El extranjero; Albert Camus

Literatura francesa contemporánea siglo XX. Narrativa existencialista. Existencialismo. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Pepe Marco
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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PRIMERA PARTE

ALBERT CAMUS nació en Mondovi, Argelia, en 1913, y murió en Villeblevin en 1960. De humilde origen campesino, estudió filosofía en Argel antes de marchar a la metrópoli, donde ejerció el periodismo. Participó en la Resistencia* y fue uno de los fundadores del diario Combat, el cual dirigió entre 1945 y 1947. Camus es, con Sartre, el más importante de los llamados escritores “comprometidos”, y su obra es también de problemática existencialista. Pero el existencialismo* de Camus es, especialmente en cierta parte de su obra -La caída, El exilio y el reino-, menos negativista que el de Sartre. Como éste, Camus es ensayista -El mito de Sísifo, El hombre rebelde-, dramaturgo -El malentendido, Calígula, Los justos, El estado de sitio- y novelista -El extranjero, La peste-. Premio Nobel de Literatura en 1957, su obra refleja la philosophie de l´absurde. Camus sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación. A lo largo de su obra describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar significado y razón a sus vidas. Así, en El extranjero (1942), el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947) luchan con valentía contra el absurdo.

Camus encuentra en la novelística su voz más auténtica, la que da toda su dimensión de escritor. Esta voz, que ofrece ya en su breve novela El Extranjero un acento muy personal, alcanza su culminación en su obra maestra, La peste, cuyo clima emocional, magistralmente evocado, hace de ella una de las más grandes novelas de nuestro tiempo.

*Resistencia: Conjunto de acciones llevadas a cabo contra los ocupantes nazis o fascistas a lo largo de II Guerra Mundial en diversos países de Europa. Estos movimientos tuvieron carácter de guerra de guerrillas. En esta lucha desarrollaron un importante papel los partidos comunistas, aunque en ella participaron también católicos, liberales y socialistas. Gran Bretaña colaboró con la resistencia de numerosos países ocupados (Bélgica, Suecia, Países Bajos, Dinamarca); especialmente notable fue su ayuda a De Gaulle entre 1940 y 1942. A partir de este último año la actividad represiva de los invasores se acentuó. En Francia los movimientos existentes fueron unificados por Jean Moulin (presidente del Consejo de la Resistencia Francesa, ejecutado por la Gestapo alemana en julio de 1943), dificultando la actuación del ocupante nazi. El carácter de guerrilla fue mucho más destacado en la Europa oriental, especialmente en Yugoslavia, Polonia y Grecia.

*Existencialismo: Tendencia filosófica contemporánea, defendida por M. Heidegger y J. P. Sartre, entre otros, que parte del principio de que la descripción de la existencia del hombre concreto es prioritaria a cualquier consideración sobre su esencia.

En sentido estricto, el existencialismo constituye una afirmación del predominio de la existencia sobre la esencia. Culturalmente, el término se concreta en una tendencia filosófica contemporánea precedida hasta cierto punto por Kierkegaard. Describir la propia existencia interrogante sería el objeto de la filosofía existencial. A mediados del siglo XIX, Kierkegaard afirma la no neutralidad de la conciencia y la individualidad de las verdades. Con ello, el pensador danés se opone a los supuestos del idealismo entonces triunfante y a la construcción de grandes sistemas filosóficos. Dentro de los filósofos de esta corriente, Jaspers es el que más responde a la definición estricta de existencialista, debiéndose precisar que al predominio de la existencia asocia un factor trascendente necesario a ella. Martin Heidegger y Jean Paul Sartre, influidos ambos por la fenomenología, podrían ser considerados como los existencialistas del fracaso y de la angustia ante la nada. Heidegger, partiendo de un análisis del yo, distingue una existencia inauténtica, simplemente referida al mundo de objetos y personas que envuelven al sujeto, de otra existencia angustiosamente asumida, consciente. Sartre se define como un filósofo civil, inspirado por los problemas reales de nuestra época, y como formulador de una ética existencialista.

Como movimiento filosófico y literario, pertenece a los siglos XIX y XX, pero se pueden encontrar elementos de existencialismo en el pensamiento (y vida) de Sócrates, en la Biblia y en la obra de muchos filósofos y escritores premodernos.

Debido a la diversidad de posiciones que se asocian al existencialismo, el término no puede ser definido con precisión. Se pueden identificar, sin embargo, algunos temas comunes a todos los escritores existencialistas: el principal es el énfasis puesto en la existencia individual concreta y, en consecuencia, en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección.

Fue el filósofo Sören Kierkegaard el primer escritor que utilizó el término de existencialista, y afirmaba que el bien más elevado para el individuo es encontrar su propia y única vocación. Friedrich Nietzsche sostuvo que el individuo tiene que decidir qué situaciones deben ser consideradas como situaciones morales.

Todos los existencialistas han seguido a Kierkegaard, insistiendo en que la experiencia personal y actuar según las convicciones propias son factores esenciales para llegar a la verdad. Han mantenido que la claridad racional es deseable allí donde sea posible, pero que las materias más importantes de la vida no son accesibles a la razón o a la ciencia. Aunque tal vez el tema más destacado en la filosofía existencialista es el de la elección. La primera característica del ser humano es la libertad para elegir. Los hombres no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o plantas; cada ser humano realiza elecciones que conforman su propia naturaleza.

Kierkegaard mantenía que es crucial para el espíritu reconocer que uno tiene miedo no sólo de objetos específicos sino también un sentimiento de aprehensión general, que llamó temor. Lo interpretó como la forma que tenía Dios de pedir a cada individuo un compromiso para adoptar un tipo de vida personal válido. La palabra angustia para Martin Heidegger lleva a la confrontación del individuo con la nada y con la imposibilidad de encontrar una justificación última para la elección que la persona tiene que hacer. En la filosofía de Sartre, la palabra náusea se utiliza para el reconocimiento que realiza el individuo de la contingencia del universo.

SEGUNDA PARTE

Esta historia, publicada en 1942, cuenta la vida de un hombre desde que muere su madre hasta su propia muerte. Está narrada por sí mismo, en primera persona, y es una lúcida descripción de la carencia de valores del mundo contemporáneo.

Una serie de circunstancias conduce al protagonista de la novela a cometer un crimen aparentemente inmotivado; la muerte de Meursault en el patíbulo no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, les eximen también de responsabilidad y de culpa.

Es una guía moral e intelectual de la generación llegada a la madurez entre las ruinas, la frustración y la desesperanza de la Europa de postguerra.

La novela comienza cuando el protagonista, Meursalt, recibe un telegrama que la informa de la muerte de su madre en un asilo de Marengo. No sabe exactamente cuándo murió, pero eso no le importa mucho. Pide a su patrón dos días de permiso para ir a velarla y enterrarla, y se lo concede, no sin cara de insatisfacción.

Durante el viaje a Marengo, Meursalt sólo hace referencia al calor y al cansancio que tiene. Pasa casi todo el viaje durmiendo. Cuando llega al asilo y el director le recibe, Meursalt malinterpreta un comentario de aquél como reproche por haber abandonado a su madre en el asilo durante tanto tiempo sin haber venido a visitarla. Inmediatamente, el director empieza a darle explicaciones sobre el bienestar para su madre por haber vivido en el asilo, ya que Meursalt no tenía dinero suficiente para mantenerla, y ella era más feliz con gente de su edad. Meursalt estaba de acuerdo con eso, y pensó en ese momento que si hubiera decidido llevarse a su madre del asilo, ella hubiera llorado mucho, igual que lloró cuando la llevó al mismo. Su madre lloraba cuando la sacaban de sus costumbres.

El director le comenta a Meursalt que, cuando un pensionista muere, los otros se ponen nerviosos dos o tres días, y por ello procuran que los entierros no duren mucho. Además, el conserje le dice que, con el calor de la zona, los cuerpos deben enterrarse rápido.

Llegaron a la sala donde estaba el féretro y Meursalt no quiso ver a su madre, cosa que extrañó al conserje, el cual, al pedir explicación de tal actitud recibió por respuesta “No sé”.

Durante el velatorio charla con el conserje, bebe café con leche y, cuando siente ganas de fumar, se plantea si sería correcto hacerlo delante de su difunta madre. Al final decide que la cosa no tiene importancia, y fuma. Se siente muy cansado, y se queda dormido; es despertado por un roce, cuando los amigos de su madre llegan para velarla. Estos ancianos les resultan, según el modo como los describe, seres totalmente diferentes a él. Una mujer se echa a llorar y eso le molesta.

A la mañana siguiente, van al entierro. Meursalt sólo siente calor y cansancio, no alude en ningún momento al dolor por la muerte de su madre, ni llora, ni la recuerda, ni la echa de menos. Sólo hay un sentimiento de alegría cuando coge el autobús para regresar y “acostarse y dormir durante doce horas”.

Al día siguiente, cuando se levanta, se va a unos baños y se encuentra con un antiguo amor, Marie, con la que establece una nueva relación, y pasan juntos la noche.

Meursalt describe su casa, pequeña, descuidada, y su entorno: su barrio, las familias de las distintas clases que por allí pasaban los domingos de paseo... Él se pasa el día en el balcón, fumando, viendo la gente pasar. Nada acerca de la reciente muerte de su madre.

Se conocen sus vecinos: un hombre mayor que siempre se está peleando con su perro, el cual tiene sarna; Raymond, un hombre del que todo el mundo comenta su mantenimiento económico. Él dice que es “almacenero”, pero en realidad es mantenido por mujeres. Tuvo una aventura con una, de la cual quiere vengarse porque ella había malgastado su dinero, así que le pide a Meursalt que le escriba una carta, porque él no sabe cómo expresarse. Meursalt la escribe y la chica viene. Raymond, del cual Meursalt se había hecho muy amigo, le da una paliza a la chica.

Meursalt sigue viéndose con Marie, y ella le propone que se casen. Él responde “Me da igual”. Marie al principio duda que él la quiera, pero parece comprenderle muy bien.

Cierto día Raymond invita a Meursalt y a Marie a pasar un día en casa de unos amigos suyos que viven en la playa. Cuando van a casa de dichos amigos, Raymond le cuenta a Meursalt que tiene problemas con el hermano de la mujer a la que pegó, y se lo encuentran en la estación de trenes, donde cruzan miradas llenas de odio.

Llegan a la casa de la playa y Meursalt y Marie conocen a la pareja que allí vive. Nueva mención al calor que hace. Meursalt, Raymond y Masson, el nuevo amigo, van a pasear por la playa y ven venir de lejos al enemigo de Raymond con otros dos acompañantes, todos ellos árabes. Meursalt sabe que Raymond lleva un revólver, y le pide que no lo saque si no es necesario. Cuando se encuentran los seis, se pelean, el enemigo de Raymond saca un cuchillo y le hace una herida en la cara, por lo que éste saca el revólver. Meursalt, temiendo el peligro, se lo quita a Raymond de las manos y lo guarda en su chaqueta. Los árabes se retiran y llevan a Raymond al médico. Marie y la esposa de Masson se asustan mucho con lo ocurrido.

Meursalt, aturdido por los hechos, y, una vez más, cansado por el calor, decide dar un paseo solo por la playa y vuelve a encontrarse con el árabe enemigo de Raymond. Éste está solo y tumbado sobre una piedra, y cuando ve a Meursalt sólo se pone un poco nervioso, sospechando el peligro, y saca un cuchillo en señal de defensa, pero no se mueve. Meursalt, totalmente aturdido por el calor, recuerda que lleva el revólver de Raymond, y lo palpa para sentirse seguro, ya que no sabe cuál va a ser la reacción del árabe.

A continuación, Meursalt se siente confuso, está abrasado y cegado por el sol, desconcertado por lo sucedido, cansado... saca el revólver y dispara al árabe cuatro veces.

Meursalt es arrestado por el asesinato, y, mientras llega el día del juicio, relata cómo lo pasa en cárcel, diciendo como mataba el tiempo, lo que pensaba, y además, se niega a recibir a un sacerdote porque él no cree en Dios.

Llega el día del juicio y Meursalt tiene mucho calor. El juicio se desarrolla bien. Hay muchos periodistas en la sala porque, al parecer, su caso interesa mucho.

El fiscal arremete bruscamente contra la inocencia de Meursalt, y llama a declarar al viejo; a Marie, con quien descubre que un día después de la muerte de su madre estuvo en el cine y divirtiéndose; a Raymond, quien cuenta la historia de la mujer a la que pegó, a la cual Meursalt había escrito la carta. Estas dos declaraciones las explotó el fiscal, alegando que era violento, desalmado y no tenía compasión ni por su madre.

Cuando preguntan a Meursalt si se arrepiente del crimen cometido, dice que lo único que siente al respecto es “aburrimiento”.

Meursalt es condenado a muerte y llevado de nuevo a la cárcel, a esperar el día en que, al amanecer, vengan a buscarle para decapitarle. Durante esos días, Meursalt reflexiona sobre lo ajeno que había estado antes de todos estos acontecimientos a las decapitaciones. Piensa que la gente debería ir a verlas para ser conscientes del acto, para intentar sentir lo que siente el que va a ser decapitado. Cada amanecer, teme que vengan a por él, pues ése sería su último amanecer. Pero no pierde la esperanza.

Un día viene a verle un sacerdote. Meursalt no tiene ganas de hablarle porque no tiene fe en Dios, y el sacerdote no comprende su actitud, ya que todos los que estaban en su situación recuperaban la fe en Dios, para tener esperanza y para creer que hay otra vida mejor. Meursalt, harto de los sermones del sacerdote y perdida toda su esperanza y fe, emprende una gran discusión con él. Llega incluso a agredirle y los policías los separan. Esa noche Meursalt piensa que ha sido feliz, y espera que el día de su ejecución haya mucha gente gritándole de odio.

TERCERA PARTE

A continuación desarrollo las ideas que aparecen en este libro que, a mi modo de ver, son las más importantes.

Al comienzo de la historia aparece un tema que es muy común en la sociedad: el hecho de tener a los ancianos en asilos. Por una parte se trata el lado negativo cuando el director del asilo insinúa a Meursalt que ha tenido a su madre abandonada mucho tiempo. Inmediatamente después trata el lado positivo, alegando la situación económica de Meursalt y el bienestar de su madre, quien era más feliz con gente de su edad, con quien compartía los mismos intereses. Se plantean, pues, ventajas e inconvenientes de la situación.

La siguiente idea parte del comentario que hace el director del asilo a Meursalt: “Cada vez que un pensionista muere, los demás están nerviosos durante dos o tres días”. Debe ser porque los pensionistas están en la última etapa de su vida, aunque suene duro, pero ellos lo saben, y también saben que en cualquier momento les puede tocar a ellos. Temen una muerte que no está muy lejana.

Otra idea a resaltar es el hecho de que Meursalt no quisiera ver a su madre por última vez, algo que sorprendió mucho al conserje. Tal vez fuese porque prefería recordar a su madre con el aspecto de la última vez en que la vio, que seguro sería mejor que el actual. Quizá fuese porque, al verla, iba a sentirse culpable por no haberla visitado más a menudo. Supongo que debe ser el típico sentimiento de culpabilidad por dejar a un familiar en un asilo. Cuando muere es cuando realmente lo echan de menos, y piensan que debería haber muerto con ellos, en sus hogares.

En el velatorio hay varias ideas que analizar. Por ejemplo, cuando entran los ancianos a velar a la difunta, Meursalt los describe como si fueran “seres” que no tienen nada que ver con él, como si fueran de otra especie diferente. Creo que Meursalt no entendía a aquellas personas, aunque en realidad creo que la mayoría del mundo no entiende a los ancianos. Una mujer empezó a llorar porque, según dice, estaba muy unida a la difunta, y eso molesta a Meursalt, cuando lo normal en un velatorio es que la gente llore. Meursalt no llora ni siente lástima por su madre, ni por la anciana que llora, ni por ninguno de los que estuvieron allí toda la noche velando a su madre. Sólo siente calor, cansancio y dolor de riñones. La cualidad más sobresaliente del ser humano es la adaptación. Cuando un individuo es sacado de su vida diaria, de su rutina, no se siente bien. Sólo hay que imaginar a una ciudadano de Nueva York en Casares, o a un miembro de una tribu africana en un templo budista. Ambos terminarán acostumbrándose, pero al principio se sentirán ajenos e incómodos. Creo que ésa es la explicación de la actitud indiferente de Meursalt: el asilo, los ancianos, el calor... no es su mundo.

Una idea relacionada con otra mencionada anteriormente es la de que se aprecia el valor de las cosas cuando se pierden. El vecino de Meursalt que estaba siempre peleándose con su perro sarnoso, se entristece mucho cuando el perro desaparece, y lo pasa muy mal.

Respecto al protagonista de la historia, hay que comentar la actitud que tiene ante las diferentes situaciones que se le presentan en la vida. Es indiferente con todo: con la muerte de su madre, con los ancianos, incluso cuando su novia, Marie, le pide que se case con ella, y a él le da igual. No siente alegría ni tristeza por nada. Sólo siente dolor y cansancio, lo que da que pensar si las necesidades vitales están por encima de los sentimientos hacia los demás.

Una nueva aunque no muy importante idea es el hecho de que los enemigos de Raymond, con los que se pelean, sean árabes. Puede que haya una referencia al racismo, una lucha entre blancos y árabes en la que, “por supuesto”, ganan blancos.

Habiendo llegado ya a la parte del asesinato, habría que reflexionar sobre qué llevó a Meursalt a matar al árabe, ya que, en apariencia, no tuvo motivos. Y si no hay motivos, ¿por qué las personas matan? ¿Cuál es el origen de la violencia humana? Por un lado, la razón puede ser la confusión mental que Meursalt tenía en ese momento, y que le lleva a hacer un acto involuntario. Sin embargo, si fuera éste el motivo, Meursalt se habría arrepentido cuando se hubiera dado cuenta de lo que había hecho, pero este arrepentimiento no aparece. Podríamos atribuir este acto violento al supuesto gen de la violencia que Meursalt podía tener en su ADN, pero no creo que Camus estuviese pensando en esto cuando lo escribió. Yo creo que para Meursalt haber disparado al árabe es como haber cogido una piedra y haberla tirado el mar. Ambos actos tienen la misma importancia para él. En lugar de plantear por qué lo hizo, podríamos plantear por qué no iba a hacerlo.

Otra parte importante del libro es el periodo que Meursalt pasa en la cárcel, en el cual reconoce que al principio tenía pensamientos de “hombre libre”: pensaba en ir a la playa, sentir las olas... Luego tenía pensamientos de preso. Pensaba en los paseos por el patio, en las visitas de su abogado... Nuevo ejemplo de la adaptación del ser humano. Entonces Meursalt siente deseos de una mujer, y comenta al guardián, del que se había hecho amigo, que era un tratamiento injusto que se las negaran. El guardián le explica que precisamente para eso están allí, para no tener libertad: ése es el castigo. Lo mismo ocurría con el tabaco: Meursalt sentía ganas de fumar, y eso también formaba parte de su castigo. Con esta obra he entendido muy bien el significado de libertad, concepto que no todo el mundo tiene claro.

En el juicio por el crimen, un periodista le dice a Meursalt que el verano es la estación vacía para los periódicos, y estaban exagerando su caso para tener algo interesante que contar. ¿Por qué nos interesa estar informados de tales desgracias? Tal vez para pensar que siempre hay alguien en peor situación que la de uno mismo, y aliviar con ello nuestros problemas. Los periodistas, sobre todo últimamente, están faltos de ética y moral. No tienen límite para indagar en la vida de los demás, aunque hagan mucho daño. Buscan dinero y tal vez fama, pero no tienen escrúpulos.

En el juicio Meursalt mantiene, como siempre, su actitud apática e indiferente. El hecho de que tomara café con leche en el velatorio, y de que al día siguiente estuviera en una piscina con su novia, lleva al fiscal a deducir que Meursalt es un “desalmado”, y no siente lástima por nadie. Casi se puede decir que quienes condenaron a Meursalt se basaron en su “personalidad” para juzgarle, y no en el inmotivado crimen. Es decir, indirectamente, Meursalt fue condenado por el trato que dio a su madre y por sus sentimientos hacia ella. Resulta muy sorprendente cuando Meursalt dice acerca del crimen que lo que siente es aburrimiento. Nada tiene importancia para él.

A pesar de todo, cuando Meursalt es condenado a muerte, no parece justa la sentencia. Después de haber conocido su vida, sus pensamientos, su crimen inmotivado, me parece injusto el castigo. La justicia no tiene en cuenta todo lo que yo tendría en cuenta a la hora de sentenciarlo; yo, tras conocerle, sería subjetiva y no le condenaría a muerte (que no significa que lo exculpe), pero el juez se limita a aplicar las leyes impuestas y por ello, tomando como ejemplo la sentencia de Meursalt, a veces la justicia comete fallos a ojos de quienes están más inmersos en el caso en cuestión.

Hay que comentar también la visita del sacerdote a Meursalt días antes de ser ejecutado. Meursalt no quiere hablar con él, porque no cree en Dios, y esta actitud sorprende al cura, cuyas experiencias en otros casos similares son totalmente contrarias: los presos condenados a muerte, al final de su vida, tienen fe en Dios. ¿Por qué recuperar la fe justo antes de morir? Debe ser por la desesperación del ser humano en ese momento, a quien ya no le queda nada sino pensar que haya otra vida tras la muerte. Sin embargo, Meursalt mantiene sus ideales ateos hasta en la peor desesperación.

La noche antes de ser ejecutado Meursalt piensa que ha sido feliz, y quizá esto sea lo más importante en la vida de un hombre: mirar atrás en el final de la vida y pensar que ha sido feliz. Tal vez los condenados a muerte tengan esa “ventaja” con respecto a los que no esperan la muerte: tienen la oportunidad de reflexionar sobre lo que ha hecho en la vida, pensar cómo han vivido, “obtener un resultado de todo”. Meursalt llega a la conclusión de que, después de todo, ha sido feliz (me pregunto qué significará eso para él).

Por último, el comentario de Meursalt acerca de las ejecuciones: piensa que la gente está muy ajena a ellas, y no saben lo que realmente significan. Meursalt cree que la gente debería presenciar las decapitaciones para intentar sentir lo que siente el condenado, y quizá lleve razón en esto último. Si las personas que legalizan la pena de muerte las presenciaran, tal vez cambiarían su opinión, y las prohibirían. La pena de muerte es el mayor atraso de la humanidad y, sin embargo, se da en el país más desarrollado. La abolición de esta ley les desarrollaría, no económicamente, pero sí como “personas”.