El fanatismo en Samarcanda; Amim Maalouf

Literatura árabe contemporánea. Narrativa árabe. Novela oriental. Itegrismo islámico. Fanatismo religioso. Islamismo. Musulmanes. Asesinos. Sunníes. Chíies. Argumento

  • Enviado por: Sararogo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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EL FANATISMO EN “SAMARCANDA”

de AMIN MAALOUF

El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española define el término Fanatismo como “Tenaz preocupación, apasionamiento del fanático” y Fanático Que defiende con tenacidad desmesurada y apasionamiento creencias u opiniones sobre todo religiosas o políticas. // Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo”

Tomando como hilo conductor los avatares de un manuscrito que contiene las famosas Ruba´iyyat, con el nombre de la mítica ciudad de Samarcanda Amin Maalouf recrea en esta novela un fascinante y tumultuoso mundo oriental.

En el marco de la Persia medieval, desgarrada por profundas contradicciones, destacan, en la novela, tres figuras; el poeta persa Omar Jayyám, autor de las mencionadas Ruba´iyyat y a la sazón eminente astrónomo, geómetra y filósofo; Nizam el-Molk, gran visir del sultán Malikxah, y el misterioso ismaelí Hassan Sabbah, fundador de la secta de los Asesinos, que desde su fortaleza de Alamut mantuvo aterrorizado al país. En estos personajes se centran las argumentaciones para elaborar un sencillo ensayo sobre el fanatismo en la obra de Amin Maalouf.

La “Parábola el Manuscrito de Samarcanda” nos describe fielmente la personalidad y ”el destino” de los protagonistas.

“Tres amigos iban de paseo por las altiplanicies de Persia. Aparece una pantera; toda la ferocidad del mundo vivía con ella.

La pantera observa largo rato a los tres hombres y luego corre hacia ellos.

» El primero era el de más edad, el más rico, el más poderoso. Gritó: "Soy el dueño de estos lugares, jamás permitiré a un animal que haga estragos en las tierras que me pertenecen". Estaba acompañado de dos perros de caza, los soltó contra la pantera y pudieron morderla, pero eso sólo consiguió enfurecerla más; los mató, saltó contra su amo y le desgarró las entrañas.

ȃse fue el destino de Nizam el-Molk.

»El segundo se dijo: "Soy un hombre sabio, todos me honran y me respetan. ¿Por qué vaya dejar que mi destino se decida entre unos perros y una pantera?" Dio media vuelta y huyó sin esperar el resultado del combate. Desde entonces anda errante de cueva en cueva, de cabaña en cabaña, convencido de que la fiera le va pisando los talones constantemente.

»Ése fue el destino de Ornar Jayyám.

»El tercero era un hombre de fe. Avanzó hacia la pantera con las manos extendidas, la mirada dominadora, la boca elocuente. "Sé bienvenida a estas tierras, le dijo, mis compañeros eran más ricos que yo y los has desvalijado, eran más orgullosos y los has humillado. La fiera escuchaba seducida, dominada. Consiguió mucho ascendiente sobre ella y la domó. Desde entonces ninguna pantera se atreve a acercarse a él y los hombres se mantienen al distancia.».

El Manuscrito concluye: «Cuando vienen tiempos de confusión, nadie puede parar su curso, nadie puede evitarlos, algunos consiguen servirse de ellos. Mejor que nadie, Hassan Sabbah ha sabido domar la ferocidad del mundo. Ha sembrado el miedo a su alrededor para prepararse en su reducto de Alamut un minúsculo espacio de sosiego».

Nizam el-Molk tenía el poder, un inmenso poder, pero ni siquiera éste le permitía alcanzar su sueño “la justicia”; de ahí que le propusiese a Omar Jayyám que aceptase, aunque no lo hizo, el cargo de Sahib-]abar -Jefe de información del Imperio-. No para espiar a las buenas personas, ni introducirse en las casas de los creyentes, sino de velar por la tranquilidad de todos. En un Estado, el soberano, defendía y le preocupaba intensamente (Fanatico: Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo), debe conocer la menor exacción, la menor injusticia y reprimirla de manera ejemplar, sea quien fuere el culpable. Reprimir duramente las acciones de los cadí o los gobernadores de provincias que se aprovechasen de su cargo para enriquecerse a expensas de los humildes, puesto que las víctimas no siempre se atreven a quejarse. Precisamente la lucha incesante por obtener esa justicia que anhelaba y las decisiones políticas que tomó para lograrla, investido como estaba del poder necesario, (los dos perros de caza de la parábola), le llevaron a grajearse la desconfianza del Sultán Malikxah y “enfurecer a la fiera que le desgarró las entrañas” Hassan Sabbah, que textualmente ordenó su muerte cuando sentenció:

“¿Quién de vosotros librará al país del malhechor Nizam el-Molk?», que un hombre llamado Arrani se puso la mano en el pecho en señal de aceptación, que el señor del Alamut le encargó esa misión y añadió: «La muerte de ese demonio es el comienzo de la felicidad”.

Hassan Sabbah, fundador de la Secta de los Asesinos, mantuvo aterrorizado gran parte del Oriente musulmán desde su fortaleza de Alamut. Los miembros de esta sociedad secreta eran iniciados en un fanatismo religioso que contradecía las ideas democráticas y tolerantes de la otra rama del Islam, la de los sunitas. Los chiítas promovían un absolutismo basado en la jerarquía férrea y la sumisión a los imanes, guías espirituales y políticos a los que los creyentes han considerado siempre personas impecables e infalibles.

Nadie mejor que el propio Hassan Sabbah “El Viejo de la Montaña” para alejarnos cualquier duda sobre su espíritu fanático

No basta con matar a nuestros enemigos, les enseña Hassan. No somos: asesinos, sino ejecutores; tenemos que actuar en público, para ejemplo de todos. Nosotros matamos a un hombre, pero aterrorizamos a cien mil. Sin embargo, no basta con ejecutar y aterrorizar, también hay que saber morir, ya que, aunque matando desanimamos a nuestros enemigos de emprender cualquier acción contra nosotros, muriendo de la manera más valerosa posible provocamos la admiración de la multitud. y de esa multitud saldrán hombres para unirse a nosotros. Morir es más importante que matar. Matamos para defendemos, morimos para convertir, para conquistar. Conquistar es una meta, defenderse es sólo un medio”

Y por último tratemos el “fanatismo” de Omar Jayyám, aunque pueda sorprendernos. A la pregunta de ¿puede considerarse a tan insigne poeta, astrónomo, geómetra y filósofo un fanático?, después de haber leído Samarcanda. y según la definición del Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, yo diría que “si”, sin dudarlo.

Omar Jayyám era un “fanático” de la vida, del saber, de la tolerancia, de la justicia, del Hombre. Preocupado o entusiasmadociegamente por todo lo que ello representa y porque nada ni nadie le apartase de la posibilidad de ir incrementando y profundizando en el conocimiento de todos y cada unos de estos aspectos.

Se requiere una gran erudición (cuya definición libre podría ser “preocupación o entusiasmo vehemente=ciego por saber), para cubrir un campo de conocimientos tan vasto y para lograr la calidad de la sabiduría que nos trasmite, también en su poesía, que ha requerido siglos para empezar a ser debidamente valorada, al desarrollar la humanidad una cultura más ajustada al universo natural, y menos limitada por las creencias en que se debió apoyar en su proceso de evolución. Los científicos y en particular los astrónomos, han concretado el reconocimiento a su enorme talento, designando con su nombre, un importante cráter de la Luna. (El cráter Omar Jayyam, se encuentra en las siguientes coordenadas lunares: latitud 58,0 N y longitud 102,1 oeste).

Como genio literario, Omar Jayyam es conocido en occidente por la colección de poemas, a él atribuidos, llamada Robaiyyat, nombre persa que alude a su estructura. A través del Robaiyyat, que el sabio escribió a lo largo de su vida, nos trasmite sus ideas acerca de temas tan distintos como la ciencia y el conocimiento, la moral y el comportamiento personal, religión y teología, cómo ser feliz, la nostalgia por lo vivido, el disfrute de la vida antes de la muerte, de dónde venimos y a dónde vamos.

Samarcanda de Amin Maalouf ha sido para mi una nueva visión de un termino, el fanatismo, que siempre ha estado unido a algo reprobable; y lo es cuando la preocupación o entusiasmo ciego causan mal a uno mismo o a los demás, pero no cuando se profesa en pos de principios tan loables como la vida, el saber, la tolerancia, la justicia o el Hombre.

Por último y como colofón, yéndonos al titulo del ensayo “El Fanatismo en Samarcanda”, después de haber leído este apasionante libro, casi podría decir que todo el es un tratado de “fanatismos”, quizás porque si cuando nos sumergirnos en la lectura lo hacemos con una idea preconcebida, nuestra mente pierde un cierto grado de perspectiva.

Hay fanatismo en cualquier pasaje dónde se tratan la relación, directa o circunstancial, entre dos cualesquiera de los múltiples personajes que se citan, fundamentalmente entre los tres mencionados. Acaso el amor de Omar y Yahan no estaba impregnado de un cierto grado de fanatismo igualmente. Y la relación entre Omar y Nizan, o la de Omar y Hassan, o la de los tres a un tiempo.

Quizás también, por tratarse de una cultura totalmente diferente a la que me es más próxima, unido a un cierto grado de desconocimiento, por mi parte, del mundo islámico, me han llevado a considerar como comportamientos fanáticos aquellos que son perfectamente entendibles y aceptados por la comunidad musulmana.

Lo que verdaderamente resulta fantástico, que no fanático, es haber podido tomar contacto, por primera vez, con un autor como Maalouf, la cultura islámica, un personaje tan siniestro y aun mismo tiempo enigmático como Hassan o con los verso de Omar, aunque este último estará mas presente en mi memoria cotidiana ya que ahora se que gran parte de las matemáticas que estudio son fruto de su erudición.