El Carácter

Psicosociología. Rasgos Psíquicos. Jung. Características. Tipos: nervioso, sentimental, colérico, apasionado, sanguíneo, flemático, amorfo y apático

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El Carácter

El carácter se trata del conjunto de rasgos psíquicos que se manifiestan en los modos típicos de actuación de cada persona. Es una expresión de la personalidad afectiva total, es el resultado de la mezcla de los aspectos emocionales, intelectual y volitivo de la personalidad, aspectos que son rasgos del carácter.

El carácter debe tener unidad y estabilidad. La unidad integra distintos dementos (tendencias, deseos, instintos, necesidades) y les da un sentido. La estabilidad es la permanencia de la unidad. Sin las dos condiciones no existe carácter pues las personas son inestables, caprichosas, cambian inesperadamente. El verdadero carácter aparece desde la niñez y dura toda la vida.

Estructura del Carácter

Los distintos aspectos y cualidades psíquicas del carácter están ligados entre sí, forman una organización relativamente integral, la cual es la estructura del carácter. Las cualidades del carácter no solo están interrelacionadas sino que tiene coherencia forman sistemas (complejos sintomáticos) que permiten, si se conocen algunas cualidades, deducir con certeza otras de ellas, por ejemplo, a la jactancia y agresividad le son afines cualidades como la ostentación, la insensibilidad y la falta de sinceridad.

El carácter es una peculiaridad individual, en cada persona se presentan complejos sintomáticos, combinaciones de cualidades que resultan de la forma propia en que se formó el carácter.

Clasificación del carácter

Para Carl G. Jung (1875 - 1951) los caracteres se reducen a dos tipos principales: introvertidos y extrovertidos.

Los introvertidos se orientan hacia lo que ocurre en su interior, meditan mucho antes de actuar, son vacilantes, desconfiados, miedosos. El extrovertido es atraído por las cosas externas, actúa rápido y después piensa, tiene iniciativa y es práctico, se compromete con lo nuevo y lo desconocido

Theodule Ribot (1839 - 1916) remite a tres caracteres básicos: sensitivos, activos y apáticos.

Los sensitivos: son dominados por la naturaleza afectiva, por el sentir; son muy impresionables, inquietos, pesimistas, contemplativos.

Los activos: viven para la acción, están llenos de energía, son optimistas y emprendedores.

Los apáticos: son de poca actividad y poca sensibilidad. Son indiferentes.

El carácter de una persona influye mucho en el estudio, en el trabajo y en la vida diaria, o lo facilita o lo dificulta. Es importante que las personas conozcan su carácter. Que conozcan sus puntos fuertes y débiles, para que puedan saber qué pueden esperar de ellos. Y también, cómo deben ayudarse y estimularse en la vida.

LOS TIPOS DE CARÁCTER

El nervioso:

1. Cambia continuamente de intereses y de ocupación. La persona de carácter nervioso se entusiasma con lo nuevo, pero sólo busca de ello lo que es práctico.

2. El nervioso le falta orden, disciplina y perseverancia en las cosas. Tiene una voluntad débil, es inestable, sociable, cariñoso y extrovertido.

3. En cuanto a su inteligencia, le cuesta la comprensión, la memorización y el razonamiento lógico de las cosas.

4. Es perezoso, distraído. Trabaja solamente cuando la tarea coincide con sus intereses momentáneos.

El sentimental:

1.  Es muy sensible, tímida, pesimista.
2.  El busca el aislamiento y la soledad.
3.  Es rencoroso, difícil de reconciliar. Se desmoraliza rápidamente. Es inseguro.
4.  En el trabajo es lento e indeciso.
5.  En cuanto a su inteligencia: es reflexivo, se centra en los objetos es muy abstraído.
6.  Le gusta hacer las cosas bien, pero se desalienta pronto ante las dificultades.
7.  Tiene problemas para adaptarse a cosas nuevas.

El Colérico:

1.  Siempre vive ocupado en cosas. Es un atrevido para hacer cosas nuevas.
2.  Debido a sus arrebatos, improvisa, se precipita, despilfarra energía y cae en la dispersión.
3.  Abandona las cosas cuando aparece algún  peligro. Es un extrovertido.
4.  En cuanto a su inteligencia: le gustan las cosas concretas, inmediatas, y técnicas.
5.  Comprende con rapidez y es bueno para improvisar.
6.  Se tensiona fácilmente.
7.  No le gusta sintetizar las cosas. Posee una escasa capacidad para adquirir nuevos conocimientos.
8.  Es poco disciplinado en su trabajo. Le gusta el trabajo en equipo individual.
9.  Cambia frecuentemente de actividad y no termina lo que empezó.

El Apasionado:

1. Posee una gran memoria e imaginación. Tiene una gran capacidad de trabajo.
2. Vive siempre ocupado. Tiene afición al estudio y le gusta todo tipo de tareas.
3. Prefiere trabajar sólo. Estudia de forma ordenada y metódica.
4. Se destaca en lectura, historia, redacción y matemáticas.
5. Le interesa lo social, lo religioso y político.

El sanguíneo:

1. Es muy poco sensible.
2. Sólo le mueven los resultados a corto plazo.
3. Tiene tendencia a mentir para conseguir lo que quiere.
4. Es cerebral. Piensa todo fríamente.
5. Es optimista, social y extrovertido
6. Es curioso. Le gusta tocar todo. Se adapta bien a cualquier ambiente.
7. Aunque es trabajador, se deja llevar por la superficialidad y la chapucería.

El Flemático:

1. Es reposado y tranquilo. Es reflexivo y callado
2. Es muy ordenado. Le gusta trabajar solo.
3. Es puntual y se preocupa por la exactitud de todas las cosas.
4. La inteligencia del flemático es lenta, pero profunda.
5. Tiene una buena aptitud para comprender lo esencial de las cosas.
6. Es dócil y metódico.

El amorfo:

1. Es perezoso. Su vida es dormir y comer
2. Es poco original, se deja llevar por el ambiente.
3. Es despilfarrador, impuntual y carece de entusiasmo.
4. Es social y extrovertido
5. Razona con mucha lentitud y analiza las cosas de forma superficial
6. Huye de cualquier esfuerzo. Suele aplazar las tareas. Es torpe y desordenado.

El Apático:

1. Es cerrado en sí mismo. Es melancólico
2. Es irreconocible y testarudo.
3. Es perezoso. Rutinario. Pasivo e indiferente
4. Carece de estimulo y actividad.
5. Es un pobre de ideas.
6. Es apático y poco interesado en actividades.

Todos estos rasgos caracterológicos son puntos de referencia. No podemos etiquetar la personalidad de las personas, como si cada uno de ellos no evolucionaran con el tiempo o no tuviera nada propio.

No podemos confundir lo psicológico con lo moral clasificando a las personas en “buenos” y “malos”. Con sabiduría podemos ayudarlos a crecer positivamente en sus características personales.