El conocimiento humano

Filosofía empírica y escéptica. Conocimiento empírico. Principio de causalidad. David Hume

  • Enviado por: Phoebe
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Trabajo de la investigación sobre el conocimiento humano

En la investigación sobre el conocimiento humano David Hume trata dos grandes principios empiristas: en primer lugar la afirmación de que todas nuestras representaciones se fundamentan en la experiencia (conocimiento empírico) y en segundo lugar la crítica al principio de causalidad.

En primer lugar situaremos el contexto histórico en el que se da el empirismo a la par del racionalismo y el idealismo. Hume forma parte del conjunto de empiristas que iban contra la corriente continental (empirismo de las islas frente al racionalismo de Europa). El siglo XVIII, es el siglo de las luces, el siglo de la Ilustración y del gran avance científico, industrial y filosófico. Posiblemente esta corriente intelectual es la causante de la gran diversidad de pensamientos de la época: empirismo, racionalismo, idealismo...

  • Pasaremos ahora a tratar las bases del conocimiento empírico de Hume:

Hume como empirista basa toda fuente de conocimiento en la experiencia. Explica que todo lo que conocemos no es más que el resultado de las experiencias que hemos tenido. Piensa que el conocimiento solo es posible si anteriormente ha habido una observación del mundo externo. Así pues cree que el hombre posee percepciones del mundo que observa y divide dichas percepciones en: impresiones (dato inmediato de la experiencia, vivaz e instantáneo) e ideas (recuerdo de las impresiones; es el archivo que guarda nuestra mente de la impresión y en consecuencia, posterior). De este modo, afirma que toda idea tiene su origen en una impresión y no existen ideas de las que no se haya tenido anteriormente una impresión. Ya que estas ideas sin impresión alguna son oscuras y confusas como ciertos términos filosóficos, entre ellos el término de “substancia”. Se puede decir que estos términos filosóficos son irrelevantes para Hume. De tal forma podemos saber si una idea es verdadera si conocemos la impresión correspondiente. Pero con esto, Hume no quiere decir que no exista la imaginación ni la fantasía. Las ideas complejas, que son aquellas que proceden de una agrupación de ideas simples, no son más que asociaciones que hace nuestra mente, ayudada de la imaginación, por supuesto, a partir de principios de asociación tales como el de semejanza (conectamos dos o más ideas porque son parecidas), el de contigüidad (conectamos las ideas por una relación de espacio-tiempo) y el de causalidad (conectamos las ideas porque pensamos que una causa la otra).

Además Hume cae en el escepticismo, no cree si quiera en la existencia del mundo exterior. Él afirma que posee ideas e impresiones y que proceden de un mundo exterior pero no es capaz de demostrar la existencia de dicho mundo

  • Trataremos ahora la crítica del principio de causalidad:

Hume dio un paso revolucionario en la historia de la filosofía al rechazar la idea de causalidad, argumentando que “la razón nunca podrá mostrarnos la conexión entre un objeto y otro si no es ayudada por la experiencia y por la observación de su relación con situaciones del pasado. Cuando la mente, por tanto, pasa de la idea o la impresión de un objeto, a la idea o creencia en otro, no se guía por la razón, sino por ciertos principios que asocian juntas las ideas de esos objetos y los relaciona en la imaginación”.

Hume en primer lugar intenta buscar el origen de la idea de causalidad y para ello se plantea lo siguiente: Si una persona muy inteligente, aparece en nuestro mundo careciendo de las experiencias de la infancia y la juventud. Se pregunta entonces qué conocería del mundo que se presenta ante sus sentidos que estaría observando por vez primera. Dicho personaje no vería en el mundo nada más que simples sucesiones de hechos y no causalidades, pero transcurrido cierto tiempo, su opinión habría de cambiar. A medida que el personaje va adquiriendo experiencia comienza observar que ciertas sucesiones, en circunstancias similares, siempre se vuelven a producir, entonces, consecuentemente de esta experiencia podrá llegar a predecir algo que va a suceder: por ejemplo, que la bola de billar se mueva cuando es impactada por otra. Lo que se pregunta pues, Hume es si esa persona después de haber visto tantas veces un mismo fenómeno ve algo más que lo que vio en la primera ocasión que lo observó. Es evidente que no ve nada nuevo, en otras palabras, que no recibe impresiones diferentes que las que recibió la primera vez, sin embargo, sucede algo distinto: el personaje infiere lo que va a suceder (por ejemplo, el movimiento de la segunda bola de billar a partir del movimiento de la primera). Hume concluye que la inferencia es posible a partir del hábito (o costumbre).

Como conclusión Hume extrae que la idea de causalidad, no parte de la razón ni tampoco de las impresiones sensoriales. Surge como consecuencia del hábito del mismo modo que cada vez que acercamos la mano al fuego nos quemamos, concluyendo que existe una relación necesaria entre el fuego y el calor.

Ahora Hume pasa a criticar la noción de causalidad ya que posee una enorme significación al ser una noción que se nos impone pero que la utilizamos permanentemente. Por ejemplo, si estuviésemos dentro de una habitación oscura y escuchásemos una voz, inmediatamente imaginaremos que una persona la ha reproducido pues nadie pensaría que la voz está allí por sí sola. De esta forma, se establece un vínculo causal entre causa (fuente) y efecto (voz). Este tipo de previsiones resulta imprescindible para el desarrollo de la vida humana. Pero si se tratara de una idea compleja, el análisis de la idea de causalidad, revelaría:

a. Un primer hecho (causa) que inicia el proceso

b. Un segundo hecho (efecto) que termina el proceso

c. Una sucesión temporal entre los dos hechos (causa y efecto)

d. El primer hecho debe influir necesariamente para que aparezca el segundo

Lo que correspondería entonces es comprobar si cada uno de estos cuatro componentes tiene su correspondiente impresión o no, y en este sentido, el cuarto componente que determina la conexión causal, sería el más difícil de verificar.

Cuando miramos los objetos externos a nuestro alrededor, y consideramos la acción de las causas, si en un solo caso somos capaces de descubrir alguna fuerza o conexión necesaria, alguna cualidad que ligue el efecto a la causa y que hace que el uno sea la infalible consecuencia de la otra. Solo encontramos que el primero sigue a la otra.

En efecto, son simples sucesiones lo que la experiencia nos muestra. Podría pensarse que la conexión necesaria proviniese de la razón, como un conocimiento innato, invalidando el supuesto central del empirismo. Pero Hume negará esta hipótesis argumentando que la razón procede siempre guiándose por el principio de contradicción, de tal manera que es racionalmente posible todo lo que no sea contradictorio: Cuando vemos, por ejemplo, que una bola de billar se mueve en línea recta hacia otra y aun suponiendo que por casualidad se me ocurriera que el movimiento de la segunda bola es el resultado de su contacto o impulso podemos también suponer que cien sucesos diferentes podrían haber sido el resultado de esa causa, podemos suponer también a una misma causa sucedan diferentes efectos y todas estas suposiciones serían posibles. Así pues sin recordar nada que sepamos anterior y valiéndonos únicamente de la experiencia como recurso, no es posible llegar a saber de que efecto será capaz, porque racionalmente no cabe la contradicción en un sinnúmero de posibilidades. Entonces tampoco puede decirse que la idea de conexión necesaria proceda de la razón.

Como conclusión diremos que las creencias filosóficas de Hume recibieron una gran influencia del filósofo inglés John Locke y del obispo y filósofo irlandés George Berkeley. Tanto Hume como Berkeley diferenciaban entre la razón y los sentidos. Hume, sin embargo, fue más allá e intentó probar que la razón y los juicios racionales son tan sólo asociaciones habituales con diferentes sensaciones o experiencias. El rechazo de la causalidad implica también un rechazo de las leyes científicas, que se basan en la premisa de que un hecho provoca otro de forma necesaria y, como resulta predecible, siempre lo hará. Según la filosofía de Hume, por tanto, el conocimiento de los hechos es imposible, aunque admitirá que en la práctica las personas tienen que pensar en términos de causa y efecto y deben asumir la validez de sus percepciones para no enloquecer.

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