El infierno; Luz Arce

Literatura chilena. Siglo XX. Narrativa. Novela. Régimen militar. Autoanálisis. Miedo. Testimonio. Argumento. Análisis de la obra

  • Enviado por: Carlos Fernando Reyes
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 14 páginas
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El Infierno

Luz Arce

Santiago, 1993

Resumen de la Obra

Luz Arce relata sus vivencias con el único objetivo de contar su verdad, principalmente de su participación como agente de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), entregando información a este organismo, que se encargaba de enfrentar y eliminar por la fuerza a los reductos opositores del régimen militar, que se encontraba en formación durante el período 1973-1978.

El texto parte con un autoanálisis de la vida de Luz, desde el punto de vista de su familia y de ella misma dentro de esa perspectiva. Se denota un rechazo hacia la estructura familiar en este punto, lo que se muestra implícito luego, durante el desarrollo del texto. Así se intercalan párrafos como:

"Fui la típica hermana mayor de una familia de clase media baja, tímida, y de quien se espera que sea todo aquello que no fueron sus padres. Y yo, quería ser cualquier cosa, no tenía claro qué, pero sí sabía que fuese lo que fuese, quería ser lo más diferente posible de quienes me rodeaban"; Con excepción de los días junto a mi abuelo, el resto de mi infancia parecía triste".

Estas palabras se dan dentro de un contexto de una mujer que sale de adolescencia y que entra ya a lo que podríamos llamar adultez temprana; esperando dar el paso siguiente: su matrimonio, que le deja un niño (Rafael). Luego, su inexperiencia a nivel de pareja, sumado a los traumas que dice tener de pequeña, la llevan a su quiebre matrimonial. Es ahí donde, agobiada por una situación económica inestable y alentada por sus primeros contactos con las ideas de izquierda, se pone a trabajar dentro de las estructuras de la Unidad Popular y principalmente en el GAP (Grupo de Amigos Personales), cuerpo de guardia del presidente Salvador Allende. "Luego de esa entrevista fui aceptada. Comencé a interiorizarme del trabajo que en los inicios era administrativo y de recepción. Fui conociendo a los miembros del GAP y otro personal de La Moneda. Paulatinamente me fui sintiendo identificada con ellos. Fue un período hermoso."

Problemas de salud le impiden continuar siendo parte de este cuerpo de elite e ingresa a Ferrocarriles del Estado. Es en esta época donde toma contacto con gente de base del Partido Socialista, de ahí en adelante su trabajo sería condicionado al aparato militar del partido, que estaba en formación quizá atisbando los sucesos del 11 de septiembre de 1973.

Tras el golpe de estado, esta célula partidista intenta organizar algún tipo de resistencia, sin resultados positivos. Así, Luz se sumerge en la clandestinidad, ayudando a la recomposición del partido en tan difíciles momentos.

La situación política en la que se sumerge Luz, no le impide tener relaciones sentimentales con personas ligada directamente a los acontecimientos. El Primero de ellos es Alejandro, militante socialista, con el que no puede seguir viéndose ya que él estaba fuera del país al momento del golpe. El otro es Ricardo Ruz Zañartu, militante del MIR, con el que decide vivir durante el período de clandestinidad. La dependencia de Luz hacia una figura protectora masculina se hace evidente durante todo el resto del texto, llegando a relacionarse incluso con funcionarios de la DINA.

Dentro del contexto anterior (la vida con Ruz Zañartu), en marzo de 1974 cae detenida y es trasladada al recinto de Londres 38, cuartel general de la incipiente DINA. Aquí comienza la segunda parte del relato de Luz, que es el relato de las torturas y el abatimiento moral consecuente al sufrimiento. En este gran espacio del texto se recoge la descripción de las atrocidades a las que fue sometida por diversos personajes que se encuentran en la actualidad encausados en diversas investigaciones por acciones de lesa humanidad.

Es así como va describiendo generalidades de las torturas (las vendas en los ojos, la colocación de corriente, los golpes, la tortura psicológica y la violación sexual entre otras atrocidades). Es en medio de ese cuadro cuando sale herida por una disputa ente sus captores. Es trasladada al Hospital Militar, siendo internada por un período de tiempo largo. Al salir de este estado, es dejada en libertad, pero vuelve a quedar detenida en las mismas precarias condiciones al saber la DINA, que la información que ella había dado era falsa. Ahora, ya cae con su hermano

Aquí la historia tiene un giro, ya que este es el punto en que podríamos decir que fue "considerada" como una prisionera que puede más utilidad viva que muerta para las fuerzas de seguridad. Se le comienza a preparar un estado especial dentro de los prisioneros, se le comienza a presionar para que de información de sus compañeros en la clandestinidad. Luz resiste, pero ante la intensidad de las torturas y la presión psicológica a la que es sometida hace un trato: coopera por la vida de su hermano y luego por la tuición de su hijo Rafael, que era pretendido por el padre. "...al poco rato informados de lo que ocurría, llegaron Espinoza y Wenderoth y me hicieron salir. Me preguntaron si estaba dispuesta a empeñar mi lealtad para siempre a cambio de mi hijo. Sólo dije llorando 'si'. A los pocos días me hicieron arreglarme. Me pinté y peiné cuidadosamente y partí al tribunal de menores (...) La DINA había arreglado todo. Mi ex marido y su abogado no tuvieron ninguna alternativa..."

La nueva colaboradora comienza por entregar los nombres de los que ella sabía estaban muertos o que estaban fuera del país, posteriormente a los que estaban desligados de actividades partidarias importantes, para finalmente dar antecedentes que pudieran dar con la captura de personeros de importancia. Este es una parte medular de la razón por la que escribió este libro, ya que Luz Arce es considerada por esas acciones una traidora y delatora por muchas personas en la actualidad.

Tras ese período de delación y búsqueda de opositores, Luz se gana la confianza de sus jefes, por lo que va escalando posiciones como una prisionera privilegiada, aunque sin los derechos de una persona común y corriente. Ella, junto a otras dos mujeres (María Alicia y Alejandra), fueron destinadas como funcionarias 'clandestinas' de la DINA para tareas administrativas. En este punto de la historia Luz comienza otra etapa dentro del relato ya que su necesidad de afecto la lleva a relacionarse sentimentalmente con Rolf Wenderoth Pozo, oficial del ejército destinado a la DINA. Esta relación la lleva a tener otro punto de seguridad para salir con vida del aparato represor militar. Ya parte de la institución, es destinada a ser analista del Departamento de Inteligencia, con rango de oficial administrativo. Estudia en la Escuela Nacional de Inteligencia, donde incluso es designada profesora titular. A estas alturas hablamos de 1978, con la DINA transformada en otro organismo de seguridad, dados los problemas que surgieron por el caso del asesinato de Orlando Letelier en 1976. Ya nace la CNI (Central Nacional de Informaciones).

En la CNI, la situación cambia. Los nuevos funcionarios ya no tienen la eficiencia del anterior organismo de seguridad, lo que le da un paréntesis de inestabilidad a la vida de Luz (que en esos momentos no tenía ni siquiera identificación). El prestigio ganado dentro de la Escuela Nacional de Inteligencia y por su trabajo y sus relaciones personales, la hacen partícipe de una misión en Uruguay, como enlace para misiones futuras (Operación Celeste). Es en ese momento donde se plantea con más fuerza la idea de salir de la institución para llevar una vida relativamente normal, cosa que no se concreta hasta principios de 1980.

Esa es la época más tranquila dentro de la vida de Luz, aunque se denotan claramente las secuelas físicas y psíquicas de los años de tortura y manipulación mental. Las enfermedades del pie y del pulmón la sumergen en continuas depresiones que la hacen acercarse cada vez más al seno de la iglesia católica. Ella llega por necesidad a Dios, la necesidad de los que ya no tienen nada frente a la muerte. La ayuda que les brindó a ella y a su nueva familia la religión le ayudó a reunir fuerzas como para escribir las primeras partes de este libro.

La última parte del libro se refiere a los testimonios que Luz da a la Comisión de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig), junto con detallar encuentros con personas que sufrieron las consecuencias de la información que ella entregó a los organismos represivos del régimen militar. Asimismo, se detallan los careos con sus ex captores y compañeros de trabajo en el caso del desaparecimiento de Alfonso Chanfreau, detenido por la DINA y desaparecido en dependencias de esa institución.

Luz hace además alcances personales de los jueces que llevan las causas de derechos humanos, además de hacer un análisis temporal de la situación de las causas por derechos humanos que se llevan en Chile hasta 1992.

Pero el mensaje de Luz Arce es más que nada una retrospectiva personal. Ella sabía el papel que tenía como delatora (obligada o no) y no podía callar los excesos que se cometieron en ese entonces. Escribe este libro además con la esperanza de sentar un precedente, un desafío a los que quieren olvidar. Así lo expresa ella: "El país tiene que rescatarse a si mismo y enfrentar su versas para poder dejar en el pasado lo que pertenece a éste y pensar y construir un futuro libre del olvido y la mentira. Me doy cuenta que yo necesité hacerlo. Fue importante, fue indispensable para poder decirme otra vez: mi nombre es Luz, Luz Arce."

Análisis de la Obra

El análisis de la obra "El Infierno", tiene elementos que la conforman como una obra diferente a las demás planteadas dentro del estilo.

Una de las primeras cosas que podemos hallar dentro de esta aproximación a la obra de Arce, es la necesidad -vital e imperiosa- de perdona a los que la hicieron sumergirse en el fango de la tortura, de la degradación moral y física, y sobre todo de la degradación que significó el tener que denunciar a sus compañeros de lucha para sobrevivir al infierno.

Y a la vez está la necesidad de encontrar el perdón, el perdón no solamente de las personas que se vieron afectadas directa o indirectamente con sus actos, sino también el perdón de la comunidad a una mujer que tuvo la 'debilidad' de transar su vida por los ideales que defendía:

"Había cambiado. No podía evaluar lo que me estaba ocurriendo y me asusté. Sólo tenía intuiciones, así que, consciente o no, estaba optando, tomando decisiones. Si eran o no adecuadas era otra cosa. Pero malas o buenas, eran mis opciones. Yo no estaba ajena: era mi responsabilidad. Miraba en torno a mí. Pensaba que sólo Alejandra estaba en condiciones similares. Yo sabía que la colaboración había ocurrido en una situación límite, que no fue una decisión puramente mía. Intervinieron personas y factores que en ese momento no estaban del todo claros. Pero algo me decía que tenía que asumirla íntegra. Sentía que si comenzaba a aceptar el camino de sentirme una víctima, no lograría jamás salir adelante, aunque en el futuro todo cambiara."

A su vez, ella define desde el primer momento que no escribe por animosidad o por revanchismo, sino por abrir al lector una parte importante de su vida. Busca contar "su" verdad sin querer por ello ningún dividendo personal.

Respecto a esto, comenta: "No estoy hablando de justicia o injusticia, ni siquiera de perdón. He dicho que quiero el perdón, pero no lo espero. Sí confío que el fondo de cada ser, hay un lugar donde radica la verdad. Confío en la responsabilidad de cada uno para contar su propia historia".

Pero además el drama de Luz radica que ese mismo testimonio de vida, se entrecruza con otros testimonios de personas que compartieron las mismas situaciones y que -por diversos factores- difieren de lo dicho por ella. Luz deja en claro ante estos aspecto que no desea que la de ella sea la verdad definitiva, pero sí que todas las verdades un día puedan ser una sola, para poder reconstruir ese tramo tan doloroso para nuestra historia.

El miedo

Por otro lado, existe un elemento que aparece en forma constante dentro del relato. El miedo. Aquí el miedo es descrito -implícita y explícitamente- en muchas de sus variantes. Primero está el miedo el futuro, miedo al futuro de la organización política (reacciones inmediatamente postreras al golpe de estado), que deriva luego al miedo al futuro como prisionera. Este miedo al futuro supera en ciertas ocasiones al mismo miedo a la muerte. Con el paso del tiempo el futuro es visto con temor desde la perspectiva del que no tiene cabida en el mundo real (recordemos prácticamente no existió por 5 años).

El segundo miedo tiene que ver con el miedo a las torturas y el miedo a las formas represivas con las que se acompañaban los agentes de seguridad para con los prisioneros. De esa forma de temor, deriva un miedo más normas, más racional, que es el miedo a la muerte.

El tercer miedo es más que nada una derivación del miedo al futuro. Es el miedo a presentar testimonio a la justicia, como testigo de los crímenes de lesa humanidad cometidos. Este miedo puede también interpretarse como un miedo al presente, respecto a las represalias que podría tener por parte de los implicados directamente de su testimonio. Así lo grafica ella misma: "Durante años he debido vencer muchos temores para llegar a escribir estas páginas. Aquí hay una verdad que duele, y yo me he esforzado por no transformarla en un cuchillo."

Del Texto

El texto es una narración, basada en hechos reales, a los que se le han agregado elementos estilísticos propios de la novela (los diálogos, los cortes en el tiempo y en el espacio, la función enunciativa). El resultado es un texto quizá reiterativo, pero es así porque no cumple la función de una novela de entretención, es un testimonio de su realidad, pero con estructura formal que facilita la lectura.

Se encuentran entonces elementos destinados a configurar el relato testimonial. Pero ¿podemos llamarlo un relato testimonial de urgencia?

Lo establecido dentro del relato de urgencia nos da ciertas pautas de identificación: la premura de dar un testimonio acerca de lo que está sucediendo, la semi clandestinidad de las fuentes, el detalle de la situación que vivió o la que vive a causa de los excesos del régimen, son las características principales para configurar el relato de urgencia.

El libro de Luz Arce se encuentra fuera del espacio temporal determinado para la escritura de este tipo de textos (1993), pero si nos adscribimos a un detalle, podremos determinar que su texto calza con lo que llamamos relato de urgencia. Su testimonio sigue causando revuelo como un mensaje para no olvidar lo sucedido, relata paso a paso las atrocidades del régimen y por último -y lo más importante-, revela SU urgencia por sanear de su mente las vivencias que experimentó durante los más de seis años de semi cautiverio, independientemente de lo que se considere como espacio temporal para la realización de este tipo de obras. En ella el miedo aún sigue presente. Aún tiene fantasmas -reales, porque los de su mente los exorcizó con su relato-, que le pueden hacer daño. Es por ello que su relato lo consideramos como un relato de urgencia

Formalmente, el texto está escrito en primera persona; además es preciso decir que la función emotiva tiene una influencia importante en el desarrollo de la obra. Luz habla sobre su problemática desde la perspectiva de mujer. Es un modo diferente de discurso. El relato nos acerca a una posición ligada además con una manera más sensible de relatar lo sucesivo. La función emotiva del relato es predominante tanto en la forma como en el fondo, ella necesita expresar su visión (evidente), pero además necesita expresarlo emotivamente. Este se demuestra al constatar el uso del lenguaje en torno al encuentro con su familia y con su hermano detenido:

"Hubiera querido quedarme ahí, abrazada a ellos. El mismo tiempo quería huir. Sabía a que se refería mi madre cuando hablaba de lo feliz que debía ser la madre del teniente con su hijo. De lo triste que estaba ella. Que mi hermano se veía tan lindo con su uniforme de cadete cuando estaba en la escuela... Que parecía un príncipe... a mí se me imponía la imagen de él, sucio, torturado, demacrado y lleno de moretones en mi rostro cuando me dijo: 'Gansita, tenía que venir a buscarte, a sacarte de aquí. Por eso me quedé esperando a que me detuvieran'."

Aunque la función emotiva del lenguaje tenga una línea bastante marcada dentro del texto, orientado hacia las sensibilidades de la mujer a la hora de relatar un episodio de estas características, es evidente que el libro está escrito de manera realista y directa a la hora de describir las atrocidades a las que estaba sometida la autora. Existen pasajes verdaderamente desgarradores: "Comenzó a patearme, crujieron mis costillas. El oficial, gritando como un loco, no dejaba de golpearme; obviamente no podía articular palabra. Sólo escuchaba el ruido seco y corto que hacía al aire que salía violentamente de mí, como si me estuviera desinflando(...) su intención era sólo golpearme".

Otra de las características formales del texto es la carencia de elementos que permitan suponer que este se trata de un texto periodístico, a la manera de las entrevistas a fondo o de las crónicas. Las evidencias se inclinan a mostrar este libro como un relato de urgencia, con elementos técnicos de una novela.

Para no olvidar

El testimonio de Luz Arce apunta también a dejar en claro el alcance y carácter de aquellos hechos que de un modo eufemístico se han definido como 'excesos', lo 'excesivo' suele asociarse a resultados no deseados; algo que se escapó o que fue más allá del propósito inicial para el que fue concebido.

No es el caso de las descripciones detalladas en "El Infierno". Nada de los que allí se cuenta fue producto de inadvertencias o casualidades. La práctica de la tortura sistemática en contra de la disidencia de izquierda, correspondió a una política institucional, avalada por las autoridades que gobernaban la época y sus consecuencias tienen que ver conductas deliberadas de amedrentamiento de los detenidos, para que comprobaran -in situ- el poder con el que estaban enfrentando.

En estos años, en Chile se han publicado obras testimoniales sobre el período de la dictadura, aunque ninguna como esta. Las circunstancias atípicas en que se desarrolló el drama vivido por Luz Arce. Su relato escrito, con la doble voluntad de perdonar y ser perdonada, es un documento alucinante y sobrecogedor, escrito para exorcizar los horrores del infierno que le tocó vivir, y ayudar a preparar, por la vía de la verdad y de la recuperación de la memoria, las condiciones de una efectiva reconciliación.

Arce Luz, El Infierno. Ed. Océano, Santiago 1993. Pág. 23.

Op. Cit. Pág 94.

Arce, Luz, Op. Cit. Pág 25.

Nota de la R: Según la Naciones Unidas, Acciones de Lesa Humanidad se encuentran aquellas faltas contra la dignidad del ser humano (y de los detenidos políticos por ende), que no supongan privación de la vida. Dentro de este cuadro de encuentra la tortura.

Arce, Luz. Op. Cit. Pág. 202.

Nota de la R: Podemos decir además que la situación política fue parte importante en el desarrollo de este texto, ya que los primeros capítulos de este texto se escribieron en 1989, fecha en la que ya estaba consolidado el triunfo del No y se aprestaban los partidos políticos a las primeras elecciones presidenciales desde 1970.

Op. Cit. Pág. 387.

Arce, Luz. Op. Cit.

Arce, Luz. Op Cit. Pág. 19.

Arce, Luz. Op. Cit. Pág. 19.

Arce, Luz, Op. Cit. Pág. 113

Arce, Luz, Op Cit. Pág. 96