El hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días

Filosofía existencial. Antropología filosófica. Aristóteles. Platón. Descartes. Kant. Hobbes. Rousseau. Marx. Ortega y Gasset

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DESDE LA PREHISTORIA HASTA NUESTROS DÍAS

Desde que el hombre en la prehistoria es consciente de su existencia, hasta nuestros días, es lógico pensar que no ha vivido ninguna generación humana que no se haya cuestionado pública o privadamente, sobre los orígenes, existencia, naturaleza y “vida” del hombre, o mejor dicho, de los hombres.

Desde que el hombre es hombre siempre ha necesitado explicar el mundo que le rodea. Las primeras explicaciones del mundo necesitaban recurrir a fuerzas sobrenaturales, divinas, para intentar explicar el universo. Cada cultura tiene una explicación del mundo, que puede ser considerada como una explicación mítica por la importancia que conceden a los dioses y por la personalización en estos de las fuerzas de la naturaleza (Júpiter es el que lanza los rayos,...).

Lo original del pensamiento griego en el siglo VI a. de J.C. consiste en que una serie de pensadores van a intentar explicar el mundo (incluyendo seres vivos, objetos e ideas) prescindiendo de las fuerzas divinas a las que recurren las explicaciones míticas. De esta manera van a surgir las primeras explicaciones científicas, racionales, que si bien un tanto ingenuas en este momento, van a poner los cimientos de lo que hoy en día consideramos como ciencia Occidental


El hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días
Los Griegos iniciaron la filosofía occidental, creyendo alguno de ellos que fueron los que descubrieron al hombre, ahora bien, el hombre para los griegos sólo es un ciudadano, porque fuera de la ciudad, pensaban, como Aristóteles, que el humano estaba entre animal y dios.


Este pensamiento griego liderado por Platón dio importancia a la razón, considerando al hombre el único ser capaz de adquirir ciencia fundada en razonamientos, aunque Aristóteles precisó que existen tres cosas fundamentales: la naturaleza, el habito y la razón, ésta última es lo que utiliza el hombre para, si lo considera necesario o preferible, ir contra alguna de las otras dos y gracias a la ciencia desarrollarse, a diferencia de los animales que sólo pueden ser naturaleza pura con alguna pequeña cantidad de hábitos.

El hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días
Este tipo de razonamiento ha persistido desde que el mundo es mundo y ya ha quedado instituido que el hombre es un animal racional tal como acordaron tanto filósofos griegos como cristianos medievales e incluso pensadores contemporáneos.

ESTUDIANDO AL HOMBRE

Han existido diferentes formas de acercarse al estudio del hombre que abarca desde la concepción de un todo indivisible hasta la contemplación de diferentes parcelas que pueden estudiarse por separado.

Marx Sheler fundador de la antropología filosófica pretende construir una idea unitaria del hombre mientras que Michel Focault fragmenta al hombre en diferentes estructuras de las que se ocuparan las diferentes ciencias.

Los griegos entendían el alma de dos formas distintas. Por un lado la consideraban cono principio de la vida, todos los seres vivos tienen alma, y por otro como principio del conocimiento racional.


El hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días
Cuando Platón habla del alma, aunque entiende este concepto a la manera tradicional del mundo griego, va a insistir sobre todo en el alma como principio del conocimiento racional. Desde este punto de vista y recogiendo opiniones de filósofos anteriores, va a partir de que el alma es eterna, y que es la causa de la capacidad de pensar que tiene el hombre.


La visión del hombre de Platón, va a ser una concepción dualista, por un lado se encuentra el alma (principio del conocimiento racional), y por otro lado el cuerpo que va a ser considerado como el receptáculo (la cárcel) del alma. Platón se enfrenta con dos hechos que son obvios, por un lado el hombre tiene un cuerpo, y por otro lado tiene una capacidad de pensamiento, que le permite alcanzar el conocimiento

La identificación del hombre con el alma o espíritu que reside en un cuerpo es adoptada también por una corriente del pensamiento occidental representada por San Agustín y Descartes.

Sin embargo, otra tradición filosófica apunta al hombre como un ser corpóreo. De acuerdo con esta concepción Aristóteles dice que el alma no es sino la forma primera de un cuerpo natural organizado, es decir, la “función” que realiza ese cuerpo que se encuadra dentro de la naturaleza.


El hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días
El hombre es para Aristóteles un animal social y político y la forma más perfecta de sociedad es la ciudad. Según éste, el bien tiene dos vertientes, una individual, que se trata en la Ética, y otra comunitaria, objeto de la Política. El hombre como ser social y político por naturaleza, no podrá alcanzar ni la virtud, ni la felicidad, sino es dentro de la ciudad, de ahí la gran importancia de la política en la concepción aristotélica, por medio de la cual podría estudiarse la naturaleza de los hombres.


Otros griegos clásicos pensaban que la Tierra ocupaba el centro del cosmos y que el hombre era una síntesis del universo, ocupando su centro o parte más importante. Esta grandiosa visión no es compartida por todos los pensadores, ya que algunos entendieron que el universo se rige por leyes y causas mientras que el hombre es el resultado de una evolución y no un fin.

Durante la Edad Media, la vida y el pensamiento giraban en torno a Dios, La preocupación por el hombre y la naturaleza va a determinar el desarrollo del pensamiento renacentista en su doble vertiente. Dios, si bien sigue siendo necesario para explicar el mundo, pasa a un segundo plano, ocupando el hombre y la naturaleza el primer lugar. Si bien Dios crea al hombre y a la naturaleza, el hombre, utilizando la razón, puede conocer y explicar tanto a Dios como a la naturaleza. Humanismo y naturalismo definen el pensamiento renacentista.

Descartes parte del convencimiento de que la razón humana es una, en el sentido de que es un instrumento que tiene la misma aplicación y el mismo funcionamiento en todos los hombres. De este modo, todas las ciencias no son más que diferentes aplicaciones de una razón única a distintos objetos.

Yo puedo dudar de todo, de que las cosas sean tal y como las muestran los sentidos, de que existan realmente cosas fuera de mí e, incluso de que mi propia razón funcione correctamente cuando piensa. Pero hay algo de lo que no puedo dudar y es de que yo dudo. Por tanto es evidente que yo dudo y, por tanto que yo pienso (Pensar, "cognitare", tiene en Descartes un significado amplio e incluye toda actividad mental). Tenemos pues una verdad indudable: "Yo pienso". Pero si yo pienso es necesario que yo exista puesto que para pensar es necesario existir. De este modo, en el propio acto de la duda encuentra Descartes la evidencia de su existencia y llega así a una verdad totalmente evidente e indudable: "PIENSO, LUEGO EXISTO"


El hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días

Esta primera verdad servirá a Descartes como punto de partida, como cimiento a partir del cual poder construir deductivamente el edificio del conocimiento del hombre que era su proyecto originario.


En la Edad Moderna el hombre va a ocupar el lugar reservado a Dios (antropocentrismo). La Ilustración fue un movimiento cultural que se desarrolló en el Siglo XVIII, y que se corresponde con el ascenso de la burguesía. La razón, juega un papel importantísimo dentro del pensamiento Ilustrado. La razón es la que permite conocer y explicar no sólo el mundo físico, sino también la sociedad y el proceso histórico.

Es en Kant donde mejor se reflejan los ideales de la Ilustración y la explicación de lo que podría ser el hombre. Para Kant, es únicamente a través de la sociedad y, por lo tanto, de la Historia, donde el hombre puede desarrollar algunas disposiciones de su naturaleza, en concreto alcanzar la libertad. Pero esa libertad debe estar comprendida dentro de unos límites que permitan unificar el Poder del Estado y el Derecho, es decir se salvaguarde la libertad de todos los ciudadanos. La Historia, a la vez que nos permitirá finalmente ser libres e iguales, llevará finalmente a una sociedad de naciones (cosmopolitismo), donde finalmente brillara la justicia, tanto entre las personas como entre los pueblos.

Los existencialistas afirmaban que el hombre carece de naturaleza y era sólo libertad, contradiciendo de este modo el pensamiento clásico griego. Hoy día parece extendida la idea de que el hombre al nacer carece de naturaleza definida y tiene que irse haciendo así mismo escogiendo lo que quiere ser o, más bien, llegar a ser. La dignidad del hombre será pues no lo que la naturaleza le conceda al nacer, sino lo que pueda llegar a conseguir de acuerdo con las acciones que realiza en el marco de su libertad

La concepción de Hobbes, expresada en su celebre frase “homo homini lupus”, (el hombre es un lobo para el hombre), contiene su idea de ese estado inicial anterior a la sociedad, y su visión la "naturaleza" humana, basada en la fuerza y la violencia. El hombre "natural", sería un ser solitario, egoísta y brutal. En ese estado teórico, los hombres no podían vivir tranquilos ya que la inexistencia de leyes y autoridad hacía que reinase la ley del más fuerte. En ese estado el hombre era totalmente libre ya que podía hacer lo que desease, pero no había nadie que le garantizase esa libertad más que él mismo. El "estado de naturaleza", sería por lo tanto una situación de violencia y guerra de todos contra todos, por imponer cada uno su libertad. La sociedad, el Estado, tendría su origen por lo tanto en la cesión de parte de esa libertad, de manera voluntaria o forzosa, a la sociedad que a cambio le garantizaría el ejercicio tranquilo del resto.

De esa forma se configuraría el Estado cuya función sería garantizar el libre ejercicio de la libertad

La visión de Rousseau, en sus fundamentos se sitúa en las antípodas de la de Hobbes. El hombre ya no es un ser malvado por naturaleza, sino todo lo contrario, el hombre es naturalmente bueno, y es la sociedad la que le pervierte e inculca en él sentimientos de maldad.

Para Marx el trabajo es la verdadera esencia del ser humano, el hombre para poderse realizar como tal debe de realizar un trabajo socialmente productivo. Mediante el trabajo se humaniza la naturaleza y se realiza la dimensión natural (social) del hombre. La finalidad del trabajo, además de la realización del individuo es la producción (de mercancías). Realmente desde el punto de vista marxista, el valor (de cambio) de las mercancías viene determinado por el trabajo humano acumulado.

La filosofía moderna se caracteriza por bascular casi siempre en torno a dos posturas: El realismo, que es la postura que parte de una creencia básica: lo real es lo que existe independientemente del sujeto, es decir, lo que existe independientemente de que sea o no pensado por un intelecto, por una mente, y el idealismo, que es la postura contraria que considera que lo real lo es, precisamente, porque está presente a un sujeto.

Para Ortega y Gasset ambas posturas caen en el mismo error: la realidad se concreta en algo particular. En un caso la NATURALEZA (realismo) y en el otro caso el INTELECTO (idealismo).

Ortega sostiene que el “yo” es un ingrediente de la realidad pero no la realidad primaria. Lo mismo ocurre con las cosas. En el fondo, la realidad primaria y radical es “El yo con las cosas”. No se puede hablar de cosas sin yo ni de yo sin cosas. La realidad radical es ese quehacer del yo con las cosas que llamamos vida humana.

La vida es definida como lo que hacemos y lo que nos pasa. Este concepto de vida incluye por igual al sujeto y al mundo. Así lo expone el propio Ortega: "Yo me encuentro con las cosas en una circunstancia determinada teniendo que hacer algo para vivir. Me encuentro pues en la vida.". En este punto adquiere todo su sentido una famosa afirmación orteguiana: “YO SOY YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS"

Este concepto de CIRCUNSTANCIA es esencial en la filosofía de Ortega. Por circunstancia se entiende nuestra propia limitación, todo lo que no somos, todo aquello con lo que nos encontramos (incluido el propio cuerpo y el propio psiquismo). Toda la sociedad, hombres, usos sociales, creencias, ideas y opiniones de nuestro tiempo.

El YO no tiene sentido aparte de las circunstancias y es inseparable de ellas. La realidad circundante forma pues la otra mitad de mi persona.

ENCONTRAR LA RESPUESTA

De todo lo visto anteriormente, podemos deducir que el hombre es un misterio para el propio hombre, todo parece indicar que se tratara de un enigma indescifrable, porque se mire como se mire está demasiado cerca de sí mismo, está “dentro de él”.

Heraclito afirmó que “Me he buscado a mí mismo”, Sócrates se inspiró en el famoso “Conócete a ti mismo” y Ortega concluyó, “Yo soy yo y mis circunstancias”. Lo podemos conocer, intentamos explicarlo, pero es difícil comprenderlo.

El hombre es a la vez un individuo aislado y un grupo de entes dentro de la naturaleza, incluso organizado, jerarquizado, estatalizado. El hombre nace biológicamente terminado, pero al mismo tiempo con grandes carencias y deficiencias, inadaptado al ambiente y debe de hacerse así mismo a través de las circunstancias que le rodean. El hombre es a la vez poco y mucho. Esta es la gran diferencia del hombre con cualquier otro objeto o ser de la naturaleza, cuya vida parece prefijada y resuelta desde el principio.

Sin embargo, si tuviéramos que destacar una idea que subyace al intentar resolver el problema del hombre, al intentar encontrar su respuesta, esta sería la idea de su complejidad: cambia, se transforma continuamente, posee infinitas facetas, adquiere muchísimos aspectos,... y todas ellas y todos ellos a veces están de acuerdo y a veces se contradicen.

Luego... ¡qué difícil parece encontrar respuestas para este problema!

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