El fin de la Segunda Guerra Mundial

Historia universal contemporánea. Siglo XX. Pearl Harbour. Telón de acero

  • Enviado por: Jose Arturo Vazquez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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El comienzo del fin

Apenas retirados los aviones japoneses, el gobernador de la isla Oahu declaró la ley marcial, que se mantendría durante el resto de la guerra Miles de residentes japoneses fueron internados. Al día siguiente, el presidente Roosevelt anunció en el Congreso que se

había implantado el estado de guerra entre los Estados Unidos de América y el Imperio de Japón.

La cifra oficial de bajas quedó fijada en 2.086 muertos, 749 heridos y 22 desaparecidos.

La Armada perdió 92 aviones, y el Ejército, 96. Siendo grandes estas pérdidas, no alcanzaron en gravedad a las de los buques de la Flota.

Para el prestigio de Estados Unidos, la pérdida de ocho acorazados en un solo ataque fue más que suficiente, especialmente en una era en que el poder naval de una nación se media en el número de acorazados con que contaba. En realidad, algunos de estos buques eran ya muy viejos.

Su valor militar frente a unidades japonesas del mismo porte era escaso. Con todo, el efecto de su destrucción ante la opinión pública determinó la decisión de vengar con sangre la afrenta.

Por si fuera poco, el ataque se había iniciado con anterioridad a la declaración de guerra. El embajador japonés en Washington tenía orden de entregar la nota en que se comunicaba el estado de guerra al Gobierno de los Estados Unidos a la una de la tarde del 7 de diciembre, que correspondía a las siete y media de la mañana del 8 en Honolulu, o sea, treinta minutos antes del inicio del ataque. A causa de retrasos en el descifrado del mensaje en la Embajada japonesa, la nota fue presentada a las dos y veinte de la tarde. En ese momento, la Flota del Pacífico ya había sido virtualmente aniquilada en Pearl Harbour.

Alemania e Italia declararon también la guerra a los Estados Unidos. Con ello, el conflicto se hacia mundial y tomaba una amplitud sin precedentes en la Historia.

La dura acusación del almirante Halsey «... No creo que hubiese en toda laflota del Pacifico un solo comandante que pensase que Kimmel no era elhombre ideal para el puesto. Desgraciadamente, incluso un hombre ideal no puede realizar un trabajo sin herramientas adecuadas, y Kimmel no las tenía. La culpa de ello recae en la política de avestruz adoptada por los Estados Unidos después de la 1 Guerra Mundial. Nos negamos a reconocer la existencia de naciones predadoras y, por lo tanto, no existían. Partiendo de la teoría de que esta dulzura y despreocupación prevalecerían y de que no volveríamos a necesitar a la Armada, fueron recortadas y vueltas a recortar las asignaciones para mantenerla. Las contrataciones de personal tuvieron que restringirse; por carencias en sus dotaciones los buques fueron desarmados; se construyeron pocos buques nuevos... »

«... La más desesperante carencia de la flota estaba en aviones de patrulla y en dotaciones para volarlos. La adecuada defensa de una isla requiere una descubierta en los 360 grados con un fondo de 800 millas mantenida por aviones de patrulla y complementada por una fuerza de exploración compuesta por submarinos y buques de superficie rápidos. Kimmel no tenía ni suficientes aviones ni fuerza de exploración adecuada. No exagero al decir que no tenía

Chester Nimitz con su estado mayor suficientes aviones para mantener una cobertura completa en un sector de 60 grados. En cuanto a dotaciones, su carencia inicial se vio incrementada al serle ordenado que transfiriese a las continentes doce dotaciones adiestradas cada mes. Esta situación le ofrecía dos alternativas: podía agotar sus aviones dotaciones disponibles hasta el punto en que quedasen pocos o ninguno operativos, o bien reducir sus exploraciones y conservar unos y otros para el momento del comienzo de la guerra. Kimmel eligió reducir las exploraciones, y aunque éste fue uno de los factores que permitieron el éxito del encubierto ataque japonés, cualquier almirante que se preciase de tal habría hecho la misma eleccion...» «... ¿A quién culpar entonces? Veámoslo con lógica: el ataque fue un éxito porque el almirante Kimmel y el general Short no pudieron dar a Pearl Harbour la adecuada protección. No pudieron dársela porque no tenían los medios. No los tenían porque el Congreso no los autorizó. El Congreso es elegido por el pueblo norteamericano.

« La culpa de Pearl Harbour recae directamente sobre el pueblo y sobre nadie más. En vez de intentar escurrir nuestra responsabilidad defenestrando dos magníficos oficiales, debemos ser suficientemente maduros para reconocer nuestros errores y suficientemente sabios para sacarles provecho.»

(«Admirant Halsey's Story» William F. Halsey McGraw-Hill Book Company, INC. 1947)

Edward Kimmel era el almirante de la Flota del Pacifico el 7 de diciembre de 1941. El vicealmirante Halsey, comandante de la Primera División de portaaviones, izaba su insignia a bordo del «Enterprise» y se encontraba navegando en el momento del ataque.

Halsey estaba a las órdenes directas de Kimmel.

Después del ataque Kimmel fue relevado por el almirante Chester Nimitz.

En la primavera de 1942, una vez sofocado el contraataque invernal soviético, el frente de batalla aparecía profundamente dentado, lleno de entrantes y salientes.

Los ejércitos alemanes, clavados en el terreno, habían resistido un invierno atroz, y ahora confiaban resarcirse de sus heridas.

En la primavera de 1942, Hitler comunicó las nuevas directrices de la campaña rusa. Los frentes Norte y Central permanecerían estáticos, mientras todas las fuerzas disponibles se lanzarían en una ofensiva en el Sudeste, para capturar los pozos petrolíferos caucásicos. El grupo del Ejército del sur debía tomar Crimea, como Stalingrado como objetivo final, que abría las puertas del Caúcaso.

Pese a que el IV ejército alemán entró en la ciudad, los retrasos en su avance dieron a los soviéticos la posibilidad de

Reforzar sus líneas defensivas y plantear una durísima batalla.

Tras la caída de Berlín se produjo el colapso definitivo. De las humeantes cenizas de la capital del Reich iba a surgir un mundo distinto. Han transcurrido casi cincuenta y cuatro años desde que se alzara el telón de aquella inmensa tragedia y Europa fue viviendo

ese medio siglo entre grandes tensiones que desembocan ahora en cambios políticos impensados cuando se produjo la caída del III

Reich.

Jodl firmando el documento de rendición alemana en Reims

“El mariscal Zhukov firma en nombre de la URSS en Berlín”

Conviene hacer un resumen de la evolución de la contienda. Winston Churchill inicia sus Memorias de la II Guerra Mundial Definiéndola como la «guerra innecesaria». Cabría preguntarse si ha habido alguna que no la fuera, pero, desde luego, esta debió haberse evitado.

El ascenso al poder de Hitler constituyó el acontecimiento más singular de la historia europea de entre-guerras. Su actuación durante los doce años en que estuvo al frente del Estado alemán fue tan trascendental que, con razón, puede hablarse de una Europa antes y

después de él

Desde el inicio de su carrera política, Hitler afirmó explícitamente sus objetivos. No se trataba de «revisar» los Tratados de Versalles, sino de recuperar las fronteras germanas anteriores a Westfalia, y de poner fin, según él, a la expansión francesa iniciada con el Rey

Sol. Había otra vieja idea clave en la política pan-germánica nazi: el «Lebensraurn», la necesidad de un espacio vital, que habría que buscar en el Este.

“El mariscal Keitel rubrica la capitulación en la capital alemana”

Toda la política de Hitler, desde la Ocupación de Renania en 1936, persigue estos objetivos. Solo la miopía de aquellos Gobiernos

británico y francés puede explicar por que no se contuvo este movimiento en sus comienzos.

Hitler provocó la guerra, pero Francia e Inglaterra debieron enfrentarse antes a Alemania para haberla evitado. Cuando, finalmente, decidieron «defender la paz en Europa» mediante el tratado de garantía con Polonia, en abril de 1939, era ya tarde.

Polonia era una nación inaccesible para las potencias occidentales gobernada por una dictadura militar y enfrentada históricamente con la Unión Soviética, no era el prototipo de «ideal» por el que entrar en guerra. No obstante, Gran Bretaña y Francia vieron en la ocupación de Polonia el definitivo afán del expansionismo de Hitler.

El acuerdo Ribbentrop-Molotov, en agosto de 1939, fue quizá el factor más importante que hizo posible el inicio del conflicto.

Constituye otro ejemplo de miopía política, esta vez por parte de Stalin, quien pensó que alejaba así el peligro nazi al desplazar sus fronteras hacia el Oeste. En la mente del dictador soviético ya anidaba la idea de ganar tiempo para sacar provecho de la contienda.

AL BORDE DEL ABISMO

El viernes 1 de septiembre de 1939, los Ejércitos alemanes invadieron Polonia. Dos días después, los Gobiernos británico y francés declaraban la guerra a Alemania.

Las primeras fases del conflicto que se iniciaba entonces evidenciaron la eficacia nazi de la Blitzkrieg, un sistema de combate rápido y mecanizado, en conjunción con la fuerza aérea.

La sorpresa creada por el nuevo modo de hacer la guerra propició las victorias germanas, desbordando, incluso, sus mejores esperanzas: Polonia, Dinamarca, Noruega. Países Bajos. Francia... caían en manos del Reich sin grandes esfuerzos.

El Ejercito expedicionario británico, a duras penas. consiguió escapar por mar desde

Dunkerque.

Los vencedores en Berlín: el británico Montgomery, el soviético Zhukov, el estadounidense Eisenhower y el francés Koening.

Muchos historiadores consideran que este «milagro» fue posible por la extraña decisión de Hitler de frenar sus fuerzas Panzer durante dos días.

En esos momentos, Gran Bretaña escapó. En la isla sólo había una división debidamente equipada para defender el país y la Armada se mantenía alejada en el Norte, fuera del alcance de la Luftwaffe.

Jodl llega a Lüneburg

Hitler había impuesto su «paz» en el continente europeo, y en ese momento no deseaba invadir las Islas

Británicas. Dejo pasar un mes con la esperanza de que los ingleses aceptasen sus conquistas como un hecho consumado.

Pero no fue así. La decisión británica de combatir al nazismo en solitario habría de prolongar la guerra, al mismo tiempo que iba a transformarla en un conflicto mundial.

De esta forma se inicio la denominada «batalla de Inglaterra». Hitler, contrariado por la incapacidad de Luftwaffe para hacerse con el control aéreo. Se vio obligado a suspenderla.

Esta interrupción del combate fue el mayor error estratégico de Hitler durante toda la guerra. Pero el pensamiento del führer se volvía otra vez hacia el Este, hacia el espacio vital que «debían de repoblar los miembros de la raza aria».

La guerra se desplaza al este

El 22 de junio de 1941, los Ejércitos alemanes sorprenden al mundo entero invadiendo la Unión Soviética. Jamás se había preparado un plan militar de la magnitud de la «operación Barbarroja», y su elocución era toda una incógnita. El general de brigada alemán Elster al rendirse en Beaugency

Las fuerzas Panzer arrollaron a los Ejércitos soviéticos, pero nunca entrarían en Moscu. ¿Cuales fueron las claves de este fracaso?

La más importante, la ignorancia del Alto Estado Mayor alemán del país que estaba invadiendo.

Los alemanes calcularon mal las reservas que Stalin podía reclutar en las profundidades de Asia, y desconocían la estructura social y económica de ese país.

El enfrentamiento entre Japón y los Estados Unidos en el Pacífico universaliza la contienda. Es cierto que Gran Bretaña continuará combatiendo en el Mediterráneo, pero este mar dejó de ser el epicentro de la lucha.

Las consecuencias naturales de esta expansión de la guerra se habrían de aplazar varios años, pero resultan ahora evidentes: la pérdida del papel hegemónico de Europa sobre el conjunto del mundo.

Por otro lado, una vez que los Estados Unidos entraron en la guerra y la Unión Soviética sobrevivió al ataque germano, la derrota de las potencias del Eje Alemania, Italia y Japón se hizo segura, aunque el plazo siguiera siendo incierto.

En la tercera fase de la guerra aparecen ya las potencias agresoras -Alemania, Italia y Japón-, convertidas en defensoras desperadas de su existencia.

La comprensible exigencia de la rendición incondicional alemana y japonesa por parte de los aliados prolongó la guerra hasta la derrota total alemana y el lanzamiento de las bombas atómicas.

Surge el telón de acero

Oficiales alemanes conversan con los aliados en la base de la Rochelle en Francia

Los últimos compases de la contienda, con los rusos al asalto de Alemania, llegarían a afectar la unidad de los miembros de la Gran Alianza, que se desmoronaría pocos meses después del final del conflicto. El triunfo traería el temor a una nueva guerra.

El sueño pan-germánico nazi termino con Alemania dividida en pedazos. Hasta 1990 no se pondrían en discusión las fronteras acordadas al final de la II Guerra Mundial.

Pero no solo Alemania quedo dividida. La Unión Soviética penetró hasta el Elba y, desde Stretin, en el Báltico, hasta Triestre, en el Adriático, se extendió un «telón de acero»

Europa occidental, después de la guerra, dejó de ser el eje de la historia del mundo, para convertirse en territorio subordinado a los enfrentamientos de dos grandes potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética.

Pero no ha sido idéntico el recorrido histórico de ambas Europas. La Europa occidental ha conocido periodos de enorme prosperidad económica y un proceso de fusión. En Europa oriental se abrieron fisuras impresionantes de desarrollo imprevisible.

Alemania fue dividida bajo la administración de los vencedores: la Unión Soviética, Estados Unidos, Alemania y Francia

Rueda de prensa celebrada por Eisenhower en Berlin En conjunto, para los europeos la tragedia de la II Guerra Mundial debe ser recordada como una pesadilla, a pesar de la cual existe la esperanza de no repetir aquel tremendo error.

Resumen

Entre las causas más decisivas serían el auge del imperialismo alemán, que incrementado por el nacionalsocialismo se lanzó abiertamente por el camino del rearme, con denuncias de las cláusulas del tratado de Versalles concernientes a la limitación del ejército alemán (16 de marzo de 1935) y ante la pasividad de Francia e Inglaterra ocupó Renania, se apoderó de Austria y de Checoslovaquia en 1938 y 1939, aplicó las leyes raciales y puso el pie en Polonia. Como causas generadoras de descontento figuraban el desigual reparto de riquezas de la tierra, en manos de algunas naciones, mientras otras, se veían encerradas en sus propias fronteras.

En 1940 la armada alemana ataca Noruega, ocupa Dinamarca e invaden lo Países bajos. Francia firma un armisticio con Alemania, inicia la “batalla de Inglaterra”, Alemania ocupa las islas del canal. Se da un enfrentamiento entre Italia y Gran Bretaña en el norte de África.

En 1941 firman un pacto de neutralidad entre Rusia y Japón, Alemania invade Grecia, Yugoslavia y Rusia. En este mismo año, Estados Unidos declara la guerra a las potencias del Eje, y Japón toma Hong Kong.

En 1943, Conferencia de Casablanca: se llega al acuerdo sobre “la rendición incondicional” de Alemania y el gobierno italiano se rinde a los aliados y se une a ellos.

En 1944 las fuerzas norteamericanas bombardean Japón.

En 1945 las tropas británicas liberan a Hungría, a Polonia y a Austria de la ocupación alemana. También se da la rendición incondicional de Alemania e Italia. Rusia declara la guerra a Japón e invade Manchuria, y Japón se rinde. También se crean las Naciones Unidas.

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