El discurso del método; Descartes

Filosofía moderna racionalista. Racionalismo filosófico. Corriente cartesiana. Búsqueda del conocimiento y la verdad

  • Enviado por: María Esther Ruiz López
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 3 páginas
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“DISCURSO DEL MÉTODO”

René Descartes publica Ensayos filosóficos El filósofo, matemático y científico francés René Descartes publicó en 1637 Ensayos filosóficos. En el prólogo de dicha obra, que llevaba por título Discurso del método, Descartes pretendió buscar un método que le permitiera alcanzar la certeza y un nuevo fundamento de la racionalidad. Para ello, aplicó la investigación racional de la ciencia a la filosofía y concluyó que lo único que el individuo puede afirmar de forma cierta es su propia existencia, argumento que pasaría a la historia: “Cogito, ergo sum” (“Pienso, luego existo”).

El filósofo y matemático francés René Descartes escribe su Discurso del método (1637), en el que presenta la sistematización de la geometría analítica; muestra cómo utilizar el álgebra (desarrollada desde el renacimiento) para investigar la geometría de las curvas.

Las consideraciones relativas a las ciencia que se ven en el texto parten de que, el buen sentido es la cosa mejor repartida en el mundo; pues cada uno piensa estar tan bien provisto de él que aun aquellos que son más difíciles de contentar en todo lo demás, creen que tienen bastante y, por consiguiente, no desean aumentarlo.

Descartes comenta que desde sus sueños infantiles o de infancia ha amado el estudio. Menciona que desde que le persuadieron de que estudiando se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de lo que es útil a la vida, el estudio fue su ocupación favorita.

Las narraciones novelescas nos llevan a pensar, como posibles, acontecimientos que no lo son, y los más escrupulosos historiadores, si no cambian o aumentan el valor de las cosas que hacerlas más dignas de ser leídas, omiten casi siempre las circunstancias menos notables y atractivas, y de aquí que lo que nos cuentan no es en realidad lo que parece, y los que ajustan su costumbres a los modelos que sacan de esas lecturas, caen en las extravagancias de los paladines de nuestras novelas, y conciben designios que no están al alcance de sus fuerzas.

Como nos menciona Descartes la ciencia madre es la filosofía ya que todas las ciencias parten de esta o tienen su principio, por lo que esta ciencia esta bastante bien fundamentada, por que sino tuviera buenas bases nada podría construirse sobre esta, ni el honor ni el provecho que hubieran de producirle a Descartes, eran incentivos suficientes para que el las estudiara; no necesitaba hacer de la ciencia una profesión para aliviar su estado económico; tampoco quería la gloria obtenida con tan falsos títulos.

Bueno como las principales reglas del Método, se parte de las guerras, que aún no han terminado y no se ven que terminen por lo pronto. Menciona que estuvo en Alemania algún tiempo, que después de la coronación del emperador, (la cual tuvo lugar el 28 de agosto de 1619) emprendió un viaje de vuelta, a fin de reunirse a su ejercito; pero el invierno que comenzaba entonces, le obligó a hacer un alto en el camino, y no encontró un compañero que amenizara las horas con una conversación ingeniosa, se encerró en su habitación y se entregué por completo a mis pensamientos.

Del mismo modo los pueblos que se has ido civilizando poco a poco y haciendo sus leyendas a medida que los crímenes lo exigían, no están socialmente tan bien organizados como aquellos otros que desde el principio se reunieron en asambleas y decidieron observar las constituciones de algún sabio legislador.

Los preceptos morales sacados del método parten en gran medida de obedecer las leyes y costumbres de su país y a permanecer en el seno de la religión que Dios permitió que le enseñaran en su infancia, la conducta de Descartes debía ajustarse a la opinión de los más sensatos y prudentes, de entre todos los que me rodearan, por que no teniendo en cuenta sus opiniones, puesto que iba a someterlas al examen riguroso de la razón, nada más natural que siguiera el criterio de los más sensatos. Aunque entre los persas y los chinos, por ejemplo, haya hombres muy sensatos, tanto como entre ellos.

La cuarta parte habla de las pruebas de la existencia de Dios y del Alma, fundamentos de la metafísica.

Descartes argumenta que en lo relativo a las costumbres, se siguen frecuentemente opiniones inciertas con la misma seguridad que si fuera evidentísimas; y esto fue precisamente lo que se propuso evitar en sus investigaciones de la verdad. Quería rechazar lo que me ofreciera la más pequeña duda para ver después si había encontrado algo indubitable.

En tanto a la idea del ser perfecto. Del mismo modo que en esta idea está comprendida la existencia del Ser perfecto, estaba en la concepción del triángulo la equivalencia de sus tres ángulos a dos rectas o en la de la esfera la igualdad de las distancias de todas sus partes del centro. Tan ciertas es las existencia del Ser perfecto como una demostración geométrica y aun es más evidente la primera que la segunda.

La quinta parte trata del orden de cuestiones físicas.

En esta parte comenta que el siempre a permanecido firme en la resolución de no suponer otro principio que el que ha expuesto con anterioridad que a la ves yo ya he tocado en este reporte de lectura, para explicar la existencia de Dios y del alma, y de no recibir como verdadero sino lo que me pareciese más claro y más cierto que las mismas demostraciones de los geometras. Sin embargo, nos menciona que se atreve a decir que no sólo ha encontrado un medio que le ha satisfecho por espacio de algún tiempo en lo relativo a las principales dificultades que se acostumbran a encontrar en la filosofía, sino también que ha observado ciertas leyes establecidas que se acostumbra a encontrar en la filosofía, sino también que se ha observado ciertas leyes establecidas por Dios en la Naturaleza, leyes de las cuales ha impreso tales nociones en nuestra mente, que, después de reflexionar sobre ellas con la debida atención, no podemos poner en duda su exacto cumplimiento en todo lo que existe o se hace en el mundo.

Examinando las funciones que podían tener lugar en ese cuerpo, observaba que eran las mismas que se verifican en nosotros cuando no pensamos, cuando el alma no contribuye con su actividad intelectual a la realización de esas funciones que son las mismas que hacen nos asemejemos a los animales irracionales.

Ninguna función de las que nos corresponden como hombres, encontraba en aquel cuerpo humano. En cambio, encontraba todas las funciones racionales y las explicaba con perfecta lógica, si admitía la existencia de una lama racional, unida al cuerpo por Dios.