El hecho religioso; Alfredo Fierro Bardají

Religiones. Mitos. Creencias. Prácticas religiosas. Dioses. Sagrado. Profano. Misterio. Ritos. Fiestas. Salvación. Mesianismo. Mística. Ortodoxia. Heterodoxia. Fundadores

  • Enviado por: Chiki
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 16 páginas
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PRESENTACIÓN

El trabajo esta hecho sobre el libro “El hecho religioso” escrito por Alfredo Fierro Bardají.

Este libro es una explicación sobre lo que es la religión en sí, explicando aspectos hasta ahora desconocidos para muchos, el libro se limita a explicar y definir la religión y algunos aspectos de la misma. Analiza el complejo panorama religioso a través de casos concretos. Está dividido en 30 epígrafes, el trabajo se realizará en varios apartados para explicar mejor lo que el autor nos quiere comunicar en su libro.

A modo de resumen el libro nos hace reflexionar sobre el hecho de que a lo largo de la historia no se ha conocido ninguna sociedad sin religión, la religión ha sido la esperanza humana y un medio de búsqueda de sentido a la vida del ser humano. Mitos, ritos, creencias y prácticas religiosas hablan sin duda, de las divinidades pero tanto o más se refieren al propio ser humano que, a través de ellos trata de plasmar el proyecto de liberación que le ayude a superar sus límites. Sin embargo los fenómenos religiosos más actuales no se parecen mucho a la religión tradicional y presentan fuertes tintes laicos. Coinciden con la tradicional religión, sin embargo, en tratar de restituir un sentido a la vida.

Sin más preámbulos pasamos a explicar cada parte del libro.

LA RELIGIÓN, SENTIDO Y MISTERIO

Resulta imposible hablar de una denominación común a todas las religiones. Las religiones de occidente pueden tener rasgos comunes pero son muy deferentes de las religiones orientales y todas ellas, a su vez, muy diferentes a las religiones de otros pueblos menos conocidos.

Se suelen proponer dos tipos de definición de la religión:

  • Destacando sus funciones sociales: las religiones son vastos sistemas simbólicos que procuran un sentido último a la vida humana individual y colectiva, proporcionando por ello coherencia a los individuos e integración a las sociedades.

  • Destacando su objeto o referencia: las religiones tienen que ver con lo absoluto y trascendente, con lo sobrenatural y misterioso, con lo sagrado.

En esta primera parte se define lo que podría significar la palabra religión, es una definición demasiado técnica para algo tan abstracto como es la religión. Cierto es que no ha existido ninguna sociedad sin religión, y la pregunta es ¿porqué no? La respuesta a esta pregunta es bastante difícil, puede que toda sociedad necesite de religión para prosperar, por esa parte si tendría sentido la existencia de religiones pero sin embargo las religiones buscan el acercamiento al misterio no solo con palabras sino con formas rituales de un lenguaje corporal, y, en este sentido no tiene lógica la existencia de religiones ya que si son el apoyo de la sociedad, por qué lo abstracto y misterioso que ellas contienen.

LO SAGRADO Y LO PROFANO

Por diferentes que sean todas las religiones, operan sobre una distinción básica: la de lo sagrado y lo profano. Religión, así, es el conjunto de reacciones apropiadas de los hombres ante lo sagrado.

La esencia de lo sagrado es el misterio, el misterio que aterroriza a la vez que fascina.

La distinción entre realidades profanas y sagradas, que en la mayoría de las religiones es perfectamente clara, puede desdibujarse en dos extremos: Panteísmo y Monoteísmo. Panteísmo y Monoteísmo estricto se oponen pero coinciden al negar la distinción de cosas profanas y sagradas y en eso se apartan del común sentir de las religiones.

Esta distinción entre sagrado y profano es bastante difícil a veces, como ya hemos dicho, ya que nuestra sociedad está llenas de cosas profanas más que de cosas sagradas. Algo sagrado es algo dedicado a Dios o al culto divino, y algo profano es totalmente lo contrario, algo no sagrado. Es por eso por lo que cierto monoteísmo riguroso prohíbe representación alguna de la divinidad.

El uso de objetos sagrados está totalmente reglamentado y se reserva a personas y momentos determinados.

EL MITO: HISTORIA Y EXPLICACIÓN SAGRADA

Los mitos tratan de esclarecer, interpretar y dar sentido a la condición humana sobre la tierra, y, a veces, de explicar el curso de la historia o el curso neutral del mundo físico.

El mito cumple la función de enlazar lo sagrado extratemporal con la historia real. Los mitos a veces tienen un valor ejemplar. Otras veces el hecho mítico es un hecho culpable, así los mitos son relatos etiológicos, explicativos de las causas de los males que los hombres padecemos.

Solo la razón crítica descubre el mito como mito, es decir, como distinto de la verdad histórica. El hombre religioso no percibe el mito como distinto de la historia o de la verdad, al contrario, el mito para él es la verdadera historia.

No hay religiones sin mito, aunque si mitos fuera de la religión.

Para algunos autores los mitos cumplen una función simbólica, y, para otros es un medio de lenguaje que codifica las relaciones del hombre con su entorno.

Hay diversos textos que explican el origen, entre otras cosas, a través de mitos. Los mitos alejan o acercan a la historia real.

EL RITO: ACCIÓN SAGRADA Y EFICAZ

Los mitos son inseparables de los ritos.

Un rito es una acción religiosa consistente en gestos, ceremonia, celebración y fiesta, sometida a unas normas establecidas por una tradición.

La simple recitación del mito puede valer por un rito y sentir eficaces efectos rituales.

Hay diferentes tipos de ritos pero el más significativo es el sacrificio.

Otro tipo de rito que conocemos de cerca es el del matrimonio, este es un ritual solemne de gran importancia en todas las religiones.

Se puede observar que rito y mito son inseparables, y en cualquier sociedad seguirá habiendo ritos, cambien o no las ideologías religiosas. Desaparecerán ritos que hoy conocemos y aparecerán otros nuevos quizás laicos o quizás aún más religiosos pero es inevitable prescindir de ellos ya que son tan necesarios en nuestra sociedad como la religión misma.

LA FIESTA, TIEMPO SAGRADO

En el rito encontramos una raíz irreducible de la religión. Antes de ser actitud interior del espíritu o del alma, la religión ha sido una práctica exterior del cuerpo, el cual aparece, en consecuencia, como primer agente o portador de la actividad religiosa.

El rito tiene un tiempo oportuno que es la fiesta, la fiesta es tiempo sagrado. El día de fiesta es un día sustraído, como todo lo sagrado, a los usos comunes. La sacralización del tiempo puede afectar a intervalos temporales más largos o más cortos.

El aspecto lúdico propio de la fiesta luce en muchos ritos y consiste en la transgresión de lo cotidiano. El tiempo festivo resulta entonces momentáneo, subversivo y orgiástico.

La danza, en cuanto forma de expresión corporal, va ligada a la religión, que es gesto, sobre todo en los principios.

Hoy en día existen los denominados días de fiesta, pero parece que se olvida más el sentido religioso y son una mera excusa para descansar un día de las actividades cotidianas, el caso es que a pesar del olvido de ese sentido religioso, las fiestas siguen ahí, y los individuos quieren que sigan ya que son parte de la tradición, sea de una manera más religiosa o menos.

LOS ESPACIOS SAGRADOS

Igual que el tiempo ocurre con el espacio. El hombre religioso trata de instalarse en el espacio sagrado o de orientarse hacia él (oración mirando a la Meca, templos con orientación hacia la salida del sol, etc.). El hombre emprende la obra de construir un espacio sagrado, de consagrar el territorio mediante una arquitectura. Surgen así los templos, monumentos dedicados al Dios, lugares sagrados.

Algunos lugares adquieren carácter sagrado por una especial configuración natural que incita a la veneración.

Muchos de esos lugares sagrados se conservan hoy, algunos se siguen utilizando con fines religiosos, otros como simples monumentos de admiración. Hay un gran esfuerzo por conservarlos ya que son parte del patrimonio de los distintos pueblos.

ESCRITURAS Y REVELACIÓN DIVINA

En los pueblos sin escritura no hay otra forma de palabra sagrada que la oral. Pero en las culturas letradas han tenido mucho relieve los escritos sagrados, los libros reunidos en un canon o elenco normativo de toda la tradición posterior.

Los escritos sagrados suelen hallarse estrechamente vinculados a los iniciadores de esa religión y a sus discípulos inmediatos. La fijación de un conjunto de libros como sagrados y normativos da lugar al canon, cuyo cierre solo se consigue tras duras luchas ideológicas que además persiguen en la historia posterior como enfrentamiento entre ortodoxia y heterodoxia.

En algunas religiones la idea de escritura sagrada se ha fusionado con la palabra de la divinidad, en la creencia de una inspiración divina del libro (la Biblia escrita por inspiración del Espíritu Santo, el Corán de inspiración divina). Así el libro se convierte en objeto de culto, para los creyentes la Biblia o el Corán son algo más que escrituras venerables: son palabras del Dios único. Para otros son simplemente textos de meramente contenido moral, que establecen las normas básicas de convivencia en la sociedad.

CREENCIAS: ACTITUDES PARA ALCANZAR SENTIDO

Un conjunto de creencias es un conjunto de representaciones del mundo. Las creencias se alimentan y extraen de los mitos. Representan al mundo mediante nociones relativamente abstractas. Emergen como paso resultante de la sedimentación de muy variados mitos y en su abstracta formulación crean un terreno común entre religión y filosofía.

La creencia es, por otro lado, una disposición interna del ánimo simétrica del rito, que es la correspondiente posición exterior del cuerpo.

Mitos, ritos y libros sagrados son incorporados, interiorizados en disposiciones de creencias.

Para el hombre occidental de hoy creencias se contrapone a ciencia. El hombre religioso ingenuo no conoce esta contraposición, es más, toma sus creencias como el más sólido fundamento de cualquier otro saber o representación de la realidad.

Hay otro especto de la creencia religiosa: la de un cierto juego de credulidad que sabe estar fantaseando y tiene clara conciencia de hacerlo al margen de la realidad objetiva.

Las creencias religiosas tienen como una de sus características fundamentales el inducir a sentimientos de respeto sumo y dependencia respecto a un poder superior.

LA OBSESIÓN DE LA MUERTE

Sin muerte no habría religión. El hombre religioso es el hombre mental y con conciencia de su mortalidad. Si los hombres no murieran serían como dioses y no tendrían necesidad alguna de venerar algo exterior a ellos.

La muerte está presente en muchos ritos religiosos. En el culto funerario los hombres tratan de hacerse perdonar por los difuntos por haberles sobrevivido y procuran también satisfacer sus necesidades de ultratumba. Los ritos funerarios, por otros lado, constituyen una afirmación colectiva de la vida, de que la vida continua.

La obsesión ritual por la muerte y los muertos destaca en la religión europea megalítica cuyos monumentos (dólmenes, tumultos, etc.) son de carácter funerario y en la religión de los egipcios al lo largo de tres milenios de su civilización.

El culto a los muertos caracterizó religiones prehistóricas.

Esta obsesión por la muerte viene del deseo de los hombres por no morir, y ya que de todas formas van a morir, la religión aquí cumple la función de encontrar sentido a la vida. Muchos se harán la pregunta de porqué vivir sufriendo si de todas formas morirás, gracias a la religión muchos pueden encontrar sentido al tiempo de vida.

FIGURAS SAGRADAS, DIOSES, PERSONIFICACIÓN DE LO SAGRADO

La conciencia de la propia mortalidad ha contribuido a hacer religiosos a los hombres, y han solido imaginar algún género de vida inmortal en unos personajes superiores, sobrehumanos: los dioses, figuras personificadas de lo sagrado.

A veces no se les ha atribuido inmortalidad absoluta, como algunas divinidades del budismo y jainismo.

Los dioses de las religiones politeístas ejercen funciones y poderes restringidos, no universales, sino circunscritos a actividades o lugares concretos y a formas particulares de ayuda a los hombres, que los invocan precisamente para las correspondientes necesidades.

Hay complicadas jerarquías y genealogías de dioses, y a menudo se le atribuye a un dios el poder soberano sobre el resto de los dioses, sobre el cielo y la tierra. En este caso adquiere rasgos de la divinidad única del monoteísmo.

En las jerarquías divinas, no siempre es el dios supremo el que tiene carácter primordial.

La personificación de los sagrado viene por el deseo del hombre de acercar lo sagrado, el poder de la inmortalidad a él mismo. Es por eso por lo que las figuras religiosas de dioses tienen forma humana, y nunca una forma abstracta como lo es la religión en sí.

EL DIOS ÚNICO Y CREADOR

Respecto a Dios hay dos tesis contradictorias:

Una evolucionista que supone en los comienzos el animismo del cual emergerían las figuras crecientemente individualizadas de las divinidades, más tarde a partir de estas, varios dioses supeditados a uno y de la monolatría (culto a un solo dios sin negar los demás dioses) se llegaría a un Dios único y supremo del monoteísmo.

La otra tesis, antievolucionista, postula un monoteísmo inicial del que por degeneración y decadencia procederían los politeísmos, mitologías y animismos.

Pero hay religiones que han evolucionado conforme el modelo evolucionista y las hay también que han seguido el curso opuesto.

HÉROES, ARQUETIPOS HUMANOS

No solo de Dios sino también del hombre hablan los relatos míticos. En muchos de estos el protagonista es un hombre mitológico o mitificado.

Aún más directamente que las historias de dioses, los mitos que hablan de hechos humanos reflejan las inquietudes de los hombres ligadas a su condición mortal y contribuyen a configurar una religión muy humana, popular. Que va acompañada de un verdadero culto al héroe.

Los arquetipos humanos venerados en las religiones no son siempre seres míticos, a veces son individuos históricos enaltecidos por la piedad de los creyentes.

LOS PODERES DEL MAL

La experiencia de lo sagrado es la de un poder misterioso, fascinante y terrorífico a la vez. Estos dos aspectos pronto se disocian: históricamente se da una distinción entre dioses benévolos y psicológicamente, diversas experiencias han contribuido a la creencia en poderes malignos. La experiencia del mal, percibido a menudo como absoluto, es tan generalizado en la vida de los hombres, que estos se han visto llevados a suponer un principio absoluto del mal.

El dualismo del bien y mal marca decisivamente a algunas tradiciones religiosas en las que los poderes malignos están personificados en una figura única en igualdad con la divinidad creadora en perpetua lucha con ella, como ocurre con el Satán bíblico.

Antiguamente muchas ante la ignorancia de ciertas enfermedades nerviosas, se achacaban a signos de posesión diabólica.

Viendo las cosas desde una perspectiva objetiva, la existencia de un poder maligno que castiga a los hombres en la otra vida es un método infalible para que la sociedad siga las normas que establece la religión, sea la que sea. Muchos creen que la religión en sí es algo falsamente inventado para poder mantener a la sociedad atemorizada y cumpliendo las normas sin revelarse, otros creen ciertamente eso que se dice, cada perspectiva con sus razones perfectamente justificables.

DRAMA Y SALVACIÓN DEL HOMBRE

Los hombreas de todos los tiempos han tenido aguda conciencia de la condición dramática de la vida humana, destinada a la muerte, y siempre han luchado para mitigar su dureza.

El nivel más ambicioso lo ocupan las religiones en tanto que aspiran y prometen poner al hombre a resguardo de todas o de algunas de las miserias de su existencia. Las religiones pueden proponer a los hombres la liberación de muchas cosas: de la propia indignidad o pecado, de los poderes malignos, del mundo físico, etc. La salvación religiosa se diferencia de la salud física por su carácter definitivo y absoluto.

Cada religión es singularmente sensible a algunas miserias de la condición humana y propone vías o modos específicos de liberarse de ellas.

Este puede ser para muchos el sentido de la vida, el saber que después de las miserias llegará el momento de la salvación. Es como la esperanza de que el hombre no es solo materia, que también es espíritu, y que es el espíritu el que sobrevive para seguir viviendo ahora sin miserias ni estragos.

MESIANISMO ENTRE LA RELIGIÓN Y LA LUCHA SOCIAL

Los mesianismos constituyen movimientos religiosos ordenados a una salvación para este mundo. La salvación terrestre que proponen se presenta como liberación de las condiciones insufribles de existencia colectiva de unos grupos sociales. La salvación mesiánica es inminente y colectiva. Su peculiaridad radica en que el mesianismo espera una liberación total, producida por Dios o por poderes sobrenaturales; esperanza que le instiga a comportamientos militantes.

Este tipo de mesianismo era común en la Edad Media, se ve claramente tomando como ejemplo a las famosas cruzadas. Estas gentes eran simplemente personas atrapadas en su religión, que querían liberarse de sus condiciones de vida sin esperar a la hora de morir ya que siempre tendrían la duda si al morir se acabaría el sufrimiento y vivirían en paz o no.

REPLIEGUE A LO INTERIOR: LA MÍSTICA

Las orientaciones místicas coinciden con las mesiánicas en no aplazar la salvación del hombre hasta un más allá de la muerte. Aunque no como hace el mesianismo, sino por la vía de un regreso y refugio en la interioridad personal.

Mística es solo una forma de religión. En la religiosidad mística Dios mismo llega a ser interiorizado y a identificarse con el fondo íntimo del alma.

El místico se diferencia del filósofo en estar preocupado no por conocer, sino por ser salvo. La mística es un búsqueda de liberación mediante la unión y fusión con la divinidad.

Aunque no pase de ser un fenómeno minoritario, en muchas religiones la sustancia elemental de la actitud mística está también en la piedad popular.

La mística también es para algunos una forma de relajación, quitándole ese sentido religioso. Pero si es cierto que también es una forma de salvación, pero no por una mejora, sino por el encuentro de sentido a la vida de cada uno en el interior de uno mismo.

La pena es que sea minoritario en la popularidad, y que quede restringido a unos pocos, es por eso por lo que las multitudes han tendido más hacia el mesianismo.

ÉTICA, LA RELIGIÓN HECHA PRÁCTICA

La forma típica de influencia de la religión en la vida ordinaria procede por vía de regulación ética.

La religión invade la vida cotidiana, reclamando unas determinadas pautas de conducta. La ética religiosa es aplicación de lo sagrado a lo profano.

En la medida de su insistencia en principios reguladores de vida, la religión simultáneamente se racionaliza, pierde su específica referencia a lo sagrado y consiguientemente se seculariza.

La ética religiosa constituye un principio de orden racional. Por un lado representa ampliación del dominio de lo religioso, por otro significa un principio de secularización.

En las religiones más intensamente impregnadas de moralidad, la trasgresión de las reglas aparece como pecado.

La ética es lo que se debe de seguir en una sociedad, el problema surge porque no todos la siguen. La ética religiosa es distinta de la ética laica. Cada persona tiene valores éticos y no tienen por ser religiosos aunque al fin y al cabo sean los mismos.

Lo que actualmente pasa con la ética es que se esfuerzan en proclamarla quienes en el fondo ni siquiera siguen ejemplo o tienen valores propios.

ORTODOXIA Y HETERODOXIA

La religión se coordina con los aspectos prácticos de la vida y les impone cierto ordenamiento racional.

La doctrina religiosa trata de relacionar las creencias derivadas de los mitos con los saberes profanos.

La materia prima de la doctrina religiosa nos es ya conocida: son los mitos, los ritos y las creencias.

Las enseñanzas o doctrinas religiosas contienen una concepción general acerca del mundo y del hombre, en la que la existencia humana aparece dotada de valor y de sentido. El creyente se siente a resguardo del absurdo.

Por dramática que continúe siendo la vida en este mundo, la religión enseña a vivir en él y proporciona el consuelo de que los males de la vida no durarán para siempre.

En el primer aspecto, cumple una función de defensa de las creencias que le sirven de base. En el segundo desempeña un función ideológica.

Es ya frecuente que la doctrina religiosa cristalice en una ortodoxia o recta doctrina.

La palabra heterodoxia significa otra opinión.

En resumen la doctrina religiosa es un discurso legitimador del orden social, lo que se ha usado durante siglos para, en cierto modo, callar a la gente, ya que estos se sientes resguardados de algo y resignados.

El problema surge con la heterodoxia, con los que son de otra opinión, algunas religiones han sufrido separaciones por este motivo, pero sin embargo una no sería posible sin la otra, ya que la expansión de algunas de las religiones han sido posible gracias a las heterodoxias.

ORGANIZAR Y ADMINISTRAR LO SAGRADO

Cierto romanticismo elitista ha difundido una imagen de la religión como fenómeno sustancialmente individual, espontáneo y libre. De acuerdo con ese cliché romántico, en el principio de cada religión estaría el carisma personal. Más tarde habrían venido las instituciones religiosas a administrar el carisma. La esencia de la religión residiría en el ámbito privado de las actitudes personales.

La mayoría de los hechos de religión muestran un curso inverso, cuyo origen está en instituciones. Aunque a veces de la institución surge el carisma.

Lo sagrado no sujeto a reglas es considerado peligroso. Precisamente por el tremendo poder que encierra lo sagrado, hace falta administrarlo socialmente. Las distintas religiones constituyen distintos sistemas de tal administración.

La manera más completa de organizar es la iglesia. Las iglesias son intermediarias en la relación de los hombres con lo sagrado.

Es un poder enorme, que a menudo entra en conflicto con el poder económico y político.

Lo sagrado, en ningún caso se entrega a la discrecional disposición de los individuos; se halla siempre sujeto a reglas estrictas de una administración.

Esto podría ser una prueba de que una religión no es algo del interior de una persona o algo desinteresado, una religión es algo que empieza en una institución y que se hace creer a los demás.

El hecho es que la gente, o pocos de ellos, saben que, por ejemplo, una iglesia es solo una forma de administración de lo llamado sagrado, y que la salvación está tanto dentro como fuera de ella.

“DIOS Y EL CÉSAR”

La administración de lo sagrado y de la religión se limita a ser una aspecto más de la administración de la sociedad.

En las sociedades más complejas, la suprema autoridad social constituye igualmente la máxima autoridad religiosa; los administradores más directos de la religión forman un cuerpo profesional privilegiado; la religión proporciona los símbolos de unidad, identidad nacional y voluntad política de la colectividad. A este género de administración social de lo sagrado se le ha denominado religión política.

Aquí el hombre religioso es el ciudadano, que está obligado a la práctica de la religión del Estado como un deber patriótico.

La mejor ilustración de esto es la sociedad romana donde los emperadores obtenían las funciones de sumos pontífices de la religión romana.

LA RELIGIÓN POPULAR

Una religión civil no tiene por qué ser una religión impuesta. Uno de los principios de la religión civil de Rousseau era la exclusión de cualquier género de intolerancia religiosa. En ese sentido, religión civil equivale a religión civilizada. Aun entonces, sigue siendo una religión vinculada a la organización de la sociedad. En esto se diferencia de la religión popular, relacionada más bien con la identidad cultural de un pueblo.

Religión popular es religión de todos aquellos que no participan del poder, del tener y del saber.

En sociedades muy simples no hay una religión específicamente popular por contraposición a la oficial. Esta diferenciación sólo aparece donde la hay entre unos administradores y un pueblo administrado. Las relaciones de cada religión popular con la correspondiente religión de los administradores son ambivalentes, a la vez que recíprocas.

Entre esas aspiraciones populares figura la de que la salvación religiosa esté al alcance de todos y no sea demasiado arduo alcanzarla.

En el deseo de asegurar la salvación, la religión popular multiplica las prácticas de culto a muchos dioses; multiplica también las pruebas materiales de presencia de lo sagrado.

Se podría decir que la religión popular surge porque la gente no quiere una religión en la que la salvación esté reservada a unos pocos, la gente necesita protección de algo, por eso se crea la religión popular, en la que la salvación está al alcance de todos.

SINCRETISMO FRENTE A “PUREZA”

Es propio de la religión popular reunir elementos procedentes de tradiciones varias sin preocuparse por la pureza, coherencia y compatibilidad dentro de un sistema unitario. El término “sincretismo” es apropiado para denominar esa reunión de elementos; el sincretismo sobresale, ante todo, en la religión popular.

El culto politeísta a deidades locales ha sobrevivido en las devociones a vírgenes y santos.

No solo la religión popular es sincrética. También lo es la religión de los administradores, que se aplican a preservar las enseñanzas auténticamente tradicionales y a formularlas en un sistema de ortodoxia. Toda religión se muestra sincrética, compuesta por elementos de muy diversa procedencia.

Si todas las religiones tienen muestras de sincretismo no hay razón alguna para que los principales administradores intenten formularlas en ortodoxia ya que parece claro que no hay ninguna religión pura en sí misma.

En resumen podríamos decir que la religión de cada pueblo es la que sus gentes han querido crear y no la que ha sido impuesta por un Estado.

REMOTOS ORÍGENES DE LO RELIGIOSO

Toda innovación religiosa se realiza sobre la base de contenidos preexistentes. En la investigación histórica y arqueológica, no encontramos un punto como el grado cero de la religión. En la historia de los hombres, la religión aparece siempre ya constituida.

Los investigadores en el siglo XIX estuvieron interesados en el tema del origen de la religión: presumiendo que la religión más antigua debía ser la menos evolucionada, y, presuponiendo que el conocimiento de lo cronológicamente originario permitiría explicar el porqué de la religión.

Las religiones practicadas en Australia, en Polinesia, en las incontables islas de los mares del Sur, llegaron a ser consideradas ejemplares ilustrativos de lo que debió haber sido la religión de los primeros hombres. Se prodigaron, en consecuencia, las teorías sobre el origen de la religión

En la actualidad se duda de que sea adecuado el método etnográfico para conjeturar acerca de los orígenes. La cuestión del origen de la religión es una cuestión irresoluble para nosotros.

No podemos llegar a ese grado cero porque la religión aparece siempre ya instaurada, es decir, siempre se ha creído en algo sobre nosotros, esto puede ser en parte por la debilidad que ha tenido siempre el ser humano y el miedo natural a morir.

LOS GRANDES FUNDADORES

El dato de que no hay un comienzo absoluto de la religión nos obliga a decir que no ha habido “fundadores” de religiones. Las personalidades de las que se dice que fundaron alguna religión fueron maestros, profetas, reformadores o promotores de religión.

Eso no quita que todos ellos hayan tenido clara conciencia de instaurar algo nuevo y diferente de la enseñanza tradicional. El propósito de fundar una religión no siempre tiene éxito en su implantación popular e histórica.

Rasgo común a muchos de los considerados fundadores es haber pasado por una experiencia de iluminación que tratan de comunicar a otros.

El destino histórico de los grandes instauradores de tradiciones religiosas ha sido muy vario.

En resumen se deduce que a los que todos conocemos como fundadores podrían ser en cambio iniciadores de una religión popular, capaces de movilizar miles de personas ya que predicaban su propia religión, la que ellos querían escuchar.

Está claro que todos querían fundar una nueva religión y que ninguno de ellos lo consiguió.

DINAMISMO DE LAS RELIGIONES: TRADICIÓN Y REFORMA

Más de una vez, al lado de la figura principal de una religión, aparece un segundo personaje, consagrado a difundir como fiel discípulo las enseñanzas del maestro, pero, en la práctica, intérprete de tales enseñanzas y muy influyente en su posterior curso histórico.

Las reformas religiosas suelen operar sobre una tradición preexistente y con el propósito de restituir su autenticidad original.

EL ENCUENTRO DE LAS RELIGIONES

Las religiones no discurren de manera independiente. Sus historias se cruzan e interactúan de varios modos. Uno de ellos es la fusión sincrética. Otro es la convivencia pacífica dentro de una mismo sociedad (en los países asiáticos). La intolerancia religiosa ha solido marcar relaciones entre las religiones en Occidente, seguramente por las intensas connotaciones de religión política que han tenido siempre. Típicas también han sido las guerras de religión. Algunas religiones se han caracterizado por un intenso celo misionero.

El principio de libertad religiosa forma hoy parte de los derechos humanos. En la actualidad no se cree ya en una religión inscrita en la naturaleza humana. No hay sociedad sin religión, pero sí muchos hombres sin religión. El auge del ateísmo ha contribuido a que los hombres religiosos de distintas creencias cierren unitariamente filas frente al adversario común, lo que explica que en nuestro siglo hayan surgido importantes movimientos de encuentro y diálogo entre religiones.

Está claro que las guerras de religión han sido siempre provocadas por las religiones políticas, otro punto negativo a este tipo de religión.

Puede ser también que en un futuro, viendo los esfuerzos de las religiones para que no avance el ateismo, se cree otra nueva religión popular de origen variado, adaptada a todos o que desaparezcan las religiones. Utopía posible para algunos pero imposible para muchos.

UN MUNDO SECULARIZADO

Lo secular se contrapone a lo religioso. Por secularización se entiende el tránsito de lo religioso a lo laico. Inicialmente, el tránsito sirvió para designar el traslado de la propiedad de ciertos bienes patrimoniales de manos de la Iglesia a manos del Estado. Pasó a una acepción política para denominar la emancipación de los poderes estatales con respecto a la tutela y legitimación ideológica de las iglesias. Secularización entonces equivale a no confesionalidad del Estado. Finalmente, secularización ha venido a significar la desvinculación y emancipación de una sociedad y de una cultura frente a las instituciones religiosas tradicionales.

Por secularización se entiende, pues, todo proceso adverso a la implantación social de la religión. Los historiadores y sociólogos favorables a la tesis de la secularización sostienen que Occidente se encamina hacia una cultura completamente secularizada. Otros estudiosos entienden que Occidente está conociendo una profunda reorganización de sus valores religiosos.

LA RELIGIÓN HOY Y MAÑANA

Freud manifiesta que la esperanza del hombre, frente al ilusorio consuelo que le deparan las creencias religiosas, termine por aceptar realista y racionalmente la dura necesidad de su condición limitada y mortal. El marxismo supone que en una sociedad sin clases desaparecerá espontáneamente el espejismo religioso resultante de la personificación en imaginarios seres superiores de unos poderes nada sobrenaturales, sino bien naturales y sociales, que oprimen a los hombres.

Dos aspectos de la religión que han de tomarse en cuenta: primero, Que los hechos religiosos muestran enorme peso institucional, hallándose ligados a configuraciones culturales muy profundas; y segundo, que poseen, extraordinaria elasticidad, que son capaces de insólitas e imprevistas transformaciones.

Los procesos de urbanización e industrialización y la tecnología no eliminan automáticamente la religión. Así se explica que países altamente industrializados conozcan hoy en día una verdadera eclosión de nuevas sectas religiosas, encaminadas a procurar una liberación por el espíritu.