El cartero de Neruda; Antonio Skármeta

Literatura hispanoamericana contemporánea. Narrativa. Novela chilena. Escritores hispanoamericanos. Argumento

  • Enviado por: Belen
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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1.Resumen del texto.

En junio de 1969, hubo unos motivos por los que Mario Jiménez quiso cambiar de oficio.

Primero porque no le gustaba madrugar para ir a pescar con su padre, ya que lo despertaban de sus sueños con bonitas mujeres, además de que le era fácil resfriarse y al no ir a trabajar, su padre José Jiménez al regresar a casa empapado, siempre le gritaba que se buscara un trabajo.

Mario Jiménez poseía una bicicleta marca Legnano con la que solía dar vueltas por el puerto de san Antonio e ir a contemplar los afiches del cine.

Uno de estos desconsolados días en los que paseaba, encontró en la ventana de correos un aviso de que se necesitaba personal. Mario Jiménez se arregló la ropa y el pelo y entro. Ya dentro, dijo por lo que venia y el funcionario pregunto si tenia bicicleta

-sí -contestó.

-bueno -dijo conformado el funcionario.

Mario le dijo que vivía al lado, cerca de la oficina.

-si, eso esta bien, pero el problema es que solo hay un cliente, pues en la caleta todos son analfabetos- dijo el funcionario.

Mario pregunto que quien era, el funcionario contestó que era Pablo Neruda. Mario pensó que eso era formidable.

-no se si te gustará porque él recibe kilos de correspondencia diariamente y pesan demasiado. Además el sueldo es malo -añadió el funcionario.

A Mario no le importo, él quería el trabajo.

El funcionario estuvo de acuerdo, le pregunto el nombre y con esto concluyó el contrato.

Mario muy conforme, despegó el aviso de la ventana y se fue a su casa.

Mario se levantaba todas las mañanas al alba para ir a la oficina y el se encargó de la llave de esta. Con su primer sueldo compró: una botella de vino para su padre, una entrada para el cine, un peine de acero y la edición Losada de las Odas elementales. Esto último lo compro por su cliente y vecino, Pablo Neruda, porque pensó en un día darle la correspondencia junto a estos libros y ganarse un autógrafo suyo.

Neruda daba buena propina, y cada vez que Mario tocaba el timbre de este para darle la correspondencia, sentía que le molestaba en la inspiración. Mario pensó en irse a vivir a santiago con su sueldo, pero no lo había hecho aún porque Neruda era un magnifico cliente.

Una mañana Mario decidió dejarle el libro junto la correspondencia con esta nota preparada: póngame la millonaria, maestro. Con este autógrafo, pensaba de hacerse el intelectual ante las muchachas.

Para el poeta, escribir autógrafos ya era una rutina. Este le escribió: cordialmente, pablo Neruda. Con esta simpleza Mario pensó que no lo sacaría del anonimato ante las mujeres así que se propuso tomar más confianza con el poeta para ganarse un autógrafo más personal. Pero hubo un problema, en el mismo libro no se podían escribir dos dedicatorias así que con su segundo sueldo compro nuevas odas elementales. Pensó que este libro no seria firmado y olvidó la dedicatoria, pero no la poesía.

Un nuevo día que le entregó el correo, el poeta lo abrió delante te sus propios ojos, y esto a Mario le resultó ser como un signo de inicio de interrogatorio o posiblemente de una amistad. Mario le pregunto por que abría esa carta antes que las otras. Este contestó -porque es de Suecia- . Mario pregunto que tenia de especial Suecia, aparte de las suecas. El poeta respondió:

-el premio Nóbel de Literatura, mijo-

-¿y cuanta plata es?

-ciento cincuenta mil doscientos cincuenta dólares.

-¿pero le dan el premio Nóbel seguro?

-puede ser, pero hay más candidatos con grandes obras.

El cartero se quedo ausente pensando que este seria el final del dialogo. El poeta dijo:

-¿en que te quedaste pensando?

-en las otras cartas, me pregunto si serán de amor.

-¡hombre yo estoy casado!¡que no te oiga Matilde!

-perdón don Pablo.

El poeta dio propina al cartero y este se dio la vuelta dispuesto a marcharse pero se quedo quieto pensando la mala despedida que había tenido. El poeta se dio cuenta y le preguntó -¿por qué te quedas ahí parado como un poste?- Mario se dio la vuelta y lo miró diciéndole:

-¿clavado como una lanza?

-no, quieto como torre de ajedrez.

-¿más tranquilo que gato de porcelana?

Neruda se rascó la barbilla animado y le dijo a Mario que no estaría mal quedar un día para comparar metáforas. Mario le comentó a este su deseo de ser poeta, para así poder decir lo siente. Sin mas conversación se dispusieron a despedirse y el poeta cerro la puerta. Mientras sobre miraba las cartas volvió a entreabrir la puerta y, como sospechaba, Mario aún se encontraba mirando las nubes con los brazos cruzados. El poeta le tocó en el hombro con un dedo. El cartero le miró sin cambiar postura: - aun estoy aquí porque me he quedado pensando.

-pues para ser poeta empieza por aprender a pensar caminando y no estando quieto, así que ahora regresa a la caleta inventando metáforas. El poeta le puso un ejemplo de metáfora y dijo:

-¿qué te ha parecido el poema?

-raro.

-¿raro? ¿raro como qué? No te entiendo.

-yo me he sentido raro, porque mientras escuchaba sus palabras me mareaba.

-¿te mareabas?

-claro, era como si yo fuera en un barco temblando en sus palabras.

-<< como un barco temblando en mis palabras >>, ¿sabes lo que has hecho, Mario? Una metáfora. Y aunque haya sido de casualidad, no hay imagen que no sea casual, hijo.

Mario se emociono con esto y preguntó. - ¿entonces usted cree que todo el mundo, los mares, montañas, etc.. son la metáfora de algo?-

El poeta le propuso de meditar y contestarle a esa pregunta mañana. Se despidieron, el cartero cogió su bicicleta y con una gran sonrisa se dispuso a pedalear hasta su casa.

En el camino paró en un bar para tomar una copa de vino. Cuando entró en el local se quedó sorprendido, pues jugando al futbolín vislumbró la mujer mas hermosa que él nunca había visto en ninguna parte. Él se acercó a la mesa y cuando ella marcó un gol, él le sonrió. Ella le respondió con una mirada invitándole a jugar de delantero con ella. La pelota saltó en el juego y se depositó en la boca de la muchacha. Ésta invitó a Mario a que se la quitara. Cuando el cartero se acercó a quitársela, esta se apartó y se fue por el bar hacia su mesón y empezó a limpiar las copas.

Otra mañana que el cartero llegó a la oficina para trabajar, se encontró con que el poeta había recibido un telegrama. Cuando este le llevó el telegrama al poeta, Pablo se encontraba en la playa. En ese momento el cartero quiso encontrar ayuda en el poeta para su amor. Le confesó que se había enamorado de aquella joven. Mario le pidió ayuda para enamorarla, el poeta no sabía que hacer e intentaba alejarse de aquella situación. Neruda se negó a escribirle algo para la muchacha. Abrió el telegrama: era una invitación para ser candidato a la Presidencia de la República. Mario lo apoyó a presentarse pero al poeta no le convencía la idea. El cartero siguió intentando convencerlo para que le ayudara, hasta que por fin el poeta le propuso de una vez ir al bar a que él conociera a la muchacha, al menos de vista. Los dos juntos se dispusieron a andar. Una vez entrados en el bar se sentaron en una mesa. La hermosa mujer de quien Mario estaba enamorado se acercó y preguntó qué querían tomar. El cartero se quedó ridículamente sin palabras y no atinó a responderle.

Dos días mas tarde, Neruda, observó un camión con el lema <<Neruda presidente>>. Esto le sintió agrio, pues no quería que la política viniera a sacarlo de sus trabajos, al igual que se sintió cuando vio llegar corriendo al cartero con las obras de Neruda encuadernadas y a este con la idea de que se las dedicara con un autógrafo. Deseó desaparecer en ese momento. El cartero anduvo varios días por el bar con los volúmenes amarrados en la bicicleta. La gente rumoreaba que tras la ausencia de Pablo Neruda, el cartero heredaría su afán por la escritura. Esto no le importó hasta el día en que mientras estaba leyendo la novela sentado junto al mercado, un camión pasó por allí haciendo campaña para votar al otro candidato: Jorge Alessandri Rodríguez. Los hombres que iban en el camión eran diputados suyos. Se bajaron del camión y repartieron folletos de campaña a todo aquel que había por allí. El cartero aceptó uno pero lo devolvió explicando que él votaría por Neruda. El diputado le dijo que solo le echara un vistazo al papel que le daba. El diputado, Labèe, le dijo al cartero que se rumoreaba que le gustaba la poesía, que por allí se decía que le quería hacer la competencia a Neruda. Toda la gente que estaba allí saltó a carcajadas. El cartero se sintió avergonzado e incompetente ante aquella situación. Labèe sacó del camión un bonito cuaderno forrado y sin más se lo dio a Mario para que escribiera poesía. Mario le dio las gracias.

Una mañana Mario se poso junto a una farola a la espera de la llegada de Beatriz, cuando esta estaba abriendo la puerta del bar, él se acercó para hablarle, antes de que dijera una palabra, la madre de esta le dijo buenos días, insinuando un “lárgate de aquí”. La madre era algo en lo que Mario no había pensado.

Otro día Mario siguió a Beatriz por las rocas de la playa hasta que pudo entablar una conversación con ella, sin darse cuenta que la madre le había visto desde el balcón. Cuando la muchacha regreso a la hostelería, su madre la espero y le pregunto sobre Mario, hasta que la muchacha le contó que era amigo de don `Pablo. También le hizo contar que en la playa él le estuvo dedicando metáforas. Le recito alguna de estas que él le había dicho. La madre se alteró, pensaba que Mario era un peligro para su hija porque solo buscaba después ponerle las manos encima. La madre, en contra de la opinión de Beatriz, quiso que se la muchacha se fuera a vivir a Santiago con su tía un tiempo.

Anduvo el cartero una semana siguiendo con la mirada a Beatriz pero siempre que ella salía a la calle iba acompañada de la madre. Mario deseaba tenerla entre sus brazos, incluso en ese tiempo decidió no aliviar su erección con ningún arte manual. El domingo de aquella misma semana Neruda regresó de una reunión de candidaturas que había tenido. Tras el regreso, anunció ante toda la gente del pueblo que había presentado su renuncia a la candidatura. Cuando por la mañana recogió el correo para el poeta, a Mario le llamó la atención una carta. Era de la madre de Beatriz. Cuando se la dio a Pablo le pidió que la leyera delante de él. En la carta le pedía una cita urgente para hablar con el poeta sobre Mario Jiménez, al que lo apodó seductor de menores. El cartero se negó a Mario a participar más en el tema. Le pidió que hablara con la señora y la convenciera que le dejara ver a Beatriz. Al final le convenció y telefonearon a Rosa viuda de González, madre de Beatriz, esta se dirigió hacia la casa del poeta. Los dos hombres se pusieron a escuchar un disco que pablo había traído mientras el tiempo se les hecho encima y la madre de Beatriz ya había llegado a la casa. Mario se escondió tras unas cortinas. La mujer entro a la sala y le estuvo explicando a el poeta que el cartero tenia embobado a la niña con poemas, le leyó uno que según ella, se lo encontró que la niña lo llevaba en el sostén. Tras un rato discutiendo, la viuda finalizó diciéndole que le dijera a su cartero que se alejara para siempre de su hija, o ella misma se encargaría de hacerlo personalmente. La mujer se marchó. Mario salió de las cortinas. Estaba muy asustado, le preocupaba que esa mujer le llegara a hacer algo. El poeta le aconsejó que se olvidara de Beatriz porque si no, lo pasaría muy mal. Mario no podía olvidarse de ella, la necesitaba junto a él. Ya se marchaba de la casa con el poeta, que se negó a ayudarle más, pero Mario sacó de su bolso una botella de vino de la marca que le gustaba al poeta y este sonrió.

Descolgó el teléfono y llamó otra vez a la viuda, esta respondió que de ninguna de las maneras Mario iba a entrar en su casa. El 4 de septiembre se conoció la noticia de que Salvador Allende había ganado las elecciones. El bar de la viuda se llenó de clientes, entre ellos Pablo Neruda. Mario se esperó fuera a una distancia, y aprovechando que Beatriz tendría que salir de la habitación, la estaba esperando fuera. En ese momento Labbé entró en el bar y se dirigió a don Pablo. Le dijo que había que saber perder, que así era la democracia. Juntos brindaron y todo el bar proclamó un viva por ellos.

La muchacha cogió un huevo de la cocina y sigilosamente salió del mesón hacia el galpón donde había quedado con el cartero. Allí se encontraron con emoción. Sin decir nada, la mujer entró a la habitación y cerró la vieja puerta, comenzó a rozar sensualmente el huevo por todo su cuerpo, desde sus labios hasta el triangulo de sus piernas. Clavó una mirada caliente en Mario. Después se pasó el huevo por su cara hasta tenerlo en sus dientes. Mario estaba muy excitado, sabía que el tamaño de la erección de ese momento, era una cordillera comparada con la pequeña colina de los demás días. Beatriz le indicó que se arrodillara. Ella se puso a su lado. La muchacha se tumbó hacia atrás y volvió a rozar el huevo por su ropa. Mario levantó un poco el huevo y lo puso sobre el vientre de ella. Lo deslizó por sus caderas hasta sus senos y su barbilla. Lo detuvo acogiéndolo entre sus dientes y ella fue a rescatarlo con los suyos. Beatriz entre abrió el escote de su blusa y Mario resbaló el huevo por sus senos. La muchacha se deshizo de su blusa. Mario le quito la falda y tocándole su cuerpo con la punta de la lengua, ella rompió en un prolongado suspiro de jadeo, cogió un dedo de Mario y lo hizo resbalar por donde el había lamido y poniendo su mano y el húmedo dedo de Mario sobre el grosor de la tela de el pantalón del muchacho, le dijo: -Me hiciste acabar, tonto.

A los dos meses siguientes de este suceso, Mario fue a pedir al bar la mano de Beatriz. Como por arte de magia, la viuda de González no se impuso. Llegó el día de la boda, Neruda era el padrino. Después de la iglesia todos se fueron al banquete y después bailaron, menos Neruda. Beatriz y Mario fueron a vivir a la casa de ella. Para él, ella todos los días seguía siendo hermosa.

Un día del cuarto mes, cuando la pareja se encontraba en el cuarto y Beatriz aguardo el último gorjeo del orgasmo, la madre entró en la habitación y le dijo a Mario que en vez de un gandul, pensaba que en su casa había metido un yerno. La hija objetó que su madre llevaba razón y él salió a buscar trabajo ya que ahora Neruda estaba en París y no tenia a quien llevarle la correspondencia. Dio vueltas por la caleta y a la oficina de correos pero sin resultado. Ese día llegó al bar un tal Rodríguez y le propuso a la viuda dar de comer como a unas veinte familias, que vendrían a trabajar. Ella aceptó porque Mario se comprometió a ocuparse de la cocina. Los obreros ya habían llegado para trabajar en la caleta, poniendo electricidad.

Un día que llegaron al mesón, Mario se dio cuenta que Rodríguez se había quedado fijo en el trasero de Beatriz. Cuando fue a servirle la ensalada que antes le había pedido, se la dejó teniendo de una amenazadora forma un cuchillo en mano, pero Rodríguez pensó que era de broma. Con el dinero ganado con este negocio, la viuda compró un televisor para el bar, y Mario pensó en ir a París a visitar a Neruda.

A los pocos días, el telegrafista se presento en el bar con un paquete y una carta para Mario, de remitente pablo Neruda. Abrió con ansia la carta. En ella el poeta narraba como llevaba su vida en el ministerio. El paquete contenía una grabadora marca <SONY>, con una tarjetita color verde en la que ponía que apretara el botón del medio. Lo pulsó y escuchó la voz de Neruda que le decía que por favor grabara en esta grabadora los sonidos del mar, de sus campanas, de su casa, los pájaros... El final de la grabación era una canción francesa que le gustaba a Neruda.

Mario grabó los sonidos de los enfrentamientos de la naturaleza, el pelear de la naturaleza, el eco del viento, la belleza de los animales... en la grabadora.

Al pasar todo esto, un día llegó el diputado Labbé excusándose contra Allende, pidiendo una protesta contra la cuestión que el pueblo había bajado las producciones y permanecía el hambre, pidió la queja del pueblo para que Allende renunciara de su puesto.

En los días siguientes, el camión de pescado que iba a repartir a la caleta mandado por el ministerio, llegaba mas fresco y cargado que nunca; en un día de estos, el camión no fue porque al parecer había una huelga. Los pescadores tuvieron que volver al mar. A las semanas, el camión apareció otra vez, pero ya no tan resplandeciente como antes.

Mario había decorado su habitación con recortes de personajes franceses y un póster de Francia. A las pocas semanas, La grabadora con los sonidos de la caleta, unas metafóricas palabras de Mario, y el llanto de d. Pablo Neftalí Jiménez González: hijo de Mario y Beatriz, ya estaban siendo escuchadas por Neruda.

El dinero ahorrado por Mario para viajar a París, fue agotado todo por pablo Neftalí que ya con solo un año se dedicaba a espantar gaviotas y a caerse, tragar agua salada, dejarse en manos de los cangrejos...etc muy a menudo. Su padrino era Pablo Neruda, que de ahí le pusieron el nombre. Una de aquellas noches anunciaron por televisión el futuro agradecimiento de Neruda por el premio Nóbel de Literatura, y Mario decidió hacer una fiesta. Invitó a toda isla Negra, fueron todos los pescadores, obreros y mujeres. Se preparó un cabrito y más comida, música y un chileno decorado. Cuando el televisivo discurso de Neruda finalizó, el bar aplaudió de pie, y Mario se secaba sus emocionantes lágrimas. Pasaron toda la noche bailando intensa y alegremente; y aprovechando que todos habían perdido el sentido entre la música y el vino, Mario y Beatriz se escaparon a la cocina. El último gemido de orgasmo de esta retumbó en el bar. La madre entró en la cocina y les pidió un poco de más disimulo para los allí presentes.

Las huelgas de transportistas eran cada vez mas frecuentes y ya apenas había qué comprar para comer. Una noche de estas, cuando Mario dormía escuchó unas campanadas. Se levantó y se dispuso a salir para descubrir si es que don Pablo había regresado, pero Beatriz le hizo retornar por miedo que le pasara algo. Se levantó mas temprano que nunca con la ilusión de encontrarse ansiosamente con Neruda. Esperando en la puerta vio a doña Matilde - esposa de Neruda - abrir las persianas. Mario se apresuró hasta la casa para saludarles y llevarle la correspondencia. Matilde abrió la puerta y le informó a Mario de que no pasara, pues Pablo estaba enfermo. El cartero preguntó si era grave, la mujer asintió.

Una noche que el cartero dormía, el telegrafista le tocó por la ventana. Tenía cara de asustado. Abrió la ventana y el telegrafista se acercó a él y le hizo escuchar una radio que llevaba; se escuchaba una marcha militar alemana, que en todos los canales se escuchaba la mismo. Por el cielo pasaron tres helicópteros. El cartero cogió su moto comprada hace poco y se dirigió a por la correspondencia de don Pablo. Las tropas ya habían invadido el pueblo. En todos los balcones se podían observar metralletas.

Mario cogió el correo para Neruda que todo eran telegramas urgentes. De vez en cuando se escuchaban tiros, los últimos hacia el puerto. El clima era lluvioso. Una barrera de soldados y más atrás un camión rodeaban la casa de el poeta. Hasta el mediodía duró la aventura de Mario por las rocas y acantilados para llegar hasta la casa de don pablo.

Al llegar se coló por la terraza y Matilde vigiló que no miraran los guardias. Con silencio le indicó donde estaba el dormitorio. Mario entró a una habitación de luz tenue y olor a medicinas donde se encontraba el poeta. Pablo Neruda preguntó si era Mario y le pidió que se acercara a la cama. Mario se sentó junto a la cabecera de la cama. Le explicó que esta mañana había ido a verlo pero que los guardias sólo dejaron pasar al médico. El poeta le pidió que lo acercara a la ventana, pero Mario creyó que no era conveniente. Al final lo convenció para que le ayudara a levantarse. En la ventana se observaba a los militares rodeando la casa y una ambulancia. Se iban a llevar a Pablo a un hospital de Santiago. El poeta se puso mas pálido aún y su temperatura aumentaba. Mario le explicó lo que había hecho con sus más de veinte telegramas urgentes: como no podía traerlos hasta la casa por el acantilado, los leyó y se los aprendió de memoria para decírselos. Se los empezó a decir: el primero era de Suecia y decía que el presidente Allende había sido asesinado y que se ofrecía un asilo para Pablo Neruda, el segundo era de México, decía que ese le ofrecía a Neruda y familia un avión para trasladarse allí. En ese momento Neruda recordó su vida, sus metáforas, su gente y todo lo que había hecho en la vida. Recordó la caleta, sus mares y sus animales de la isla. Recordó la brisa fresca que le había hecho vivir, narrando la que sería su última metáfora en la que hablaba de la vida y la muerte.

El día 23 de septiembre de 1973 murió en la clínica Santa María. Mientras este hecho se producía, su casa fue saqueada, con cristales y pertenencias rotos. Lo velaron entre escombros. Al camino del cementerio, una consigna celebró a don Pablo Neruda y al ex presidente Allende. Mario supo de la muerte de el poeta por la televisión. Después de cenar él solo miraba al techo, pues no podía dormir. Unos frenazos le sobresaltaron, y por la ventana un hombre bigotudo le indicó que saliera a la calle. El hombre y otro joven que le acompañaba sacaron una tarjeta y en la puerta de la casa le preguntaron a Mario sobre su identificación. Todo sobre él lo sabían correctamente. El hombre del bigote informó a Mario de que tenía que ir con ellos para hacerle unas preguntas. Después podría volver a casa. Mario pudo distinguir que quien había dentro de uno de los coches era el diputado Labée. El hombre del bigote se montó en este coche y el hombre joven y Mario se dirigieron al otro Fiat negro. Mario escuchó en la radio del coche que las tropas se habían desplazado a más tierras y que pensaban secuestrar algunas revistas del país.