El capitán Alatriste; Arturo Pérez-Reverte

Literatura española contemporánea. Narrativa y novela de aventuras. Espadachines. Mercenarios. Corte de Felipe IV. Intrigas palaciegas. Personajes

  • Enviado por: Silvia
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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EL CAPITÁN ALATRISTE.

Arturo Pérez-Reverte

Editorial Afaguara.- 1996

ÍNDICE

EL AUTOR Y SUS OBRAS Página 2

INTRODUCCIÓN ARGUMENTADA Página 3

MARCO TEMPORAL Y GEOGRÁFICO DE LA OBRA Página 3

ESTRUCTURA Y TEMA Página 4

PERSONAJES PRINCIPALES Página 5

ARGUMENTO Página 6

OPINIÓN PERSONAL Página 10

EL CAPITÁN ALATRISTE.

EL AUTOR Y SUS OBRAS

Arturo Pérez-Reverte, nacido en Cartagena en noviembre de 1951, es uno de los principales narradores del panorama literario español actual.

Tras vivir 21 años (1973-1994) como reportero de prensa, radio y televisión, cubriendo informativamente los conflictos internacionales, actualmente se dedica exclusivamente a la literatura.

Trabajó doce años como reportero en el desaparecido diario Pueblo, y nueve en los servicios informativos de Televisión Española (TVE), como especialista en conflictos armados.

Como reportero, Arturo Pérez-Reverte ha cubierto informaciones bélicas en los más diversos lugares del planeta: Chipre, el Líbano, Eritrea, el Sahara, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, el Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el golpe de estado de Túnez, etc. Los últimos conflictos que ha vivido son: la revolución de Rumania (1989-90), la guerra de Mozambique (1990), la crisis y guerra del Golfo (1990-91), la guerra de Croacia (1991) y la guerra de Bosnia (1992-93-94).

En la actualidad, escribe una página de opinión en El Semanal, suplemento del grupo Correo que se distribuye simultáneamente en 99 diarios españoles, y que se ha convertido en una de las secciones más leídas de la prensa española.

Como obras literarias de este autor merecen citarse: El húsar (1986), El maestro de esgrima (1988), La tabla de Flandes (1990), El club Dumas (1993), La sombra del águila (1993), Territorio comanche (1994), Cachito (Un asunto de honor) (1995), Obra breve (1995), La piel del tambor (1995), El Capitán Alatriste (septiembre de 1996), Patente de corso (1998), La carta esférica (2000)

A finales de 1996 aparece la colección Las aventuras del capitán Alatriste, que, desde su lanzamiento, se convierte en una de las series literarias de aventuras de más éxito de todos los tiempos. Hacía mucho tiempo que no aparecía un personaje como el capitán Alatriste, que los lectores hicieran suyo y cuya continuidad reclamaran. Un personaje como Sherlock Holmes, como Marlowe, o como Hércules Poirot.

El capitán Alatriste (1996), Limpieza de sangre (1997), El sol de Breda (1998) y El oro del Rey, (2000) , constituyen la saga del Capitán Alatriste y han alcanzado cifras de ventas sin parangón en la edición española. Este hecho nos demuestra que nos encontramos ante un personaje del gusto de los lectores. Un capitán español de los tercios de Flandes, una figura humana, con sus grandes virtudes y sus grandes defectos, perfectamente trazada, minuciosamente situada en su tiempo - siglo XVII- y su geografía, rodeada de amigos que han hecho historia, partícipe de las principales hazañas de su época. Un personaje para siempre.

Pérez-Reverte ha recibido numerosas distinciones y premios, tanto nacionales, como extranjeros, tanto por sus reportajes periodísticos, como por su creación literaria.

Su obra más galardonada es La tabla de Flandes, premiada por la revista Lire (Francia - 1993), por la Academia Sueca de Novela Detectivesca (1994), por The New York Times Book Review (1994), por la Swedish Academy for Detection (1995). Igualmente ha sido muy galardonada su obra La piel del tambor (Día Mundial del Turismo de la ciudad de Sevilla 1996, Premio Jean Monnet de literatura europea 1997, revista Elle al mejor libro de ficción 1995).

Como premios obtenidos por su labor periodística merecen mención el Premio Asturias de Periodismo por su cobertura para TVE de la guerra de la ex Yugoslavia y el Premio Ondas 1993 por La ley de la calle, de Radio Nacional de España.

INTRODUCCION ARGUMENTADA

Según el autor esta obra la ha escrito rindiendo homenaje a las novelas de aventuras y espadachines que acompañaron su inicio como lector

Estas obras podrían ser, por ejemplo, la trilogía de Alejandro Dumas de “Los tres mosqueteros” que pertenecen al género de la novela histórica.

La novela histórica evoca una época pasada encarnada en personajes reales y de ficción, generalmente con voluntad de análisis social y político. Su eficacia reside en que el autor se vale de hechos, situaciones o personajes históricos para llevar a cabo una revisión crítica de la memoria común a fin de reinterpretar su propia contemporaneidad. Suele considerarse que Waverley (1814), de W. Scott, es la pionera de este género, que evolucionará y se popularizará a lo largo del siglo XIX.

O quizás, podría considerarse esta obra como novela de aventuras realista. Este género se creó en el siglo XVIII en Inglaterra, a partir de la influencia de la novela picaresca y del “Quijote”.

MARCO TEMPORAL Y GEOGRÁFICO EN QUE SE SITÚA LA OBRA.

La acción de la obra se desarrolla en el Madrid del siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV, concretamente en el año 1623, en que el príncipe de Gales, Carlos Estuardo, visitó España para obtener la mano de la infanta María, aconsejado por su valido el marqués de Buckingham. Las reticencias españoles acabaron por exasperar al príncipe, que abandonó el proyecto, terminando por casarse años más tarde con la princesa Enriqueta María, hermana de Luis XIII, rey de Francia.

Es una novela de aventuras, ambientada históricamente en esta época, que sirve de “pretexto” para describir las costumbres y las gentes y recordar los personajes principales del Madrid de esta época, así como las “intrigas palaciegas” del imperio español en decadencia.

Dice Pérez-Reverte, “Una España todavía temible en el exterior, pero que a pesar de la pompa y artificio, de nuestro joven rey, de nuestro orgullo nacional y nuestros heroicos hechos de armas, se había echado a dormir confiada en el oro y la plata que traían los galeones de las Indias. Pero ese oro y esa plata se perdían en la aristocracia, el funcionariado y el clero, perezosos, maleados, e improductivos, y se derrochaban en vanas empresas como mantener la costosa guerra reanudada en Flandes”.

Con citas como ésta, nos da a conocer la situación de aquella época, donde la corrupción, y los arreglos de cuentas o de cuernos, que se resolvían a estocadas, estaban a la orden del día. “En aquella España corrupta donde todo estaba en venta, desde la dignidad eclesiástica a los empleos más lucrativos del Estado

De paso, Pérez-Reverte escoge como personajes secundarios a los genios literarios del Siglo de Oro para narrarnos anécdotas sus vidas, hablarnos de su carácter, mostrarnos fragmentos de sus obras o hablarnos de sus rencores. Esto ocurre singularmente con Francisco de Quevedo, contertulio de taberna y amigo del protagonista de la historia, Diego Alatriste y Tenorio. Se sirve igualmente de Diego Silva de Velázquez, de cuyos retratos toma prestados los personajes: El Capitán Alatriste, que es uno de los figurantes del cuadro “La rendición de Breda” o Angélica de Alquézar, una de sus “Meninas”. Gracias a esta licencia consigue hacer unos retratos de los personajes muy realistas tomando como modelos los ejemplares pictóricos.

ESTRUCTURA Y TEMA

En la obra se pueden encontrar al menos dos aspectos diferenciados. Por una parte es fundamental la descripción del Madrid de la época, reflejo de la situación histórica de una España a la deriva, en palabras del autor, “todavía poderosa y temida en el exterior, pero tocada de muerte en el alma". Pérez-Reverte, a través de Íñigo, dedica varios capítulos a la descripción de los lugares comunes de Madrid, sus calles oscuras, sus tabernas, sus soldados sin trabajo, fanfarrones, jaques y valentones, los paseos del pueblo al prado de San Jerónimo y su afición al teatro. En estas reflexiones de la madurez o vejez de Iñigo se reflejan la añoranza de éste por los años en que era joven y el presagio de la decadencia de España.

En segundo lugar nos encontramos con la aventura del Capitán Alatriste, mercenario a sueldo, a quien encargan por partida doble, junto a otro jaque, Gualterio Malatesta, provocar en emboscada a dos visitantes ingleses que viajan de incógnito, ocultándoles sus nombres. El capitán, en el momento decisivo, decide no ejecutar la tarea que le han encomendado, por lo que es perseguido, tanto para saber qué ha contado, como para silenciarlo definitivamente.

Este lance es el eje fundamental de la historia, que aparece y desaparece, como los ojos del Guadiana, para describirnos las intrigas de palacio y la situación marginal del propio rey en los asuntos de Estado, que es en sí el tema fundamental de la novela.

Este aspecto del relato nos recuerda a las novelas de aventuras, como las de Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo, etc.), que, sin duda, debieron llenar parte de la infancia del autor y son, en buena medida, el modelo seguido en su creación.

PERSONAJES PRINCIPALES

Escoge el autor como héroe y eje de su relato al Capitán Diego Alatriste y Tenorio, viejo veterano de los Tercios Españoles que combatieron en Flandes. Es un valiente soldado que nunca llegó a ser capitán, siendo su nombre solo un apodo. Curtido en mil batallas y que, como recuerdo de las mismas, conserva mil costuras. En paro forzoso, tras la tregua conseguida en Flandes por el rey Felipe III, “causa de que tantos soldados veteranos anduviesen todavía sin trabajo ... incrementando las filas de desocupados fanfarrones, jaques y valentones ...”.Sus aventuras nos son relatadas por Íñigo de Balboa, un joven guipuzcoano huérfano de sólo trece años en el momento de los hechos, criado y discípulo del capitán, que es quien nos relata esta aventura ya en su vejez.

Del carácter del Capitán Alatriste , en palabras de Íñigo, diremos que “el Capitán pertenecía a la variedad silenciosa y nunca lo vio nadie alardear de campañas o heridas a diferencia de tantos otros”, lo que resultaba singular en aquellos días de bravucones. Conservaba, como tesoro de otras épocas y lances, simplemente amigos y esto porque era “discreto” y sabía mantener la boca cerrada en relación a cuantos asuntos turbios se había visto envuelto para sobrevivir. Sólo esta cualidad, junto a su sentido del “valor”, “lealtad” y “nobleza”, le permitió salir airoso del callejón sin salida que supone la doble trama o complot en que altos personajes del reino introducen a nuestro héroe.

Son igualmente fundamentales el conde de Olivares, privado del rey, don Luis de Alquezar, secretario privado de Su Majestad, y fray Emilio BocaNegra, presidente del Santo Tribunal de la Inquisición.

Es Olivares un personaje que aparece poco en el relato, pero que ocupa una posición central. Es astuto e inteligente, se ha encumbrado a la mas alta posición al ser el favorito del rey, y maneja todos los asuntos de estado, siendo insustituible, no en vano permanece en este puesto durante más de veinte años. Singularmente bien informado por sus espías y con un fuerte carácter, prefiere conservar a sus enemigos cerca para controlarlos, pero que es consciente que su suerte puede cambiar en cualquier momento.

Alquezar es un trepador intrigante, corrupto y ávido de dinero con muy pocos escrúpulos, capaz de los mayores odios.

Por último Fray Emilio es un personaje orgulloso, sanguinario, que desprecia a todo y a todos y que busca el poder de la Iglesia por encima de todo. Es singular el desprecio que siente por los soldados a los que considera simples instrumentos para conseguir sus fines. “Los soldados sois chusma, ... gentuza de armas blasfema, saqueadora y lujuriosa. .... Una vida se os da un ardite”, dice al capitán quien encarga matar a cualquiera, simplemente por ser “hereje” o por suponer un cambio que puede dificultar el poder de la Iglesia.

ARGUMENTO

Mas, para entender estos aspectos, es necesario hacer al menos un breve resumen de la aventura que nos relata el joven Íñigo.

Son, en primer lugar, el conde de Olivares, valido del rey, junto con don Luis de Alquézar, secretario de Su Majestad, ambos embozados en oscuros ropajes y antifaces, por un lado, quienes encomiendan a nuestro capitán y a Gualterio Malatesta asustar a los ingleses ya citados y despojarles de sus papeles. Por otro, tras ausentarse el conde, don Luis y fray Emilio Bocanegra, a cara descubierta, alto cargo de la Santa Inquisición, les conminan a asesinarlos, bajo amenazas, que, viniendo de quien vienen, no se pueden desdeñar.

De acuerdo con la encomienda recibida, Gualterio y nuestro capitán preparan una emboscada a los ingleses en un callejón oscuro, ya entrada la noche. Gualterio ataca al más joven que logra esquivar la cuchillada y previene a su compañero. La pelea entre los cuatro hombres prosigue hasta que Gualterio alcanza al más joven de los ingleses. El mayor exclama “¡Cuartel para mi compañero!”, descuidando su propia guardia. El capitán aprovecha para desarmarlo. El inglés, en vez de pedir clemencia para sí, prosigue pidiendo clemencia para su compañero, llevándose la mano al pecho, como si estuviera formulando un juramento solemne y no una súplica. La “nobleza” del gesto del acompañante, y que uno de los enmascarados, al que los otros llamaban Excelencia, le hubiera mandado asustarles, hizo dudar a nuestro héroe y tornar de bando, enfrentando su espada a la de Gualterio. Éste, tras lanzar un par de estocadas, dando una patada al farol que les alumbraba, huye.

Tras la reyerta Alatriste se niega a responder a las preguntas de los que ha advertido tienen que ser nobles ingleses, tal vez más por prudencia que por no descubrir a sus contratadores. Simplemente les busca protección inmediata, pues teme un nuevo ataque. Acude para ello a un viejo amigo, muy influyente y poderoso, el conde de Guadalmedina, a cuyos favores recurre muy de tarde en tarde, con mesura, y al que sirvió en antiguas campañas. Es el conde de Guadalmedina quien traslada a los ingleses hasta la embajada inglesa, tras enterarse que son nada menos que el príncipe de Gales, heredero del trono inglés, y el marqués de Buckingham. Mas nuestro capitán sólo relata al conde una parte de la historia, aquella que afecta al noble desconocido, ocultándole la existencia de Bocanegra. Una muestra más de “discreción” no exenta de “temeridad” y “valor”, ya que a él solo le corresponderá afrontar el peligro de la venganza.

A la mañana siguiente corre por Madrid la noticia de la llegada de tan altos personajes y del asalto sufrido al amparo de la noche, por unos simples salteadores. Noble empeño el del joven príncipe heredero de viajar a Madrid de incógnito para reclamar la mano de la hermana del monarca Felipe IV, María de Castilla, y así emparentar ambas coronas. El pueblo de Madrid acude en masa a rendir su homenaje a tan noble personaje por tan noble gesto. Pero los viejos católicos, las monarquías extranjeras y el propio Vaticano no pueden aceptar de buen grado dicha boda, unos por motivos políticos, otros por motivos religiosos. ¡Cómo permitir que un hereje se case con la hermana del rey! ¡Cómo permitir la alianza de ambos reinos!

El destino de España, la paz o la guerra, habían estado en las manos de nuestro personaje sin saberlo. Nuestro humilde capitán, con su sentido del honor y la nobleza, había torcido el destino trazado en los gabinetes y despachos quién sabe de que importantes personajes. Un humilde peón había destrozado la estrategia. No había lugar donde pudiera ocultarse. Por eso, aunque le recomiendan que desaparezca, arrostra el peligro, pasa la noche en su casa, despierto y armado hasta los dientes, a la espera.

No es, sino al atardecer siguiente, cuando acude a prenderle el teniente de Alguaciles Martín Saldaña. Viejo conocido suyo, a quien unen antiguas camaraderías y lealtades, precisamente el mensajero de quien se sirvieron para encargarle este penoso trabajo. Le conducen en carro por tortuosos vericuetos hasta un caserón apartado situado en el Portillo de las Ánimas. Mientras tanto, el joven Íñigo, en vez de buscar cobijo, decide hacer un hatillo con la capa de su señor guardando en su interior las armas que encuentra a su alcance y sigue al carro hasta su destino guardando las distancias para no ser visto.

En el caserón le esperan don Luis y fray Emilio. Le someten a un interrogatorio en el que muestran más interés en saber cuánto había contado y a quién, que los motivos que le llevaron a cometer traición. El se mantuvo firme y altivo en sostener que ni Guadalmedina, ni nadie sabían nada de su entrevista con los dos enmascarados y el fraile, que él no se iba de la lengua y que ni siquiera estaba interesado en saber quién fue el otro enmascarado que exigió contentarse con dar a los ingleses simplemente un escarmiento, pero con resguardo de sus vidas, lo que para don Luis y fray Emilio podía constituir una amenaza. Don Luis y el fraile, tras advertirle que es un “cadáver, que por algún extraño azar todavía se sostiene en pie”, abandonan la sala, dejando a nuestro héroe presa del temor a sufrir una emboscada, lo que ocurrió poco después nada más salir a la calle.

Gracias a la ayuda de Iñigo y de las armas que éste trajo consigo consiguen zafarse de la emboscada en la que participan tres emboscados, dos caen en la lucha, uno de un disparo de Iñigo, otro de una estocada de Alatriste, dándose a la fuga el tercero, que resulta ser una vez más Gualterio Malatesta.

Siguen unos días en que reina la calma, aunque nuestros protagonistas duermen con los ojos abiertos, mientras Madrid arde en fiesta, para festejar al príncipe de Gales. Deambulan de día por los lugares comunes, con los amigos del capitán, participando del ambiente festivo, hasta que en las gradas de San Felipe advierten un día que son observados por dos individuos con aspecto de corchetes o gente a sueldo, lo que les previene del peligro.

Mas el mal no vino por ahí, sino de una indiscreción de Iñigo, que ignorante del peligro, cuenta a Angélica de Alquézar, relatar como la conoció nos llevaría a otra historia, que es intención de su amo acudir al día siguiente a la representación de la comedia “El arenal de Sevilla” en el Corral del Príncipe. Este fue el momento y el lugar escogido por su tío, el parentesco hasta entonces era desconocido de nuestros amigos, para preparar la celada.

Así Alatriste se encontró, sin esperarlo, con que en el Corral del Principe le acechaban. Se percató al reconocer a los dos sujetos del día anterior. Observó con paciencia sus maniobras de aproximación y las señales a otros tres. Uno, que estaba cerca de ellos, no cesaba de chistarles pidiendo silencio, con ánimo de provocar para empezar la reyerta. Alatriste era perro viejo en esas lides y no se dejó engañar. Apartó a Íñigo, se dirigió al patio y sacó su espada antes de que el más próximo pudiera reaccionar. Cinco a uno eran muchos para él. Con el ruido de la lucha acudió en tropel la gente y formó un corrillo alrededor de los contendientes Recibió una cuchillada en la frente, pero cuando estaba a punto recibir la última en su garganta, llegó don Francisco de Quevedo, uno de sus amigos y compañero de lances, gritando “¡Alatriste! ¡A mí! ¡A mí!”, desviando en el último instante la estocada. En el palco se hallaba el rey y sus ilustres invitados. Al oír esto el príncipe de Gales y Buckingham acudieron igualmente en defensa de Alatriste, lo que obligó al rey a mandar la guardia.

Al día siguiente nuevamente es Martín de Saldaña quien conduce a Alatriste desde la cárcel al Alcázar Real, donde le espera el conde de Olivares y privado del rey. La espera en el propio despacho del conde, se hace larga, lo que da tiempo al reo a examinar a la luz del día al laborioso escribano que tiene delante, en quien reconoce a Su Excelencia, el embozado que no quería sangre, que exigía solo un escarmiento. Alatriste se encierra en sombríos pensamientos, sólo quiere una muerte digna. De su ensoñación le despierta la voz del conde: “-¿Me habéis visto alguna vez?” Su sexto sentido le aconseja la prudencia. El interrogatorio es largo y duro. Se refugia en el olvido o ignorancia en cuanto a la conspiración se refiere. En cuanto a su vida, reconoce abiertamente sus errores, muestra orgullo por su sentido del honor y humildad ante las alabanzas de los poderosos que lo avalan. Unicamente, de manera vaga, recuerda al conde que “cuando se me encomendó cierto servicio especial, el principal de mis empleadores dijo que no quería muertes en el lance ”, pero una vez más insiste en que no conoce al empleador, que iba encubierto con un antifaz y hasta niega haber conocido a Gualterio, alegando mala memoria, incomodando al conde hasta el extremo de temer que todo había acabado. Solo su mirada, su aspecto firme, su ojos fríos y valerosos posponen la sentencia. “-Debo despachar unos asuntos. ... aguardad aquí un poco más.”, fue la conclusión del privado.

Convoca el conde a un nuevo individuo en cuyos aires familiares reconoce Alatriste al segundo encapuchado. Solo falta el fraile, piensa Alatriste. Pero fiel a su papel se mantiene firme y distante.

- Resumiendo. Que hemos topado con dos conspiraciones. Una encaminada a dar una lección a ciertos viajeros .... y otra dirigida simplemente a asesinarlos”. Así se dirige el conde al nuevo visitante, el secretario privado del rey don Felipe. El ardid del conde cumple su función.

“- Algo había oído yo también de la primera. ...En cuanto a la segunda ... Ignoro lo que este sujeto ha podido contar.

- Este sujeto no ha contado nada. Lo tengo aquí esperando ...”

Sorprendido no tiene más remedio que ir cediendo terreno y reconocer su participación y la de fray Emilio, pagados por otras potencias extranjeras. Concluye la entrevista perdonándole la vida, no sin recordarle cual es su posición y exigiéndole que respete la vida de Alatriste.

Una vez sólos Olivares y Alatriste, el conde se despide: “-Estáis vivo porque no merecéis morir, ... Y también porque hay quien se interesa en vos” El diálogo prosigue hasta que Olivares hace entrega a Alatriste de un sello con el escudo de Su Majestad Británica y una carta en que el rey inglés obliga a cualquier súbdito a prestar ayuda al Capitán Diego Alatriste si éste lo ha menester.

Las últimas palabras del conde son altamente significativas de su posición en el reino, aún siendo, después del rey, la persona más importante del mismo. “- Lo que yo daría por disponer de una carta como esa.

OPINIÓN PERSONAL

En esta obra el autor nos quiere sumergir en el ambiente de la época, lo que consigue admirablemente tanto a través de los personajes y su caracterización, como de las descripciones de los lugares y costumbres. A veces utiliza expresiones de nuestra época, por ejemplo “Jesucrito bien dijo hermano, pero no primo”, utilizando primo con el doble sentido actual, que no se adapta totalmente a la forma de hablar de entonces. Todo ello para conseguir agilidad y poder acomodarse al lector actual. Aún así, la adecuación es maravillosa y logra transportarnos al siglo XVII para vivir grandes aventuras.

La función principal de la obra es la representativa, aunque se puede observar también la emotiva y apelativa en los diálogos, y en algún momento la poética.

La cohesión entre algunos episodios no es muy buena, ya que cambia de un tema a otro sin ningún tipo de explicación o aparente relación.

Yo creo que la obra es muy buena, fácil de leer, atractiva al lector y sobre todo muy entretenida. También es en parte didáctica, mostrándote la historia y la sociedad de una manera cautivadora. Para ello se sirve principalmente de personajes secundarios, Caridad la Lebrijana, la dueña de la taberna del Turco, el Licenciado Calzas, leguleyo listo, cínico y tramposo, Domine Pérez, un jesuíta de natural bondadoso empeñado en restañar heridas y evitar disputas, así como de su afición a la poesía de Lope de Vega y sus comedias o del mismo Francisco de Quevedo, su enemistad con Góngora y sus versos satíricos.

Son sobre todo notables los diálogos entre los personajes, que resultan muy ágiles y mantienen vivo el interés del lector.

'El capitán Alatriste; Arturo Pérez-Reverte'

BIBLIOGRAFIA:

PÉREZ-REVERTE, A.. “El capitán Alatriste

Editorial Alfaguara. 1ªEdición

Madrid, septiembre de 1996

Enciclopedia 2000 LAROUSE

Diversas paginas de Internet y artículos de “Que leer”