El Capitán Alatriste; Arturo Pérez Reverte

Literatura española comtemporánea. Narrativa actual. Novela histórica. Escritores españoles. Argumento. Personajes. Diego Alatriste. Iñigo Balboa. Espacio y tiempo

  • Enviado por: Paula
  • Idioma: castellano
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El capitán Alatriste

Argumento

En Madrid, año mil seiscientos veintitantos; el capitán Alatriste, anteriormente soldado y ahora espadachín por cuenta de otros, se encuentra en la Taberna del Turco a punto de batirse en duelo con otros dos hombres para ayudar a su amigo Francisco de Quevedo, ebrio y sin opciones de vencer sin ayuda. Cuando ya todos estaban en la puerta de la taberna aparece el teniente de alguaciles, de nombre Martín Saldaña, acabando con la fiesta. Éste era amigo del capitán que agradeció evitar la riña gracias a su aparición

Martín Saldaña se acercó a Alatriste y le aseguró que tenía un trabajo perfecto para él que, recién salido de la cárcel como estaba y sin trabajo alguno, le haría ordenarse un poco la vida. Tenía que acudir esa noche al lugar indicado y allí le darían más instrucciones.

Cuando acudió le abrió la puerta un criado que, tras preguntarle su nombre, le llevó hasta una antesala donde se encontraba otro hombre completamente vestido de negro. Allí estuvieron esperando hasta la aparición de un enmascarado fuerte y grande, que les condujo a otra habitación donde se encontraba otra persona más, también con máscara, de mediana estatura y cabeza redonda.

El primer enmascarado hablaba como quien manda y es obedecido en el acto y aseguró al capitán y al hombre vestido de negro que no quería mucha sangre y menos, muertos. Debían atacar a dos viajeros ingleses que llegaban de incógnito, una emboscada con el menor escándalo posible. No dijo mucho más, únicamente el lugar donde se dirigían los viajeros, la casa de las Siete Chimeneas, conocida por ser la residencia del embajador de Inglaterra, y dos nombres: Thomas y John Smith. Solo tenían que coger los documentos que llevaran ambos viajeros y también sus pertenencias, pues así parecería un vulgar asalto. Al acabar entregarían los documentos en otro punto acordado y el resto de lo robado sería para ambos espadachines. Y sin más el enmascarado fuerte y grande se fue, el otro se quedó mirando al capitán y a su nuevo compañero como si aún quedara algo por decir, y así fue. Al rato apareció un tercer hombre, éste sin enmascarar y con hábito religioso, se presentó como el padre Emilio Bocanegra, temido presidente del Tribunal de la Inquisición, de quien se aseguraba que enemistarse con él incluía prisión, hoguera y muerte. Tras su llegada todo cambió, sin la presencia del enmascarado alto los otros dos ordenaron la muerte de ambos viajeros, de los que hablaban como herejes y prometieron más dinero de éste modo.

El capitán y su compañero eligieron el lugar del ataque, una estrecha calle de camino a la casa de las Siete Chimeneas, y tras una espera aparecieron los dos viajeros. Comenzó la lucha en la que era perceptible la ventaja que llevaban los dos espadachines contra los ingleses, pero ocurrió algo que lo cambiaría todo, uno de los ingleses pidió clemencia para que salvaran al otro y Alatriste, ante este signo de generosidad, entendió que había algo importante que él desconocía, supo que no les podían matar y detuvo el ataque aun costándole una grave amenaza de su compañero. Pidieron los ingleses ayuda para llegar a la casa de las Siete Chimeneas pero Alatriste se negó a otorgar más favores. Se dio cuenta de que ni él mismo tenía un lugar seguro donde ir esa noche así que pensó en su amigo el conde de Guadalmedina quien vivía muy cerca del lugar de la emboscada y allí fueron.

Una vez llegaron a la casa del conde los ingleses fueron atendidos por los criados y el conde contó la verdad a Alatriste. Sin saberlo había intentado matar a Jorge Villiers, marqués de Buckingham, y a Carlos Estuardo, príncipe de Gales que llegaba a España para avanzar en los trámites de su matrimonio con la infanta María. Alatriste agradeció la ayuda del conde quien le ofreció aposento para esa noche y acompañó a los viajeros hasta la casa de las Siete Chimeneas.

Al día siguiente todo Madrid eran festejos por la llegada de los ingleses. Al atardecer llamaron a la puerta del capitán, era Martín Saldaña, tenía orden de llevarlo detenido pero no se le acusabade nada, era requerido porque alguien quería hablar con él, eso fue simplemente lo que el teniente contó al capitán antes de salir de la casa y subir al carruaje que los esperaba.

Íñigo, un joven de trece años, hijo de un compañero de armas del capitán que al morir en el frente de batalla le encomendó que lo cuidase y que le servía como paje o criado, había estado presente en la conversación entre Alatriste y Saldaña y salió tras el carruaje armado con dos pistolas y una espada que al capitán no le habían permitido coger.

El carruaje se detuvo frente a una casa de apariencia miserable, salió Alatriste rodeado de Saldaña y sus hombres quienes lo dejaron y se alejaron de allí.

Dentro de la casa se encontraban dos hombres que el capitán reconoció con rapidez, fray Emilio Bocanegra y el enmascarado de la cabeza redonda que, tras un largo interrogatorio, dijeron al capitán que podía irse, sería castigado por la ira de Dios. Se marcharon los dos interrogadores con el único candelabro que iluminaba la habitación pero el capitán se encontraba seguro de que, en cualquier momento, aparecería la trampa.

Íñigo estaba fuera, confundido con la oscuridad, dispuesto a esperar y ayudar al capitán en lo que le fuera posible cuando notó el movimiento de una sombra y, tras fijarse detenidamente, reparó en otras dos, cada una en una salida. En ese mismo instante salieron otras dos sombras más de la casa y se aproximaron a una de las salidas donde había un carruaje y una de la siluetas en las que antes Íñigo había reparado esperando. Cruzaron brevemente unas palabras y el carruaje con las dos sombras recién salidas de la casa se fue, la sombra que antes estaba situada en una esquina volvió a su lugar. Sin más espera Íñigo distinguió la figura del capitán saliendo de la casa y cómo aparecieron rápidamente todas las oscuras siluetas junto a él que, como única ayuda, tenía una cuchilla. Íñigo salió de su escondite y disparó al primero de los adversarios del capitán e intentó hacer lo mismo con otro pero los nervios le vencieron y la bala se perdió en la oscuridad, tiró la espada al capitán quien la cogió al vuelo y empezó a luchar contra el resto. Cayó uno de sus dos contrincantes tras una gran estocada y reconoció en el tercer adversario a su compañero en aquella emboscada a los ingleses, éste le confesó su nombre, Gualterio Malatesta que, tras intentar atravesar al capitán un par de veces, se fue asegurándole que lo volvería a intentar.

Unos días después de aquella noche el capitán estaba junto Íñigo en el corral del Príncipe, pues se estrenaba una nueva obra de Lope de Vega y el capitán había prometido a su joven paje que lo llevaría. Lleno absoluto y, tras el segundo acto, el capitán fue atacado por cinco rufianes que se habían ido acercando a él durante la actuación, Alatriste aguantaría poco él solo y en esas estaba cuando su amigo, don Francisco de Quevedo, salió de entre los bancos para ayudarle pero, aún faltaba algo, en el palco se encontraban el rey, Gales y Buckingham, éstos dos últimos al oír gritar a don Francisco el nombre de Alatriste acudieron también en su ayuda hasta que el rey, Felipe Cuarto, reaccionó y ordenó a sus hombres detener aquella lucha.

Tras este gran revuelo a don Francisco de Quevedo lo dejaron ir, dos de los atacantes huyeron, otro había sido herido de gravedad y los otros dos fueron apresados junto al capitán. Alatriste fue llevado por corredores secretos hasta una sala donde se encontraba Gaspar de Guzmán, tercer conde de Olivares, al q ue el capitán reconoció como el enmascarado que pidió una emboscada sin muertes. Tras algunas preguntas y un rato de charla sobre el servicio del capitán como soldado y otros temas, entró un tercer hombre en la sala, Alatriste descubrió su identidad enseguida, era el segundo enmascarado, Luis de Alquézar, secretario privado del rey.

El conde continuó hablando y aclaró la existencia de una doble conspiración contra los dos ingleses, una con el fin de darles un susto y otra para darles la muerte, siempre con indirectas hacia el secretario que salió de allí con la clara advertencia de que su puesto en la Corte obligaba a una fidelidad incondicional hacia el conde.

En cuanto al capitán, que había permanecido allí durante todo este tiempo, el conde se dirigió a él para asegurarle que estaba libre pero que tuviera cuidado, pues aunque existía gente interesada en el hecho de conservarle con vida, acababa de salir de la sala alguien que no le perdonaría jamás, Alquézar. El conde aconsejó al capitán volver a la lucha en Flandes pues tras todo aquello no estaría seguro en España por mucho tiempo. Tras todo esto quedaba algo más, uno de los ingleses había dejado algo para el capitán, un anillo con un sello y una carta. Era una orden que obligaba a cualquier súbdito del rey británico a prestar ayuda a Diego Alatriste si lo necesita.

A la salida del Alcázar lo esperaba Íñigo al que Gualterio Malatesta había dado un mensaje para Alatriste: volvería a por el capitán, tarde o temprano.

Personajes

El capitán Alatriste: Es el protagonista de la obra. Había sido soldado y ahora el narrador nos asegura que malvivía al alquilarse como espadachín por cuenta de otros, incapaces de solucionar por cuenta propia sus problemas. Hombre valiente, inteligente y también noble, dentro de lo que le permitían sus trabajos. Fiel amigo y con muchas amistades debido, entre otras razones, a su tiempo como soldado. Poseía un peculiar sentido del humor y era reacio a mostrar sus sentimientos, por esa razón, aunque sentía un enorme afecto por Íñigo, no tiene con él muestras de cariño. Un rasgo de su carácter que se repite varias veces durante la obra es el hecho de que Alatriste jamás alardeaba de sus hazañas. Conocido como capitán, esto no era más que un apodo, pues nunca obtuvo este grado realmente. Físicamente era delgado, con un característico bigote, una mirada singular, clara y fría, y poseedor de dos sonrisas, una cálida y acogedora y otra amenazadora. En su amplia frente lucía una pequeña cicatriz y, a lo largo del cuerpo, tenía otras cuatro.

Conde de Olivares: Aparece pronto en la obra pero no lo identificamos hasta el final pues es uno de los enmascarados que encargan al capitán el ataque a los ingleses, desencadenando así el resto de la historia. Es el enmascarado que no pide la muerte para los ingleses. Con enorme poder en la Corte, era la mano derecha del rey.

Luis de Alquézar: Se identifica como tal a la par que el Conde de Olivares y también aparece en la obra con él. Entre los enmascarados es el que pide la muerte rápida y sin preguntas de los ingleses traicionando así al poderoso conde. Es el secretario privado del rey Felipe Cuarto y aunque el conde descubre su traición esto no tiene consecuencias considerables para él.

Fray Emilio Bocanegra: Cerca de los cincuenta y tantos años, tenía un aspecto frío. Poseía un enorme poder sobre la población, era el presidente del Santo Tribunal de la Inquisición, un hombre muy temido y respetado por la gente.

Gualterio Malatesta: Espadachín a sueldo de origen italiano, sicario de Luis de Alquézar. Contratado también para el ataque hacia los ingleses es ahí cuando conoce al capitán. Después de que Alatriste salvara a los ingleses Gualterio le guardará rencor para siempre, asegurando que acabará con su vida tarde o temprano. Era un hombre cobarde, de los que atacan por la espalda y nunca piensan más allá de sus intereses. Se le adjetiva como “una serpiente cómplice y peligrosa”.

Conde de Guadalmedina: Álvaro de la Marca era apuesto, mujeriego, culto, elegante, muy rico y tenía treinta y tres o treinta y cuatro años. Con un breve y brillante historial militar era de aquellos tiempos de los que conocía al capitán, los unía una mutua y gran consideración.

Jorge Villiers: Conocido en Europa como marqués de Buckingham. Era el joven favorito del rey Jacobo I de Inglaterra. Famoso caballero y adorado por las damas. De carácter noble y generoso pide clemencia para su acompañante cuando son atacados.

Carlos, príncipe de Gales: Hijo y heredero del rey Jacobo de Inglaterra, futuro rey de esa región, Escocia e Irlanda, quiere casarse con la infanta doña María, hermana de Felipe Cuarto. Joven, acaba de cumplir los veintidós años, era optimista.

Martín Saldaña: Teniente de alguaciles había sido soldado en Flandes como el capitán pero con mejor suerte, había ascendido al puesto que ocupa bajo ciertos rumores. Hombre de carácter bravo, duro y con malas pulgas era buen amigo del capitán e intentaba favorecerle siempre que podía.

Dómine Pérez: Amigo del capitán era un padre jesuita que siempre, mediante expresiones en latín, intentaba enseñar y tranquilizar al resto de hombres que formaban el grupo más cercano de amistades de Alatriste. “Era hombre vivido, buen teólogo, comprensivo con las flaquezas humanas, benévolo y apacible” “(…) y nunca le oí decir mal de nadie”.

Juan Vicuña: Antiguo sargento de caballos era fuerte y corpulento, había perdido la mano derecha en Nieuport y vivía de una licencia para explotar una pequeña casa de juego. Formaba también parte del grupo de amistades del capitán.

El Licenciado Calzas y Fadrique: Ambos componentes también del grupo de amigos de Alatriste, el primero trabajador en los juzgados y el segundo boticario.

Caridad la Lebrijana: Dueña de la taberna del Turco, buena amiga y a veces amante del capitán estaba completamente enamorada de éste y le ayudaba siempre que podía. Se le atribuye una considerable belleza.

Angélica de Alquézar: Entre los once y los doce años era una joven rubia, de ojos azules y adinerada, sobrina de Luis de Alquézar, de la que Íñigo se enamora aun habiendo cruzado solo dos o tres palabras con ella y que según se adelanta en la novela sería la persona más malvada que conocería jamás y una de las meninas retratadas por Velázquez en su famoso cuadro.

Rey Felipe Cuarto:Se le describe en la historia como un rey joven, simpático, mujeriego, piadoso y “fatal para las pobres Españas” pues no vivía centrado en la política del país ni trabajaba por las mejoras.

* En este apartado se podrían nombrar otros personajes como Íñigo, Lope de Vega o Francisco de Quevedo pero aparecen en el apartado de narrador, el primero, y en el apartado de escritores que aparecen en la obra, los dos restantes.

Narrador

Esta obra está contada por un narrador en primera persona que se intercala con uno en tercera persona. Es Íñigo Balboa, que es el criado y paje del capitán Alatriste.

El padre de Íñigo, de nombre Lope Balboa, era compañero y amigo del capitán tras haber servido juntos como soldados. Tanta era su amistad que Alatriste le juró al padre de Íñigo que se ocuparía del muchacho, y así fue. Cuando el niño estaba a punto de cumplir los trece años su madre lo envía con el capitán.

Íñigo era inteligente y espabilado “(…) nunca fui ningún pardillo”, fiel al capitán, tenía cariño y respeto por él. Era también valiente y decidido como demuestra en el capítulo El Portillo de las Ánimas.

Nos adelanta algunos datos de su futuro como que llegará a conocer realmente a Angélica de Alquézar “(...) pero ni siquiera tras haberla conocido como más tarde al conocí” y su servicio como escolta trascurrido treinta años de la época en la que se narra la historia.

Espacio y tiempo

Toda la historia se desarrolla en el Madrid del siglo XVII. No se concreta el año ya que la fecha más exacta que nos dice el narrador es mil seiscientos y veintitantos.

Reinaba en España “el buen rey Felipe Cuarto, nuestro señor, y su valido el conde de Olivares” que gozaban de una España “poderosa y temida en el exterior pero tocada de muerte en el alma”, “En aquella España corrupta donde todo estaba en venta”, se añade.

Algunas citas del libro indican la pobreza existente en España pero también es un tiempo de grandes obras literarias y pictóricas. La época se describe como “aquel tiempo a la vez magnífico, decadente, funesto y genial” “A ese tiempo infame lo llama Siglo de Oro”.

Se muestra también la afición del pueblo, de todas las clases sociales, por un arte, el teatro. En el capítulo El corral del Príncipe nos describe un corral con los bancos llenos de espectadores.

Era un país con altos cargos que trabajaban poco y que dependía del oro y la plata proveniente de las Indias. Esas riquezas se agotaban en fines sin beneficio, como la guerra en Flandes.

Escritores que aparecen en la obra

Francisco de Quevedo: Poeta famoso en la Corte, tanto por sus buenos sonetos como por su numerosas órdenes de arresto o destierro “el buen rey Felipe Cuarto y su valido el conde de Olivares apreciaban sus certeros versos, lo que ya no les gustaba tanto era protagonizarlos”. “Era un poeta cojitranco y valentón, putañero, corto de vista, caballero de Santiago, tan rápido de ingenio y lengua como de espada”. “Era testarudo y orgulloso (…) resultaba excelente compañero de mesa y buen amigo de sus amigos entre los que se contaba el capitán Alatriste”. Era ágil y diestro espadachín.

Luis de Góngora: De este escritor se nombra su gran enemistad con Francisco de Quevedo pues intercambiaban sonetos de críticas. Este es un poema que se cita en la obra dirigido a Quevedo.

Musa que sopla y no inspira,

y sabe por lo traidor

poner los dedos mejor

en mi bolsa que en su lira.

A lo que Quevedo contestaba:

Hombre en quien la limpieza fue tan poca,

no tocando a su cepa,

que nunca, que yo sepa,

se le cayó la mierda de la boca.

Lope de Vega: Todo el pueblo le tenía un gran respeto “caminando despacio entre los saludos de la gente que se apartaba para dejarle paso”. Sus obras reunían a un elevado número de espectadores. Y físicamente se cita “su digna figura clerical vestida de negro, el rostro enjuto con cabellos cortos, casi blancos, el bigote gris y la sonrisa cordial, algo ausente, como fatigada”

*Se nombran otros escritores como Calderón, Hurtado de Mendoza, Alarcón, Vélez de Guevara, Rojas, Agustín Moreto, Miguel de Cervantes o Saavedra Fajardo.