acción conjunta.

    La mayoría de las situaciones en una sociedad son definidas por las personas de idéntica forma, adquieren una definición común de cómo actuar en cada situación; pero esto no quiere decir que no exista proceso de interpretación.

    “Es el proceso social el que crea y sustenta las normas en la vida de grupo y no éstas las que forjan y sostienen aquella”.

    * La sociedad está formada por instituciones y organizaciones sociales, que son redes de acción que implican la concatenación e interdependencia de los distintos actos de diversas persona. Pero estas redes no funcionan automáticamente por medio de dinámicas internas o de exigencias del sistema, sino porque las personas actúan, y esto es producto de un proceso de interpretación de la situación.

    * Toda acción conjunta surge de un historial de acciones previas de los participantes. Hay que tener en cuenta el vínculo histórico, el vínculo con las formas precedentes de acción conjunta.

    Los conceptos sociológicos sobre la sociedad humana están, por lo general, en desacuerdo con las premisas del interaccionismo simbólico:

    • No admiten que las sociedades humanas se componen de individuos dotados de un “sí mismo”. Ven a las personas como organismos que responden a las fuerzas que actúan sobre ellas: fuerzas de la estructura de la sociedad, o factores psicológicos.

    • No creen que las acciones sociales sean elaboradas por los individuos mediante un proceso de interpretación, sino que son producto de los factores que influyen sobre y a través de los individuos.

    Los sociólogos no suelen estudiar la sociedad basándose en unidades que actúan, sino sobre la base de una estructura u organización. La interacción simbólica reconoce la presencia de la organización en las sociedades humanas y respeta su importancia. Desde esta teoría, la organización:

    • Es un marco en cuyo interior tiene lugar a acción social, pero no constituye el factor determinante de la misma.

    • La organización y las modificaciones que sufre son producto de la actividad de las unidades de acción, y no de “fuerzas” que las dejan relegadas a un segundo término.

    DIMENSIÓN EPISTEMOLÓGICA

    El análisis que realiza Blumer de la realidad es desde una dirección micro, ya que se refiere a la conducta del individuo concreto; así como desde el subjetivismo: intenta comprender la experiencia subjetiva de los individuos.

    Se le ha criticado que ofreció una teoría sociológica integrada, ya que no se ocupa de las estructuras macro y de la objetividad. Sin embargo, algunos interaccionistas simbólicos le han defendido:

    • En cuanto a la subjetividad, Blumer adoptó una posición en la línea del pensamiento de su tiempo sobre la acción humana.

    • En cuanto a la dimensión macro, se destacan tres implicaciones del concepto de la acción conjunta de Blumer:

    • La acción conjunta implica una organización social puesto que ocurre de acuerdo con pautas recurrentes.

    • Las acciones suelen estar interconectadas; es decir, tienden a institucionalizarse.

    • La acción social posee continuidad; es decir, tiene una dimensión histórica.

    Esta preocupación por la organización, la institucionalización y la historia le confiere a Blumer una orientación macro, según sus defensores.

    Blumer propone estudiar lo social a través del examen directo del mundo social empírico. Atendiendo a las premisas del interaccionismo simbólico, éstas tienen unas consecuencias para el estudio de la vida de un grupo humano y de la acción social:

    • Si los individuos viven en un mundo de objetos y acomodan su actuación al significado que éstos tienen para ellos, el investigador debe ver los objetos como los ven esas personas. Recomienda acercarse a ver los objetos con el mimo significado con el que el individuo los ve.

    • Hay que procurar ver al grupo, no como el simple resultado de los factores determinantes que se manifiestan a través de la interacción personal, concebida ésta de forma específica y particular, sino que la esfera de vida en estudio es un proceso dinámico en el cual cada uno de los individuos participantes define e interpreta los actos de todos los demás. Para esto, hay que contemplar el papel de la interacción social, y averiguar que forma de interacción está en juego en cada caso, lo cual es una cuestión de descubrimiento empírico.

    • La acción social es elaborada por un agente que opera a través de un proceso en el que advierte, interpreta y valora las cosas, elaborando un plan de acción premeditado. Esto significa que para abordar y analizar la acción social hay que observar el proceso mediante el cual se lleva a cabo. Si es el propio agente el que construye su acción se debe estudiar la perspectiva del autor de la acción, atendiendo al modo en que se forma, y no recurriendo a condiciones precedentes como causas explicativas.

    • La compleja concatenación de los actos que configuran las organizaciones, instituciones, división del trabajo y redes de interdependencia no constituye algo estático, sino dinámico.

    Estos aspectos más amplios de la sociedad humana hay que entenderlos como “una ordenación de personas vinculadas recíprocamente en sus actos respectivos”, más que con cargo a su dinámica y estructura global propia.

    No hay que dar por bueno el automatismo de las formas estables y recurrentes, sino analizar el proceso de interacción entre individuos y de auto-interacción. Tampoco hay que olvidar la vinculación histórica, el vínculo temporal que toda acción conjunta tiene con la precedente.

    DIMENSIÓN METODOLÓGICA

    Blumer adopta el interaccionismo simbólico como una perspectiva dentro de la ciencia social empírica, encaminada a ofrecer un conocimiento de la vida de grupo y el comportamiento humano que se pueda verificar.

    La metodología para conseguir este conocimiento empírico, se basa en tres premisas fundamentales:

    La Metodología

    • Abarca la investigación científica en su totalidad (todas las partes del acto científico), y no sólo un aspecto seleccionado.

    • El acto científico debe adecuarse al mundo empírico en estudio; por lo tanto, los métodos de estudio están subordinados a dicho mundo y han de ser verificados por éste.

    • El mundo empírico sometido a estudio es el que proporciona la respuesta decisiva sobre la investigación emprendida.

    Blumer piensa que el investigador desconoce normalmente lo que va a estudiar, pero compone inconscientemente un cierto tipo de descripción de ello, acudiendo a estereotipos comunes e imágenes preconcebidas producto de teorías. Entiende que es importante adquirir un conocimiento directo del área de vida social en estudio para respetar ese “universo social”, garantizando que los problemas, conceptos orientativos, datos, esquemas de relación e ideas de interpretación personales sean fieles a ese mundo empírico.

    Blumer propone el examen naturalista directo del mundo empírico, que se diferencia del cientificismo del que Blumer acusa al modo de investigar que se practica en la Sociología. Para llevar a cabo esto señala dos grandes fases metodológicas:

  • EXPLORACIÓN: Su objetivo es confeccionar un cuadro del área en estudio completo y preciso. Se trata de recopilar información descriptiva. Tiene un carácter flexible, no el procedimiento prescrito y restringido del protocolo científico. Puede utilizar técnicas como: la observación directa, entrevistas, informes de vida, recuentos, consulta de documentación, discusiones de grupo, etc.

  • INSPECCIÓN: Es un examen profundo del contenido empírico de cualquier elemento analítico, y un examen de la naturaleza empírica de las relaciones entre elementos analíticos.

  • Al hablar de elementos analíticos se refiere a temas generales o categóricos que son vitales para el análisis, como, por ejemplo, la integración, movilidad social, asimilación, moral, actitudes, etc.

    Se someterían los elementos analíticos a un meticuloso examen por medio de un escrutinio minucioso y flexible de los casos empíricos que comprenden.

    La inspección no se ajusta a ningún enfoque o procedimiento rígido, es todo lo contrario al protocolo científico convencional.

    Blumer concluye que el objetivo del interaccionismo simbólico es respetar la naturaleza del mundo empírico, y esto se consigue con el estudio naturalista.

    Realiza también un examen crítico del esquema de análisis sociológico que pretende reducir la vida social humana a una serie de variables y a las relaciones entre éstas, ya que la correlación simplista de variables tiende a ignorar el proceso interpretativo intermedio, cuestión central para la comprensión de la vida social.

    Señala la decisiva importancia de los conceptos en la investigación científica, por lo que debe someterse a éstos a un examen metodológico. Considera que en la teoría social los conceptos son excesivamente vagos, e impiden establecer un estrecho contacto con el mundo empírico, puesto que ignoramos lo que es preciso tomar de él. Para resolver este problema lo que se ha intentado es crear procedimientos específicos y fijos destinados a aislar un contenido empírico estable y definitivo que constituya la definición o referencia del concepto (definiciones operativas, elaboración experimental de conceptos, confección de índices cuantitativos, etc.). Estos intentos se encuentran con graves dificultades para obtener conceptos relacionados con e mundo empírico.

    Blumer se cuestiona si los conceptos definitivos resultan adecuados para el estudio del mundo social empírico, y plantea que los conceptos en la Sociología son instrumentos sensibilizadores. Propone utilizar conceptos sensibilizadores, que indican la dirección en la que hay que concentrar la atención, al contrario que los conceptos definitivos, que proporcionan prescripciones sobre lo que se ha de examinar.

    En el mundo empírico cada objeto tiene un carácter distintivo y se halla en un contexto distintivo. Lo común (a lo que hace referencia el concepto) se expresa de una forma distintiva en cada caso empírico y sólo puede captarse aceptando y trabajando a fondo sobre esa expresión distintiva. El concepto nos sensibiliza para nuestra labor, proporcionándonos indicios y sugerencias.

    Los conceptos sensibilizadores pueden ser verificados y mejorados. Su validez puede demostrarse por medio de un minucioso estudio de los casos empíricos que engloban. Este intento de perfeccionar los conceptos que Blumer propone, enlaza con su idea de una investigación naturalista, mediante el estudio directo del mundo social natural en el que los casos empíricos son aceptados en su forma concreta y característica.

    DIMENSIÓN ÉTICA

    El interaccionismo simbólico intenta oponerse tanto al reduccionismo psicológico del conductismo como a las grandes teorías sociológicas macro. Ambas perspectivas son deterministas, se centran en factores que determinan la conducta humana.

    Las ideas de Blumer plantean la libertad y la posibilidad de elección de las personas. Adopta una postura voluntarista, presta atención a los procesos cruciales por los que los actores confieren significado a las fuerzas que actúan sobre ellos y sus propias conductas, y actúan en base a este significado. Son los seres humanos los que crean la realidad social.

    Esto es debido a la importancia que se da al significado de los objetos para las personas, que es algo relativo y no tiene por qué ser el mismo para todos. El significado dependerá de la interacción social y de la capacidad de interpretación de cada persona. En base a esto, una persona a la hora de actuar no estará determinada por factores externos, sino que tendrá en cuenta aspectos como los deseos y necesidades, los objetivos, los medios disponibles para su logro, los actos ajenos (tanto realizados como previstos), la propia imagen, el resultado probable de una línea de acción...

    Todos estos aspectos permiten a la persona examinar los posibles cursos de acción, valorar sus ventajas y desventajas relativas para luego elegir uno. Y estos cursos de acción podrán ser iniciados, concluidos, abandonados, pospuestos, o modificados una vez iniciados, ya que la acción humana se va formando en función de lo que la persona percibe y de cómo lo enjuicia e interpreta.

    Blumer admite que la acción colectiva suele adoptar formas pautadas y regirse por sistemas de significados preestablecidos, así como reconoce la presencia de las organizaciones. Pero esto no supone que determinen o limiten la acción humana, sólo serían marcos en cuyo interior tiene lugar la acción social. Que la acción sea reiterativa y estable no quiere decir que no sea el resultado de un proceso interpretativo, sino que la interpretación está basada en significados comunes y en una vinculación histórica con las acciones conjuntas precedentes.

    Sería la actividad humana la que puede producir modificaciones en las organizaciones y no al contrario, lo que implica que a través de la acción conjunta, que es casi totalmente flexible, la sociedad puede convertirse virtualmente en cualquier cosa que deseen los actores, aunque con las limitaciones comentadas respecto a las pautas recurrentes de actuación.

    El interaccionismo simbólico de Blumer se centra en comprender la experiencia subjetiva de los individuos, ya que intenta ponerse en el lugar de las personas que actúan para comprender la situación desde su punto de vista, viendo las cosas como el individuo las ve y analizando el proceso particular a través del cual se han formado sus acciones.

    En su exposición, Blumer tiende a explicar la realidad social existente y la contrapone a la descrita por otras teorías sociológicas y psicológicas, pero la realidad social que él describe no la cuestiona.

    Analiza el mundo social sin preocuparse por el cambio, aunque tampoco lo rechaza. No cuestiona el sistema y parece transmitir una imagen conservadora al hablar de las formas reiterativas y pautadas de acción colectiva, las indicaciones recíprocas que se hacen las personas al actuar y que influyen mutuamente en el comportamiento de cada uno, la influencia que los otros tienen en la formación del “sí mismo” (ya que éste se basa en las distintas maneras de definirlo que tienen los demás)...

    La realidad social que describe se fundamenta en el consenso: para explicar la convivencia de los seres humanos no se refiere a la dominación de unos sobre otros, sino que basa la convivencia en el hecho de la asociación humana, y su forma más elemental es la de los seres humanos en interacción.

    Blumer plantea que la característica más importante de la asociación humana es que cada participante tiene en cuenta a los demás. El hecho de ser consciente de otra persona, teniéndola en cuenta, tanto a ella como a sus actos, da lugar a orientarse uno mismo y a dirigir la propia conducta. Así se entabla una relación de sujeto a sujeto, donde se da una acomodación de la acción en desarrollo de cada uno a la del otro, con objeto de conjuntar o enlazar ambas.

    Se ve como Blumer trata de explicar el mundo social sobre la base de su unidad y cohesión, y no se plantea el tema del conflicto en caso de que las conductas no se acomoden mutuamente.

    Lo que Blumer pretende y se esfuerza en hacer, a través del interaccionismo simbólico, es respetar la naturaliza del mundo empírico y organizar un plan metodológico que la refleje.

    TEMÁTICA

    Las ideas del interaccionismo simbólico han destacado en algunos campos, como son e lenguaje y sus funciones. La interacción simbólica se basa en el empleo de símbolos significativos, y conciben el lenguaje como un vasto sistema de símbolos. Las palabras son símbolos que se utilizan para significar cosas, y gracias a ellas todos los demás símbolos pueden ser descritos.

    Dan importancia al lenguaje como vehículo para la construcción social como expresión de las experiencias compartidas.

    En relación con el interaccionismo simbólico, Blumer concede una importancia capital a los problemas metodológicos, pero no sólo los de esta teoría, sino que lo que le preocupa es el método en la psicología social. Esta línea de coincidencia temática se da porque Blumer cree que el interaccionismo simbólico respeta la condición empírica del objeto psico-social, que es lo que ha de hacer toda ciencia empírica; pero tal respeto requiere, a su vez, el desarrollo de una perspectiva metodológica congruente con la naturaleza del mundo empírico en estudio.

    Así, Blumer se dedica al estudio de las categorías de la ciencia social, su teoría, sus conceptos y sus variables. Esto lo hace desde una postura crítica con la forma tradicional de tratar estos temas desde la Psicología y la Sociología y, con la postura que adoptan la mayor parte de los sociólogos y psicólogos, exponiendo cuál sería la forma correcta de hacerlo o las limitaciones y problemas que hay que tener en cuenta desde el punto de vista de su concepción de la sociedad, de acuerdo con su teoría del interaccionismo simbólico, destacando la idea del respeto de la naturaleza del mundo empírico a la hora de abordar cualquier estudio o investigación.

    Destaca, por ejemplo, la valoración crítica del concepto de actitud, como instrumento de análisis de la conducta humana, que lleva a cabo Blumer en su artículo “Las actitudes y el acto social”. Supone un rechazo crítico total de la teoría de actitudes, basándose en la ambigüedad empírica del concepto de actitud y su potencial de falsedad descriptivo de la acción humana. Para aclarar este último punto se apoya en el análisis del acto social humano siguiendo la línea de pensamiento de George H. Mead.

    Debido al papel primordial que el interaccionismo simbólico concede a la acción y la interacción, Blumer se interesa por el estudio de la sociedad y de los grupos, entendiéndoles como formas de interacción simbólica, y destacando la importancia de los seres humanos en interacción como la forma más elemental de asociación humana, y que debería servir de punto de partida para la Psicología Social.

    Se interesa también Blumer por temas concretos, como los artículos que dedica a los efectos de los medios de comunicación de masas y a la opinión pública y su sondeo, preocupado en ambos casos por el perfeccionamiento de las técnicas que se emplean en estos campos, siempre haciendo hincapié en que no se ignore la relevancia de la interacción humana y en el respeto por el mundo empírico, a la hora de enfocar la forma de realizar estos estudios.

    "EL ESTIGMA. La identidad deteriorada." Erving Goffman

    1.-ONTOLOGÍA.

    En este libro Goffman hace un interesante análisis entre unas personas cuyas características les hacen especiales y el resto de la sociedad, las otras personas, a las que considera "normales". A lo largo de la obra pone de manifiesto la influencia que tendrá en la configuración de la identidad, del self, las interacciones sociales, tanto con los miembros del propio grupo con características especiales, como con las personas "normales".

    El concepto de estigma, ya utilizado por los griegos, es el punto de partida. Con el se refiere a determinados atributos negativos que van a suponer, con mucha frecuencia, un serio obstáculo en las relaciones interpersonales e intergrupales de las personas que lo poseen.

    El libro hace un recorrido por las diversas situaciones a las que la persona estigmatizada se enfrenta en sus relaciones y como la mayoría de las veces el estigma supone un obstáculo insalvable que impide la comunicación plena. Tanto por causas propias del individuo que se retira del juego social encubriendo o enmascarando su realidad y por lo tanto sin asumirla como parte del medio social que establece un conjunto de categorías sociales en las que se sitúan las personas.

    Es preciso detenernos en algunas precisiones:

    • El estigma es considerado como un atributo negativo que origina o se hace patente en unos rasgos sociológicos que nos llevan a alejarnos de la persona que lo posee anulando sus otros atributos positivos. Frente a la persona estigmatizada encontramos a la persona normal que sería la que no se aparta de las expectativas sociales que establecen los individuos en sociedad.

    • Podemos encontrar infinitos tipos de estigma, los más frecuentes son los que hacen referencia a:

  • Abominaciones del cuerpo (deformidades o defectos físicos).

  • Defectos del carácter: falta de voluntad, deshonestidad, creencias rígidas, pasiones tiránicas,...

  • Estigmas tribales de raza, nación, religión transmitidos por herencia y que contamina a todos los miembros de la familia.

    • Por la forma de exteriorizarse los estigmas, las personas que los poseen pueden ser:

    • Desacreditado: su calidad de diferente es ya conocida o se percibe en el acto, suele dar lugar a la indiferencia. No crea tensiones excesivas.

    • Desacreditable: su calidad de diferente no es conocida ni perceptible directamente. Mantendrá la tensión en el manejo de la información para evitar ser desacreditado. Encubrimiento,...

    • Con frecuencia, a medida que transcurre el tiempo o se intensifica la interacción, "las transaciones", la persona estigmatizada pasa por las dos situaciones. Puede ocultar su estigma pero no para todos ni para siempre.

    Es el medio social el que establece las categorías personales, la "categoría social" a la que pertenecemos nos hará una serie de demandas que "en esencia" servirán para ofrecernos nuestra "identidad social virtual". Suele ocurrir que nuestros atributos no coincidan con esa imagen ideal por lo que frente a ella está "la identidad social real". La discrepancia entre ambas, entre lo que de nosotros se espera y lo que podemos ofrecer, a la vez que daña la identidad social, aísla a determinadas personas de la sociedad.

    La socialización nos enseña a encubrirnos. Sólo la autoaceptación y la autoestima adecuadas harán que el encubrimiento no sea necesario. De ese modo llegaremos al momento de mayor adaptación, madurez, estado de gracia.

    En función del estigma se establecen las relaciones sociales que pueden dar lugar a alienaciones endogrupales, si por efecto de un estigma las filiaciones son cerradas da lugar al etnocentrismo, chauvinismo, endogrupismo. También pueden aparecer alienaciones exogrupales, consideración del estigmatizado desde el grupo de normales, sociedad más amplia. Si se sigue la línea marcada socialmente llegamos a la madurez, si no lo hace será una persona deteriorada.

    La sociedad a lo largo de la Historia va creando unas normas de identidad ante las que debemos ajustarnos.

    Estigmatizado y normal son roles de un mismo complejo, roles paralelos con semejanzas notables.

    El efecto de la estigmatización en el ámbito de la sociedad es la aparición de los desviados sociales y divergentes, miembros que no se adhieren a las normas, dando lugar a la parición de la subcomunidad "desviados sociales" y su vida colectiva como una comunidad diferente.

    2.- EPISTEMOLOGÍA.

    Goffman lleva adelante su trabajo en torno a un rasgo vital del individuo estigmatizado: "aceptación". Esta será clave a la hora de comprobar como la persona estigmatizada hará cualquier cosa por corregir su deficiencia, intentará destacar en otro terreno o se refugiará en su falta y rehuirá responsabilidades y compromisos.

    El autor se centra principalmente en los "contactos mixtos" (normales-estigmatizados). Los comportamientos oscilan desde la evitación mutua hasta los esfuerzos de adaptación para la vida en común.

    A través de esa relación, no sólo conocemos la identidad del estigmatizado, sino también la de la persona normal: "eterno retorno de la consideración mutua" (Mead). Puede ocurrir que en un determinado momento la persona estigmatizada, acostumbrada a enfrentar situaciones difíciles en la relación se maneje con más pericia que la persona normal.

    Goffman señala que la identidad del estigmatizado pasa por unas experiencias o "carrera moral":

    • Incorporación del punto de vista de los normales, creando así una identidad en relación a aquellos.

    • Conocimiento de su estigma y las consecuencias. (Entrenamiento para superar obstáculos, cápsulas de protección, autocensura, aquellos que por vivir en comunidades alienadas no descubren su situación).

    En el estudio del estigma es preciso tener presente también diversos procedimientos entre los que destacamos:

    El Encubrimiento:

    Sólo tiene interés estudiar el estigma cuando alguien es consciente de su existencia. Si sólo es conocido por el poseedor se produce el encubrimiento: ocultación del estigma que suele ser situacional.

    La apariencia de normalidad es gratificante por ello el decoro predomina sobre la sinceridad. El proceso de encubrimiento pasa por unas fases similares a la estructuración del self:

  • Conocer el punto de vista de los normales y conocer que está descalificado.

  • Enfrentar el modo como los demás le van a tratar.

  • Aprender a encubrirse.

  • Ello da lugar a una división espacial del que realiza el encubrimiento:

    • Lugares prohibidos o inaccesibles: si penetra será expulsado.

    • Lugares en que será objeto de cortesía o penosidad.

    • Lugares en los que no necesita ocultarse "retiro". ("Radio de acción", "Teoría del grupo de referencia").

    Cercano al encubrimiento nos encontramos el Enmascaramiento. El individuo, en este caso, es desacreditado en lugar de desacreditable (encubrimiento). La persona estigmatizada intenta participar en la mayor medida posible en la interacción y para ello intentará:

    • Reducir los estereotipos asociados a un estigma.

    • Restringir la exhibición de los defectos más identificativos (técnicas asimilativas).

    • Organizar situaciones sociales.

    3.- METODOLOGÍA.

    Goffman se sirve, para estudiar a los estigmatizados y por contraposición a los normales, de símbolos (signos que dan información social de forma rutinaria).

  • Símbolos de estatus: pueden ser de prestigio o de estigma. Los primeros hacen que la valoración del individuo aumente, los segundos disminuyen la valoración.

  • Desidentificadores: signos que añaden efectos positivos o negativos a una persona, quiebran su identidad virtual. Ej. Gitano Universitario. Los desidentificadores serán "puntos" si ofrecen prestigio o "errores" si desacreditan.

  • Los símbolos pueden ser congénitos o adquiridos, voluntarios o involuntarios.

  • Los signos no son siempre confiables.

  • Otro elemento que utiliza Goffman es el de la compañía: "estar con", nos dará información del individuo por las características de las personas con quien se mueve.

    Goffman descubre que no siempre es fácil advertir, percibir, apreciar que alguien tiene un estigma. Señala que el ideal es la visibilidad, distinta del conocimiento por terceras personas, (observación participante), ya que en la información que nos llega a través de otros influyen los rumores, los contactos anteriores,... la visibilidad está, a su vez, relacionada con la situación ya que hay estigmas sólo observables en determinadas situaciones y de la importancia del estigma en la interacción, asimismo, otro elemento en juego es la capacidad decodificadora de la audiencia.

    El estigma se hace presente en los contactos, mucho menos en la intimidad. Con frecuencia se produce el hecho de "abrirse camino" contactos habituales que reducen los estereotipos y llegan a la normalización. Pese a ello, la familiaridad no siempre conduce a la normalización, en muchas ocasiones las personas normales se muestran más accesibles cuando los contactos con estigmatizados son reducidos ya que de este modo el esfuerzo, de cara al trato en igualdad, es menor.

    Las personas desacreditables rechazarán con mayor frecuencia que los desacreditados las relaciones íntimas ya que los primeros se mueven en la tensión, angustia de tener que ocultar información.

    Destaca, el autor, que la identidad personal, el conocimiento a fondo de la persona estigmatizada es mejor en el grupo pequeño de larga trayectoria en el que cada persona es "única", con una "marca positiva" y un "soporte de identidad". Por el contrario en una extensa organización impersonal el conocimiento de las personas nos llega por registros oficiales (burocracia) que apenas cuenta entre sus datos con signos de prestigio o estigma y datos a los que sólo unos pocos tienen acceso.

    Junto a la documentación y la identidad social que aporta el pequeño grupo es necesario hacer uso de los enunciados orales. Todo ello nos dará como resultado la "Biografía" (historia estructurada en torno a una persona, línea vital única que contrasta con los múltiples yoes desde la perspectiva del rol social). Las tergiversaciones pueden ser tanto sociales como personales, por lo tanto, para conocer a fondo a la persona deberemos contrastar, complementar la identidad personal con la identidad social y los enunciados orales.

    Es preciso llegar al conocimiento social, en él se produce la ceremonia de la comunicación. Este conocimiento es más completo que el mero conocimiento de la identidad personal. Ej. Podemos creer que conocemos a una persona famosa cuando en realidad los datos que de ella poseemos nos dan una imagen muy superficial.

    Dos mecanismos para controlar socialmente el conocimiento de una persona y que el teórico puede utilizar son:

  • Control social formal (funcionarios dedicados a identificaciones personales).

  • Control social informal: público en general, en este segundo caso los mass-media tienen gran importancia en cuanto que dan una imagen pública en base a un conjunto seleccionado de acontecimientos inflados hasta darles una consistencia dramática y llamativa considerada descripción completa de la persona, virtualidad que puede influir en la imagen personal.

  • 4.-ÉTICA.

    Las actitudes de los normales hacia los estigmatizados son el campo que la acción social intenta suavizar y manejar. Estereotipamos y prejuiciamos un conjunto de imperfecciones. Ello da como resultado que la persona estigmatizada, en ocasiones, se automargina, se aísla de la sociedad porque se encuentra más cómoda entre los que son iguales a ella. Ej. Analfabeto entre analfabetos, persona mayor entre mayores, gitano entre gitanos,... los referentes son más próximos y las distancias para la aceptación más pequeñas. Se generan, sin embargo, espacios sociales incompletos, movimientos sociales de estigmatizados (proscritos, comunidades de minorías étnicas, raciales o religiosas,...), grupos que carecen de pautas de acción colectivas y de pautas estables y totalizadoras de interacción mutua.

    Ante ello:

    • Algunas personas, de entre los estigmatizados, se convertirán en mediadores para conseguir rótulos más flexibles. Profesionalizándose consiguen, al menos, salir ellas de su círculo cerrado. (Con frecuencia son representaciones viciadas por la subjetividad).

    • Grupos de apoyo o personas de entre los normales: los "sabios", personas que conocen a fondo a los estigmatizados, simpatizan y son bien acogidos por los diferentes, pueden ser:

  • Sabio por sus actividades dentro de la Institución que satisface las necesidades de los estigmatizados y las medidas que la sociedad adopta frente a estas personas. Ej. Policía, Enfermeras, Trabajadores Sociales,...

  • Sabio el que se relaciona con el estigmatizado a través de la estructura social. Ej. Hija que cuida de sus padres enfermos. A estas personas les suele llegar también el descrédito ya que los problemas asociados al estigma se expanden en oleadas de intensidad decreciente. Ello explica que estas relaciones tiendan a evitarse, a no perdurar.

  • Los esfuerzos por la integración, por tanto, pueden partir de los dos grupos, si son los estigmatizados quienes se esfuerzan por presentarse como una persona normal lo llamará "normificación"; si, por el contrario, son los normales los que establecen el modelo de aceptación y sus límites "normalización".

    Respecto a la ocultación del encubrimiento esta puede generar consecuencias negativas:

    • Ocultar un problema puede dar lugar a pensar que se tienen otros.

    • Chantajes

    • Momento de declarar su secreto, airear su mentira y enfrentarse como tal a los demás.

    En todos los casos el nivel de ansiedad es elevado.

    Existen técnicas para controlar la información y que las personas utilizamos:

    • Ocultar o borrar signos que son símbolos del estigma, uso de desidentificadores.

    • Presentar los signos del estigma como signos de otro atributo menor como estigma. Ej. Distraído en lugar de sordo, enfermo mental en lugar de oligofrénico.

    • Manejar riesgos dividiendo el mundo en dos partes: grupo grande al que no se da información, grupo pequeño en el que se confía.

    • Recurrir a la ayuda mutua.

    • Descubrirse voluntariamente: de manejar información a manejar situaciones.

    Un papel del profesional será el de aportar habilidades tanto a los estigmatizados como al grupo de los normales. Se intenta que las relaciones lleguen a niveles altos de tolerancia. "Línea del buen ajuste" evitar por ambos lados situaciones de gran crudeza. El buen ajuste es una salida válida para ambas partes.

    5.-TEMÁTICA.

    Nos interesa conocer el tipo de vida social que llevan los que pertenecen a una categoría de estigmatizados. Saber cuáles son los momentos claves en los que es preciso conocer maneras de enfrentarlos: escolarización, primera juventud, acceso al empleo, jubilación,... Relaciones viciadas por la intriga o el chantaje, doble vida que hará del retraimiento su máxima, aislamiento.

    La obra de Goffman, salvando las distancias, es un elemento válido para realizar una relectura de fenómenos humanos de nuestras ciudades de fin de siglo tales como: "Prostitutas, drogadictos, delincuentes, criminales, personas sin hogar (transeúntes e indomiciliados), gitanos y otras minorías étnicas, homosexuales, alcohólicos, ludópatas, discapacitados psíquicos, físicos y sensoriales, enfermos mentales,...".

    Todas ellas son personas con un claro estigma y a las que con frecuencia vemos comprometidos en un rechazo del orden social, carentes de piedad, incapaces de utilizar las oportunidades, sin motivaciones más allá del "carpe diem", institucionalizados y condenados eternamente a ser distintos. Junto a ellos estarían formando los cinturones de exclusión, tal vez no tan severa, un número importante de familias monoparentales cuya cabeza es una mujer, personas mayores (especialmente los más mayores que viven en casas no adaptadas a sus necesidades), familias en las que nadie trabaja, los enfermos de SIDA,...

    Un conjunto de población cuyo número varía, según quien ofrezca los datos del 1% al 8%. Población que en los momentos que vivimos de desmantelamiento del llamado Estado de Bienestar Social representan una llamada al conjunto de nuestra sociedad, con tantas posibilidades de comunicación como individualista y competitiva. Sociedad en la que las barreras son cada vez más altas y las posibilidades de acceso a las múltiples metas no se realizan porque aquellas no van acompañadas de un reparto adecuado de los medios, en el mejor de los casos, no llegan a sus destinatarios finales porque son tales sus niveles de exclusión que hasta han sido excluidos del sistema de acción social en el que se les pide un conjunto de exigencias para las que no están preparados.

    CONCLUSIONES.

    • Las personas en sociedad establecemos "categorías sociales" en base a un determinado conjunto de características. Con frecuencia cada una de las personas nos damos cuenta de que no alcanzamos el nivel de exigencia. Si la distancia con la meta consensuada es grande o si perdura en el tiempo a la persona le resultará difícil integrarse de nuevo y se producirá su aislamiento y exclusión del grupo de los normales para hacerse miembro de una subcomunidad de los que son como ella.

    • En nuestro mundo, tan complejo, dinámico e interrelacionado, el incremento de las personas estigmatizadas nos hace una llamada a la reflexión crítica sobre la consideración de la normalidad, de modo que lo que puede presentarse como avance no sea nuestra propia tumba al imponernos un ritmo de crecimiento que ni soporta el planeta ni casi nadie es capaz de seguir. Ello ha de interrogarnos sobre quién o quiénes fijan los criterios de normalidad.

    • Para salvar determinadas situaciones recurrimos a la apariencia o representación vacía de contenido y que no es sostenible durante demasiado tiempo por la ansiedad y el aislamiento que genera. En ambos casos lo hacemos poniendo en juego la libertad, somos títeres manejados por una mano oculta o ni siquiera osamos aparecer en escena.

    • La respuesta ha de ser conjunta, tanto de los normales aportando medios, recuperando normas y valores aceptables, como de los estigmatizados. Sin embargo, lejos de reducirse, las distancias se agrandan y ni la administración en sus diferentes niveles pone medios, ni la sociedad, ni los teóricos sociales van más allá del mero análisis. Ante ello, surge con fuerza la pregunta "¿Por qué los teóricos apolíticos conocedores de la situación callan?".

    • No se puede dejar en manos del Sistema de Acción Social una tarea que es encargo de toda la sociedad. Reducir el campo a los sistemas de acción social no hará sino remarcar los estigmas que las personas poseen dentro de una sociedad que tiene en la participación, en la interacción el primer mecanismo de respuesta tanto de prevención como de integración de las diferencias estigmatizantes.

    E. GOFFMAN, “INTERNADOS: Ensayo sobre la situación social de los enfermos mentales”.

    1.- DIMENSIONES: ONTOLOGICA Y TEMÁTICA

    En esta obra Goffman pretende hacer un estudio sobre las Instituciones Totales, en particular de los Hospitales Psiquiátricos y dentro de estos se centra especialmente en el mundo del interno tratando de exponer una versión sociológica de la “estructura del yo”.

    Este análisis se encuadra en la “Dramaturgia” de Goffman, según la cual concibe el self como un producto de la interacción dramática entre el actor y la audiencia, surge en la escena representada.

    Nos describe un medio y una fachada (el hospital psiquiátrico) unos actores (los pacientes internados) que representan su papel en función de las expectativas que de ellos tiene la audiencia (el personal de la institución). Además en este complejo social existen una serie de normas, y rutinas diarias que regulan la interacción entre los miembros y su cumplimiento o incumplimiento conlleva un sistema de privilegios y/o castigos.

    Goffman entiende como institución total aquel “lugar de residencia y trabajo donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad, por un periodo de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente”.

    Las características de este medio son las siguientes.

    1) Todos los aspectos de la vida se desarrollan en el mismo lugar y bajo la misma autoridad única.

    2) Cada etapa de la actividad diaria del miembro se lleva a cabo en la compañía de otros, a los que se da el mismo trato, y de quienes se requiere que hagan junto las mismas cosas.

    3) Todas las actividades diarias están estrictamente programadas.

    4) Las diversas actividades se integran en un plan racional concebido para el logro de los objetivos propios de la institución.

    5) Se trata de una organización burocrática de conglomerados humanos.

    6) Se diferencian dos grupos. Los internos y el personal, cuya interacción esta determinada por una serie de estereotipos hostiles de un colectivo hacia el otro.

    7) Es un híbrido social al considerarse tanto una comunidad residencial como una organización formal.

    8) Son “invernaderos” donde se transforma a las personas; se realizan experimentos naturales sobre lo que se le puede hacer al yo.

    Este medio social es el que debe hacer frente el paciente cuando es internado y que difiere totalmente del entono social exterior del cual viene.

    EL MUNDO DEL INTERNO.

    Como he dicho anteriormente, la mayor parte del libro se centra en el análisis del mundo del interno desde que ingresa en el hospital hasta que le dan de alta. En este periodo de tiempo el paciente va desarrollando, a partir de su interacción con el entorno, el personal y sus compañeros, diferentes pautas conductuales en unos casos adaptativas a la institución y en otros casos de desafío y rebeldía frente a la misma.

    Los internos llegan a la institución con lo que Goffman denomina una “cultura de presentación”, es decir, un estilo de vida y una rutina de actividad. Nada mas ingresar comienza el proceso de “desculturización” al incapacitarle temporalmente para encarar ciertos aspectos de la vida diaria en el exterior. Esto supone una primera mutilación del yo al despojarlo de su rol.

    En los procedimientos de admisión el interno es clasificado como un objeto que se introduce en una maquinaria. Se impone al paciente una rutina que le es ajena y se ve obligado a asumir un papel que lo desidentifica.

    En esta primera etapa se producen dos tipos de ruptura de la relación habitual entre el individuo actor y sus actos.

    1) “Looping”: falla la respuesta defensiva del individuo a una serie de estímulos. No puede defenderse poniendo cierta distancia entre la situación mortificante y su yo.

    Por ello el interno se ve obligado a proveerse de otras clases de looping.

    2) Se viola la autonomía del acto por las continuas categorías de regimentación y autoritarismo del sistema y que invaden la vida del actor.

    Los privilegios y castigos institucional proporcionan un amplio marco de referencia para la organización personal del interno. Se compone de tres elementos:

    1) Las “normas de la casa” que es la rutina de su vida diaria.

    2) Recompensas y privilegios a cambio de la obediencia prestada al personal en acto y espíritu.

    3) Los castigos, como consecuencia del quebrantamiento de las reglas.

    Las características de estos elementos o instrumentos son:

    - Los castigos y los privilegios son inherentes a las instituciones totales.

    - La libertad futura dependerá del sistema de privilegios que el interno vaya obteniendo de forma gradual y ascendente.

    - Pretenden conseguir la cooperación de personas que a menudo tienen motivos para no cooperar.

    Dentro de los mecanismos de adaptación juegan un papel fundamental los “ajustes secundarios”, definidas como prácticas que sin desafiar directamente al personal, permiten a los internos obtener satisfacciones prohibidas o bien lícitas con medios prohibidos. A través, de ellos los internos pueden conservar un cierto dominio sobre su entorno.

    La adaptación del interno varía entre las siguientes categorías:

    1) Regresión situacional: se trata de la abstención de toda participación activa en la vida de relacional de la institución.

    2) Línea intransigente: se niega a colaborar abiertamente con el personal.

    3) Colonización: se construye una vida estable y placentera dentro de la institución.

    4) Conversión: el interno parece asumir plenamente la visión que del tiene el personal y se empeña en desempeñar el rol del perfecto pupilo.

    EL MUNDO DEL PERSONAL.

    Sobre el personal institucional Goffman se limita a plantear las dos variables o dilemas entre las que se sitúa su labor:

    - El personal está obligado a encuadrar dentro de ciertas normas humanistas el trato con los internos.

    - El personal puede llegar a concebir a los internos como criaturas razonables y responsables susceptibles de ser objeto de interés emocional (implicación emocional).

    En definitiva, el personal tiene que reducir a los internos a la obediencia mientras debe dar la impresión de atenerse a normas humanitarias y realizar los fines racionales de la institución.

    En este apartado Goffman destaca el interés primordial del personal de hacer prevalecer los fines institucionales a las necesidades de los pacientes a los que se les despoja de su individualidad y sufren una progresiva estigmatización como enfermos mentales.

    LA CARRERA MORAL DEL PACIENTE.

    La carrera moral del paciente es definida por Goffman como “ la trayectoria social recorrida por un sujeto en el curso de su vida”. Implica dos aspectos:

    - Uno subjetivo y personal referido a la imagen del yo y sentimiento de identidad.

    - Otro formal y público, sobre la relación jurídica y estilo de vida del individuo

    Dentro del contexto institucional la carrera moral del paciente transcurre en tres etapas: pre-paciente, paciente y ex-paciente.

    En este proceso Goffman habla de la “fatiga moral” que vivencia el paciente ya que las reconstrucciones del yo pierden importancia para él; el debe ser justificable para los demás pero ajeno a él.

    Además el autor contempla el cambio social dentro de la institución a través del “sistema de salas”, que se caracteriza porque tanto una regresión como una evolución en la carrera moral del paciente es castigada o premiada con una cambio de sala que proporcionaran al paciente un incremento o disminución de sus privilegio y libertades institucionales.

    LA VIDA ÍNTIMA DEL HOSPITAL PSIQUIATRICO.

    En este apartado Goffman analiza la vida secreta de la institución, la cual se da a través de los “ajustes secundarios” como vías por las cuales el paciente se aparta del y del ser que la institución da por sentado.

    Este tipo de actividades están prohibidas explícitamente por la regimentación institucional pero se producen, bien, por ser desconocidas por el personal o porque se toleran excepcionalmente a determinados pacientes como un privilegio.

    Para poder ejecutar estos ajustes secundarios, los pacientes deben servirse de fuentes que les provean de material (tabaco, comida...); lugares donde desarrollar las conductas secretas; depósito en los que almacenar el material prohibido o restringido; y un sistema de transporte que garantiza la circulación de objetos y mensajes.

    Goffman en este punto hace una reflexión crítica a la doctrina psiquiátrica que valora negativamente los ajustes secundarios y la revelación a las normas y dinámica institucional, como patologías del paciente o síntomas de su enfermedad.

    El autor cree que son aspectos naturales de adaptación a una institución; son prácticas que ayudan a evadirse al paciente de un lugar, sin salir de él.

    Los ajustes secundarios demuestran a los pacientes que les queda algo de autonomía y personalidad invulnerable al influjo de la organización.

    En definitiva, ayudan a las personas a tener “conciencia de su yo y hacerle surgir.

    2.- DIMENSIÓN METODOLÓGICA Y EPISTEMOLÓGICA

    Goffman ha realizado su investigación sobre la situación social de los enfermos mentales a partir del método de la observación participante.

    El autor considera que es el mejor método para aprender algo sobre este mundo, al someterse personalmente, en compañía de los miembros de la institución, a la rutina diaria de las contingencias a la que ellos mismos están sujetos.

    Opina que cualquier grupo de personas, forma una vida propia que mirada de cerca se hace significativa, razonable y normal.

    Para ello se introdujo en la institución como asistente del director de gimnasia, encargado de las actividades recreativas y la vida de comunidad. De esta forma pasaba el día con los pacientes, evitando el contacto con el personal.

    Sin embargo reconoce los límites tanto de su método como de su aplicación, entre los que destaca:

    1) La dificultad para mantenerse neutral frente al compromiso y la implicación. Esto fue evitado a toda costa por el investigador ya que de no haberlo hecho, hubiera restringido su radio de acción y sus roles.

    2) La visión que del mundo tiene un grupo, tiende a sostener a sus miembros y les proporciona una definición de su propia situación que los autojustifica y una visión prejuiciada de los que no pertenecen al grupo. Por ello, para describir la situación del paciente con fidelidad, es imprescindible presentarle desde una perspectiva parcial.

    3) Su punto de vista personal corresponde al de un hombre de clase media, lo que le puede haber hecho más susceptible ante ciertas situaciones que los pacientes de clase baja expuestos a ellas.

    4) El hecho de que cuando Goffman comenzó su estudio no le inspiraba respeto la disciplina psiquiátrica ni las instituciones que se limitaban a su práctica consuetudinaria.

    Los dos último puntos conectan directamente con la dimensión ética del autor, ya que se observa como su posición social y prejuicios repercuten notablemente en los resultados de su investigación, ya que peligra la objetividad y neutralidad científica.

    3.- DIMENSIÓN ÉTICA.

    Esta dimensión ética se plasma especialmente en el último capítulo donde Goffman realiza un análisis que demuestra como la hospitalización psiquiátrica no responde, más que en apariencia, a un modelo médico. Lo califica de “teatralización tributaria” que contribuye a mantener la ilusión de una actividad afín a la de un servicio médico, dispensado por el personal psiquiátrico.

    Toda esta dramaturgia, obliga al personal psiquiátrico a distorsionar la realidad, legitimando todo lo que ocurre en el hospital para que se ajuste al marco de referencia del servicio médico.

    Por su parte los pacientes se ven sometidos a una serie de privaciones y amarguras justificadas como necesarias “por su propio bien”; no pudiendo expresar su rechazo a la institución ya que se interpretaría como una muestra de patología, lo que reafirma su permanencia allí.

    Todo esto genera una sistemática confusión entre la obediencia a los otros y el ajuste de la personalidad.

    A modo de conclusión es representativo recoger la última reflexión de Goffman donde plantea como única alternativa del paciente para salir del hospital o hacer más agradable su internamiento: “ demostrar que aceptan de buen grado el puesto que allí se les adjudica; y ese puesto consiste en apoyar el rol ocupacional de quienes, al parecer, imponen esa condición. Esta autoalienante servidumbre moral del yo. Que acaso ayude a comprender el estado de confusión mental en que se hunden algunos internos, se cumple en nombre de la tradición ilustre de los servicios de reparación profesionales, y sobre todo de su variedad médica. Los pacientes mentales pueden encontrarse aplastados por el peso de un ideal de servicio, que a las demás personas nos allana la vida”.

    BIBLIOGRAFIA:

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    • Goffman, E., Estigma.La identidad deteriorada. Buenos Aires. Amorrortu.1986.

    • Goffman, E. Internados.Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Buenos Aires. Amorrortu. 1984

    • Ritzer, G. Teoría Sociológica Contemporánea. Madrid. McGraw-Hill. 1993.

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