El eros eléctronico; Román Gubern

Lieratura contemporánea del siglo XX. Comunicación. Novela. Tecnologias. Futuro. Sociedad posindustrial. Pornografía. Arquetipo erótico. Argumento. Biografía

  • Enviado por: Mc Ario
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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El Eros electrónico

Román Gubern Ed. Taurus

Gracias a la herencia filogenética que hemos adquirido de nuestros antepasados más primitivos somos sujetos de un conjunto de sensaciones emocionales disparadas desde nuestro hipotálamo o libido desarrolladas en forma de odio, amor miedo… Este legado emocional no ha variado excesivamente desde entonces, pese a vivir en una sociedad desarrollada y jerarquizada donde la información y las tecnologías de comunicación modifican poco a poco el plano físico, intelectual y emocional.

Con la aparición de la tecnología el hombre ha sido capaz de desarrollar aparatos en un intento de adaptación al medio que llamamos la evolución cultural. Fruto de esta evolución la humanidad ha ido progresando en cuanto a medios de comunicación así como, la imprenta, la fotografía, el teléfono… Dichos inventos han sido reprochados temerosamente por la clara patología neofóbica que padece la humanidad desde tiempos primitivos por el peligro que conlleva la adentración en lo nuevo, hasta desarrollar la prudencia que hace rechazar los nuevos avances cada vez que aparecen.

A medida que la sociedad evoluciona encontramos un hueco existencial, un hueco social, del que 2 inventos han sabido sacar el provecho. La radio envuelve el ambiente mientras nos dirigimos de nuestro hogar al trabajo conduciendo, acompañan al ama de casa en sus labores. Suplen esa carencia social de esos momentos donde la soledad es inminente y el temor filogenético al aislamiento nos obliga a buscar un suplente electrónico como la radio, donde a través de las ondas encontramos esa carencia que padecemos.

El otro gran invento de la sociedad moderna ha sido la televisión convertido ya en el epicentro de divulgación de ocio audiovisual capaz de substituir algo tan cotidiano y familiar como fue antaño la chimenea, donde nuestros antepasados se reunían para conversar sobre las andadas del día que acababa. Él televisor, también llamado caja tonta, pasaba pues a ser una de las cotidianidades en la vida de miles de personas en el mundo, hasta el punto de ser una ventana capaz de reflejar los propios deseos donde el usuario final no acaba mas lejos de ser un índice de audiencia más, por el cual las grandes empresas audiovisuales luchan por mantener enganchado. Una vez creada la dependencia entre el espectador y el aparato, la industria ha visto la televisión como medio de divulgación fácil, y abusa del anuncio publicitario, creando muchas veces un mundo alejado de la realidad donde el producto expuesto es necesario. Otro tipo de divulgación es la cinematográfica, desde donde se dejan entrever los pilares centrales de nuestra sociedad, el sexo y el dinero. Grandes fortunas, cuerpos modélicos, amores, desamores… pasan a formar parte del guión de las películas, donde se vende una sociedad falácica que suple las carencias emocionales y sentimentales de los espectadores, que acaban por estereotipar a los actores y la vida de éstos, imitándolos hasta el punto de llegar a grandes enfermedades de nuestra sociedad como la anorexia, producida en el intento de lograr un cuerpo escultórico como el de nuestro ídolo televisivo.

Dicha producción cinematográfica proviene de Estados Unidos desde donde se profana la aldea global, ese concepto erróneo de McLuhan dada la desjerarquización de la Red y la estructuración social en una aldea. Esta desestructuración es visible donde se crea un sistema dual y bipolar dónde el que posee mas información es el mas fuerte, al contrario, la opulencia comunicacional, ese exceso de información con la que se nos bombardea nos desinforma y crea falsa importancia a información realmente banal que al final acaba siendo mas de lo mismo escondido tras el nombre de variedad.

Este abrumador crecimiento de la demanda audiovisual ha sido el causante de la aparición de inmensas multinacionales con un enorme poder mercantil e incluso político que han impuesto sus propias normas en un intento de control de los nuevos medios de comunicación. De los detractores a este sistema se produce el movimiento underground parecido al hippie de los años 60 donde se proclama la libertad y se erradica la autoexclusión social.

Con la aparición de los computadores nace un nuevo abanico de sectores donde los ordenadores son la herramienta de experimentación en el afán de intentar conseguir implantar inteligencia emocional en estos aparatos racionales. El estudio de los comportamientos humanos y los computacionales ha acabado por coincidir en que hay una componente emocional propiamente humana que el hombre es incapaz de introducir en los sistemas electrónicos. Únicamente la ciencia ficción ha sido capaz de visionar estos robots cibernéticos antropomórficos capaces de desenvolver todas las funciones características de los humanos. A raíz de la observación, de los comportamientos cibernéticos de estos engendros en las películas, el hombre ha conseguido desarrollar pequeños artilugios que nos acercan a crearnos como cyborgs a partir de pequeños implantes electrónicos en nuestros cuerpos, algunos tan cotidianos como un marcapasos.

Otra de las consecuencias de la aparición de las computadoras fue que tras el proyecto ARPANET desarrollado por el pentágono para la comunicación de carácter militar, con la instalación de ordenadores en los domicilios del mundo desarrollado, se consiguiera formar una red de comunicación global en un período de tiempo record, Internet crecía a velocidades de vértigo mientras la dualidad entre las personas que “están en la onda” y las que no lo están se acentuaba. En este ambiente semicaótico nace la tendencía underground antes nombrada, de la cual miles de estudiantes de las altas sociedades forman parte. Usando medios precarios logran violar los sistemas de seguridad de grandes empresas introduciéndose en sus sistemas informáticos, para conseguir remuneraciones gratuitas, datos secretos o simplemente para demostrar la vulnerabilidad del sistema. Se esta perfilando el hacker, el delincuente de la red, éstos se reúnen en concentraciones dónde comparten conocimientos, exponen sus avances en la red en foros y se comunican vía chat con otros hackers de todo el mundo. Estos nuevos de comunicación se extienden a la sociedad, abriendo un nuevo abanico de posibilidades para aquellas personas que temen el encuentro físico y se amparan en el anonimato físico de las relaciones vía e-mail o vía chat. Ambas usan un medio escritural entre sus comunicantes, evitando así el cara a cara entre sus dialogantes, sirviéndose de emoticonos para complementar la carencia de signos, gestos y miradas de la comunicación directa tradicional. Esta nueva manera de comunicación substituye la atracción física por la personal. Los nuevos sistemas tridimensionales buscan el simulacro de encuentro cara a cara a través de la distancia pero la actitud de los dialogantes ante esta nueva ayuda nos muestra una cierta fobia a la decepción por la que este paso se retrasa lo máximo posible. Aunque otras personas si que deciden dar éste paso como un acercamiento a una relación tradicional y preámbulo de un encuentro cara a cara inminente.

Esta aparente inofensiva nueva forma de comunicación puede resultar devastadoras si sus interlocutores lo desean así, dado el anonimato del medio, alguien se puede hacer pasar por otra persona, mentir respecto a ella misma, tergiversar la realidad de manera que pueda engañar al otro extremo de la comunicación muchas veces con fines devastadores como los conocidos casos de pederastia . Otro sector muy favorecido del anonimato de la red es la pornografía, donde los interlocutores se conectan a hot-chats satisfaciendo su deseo sexual a través del vouyerismo. Dicho sector experimentó un inesperado auge con el descubrimiento de la imagen fotográfica donde se conseguía plagiar con abrumadora exactitud la realidad en la que vivimos. Dicho avance fue criticado por la sociedad como ultragio a la Biblia donde se prohibía crear imágenes del mundo real. Después y basándose en el soporte fotográfico digital surgió en la clandestinidad la pornografía, amparada en los burdeles del siglo pasado se ejercía el vouyerismo como alternativa sexual a la insatisfacción propia. Una vez sumergidos en la explosión digital, la creación de efectos digitales en el cine, dibujos realizados íntegramente sobre soporte digital y videojuegos es protagonista indiscutible de nuestros días dónde la realidad se confunde con la virtualidad y pasamos a vivir en una Realidad Virtual creada a partir del monitor de un ordenador como camino a una ventana a esa dimensión paralela e irreal. Se continua la investigación en este sector para el perfeccionamiento de los utensilios visuales y sensoriales que hagan del mundo virtual un mundo lleno de sensaciones, con múltiples utilidades militares, quirúrgicas y como no, sexuales.

El aislamiento social creciente de la humanidad ve en éstos utensilios su salvación pero nada mas lejos de la realidad que una realidad, valga la redundancia, ficticia donde se emulen sensaciones de manera electrónica que no existen mas allá de la imaginación del sujeto sin ningún soporte real, y solo como ventana a sus deseos de los que Eros es protagonista mayoritario.

Comentario personal

Román Gubern nos relata como las nuevas tecnologías nos inculcan nuevos valores sociales en lo que el llama una sociedad desestructurada, con un creciente aislamiento personal escondido tras medios mediáticos en los que buscamos esa carencia social amparándonos en la morbosidad del anonimato de la neofobia intrínseca y heredada desde tiempos primitivos.

Es de alabar la estructuración que sigue el autor para relatar las diferentes situaciones por las que la humanidad ha ido pasando desde que se empiezan a detectar los primeros síntomas de aislamiento. La lectura empieza en las cavernas primitivas y acaba en los últimos inventos de Realidad Virtual pasando por un sinfín de inventos del que se analizan exhaustivamente sus causas y consecuencias sociales. A veces esté análisis se excede de explicaciones, muchas veces, meramente transitorias que hacen pender la atención a la lectura de un hilo. Sin embargo es espectacular la documentación que ha adquirido el autor para su obra, es impensable el nombre de películas, actores, series televisivas, artículos y revistas que el autor cita en el libro para ejemplificar el relato y que ayudan al lector a situarse dentro de un contexto real en la explicación.

A título personal creo que el enfoque Freudiano del libro es exagerado tal vez, ya que pese a que siempre haya otros usos, todo acaba siendo usado para el sexo, Gubern aclara en las primeras páginas que es uno de los motores del mundo, junto con el dinero. Nadie puede negar con rotundidad dicha afirmación, pero tampoco es demostrable íntegramente y para toda la sociedad en general. Quizás la generalización haga que durante la lectura plantees si ésta te está aportando algo nuevo o simplemente relata extendidamente algo que ya conoces. Todos hemos sentido la neofobia alguna vez y no solo los que nos declaramos cibernautas, sino nuestros abuelos cuando recibieron la luz eléctrica, nuestros padres la televisión o nosotros mismos con Internet, tal vez de esta experimentación empírica ya conozcamos esas actitudes que el hombre toma frente a lo desconocido y que Gubern relata de manera acertada, pero tal vez ya conocida por nosotros. Biografía del autor

Román Gubern (1934-) Nació en Barcelona, España, en 1934. Es catedrático de Comunicación Audiovisual de la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Barcelona, de la que ha sido decano. Ha sido Presidente de la Asociación Española de Historiadores del Cine y pertenece a la Association Francaise pour la Recherche sur I'Historie du Cinema. Miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la New York Academy of Sciences, de la American Association for the Advancement of Science y del Comité de Honor de la International Association for Visual Semiotics. Ha trabajado como investigador en el Massachusetts Institute of Technology y como profesor de Historia del Cine en la University of Southern California. Premio de ensayor de Fundesco 1986. Ha sido director del Instituto Cervantes en Roma.
Entre sus numerosas obras: Historia del cine, Danae, Barcelona, 1969; Godard polémico, Tusquets, Barcelona, 1969; La novela criminal, antología de textos y prólogo, Tusquets, Barcelona, 1970; El lenguaje de los comics, Península, Barcelona, 1972; Mensajes icónicos en la cultura de masas, Lumen, Barcelona, 1974; Homenaje a King Kong, Tusquets, Barcelona, 1974; Literatura de la imagen, Salvat, Barcelona, 1974; Cine contemporáneo, Salvat, Barcelona, 1974; Un cine para el cadalso. 40 años de censura cinematográfica en España (con Domènec Font), Euros, Barcelona, 1975; El cine español en el exilio 1936-1939, Lumen, 1976; El cine sonoro en la II Republica (1929-1936), Lumen, Barcelona, 1977; Comunicación y cultura de masas, Península, Barcelona, 1977; Las raíces del miedo (con J. Prats), Lumen, Barcelona, 1978; La censura. Función política y ordenamiento jurídico bajo el franquismo (1936-1975), Península, Barcelona, 1981; Cine para leer, Editorial Mensajero, Bilbao, 1986; 1936-1939: La Guerra de España en la Pantalla. De la Propaganda a la Historia, Filmoteca Española, Madrid, 1986; El simio informatizado, Fundesco, Madrid, 1987; La caza de brujas en Hollywood, Anagrama, Barcelona, 1987; Los comics en Hollywood. Una mitología del siglo XX (con Javier Coma), Plaza y Janés, Barcelona, 1988; El discurso del comic (con Luis Gasca), Cátedra, Madrid, 1988; La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, Akal, Madrid, 1989; Espejo de fantasmas. De John Travolta a Indiana Jones, Espasa Calpe, Madrid, 1993; El discurso del comic (con Luis Gasca), Cátedra, Madrid, 1994; Del bisonte a la realidad virtual, la escena y el laberinto, Anagrama, Barcelona, 1996; Proyector de luna, Anagrama, Barcelona, 1999; El eros electrónico, Taurus, Madrid, 2000.