El extranjero; Albert Camus

Literatura universal contemporánea del siglo XX. Narrativa. Novela existencialista. Existencialismo. Absurdo

  • Enviado por: Darío Ospina Latorre
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 4 páginas
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ÁREA: HUMANIDADES

MATERIA: LENGUA CASTELLANA

RECUPERACIÓN SEGUNDO DESEMPEÑO

RESEÑA LITERARIA: EL EXTRANJERO, ALBERT CAMUS

BOGOTÁ, 17 DE JULIO DE 2006

Reseña literaria

El extranjero, de Albert Camus

Sólo una cosa termina por concluirse de tan insensato relato, una frase que el mismo protagonista repite una y otra vez: “uno acaba por acostumbrarse a todo”. La primera vez que leí el título de la obra y una vez observé la errada sinopsis en la contraportada de mi libro, creí que la historia se iba a tratar de un hombre perdido en un desasosiego incesante. Pero las primeras líneas dicen lo contrario.

Meursault es uno de aquellos hombres para quienes todo en la vida les es indiferente. Desde la muerte de su madre hasta el asesinato de su única víctima, un hilo conduce toda la historia a bordo de un mismo personaje. La sensación que se percibe es tan aproximada a la del protagonista, que en ocasiones despierta una intriga extenuante, y en otras un súbito interés por restarle importancia a las cosas más esenciales de la vida.

Meursault asiste a la velación y entierro de quien se deduce era su única pariente viva. Un aire de impasibilidad que resultará dañino para su futura sentencia es lo que lo llena en ese momento. Todo para él es incómodo: la llegada al asilo, el acompañamiento de los ancianos, la peregrinación al pueblo, y todo lo reduce a pensamientos banales como el intenso calor o las actividades que tendrán lugar en su oficina mientras el se somete al suplicio.

Al retomar su vida cotidiana y volver a Argel (capital de Argelia) decide en la mañana del sábado tomar un baño, es entonces cuando se encuentra con quien en pocos días será su pretendiente: María Cardona, antigua dactilógrafa (mecanógrafa) de su oficina. Con ella empieza un juego de caricias y besos que para él no significan nada más que placer. Su romance parece estar dando frutos pues asisten a una función de cinematografía en la que presentan una cinta cómica de Fernandel. Luego almuerzan en el restaurante de Celeste, amigo de Meursault y finalmente vuelven a sus domicilios.

En el edificio donde come, duerme y pierde su tiempo mirando por el balcón de su habitación viven Salamano y su perro, y Raimundo Sintés; personajes no menos curiosos que el protagonista. El primero apacigua su soledad con un animal enfermo y una rutina que ni él mismo soporta. El segundo lleva una vida desordenada de mujeriego y aunque fastidia un poco a su vecino, no tardarán en entablar una amistad.

Es un incidente el que desentraña una serie de acciones que se encadenarán para enjuiciar a Meursault. Se trata de una carta escrita por él y dirigida a una de las amantes de Raimundo, quien le solicita ese favor a cambio de una cena y de convertirse oficialmente en su “camarada”.

Otro día de verano (aquellos que nuestro protagonista aborrece) son invitados Meursault y María a una playa cerca de Argel donde vive un amigo de Raimundo: Masson y su esposa parisiense. Allí se divide el curso de la historia pues el protagonista asesina al árabe (hermano de la amante de Raimundo) que los estaba siguiendo casi sin darse por enterado, y luego de un fulgor, se encuentra en la comisaría rindiendo cuentas de su crimen.

Poco se puede decir de la segunda parte del libro sin adentrarse en detalles minúsculos sobre la posición en el mundo de Meursault, sus comentarios desligados de la realidad y el constante sofoco que siente el protagonista.

Su juicio dura once meses y sus días en la cárcel transcurren con mucha calma. Testigos y audiencias van y vienen. Le asignan un abogado de oficio para que lo defienda en la sentencia y durante todo el proceso judicial, pero el lo único en lo que piensa es en que está siendo mirado por un periodista que cubre su noticia perturbando su intimidad y una mujer con la que se encontró en el restaurante de Celeste a la que no pierde de vista. Describe su patético comportamiento y todo lo que percibe en su entorno. No pone atención ni un mínimo de interés en lo que están diciendo de él aunque siente grandeza porque siente gran protagonismo aún sin su intervención.

Todos los hechos narrados serán usados en su contra y darán un fallo que no molestará mucho a Meursault: la pena capital. El procurador, el presidente y el fiscal (juez o acusador) interpretan los hechos de la siguiente manera: según los testigos (Tomás Pérez, Masson, Raimundo, María, el portero y el director del asilo) al día siguiente del entierro de su madre, tuvo una aventura con su amante, vio una comedia en el cinematógrafo y luego asistió a una playa con sus amigos donde encontró a unos árabes, luego por pura “casualidad” volvió al manantial donde había sido el encuentro y apretó el gatillo una vez, pero para asegurarse de que no agonizara, disparó cuatro veces más.

Meursault pasa los últimos días de su vida encerrado en un calabozo, pensando en la muerte, es la esperanza que tiene de ser indultado y en su madre. Asiste a su celda un sacerdote que es expulsado con vehemencia por el criminal, quien no soporta recibir discursos sobre moralidad.

El libro no termina entre sollozos como uno podría pensar, ni con un arrepentimiento de parte del protagonista. Ni siquiera con una historia de amor, porque María puede estar enferma, muerta o cometiendo un adulterio. Pero nada de eso importa a Meursault, él entra en cólera constantemente pero parecería no afectarle.

Como diré en todas mis reseñas, ya sea recomendando o difamando un texto, la invitación será siempre a leerlo. En este caso por ser una de las obras insignia de Albert Camus y por tratar un tema poco común. Personalmente no es el libro que más me llama la atención ni está entre los de mi gusto, pero no todo el mundo piensa igual, algunos se satisfarán introduciéndose en críticas morales al protagonista, otros, aunque han de ser pocos se identificarán con Meursault. Y otros simplemente desearán no haber leído nunca el libro (no es mi caso, me divirtió bastante). Pero no leerlo será como rechazar un trago en medio de una fiesta y no creo que sea nunca la intención del lector.