El chiste y su relación con lo inconsciente; Sigmund Freud

Psicología social. Filosofía contemporánea. Neurólogos austriacos. Psicoanálisis. Obra. Psicopatologías. Personalidad humana. Transtornos mentales

  • Enviado por: Paige
  • Idioma: castellano
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'El Chiste y su relación con lo inconsciente; Sigmund Freud'

ÍNDICE

Capítulo 1____________________________Pág. 1 hasta Pág. 4

Capítulo 2___________________________Pág. 4 hasta Pág. 26

Capítulo 3__________________________Pág. 26 hasta Pág. 34

Capítulo 4__________________________Pág. 34 hasta Pág. 40

Capítulo 5__________________________Pág. 40 hasta Pág. 46

Capítulo 6__________________________Pág. 46 hasta Pág. 52

Capítulo 7__________________________Pág. 52 hasta Pág. 69

SIGMUND FREUD:

EL CHISTE Y SU RELACIÓN CON LO INCONSCIENTE

Nivel 1: Resumen de cada página del libro: El chiste y su relación con lo inconsciente.

Página 7: Capítulo uno: Introducción:

Si buscamos entre las obras de Estética y Psicología sobre la esencia y la relación del chiste, a penas encontramos nada sobre él, ya que la filosofía no le ha dedicado toda la atención que se merece incluso siendo tan importante para nuestra vida anímica.

Los escasos autores que trataron sobre este tema fueron: el poeta Juan Pablo (F. Richter) y de los filósofos Th.Vischer, Kuno Fischer y Th.Lipps pero también cabe destacar que estos autores relegan a un segundo plano el chiste y se centran más en la investigación de lo cómico.

En este aspecto la literatura nos hace pensar que no se puede tratar el chiste si no tiene conexión con el tema cómico.

Página 8: Capítulo uno.

Según Th. Lipps define el chiste como “la comicidad privativamente subjetiva”, aquella comicidad “que nosotros hacemos surgir, que reside en nuestros actos como tales, y con respecto a la cual nuestra posición es la del sujeto que se halla por encima de ella y nunca la de objeto, ni si quiera voluntario” (página 80). La siguiente observación que hace el autor es que denomina chiste a “todo aquello que hábil y conscientemente hace surgir la comicidad, sea de la idea o de la situación” (página 78).

K. Fischer defiende la caricatura diciendo así: “Dondequiera que se halle escondido, es descubierto a la luz de la observación cómica, y cuando no es visible o lo es apenas, queda forzado a manifestarse o precisarse, hasta surgir clara y francamente a la luz del día...de este modo, nace la caricatura” (página 45) . Junto con esto sigue diciendo: “No todo nuestro mundo espiritual, el reino intelectual de nuestros pensamientos y representaciones, se desarrolla ante la mirada de la observación exterior ni se deja representar inmediatamente de una manera plástica y visible. También él contiene sus estancamientos, fallos y defectos, así como un rico acervo de ridículo y de contrastes cómicos. Para hacer resaltar todo esto y someterlo a la observación estética será necesaria una fuerza que sea capaz de no sólo de representar inmediatamente objetos, sino también de arrojar luz sobre tales representaciones, precisándolas; esto es una fuerza que ilumine y aclare las ideas. Tal fuerza es únicamente el juicio. El juicio generador del contraste cómico es el chiste, que ha intervenido ya calladamente en la caricatura, pero que sólo en el juicio alcanza su forma característica y un libre campo en que desarrollarse” (página 49)

Por lo tanto, Lipps defiende que el chiste se distingue de lo cómico en el carácter, actividad y conducta del sujeto mientras que Fischer caracteriza el chiste como todo lo feo que oculta el mundo intelectual. Estas definiciones el autor las considera ininteligibles.

Página 9: Capítulo uno.

Es necesario estudiar completamente las obras de dichos autores para hallar lo referente al chiste.

Sin embargo, hay que indicar que algunos autores a lo largo de su obra emiten unas características generales y esenciales del chiste sin tener que referirse a lo cómico.

Por lo tanto K Fischer define el chiste de la siguiente forma: “el chiste es el juicio desinteresado” (página 51) para esto se basa en su teoría que decía: “la libertad estética consiste en la observación desinteresada de las cosas”. Además a esto le suma lo que dice con respecto que al observar un objeto estéticamente bello ya nos satisface nada más verlo, esta conducta estética es un juego. Aquí textualiza el autor “Podría ser que de la libertad estética surgiese un juicio de peculiar naturaleza, desligado de las generales condiciones de limitación y orientación, al que por su origen llamaremos “juicio desinteresado”, esta siguiente aclaración podría suponer la solución de nuestro problema: “La libertad produce el chiste, y el chiste es un simple juego con ideas” (página 24).

Otras definiciones que se han dado del chiste es que es la habilidad de hallar parecidos a lo disparejo, aquí aprovecha Juan Pablo para hacer su definición de forma chistosa: “El chiste es el cura disfrazado que desposa a toda pareja”, esta frase la continúo Vischer: “y con preferencia a aquellas cuyo matrimonio no quieren tolerar sus familias”.

Por tanto se resume el chiste como la habilidad de ligar rápidamente y formando una unidad, varias representaciones que por su valor exclusivo y por el nexo que les une son totalmente distintas unas a otras, a eso Fischer añadió que hay montones de juicios en el que no se hallan sus analogías si no al contrario, diferencias.

Página 10: Capítulo uno.

Lipps dijo que todas esas cualidades se referían a un sujeto chistoso pero no al mismo chiste.

Otro punto de vista que cabe resaltar con respecto al chiste son los del contraste de representaciones, este factor se encuentra en la mayoría de las definiciones. Así nos define Kraepelin el chiste como: “la caprichosa conexión o ligadura, conseguida generalmente por la asociación verbal, de dos representaciones que contrastan entre si de un modo cualquiera”

Otra teoría que nos aporta Lipps con respecto a este factor es: “el contraste continúa existiendo; pero no es un contraste determinado de las representaciones ligadas por medio de la expresión oral, si no contraste o contradicción de la significación y falta de significación de las palabras...Nace un contraste cuando concedemos... a sus palabras un significado que, sin embargo, vemos que es imposible concederles” (Pág. 87).

Al desarrollar esta última parte nos aparece la oposición “sentido y desatino”; lo que es sensato se nos muestra falto de sentido.

Un dicho nos parece chistoso cuando le atribuimos un significado con necesidad psicológica y al atribuírsela la negamos, esto lo hacemos debido a diversos modos: le damos al dicho un sentido que sabemos que no le corresponde. Encontramos en él una verdad que ciñéndonos a la experiencia nos es imposible reconocer en él. Le damos una consecuencia lógica o práctica que sobrepasa su contenido y después lo negamos al examinar su constitución.

Página 11: Capítulo uno.

El proceso psicológico que nos provoca el chiste consiste en el paso de los actos de prestar un sentido, tener por verdadero o conceder una consecuencia al a conciencia o impresión de una relativa nulidad.

También el factor “desconcierto y esclarecimiento” nos hace ver la relación del chiste con la comicidad. Kant dice que lo cómico solo nos puede engañar por un instante.

Heyman explica como el efecto de un chiste es producido por desconcierto y esclarecimiento, para ello nos pone como ejemplo el siguiente chiste el cuál consiste en que el colector de lotería Hirsch-Hyacinth, se vanagloria de que el poderoso barón de Rothschild, al que ha tenido que visitar, le ha acogido como a un igual y le ha tratado muy familionarmente. En este chiste la palabra que aparece con una defectuosa composición verbal, incomprensible y misteriosa es la palabra familionarmente.

Nuestra primera impresión es de desconcierto y la comicidad trascendería de este desconcierto por la curiosa formación verbal. A esto Lipps le añade el esclarecimiento al comprender la doble significación de la susodicha palabra, además de asombrarnos primero al escucharla y luego ver su justa significación. Como segundo esclarecimiento, Lipps dice que la comicidad se debe a que al usar un término corriente del idioma al cambiar su composición verbal carece de sentido (página 95).

Página 12: Capítulo uno.

Si es cierto lo que dice Heine la comicidad del chiste reside en la solución de la palabra sin sentido, por lo tanto quizás debamos buscar el “chiste” en la formación de esa palabra y en el carácter que se presenta.

Otro punto que destacó Juan Pablo sobre el chiste fue: “La brevedad es el cuerpo y el espíritu de todo chiste, y hasta podríamos decir que es lo que precisamente lo constituye” (Vorschule der Aesthetik I, párrafo 45). Por lo que a esto rebatió Lipps: “ El chiste dice lo que ha de decir; no siempre en pocas palabras, pero sí en menos de las necesarias; esto es en palabras que conforme a una estricta lógica o a la corriente manera de pensar y expresarse no son las suficientes. Por último, puede también decir todo lo que se propone silenciándolo totalmente”.

Las cualidades y caracteres que le han atribuido los autores anteriores al chiste (actividad, relación con el contenido de nuestro pensamiento, carácter de juicio desinteresado, apareamiento de lo heterogéneo, el contraste de representaciones, el “sentido en los desatinado”, la sucesión de asombro y el esclarecimiento, el descubrimiento de lo escondido y la brevedad del chiste) son verdaderas a primera vista pero son éstas disjecta membra las que nos gustaría ver reunidas en una totalidad orgánica ya que éstas no nos aportan más material sobre el conocimiento del chiste que una serie de anécdotas a la característica de la una personalidad cuya biografía no conocemos.

Página 13: Capítulo uno.

Nos falta ahora el conocimiento de la natural conexión entre las determinantes aisladas y la brevedad del chiste puedan tener. Tampoco sabemos, si para que el chiste sea chiste es necesario tener todas esas cualidades y condiciones expuestas o solo algunas y en caso de saberlo, cuáles son las más importantes y a partir de ahí clasificar el chiste en distintos apartados. La clasificación hecha por el momento se basa, en los medio técnicos y en el empleo del chiste en el discurso oral.

Cabe destacar la escasísima cantidad de ejemplos que han usado los investigadores para realizar su labor y, además, que siempre hayan escogido los mismos chistes que sus antecesores para hacer la investigación. Así que el autor intentará aportar nuevo material para conseguir una más amplia base en la que fundamentar sus conclusiones.

Página 14: Capítulo uno.

Sigmund Freud nos expondrá a lo largo de su estudio la conexión que tienen todos los sucesos anímicos con el dominio psíquico. Además, nos dice que el chiste en importantísimo en la sociedad, ya que hasta altos cargos hacen uso de él e incluso no dudan ponerlos en sus biografías.

Página 15: Capítulo dos. La técnica del chiste

Primero vamos a escoger el chiste el cuál hizo referencia: el colector de lotería Hirsch-Hyacinth, se vanagloria de que el poderoso barón de Rothschild, al que ha tenido que visitar, le ha acogido como a un igual y le ha tratado muy familionarmente.

Página 16: Capítulo dos.

¿Qué es lo que hace que el dicho de Hirsch-Hyacinth se constituya como un chiste? Aquí el autor se plantea dos cosas: o es el pensamiento expresado en el chiste que hace gracia o el chiste es privativo de la expresión que el pensamiento ha hallado en la frase.

Un pensamiento puede ser expresado de forma verbal; en el dicho de Hirsch-Hyacinth hay una determinada expresión del pensamiento que es un tanto particular y fácilmente comprensible.

Lipps se limita a explicar la idea de Heine: “comprendemos que Heine quiere decir que l acogida de Rothschild a Hirsch-Hyacinth fue harto familiar; esto es, de aquella naturaleza poco corriente en los millonarios” (página 7), para poder entender mejor el chiste se le añadiría la frase siguiente: “Rothschild me trató como a un igual, muy familionarmente, aunque claro es que sólo en la medida en que esto es posible a un millonario” “La benevolencia de un rico es siempre algo dudosa para aquel que es objeto de ella”. Con estas aclaraciones, la duda ha quedado resuelta.

Lo chistoso aquí no tiene nada que ver con el pensamiento; lo que Heine hace es poner en labios de Hirsch-Hyacinth una cualidad poco usual en los millonarios. Si por un momento olvidamos la frase original, se puede decir que incluso el pensamiento en sí era chistoso, pero al hacer un estudio como el que hizo Lipps nos llega a la conclusión de que no puede despertar en nosotros una cierta jovialidad.

Página 17: Capítulo dos.

Al no encontrarse el carácter chistoso en el pensamiento, habrá que buscarlo en la expresión verbal.

Por lo que aquí siguiendo lo que dijo K.Fischer (página 72) “En principio, es simplemente la forma lo que convierte al juicio en chiste” a lo que Juan Pablo: “Gasta tal punto vence simplemente la colocación, sea de los ejércitos, sea de las frases”.

Por lo tanto el autor se hace la pregunta de en qué consiste la técnica de este chiste, a lo que responde que en el chiste se encuentra una doble elaboración encerrado en el pensamiento. Primero separa el chiste en dos proposiciones:

Proposición primera: “R. Me trató como a un igual, muy familiarmente”.

Proposición segunda: “hasta el punto en que ello es posible un millonario”.

Aquí el poeta expresa lo mismo pero de forma más breve: “R. Me trató como a un igual, muy familionarmente (Familionär)”.

Toda la limitación que la segunda frase impone a la primera, en la que se señala lo familiar del trato, desaparece en el chiste.

Página 18: Capítulo dos.

Así pues ha habido una modificación de la palabra no chistosa en el pensamiento como es “familiarmente” y después al transformarla en el chiste se ha quedado la palabra “familionarmente” que es una fusión de la palabra “familiar” y millonario expresado en la segunda proposición.

El autor representa las palabras gráficamente:

FAMILI ÄR

MILLI ON ÄR

Página 19: Capítulo dos.

El autor nos dice que al eliminar trozos de la segunda preposición y sólo salvando la parte más importante (millionär) hace que el chiste nazca.

“R. Me trató muy familionarmente (famili on är)

(milli är)

Este es el proceso o técnica de formación del chiste, como según textualiza el autor es una condensación con formación de sustitutivo, siendo “familionär” una palabra mixta e incomprensible a primera vista, pero más tarde durante el desarrollo del chiste se comprenderá.

Al comprender la técnica de este chiste, nos lleva a estudiar más chiste, pero el autor es conciente de que no existen tantos chistes de este tipo, pero si los suficientes para agruparlos en una formación de palabras mixtas.

Página 20: Capítulo dos.

Incluso el mismo Heine se ha copiándose a sí mismo, ha utilizado por 2º vez la palabra “millonario” (millionär) para hacer otro chiste.

Otros ejemplos que nos pone el autor son:

  • Había un hombre que se llamaba Leopoldo, pero la malicia europea transformó su nombre en “Cleopoldo” ya que se decía que este mantenía íntimas relaciones con Cleo.

  • En Viena existían 2 hermanos, su apellido era Salinger; uno de ellos era corredor de Bolsa (Börsensensal) , esto dio pie a que le llamaran Sensalinger (condensación de Sensal, “corredor” y Salinger, su apellido) y su hermano que era más antipático le llamaron Scheusalinger (condensación de Scheusal, “espantajo” y el apellido Salinger)

  • En este chiste lo introdujo el autor en una conversación que tuvo con una señora, este dice así: “Pero ese hombre merece un monumento”, me replicó la señora. “Y es muy probable que alguna vez lo tenga - repuse yo- , pero momentáneamente, su éxito es bien escaso”. “Monumento” y “momentáneo” son dos conceptos opuestos. Su interlocutora le contestó: “Entonces le desearemos un éxito monumentáneo”

Página 21: Capítulo dos.

  • El escritor inglés De Quincey dijo que los ancianos suelen caer con frecuencia en el anecdotage. Esta es una palabra mixta de:

Anecdote (anécdota)

Dotage (charla pueril)

  • En una historieta se halló las Navidades calificadas como the alcoholidays fusión

alcohol
holidays (días festivos).

  • Una novela muy famosa de Flaubert Salambô, que se desarrolla en Cartago, la califica irónicamente de Carthaginoiserie, aludiendo a la atención y el detalle con el que el autor ha descrito el ambiente:

Carthaginois

Chinoiserie

Página 22: Capítulo dos.

El mejor chiste encontrado por el autor expresado por una de las personalidades austriacas de mayor calibre es:

Se hablaba un día delante de esta persona sobre un escritor al que era conocido por el aburrimiento de sus artículos de los que iba sobre las relaciones políticas y guerreras entre Napoleón I y Austria; este se caracterizaba por tener una larga cabellera roja. Al oír este gran cargo público el nombre del autor exclamó: N.”¿No es ése el rojo Fadian que se extiende por toda la historia de los Napoleónidas?”.

Para analizar este chiste vamos a usar la técnica de reducción, la cuál hacemos desaparecer la parte chistosa del chiste, volviéndolo a su forma primitiva.

El presente ejemplo ha surgido de dos componentes: un juicio adverso al escritor en cuestión y una reminiscencia de la famosa comparación con que Goethe encabeza, en las afinidades electivas, los extractos del “Diario de Otilia”.

La parte adversa es esta: “¡De modo que éste es el sujeto que no sabe escribir uno y otra vez más que de aburridos folletones sobre Napoleón en Austria!”. Esta manifestación no es nada chistosa.

Sólo cuando ambos conceptos son puestos en relación y sometidos a una condensación y fusiones es cuando surge el chiste.

Página 23: Capítulo dos.

En primer lugar la mala calidad del escritor despertó en N una reminiscencia de la comparación goethiana de Las afinidades electivas, al ser citada con la frase “se extiende como un rojo hilo”, el “rojo” hilo, hace referencia al color del cabello del escritor criticado. De modo que se llega a esa frase: “De modo que ese individuo rojo es el que escribe nos artículos tan aburridos sobre Napoleón”; ahora es cuando condensamos: “rojo” se asimiló a “aburrido” (langweilig) a “hilo” (Faden) transformándose en un sinónimo fade (aburrido) y entonces ya se constituyó el chiste, en el que tiene más importancia la cita goethiana que la expresión despectiva.

De modo que ese rojo individuo es el que
El rojo
escribe los insulsos (fade) artículos sobre N.

¿No es ése el rojo Fadian que se extiende por toda la historia
de los Napoleónidas?

Nuevamente la condensación hace que el chiste sea una abreviación y una formación verbal mixta.

Página 24: Capítulo dos.

Nos pone como ejemplo otro chiste también de N en el cuál nos explicará ahora un distinto sustitutivo:

“Sí, he viajado con él TÊTE- Á- BÊTE”. Su significado tiene que ser: “He viajado tête-á-tête con X, y X es un animal”. Hasta aquí no hay nada chistoso.

En el momento que hacemos desaparecer la palabra “animal” para sustituirla se cambia por una b la t de la segunda tête. La técnica de este grupo de chistes puede describirse como condensación con ligera modificación. Esto hace suponer al autor que cuánto menor sea la modificación del chiste, mejor será este.

Página 25: Capítulo dos.

Otro chiste más complicado de analizar sería el siguiente: Hablando de una persona que tiene excelentes cualidades presentaba grandes defectos, dice N: “sí; la vanidad es uno de sus cuatro talones de Aquiles”. Los cuatro talones, o sea cuatro pies, como los animales; así pues, las dos ideas condensadas quedarían así:

“X es un hombre de sobresalientes cualidades, fuera de extremada vanidad; pero no obstante, no es una persona que me sea grata, pues me parece un animal”.

Otro chiste parecido a este es el que había 2 hermanos, uno muy estudioso y el otro no tanto. Una vez, el estudioso falló en sus calificaciones y la madre exclamó: “Sí, Carlos va ahora hacia atrás sobre sus cuatros pies”.

La modificación consiste en un pequeño agregado a la afirmación de que también retrocede el hermano abandonando el buen camino. A lo cuál el hermano holgazán repone: “No creáis que él es más inteligente que yo porque obtiene éxitos en la escuela. No es más que un animal; esto es más estúpido aún que yo”.

Otro chiste muy conocido de N nos ejemplifica la condensación con una ligera modificación: “Este hombre tiene un gran porvenir detrás de él”. Esto se trataba de un chico con grandes cualidades, un gran apellido y una gran educación que estaba en un partido político y tenía posibilidades de llegar a gobernar la nación.

Página 26: Capítulo dos.

Este partido decayó perdiendo este hombre toda la oportunidad de asumir altos cargos políticos. Por lo que el chiste sería: “Ese hombre ha tenido ante sí un gran porvenir, pero ahora ya no lo tiene”. En lugar de “ha tenido” y de la frase final, aparece en la frase principal la modificación de sustituir el “ante sí” por su contrario “detrás de él”.

N. tuvo otra ocurrencia un tanto modificada: Un hombre por el cuál siempre se había conocido por haber explotado sus tierras agrícolas llego a ser ministro, pero al ver todos que era un inepto, este dimitió, a lo que N comentó: “Como Cincinato, ha vuelto a su puesto ante el arador”.

Otro caso de condensación fue de un chiste de Karl Kraus, que consistía: un periodista conocido por ser un chantajista dijo que se había marchado hacia los Balcanes en el Orienterpresszug; formación verbal de Orientexpresszug (tren expreso de Oriente) y Erpressung (chantaje). Y así hay muchos chistes más.

Página 27: Capítulo dos.

Comparando todos estos chistes con el primero, cuya técnica consistía en la condensación con formación de una expresión verbal mixta, podemos ver que sus diferencias no son radicales, y la transición de uno a otro se hace de forma casi inmediata. Tanto en la formación verbal mixta como la modificación se someten al concepto de la formación de sustitutivos, y si queremos podemos describir la formación de palabra mixta también con modificación de la palabra fundamental por el segundo elemento.

El autor recuerda lo que se escribió en la literatura sobre el chiste y éste hace hincapié en Juan Pablo, en el apartado referente a la brevedad del chiste, ya que esta es casi esencial. De forma resumida nos cuenta Freud su investigación y a la conclusión sobre las técnicas que ha llegado sobre el chiste, esta son por el momento: el empleo del proceso de reducción y después el de condensación.

Página 28: Capítulo dos.

Freud hace referencia a un libro publicado anteriormente en 1900 llamado “La interpretación de los sueños” el cual quería presentarlo como producto de la normal función anímica, y destaca él mismo términos representativos en su libro como son : el contenido manifiesto del sueño, las ideas latentes del mismo, la elaboración del sueño, etc.

Hace una comparación del sueño con la técnica del chiste, ya de que dice que en el sueño también se sufre una condensación y abreviación. Unas veces el sueño crea formaciones mixtas de palabras que luego podemos descomponer en el análisis, otras no crea formaciones mixtas, sino imágenes que coinciden por completo con una persona o un objeto determinados. Por lo tanto, podemos observar que guardan cierta semejanza el chiste y el sueño. Sigmund piensa abrir una investigación más tarde sobre esta, pero ahora mismo no la retomará debido a la poca información que dispone en el estudio que acaba de empezar.

Página 29: Capítulo dos.

Lo primero que hay que saber, dice el autor, si el proceso de condensación con formación sustitutiva se da en todos los chistes.

Aquí a Freud se le viene a la mente un chiste que contó un catedrático suyo, el cuál se caracterizaba por ser un hombre muy serio, este chiste decía lo siguiente: “En una reunión de parís fue presentado un joven al que por llevar el apellido Rousseau se suponía pariente del gran Juan Jacobo. Una de las particularidades de este joven era el rojo color de su pelo. Mas sus atractivos espirituales se demostraron tan escasos, que al despedirse su introductor de la dueña de la casa, le dijo ésta: “Vous m'avez fait connaître un jeune homme roux et sot, mais non pas un Rousseau ».

Página 30 : Capítulo dos.

Según otros estudios realizados por distintos autores es el de jugar con similicadencia de los nombres propios.

Sigmund empieza a analizar el chiste de su catedrático :

  • No existe ninguna omisión.

  • La señora parece que expresa todo su pensamiento : « Me ha hecho usted esperar con gran interés el conocimiento de un pariente de J.J. Rousseau, incitándome a suponer que habría heredado algo de la inteligencia de su genial antepasado. U resulta que el tal indivio es un joven de cabellos rojos y completamente tonto (roux et sot). Aquí claramente se puede ver la similitud ligüística de Rousseau y roux et sot.

Así pues, el autor confirma que todo chiste tiene que tener una condensación con formación sustitutiva.

El autor define que la técnica de este chiste reside en el hecho de que una misma palabra (el nombre) aparece empleado en dos formas distintas, una vez completo y la otra dividido por sílabas. El autor dice que de este tipo puede poner varios ejemplos de chistes:

Página 31: Capítulo dos.

Freud nos pone otro ejemplo para que veamos más clara la técnica del doble empleo de una palabra:

Una dama italiana quiso vengarse de Napoleón I en un baile de la corte, por lo que este le dijo delante de sus compatriotas: Tutti gli italiani danzano si male. A lo que le respondió la señora: Non tutti, ma bouna parte (Brill, l.c.)

Otro chiste fue cuando un doctor le pregunta a un paciente joven si alguna vez se había masturbado, a lo que responde el joven: “O na nie! (onanie = onanismo; “O na, nie: “Oh, jamás”)

Todos estos chistes se caracterizan porque con un mismo nombre doblemente empleado una vez en su totalidad y otro dividido en sus sílabas, división que le presta otro sentido diferente. Cuanto menor sea la alteración y antes se experimente la impresión de que se han dicho cosas distintas con las mismas palabras, más chistoso resultará este.

Página 32: Capítulo dos.

Otra posible técnica del chiste es el múltiple empleo del mismo material, unas veces mostradas con una pequeña modificación y otras sin ninguna. Ejemplo:

Un individuo estaba criticando ante N sobre los peculiares caracteres a sus correligionarios, a lo que N contestó: “Ya conocía yo su antesemitismo, señor consejero; pero su antisemitismo es nuevo para mí”. Aquí la gracia del chiste reside en cambiar una sola letra.

Otro ejemplo de un chiste de modificación es la conocida frase: Traduttore-tradittore! En la que la similitud de las palabras hace que sea una frase chistosa.

Página 33: Capítulo dos.

Las palabras se pueden comparar como un material de plástico, ya que son muy maleables.

Otro chiste de Lichtenberg se basa en la circunstancia siguiente:

“¿Cómo anda usted? Le pregunta el ciego al paralítico. “Como usted ve”, respondió el paralítico al ciego.

Otro tipo de técnica para el chiste es que una palabra puede tener muchos sentidos; de una sola palabra pueden salir muchas otras derivadas y con un significado pleno ya sea añadiéndole un afijo o un sufijo, en ambos casos es dado a la técnica del chiste aprovechar tales peculiaridades del material verbal.

Así Schleiermacher constituye el siguiente chiste: Eifersucht ist eine Leidenschafft die mit Eifer sucht, was Leiden schaft. (Los celos son una pasión que con celo busca lo que dolor produce).

El pensamiento expresado en la frase carece de todo valor, no constituyendo más que una muy insignificante definición de los celos. No hay constrate de representaciones, tampoco hay contracción si no más bien tiene un efecto de ampulosidad.

Página 34: Capítulo dos.

Su única singularidad reside en emplear la misma palabra de distinta forma.

Podemos meter este chiste en la subdivisión de palabras empleadas una vez completas y otras divididas o aquellas que son constituidas por la posesión o carencia de sentido de partes de las palabras. Si penetramos aún más podemos sacar como conclusión que hay otra nueva técnica que es la del “doble sentido” o “del juego de palabras”. De este modo tenemos:

Página 35. Capítulo dos.

  • Los casos de doble sentido de un nombre propio y su significado objetivo: “Pistola, corre, dispárate y deja nuestra compañía” (Shakeaspeare).

  • Heine: “Aquí, en Hamburgo, no reina el inicuo Macbeth; aquí reina Banco (Banquo)”.

    Cuando el nombre propio no se utiliza de forma completa, se le pueden agregar unas pequeñas modificaciones para su carácter chistoso. “¿Por qué los franceses han silbado el Lohengrin?” (Elsas wegen)

    Elsa

    (Elsa = Elsa, Elsass = Alsacia)

    Alsacia

  • El doble sentido de la significación objetiva y metafórica de una palabra, el cual es una generosa fuente de la técnica del chiste. Ejemplo:

  • Un amigo del autor caracterizado por un su gran ingenio, llamadoArturo Schnitzler: “No me maravilla que hayas llegado a ser un gran poeta. Ya tu padre hizo reflejarse en su espejo a sus contemporáneos”. (el padre usaba el laringoscopio).

  • El doble sentido o juego de palabras no sufren ninguna modificación, tal y como es se encuentra dentro de la frase pero con distinto significado dependiendo del contexto.

  • Página 36: Capítulo dos.

    Ejemplos:

    • K.Fischer: uno de los primeros actos de Napoleón fue el quitar los bienes de la casa de Orleans,a lo que esto le sugirió un juego de palabras: C'est le premier vol de l'aigle. (Vol=vuelo y robo).

    • Un médico acaba de reconocer a una señora y este le dice al marido: “No me gusta nada”. A lo que le contesta el marido “Hace mucho tiempo que a mi tampoco”.
      El médico se refiere al estado de la mujer, mientras que el marido hace referencia a su desvío matrimonial.

    • Heine dijo de una comedia satírica: “esta sátira no hubiese sido tan mordiente si el autor hubiese tenido más que morder”.
      Este chiste es un ejemplo del doble sentido metafórico y común, más bien que un juego de palabras.

    • El mismo escritor dice en el Viaje por el Harz: “no recuerdo en este momento todos los nombres de los estudiantes, y entre los profesores hay algunos que todavía no lo tienen” También escribió: “El bedel S me saludó muy afectuosamente y ya que este era escritor, me citó varias veces, llevando su amabilidad hasta dejar escrita la cita con tiza sobre mi puerta cuando no me hallaba en mi casa”.

    Página 37: Capítulo dos.

    • El asunto Dreyfus se hallaba a la orden del día a lo que dijo el amigo del autor: “Esa muchacha me recuerda a Dreyfus; el ejército no cree en su inocencia”.
      La palabra inocencia, tiene doble sentido en este chiste, la significación del crimen al referirse a Dreyfus y la significación sexual opuesta a la experiencia de esta materia.
      Existen muchos ejemplos de esta clase los cuales los podriamos almacenar en equívocos.

    • El chiste de D.Spitzer: “Según unos, el marido ha ganado mucho y dado poco; según otros, es la mujer la que (se) ha dado (un) poco y ganado mucho”.
      La técnica de este chiste es la diferencia sexual, mientras que el chiste anterior se puede dudar ligeramente sobre si es sexual o no sexual, esto dependerá de la colocación de algunos términos en la frase, ejemplo: C'est le premier vol de l'aigle. En este caso se reunirán bajo la calificación de doble sentido con alusión.

    Página 38: Capítulo dos.

    Debido a que ya hemos almacenado varias técnicas, las vamos a clasificar:

    1 Condensación:

  • Con formación de palabras mixtas.

  • Con modificaciones.

  • 2 Empleo de un mismo material:

  • Total y fragmentariamente

  • Variación del orden.

  • Ligera modificación

  • Las mismas palabras, con o sin sentido.

  • 3 Doble sentido:

  • Nombre y significación objetiva.

  • Significación metafórica y objetiva.

  • Doble sentido propiamente dicho ( juego de palabras).

  • Equívoco.

  • Doble sentido con alusión.

  • Página 39: Capítulo dos.

    La técnica más infalible del chiste es la de la condensación del mismo material y a la vez una técnica compresora o economizadora. Ejemplo: C'est le premier vol de l'aigle. Es el primer vuelo del águila, pero además es un vuelo en el que ha ejercitado su condición de ave de rapiña.(Vol significa vuelo y robo en este chiste); por lo que aquí se da la función ecomizadora.

    Otro ejemplo en el que nos es díficil hallar la función condensatoria pero si la economizadora: Eifersucht-Leidenschafft nos ahorramos el esfuerzo de hallar una definición: Eifersucht-Leidenschafft y Eifer sucht, Leiden schaft con unas cuántas palabras más de relleno la definición está lista.

    Página 40: Capítulo dos.

    El múltiple empleo de las mismas palabras constituye un “ahorro”. Otro ejemplo de Hamlet: “El asadodel banquete funerario se sirvió fiambre en la comida de bodas” aquí define Hamlet que tras la muerte de su padre, la rapidez de su madre con la que contrajo de nuevo matrimonio.

    No todo el ahorro en los chistes suele ser chistoso.Tiene por tanto que ser, una clase especial de abreviación y de ahorro la que traiga consigo el carácter de chiste.

    El autor se pregunta a sí mismo: ¿Qué es lo que el chiste ahorra por medio de su técnica? Tan sólo el trabajo de buscar y ordenar unas cuantas palabras que hubieran acudido sin esfuerzo alguno.

    Página 41: Capítulo dos.

    Probablemente haya chistes que no se ajusten a estas técnicas por lo que vamos a analizar nuevos chistes, que forman el amplio grupo llamados “retruécanos” que se caracterizan por pertenecer a la clase más ínfima del chiste verbal, por ser los que con mayor facilidad y menor gasto de ingenio se producen. El retruécano se diferencia de el juego de palabras en que en esta segunda tiene una misma palabra doble significación, mientras que el retruécano hay una palabra con una significación pero este recuerda a otra palabra análoga, estos chistes se pueden denominar “chistes por similicadencia”.

    Esta clase de chistes se modifica con mucha frecuencia una de las vocales de la palabra.

    Ejemplo: un poeta italiano tuvo que componer un poema en hexámetros alabando a un emperador alemán dice Hevessi:”Ya que no podía destronar a los Césares, prescindía de las cesuras (Caesaren-caesuren).

    Página 42: Capítulo dos.

    K Fischer dedicó parte de su teoría a definir “El retruécano es un mal juego de palabras, pues no juega con ellas como tales, sino únicamente como sonido”, sin embargo el juego de palabras “pasa desde el sonido de la palabra a la palabra misma”.Además el chiste de “famillonario” lo encuadra en chistes de similicadencia (elección equivocada según el autor). Además el autor dice que en el juego de palabras es únicamente una imagen sonora, a la que atribuimos un sentido.

    Según el autor hay personas que tienen el don de contestar chistosamente a la frase que se les dirija en forma de retruécano. Ejemplo: Un amigo del autor que era demasiado modesto se encontraba en una íntima reunión familiar en la que le aplaudieron a la que él respondió: Ja, ich liege hier auf der Ka-Lauer (auf der Lauer liegen:<estar en acecho>, Kalauer: <retruécano>) y más tarde repuso: >Bueno; pero con la condición de que se me conceda ahora mismo el título de poeta ka-laureado<. (Estoy aquí en acecho para ser (Lauer) para hacer retruécanos (Kalauer) sobre todo lo que ustedes dicen.

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    El retruécano es una subdivisión del grupo que culmina en el juego de palabras propiamente dicho.

    Existen chistes que no tienen ninguna conexión con las técnicas estudiadas ahora mismo por el autor. Pone como anécdota la siguiente: Heine se encontraba con un Soulié y entraron en un salón dónde se encontraba un hombre millonario, incluso su fortuna se comparaba con la del rey Midas. Rodeándole se encontraban numerosos invitados obsequiándole con admiración; a esto le comentó Soulié a Heine: Observe usted como nuestro siglo XIX adora al becerro de oro. A lo que le contestó Heine: Sí, ya veo; pero me parece que le quita usted años“.

    La expresión becerro de oro, puede referirse a Mammon como al culto idolátrico; lo principal es el oro y después la imagen zoomórfica; también se puede entender en sentido peyorativo en el que el dinero abunda más que su inteligencia. Si quitamos la expresión becerro de oro, el chiste deja de serlo como tal, en algún caso se podría sustituir por: Mire usted cómo la gente rodea a ese imbécil únicamente porque es rico, de esta forma desaparecería el chiste y además no daría lugar a la respuesta de Heine.

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    Además del comentario de Soulié también resulta chistosa la réplica de Heine, aunque esta se podría transformar en: pero me parece que le quita usted años en Esto ya no es un becerro es todo un buey. Así ya no se basa el chiste en la expresión becerro de oro, si no en la riqueza del hombre. Al realizar esta reducción, el chiste queda casi intacto ya que sigue conservando su esencia.

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    Un nuevo chiste en torno a las cartas de la nobleza y sin preocuparnos su procedencia sería:

    Dos judíos se encuentran cerca de un establecimiento de baños: ¿Has tomado un baño? Pregunta uno de ellos. ¿Cómo? - responde el otro-. ¿Falta alguno?

    La técnica de este chiste reside en el doble sentido de la palabra tomar. Si sustituimos la expresión tomado un baño, por su equivalente bañado, el chiste desaparecerá. Pero además el chiste no se encuentra en la pregunta del 1º judío, sino en la pregunta del 2º judío: ¿Cómo? ¿Falta alguno?, esta réplica no puede ser eliminada ni modificada, ya que también perdería todo el carácter chistoso.

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    Otro chiste de judíos: Un individuo arruinado consigue que un amigo suyo (de clase acomodada), le prestara 25 florines. Ese mismo día, el amigo del judío se encuentra al arruinado en un restaurante ante un plato de salmón con mahonesa, a lo que el judío de clase acomodada le replica: ¿Cómo? ¿Me pide usted un préstamo para aliviar su angustiosa situación, y le veo ahora comiendo salmón con mahonesa? ¿Para eso necesitaba usted mi dinero? A lo que el otro le responde: No acierto a comprender. Cuando no tengo dinero, no puedo comer salmón con mahonesa; ahora que tengo dinero, resulta que no debo comer salmón con mahonesa. Entonces, ¿cuándo diablos voy a comer salmón con mahonesa?

    Lo interesante de este chiste es la lógica de la respuesta del arruinado, pero si la analizamos esta respuesta no es adecuada ya que el amigo acomodado no le reprocha que se esté comiendo el salmón con mayonesa, si no que debido a su precaria situación carece en absoluto del derecho de pensar en esos lujos. Este puede ser el único sentido chistoso que podemos apreciar en el chiste, ya que responde a la pregunta como si no la hubiera entendido ya que responde otra cosa totalmente distinta.

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    Volviendo al ejemplo de Soulié y Heine: el primero llama la atención de Heine sobre el hecho de que la sociedad ochocentista adora todavía al becerro de oro, como se hacía en la antigüedad; la respuesta adecuada de Heine hubiera sido: Sí, la humana naturaleza es siempre igual; nada ha modificado en ella el transcurso de los siglos. Pero para darle carácter chistoso, Heine se desvía del pensamiento verdadero y se sirve del doble sentido para responder a la expresión “becerro de oro”, y así contesta como si sobre tal concepto recayera el acento en la frase de Soulié: “Oh!, ése ya no es un becerro! etc.”

    La desviación se hace más característica en el chiste del baño: Pregunta el 1º: “¿Has tomado un baño? (el acento recae sobre el elemento baño). El segundo responde como si la pregunta hubiera sido: ¿Has tomado un baño?” Por lo que la expresión tomado un baño, hace posible el desplazamiento, mientras que si dijese ¿Te has bañado? El desplazamiento resultaría imposible.

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    El desplazamiento es la desviación del proceso mental, el desplazamiento del acento psíquico sobre un tema distinto del iniciado.

    Nuestro ejemplo (salmón con mayonesa) nos deja reconocer que el chiste por desplazamiento es en alto grado independiente de la expresión verbal. La reducción sólo se hace posible si alteramos el sentido del gourmet en el que con el chiste busca evadirse del reproche de su amigo. La forma reducida sería: “no puedo negarme al capricho de comer aquello que me gusta, y me tiene sin cuidado la procedencia del dinero que ello me cuesta. Ahí tiene usted por qué me encuentra saboreando un plato de salmón con mayonesa dos horas después de haber pedido un préstamo”, esto ya no sería chistoso sino cínico.

    Otro chiste: un individuo alcohólico se gana la vida dando lecciones en una pequeña ciudad. Llega un punto en el que la bebida se está apoderando de su vida, y como consecuencia de esta cada vez va perdiendo más alumnos. A lo que un amigo le sermonea: “Podría usted ser el profesor más solicitado de toda la ciudad tan sólo con abandonar la bebida. ¿Por qué no hacerlo así? Responde el bebedor: “¿Y eso todo lo que a usted se le ocurre? ¡Con que si doy lecciones es para poder beber, y voy a dejar de beber para tener lecciones!”
    En este chiste no hay desplazamiento, la respuesta es directa. “Para mí lo principal es beber”.

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    La técnica de este chiste reside en una variación del orden de un mismo material o incluso en la inversión de las relaciones de medio a fin entre el beber y el dar lecciones o ser encargado de ellas. En cuanto se efectúa la reducción el chiste desaparece: ¿Qué tontería es ésa? Para mí lo principal es la bebida y no las lecciones. Éstas no las considero sino como un medio para poder seguir bebiendo”. Así el chiste reside en la expresión verbal.

    En el chiste del baño también se da una fuerte dependencia verbal, ya que su modificación trae consigo la pérdida del chiste. La técnica consiste en una unión del doble sentido con el desplazamiento. Si hacemos la reducción en el doble sentido se pierde el chiste: “¿has tomado un baño? ¿Qué dices que si he tomado? ¿Un baño? ¿Qué es eso? Aquí no hay chiste pero sí una maligna exageración.

    También el chiste del becerro de oro, aparece el doble sentido, facilitando la desviación de la respuesta del proceso mental. Reducidas las frases estas quedarían así: Soulié: “la forma en que los invitados rodean a ese hombre, tan sólo por su opulencia, recuerda la adoración del becerro”. Y Heine: “No es lo más indignante que ese hombre se vea tan obsequiado por su riqueza, sino que ésta haga olvidar o perdonar su imbecilidad”

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    De este modo, el doble sentido queda intacto pero desaparece el desplazamiento.

    Desde luego hay una relación entre el doble sentido y el desplazamiento, pero en cierto modo son independientes en cuánto a valorarlos como técnicas del chiste. El doble sentido sólo contiene una palabra con múltiple interpretación, el cuál el oyente puede pensar varias cosas mientras que el desplazamiento pertenece aquí a la labor que ha formado el chiste, no a aquella otra necesaria para su inteligencia. Los chistes por desplazamiento son muy pocos corrientes.

    Página 51: Capítulo dos.

    Otro ejemplo: Un chalán le muestra la calidad de su caballo a un comprador: “Se monta usted en este caballo a las cuatro de la mañana, y a las seis y media está usted en Presburgo” ¿Y qué hago yo en Presburgo a las seis y media de la mañana?” Aquí el desplazamiento está muy claro. El chalán cita ese ejemplo para demostrar la cualidad de su caballo, mientras que el comprador atiende sólo al ejemplo citado como prueba del desplazamiento.

    Otro ejemplo: Un agente matrimonial judío ha asegurado al novio que el padre de su futura no vivía ya. Después el novio averigua que su futuro suegro está en la cárcel, y reprocha el engaño al intermediario. “No, no te he engañado - responde éste- ¿Acaso es eso vivir?

    El doble sentido de la palabra vivir, y el desplazamiento consiste en que el intermediario pasa del sentido corriente, o sea la antítesis de morir, al sentido que la palabra vivir toma en la frase: “Eso no es vivir”.

    Página 52: Capítulo dos.

    En este chiste se mezcla una mentirosa habilidad y pronto ingenio que caracteriza a los judíos casamenteros.

    Otro chiste: Un sablista acude a un opulento barón en demanda de auxilio pecuniario para pasar una temporada en Ostende, pues el médico le ha recomendado los baños de mar. “Está bien - le responde el barón- Pero ¿por qué tiene usted que ir a Ostende, el más caro de los balnearios? “Señor Barón - replica el sablista- siendo en bien de mi salud no miro el dinero”. Su respuesta sería justa si la dijera un señor acomodado. El sablista se conduce como si fuera su propio dinero el que sacrificara en beneficio de su salud y como si salud y dinero se refirieran a la misma persona.

    Página 53: Capítulo dos.

    Otro chiste: Salomón ha entrado a servir en la Artillería. Es un chico inteligente, indisciplinado y poco amante del servicio. Uno de los jefes el cual tiene simpatía por el muchacho le dice: “Salomón, tú no aprovechas para esta vida. Cómprate un cañón, y hazte independiente.

    No hay cañones a la venta de todos que lo quieran comprar, y además una sola persona no puede cargar ni usar el cañón. El oficial que da el consejo a Salomón, pretende imitar su estúpida conducta, como queriendo decirle: “Ahora te voy a dar un consejo tan estúpido como tú” y así pretende que el muchacho vea el error de su actitud.

    Página 54: Capítulo dos.

    Otro chiste: “No nacer nunca sería lo mejor para los mortales humanos.””En efecto, pero es cosa de que cada cien mil hombres apenas si sucede a uno.”

    El uso de apenas resulta estúpido. Quien no ha nacido no es un ser humano y para él no hay nada bueno ni mejor.

    Otro chiste:

    “Un individuo confía a su hija, en vísperas de un largo viaje, a uno de sus amigos, rogándole vele por su virtud durante su ausencia. Meses después torna de su viaje y haya a su hija encinta. Naturalmente, colma de reproches al amigo, el cuál no acierta a comprender como ha podido suceder aquello. “¿Dónde dormía mi hija?”, pregunta, por último, indignado padre. “En la alcoba de mi hijo”. “Pero, ¿Cómo pone a los dos en la misma alcoba, después de yo haberte encargado principalmente que velases por la virtud de mi hija?”. “Es que puse dos camas y, separándolas un biombo”. “Bueno, ¿y si tu hijo ha dado la vuelta al biombo?”. “Sí - responde el celoso guardador, después de reflexionar un rato-; tienes razón. Así ha podido ser”.

    Página 55: Capítulo dos.

    Su reducción sería: “No tienes derecho a reprocharme nada. ¿No es una estupidez dejar a tu hija en una casa en la que necesariamente había de estar en constante contacto con un muchacho? ¡Creerás que es muy fácil para un extraño velar en estas condiciones por la virtud de una joven!” Por medio de la reducción el chiste pierde su simpleza.

    La reducción del chiste del cañón: “Salomón, sé que eres un inteligente comerciante. Pero, créeme, es una gran simpleza no comprender que el servicio militar es algo muy diferente de la vida comercial, en la que cada uno trabaja para sí y contra los demás. En el servicio hay que subordinarse al actuar como parte de un conjunto”.

    Otro ejemplo: Foción, fue aplaudido tras finalizar un discurso, y este se dirigió a sus amigos y les preguntó: ¿He dicho acaso alguna tontería?”

    Foción quiere decir: ¿Qué he dicho que haya podido gustar de tal manera a este estúpido pueblo? El éxito de mi discurso debiera avergonzarme. Aquello que ha gustado a tontos, no debe ser cosa muy cuerda.

    Página 56: Capítulo dos.

    Otro chiste: Un catedrático de Universidad, bien entrado en años, es felicitado por el nacimiento de su hijo, a lo que responde: “Gracias, gracias. Ya veo usted de qué maravillas es capaz la mano del hombre”. Esta respuesta nos parece obscena completamente. Este chiste lo podríamos encuadrar en desconcierto y esclarecimiento, ya que a primera vista nos sorprende la respuesta.

    Otro chiste, esta vez el autor es Michelet: “¡Cuán excelentemente se halla dispuesto por la Naturaleza que el niño encuentre en cuanto llega al mundo una madre pronta a encargarse de su cuidado!” La frase es una simpleza.

    Página 57: Capítulo dos.

    La elaboración del chiste que hemos estudiado por el momento son las de desviaciones del pensamiento normal, el desplazamiento y el contrasentido.

    Ejemplo: Un señor entra en una pastelería y pide en el mostrador una tarta, pero al dársela la devuelve inmediatamente, pidiendo en su lugar una copa de licor. Tras tomársela se aleja de la barra para irse. El dueño le llama la atención: “¿Qué desea usted? Pregunta el parroquiano. “Se olvida usted de pagarla copa de licor que ha tomado”. “Ha sido a cambio del pastel”. “Sí, pero es que el pastel tampoco lo había usted pagado” “¡Claro, como que no me lo he comido!”.

    El astuto parroquiano establece una relación inexistente entre la devolución del pastel y su cambio por una copa de licor. La cuestión se divide en dos sucesos que para el dueño son independientes pero para el parroquiano tienen una relación de cambio, esta relación tiene un doble sentido que constituye una relación que objetivamente no existe.

    Página 58: Capítulo dos.

    Aquí el autor confiesa que tiene ciertas dudas sobre todos los chistes analizados, aunque él tiene la “sensación” de que las técnicas empleadas y explicadas son las correctas.

    Otro chiste: “El agente matrimonial defiende a la muchacha por él propuesta contra los defectos que en ella encuéntrale presunto marido: “Su madre - dice éste- es estúpida y perversa”. “¿Y eso que le importa? ¿Se va a usted a casar con la madre o con la hija?” “Bueno, pero es que la hija no es joven ni bonita”. “Mejor; así no hay peligro de que le engañe”. “Además, no tiene dinero”. “¿Y quién habla aquí de eso? Usted no quiero dinero; lo que quiere es una buena mujer”. “¡Pero si es jorobada!”. ¡“Hombre, algún defecto había de tener!”

    Página 59: Capítulo dos.

    Se trata de una mujer llena de defectos, pero el intermediario se las arregla para quitarle “hierro” al asunto, pero al hablarle de que también tiene joroba, el intermediario dice: algún defecto tendría que tener. Ya que hasta él mismo reconoce como un error inexcusable.
    Esta es una apariencia de lógica que caracteriza al sofisma y tiene por objeto encubrir el error intelectual. Tras los múltiples defectos de la muchacha, la boda es imposible.

    Otro chiste: B ha prestado a A un caldero de cobre. Al serle devuelto ve que tiene un gran agujero en el fondo y reclama una indemnización. A se defiende diciendo: “Primeramente, B no me ha prestado ningún caldero; en segundo lugar, el caldero estaba ya agujereado y por último, yo he devuelto a B el caldero completamente intacto.” Cada uno de estos argumentos son válidos por sí solos, pero cada uno excluye a los dos restantes.

    Página 60: Capítulo dos.

    Historias:
    “Nuestro ya conocido intermediario judío defiende a su elegida contra los reproches que, fundándose en la marcada que padece la chica, le dice al presunto novio: “No tiene usted razón. Supongamos que se casa usted con una mujer que tenga todos sus miembros bien sanos y derechos. ¿Qué sale usted ganando con ello? Cualquier día se cae, se rompe una pierna y queda coja para toda su vida. Entonces tiene usted que soportar el disgusto, la enfermedad, la cojera y encima ¡la cuenta del médico! En cambio si se casa con esta muchacha se librará de todo eso, pues se encuentra usted ya ante un hecho consumado. Aquí se ve claramente que hay un error contenido en proceso intelectual.

    Otro ejemplo:

    El rabino de Cracovia se haya rezando en la sinagoga cuando de repente pega un grito y dice: “El gran rabino de Lemberg acaba de morir”. Todos los fieles al día siguiente se vistieron de luto por la muerte del rabino de Lemberg. Pero más tarde se descubrió que el rabino estaba en perfectas condiciones ya que no había muerto. A lo que un forastero le dice a un judío: “¡Vaya plancha la de vuestro gran rabino! Ver morir a su colega de Lemberg, anunciar su visión a todo el mundo y resulta que todo era falso.” “De todos modos - responde el judío- no me negará usted que eso de ver desde aquí lo que sucede en Lemberg es una cosa maravillosa”.

    Página 61: Capítulo dos.

    En el chiste anterior se desprecia la realidad a favor de la posibilidad. A este grupo de errores intelectuales sofísticos se agrega otro: automático.

    Otros 3 ejemplos de chistes matrimoniales: <Un agente matrimonial se ha hecho acompañar de un auxiliar para que afirme las cualidades de la novia ante el presunto novio.” La muchacha - empieza el primero- es alta como un pino”. “Como un pino, repite el auxiliar”. “Y tiene unos ojos divinos”. “¡Pero que ojos!”. “Además, posee una educación excelente”. “¡Excelentísima!”. “Pero tengo que confesarle que tiene un pequeño defecto. Es algo cargada de espaldas”. “¿Algo cargada de espaldas? Lo que tiene es una joroba estupenda”.

    “El intermediario presenta al joven la muchacha que ha escogido para él. Desagradablemente impresionado, llama el joven aparte a su acompañante y le llena de reproches: “¿Para qué me ha traído usted aquí? Es fea, vieja, bizca, desdentada y...” Puede usted hablar alto - interrumpe el intermediario- también es sorda.”

    Página 62: Capítulo dos.

    “El novio hace su primera visita a la casa de la elegida y mientras espera en la sala, el intermediario le comenta: mira que vitrinas llena de objetos de plata, ya ve usted cómo es gente de dinero”, le dice. “Pero ¿no pudiera ser que todas estas cosas las hubiesen pedido prestadas para hacerme creer que son ricos?” “¡Ca!-deniega el agente- ¡Cualquiera les presta a éstos nada!”.

    En estos tres casos sucede lo mismo. Olvida aquí el sujeto adaptarse a las circunstancias y se deja llevar por el automatismo sobre la adecuada variación del pensamiento y de la expresión.

    Página 63: Capítulo dos.

    Las tres historietas expuestas pueden ser calificadas como cómicas, aunque todavía nos es difícil diferenciar entre cómico y chistoso, para llegar a comprenderlo el autor propone seguir analizando más chistes.

    Un chiste de Lichtenberg:

    “Enero es el mes que hacemos votos por la dicha de nuestros amigos, y los meses restantes son aquellos en los que vemos cómo dichos votos no se cumplen”.

    “La vida humana se divide en dos épocas. Durante la primera se desea que llegue la segunda y durante la segunda se desea que vuelva la primera.”

    Página 64: Capítulo dos.

    “La experiencia consiste en experimentar aquello que no desearíamos haber experimentado”. Este ejemplo se basa en “el múltiple empleo del mismo material. En los otros ejemplos, existe un factor más significativo e importante que el múltiple empleo de las mismas palabras mecanismo que se separa aquí de todo lo que pudiera suponer doble sentido. Descubrimos aquí una nueva técnica llamada “unificación”, esta es análoga a la condensación por compresión de dos elementos en la misma palabra.

    En el chiste de Lichtenberg quedan caracterizados enero y los meses a él opuestos por una relación, modificada, a un tercer elemento, constituido por las bienandanzas que nos desean en el primer mes y luego en los restantes no se cumplen.

    Página 65: Capítulo dos.

    El siguiente chiste es un claro ejemplo de unificación:

    • Rousseau, poeta francés, escribió la “Oda a la posteridad”. Voltaire, opinando negativamente sobre la obra dijo: “Esa poesía no llegará seguramente a su destino”.

    Uno de las características de la unificación es el ingenio rápido. Esta rapidez consiste “pagarle en la misma moneda” al contrario. Ejemplo:

    • El panadero dice al tabernero, el cual tiene un dedo malo. “¿qué te pasa? ¿Es que has mojado el dedo en tu vino?” “No - contesta el tabernero- es que seme ha metido uno de tus panecillos debajo de una uña”.

    • Serenísimo recorre sus Estados. Entre la gente que acuden a vitorearle encuentra un chico muy parecido a él, a lo que le pregunta al chico: ¿Recuerda usted si su madre sirvió en Palacio alguna vez?” “No, alteza- responde el interrogado- pero sí mi padre”.

    • Carlos, duque de Wurtemberg, pasa a caballo ante la puerta de un tintorero. “¿Podría usted teñir de azul mi caballo blanco?” “Desde luego alteza, si soporta el agua hirviendo”.

    La unificación dispone además de la conjunción y que sirve para unir oraciones.

    Página 66: Capítulo dos.

    Entre uno de los cientos de chistes de Heine, el autor vuelve a destacar el siguiente:

    “Cuando habla del colegio en que tanto latín, tantas palizas y tanta geografía tuvo que aguantar, la agregación, subrayada por la colocación de las palizas entre el latín y la geografía, nos indica el interés que en el escolar despertaban estas dos asignaturas.

    En Lipps encontramos ejemplos de “agregación chistosa (coordinación)” en el siguiente dicho: “Con un bieldo y con esfuerzo le sacó su madre de entre la masa”. Este dicho el autor lo considera cómico pero no chistoso.

    En el ejemplo del caballo, el duque y el tintorero triunfa la técnica de la unificación, incluso el tintorero hubiese contestado: “No, alteza; temo que el caballo no resista el agua hirviendo”. Pero la respuesta fue: “Desde luego alteza, si soporta el agua hirviendo”. En la sustitución del realmente adecuado “no” por un “sí” reside un nuevo medio técnico del chiste.

    Página 67: Capítulo dos.

    Otro chiste parecido al anterior de K. Fischer: Federico e Grande oyó hablar de que un predicador de Silesia podía tratar con los espíritus, así que fue a verle y le preguntó: “¿Puede usted conjurar a los espíritus? Sí, majestad; pero nunca acuden”.

    Aquí el medio técnico es agregarle al “sí” un “pero”, de tal manera que esta frase se convierta en negativa. A esta nueva técnica el autor le llamará “representación antinómica”.

    Otro chiste de Heine: “Aquella mujer se parecía en muchas cosas a la Venus de Milo. Como ella, era extraordinariamente vieja, no tenía dientes y presentaba algunas manchas blancas en la amarillenta superficie de su cuerpo”.
    Aquí aparece una coincidencia con un doble sentido para representarnos la fealdad de la mujer.

    El siguiente chiste pertenece a Lichtenberg: “Había reunido en sí la cualidades de los más grandes hombres: llevaba la cabeza ladeada como Alejandro, se hurgaba continuamente el cabello como César, podía beber mucho café como Leibniz, y cuando se arrellanaba en su sillón, se olvidaba de comer y beber, como Newton, y como a éste había que sacarle de su sueño; peinaba, por último, su peluca como el doctor Johnson y llevaba siempre desabrochado un botón de la pretina, como Cervantes.”

    En este chiste nos encontramos nuevamente con una representación antinómica.

    Página 68: Capítulo dos.

    El siguiente chiste consiste en que un hombre se ganaba la vida mostrando y explicando a visitantes, en una choza con figuras de cera: “Esta figura representa al duque de Wellington en su caballo”. Burlonamente le pregunta una joven: “¿Cuál es el duque y cuál su caballo?”. “Como usted quiera, señorita - replica el guía-; ha pagado usted su entrada y tiene derecho a escoger”.

    Con esta respuesta, básicamente se puede deducir que al guía sólo le importa la recaudación de la visita y para no disgustar al personal le da la elección de que la joven escoja a quien quiera que sea el duque y su caballo, ya que para eso le ha pagado. El parecido además de las figuras, constituye un caso de desplazamiento.

    Página 69: Capítulo dos.

    También Freud nos habla sobre otro tipo de chistes denominados “chistes de superación”: En un epigrama escribió Lessing: “Dicen que la buena Galatea tiñe de negro sus cabellos, mas lo cierto es que éstos eran ya negros cuando los compró”.

    Otro ejemplo de Lichtenberg que hace sobre la filosofía universitaria: “Hay más cosas en el cielo y sobre la tierra de las que supone vuestra filosofía” dijo despectivamente Hamlet. Lichtenberg sabe que esto no es suficiente severo a lo que añade todavía: “pero también hay en las filosofía mucha cosas que no existen en el cielo ni en la tierra”. Esta frase le da un mayor reproche.

    Otro chiste:

    “Dos judíos hablan de hidroterapia: Yo - dice uno de ellos- lo necesite o no, tomo un baño todos los años”.

    “Un judío observa en la barba de otro restos de comidas: “¿A qué adivino lo que has comido ayer? Dilo. Lentejas. Has perdido, eso fue anteayer”

    Otro chiste en el que se ve claramente la representación antinómica: “Un rey visita un hospital y ve a un cirujano amputándole una pierna a un enfermo a lo que el rey sorprendido responde: “¡Bravo, bravo, querido doctor!” Al terminar la faena el doctor se acerca al monarca y le pregunta: ¿Desea vuestra majestad que ampute la otra pierna?”.

    Página 70: Capítulo dos.

    De este modo el médico consigue hacerse comprender indirectamente, expresando todo lo contrario de lo que piensa y no puede expresar de forma directa.

    Otro chiste en la que esta vez predomina la técnica de la ironía que es muy análoga a la representación antinómica y muy usada en los chistes:

    Cuando Marco Antonio, después de haber conseguido con su discurso hacer variar totalmente la opinión del pueblo sobre la muerte de César, exclama de nuevo: “Pero Bruto es un hombre honrado“, sabe ya que el pueblo le gritará el verdadero sentido de sus palabras: “Son traidores esos hombres honrados”.

    Página 71: Capítulo dos.

    Para explicar mejor la técnica de representación antinómica, el autor describirá esta técnica denominándola, en lugar de representación por lo análogo, representación por lo homogéneo o conexo. Para esto pone el siguiente ejemplo: Dos hombres de negocios americanos, han conseguido recaudar una gran suma de dinero con el objetivo de entrarse en el mundo aristocrático, para ello hace una gran comida a la que invitan a mucha gente y entre ellos se encuentra un gran crítico al cual todos admiran y respetan. Antes de la comida se hicieron un retrato y lo colocaron en la pared; más tarde llevaron al critico a que vieran el cuadro a lo que preguntó al ver el espacio vacío que entre los retratos quedaba: And where is the Saviour? (Y el Redentor, ¿dónde está?).

    Página 72: Capítulo dos.

    Con esto el crítico exterioriza algo que no puede expresar directamente y da a entender de que “Sois un par de bribones. ¿Qué me interesa a mi vuestros retratos?” A todo esto lo calificamos de alusión. Esta alusión es libre de todo doble sentido, y su carácter esencial se nos muestra como una sustitución por algo que se halla ligado a nuestros pensamientos sobre la materia.

    Página 73: Capítulo dos.

    La conexión utilizada para la sustitución puede ser una simple similicadencia, de manera que este grupo será análogo a aquel que en los chistes verbales comprende al retruécano. Otro ejemplo: Lichtenberg dijo: “Baños nuevos curan bien” que nos recuerda a la frase: “Escobas nuevas barren bien”. Seguramente se le ocurrió intentando imitar al famoso proverbio.

    Otro chiste del mismo autor: “Una muchacha que apenas ha cumplido doce modas” (Moden-modas, Monden-lunas-meses”). Este autor usó ingeniosamente el término moda para indicar la edad de la joven. Por lo que aquí la conexión consiste en hacer una pequeña modificación.

    Página 74: Capítulo dos.

    Otro ejemplo de chiste de tipo retruécano: Un cantante Edmundo, se caracterizaba por su gordura, por lo que en una obra teatral tuvo que aguantar que le pusieran como título: (inspirado en la obra de Julio Verne: “El viaje al mundo en 80 días) “El viaje alrededor de Edmundo en ochenta días).

    Otro ejemplo: “Cada toesa una reina”. Modificación de las famosas palabras shakesperianas: “Cada pulgada un rey” y alusión a ellas fue frase que se aplicó una noble dama de estatura desmesurada.

    Las partículas negativas hacen posibles las alusiones, con una simple y pequeña modificación: “Spinoza, mi compañero de irreligión” ó “Nosotros por la desgracia de Dios, jornaleros, siervos, negros...”.

    Otra técnica de los chistes es la omisión, es decir, que uno de los métodos que usa la alusión es omitir las rutas mentales que hasta ella conducen.

    Página 75: Capítulo dos.

    Por ejemplo: había en Viena un escritor que en sus obras mencionaba a ciertos autores, pero no precisamente para idolatrarlos, a lo que este en muchas ocasiones recibía la respuesta de estos autores. En una reunión se hablaba del último comentario que había escrito sobre uno de sus habituales adversarios, a lo que exclamó un tercero: “Si X oye esto, recibirá otra bofetada más”. Esta técnica pertenece al desconcierto y después al contrasentido, este último desaparece en cuanto se llena el vacío dejado por la omisión: “Si X oye esto, escribirá un tremendo artículo contra Z, y entonces recibirá otra bofetada más”. Así pues con esto saca el autor en claro que los medios técnicos de este chiste son la alusión con omisión y el contrasentido.

    Otro chiste judío: Dos judíos se encuentran delante de una casa de baños. “¡Ay! - Suspira uno de ellos- ¡Qué pronto ha pasado el año!”

    Otro ejemplo: “La mujer propia es como un paraguas. Siempre se acaba por tomar un simón”. Un paraguas no protege contra la lluvia. El “siempre se acaba” no puede significar más que “cuando la lluvia aprieta” y un “simón” es el nombre corriente de los coches de alquiler.

    Página 76: Capítulo dos.

    En la obra de “los baños de Lucca”, Heine utiliza los chistes para crear polémica contra Planteen, así los sucesos relatados por Heine toman un giro que hace que se descubra su relación simbólica con la intención polémica y se revelan, por tanto, como alusiones sin lugar a duda sobre la homosexualidad de Platen.

    “Aunque las musas no le son propicias, tiene en su poder al genio del idioma, o mejor dicho, sabe hacerle fuerza, pues no goza del espontáneo amor de este genio, si no que tiene que correr tras él como tras de otros efebos y no sabe sino apoderarse de sus formas exteriores, que, a pesar de su bella redondez, carecen de nobleza en su expresión.”

    “Le sucede entonces como el avestruz, que se cree oculto enterrando su cabeza en la arena y dejando sólo visible la rabadilla. Nuestro noble pájaro hubiera obrado mejor enterrando su rabadilla en la arena y enseñándonos tan sólo su cabeza”.

    La alusión por lo tanto es una técnica esencial y muy corriente en los chistes, ya que acostumbramos, algunas veces inconscientemente y otras no, introducirlos en nuestra conversación.

    Página 77: Capítulo dos.

    La calificación más correcta de esta técnica sería llamarla representación indirecta.

    El autor destaca que se encuentra en una nueva subdivisión: la de la representación por una minucia, técnica que resuelve el problema de lograr por medio de un insignificante detalle la total expresión de un carácter; esta se agregaría al grupo de la alusión.

    Ejemplo: Un judío de la Galitzia austriaca hace un viaje en ferrocarril en el cuál se encuentra sólo en un vagón, así que se acomoda en el respaldo del asiento y pone los pies en el asiento delantero, a lo que al poco tiempo llega un caballero vestido a la moderna, y el judío se incorpora de nuevo para sentarse bien. Después de que el caballero esté haciendo durante un rato unos cálculos, le pregunta al judío: “Perdona usted. ¿Cuándo es Jomkipur (día de reconciliación)?” “Aesoi”, responde el judío y vuelve a recobrar su postura cómoda y primitiva.

    Página 78: Capítulo dos.

    Otro ejemplo parecido al anterior: Llaman a un médico para que le asista en el parto a la señora baronesa, y mientras esperan el momento, el médico le propone el marido echar una partida de cartas en la habitación contigua. Al rato se escucha unos quejidos: “Ah, mon Dieu que je souffre! El marido se levanta pero el médico le tranquiliza, diciendo: “No es nada; sigamos jugando”. Pasa un rato y vuelve a oírse: “¡Dios mío, qué dolores!” “¿No quiere usted ya pasar a la alcoba, doctor?” interroga el barón. “No, no; todavía es pronto”. Por último se oyen unos gritos ininteligibles “¡Ay, aaaay, aaaaay!”. El médico tira las cartas y exclama: “Ahora es el momento”.

    Este chiste nos demuestra con la modificación de los quejidos de la embarazada hace que el dolor deje abrir paso a la naturaleza.

    Otro distinto género de la representación de la representación indirecta es la metáfora.

    Este tipo de chistes hace que el autor tenga una sensación de inseguridad ya que rara vez este prototipo de chiste hace explosionar la risa, la sensación del autor puede él mismo definirla como: “Esto es un chiste y hay que considerarlo como tal aun antes de haber descubierto el carácter esencial del chiste”.

    Página 79: Capítulo dos.

    Ejemplos: <Un hombre que, como ya antes os he expuesto, ha consagrado su vida al lema: “La Ciencia y los trabajadores” no sentirá ante una condena más impresión que aquella que la explosión de una retorta pudiera causar a un químico absorto en sus experimentos científicos. Con un ligero fruncimiento de cejas ante la resistencia de la materia continuará el investigador serenamente (una vez terminada la interrupción) sus análisis y experimentos”.

    En las obras de Lichtenberg se encuentran montones de chistosas metáforas: “Es casi imposible atravesar una muchedumbre llevando en la mano la antorcha de la verdad sin chamuscar a alguien las barbas”. El efecto chistoso aquí no reside en la comparación sino en una cualidad accesoria.

    Página 80: Capítulo dos.

    A “La antorcha de la verdad” Lichtenberg le saca toda su energía primitiva, la convierte en una metáfora y le saca su consecuencia.

    Comparación chistosa siguiente: “Las recensiones me parecen una especia de enfermedad infantil que ataca con mayor o menor virulencia a los libros recién nacidos, acarreando a veces la muerte a los más saludables, mientras que los débiles suelen salir indemnes. Algunos muy pocos, se libran de ella. Se ha intentado con frecuencia protegerlos por medio de amuletos, tales como prólogos, dedicatorias y hasta autocríticas, pero todo ha sido en vano”.

    Aquí nos encontramos con un caso de unificación la cuál consiste en agregar una primera metáfora.

    En otras comparaciones nos vemos inclinados a desplazar la innegable impresión chistosa sobre un factor totalmente extraño a la naturaleza de las mismas.

    Página 81: Capítulo dos.

    Tales comparaciones contienen una yuxtaposición, la cuál da como resultado una labor comparativa.

    Otros ejemplos de Lichtenberg: “Todo hombre tiene también su trasero moral, que no enseña sin necesidad, y que cubre, mientras puede, con los calzones de la buena educación”

    El “trasero moral” aparece como resultado de una labor comparativa, más a ella se agrega una continuación de la metáfora con un juego de palabras (“necesidad”) y una segunda unión: los calzones de la buena educación.

    Esto le recuerda al autor unos versos de Heine: “Hasta que, por fin, me estallaron todos los botones-del pantalón de la paciencia-“.

    Estas son metáforas depresivas, ya que presentan un objeto de elevada categoría, una abstracción (la buena educación, la paciencia), unido a otro de naturaleza muy concreta y hasta de un bajo género (los calzones).

    Página 82: Capítulo dos.

    Otras metáforas de Lichtenberg: “Los motivos que para obrar tenemos los hombres podían ordenarse del mismo modo que los 32 vientos y recibir una denominación análogamente compuesta; por ejemplo: pan-pan-fama o fama-fama-pan”.

    Aquí Lichtenberg pretende hacer una comparación mediante la representación del contrasentido.

    Lichtenberg caracteriza determinadas odas con las siguientes palabras: “Son en la poesía lo que en la prosa las inmortales obras de Jacob Boehmes: una especie de picnic en el que el autor pone las palabras y el lector el sentido”.

    Página 83: Capítulo dos.

    Más metáforas de Lichtenberg: “Cuando filosofa vierte generalmente sobre los objetos una agradable luz de luna que nos complace, pero que resulta insuficiente para hacernos distinguir con precisión uno solo de ellos”.

    Heine: “Su rostro semejaba un palimpsesto, el que, bajo la más reciente escritura de la copia monacal de un texto debido a un Padre de la Iglesia, aparecieran los medios borrados versos de un erótico poeta griego”.

    Otro excelente ejemplo de comparación depresiva incluida en Los baños de Lucca:
    ”El sacerdote católico obra como un dependiente de una gran casa comercial: la Iglesia, cuyo principal es el Papa, el cuál le señala una actividad determinada y un salario fijo, de este modo permanece inobservado en medio del gran tráfico comercial. Sólo le interesa el crédito y la conservación de la casa para evitar que la bancarrota le prive de sus medios de subsistir. Y por otro lado tenemos al cura protestante, que es su propio jefe, comercia al por menor, es activo y vigilante, pondera a la gente sus artículos de fe y desprecia los de sus competidores. Como buen comerciante al por menor, se halla siempre en su tenducho, lleno de envidia contra todas grandes casas comerciales y especialmente contra la romana, que tiene a sueldo muchos millares de tenedores de libros y ha establecido factoría en las restantes partes del mundo”.

    Página 84: Capítulo dos.

    Lo que determina el carácter chistoso no se encuentra en la expresión del pensamiento ni en la operación a comparar, por lo que el autor decide incluir la comparación entre los géneros de “exposición indirecta”. Aquí el autor se da casi por vencido ya que no comprende cuál es la técnica de este chiste, pero es encarga de hacer una recapitulación de las técnicas más corrientes usadas. Destaca la condensación con formación de sustitutivos que nos revelan como el nódulo de la técnica del chiste verbal, nos orientan hacia la formación de los sueños, en cuyos mecanismos han sido descubiertos los mismos procesos psíquicos.

    Página 85: Capítulo dos.

    La orientación nos marca también las técnicas del chiste intelectual: desplazamiento, errores intelectuales, contrasentido, representación indirecta y representación antinómica, que retornan en la técnica de elaboración de los sueños.

    Al desplazamiento deben los sueños su extraña apariencia que nos impide ver en ellos la continuación de nuestros pensamientos diurnos.

    La representación indirecta, la sustitución de la idea del sueño por una alusión, una nimiedad o un simbolismo análogo a la comparación es precisamente aquello que diferencia la forma expresiva de los sueños de la nuestra ideación despierta. Hay una gran analogía entre las técnicas del chiste y la elaboración de los sueños.

    Página 86: Capítulo tres. Las tendencias del chiste

    En el ejemplo anterior del cura protestante y el sacerdote católico, según dice el autor no se ha querido extender mucho debido a que pueden molestarse los lectores seguidores de una tendencia o de otra.

    El chiste tiene unas veces en sí mismo su fin y no se halla al servicio de intención determinada, sin embargo, en algunas se pone al servicio de tal intención, convirtiéndose en tendencioso. Th. Vischer llama al califica al chiste no tendencioso como chiste abstracto, pero el autor prefiere denominarlo chiste inocente.

    Al igual que antes dividíamos los chistes en verbal e intelectual, ahora otra clasificación posible sería la de chistes abstractos y tendenciosos, siendo los dos completamente distintos.

    Página 87: Capítulo tres.

    Hay chistes inocentes que utilizan el juego de palabras y la similicadencia como técnica, mientras que los menos abstractos usan todos o casi todos los medios del chiste intelectual. Incluso llamándose chistes inocentes, estos a veces pueden ser de los más ofensivos, siendo exclusivamente verbales.

    Aquí el autor nos escribe unas cuantas metáforas de Lichtenberg:

    “Habían enviado a Gotinga un tomito en octavo menor y recibían ahora, en cuerpo y alma, un robusto in quarto”.

    “Para dar a este edificio la solidez necesaria debemos proveerle de buenos cimientos, y los más firmes, a mi juicio, serán aquellos en los que una hilada en pro alterne con otra en contra”.

    “Uno crea la idea, el otro la bautiza, un tercero tiene hijos con ella, un cuarto la asiste en su agonía y el último la entierra” (comparación con unificación).

    “No sólo no creía en los fantasmas, sino que ni siquiera se asustaba de ellos”

    “No son libres todos aquellos que se burlan de sus cadenas”.

    Página 88: Capítulo tres.

    El último ejemplo expuesto aquí es el de un chiste “inocente”, el cuál puede exponernos algo tan valioso como el contenido del pensamiento que en estos casos es expresado de manera chistosa, como por ejemplo los chistes intelectuales se basan en el contenido ideológico con un revestimiento chistoso. Esto también pasa en los chistes verbales: “la experiencia consiste en experimentar lo que no desearíamos haber experimentado”, creemos que hemos escuchado una verdad, esto hace que estimemos más el contenido de la frase que el chiste en sí.

    Página 89: Capítulo tres.

    Sin embargo, también hay otros ejemplos en el que se nos muestran el pensamiento como tal, sin apenas revestimiento chistoso y es un excelente chiste.

    Los chistes de Lichtenberg sobresalen sobre todo por su contenido intelectual y la seguridad con que hieren en el momento preciso: “Se maravillaba de que los gatos tuviesen dos agujeros en la piel, precisamente en el sitio de los ojos”. En esta observación se esconde el problema de la teleología de la anatomía animal.

    Página 90: Capítulo tres.

    Como pequeña conclusión saca en claro Freud que de una frase chistosa recibimos una impresión de conjunto en la que no somos capaces de separar la participación del contenido intelectual de la que corresponde a la elaboración del chiste.

    El autor escoge un chiste lo más inocente según su juicio: Hallándome cenando en casa unos amigos, nos sirven de postre el plato conocido con el nombre de roulard el cuál necesita un gran conocimiento culinario para prepararlo, a lo que uno de los invitados dice: « ¿Lo han hecho ustedes en casa? » y el anfitrión responde: « Sí, es un homme-roulard » (home-rule). El contenido chistoso no proviene de la tendencia ni

    Tampoco del contenido intelectual, por lo que el contenido del chiste proviene de la forma expresiva, esto hace surgir en el auditorio una sensación de placer ante el chiste.

    Página 91: Capítulo tres.

    Aquí los filósofos agregan el chiste a lo cómico e incluyen esta materia dentro de la estética, caracterizan la manifestación estética por la condición de que en ella no queremos nada de las cosas; no la necesitamos para satisfacer una de nuestras grandes necesidades vitales, sino que nos contentamos con su contemplación y con el goce de la manifestación misma. “Esta base de manifestación es la puramente estética que no reposa sino en sí mismo y tiene su única finalidad en sí propia, con exclusión de todo otro fin vital” (K. Fischer, página 68)

    Página 92: Capítulo tres.

    Sigmund Freud afirma que el chiste es una actividad que tiende a extraer placer de los procesos psíquicos, sean éstos intelectuales o de otro género cualquiera. Existen otras actividades que provocan el mismo fin, pero estas tienen distintas técnicas o es distinto el sector de la actividad anímica que estimula. La técnica del chiste y la tendencia economizadora se ponen en contacto para la producción de placer.

    Para entrar a resolver como un chiste puede producir placer en el oyente, vamos a descartar los chistes de tipo inocente ya que su placer solo es mediano, casi nunca logra una explosión repentina de risa que hace tan irresistible al tendencioso.

    Página 93: Capítulo tres.

    Por lo que vamos a escoger el chiste tendencioso para analizarlo. Este tipo de chiste se caracteriza por ser hostil (destinado a la agresión, la sátira o la defensa) o bien obsceno (destinado a mostrarnos una desnudez). La clase técnica del chiste (verbal o intelectual) no tiene relación alguna con estas dos tendencias.

    Entendemos por un dicho “verde” aquellos que constan de circunstancias sexuales, pero esta no es una definición completa, ya que no tiene nada que ver los órganos sexuales ni la procreación con un punto de contacto verde.

    Página 94: Capítulo tres.

    El dicho “verde” se refería a la mujer y suponía un intento de seducción. Aquel que ríe del dicho verde, ríe como el espectador de una agresión sexual.

    Además de lo sexual, también abarca los excrementos, éste es precisamente el alcance que lo sexual tiene en la vida infantil, en la que el sujeto imagina la existencia de una cloaca, dentro de la cual lo sexual y lo excrementado quedan casi o por completo confundidos. El dicho verde nos confiere un placer al contemplar lo sexual sin ningún velo.

    La tendencia a contemplar lo sexual sin velo es uno de los componentes de nuestra libido, la cual constituye en sí mismo una sustitución obligada del placer que hemos de suponer primario, de tocar lo sexual. La libido visual o táctil es de dos clases: activa y pasiva, masculina y femenina, y se desarrolla según cuál de estos dos caracteres sexuales adquiera la supremacía predominantemente en uno u otro sentido.

    Página 95: Capítulo tres.

    En los niños de corta edad es fácil observar la tendencia que tienen a la desnudez, pero como esta se reprime suelen acabar siendo unos adultos exhibicionistas. En la mujer, la tendencia exhibicionista pasiva se la frena el pudor sexual, pero esta tiene como escape la moda.

    El hombre conserva gran parte de esta tendencia como elemento constitutivo de la libido puesto al servicio de la preparación del acto sexual. Esta tendencia se manifiesta cuando se le acerca una mujer, en la que tiene que intervenir la expresión verbal por dos razones: en primer lugar, para darse a conocer a la mujer y en segundo por ser la expresión oral lo que, despertando en aquélla la representación imaginativa, puede hacer surgir en ella la excitación correspondiente y provocar la tendencia recíproca a la exhibición pasiva; esto da lugar al acto sexual pero no siempre, ya que si la respuesta de la mujer es negativa, aparecen intensas reacciones defensivas. En este caso la oración sexual excitante encuentra, convirtiéndose en dicho “verde”, en sí misma su propio fin.

    Página 96: Capítulo tres.

    La resistencia de la mujer es imprescindible para que se dé el dicho “verde”, aunque esta suponga un aplazamiento al acto sexual. Otra característica importante es la presencia de un tercero (un hombre) ya que es fundamental para el desarrollo de este dicho.

    Por ejemplo: Puede observarse que en una cafetería (clase media-baja) a la entrada de la camarera provoca un tiroteo de tales dichos. Inversamente en la clase social más elevada, la presencia de una mujer pone fin a todas las conversaciones masculinas, y avergüenzan a la mujer en su ausencia, ambos se acercan cada vez a la transformación del carácter chistoso.

    En el dicho “verde” hay que prestar atención en a los siguientes factores: el papel desempeñado por el tercero, el oyente, y las condiciones de contenido del dicho mismo. Por lo tanto el chiste tendencioso necesita 3 personas: aquella que lo dice, una segunda a la que se toma por objeto de la agresión hostil y sexual y una tercera en la que se cumple la intención creadora de placer del chiste.

    Página 97: Capítulo tres.

    El proceso del dicho “verde” puede definirse así: el impulso libidinoso del primero desarrolla, al encontrar detenida su satisfacción por la resistencia de la mujer, una tendencia hostil hacia esta segunda persona y llama en su auxilio, aliado contra ella, a una tercera, que en la situación primitiva hubiese constituido un estorbo. Por lo que queda la mujer desnuda ante este tercero, satisfaciendo su propia libido y actuando a modo de soborno. Expresar la desnudez produce placer al primero y hace reír al tercero.

    Cuando llegamos a un grado social alto se agrega la condición formal del chiste, siendo la técnica de este la alusión, esto es, la sustitución por una minucia o por algo muy lejano que el oyente recoge para construir con ello la obscenidad plena y directa. Cuanta mayor heterogeneidad entre lo expresado y lo sugerido más sutil será el chiste. Freud saca en claro que el chiste lleva a cabo en servicio de su tendencia. Hace posible la satisfacción de un instinto (el instinto libidinoso y hostil)

    Página 98: Capítulo tres.

    El impedimento que existe es la incapacidad de la mujer para soportar lo abiertamente sexual, de ahí puede explicarse porque los individuos de clases más altas decían tener encuentros con mujeres de clases sociales más bajas, así la procacidad chistosa pasa a ser simple.
    El poder que dificulta el de goce de la obscenidad lo llamamos “represión” y esto puede desembocar en una psiconeurosis. Esta represión se debe en gran parte a la cultura y a la educación recibida, aunque se sospecha que esta patología pueda tener carácter hereditario y hace que rechacemos y neguemos cosas con todas nuestras energías psíquicas. Por culpa de estas medidas represoras se pierde las posibilidades primarias de placer que son rechazadas por la censura psíquica.

    Página 99: Capítulo tres.

    El chiste tendencioso dispone de fuentes de placer distintas de la del chiste inocente, ya que el placer entre otras cosas también depende de la técnica, a lo que cita textualmente Freud: “No sabemos, por tanto, fijamente, de qué reímos”.

    Ahora se preocupará Freud de investigar si es este mismo el papel que el chiste desempeña al servicio de la tendencia hostil. Los impulsos hostiles se dan desde nuestra niñez individual, al igual que la civilización humana tiene impulsos sexuales. Dentro de nuestro propio círculo hemos realizado grandes progresos en el dominio de los sentimientos hostiles. Lichtenberg expresa esta idea en la siguiente frase” En las ocasiones en que ahora decimos “usted dispense” se andaba antes a bofetadas”

    Página 100: Capítulo tres.

    La hostilidad violenta ha quedado sustituida por la invectiva verbal. Más tarde nos enseñaría la cultura que es indispensable el insulto en vez de la agresión física, y ésta nos hará sentir incluso más placer al ver la derrota verbal del enemigo.

    Por lo tanto el papel que tendrá el chiste en la agresión hostil nos permitirá emplear contra nuestros enemigos el arma del ridículo, y, por tanto, elude nuevamente determinadas limitaciones y abre fuentes de placer que había devenido inaccesibles.

    Ejemplo los chistes de N son todos insultos; es como si N quisiera gritar: “El ministro de Agricultura es un buey” “¡No me habléis de X, revienta de vanidad! ¡En mi vida he leído nada más aburrido que los artículos de ese historiador sobre Napoleón!”

    Página 101: Capítulo tres.

    Pero su categoría social le hace imposible expresar esto de manera directa. Otro ejemplo sería el del chiste del “rojo Fadian”, básicamente nos reímos de la persona que se nos presenta calificada de rojo Fadian y especialmente del rojo color de su cabello. Pero el hombre culto no se ríe de los defectos físicos, esto sólo se da en escolares y entre la gente de pueblos bajos. Por ejemplo el chiste de Serenísimo que le pregunta el príncipe si su madre sirvió en Palacio.

    Página 102: Capítulo tres.


    Este chiste abre camino a una venganza libre de todo peligro, recogiendo la alusión y devolviéndosela al ofensor por medio de la unificación.

    El chiste representa una rebelión contra la autoridad, una liberación del yugo de la misma. En este factor yace la caricatura.

    Los chistes tendenciosos se abren paso en las historietas del intermediario matrimonial, la cuál nos resulta chistosa la escapada automática de la verdad.

    Página 103: Capítulo tres.

    Además, admite el autor que existe una condicionalidad subjetiva en el chiste, y es que es chiste lo que yo admito como tal; lo que para es un chiste para otra persona puede no serlo, esta duda se debe a que los chistes poseen una fachada. Todas las historietas contadas son de excelente calidad gracias a la fachada que le cubre ya que pueden ocultar no sólo lo que tienen que decir, sino hasta que tienen que decir algo prohibido.

    Todo aquel que en un momento de distracción deja escapar la verdad, se alegra en realidad de verse libre del impuesto disfraz. Esto es un hecho psicológico. Más con esta automática confesión se transforma la ridícula personalidad del intermediario en simpática y digna de compasión.

    Página 104: Capítulo tres.

    Ejemplo: “¡Quién se atreve a prestar nada a esta gente!” Aquí aparece un contrasentido que puede ser una sustitución de la burla o la crítica existente en los pensamientos que tras el chiste se esconden, cosa que en la elaboración del chiste actúa en forma idéntica a la de los sueños.

    Página 105: Capítulo tres.

    Existe otra serie de chistes como persona en extremo inteligente cuya dialéctica sabe vencer toda dificultad. Son estas, historietas de fachada lógica en lugar de cómica, chistes intelectuales sofísticos. En uno de ellos, el intermediario se las arregla para cerrar la boca al novio, que se queja de la cojera de la muchacha, con una razón incontrovertible en apariencia. La cojera es un hecho consumado.

    En otra historieta análoga se las arregla el intermediario para rechazar con excelentes argumentos al novio, hasta que ya no puede más. Las frases del intermediario son de apariencia lógica, aunque usa la expresión verbal. Sin embargo, la fachada chistosa impuesta hace no que se vea muy claro la seriedad del asunto.

    Todas las historietas que presentan una fachada lógica quieren realmente decir aquello que afirman, basándose en fundamentos defectuosos, por lo tanto el chiste dependerá de la tendencia.

    Página 106: Capítulo tres.

    Otro ejemplo análogo a estas historias son las del dependiente. Estos chistes se caracterizan por tener muy poca técnica, siendo básicamente esta la formación de una fachada y gracias a esto toman el efecto del chiste. A esto se le puede llamar también argot.

    Ejemplo: “¿Qué cualidades exige usted de la novia?” Respuesta: tiene que ser bonita, rica e instruida”.” bien- replica el intermediario-; pero de eso hago yo tres partidos” Aquí la burla del intermediario es directa completamente.

    Página 107: Capítulo tres.

    El chiste puede atacar a aquellas instituciones, personas representativas de las mismas, preceptos morales o religiosos e ideas que por gozar de una elevada consideración necesitan estar cubiertas de una fachada para poder arremeternos contra ellas sin ningún problema.

    Como ejemplo de fachada con apariencia lógica tenemos los chistes sofistas del gourmet y del alcohólico, en el que el pensamiento de la misma da la razón a su protagonista, pero cohibido por determinados obstáculos, no se ha atrevido a verificarlo más que en solo punto en el que la sinrazón del sujeto es fácilmente demostrable; la pointe elegida es la justa transacción entre su razón y su sinrazón.

    Ambas historias son epicúreas, lo que nos pretende es que pensemos que el protagonista tiene razón; no hay nada superior al placer, y es indiferente la forma en que podamos proporcionárnoslo. Básicamente al autor se basa en la conocida expresión carpe diem, basado en la inseguridad de la vida humana y en la esterilidad de la renunciación virtuosa.

    Página 108: Capítulo tres.

    Podríamos aplazar la satisfacción pero quién sabe si mañana estaremos con vida “Di doman' non c'é certezza”

    Una característica de los chistes es que se atreven a expresar los deseos y anhelos de cualquiera que no se atreven a contar. Debemos unir nuestra vida a la de los demás e identificarnos con ellos, según dice Freud, ya que así podremos liberar nuestras ansías de contar nuestras necesidades. Si esto ocurriera habría una transformación social ya que como todas las necesidades y deseos no pueden ser resueltos no existiría la solución al conflicto.

    Página 109: Capítulo tres.

    Freud nos incluye en la clasificación un nuevo tipo de chiste: los chistes cínicos, los cuales ocultan cinismo en su interior.

    Estos chistes surgen debido a que no existe aspiración personal más enérgica que la de la libertad sexual, por lo tanto existe el cinismo.

    Ejemplo:

    “La mujer propia es como un paraguas. Siempre se acaba por tomar un simón”. Aquí la comparación es un poco desconcertante, y en sí no es chistosa, pero al leer la explicación de Freud parece que sí tiene carácter chistoso: se casa uno para asegurarse contra los ataques de la sexualidad, y luego resulta que el matrimonio no permite la total satisfacción de la misma, exactamente sucede con un paraguas, ya que un paraguas no hace que no te mojes con la lluvia. En ambos casos tiene uno que buscar una protección más eficaz, un coche público (simón) o una mujer asequible por dinero. No es fácil decir abiertamente que un hombre no está satisfecho sexualmente en su matrimonio, sólo será menos difícil si esa relación se basa en la sinceridad completa. La fuerza de este chiste consiste en haber expresado tal idea aunque con rodeos.

    Página 110: Capítulo tres.

    Otro caso para que se dé el chiste tendencioso es cuando aparece una crítica rebelde en contra de la propia raza o nacionalidad; estas son historietas creadas por judíos y dirigidas contra peculiaridades de su propia raza.

    Como ejemplo de este género indica aquella historieta ya antes expuesta, en la que un judío depone toda corrección en cuenta ve que su nuevo compañero de viaje es un correligionario.

    Otra serie de chistes, son los que describe las relaciones entre los judíos ricos y sus correligionarios pobre. Los héroes de estas historietas son el mísero “sablista” y el rico negociante o ennoblecido barón: “El sablista, que acude a almorzar todos los domingos a la misma casa, aparece un día acompañado de un joven desconocido, que pasa con él al comedor. ¿Quién es este joven? Pregunta el dueño de la casa. Mi yerno - responde el sablista-; se casó con mi hija la semana pasada y me he comprometido a darle de comer durante un año”.

    Página 111: Capítulo tres.

    Hay muchos chistes parecidos a este, entre ellos, el chiste que vimos anteriormente sobre el sablista y los baños de mar, que podemos tomar como modelo de este género. Lo que nos hace reír de este chiste principalmente es el descaro de su pretensión.

    Otra historieta: <<Un sablista encuentra en la escalera de un rico negociante a otro pobre diablo del mismo oficio, que le no continúe su camino. “No subas hoy; el barón está de mal humor. Lo más que da es un florín”. “¡Ya lo creo que subo!-responde el primero- ¿Por qué he de regalarle un florín? ¿Acaso me regala él algo a mí?”>>.

    Este chiste se sirve de la técnica del contrasentido, pero ésta es sólo aparente.

    Página 112: Capítulo tres.

    Ya que la concepción burguesa de la limosna se halla en contradicción con la religiosa. Otra historieta: “Un sablista le cuenta al barón una historia realmente lamentable, a lo que llama a sus criados y le dice: ¡Echad a esta hombre! ¡Me está angustiando con sus lágrimas!”

    Aquí se puede apreciar una queja pero que no tiene carácter chistoso, porque lo que viene a referirse es que no tiene ventajas ser rico siendo judío, ya que la miseria ajena no te deja gozar de tu propia felicidad.

    Otra historieta: “Un sordo consulta su dolencia al médico y este le recomienda que deje la bebida para recuperar su audición. Al cabo de cierto tiempo se encuentran por la calle y le dice el médico le pregunta al paciente por su estado de salud, alzando la voz. “Ya estoy bien-responde el interrogado- No necesita usted gritarme. Dejé de beber aguardiente y he recobrado el oído” De nuevo pasa un tiempo y vuelven a reencontrarse ambos individuos, y el médico se dirige a su cliente pero con voz natural pero advierte que este no le oye. “Me parece que ha vuelto usted a beber-le grita entonces-y por eso no oye bien otra vez”. “Puede que tenga usted razón, he vuelto a beber y le voy a explicar por qué. Mientras dejé de beber oía bien, pero nada de lo que oía era tan bueno como el aguardiente”. Aquí el medio técnico es el argot.

    Página 113: Capítulo tres.

    Todas estas historietas aluden a la miseria en la que viven los judíos, y por eso debemos incluirlas entre los chistes tendenciosos. También podemos destacar un chiste blasfemo de Heine el cuál estaba en su lecho de muerte bendiciéndole un cura y le dijo que esperaba que Dios le perdonara sus pecados a lo que dice Heine: “Claro que me perdonará; para eso está y para eso precisamente me lo he procurado”.

    A todos los chistes analizados hasta ahora Sigmund va a agregar otro: Dos judíos se encuentran en un vagón de un ferrocarril de Galitzia. “¿Adónde vas? Pregunta uno de ellos. A Cracovia -responde el otro-. ¿Ves lo mentiroso que eres? - salta indignado el primero-. Si dices que vas a Cracovia, es para hacerme creer que vas a Lemberg. Pero ahora sé que de verdad vas a Cracovia. Entonces, ¿Para qué mientes?”.

    La técnica de este chiste es el contrasentido, una exposición antinómica, pues conforme a lo no rebatida afirmación del primero el segundo miente cuando dice la verdad y dice la verdad por medio de una mentira. Le correspondería, por tanto, el nombre de chiste escéptico.

    Página 115: Capítulo tres.

    Como conclusión de este capítulo dice Freud: El placer que el chiste produce depende de la técnica, y por otro lado de la tendencia.

    Página 116: Capítulo cuatro: El mecanismo de placer y la psicogénesis del chiste.

    La fuente de placer del chiste son: la técnica y la tendencia, así que ahora el autor se encargará de averiguar cuál es el mecanismo del efecto de placer, por lo que empezara con el chiste tendencioso ya que es más sencillo de explicar que el chiste inocente.

    El chiste tendencioso surge el placer ante la satisfacción de una tendencia que sin el chiste hubiera permanecido incumplida. Debemos distinguir dos casos: a la satisfacción de la tendencia se opone un obstáculo exterior que es aludido por el chiste.

    Página 117: Capítulo cuatro.

    Aquí encontramos el ejemplo del Serenísimo, la tendencia es la de replicar a una ofensa con otra equivalente; en el segundo, la de pronunciar un insulto en lugar de las esperadas manifestaciones admirativas. Lo que en ambos se opone a dichas tendencias es un factor puramente externo; el poder o la autoridad de las personas a quienes la ofensa va dirigida. Muy distinto es cuando es un obstáculo interior lo que se opone a la directa satisfacción de la tendencia, que es cuando un sentimiento íntimo se coloca frente a ella. Así sucede en los chistes de N. Como en los ejemplos de obstáculos exteriores, hace posible la satisfacción de la tendencia y evita, además, una cohibición y el “estancamiento psíquico” que la acompaña. Se aporta mucho más placer si se remueve un obstáculo interno que uno externo.

    Página 118: Capítulo cuatro.

    Tanto los obstáculos externos como los internos se diferencian entre sí tan sólo en que en los segundos se remueve una coerción preexistente, y en los primeros lo que se hace es evitar la formación de una nueva. Tanto para la formación como para el

    Mantenimiento de una coerción psíquica es necesario un “gasto psíquico”. A lo que termina diciendo Freud: tal formación de placer corresponde al gasto psíquico ahorrado. Con esto se llega al principio de economía, al igual que pasó con el chiste verbal.

    Ahora Freud se va a encargar de examinar el chiste inocente, pero antes deja bien claro que el secreto del placer del chiste tendencioso consiste en el ahorro de gasto de coerción o cohibición.

    Página 119: Capítulo cuatro.

    El chiste inocente: en este grupo (los juegos de palabras) consistía la técnica en dirigir nuestra atención psíquica hacia el sonido de las palabras en lugar de hacia su sentido, y dejar que la imagen verbal (acústica) se sustituyese a la significación determinada por relaciones con las representaciones objetivas. Este proceso origina una aminoración del trabajo psíquico. Podemos así observar que, en aquellos estados patológicos de la actividad mental en los que se halla efectivamente ilimitada la posibilidad de concentrar gasto psíquico en un punto determinado, la imagen sonora de las palabras se sustituye a la significación de las mismas, y el enfermo avanza en su discursos siguiente las asociaciones “externas” de la representación verbal en lugar de “internas”.

    Cuando en el chiste hallamos el placer al trasladarnos, por el uso de una misma palabra o de otra análoga, de un círculo de representación a otro muy lejano puede atribuirse al ahorro de gasto psíquico. Por último cabe destacar que el chiste se sirve de u medio de conexión que a menudo es rechazado y cuidadosamente evitado por el pensamiento regular.

    Página 120: Capítulo cuatro.

    Un segundo grupo de medios técnicos del chiste - unificación, similicadencia, múltiple empleo, modificación de conocidos modismos, alusión a citas literarias-muestra el carácter común de ofrecernos algo ya conocido allí donde esperábamos encontrar algo nuevo. A lo que escribe Gross: “El reconocimiento se halla siempre ligado allí donde no ha llegado a mecanizarse excesivamente a sensaciones de placer... Si el acto del reconocimiento es de este modo productor de placer podremos esperar que el hombre incurra en el deseo de ejercitar esta facultad por sí misma, y, por tanto, experimente con ella en juego.

    Así que Gross analiza después los juegos, cuyo carácter intensifica la alegría del reconocimiento, colocando obstáculos en el camino del mismo; esto es provocando un “estancamiento psíquico” que es suprimido por el acto de reconocimiento. El placer proviene de esta alegría que en estos juegos se produce la conciencia del poder o de la superación de una dificultad.

    Página 121: Capítulo cuatro.

    Los juegos fundados en esta consecución de este placer se sirven del mecanismo del estancamiento psíquico exclusivamente para elevar la magnitud del mismo.

    La rima, la aliteración, el estribillo etc. Usan la misma fuente de placer, o sea, el reencuentro de lo conocido, ya que existe una estrecha relación entre el reconocimiento y el recuerdo. Gross deriva el placer del recuerdo de aquella “sensación de poder”, en la que, busca la razón principal del goce en casi todos los juegos. En el “reencuentro de lo

    Conocido” reposa también la actualidad, esta explica varias singularidades de la historia vital del dicho chistoso.

    Página 122: Capítulo cuatro.

    La palabra chistosa nos conduce desde el círculo de representaciones de la cocina al de la política, muy alejado del primero, pero que había seguramente de interesarnos por estar ocupando de continuo nuestra atención. Otro chiste: “Esa muchacha me recuerda a Dreyfus; el ejército no cree en su inocencia”, hoy ha perdido parte de su efecto ya que esto estaba relacionado con un suceso ocurrido en esa época y hoy está olvidado, por lo que influye en los chistes la actualidad.

    Página 123: Capítulo cuatro.

    Al igual que en los chistes es muy importante el factor actualidad, lo mismo le pasa a los sueños, ya que tenemos preferencia por lo reciente.

    La unificación es la repetición del contenido ideológico que ha sido considerada por Th. Fechner como una especial fuente de placer del chiste, Así, escribe este autor (Vorschule der Aesthetik, I, XVII): “A mi juicio, el principio de la conexión unitaria de lo diverso desempeña en el sector de que nos ocupamos el papel principal; mas precisa, sin embargo, de circunstancias accesorias que le apoyen para hacer surgir con su singular carácter el placer que los casos de que tratamos pueden proporcionar”.

    El tercer grupo de las técnicas del chiste (chiste intelectual) en el que quedan comprendidos los errores intelectuales, el desplazamiento, el contrasentido, etc. puede presentar una minoración del gasto psíquico.

    Página 124: Capítulo cuatro.

    Es más fácil según dice Freud, desviarse de una ruta mental iniciada que conservarse en ella.

    El “placer de disparatar” se halla encubierto, sólo para descubrirlo tenemos que ver la conducta de un niño y ver la conducta de un adulto ebrio.

    Para observar la conducta del niño, hay que experimentar en juego, con este material y el niño une las palabras sin tener en cuenta el sentido, como el único objetivo de alcanzar un ritmo o la rima. Este placer va siéndole prohibido al ir creciendo el niño, hasta sólo dejarle que diga frases con sentido.

    Página 125: Capítulo cuatro.

    El niño utiliza el juego para eludir el peso de la razón crítica, pero las limitaciones son pocas comparadas con las que tendrá a medida que avance su educación.

    El poder de la crítica llega a ser tan grande en el último estadio de la niñez y en el periodo de aprendizaje que va más allá de la pubertad, que el placer de disparatar ya no se atreven ni los adolescentes, sólo en casos patológicos (neurosis) es posible llegar a hablar como un escolar, ya que produce un placer inconsciente que les produce su propios desatinos al dar sus respuestas como equivocadas, a lo que esta participación se le califica como ignorante.

    Página 126: Capítulo cuatro.

    Más tarde el estudiante no prescinde tampoco de manifestar esta rebeldía contra la coerción intelectual y real, cuyo dominio sobre su individualidad siente hacerse cada vez más ilimitado e intolerante.

    Ya más entrado en la edad adulta, sólo es posible el placer del disparate gracias a las sustancias tóxicas como el alcohol o las drogas. El buen humor surgido por las sustancias tóxicas debilita las fuerzas coercitivas, entre ellas la crítica, y hace accesibles de este modo fuentes de placer sobre las que pesaba la coerción. El buen humor sustituye al chiste. Bajo la influencia del alcohol el adulto se convierte nuevamente en niño, al que proporciona placer la libre disposición del curso de sus pensamientos sin observación de la coerción lógica.

    Página 127: Capítulo cuatro.

    Por lo tanto este placer surge del ahorro de gasto psíquico y de la liberación de la coerción de la crítica.

    Una revisión de las técnicas del chiste, que antes dividimos en tres grupos, nos hace observar que el primero y el tercero de ellos pueden unirse en uno solo como procedimientos de restablecer antiguas libertades y de descargar al sujeto del peso de las coerciones impuestas por la educación intelectual. Estas técnicas son de “reducciones de la carga psíquica”, este junto al ahorro son dos principios sobre los que descansa la técnica del chiste y todo el placer que la misma produce.

    Página 128: Capítulo cuatro.

    En el ejercicio descrito por Gross descubre el sujeto infantil efectos de placer surgidos de la repetición de lo análogo y del reencuentro de lo conocido, que demuestran ser ahorros de gastos psíquicos.

    El primer grado preliminar del chiste sería el juego con palabras e ideas, motivado por determinados efectos placientes del ahorro. A este juego le pone fin la razón y la crítica, entonces este es rechazado por falto de sentido y acaba excluyendo la consecución de placer, excepto cuando un sujeto esté alegre que suprima la coerción crítica.

    El subsiguiente desarrollo del juego hasta el chiste es recogido por dos aspiraciones: la de eludir la crítica y la de sustituir el estado de ánimo.

    De este modo se constituye el segundo grado preliminar del chiste, es decir, “la chanza”.

    Página 129: Capítulo cuatro.

    En la chanza se encuentra todos los medios técnicos del chiste, y los usos del lenguaje no hacen entere chanza y chiste ninguna distinción importante. Lo que diferencia la chanza del chiste es que el sentido de la frase basta con que pueda expresarse de la forma escogida, en la chanza aparece en primer término la satisfacción de haber realizado lo que la crítica prohibía.

    Chiste: “Había un profesor llama Kaestner que le gustaba a hacer chistes, a lo que un día le dijo preguntó a un alumno suyo llamado de apellido Guerra cuantos años tenía, a lo que le interrogado el responde: 30 años, y dice el catedrático: ¡Ah! ¡Entonces tengo el honor de contemplar la guerra de los Treinta Años!

    Página 130: Capítulo cuatro.

    La técnica peculiar y exclusiva del chiste se hallará en su procedimiento de proteger el empleo de estos medios productores de placer contra las exigencias de la crítica, que motivarían la desaparición del mismo.

    La tendencia y la función del chiste, consistentes en proteger de la crítica las conexiones verbales e ideológicas productoras del placer, se muestran ya en la chanza como sus más esenciales características. Desde el principio su función es la de suprimir coerciones internas. Los dos puntos fijos de la condicionalidad del chiste, su tendencia a continuar el juego productor de placer y su esfuerzo en protegerlo de la crítica de la razón, aclaran, por qué el chiste aislado, cuando nos muestra disparatado desde un punto de vista, tiene desde otro, que parecernos sensato.

    Página 131: Capítulo cuatro.

    La psicogénesis nos ha enseñado que le placer del chiste procede del juego con palabras o del desencadenamiento del desatino, y que su sentido se halla destinado exclusivamente a proteger este placer contra su supresión por la crítica.

    La chanza intenta agradarnos y se contenta con que su expresión no nos parezca desatinada o falta de todo contenido. Cuando se muestra plena de contenido, pasa a ser un chiste.

    Por Cecilia Gutiérrez Valencia, 1º A

    Página 132: Capítulo cuatro.

    Constantemente nos equivocamos, sobreestimando unas veces la bondad del chiste, a consecuencia de nuestra admiración por el pensamiento en él contenido y otras el valor del tal pensamiento, impulsados por el placer que el revestimiento chistoso nos proporciona.

    El pensamiento busca el ropaje chistoso porque por medio del mismo se recomienda a nuestra atención y puede parecernos más importante y valioso, porque tales vestiduras sobornan y confunden a nuestra crítica.

    Si el chiste nos hace reír, queda establecida en nosotros una disposición desfavorable de la crítica, pues se nos impone desde el exterior aquel estado de ánimo que antes se satisfacía con el juego y que el chiste se ha esforzado en sustituir por todos los medios.

    El chiste no carece nunca de tendencia, pues persigue una segunda intención: la de mejorar el pensamiento, fortificándolo, y asegurarlo así contra la crítica. De este modo exterioriza el chiste su naturaleza primitiva, colocándose enfrente de un poder limitador y coercitivo: el juicio crítico.

    Esta primera utilidad del chiste, que va allá de la producción de placer, desencadena al resto.

    Página 133: Capítulo cuatro.

    El chiste que no tenía, entra secundariamente en relación con tendencias a las que la vida anímica no puede escapar. En el chiste obsceno, (chiste verde), convierte a la tercera persona que constituía un estorbo en la situación sexual primitiva. En la tendencia agresiva, transforma al oyente imparcial al principio, en un secuaz de su odio. En el primer caso domina la coerción del pudor; en el segundo elude el juicio crítico.

    En la revisión de las funciones del chiste tendencioso hemos observado el efecto del chiste en aquel que lo escucha. Pero son más importantes para la inteligencia las funciones que el chiste realiza en la vida anímica de aquel a quien se le ocurre.

    Página 134: Capítulo cuatro.

    El chiste ocasiona en el oyente lo que antes ha tenido lugar en el autor. La «represión» se caracteriza por sus efectos, consistentes en excluir de la conciencia los sentimientos, pero el chiste tendencioso consigue extraer placer incluso de estas fuentes sometidas a la represión. El chiste tendencioso fortifica las tendencias a cuyo servicio se coloca, aportándoles auxilios procedentes de sentimientos reprimidos o entra abiertamente al servicio de tendencias reprimidas.

    Éstas son las funciones del chiste tendencioso, pero no sabemos cómo las ejecuta.

    Página 135: Capítulo cuatro.

    G. Th. Fechner ha establecido en su introducción a la estética (T.I.V.) el «principio de la cooperación o puja estética», exponiéndolo de la forma siguiente: «De la unión de condiciones de placer, de escasa potencia cada una, surge un resultado de placer, superior, al que corresponde al valor de placer de tales condiciones tomadas por separado, y mayor aún de lo que pudiera explicarse por la suma de cada uno de los efectos. Por medio de tal reunión puede hasta conseguirse un positivo resultado de placer, incluso cuando cada uno de los factores es por sí sólo incapaz de lograrlo».

    Freud no está de acuerdo en esto pero hay una cierta relación con la hipótesis de Fechner; en la actuación conjunta de varios factores productores de placer no nos es posible atribuir a cada uno de ellos la parte que le corresponde en el resultado.

    ¿Qué sucede cuando en una constelación aparecen condiciones de placer junto a otras de displacer? ¿De qué depende el resultado y en qué se manifiesta?

    Página 136: Capítulo cuatro.

    En el caso del chiste tendencioso, existe un sentimiento de extraer placer de una fuente y lo hubiera conseguido de no tropezar con un obstáculo; existe otra aspiración que actúa en contra de esto. La aspiración represora tiene que ser más fuerte que la reprimida.

    Página 137: Capítulo cuatro.

    La investigación de las condiciones de la risa nos llevará a una definida representación del proceso por el que el chiste coadyuva a la lucha contra la represión. Una posibilidad de desarrollo es porque otra es cohibida. El resultado de esta agregación es un desarrollo de placer superior al de la posibilidad agregada, (prima de atracción), por medio de oferta de una pequeña magnitud de placer se ha conquistado una grande,. El placer que actúa como prima de atracción para conseguir la libertad de una magnitud se llama placer preliminar. El principio que queda establecido será el principio de placer preliminar.

    Podemos ya exponer el mecanismo del chiste tendencioso; se pone al servicio de tendencias para engendrar placer, suprimiendo represiones.

    Página 138: Capítulo cuatro.

    Como chiste, sin tendencia, presta su ayuda a las ideas y las fortalece contra los ataques del juicio crítico. El placer que produce se deriva del ahorro del gasto psíquico.

    Página 138: Capítulo cinco. Los motivos del chiste. El chiste como fenómeno social.

    El motivo de la elaboración de chiste es la intención de conseguir placer, pero también hay otros motivos diferentes que toman parte en la producción del chiste, y tampoco debemos olvidar el problema de la condicionalidad subjetiva del mismo.

    Dos hechos nos impulsan a hacerlo así. La elaboración del chiste es un medio de extraer placer de los procesos psíquicos, pero no todos se hayan igualmente capacitados para servirse de él, sólo a contadas personas, a las que caracterizamos diciendo que tienen “chiste”, de esta forma se denomina el “chiste” como una especial capacidad del alma pero independiente de las restantes como son la inteligencia, la memoria... Así pues, los sujetos chistosos poseen cualidades psíquicas que favorecen la elaboración del chiste. Sólo en ocasiones logramos conocer y reconocer las condiciones subjetivas del espíritu de su autor. El ejemplo con cuyo análisis hemos empezado nuestra investigación de las técnicas nos permite estudiar esto. Freud se refiere a la chistosa frase de Heine, que antes ya analizaron Heyman y Lipps:

    Página 139: Capítulo cinco.

    “Tan cierto como que de Dios proviene todo lo bueno, señor doctor, es que una vez me hallaba yo sentado junto a Salomón Rothschild y que me trató como a un igual suyo, muy familionarmente (familionär)”

    Esta frase la pone Heine en boca de un personaje cómico: el hamburgués Hirsch-Hyacinth, colector de lotería y casado. Aquí el poeta siente predilección por su criatura, pues le hace enunciar las deas más divertidas prestándole la más la práctica sabiduría de un Sancho Panza. En más de una ocasión nos quiere parecer que Hirsch-Hyacinth, se encuentra detrás del propio poeta que es quién habla, y si reflexionamos descubrimos pues, que es el cómico personaje constituye una auto parodia del propio Heine. Hirsch abandona su verdadero nombre adoptando el de Hyacinth, y esto exactamente le pasó a Heine cuando se cambió el nombre (Harry) por el de Heinrich. Además en su biografía el poeta tenía un tío en Hamburgo el cuál influyó mucho en su vida. Su nombre era Salomón, como el del viejo Rothschild que acogió al infeliz Hirsch tan familionarmente. De este modo, lo que en boca de Hirsch-Hyacinth nos parecía una chanza, muestra un fondo de amargura, atribuido al sobrino Harry-Heinrich. Quiso estrechar los lazos de unión con su familia y contraer matrimonio con una hija de su tío Salomón; pero la muchacha lo rechazó. Sus primos nunca le miraron tampoco con afecto. Freud recuerda aquí lo que le contó su tía, que por su matrimonio entró en la familia de Heine.

    Página 140: Capítulo cinco.

    Un día fue a comer a casa de Salomón y lo hizo al lado de un joven silencioso al que los demás trataban con cierto desdén y años después se supo que aquel joven era el poeta Enrique Heine. Este desvío de sus parientes hizo sufrir al Heine en su juventud y en años posteriores, tales emociones subjetivas dieron cuerpo al chiste cuyo análisis nos ocupa.

    No es nada sencillo precisar la naturaleza de condiciones subjetivas, ni podemos suponer a priori a cada chiste producto de tan complicada génesis. A veces, como cuando nos enteramos de que Lichtenberg era un hipocondríaco podemos pensar que las condiciones subjetivas de la elaboración del chiste no se hayan muy alejadas de las enfermedades neuróticas. Los chistes que surgen de los intereses de cada día son anónimos. Cuando en el ejercicio de la medicina se tiene ocasión de conocer a uno de los autores de chistes, se ve que se trata de sujetos predispuestos a enfermedades nerviosas. Pero por insuficiencia de pruebas nos abstenemos de erigir tal constitución en la formación del chiste.

    Constituyen un caso más transparente los chistes judíos, debidos a individuos de raza israelita, y esto influye en el factor de la burla brutal.

    Página 141: Capítulo cinco.

    En ellos se cumple, como en el chiste de Heine, la condición de que la persona participe en el contenido del chiste, pero no hay crítica o agresión directa al sujeto.

    Otras condiciones que hacen posible la elaboración del chiste. El móvil de los chistes inocentes es normalmente, el impulso de mostrara nuestro propio ingenio dándonos en espectáculo; esto es, un instinto equivalente a la exhibición en el terreno sexual. La existencia de numerosos impulsos retenidos, producirá la disposición favorable a la producción del chiste tendencioso. Componentes de la constitución sexual de un individuo pueden actuar como motivos de la formación de chistes. Los chistes obscenos permiten deducir en sus autores una tendencia a la exhibición. Los tendenciosos agresivos resultan fáciles para sujetos en cuya sexualidad puede demostrarse la existencia de componentes sadistas.

    La otra causa que hace que investiguemos la condicionalidad sujetiva del chiste es el hecho de que nadie se contenta con hacer un chiste únicamente para sí. Al chiste se halla ligado el impulso de comunicarlo. También la comunicación de lo cómico nos proporciona placer, pero el impulso no es tan imperativo. El proceso psíquico de la formación del chiste no parece terminar con el acto de ocurrírsenos.

    Página 142: Capítulo cinco.

    No podemos adivinaren qué puede fundarse la comunicación del chiste. Pero vemos en éste una nueva peculiaridad que agregar a aquellas que lo diferencian de lo cómico. Cuando lo cómico surge, lo primero que hacemos es reír, sin hacer a nadie participe de nuestra risa. Posteriormente quizá en cuando encontremos un placer en comunicar lo que nos ha divertido. En cambio no reímos del chiste que se nos ocurre, a pesar de que sea gracioso. Por tanto es posible que nuestra necesidad de comunicar el chiste se halle relacionada con tal efecto hilarante, que nos es negado como autores, pero que se manifiesta en las personas a las que se la hemos comunicado.

    Página 143: Capítulo cinco.

    ¿Por qué reímos de nuestros propios chistes? ¿Qué papel desempeña el oyente?

    Desarrollamos la segunda: en lo cómico toman parte dos personas, nosotros mimos, y aquella en la que hallamos la comicidad. Estas dos personas son suficientes

    para el proceso cómico. Cuándo el chiste es aún un juego de palabras, prescinde de una persona-objeto, pero cuando ya está desarrollado requiere de una segunda persona a la que poder comunicar su resultado, pero ésta no corresponde con la persona-objeto de la comicidad sino a una tercera persona a la que se le comunica el hallazgo cómico. En la chanza la segunda persona da la decisión de si la elaboración del chiste ha cumplido o no su cometido, como si el yo no confiase en su cometido. También el chiste inocente necesita de una segunda persona. Cuando el chiste tiene tendencias hostiles, se describe como un proceso psíquico entre tres personas, las mismas que participan en la comicidad, pero el papel de la tercera persona es muy distinto:

    Página 144: Capítulo cinco.

    El proceso psíquico se cumple entre la primera (yo) y al tercera (el oyente), no como en la comicidad entre el yo y la persona- objeto.

    También en la tercera persona del chiste tropieza éste con condiciones subjetivas que pueden privarle de producir placer. Como Shakespeare advierte:

    A jest´s prosperity lies in the car

    on him that hears it, never in the tongue

    of him that makes it...(1)

    Aquel cuyo estado de ánimo sea bajo y malo, no será un buen juez para confirmar con sus risas que el chiste ha conseguido su propósito. La tercera persona debe tener buen humor. Esto les pasa también al chiste inocente y el tendencioso, agregándose en este último un nuevo peligro: la oposición a la tendencia que el mismo intenta favorecer. Si reímos de un chiste obsceno no podrá constituirse cuando se refiera a una persona ligada por lazos de familia. Por ejemplo, ante un auditorio de amigos de un aniversario, las más chistosas ideas que se puedan ocurrir no serían tomadas como chistes sino como indignación.

    Allí dónde no aparecen estos problemas al efecto del mismo, surge el fenómeno que estamos estudiando, es decir, el del placer que el chiste ha producido se muestra con mucha más claridad en la tercera persona que en su propio autor.

    Página 145: Capítulo cinco.

    Vemos que el oyente testimonia su placer con grandes risas después que la primera persona ha relatado el chiste, y que al contar de nuevo nos obliga a conducirnos en el relato, en la misma forma que su autor nos condujo a comunicárnoslo. Podremos deducir de esta condicionalidad de la risa alguna conclusión sobre el proceso psíquico de la elaboración del chiste.

    No podemos intentar una revisión de la naturaleza de la risa, además nos apartaría la frase de Dugas, un discípulo de Ribot que dice en su libro: Psychologie du rire (1902): Il n´est pas de fait plus banal est plus étudié que le rire; il n´est pas que ait eu le don d´exciter danvantage la curiosité du vulgaire et celle des philosophes, il n´en est pas sur lequel on ait recueilli plus d´observations et bâti plus des theóries et avec cela il n´en est pas qui demeure plues inexpliqué ; on serait tenté de dire avec les sceptiques qu´il faut être content de rire et de ne pas chercher à savoir pourquoi on rit, d´autant que peut-être la réflexion tue le rire, et qu´il serait alors contradictorie qu´elle en decouvrir les causes.

    Haremos una hipótesis sobre el mecanismo de la risa que se incluye excelentemente en nuestro círculo de ideas. Spencer lo explica en su libro “Physiology of Laughter (2)”

    Según Spencer, la risa es un fenómeno de la descarga de excitación anímica y constituye una prueba de que el empleo psíquico de tal excitación ha tropezado con un obstáculo, la risa es descrita: Laughter naturally results only when consciousness is inawares transfered from great things to small-only when there is what we may call a descending incongruty (3)

    En un análogo sentido definen los autores franceses (Dugas) la risa como un fenómeno de distensión

    Página 146: Capítulo cinco.

    También la fórmula de A Bain: Laughter is a relief from restraint, se aparta muy poco de la teoría de Spencer.

    Debemos modificar la idea de Spencer, determinando las representaciones en él contenidas y, transformándolas.

    Diríamos que la risa surge cuando una energía psíquica, dedicada al revestimiento de caminos psíquicos, se hace inutilizable y puede descargarse libremente. Una famosa frase de Lipps sobre la comicidad y el humor es, “Al fin y al cabo todo problema psicológico nos conduce a las profundidades de la Psicología; de modo que, en el fondo, ninguno de ellos se deja de tratar aisladamente.” Freud consideraba filosóficamente los hechos de la Psicopatología, y en su interpretación de los sueños en 1900, ha estatuido los procesos psíquicos inconscientes y no los contenidos de la conciencia como lo psíquicamente eficiente. Pero Freud no intentó proclamar los caminos de la risa a las células y fibras o al sistema de las neuronas, aunque también deberían de poder representarse por elementos orgánicos del sistema nervioso.

    Página 147: Capítulo cinco.

    Así pues, según la hipótesis, se dan en la risa las condiciones para que una suma de energía psíquica, utilizada como revestimiento, sucumba a una libre descarga, y aunque no toda la risa es un signo de placer, diremos que tal placer, es la remoción de la carga. Cuando el oyente ríe y el autor del chiste no, pensamos que en el primero es derivado un gasto de revestimiento, mientras que en la elaboración del chiste surgen obstáculos que se oponen a la remoción. Podemos caracterizar el proceso que se verifica en el oyente (la tercera persona del chiste), diciendo que él mismo produce con muy poco gasto, el placer del chiste. Él mismo hace surgir en su espíritu aquella representación de ideas cuya representación tropezaba en él. Para hacerlo bien, hubiera tenido que hacer un esfuerzo mayor para vencer la energía del estorbo, de aquí resulta que su placer deriva de la energía de ahorro. Diremos pues, que la energía de revestimiento dedicada a la retención, ha devenido y logrado, (por medio de la percepción auditiva), superflua, quedando dispuesta a descargarse en la risa. Aún así, ambas explicaciones son paralelas, pues el gasto ahorrado corresponde a la retención devenida, pero en la segunda, el oyente gasta riendo esta magnitud.

    Página 148: Capítulo cinco.

    Dijimos antes que si la persona a la que se le cuenta el chiste no pudiera reír, el proceso se verificaba de una manera distinta; diferencia que podría hallarse en la

    remoción de la carga de retención, o en la descarga de la misma. Pero el primer caso tiene que ser excluido, la carga de retención debe ser removida también en la primera persona; pues si no, ni existiría el chiste, ni sería posible que la primera persona sintiera el placer que al mismo acompaña, y que tenemos que derivar de la remoción de la retención. Así pues, nos queda el otro caso, que la primera persona no puede reír, porque la posición de descarga se halla perturbada, que puede ser producida por el destino de la energía de revestimiento libertada a un distinto empleo. Esta posibilidad es importantísima, pero también hay otra condición, que nos lleva al mismo resultado.

    Página 149: Capítulo cinco.

    A pesar de la conseguida remoción del revestimiento de retención, puede no haber quedado libre una magnitud de energía capaz de exteriorizarse. La primera persona gasta energía en la elaboración del chiste, aunque produzca su energía de revestimiento, pero la cuantía del gasto producido por la elaboración del chiste aminora, como un sustraendo, la ganancia conseguida por dicha remoción. Este gasto es el mismo que tiene lugar en el oyente del chiste. Para apoyar esto, podemos decir que el chiste pierde también en la tercera persona su efecto hilarante cuando necesita un gasto de trabajo intelectual. Las alusiones del chiste tienen que ser evidentes y fáciles, sino su efecto es destruido por la aparición intelectual (diferencia entre chiste y adivinanza).

    Página 150: Capítulo cinco.

    Así hemos esclarecido porqué ríe la primera persona mejor, y la primera no ríe.

    Hay una serie de peculiaridades del chiste. Si en la tercera persona ha de ser libertada una magnitud de energía de revestimiento capaz de descarga, habrán de cumplirse varias condiciones:

    1. ª Ha de quedar asegurado que la tercera persona lleva a cabo este gasto de revestimiento.

    2. ª Debe evitarse que el mismo, una vez libre, halle un empleo distinto en lugar de ofrecerse a la descarga motora.

    3. ª será un extremo ventajoso que el revestimiento sea intensificado previamente en la tercera persona.

    También hay técnicas secundarias del chiste:

    La 1ª fija una de las cualidades de la tercera persona como oyente. Tiene éste que coincidir psíquicamente con la primera persona lo bastante para tener iguales retenciones internas, (el individuo acostumbrado a chistes verdes no extraerá placer de un chiste desnudo). De este modo cada chiste exige su público.

    Página 151: Capítulo cinco.

    La 2ª condición para la descarga libre es más importante pues está la explicación teórica de la inseguridad del efecto del chiste cuando en el oyente son despertadas representaciones excitantes por los pensamientos expresados en el mismo; pero existe una serie de técnicas auxiliares del chiste que se encargan de apartar la atención del oyente del proceso del chiste y dejar que el mismo se realice automáticamente. Aquí se trata de mantener alejada la sobrecarga de la atención del proceso psíquico incitado por la audición del chiste, y la utilidad de estas técnicas nos hace pensar que el revestimiento de atención toma una gran parte en la vigilancia y nuevo empleo de la

    energía que queda libertada. El chiste se sirve de: 1º. Tiende a una expresión lo más breve posible, para ofrecer a la atención un mínimo de superficie atacable.

    Página 152: Capítulo cinco.

    2º. Es fácilmente comprensible, pues si exige intelectualidad, peligraría su efecto. Pero además, también utiliza el habilísimo de desviar la atención, ofreciéndole en la expresión del chiste algo que la encadene mientras se lleva a cabo la liberación del revestimiento y su final descarga. Para desviar la atención del chiste se crean las fachadas silogísticas que cumplen la misión de retener la atención planteándola un problema. Mientras comenzamos a reflexionar en la solución nos reímos. Lo mismo se dice de los chistes con fachada cómica, porque la comicidad presta su auxilio a la técnica del chiste, favorece el efecto del mismo no solo facilitando el automatismo del proceso chistoso sino coadyuvando a la descarga producto del chiste, con la producción de una descarga preeliminar debida a lo cómico. La comicidad actúa como soborno. Entre las técnicas del chiste dichas, son el desplazamiento y la representación por las que muestran mayor desviación de la atención.

    Página 153: Capítulo cinco.

    Con la desviación de la atención descubrimos un rasgo esencial del proceso psíquico en el oyente del chiste: 1º. Vemos por que no sabemos casi nunca de que reímos, aunque después lo analicemos. Esta risa es el resultado de un proceso automático, que fue posible por el alejamiento de nuestra atención consciente. 2º. Llegamos a la inteligencia de que el chiste no manifiesta su completo efecto en el oyente. Esta peculiaridad se deriva de que la esencia de una sorpresa está en no lograrse por segunda vez. En la repetición de un chiste la atención es guiada por el recuerdo de su audición primera, por eso contamos el chiste a otras personas.

    Las circunstancias que favorecen al chiste son destinadas a elevar la magnitud de su efecto, las cuales acrecen también la atención dirigida hacia el chiste; pero al mismo tiempo, anulan su posible influencia encadenándola y estorbando su movilidad. En estos sentidos actúa todo aquello que despierta interés y produce desconcierto, pues provoca en el oyente aquel estado de la distribución de la energía que Lipps ha calificado de «estancamiento psíquico», deduciendo luego, que la descarga será mas fuerte cuanto más elevado sea el estancamiento anterior.

    Página 154: Capítulo cinco.

    La exposición de Lipps no se refiere al chiste, sino a lo cómico, pero me parece muy verosímil.

    La técnica del chiste es determinada por dos tendencias: las que hacen posible la formación del chiste en la primera persona y las que deben procurar el mayor efecto posible en la tercera. Esta doble faz pertenecen a la primera tendencia; la restante complicación de la técnica por las condiciones señaladas surgen con la tercera persona. Todo lo que se consigue con el placer que está dirigido a la tercera persona, como si hubiera obstáculos en la primera. Por ello la tercera persona es insustituible. De las dos interrogaciones: ¿Por qué no podemos reír de los chistes de los que somos autores?, y ¿por qué somos impulsados a relatar a otros nuestros propios chistes?, no hemos contestado a la primera, aunque sospechamos que entre los dos existe un enlace y que si tenemos que comunicar nuestros chistes es por no reír nosotros de ellos. En la primera

    persona faltan las condiciones para la descarga y solo existen las de consecución de placer, entonces completamos el placer alcanzando la risa, que como autores del chiste, nos está vedada, en la impresión de la tercera persona a la que incitamos a reír.

    Página 155: Capítulo cinco.

    Así reímos par ricochet, según Dugas. La risa son manifestaciones contagiosas de los estados psíquicos. La comunicación de su chiste servirá: 1º. Proporciona seguridad objetiva del éxito de la elaboración del chiste; 2º. Completará nuestro placer por el efecto que de rechazo nos produce el oyente; 3º. -en la repetición de un chiste del que no somos autores-, compensará la pérdida de placer ocasionada por la desaparición de la novedad.

    Existe una economía que consiste en evitar gasto psíquico, fuera por limitación en el uso de palabras o en la constitución de pensamientos. La brevedad del chiste y la primitiva consecución de placer, provenían exclusivamente de ahorro de gasto; pero con el desarrollo del juego hasta el chiste, la tendencia economizante tuvo también que variar sus fines.

    Página 156: Capítulo cinco.

    Es necesaria la economía dentro del cuerpo del chiste pero no demasiado, pues sería escaso e insuficiente para la producción de placer en la persona, entonces se originó la minoración en lugar de la economía. Vemos claramente que el primero produce una sensación de placer mucho más importante. El proceso crea placer en la primera persona del chiste, por la remoción de una coerción y la minoración del gasto local. Pero parece luego detenerse hasta haber alcanzado mediante la tercera persona interpelada, la minoración general, resultado de la descarga.

    Página 158: Capítulo seis. Relación del chiste con los sueños y lo inconsciente.

    En la investigación de la técnica del chiste observamos que los procesos de condensación, de desplazamiento y de representación coincidían con el proceso de la evaluación de los sueños. Por eso estudiamos tales analogías. La obra Freud de interpretación de los sueños produjo más desconcierto que esclarecimiento, aún así Freud no ha modificado nada de su obra.

    Página 159: Capítulo seis.

    Para hacer la comparación entre el chiste y el sueño expondremos algunos extremos de la concepción de los sueños y de su elaboración psíquica.

    Conocemos los sueños por el recuerdo al despertar. Se nos muestra como un conjunto de impresiones sensoriales (visuales) en las que se hayan mezclado procesos mentales y manifestaciones afectivas. Este recuerdo lo denominó contenido manifiesto del sueño. Pero aunque en ocasiones el sueño parezca coherente, constituye algo extraño a nuestra vida psíquica. La explicación se ha buscado en el mismo sueño, considerándolo como una manifestación dormida de los elementos nerviosos.

    El sueño es considerado por Freud como la trascripción deformada e incompleta de determinadas formaciones psíquicas correctas a las que se les llama ideas latentes del sueño. Al conocimiento de éstas, se llega dividiéndolas en su sentido y en los hilos de asociación de cada uno de los elementos aislados.

    Página 160: Capítulo seis.

    Estos hilos conducen a una trama de pensamientos que son correctos y pueden ser incluidos en nuestros procesos psíquicos.

    De la comparación del contenido manifiesto del sueño con las ideas latentes surge la «elaboración del sueño», nombre que designa el conjunto del proceso de transformación que han convertido las ideas latentes en el contenido manifiesto. Producto de esta elaboración son aquellas singularidades del fenómeno onírico.

    La función de la elaboración onírica es descrita por: un conjunto de ideas construido por el día y que no ha llegado a resolverse -un resto diurno- conserva durante la noche su acervo de energía (interés) y amenaza con perturbar el reposo nocturno. Para evitarlo, se apodera de él la elaboración y lo transforma en un sueño inofensivo para el reposo.

    Tal resto diurno deberá ser acto si puede desarrollarse el sueño para provocar deseo el cual constituye el grado preliminar y el nódulo del sueño. En el niño basta un deseo cualquiera de la vida despierta, para provocar un sueño coherente. En el adulto el deseo lo provoca el conocimiento, al ser extraño al pensamiento consciente.

    Página 161: Capítulo seis.

    Si no aceptamos lo inconsciente no podemos desarrollar la teoría del sueño ni interpretarlos. La actuación de este deseo inconsciente sobre la conciencia de las ideas latentes produce, el sueño, por eso hay que descender a lo inconsciente y lo que caracterizamos y conocemos del pensamiento inconsciente y de sus diferencias del «preconsciente» capaz de conciencia es por la elaboración onírica.

    Una teoría nueva difícil y contraria a nuestros hábitos mentales no puede ganar en luminosidad al ser expuesta abreviadamente. Habrá personas que con estas explicaciones no acepten el concepto de lo inconsciente debido a que han seguido una disciplina filosófica determinada, pero con frecuencia esto ocurre porque la mayoría no conocían las fuentes por las que salía este término. No habían reflexionado que lo inconsciente es algo que no sabemos pero que deducimos.

    Página 162: Capítulo seis.

    Tampoco querían creer la existencia de tales pensamientos en su propia vida anímica por medio del análisis de sus sueños. Freud afirma que no es fácil aceptar lo inconsciente y que por eso negamos su posibilidad.

    Volviendo atrás, la elaboración del sueño, somete el material ideológico que le es dado a un proceso: 1º. Le hace pasar del optativo al presente (ojalá fuera por un es). Este “presente” provoca la alucinación que Freud califica de “regresión” de la elaboración del sueño; esto es, el recorrido desde los pensamientos psíquicos a las imágenes de percepción. Por este camino, las ideas del sueño adquieren perceptibilidad y se crea una escena plástica como nódulo de la imagen onírica. Para alcanzar la representación sensorial han tenido ya que experimentar. Como consecuencia de la regresión, desaparecen en dicha manifestación casi todas las relaciones que mantenían, formando un todo a las ideas latentes.

    Página 163: Capítulo seis.

    Pero no podemos derivar de la regresión otra parte de la elaboración del sueño y precisamente aquella que nos es más importante para establecer su analogía con la elaboración del chiste. El material de las ideas latentes experimenta durante la elaboración onírica una condensación, cuyos puntos de partida son las coincidencias que existen entre las ideas latentes. Cuando éstas son insuficientes para una amplia condensación se crean otras pasajeras y artificiosas, las cuales son representantes de estas ideas, al contenido manifiesto, así un elemento del sueño corresponde a un cruce de las ideas latentes que se denomina «superdeterminado». Ésta es la parte más fácilmente visible de la elaboración del sueño.

    Página 164: Capítulo seis.

    Más difícil es convencerse de la segunda transformación que la elaboración del sueño provoca en las ideas latentes calificado de «desplazamiento del sueño». Este proceso aparece centralmente y con intensidad sensorial (en las ideas latentes era periférico y accesorio). El sueño se muestra entonces desplazado, y por eso es incomprensible para la vida anímica despierta. Para que se produzca tal desplazamiento tiene que pasar la energía de carga desde las representaciones importantes a las tribales, proceso que hace la impresión de un error intelectual.

    La condensación, el desplazamiento y la transformación son las tres funciones que hace la elaboración onírica.

    Página 165: Capítulo seis.

    En un desarrollo de las ideas de la «tópica del aparato anímico» y de la «regresión» debería determinarse en qué estaciones de la regresión se realiza cada transformación de las ideas latentes. El desplazamiento del material ideológico se lleva a cabo cuando se halla en los procesos inconscientes. La condensación es un mecanismo que actúa a lo largo de todo el proceso hasta su llegada a la percepción, el proceso que prepara el sueño debe situarse en la región de lo inconsciente. De este modo se distingue entre ese estado en la elaboración onírica: 1º. El paso de los restos diurnos preconscientes a lo inconsciente; 2º. La elaboración del sueño en lo inconsciente; 3º. La regresión del material onírico a la percepción en la que el sueño se hace consciente.

    Las fuerzas que participan en la elaboración son el deseo de dormir, la carga de energía restante que queda después del reposo, la energía psíquica del deseo inconsciente provocador del sueño y la fuerza contraria de la «censura» que está en la vida despierta y no queda suprimida durante el sueño.

    Lo que nos llevó a estudiar la relación del chiste en los sueños fue la descubrir que el carácter y el efecto del chiste se hallaban ligados a formas expresivas, vimos que procesos de idénticos resultados nos eran ya conocidos como peculiares a la elaboración de los sueños.

    Página 166: Capítulo seis.

    Por eso deducimos que la elaboración del chiste y la de los sueños son idénticas. La elaboración de los sueños sabemos cómo es, pero los procesos del chiste queda aquella parte que podríamos comparar a la elaboración onírica: la elaboración del chiste en la tercera persona. Algunos de los rasgos del sueño son tan extraños al chiste que no podemos relacionarlos. La regresión a la percepción, falta en el chiste pero otros, transportados a la elaboración del chiste nos da idénticos resultados. Diremos que el proceso del chiste en la primera persona es: un pensamiento preconsciente es abandonado por un momento a la elaboración inconsciente, siendo luego acogida en el acto el rescatado por la percepción consciente.

    Puede haber una posible objeción. Partiendo de que las técnicas del chiste son procesos idénticos a los del sueño se podría decir que no hubiéramos descrito sus técnicas como condensación, desplazamiento...Ni sabríamos estas coincidencias sin el conocimiento que la elaboración onírica no implicase en la elaboración del chiste.

    Página 167: Capítulo seis.

    Esto no nos da garantía, pero a fuerza de penetración que el previo conocimiento de la elaboración de los sueños ha prestado a nuestra investigación, fuese la que nos descubriera las coincidencias observadas, antes ocultas. También quedan resueltas éstas por un examen crítico, pero no tenemos porqué temer tal crítica.

    Hay otra objeción, las técnicas del chiste descubiertas son admisibles; pero no todas las existentes porque si hubiésemos encontrado otra que no tuviesen relación con el sueño, las habríamos omitido. No afirmamos que hayamos explicado las técnicas de todos los chistes, pero no hemos omitido ninguna de las que nos han aparecido.

    Página 168: Capítulo seis.

    El chiste posee otro carácter relacionado con el sueño. «Hacemos» el chiste pero de distinta forma q un juicio o presentamos una objeción. El chiste posee un grao de «ocurrencia involuntaria». No sabemos que chiste vamos a contar y de pronto surge por un vacío en la vida intelectual. Algunos de los medios del chiste hallan también empleo fuera del mismo en la expresión de nuestros pensamientos. Nuestra hipótesis es que en la elaboración del chiste dejamos caer en lo inconsciente un proceso mental que surge luego de nuevo en calidad de chiste.

    Página 169: Capítulo seis.

    Los chistes muestran una diferente conducta. Rehúsan acudir a nuestra mente en el momento en que los requerimos y, en cambio, sin saber cómo, surgen de manera involuntaria. Son caracteres de escasa importancia pero tienen procedencia del inconsciente del chiste.

    Reunamos todos lo caracteres productos de su formación en lo inconsciente. Ante todo, la brevedad del chiste (muy característico), que sería, como la del sueño, un necesario concomitante de la condensación que en ambos tiene lugar; esto es un resultado del proceso de condensación.

    Página 170: Capítulo seis.

    Primero hemos definido los resultados de la condensación, el múltiple empleo del mismo material, el juego de palabras y la economía de la cual derivada el placer del chiste. Después descubrimos la intención original del chiste en la consecución de dicho placer por medio del manejo de palabras. Pero ¿no aparecen aquí dos distintas teorías incompatibles sobre el mismo hecho? No, no so distintas, una es extraña a la otra y relacionándolas habremos avanzado mucho. Que las condensaciones son fuentes de placer, es compatible con la hipótesis de que hallan en lo inconsciente las condiciones de su génesis; en lo inconsciente se logra la condensación productora de placer que el chiste precisa. Hay aparentemente opuestos dos factores. Son dos conclusiones de que el chiste podía hacer surgir en la infancia de la razón, tales condensaciones aportadoras de placer y de que también lleva a cabo la misma función pero más elevada mediante la sumersión del pensamiento en lo inconsciente. Lo que sucede es que esto es lo único que existe en la época infantil.

    Página 171: Capítulo seis.

    Esta ideación infantil que conserva luego en su inconsciente el adulto, pues queda así rectificada in statu nascendi. Algunas veces se manifiesta y consigue hacernos reír de lo que denominamos «simpleza infantil». Todo descubrimiento de tal inconsciente hace un efecto «cómico».

    Sabemos que los desplazamientos que aparecen en al elaboración del sueño indican la actuación de la censura del pensamiento conciente, y suponemos hallar el desplazamiento entre las técnicas del chiste que también en la elaboración del mismo interviene un poder coercitivo.

    Página 172: Capítulo seis.

    Así es placer del chiste está en el disparate pero que no se manifiesta por la razón crítica. Pero en la forma en que la elaboración del chiste consigue esta victoria es en donde se muestra una diferencia decisiva entre el chiste y el sueño. En la elaboración onírica se realiza mediante desplazamientos y por la elección de representaciones lo bastante lejanas a la censura. Así pues, en ningún sueño dejan de existir desplazamientos y debiéndose considerar como tales representaciones indirectas. También la elaboración del sueño exagera hasta lo ilimitado el empleo de estos medios de la representación indirecta.

    Página 173: Capítulo seis.

    Todos estos medios de desplazamiento constituyen también técnicas del chiste; pero cuando se muestran así respetan los límites impuestos en el pensamiento conciente y pueden asimismo faltar, aunque el chiste tenga que remover un obstáculo. Comprende esta falta de desplazamiento porque el chiste dispone ara defenderse de la coerción, otra técnica que constituye su característica. El chiste no establece, como el sueño, transacciones; no elude el obstáculo, sino que es expuesto al juego verbal; pero sólo se elige en los que el disparate puede aparecer admisible (chanza) o atinados (chiste) merced al múltiple significado de de las palabras.

    El chiste tendencioso tiene que vencer obstáculos de dos clases: aquellos que se oponen a su propia consecución y aquellos otros que se oponen a su tendencia, siendo las alusiones y los desplazamientos apropiados para lograr la remoción de estos últimos.

    Página 174: Capítulo seis.

    También veremos que el chiste, a consecuencia del papel desempeñado por la tercera persona, está ligado a cierta condición de la que el sueño se halla libre.
    Entre las técnicas comunes al chiste y al sueño son interesantes la representación antinómica y el empleo del contrasentido. La primera es por medios más energéticos del chiste (chiste por superación). La representación antinómica no consigue sustraerse a la atención consciente. Cuando una persona chistosa responde a una cuestión de manera cómica para que las personas rían y no encontrará respuesta dada de elusión.

    Página 175: Capítulo seis.

    Quizá deba la representación antinómica esta ventaja a la circunstancia de constituir el nódulo de otra forma expresiva, productora, del pensamiento. Freud se refiere aquí a la ironía, que se aproxima mucho al chiste. Consiste en expresar lo contrario de lo que deseamos comunicar; pero ahorra a toda réplica. La ironía sólo puede emplearse cuando el oyente está preparado a oírnos contradecirle de manera que existe en él, a priori, una tendencia a la contrarréplica.

    En la elaboración del sueño, la representación antinómica tiene un papel más considerable. El sueño gusta no sólo de representar dos contrarios por una en la misma formación mixta, sino que transforma con frecuencia un objeto incluido en las ideas latentes. «De ningún elemento de las ideas del sueño pueden afirmarse, a priori, que no represente precisamente a su contrario».

    Página 176: Capítulo seis.

    Es un hecho aún incomprendido. Pero parece indicar un importante carácter del pensamiento inconsciente: la carencia de un proceso comparable al de «juzgar» por la «represión». Ésta puede ser descrita como el grado intermedio entre el reflejo de defensa y la condenación (8).

    El disparate y el absurdo, aparece en el sueño, no nacen casualmente la acumulación de elementos de representación, sino que son permitidos por la elaboración onírica y representa una amarga crítica. El absurdo sustituye en él a un juicio despreciativo. El disparate es en el chiste utilizado para idénticos fines de representación. Existen otros caminos para reconquistar el disparate y extraer de él placer, (la caricatura, la parodia y la exageración).

    Página 177: Capítulo seis.

    El hecho de situar la elaboración del chiste en el sistema de lo inconsciente ha ganado importancia. Pero puede sospecharse que la innegable de la relación del chiste con lo inconsciente sólo existe en determinadas categorías y no en todos, por eso examinamos éstos.

    La formación del chiste en lo inconsciente se trata de chistes con tendencias inconscientes (chistes «cínicos»). La idea preconsciente se sumerge en lo inconsciente para transformarla allí. En los chistes tendenciosos de otro género en inocente y en la chanza, parece dudosa la relación.

    Analicemos la expresión chistosa de un pensamiento con cualquier proceso mental. Para convertir en chiste dicho pensamiento se llevará a cabo las formas expresivas necesarias, la consecución del placer verbal.

    Página 178: Capítulo seis.

    La atención consciente no la lleva a cabo esta selección; pero permitirá que la carga psíquica de los pensamientos preconscientes sea atraída a lo inconsciente y se selecciona la expresión verbal. En la cuál encierra en sí la consecución de placer verbal y actúa sobre la vacilante concepción del pensamiento preconsciente, haciéndola descender la tendencia inconsciente.

    La concepción de Freud del chiste es fruto del estudio de su técnica y de la comparación de su elaboración con la de los sueños y como las deducciones obtenidas nos han llevado a dominios nuevos y desconcertantes a considerar «hipótesis» y no «prueba» la relación existente.

    Página 179: Capítulo seis.

    Relacionando los grados del chiste con las disposiciones anímicas favorables podremos establecer: la chanza nace de un buen estado de ánimo, una tendencia a una minoración de las cargas anímicas. Utiliza todas las técnicas del chiste y selecciona un material verbal que satisfaga la consecución de placer y las de la crítica comprensiva. En el chiste inocente falta esto y, por tanto, tendremos que suponer existente una especial aptitud personal para abandonar la carga psíquica preconsciente y cambiarla por la inconsciente. En estado de buen humor el hombre es capaz de producir chanzas. Por último, actúa como el más energético estímulo para la elaboración del chiste la existencia de tendencias que se extienden hasta lo inconsciente y representan una aptitud para la producción chistosa, constituyendo también una explicación de las condiciones subjetivas aparezcan cumplidas en personas neuróticas.

    Página 180: Capítulo seis.

    Hacemos por último una corta comparación del mismo con los sueños. La principal de éstas yace en su conducta social. El sueño es un producto anímico asocial. No comunica. Nace en lo íntimo del sujeto y carece de interés para los demás. Tiene que evitar ser comprendido. El chiste es la más social de todas las funciones anímicas encaminadas a la consecución del placer. Tiene que hallarse ligado a la condición de comprensibilidad, y la deformación que por medio de la condensación y del desplazamiento pueda surgir en lo inconsciente. Por lo restante, sueño y chiste surgen en dominios diferentes de la vida anímica y en puntos del sistema psicológico muy alejados. El sueño es un deseo y el chiste un juego desarrollado. El sueño conserva una relación con intereses vitales.

    Página 181: Capítulo seis.

    El chiste busca extraer una pequeña consecución de placer de la simple actividad de nuestro aparato anímico, y más tarde, lograr tal aportación de la actividad del mismo, y de este modo llega secundariamente a importantes funciones. El sueño se encamina al ahorro de displacer, y el chiste a la consecución del placer.

    Página 181: Capítulo siete: El chiste y las especies de lo cómico.

    El chiste lo consideramos un subgrupo de la comicidad, y hemos descubierto, la relación entre ambas y algunos datos muy importantes para el conocimiento de la comicidad. La conducta social de lo cómico es distinta de la del chiste. Lo cómico precisa de dos personas: una que lo descubre y otra en la que es descubierto, una tercera persona, intensifica el proceso pero no cambia nada, (el chiste precisa obligadamente de dicha tercera persona). El chiste «se hace» y la comicidad «se descubre».

    Página 182: Capítulo siete.

    El chiste abre fuentes de placer inaccesibles, y lo cómico le sirve de fachada y se sustituye al placer preliminar que tendría que lograr por medio de técnicas pero como la comicidad es tan compleja no podemos estudiar del chiste.

    Lo ingenuo es la especie de lo cómico más cercana al chiste. Es «descubierto» como la comicidad, y no «hecho», como el chiste, carácter que presenta exclusividad, podríamos decir que «poner en ridículo» es «poner en cómico». Lo ingenuo tiene que producirse, sin nuestra intervención, en los actos de la segunda persona que vence una coerción que en realidad no existe en él.

    Página 183: Capítulo siete.

    Ésta es condición precisa de lo ingenuo, su efecto es irresistible y fácil de comprender. Un gasto de coerción efectuado deviene de pronto superfluo por la audición de la ingenuidad y es descargado en la risa, sin que sea necesaria la atención. Nos referimos ahora a la tercera persona del chiste, a la que el ahorro de coerción es regalado.

    Lo ingenuo parece sobre todo y secundariamente en los adultos pocos cultivados, llama la atención que manifestaciones ingenuas, puedan, sin violencia ser calificadas de «chistes ingenuos». Ahora veremos que el chiste y la ingenuidad coinciden pero también difieren.

    Página 184: Capítulo siete.

    Una niña de tres años advierte a su hermano: “no comas tanto. Te pondrás malo y tendrás que tomar una bubicina por medicina”. “¿Bubicina? -Dice la madre- ¿Qué es eso?” “Sí -replica la niña-; yo tuve que tomar una medicina”. La niña cree que lo que le mandó el médico se llamaba medicina por estar destinado a ella (Maedi = niña; Medizine = medicina) y deduce que siendo para su hermano, deberá llamarse bubicina (Bubi = niño). Estas palabras nos muestran como un chiste verbal apenas si nos harán sonreír; en cambio, como ingenuidad nos parecen excelentes y nos mueven a risa. Pero ¿cuál es la diferencia? Eso dependerá de que supongamos que el sujeto ha tenido la intención de hacer un chiste o que no ha hecho sino deducir una consecuencia, dejándose guiar por su infantil ignorancia. Sólo aquí se tratará de una ingenuidad.

    Vemos pues, que lo ingenuo, nos ofrece, un cambio de transporte del oyente al proceso psíquico de la persona productora. Analicémoslo.

    Una niña y un niño representan ante su familia una obra teatral de la que ellos son autores. La escena representa una cabaña a orillas del mar. En el primer acto se lamentan de lo miserable de su vida. El marido decide embarcar a buscar fortuna. En el segundo acto han pasado años. El pescador ha hecho fortuna, vuelve a casa y la mujer esperándole le cuenta sus aventuras.

    Página 185. Capítulo siete.

    Entonces ella le dice “Tampoco he estado holgazaneando todo este tiempo. Mira.” Y abriendo la puerta de la cabaña le muestra doce niños. Al llegar aquí el auditorio ríe, y los intérpretes enmudecieron. Estas risas explican porque los espectadores suponen que los infantiles autores desconocen las condiciones del nacimiento de los niños y creen, que una mujer puede vanagloriarse de la descendencia durante una larga ausencia del esposo. Aquello han producido por su ignorancia forma en el oyente la esencia de la ingenuidad.

    Este análisis nos descubre: la ingenuidad (verbal) coincide con el chiste en expresión y en el contenido, haciendo nacer, un equivocado empleo de palabras. Pero el proceso psíquico que se realiza en la primera persona en el chiste falta.

    Página 186: Capítulo siete.

    Todos sus caracteres dependen de la interpretación del oyente, que ocupa el lugar de la tercera persona del chiste. La primera persona -crea la ingenuidad- la crea sin esfuerzo. Si para la eficacia del chiste era condición que ambas personas tuviesen idénticas coerciones, en la ingenuidad una de las personas posee coerciones y la otra está libre. El placer de la ingenuidad hace surgir podemos determinarlo como producto de la remoción de una coerción, y dado que el placer del chiste posee idéntico origen podremos fundar en su analogía, pero el proceso psíquico que se verifica en la persona receptora (ingenuidad es nuestro yo y en el chiste es la persona productora) es en la ingenuidad más complicada y mucho más sencillo a la persona productora. Sobre la persona receptora tiene la ingenuidad oída que actuar como chiste pues facilita la remoción de la censura.

    Página 187: Capítulo siete.

    Pero sólo puede explicarse por este proceso una parte.

    Este factor está constituido por la condición, de que para aceptar algo como una ingenuidad tiene que haber falta de coerción en la persona productora. Entonces reímos en lugar de indignarnos. Otra explicación sería que al darnos cuenta que la persona productora no domina ninguna coerción, superflua nuestra indignación. Así, la risa nacería de la indignación ahorrada. Pero para alejarnos de esta hipótesis errónea diremos que lo ingenuo es la naturaleza del chiste. Este caso es propenso a confundir nuestro juicio, pues en él pudiéramos aceptar que el placer nacía de la indignación ahorrada y transformada.

    Página 188: Capítulo siete.

    Nace una indignación ahogada en nuestros comienzos. Tal indignación sería el empleo en otro lugar del gasto libertado, contra el cual eran necesarios en el chiste complicados dispositivos protectores.

    Esta comparación y ahorro de gasto resultante de nuestra identificación con el proceso psíquico que se verifica en la persona productora podrán adquirir importancia.

    Página 189: Capítulo siete.

    Puede ser este mecanismo, extraño al chiste, es la esencia del proceso psíquico de lo cómico. Así, lo ingenuo sería una especia de la comicidad, y lo que se agrega al placer del chiste sería placer «cómico», producido, por el ahorro de gasto de la comparación de las manifestaciones de otra persona con las nuestras propias. Terminaremos nuestro examen de la ingenuidad diciendo que sería una de las especies de lo cómico, pero que se aproximaría al chiste.

    Establezcamos algunas analogías y diferencias entre los conceptos nuevos y otros que constan en la psicología de la comicidad. La identificación, no es otra cosa que el «prestar cómico» que desempeña un papel en el análisis de la comicidad. La «comparación» de un proceso psíquico hecho en otra persona y en nosotros es el «contraste» psicológico.

    Página 190: Capítulo siete.

    Nos proponemos perseguir por algún trecho, de lo cómico, los puntos de vista que en la investigación del chiste han poseído un innegable valor.

    Lo cómico aparece como un involuntario hallazgo en los gestos y las conductas morales de las personas. Más tarde encontramos lo cómico en los animales y en objetos inanimados. Nace la comicidad de la situación. El hecho de que podamos hacer cómica a una persona abre el acceso a insospechadas consecuciones de placer cómico y da origen a una técnica muy amplia. Los medios disponibles son el disfraz, la caricatura, la parodia y sobre todo, el colocar a la persona de que se trate en una situación cómica.

    Página 191: Capítulo siete.

    Con esto descubrimos que las condiciones son muchos más amplias que a lo ingenuo. Utilizaremos la comicidad de los movimientos para provocar la risa y que elegiremos para comenzar nuestra investigación. ¿Por qué reímos de los movimientos de los clowns? Porque nos parecen excesivos e inapropiados. Busquemos ahora la condición fuera de la comicidad provocada (involuntariamente). Hayamos cómicos, en el adulto, movimientos que acompañan incesantemente a la actividad principal (gestos que exageran la expresión normal de nuestros pensamientos, aunque sean involuntarios).

    Página 192: Capítulo siete.

    Encontramos cómico que una persona pueda mover las orejas por ejemplo. Gran parte de la comicidad que en los animales hallamos procede que vemos en ellos movimientos que no podemos imitar.

    Pero ¿cómo llegamos a reír cuando reconocemos como inútiles y exagerados los movimientos de otros? Freud cree que es la comparación de los movimientos observados en los demás.

    Lo que ponemos en relación es, el gasto psíquico de una determinada representación, y su contenido. Esto implica que el primero no es esencial e independiente del segundo (del contenido de la representación y, que la representación de algo necesita un gasto mayor que la de algo pequeño).

    Página 193: Capítulo siete.

    La representación de determinado movimiento la adquirimos al ejecutarlo espontáneamente o por imitación, acto en el que, descubrimos una medida para tal movimiento.

    Cuando observamos en otra persona un movimiento análogo otros que conocemos, para su comprensión será el ejecutarlo por imitación y, así podemos decidir, por comparación, en qué movimiento fue el mayor gasto. Pero en el ligar de la imitación muscular del movimiento colocamos su representación por nuestro recuerdo de los gastos efectuados. Esta representación se diferencia de la acción por ser más pequeña que la carga psíquica cuyo desplazamiento provoca y por impedir la descarga del gasto principal. La fisiología nos muestra, que también durante el proceso de representación parten inervaciones hacia los músculos, aunque correspondan a un modestísimos gasto, entonces suponemos que el gasto de inervación es empelado en la exposición del factor cuantitativo de la representación, y ha de ser mayor cuando es representado un movimiento considerable.

    Página 194: Capítulo siete.

    Cuando un adulto poco cultivado, por ejemplo, comunica, no hace sólo su representación por la elección de palabras sino que también lo hace por medio de movimientos expresivos, (al decir “una alta montaña” elevarán la mano por encima de su cabeza). Lo que de este modo expresan no son sus sentimientos personales, sino realmente el contenido de su representación.

    ¿Habremos de suponer que la mímica es necesaria para la comunicación y que esto escapa a la atención del oyente? Freud piensa que esta mímica subsiste de toda comunicación, y aparece también cuando el sujeto se representa algo a sí mismo.

    Página 195: Capítulo siete.

    Por tanto, los individuos expresarán por medio de modificaciones somáticas y descripción verbal sus representaciones. Esto nos hace pensar que la inervación física consensual al contenido de lo representado fue el comienzo d la mímica destinada a la comunicación.

    Volviendo a la comicidad del movimiento, repetiremos que con la percepción hacemos su representación por cierto gasto, conduciéndonos al lugar de la persona observada.

    Página 196: Capítulo siete.

    En este punto prescindimos ya de la persona observada. Estas dos posibilidades de representación nos llevan a una comparación del movimiento observado con el nuestro propio. Ante un movimiento excesivo nuestro gasto para la comprensión es cohibido, in statu nascendi esto es, declarado superfluo en el momento de su movilización, y queda libre para un distinto empleo, o para su descarga por la risa. De esta clase sería la génesis del placer producido por los movimientos cómicos: un gasto de inervación devenido inútil, en la comparación del movimiento ajeno.

    Ahora hay dos problemas: el de fijar las condiciones de la descarga del efecto resultante de la comparación y comprobar si nuestra hipótesis sobre la génesis de la comicidad de los movimientos son aplicables a las demás especies de lo cómico.

    Dediquémonos a esta segunda labor e investiguemos la comicidad que hallamos en los rendimientos anímicos de los demás.

    Página 197: Capítulo siete.

    En el efecto cómico intervienen otros factores distintos, que iremos descubriendo.

    La comicidad que hallamos en otras personas nacía cuando ésta realizaba un gasto mayor de lo que nosotros imaginábamos. En cambio, tratándose de una función anímica de lo cómico surge cuando la persona-objeto ahorra un gasto que consideramos indispensable. En el primer caso reímos viendo cómo la persona observada se ha dificultado su rendimiento, y en el segundo porque es excesivamente fácil. Por tanto el efecto cómico depende de la diferencia entre ambos gastos de la carga psíquica.

    Página 198: Capítulo siete.

    Cuando el gasto somático de la persona observada se nos muestra menos que el nuestro y mayor el gasto psíquico, entonces no reímos nos sorprendemos.

    El origen dado del placer cómico (la diferencia entre el gasto de la «proyección simpática»y el propio), es el más importante.

    En el primer caso en el cuál aún desempeña un papel la persona observada, aparece cuando la diferencia productora de placer de los gastos de revestimiento queda establecida por influencias exteriores que podemos reunir formando una «situación», (comicidad de la situación). Las cualidades de la persona cómica no influyen. Tenemos aquí la comicidad de la relación del hombre con el mundo exterior, al cuál pertenecen las imposiciones y conveniencias sociales, y nuestras necesidades físicas.

    Página 199: Capítulo siete.

    Un caso típico de esta última clase es cuando una persona es interrumpida en el ejercicio de una actividad anímica por un dolor o por una necesidad excrementicia, pero esto nos resulta cómico en personas extrañas, porque cuando estamos en esas situaciones experimentamos sentimientos penosos. Seguramente, la ausencia de dolor propio es la que nos permite hallar placer.

    Otra fuente de la comicidad surge con representaciones de espera. En diferentes ejemplos vemos que la expresión de la espera está constituida por preparativos motores.

    Página 200: Capítulo siete.

    Cuando se espera coger una pelota que nos ha sido lanzada, determinamos en el cuerpo tensiones que le han de permitir resistir el choque, y los movimientos superfluos que habremos de hacer si la pelota es menos pesada de lo que se esperaba y nos harán resultar cómico. Nuestra representación anticipada nos ha hecho errar haciéndome gastar excesivamente.

    También cuando lo esperado ha de exigir simplemente un rendimiento de los órganos sensorios, hemos de considerar la concentración de la atención como un rendimiento motor equivalente a cierto gasto.

    Página 201: Capítulo siete.

    Hay diferentes gastos de representaciones de lo grande o lo pequeño (la mímica de representación) y, por último, en el gasto de abstracción. Pero todas estas clases de gastos pueden reducirse al de la mímica de representación. Si agregamos que según Lipps se debe considerar como fuente del placer cómico el contraste cuantitativo y no el cualitativo habremos acertado en nuestra investigación.

    Los hombres has construido lo cómico intencionadamente. Como mejor puede llegarse al conocimiento de lo cómico es estudiando los medios que hacen surgir artificialmente la comicidad. 1º podemos hacer surgir lo cómico en divertir a los demás, fingiéndonos, por ejemplo, simples, así creamos la comicidad como si la torpeza fuese real.

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    El medio que hacen resultar cómico a un individuo será específico. Entra aquí en juego lo que antes denominábamos «comicidad de la situación». Tales situaciones cómicas pueden ser reales a practical joke (poner a alguien la zancadilla y hacer que caiga), pero puede también ser fingidas por la palabra o el juego. La agresión hace que el placer cómico sea independiente de la realidad.

    Existen otros medios que dan nuevos orígenes del placer cómico, por ejemplo la imitación que produce en el oyente un placer extraordinario.

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    La caricatura y la parodia, son procedimientos de degradar objetos eminentes. Siendo «lo eminente» en el terreno psíquico «lo grande», en el físico tenemos la hipótesis de que es representado por un incremento de gasto. Otro caso de tal incremento aparece cuando tenemos pensamientos abstractos y es descargado por medio de la risa.

    La caricatura lleva a cabo la degradación extrayendo del objeto eminente un rasgo aislado que resulta cómico.

    Página 204: Capítulo siete.

    Hallamos, pues como característica del origen del placer cómico, la circunstancia de que el efecto de la caricatura no es influido por la falsificación de la realidad.

    La parodia alcanza la degradación de lo eminente por otro camino distinto, destruyendo la unidad entre los caracteres que de una persona conocemos y sus palabras o actos, por medio de la sustitución de las personas eminentes o de sus manifestaciones por otras más bajas. En esto se diferencian ambas y no, en el mecanismo de la producción de placer cómico.

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    En el desenmascaramiento podemos incluir también aquel medio de hacer surgir la comicidad que degrada la dignidad del individuo atencionándonos sobre su debilidad humana, y en especial sobre la dependencia de sus rendimientos psíquicos de sus necesidades corporales. Equivaldrá entonces a: «este individuo, al que admiras es un hombre como tú». También pertenecen a esta comicidad el monótono automatismo psíquico.

    Página 206: Capítulo siete.

    La combinación del chiste y la comicidad hace que una misma frase pueda ser simultáneamente cómica y chistosa.

    Volvamos al chiste desde la comicidad del desenmascaramiento puesto que constituye el fin de nuestra labor. Así pues agregamos el descubrimiento del automatismo psíquico, a aquellos otros en los que vimos se confundían, del chiste y la comicidad; esto es, a los chistes disparatados.

    En la investigación de las técnicas del chiste hallamos que la aceptación de los procesos mentales que son habituales en lo inconsciente, pero que la conciencia califica de «errores intelectuales», constituye el medio técnico de muchos chistes, cuyo carácter chistoso aparecía tan inseguro que los considerábamos historietas cómicas. Más tarde tras el conocimiento de la elaboración de los sueños, hayamos que dicho carácter consistía en la función transaccional de la elaboración del chiste entre las exigencias de la razón crítica y el instinto de no renunciar al antiguo placer producido por el disparate.

    Página 207: Capítulo siete.

    El chiste conseguía, a veces, introducirse sigilosamente en forma de una frase sin significado, pero podía eludir la censura, y otras, como expresión de un valioso pensamiento. En el caso límite de la función transaccional se presentaba desafiador ante la crítica sin temor de despertar su repulsa.

    ¿En qué caso aparece entonces el chiste como disparate ante la crítica? Cuando se sirve de procedimientos mentales peculiares a lo inconsciente, pero prohibidos a la conciencia; sin embargo, algunos procesos de lo inconsciente han sido aceptados por la conciencia. Con estas técnicas, el chiste no tendrá ningún tipo de crítica.

    Página 208: Capítulo siete.

    La aceptación consciente de los defectuosos procedimientos de lo inconsciente es un medio para la producción de placer cómico, fácil de comprender, pues para la constitución de un revestimiento preconsciente es preciso un mayor gasto que para la aceptación del inconsciente.

    Página 209: Capítulo siete.

    Tenemos que esforzarnos en esclarecer un importantísimo punto de nuestra relación: la relación del chiste con al comicidad, y para conseguirlo añadiremos a lo antes expuesto algunas otras consideraciones. Pero la unión del chiste con la comicidad no es lo mismo. Es ésta, sin duda una sutil diferenciación, pero puede hacerse sin peligro de caer en el error.

    Página 210: Capítulo siete.

    En el caso anterior la comicidad provenía del descubrimiento del automatismo psíquico, el cuál no desempeña un papel de importancia en las técnicas del chiste. En el caso de la aceptación de métodos intelectuales inconscientes es, necesaria la reunión del chiste y la comicidad, porque el mismo medio empleado en la primera persona del chiste para la consecución de placer crea, placer cómico en la tercera persona.

    Podríamos generalizar y buscar la relación entre el chiste y la comicidad en la circunstancia de que el efecto del chiste en la tercera persona se verifica siguiendo el mecanismo de la comicidad. Pero esto es erróneo; la relación con lo cómico no aparece en todos los chistes. Por el contrario, puede separarse muy definidamente el chiste de la comicidad. Siempre que el chiste consigue eludir la apariencia del desatino (chistes de doble sentido), resulta imposible descubrir en el oyente efecto ninguno análogo a la comicidad.

    Página 211: Capítulo siete.

    Pudiera creerse que los chistes de fachada disparatada son cómicos y tienen que producir ese efecto en el oyente, pero también producen en él un desconcierto. Dejaremos la conclusión de que el chiste y la comicidad poseen naturaleza muy distinta, coincidiendo únicamente en la tendencia de extraer placer de las fuentes intelectuales.

    En las relaciones del chiste con la comicidad, hemos encontrado una diferencia entre ambas: la fuente de placer del chiste se sitúa en lo inconsciente; en la comicidad no encontramos tal localización. Pero todo indica, que la fuente del placer cómica es la comparación de dos gastos, localizados en lo preconsciente. Diremos que el chiste es la aportación que lo inconsciente procura a la comicidad.

    Página 212: Capítulo siete.

    Investigaremos de nuevo los medios que utilizamos para hacer surgir artificialmente la comicidad. Hemos investigado la caricatura y el desenmascaramiento porque nos informaba de la comicidad de la imitación que se haya mezclada con algo de caricatura., y constituye también una degradación. Pero tales caracteres no parecer constituir toda su esencia. Opina Bergson que todo aquello que nos hace pensar en un mecanismo inanimado produce un efecto cómico (mecanisation de la vie). Para su esclarecimiento de la comicidad de la imitación elige, el problema que Pascal plantea en sus pensamientos: de por qué nos hace reír la comparación de dos fisionomías semejantes, que separadas no producen ningún efecto cómico. La causa de la risa en estos casos, será por la degradación de lo animado hacia lo inanimado.

    Página 213: Capítulo siete.

    Pero esta decepción trae consigo una disminución de carga psíquica y el gasto de expectación, devenido superfluo, es descargado por medio de la risa. Así pues, en la imitación no sería la comicidad de la situación, sino la de la expectación la fuente del placer cómico.

    Derivando este placer de una comparación, deberemos investigar también l comicidad de esta comparación, que constituye uno de los medios de hacer surgir la comicidad.

    La principal cualidad que en una metáfora buscamos, es que llame la atención sobre una coincidencia de dos objetos heterogéneos. El placer primitivo del reencuentro de lo conocido (Groos), no es el único que favorece el empleo de la metáfora; también está el hecho de ser ésta susceptible de un empleo que nos procura una minoración del trabajo intelectual

    Página 214: Capítulo siete.

    Nos referimos a la comparación de lo desconocido con lo conocido, y de lo abstracto con lo concreto. Cada una de ellas provoca cierta degradación y cierto ahorro de gasto de abstracción; pero esta no es suficiente para producir la comicidad, la cual no surge de improviso, sino poco a poco, del placer de minoración resultante del proceso comparativo. La comparación sólo resulta cómica cuando el gasto de abstracción exigido por los dos términos comparados presenta una gran diferencia de nivel, (algo importante y de naturaleza intelectual, comparado con algo trivial y bajo).

    Como ya sabemos, la comparación puede ser chistosa sin mezcla de comicidad, cuando la misma elude toda degradación.

    Página 215: Capítulo siete.

    Pero una comparación puede ser al mismo tiempo, cómica y chistosa, presentando ambos caracteres con independencia uno de otro, pues, puede constituir un medio auxiliar de determinadas técnicas del chiste, por ejemplo, la alusión. La frase de Heine: “Hasta que, por fin, me estallaron todos los botones del pantalón de la paciencia”, se nos muestra como una comparación cómicamente depresiva; tenemos que concederle el carácter del chiste y consigue surgir el placer de la obscenidad.

    Página 216: Capítulo siete.

    Wippchen fue en su mayoría autor de “disparates cómicos”, y se ha servido del placiente estado de ánimo en el lector por la acumulación de tales producciones para introducir otras cosas, harto insulsas, que por sí solas hubieran resultado intolerables.

    Página 218: Capítulo siete.

    Wippchen también escribió pura comicidad y desenmascaramiento cómico (de la ignorancia). Pero nuestro interés se dirige preferentemente hacia las fusiones y modificaciones, por recordarnos éstas conocidas técnicas del chiste. ¿Deberemos, pues, calificar de chistes las creaciones de Wippchen? Y si no ¿en qué se diferencian éstas del chiste?

    No es muy difícil contestar a esto. El chiste muestra al oyente una doble fisonomía y le obliga a dos diversas interpretaciones. En los chistes disparatados, una de ellas concluye que se trata de un disparate, y la otra, halla el sentido del chiste en lo inconsciente de la persona receptora. En las ocurrencias de Wippchen, falta una de estas dos fisonomías que forman la doble faz de las características del chiste, de este modo no podemos considerarlas como tal.

    Página 219: Capítulo siete.

    Lo que no hay duda es que estos chistes imperfectos producen un efecto cómico, el cual puede nacer del descubrimiento de los procedimientos intelectuales d lo inconsciente y puede ser también el resultado de su comparación con el chiste perfecto. Ambas génesis del placer cómico obran conjuntamente, porque este apoyo al demostrarse insuficiente convierte al disparate en “disparate cómico”.

    Página 220: Capítulo siete.

    Más fácilmente comprensibles resultan los casos de comicidad involuntaria del discurso, por ejemplo en las poesías de Federica Kempner. “Contra la vivisección

    Un desconocido lazo de las almas

    Une al hombre con los pobres animales.

    El animal tiene una voluntad -ergo de alma-,

    Aunque más pequeña que la nuestra.

    O esta otra, que figura en un diálogo entre dos tiernos esposos: El contraste.

    « ¡Qué feliz soy!» -murmura ella.

    « ¡También yo!» -exclama el esposo-.

    Tu manera de ser me enorgullece

    Mostrándome el acierto de mi elección.

    No hay nada aquí que nos recuerde al chiste. La insuficiencia de estas poesías su mal estilo, la simpleza de las ideas expresadas y la huella de toda idea poética es, lo que las hace resultar cómicas.

    Página 221: Capítulo siete.

    Precisamente, lo mucho que se apartan de las cualidades de la poesía, es lo que nos inclina a considerarlas cómicas; si tal distancia fuese menor, en ligar de reír de ellas las criticaríamos. Además, este efecto cómico, depende de la buena intención de la autora y de cierta sensibilidad que desarma nuestra burla. Se origina un problema. La diferencia de gasto es lo fundamental en el placer cómico, pero la observación nos muestra que no siempre surge placer de tal diferencia. ¿Qué condiciones tendrán que cumplirse, o perturbaciones evitarse para que pueda surgir la diferencia de gasto? Antes de contestar diremos que, el chiste no coincide con lo cómico del discurso; tiene, por tanto, que ser algo distinto de esta comicidad.

    Todas estas teorías de lo cómico tienen un defecto: en olvidar en su definición aquello que constituye la esencia de la comicidad. Lo cómico (dicen), reposa en un contraste de representaciones; pero cuando este contraste produce un efecto cómico y no de otro género.

    Página 222: Capítulo siete.

    El sentimiento de lo cómico procede de la decepción que nos acusa algo que esperábamos; pero sólo cuando la decepción no es dolorosa. El placer cómico y su efecto (la risa), pueden surgir cuando tal diferencia deviene inútil y, por tanto, susceptible a descarga.

    Dos circunstancias surgen en el observador. 1º que existen casos en los que la comicidad surge de un modo regular y necesariamente, y otros en los que su aparición se muestra independiente de las condiciones particulares de cada caso y del punto de vista del observador. 2º descubrirá que cuando las diferencias alcanzan una considerable magnitud, logran vencer el obstáculo opuesto a la génesis de la comicidad.

    Páginas 223, 224, 225 y 226: Capítulo siete.

    Con relación a la primera observación hay dos clases de comicidad: la comicidad forzosa y la comicidad ocasional.

    Para la segunda, las condiciones esenciales son las que reunimos bajo la calificación de “aislamiento” del caso cómico. Hay varias circunstancias:

  • La condición más favorable para la génesis del placer cómico e aquel sereno estado de ánimo en el que nos hallamos dispuestos a reír.

  • En un análogo sentido favorable actúa la expectación de lo cómico, o sea nuestra disposición a experimentar placer de este género. Aquel que emprende una lectura cómica, está dispuesto a reír.

  • Del género de actividad espiritual que en el momento ocupen al individuo pueden surgir condiciones desfavorables para la comicidad. Un trabajo intelectual perturba la capacidad de descarga de los revestimientos y sólo inesperadas diferencias de gasto pueden llegar a imponer el placer cómico.

  • La posibilidad de producción de placer cómico desaparece también cuando la atención se haya fija precisamente de la comparación de la que la comicidad puede surgir. En tales circunstancias pierde su fuerza cómica incluso lo que nos resulte mayor cómico. El proceso cómico no soporta la sobrecarga producida por la atención; análogamente al del chiste, tiene para llegar a su fin, que pasar inadvertido.

  • La génesis de la comicidad es perturbada cuando el caso que ha de surgir da simultáneamente ocasión del nacimiento de intensos afectos, pues queda entonces excluida la descarga de la diferencia productora de placer. los afectos individuales y la diversa disposición espiritual explican, en cada caso, la génesis o la ausencia de la comicidad.

  • Si a todo lo que antecede añadimos que el desarrollo del placer cómico puede ser facilitado por cualquier otra agregación placiente como por una especie de efecto de contacto -a semejanza de cómo lo hace el placer preeliminar en el chiste tendencioso-, no habremos agotado la investigación de las condiciones del placer cómico, pero sí, conseguido nuestro fin, pues vemos que tales condiciones, la inconstancia y dependencia del efecto cómico, se adaptan que deriva el placer cómico de la descarga de una diferencia que hubiera podido recibir un empleo distinto.

  • Página 227: Capítulo siete.

    Lo sexual y lo obsceno ofrecen las más numerosas ocasiones para la producción de placer cómico al mismo tiempo que para la excitación sexual sea mostrando al hombre dependiente de sus necesidades corporales (degradación), o sea, descubriendo detrás del amor espiritual las exigencias canales (desenmascaramiento).

    También comprenderemos la investigación de psicogénesis de Bergson, cuya teoría del carácter cómico pasa por medio de una natural asociación de ideas, del automatismo al autómata e intenta explicar una serie de efectos cómicos por nuestro ya empalidecido recuerdo de un juguete infantil. Esto le lleva a derivar lo cómico del efecto de las alegrías infantiles. A nosotros esto nos interesa y por eso lo analizamos.

    Página 228: Capítulo siete.

    Al relacionar la comicidad con el niño tropezamos con conexiones que parecen significativas. El niño no nos resulta cómico cuando se comporta como tal, sino cuando se disfraza con la gravedad del adulto, y entonces el efecto cómico que produce es idéntico al que hallamos en el disfraz de cualquier otra persona. Así calificamos de ingenuo al niño cuando nos muestra su carencia de coerciones y de ingenuo-cómicas sus manifestaciones que en otras personas hubiésemos juzgado de obscenas o chistosas. También el niño carece del sentido de la comicidad.

    Página 229: Capítulo siete.

    Es probablemente acertado suponer que el niño ríe de puro placer en diversas circunstancias que nos dan la sensación de “cómicas”, pero que cuyos motivos no encontramos, mientras que los motivos del niño son siempre bien definidos. Por ejemplo, alguien resbala y cae en la calle, nosotros reímos al igual que el niño, pero lo que provoca la risa de éste es el sentido de su superioridad, “tú te has caído y yo no”.

    Página 230: Capítulo siete.

    Podríamos entonces decir que reímos de una diferencia de gasto entre la persona objeto y nosotros, siempre que en la primera hallamos al niño. Así la comparación de la que nace la comicidad sería la siguiente:

    «Así lo hace ése- Yo lo hago de otra manera- Ése lo hace cómo yo lo he hecho de niño».

    La risa surgirá de la comparación entre el yo del adulto y el yo considerado como niño. La misma dualidad del sentido de la diferencia cómica, en la que tan pronto el exceso como defecto de gasto nos resultan cómicos, se halla de acuerdo con las condiciones infantiles.

    Página 231: Capítulo siete.

    Si queremos hallar la esencia de lo cómico en la conexión preconsciente con lo infantil, hemos de conceder que a comparación productora de lo cómico no despierta todo el antiguo placer infantil, sino que bastará con el toque a la esencia general infantil. Con esto nos apartamos de Bergson. Recordaremos aquí el esquema antes detallado de las posibilidades cómicas. Dijimos que la diferencia cómica era hallada:

  • Por medio de una comparación entre el prójimo y el yo.

  • Por medio de una comparación totalmente dentro del prójimo.

  • Por medio de una comparación totalmente dentro del yo.

  • En el primer caso, el prójimo se me aparecía como niño; en el segundo, descendería pos sí mismo hasta la categoría infantil, y en el tercero encontraríamos al niño en nuestro propio yo.

    Página 232: Capítulo siete.

    De un placer infantil perdido para el adulto hablaremos en los casos que muestren una relación con el placer que el movimiento inmotivado causa al niño.

    El segundo caso, (la comicidad reposa en la “proyección simpática”), es el más amplio contenido, dando origen a la comicidad de la situación, de la exageración (caricatura), de la imitación, de la degradación y del desenmascaramiento. Y también es el caso que resulta más fácilmente aplicable nuestra hipótesis de relación con lo infantil.

    La mesura y la templanza, aún en los sentimientos lícitos, son frutos de la educación infantil, y quedan establecidas por la coerción que recíprocamente ejercen las actividades anímicas pertenecientes a una sola totalidad. Allí dónde esta coerción se debilita -en lo inconsciente de los sueños- aparece de nuevo la falta de mesura peculiar al niño.

    Página 233: Capítulo siete.

    El esclarecimiento de la comicidad de la imitación presentó dificultades grandes, mientras no tuvimos en cuenta en ella el factor infantil, porque se nos muestra con claridad, pues la imitación es el arte que mejor domina en niño. La relación del niño con los adultos constituye también la raíz infantil de la comicidad de la degradación, que corresponde a la benevolencia que el adulto suele demostrar al niño poniéndose a su nivel. Pocas cosas producen al niño un placer mayor que ver cómo el adulto desciende hasta él, prescindiendo de su superioridad. El desenmascaramiento se reduce a la degradación.

    Descubrir la conexión con lo infantil en el tercer caso es más difícil, por eso los investigadores han tomado éste como punto de partida de un examen de lo cómico y no han podido introducir el factor infantil. La comicidad de la expectación, es la que más tarda en aparecer en el niño. El adulto considera cómico algo y al niño le decepciona. Pero puede establecerse un enlace con la ansiosa expectación del niño con su credulidad para explicarnos porqué nos sentimos cómicos, «como niños», cuando sufrimos una decepción cómica.

    Página 234: Capítulo siete.

    Si todo lo anterior se puede resumir en que lo cómico es aquello que no resulta propio del adulto, no hemos resuelto todo nuestro problema y no podemos sostener nuestra hipótesis de manera tan rotunda como las demás. Por eso dejaremos indeciso si la degradación al grado infantiles sólo un caso especial de la degradación cómica o si toda comicidad reposa en un descenso a dicho estadio.

    Nuestra investigación de la comicidad quedaría incompleta sino dijéramos nada sobre el humor. Hay tal parentesco que al esclarecer lo cómico nos proporcionaremos algún dato para la inteligencia del humor. De este modo debido a su proximidad con el chiste y la comicidad, al humor también hemos de darle una definición. El humor es un medio de conseguir placer a pesar de los efectos dolorosos que a ello se oponen y aparece en sustitución de ellos.

    Página 235: Capítulo siete.

    Admitiremos que el placer del humor surge a costa del desarrollo del afecto cohibido; esto es, del ahorro de un gasto afecto.

    El humor el la especie menos complicada de lo cómico. Su proceso se realiza en una sola persona y la participación de otra no influye en el proceso. Tampoco necesitamos comunicar el placer humorístico. Es difícil saber que se produce en el sujeto durante la génesis el placer humorístico. El humor es utilizado en ocasiones para evadirse de los problemas personales que tenga la persona en ese momento concreto.

    Página 236: Capítulo siete.

    En estas ocasiones, nosotros reímos cuando realmente deberíamos sentir compasión por la persona en sí, lo que ocurre es que esta compasión queda cohibida al comprender que el propio interesado no se apura grandemente de su final, y a consecuencia de esta comprensión el gasto que de la compasión estábamos dispuestos a dedicar deviene de repente y s descargado en la risa.

    Página 237: Capítulo siete.

    La compasión ahorrada es una de las más generosas fuentes del placer humorístico. Mark Twain utiliza este método de humor. El mecanismo del placer humorístico no sufre aquí perturbación alguna por nuestra conciencia. Resulta pues, dicho mecanismo -como ya sucedía con el de hacer cómica a una persona- independiente de la realidad.

    Página 238: Capítulo siete.

    Los pequeños rasgos humorísticos que producimos a veces en nuestra vida cotidiana surgen realmente en nosotros a costa de la irritación; lo producimos en lugar de enfadarnos.

    El humor tiene numerosas especies, y cada una corresponde a la naturaleza del sentimiento emotivo que es ahorrado a favor del placer humorístico: compasión, disgusto, dolor, enternecimiento… Los dibujantes del simplizissimus han extraído humor de lo horrible, cruel o repugnante.

    Página 239: Capítulo siete.

    Los fenómenos del humor son determinados por dos circunstancias relacionadas con las condiciones de su génesis. El humor puede, en primer lugar, aparecer fundido con el chiste u otra especie de lo cómico, encargándose de alejar la afectividad contenida. En segundo lugar, puede suprimir este desarrollo afectivo, por completo o sólo parcialmente, éste último es el más frecuente, por su sencillez y del que surgen las diversas formas de humor «discontinuo»

    El placer humorístico nace de una técnica comparable al desplazamiento, por medio de la cuál queda hecho superfluo el desarrollo afectivo, y es guiada la carga psíquica hacia otro elemento con accesorio.

    Página 240: Capítulo siete.

    El desplazamiento humorístico es, pues, tan imposible cuando nuestra atención vigila como, la comparación cómica, y se halla ligado como la misma a la condición de permanecer preconsciente.

    Solo considerando el desplazamiento humorístico como un proceso de defensa podremos establecer algunas conclusiones sobre él. Los procesos de defensa son reflejos de fuga, y su misión es la de evitar el nacimiento de displacer producido por fuentes internas. Constituyen una especie de regulación de la vida anímica; pero su automaticidad puede perjudicar a la conciencia. Podemos considerar el humor como la principal de estas funciones de defensa, que -a diferencia de la represión- no sustrae la atención, el contenido de representaciones ligado al afecto doloroso y así domina al automatismo. Es posible que la conexión con lo infantil permita llevar a cabo esta función.

    Página 241: Capítulo siete.

    En conjunto, se halla el humor más cerca de la comicidad que del chiste. Con la primera tiene de común la localización psíquica en lo preconsciente, (el chiste queda formado entre lo inconsciente y lo preconsciente).

    En el chiste hay dos diversas interpretaciones. Una de ellas recorre, obedeciendo a las indicaciones contenidas en el chiste, el camino que el pensamiento ha seguido antes a través de lo inconsciente, y la otra permanece en la superficie, y presenta al chiste como una expresión verbal preconsciente devenida consciente. El placer se produce de la diferencia de éstas.

    En el humor, experimentamos el placer humorístico allí donde es evitado un sentimiento emotivo que esperábamos como inherente a la situación, y hasta este punto cae también el humor bajo el concepto, ampliado, de la comicidad de la expectación.

    Página 242: Capítulo siete.

    El desplazamiento humorístico es, un aprovechamiento de un gasto sobrante que tan peligroso era para el efecto cómico.

    El placer del chiste nos pareció surgir de gasto de coerción ahorrado; el de la comicidad de gasto de representación (de carga) ahorrado, y el de humor, de gasto de sentimiento ahorrado.

    En los tres mecanismos de nuestro apartado anímico proviene el placer de un ahorro, y los tres coinciden en reconquistar, extrayéndolo de la actividad anímica, un placer que se había perdido en ella. La euforia que tendemos a alcanzar por estos caminos es el estado de ánimo de una época de nuestra labor psíquica con muy escaso gasto; esto es, el estado de ánimo de nuestra infancia, en la que no conocíamos lo cómico, no éramos capaces del chiste y no necesitábamos del humor para sentirnos felices en la vida.