El capitán Alatriste; Arturo Pérez-Reverte

Literatura española contemporánea. Narrativa actual. Novela histórica. Barroco español. Contexto social. Argumento y personajes

  • Enviado por: Bixita
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 47 páginas
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El Capitán

Alatriste

INDICE

  • BREVE RESUMEN DEL ARGUMENTO

  • PERSONAJES PRINCIPALES Y SECUNDARIOS: RETRATOS

  • ESCRIBE UNA CARTA DE PRESENTACIÓN DE DIEGO ALATRISTE

  • PRINCIPALES ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS REFLEJADOS EN LA OBRA

  • OFICIOS Y COSTUMBRES PROPIOS DE LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII

  • EL PESIMISMO Y EL FATALISMO DEL BARROCO

  • COINCIDENCIAS ENTRE ÍÑIGO DE BALBOA Y EL LAZARILLO DE TORMES

  • EXPLICACIÓN DE DIEZ PALABRAS Y DIEZ EXPRESIONES USADAS EN EL LIBRO.

  • LOCALIZACIÓN EN LA NOVELA DE EJEMPLOS DE ACTITUDES SOLIDARIAS.

  • RECOPILACIÓN DE INFORMACIÓN SOBRE LOS CORRALES DE COMEDIAS

  • COPIA DE CINCO FRAGMENTOS DE CINCO OBRAS LITERARIAS

RESÚMENESPRIMER CAPÍTULO

Diego Alatriste era un soldado, que como muchos otros en tiempos de paz, malvivía en Madrid haciendo trabajos como espadachín para otras personas que no tenían el valor de solucionar sus propios problemas. Debido a su experiencia militar manejaba con soltura tanto la espada como la daga, virtud muy necesaria para sobrevivir en su trabajo. Era conocido como 'capitán Alatriste' aunque nunca ejerció como tal sino que el rango era un apodo que provenía de una escaramuza acaecida cuando sirvió en los tercios de Flandes contra los holandeses. Sucedió así: una noche un grupo valientes soldados, entre ellos el propio Diego, cruzaron a nado las aguas heladas de un río, vestidos únicamente con camisa y calzones, para sorprender a unos soldados holandeses antes de que llegara el grueso de las tropas españolas por la mañana. Los españoles acuchillaron a los holandeses pero al llegar la mañana, no llegaron sus compañeros y se encontraron rodeados por un montón de "infieles" deseosos de matarles y casi lo consiguieron, ya que esa noche sólo dos soldados españoles, Alatriste y Lope Balboa, consiguieron volver a la otra orilla.

Diego había pasado el día dando órdenes a sus compañeros y de ahí le venía el sobrenombre de capitán. Igual que surgió el mote también nació una fuerte amistad entre los dos supervivientes; tal fué la confianza que se tomaron que Diego Alatriste juró a Balboa encargase de su hijo si a él le ocurría cualquier desgracia. Así fué como Íñigo Balboa pasó a ser el mozo de Alatriste a la temprana edad de 13 años cuando, muerto su padre y con otras dos bocas que alimentar, su madre decidió enviarle ante su presencia con una carta escrita por el clérigo instándole a cumplir su promesa.

Íñigo comienza a contar la historia del capitán cuando Alatriste entra en la cárcel por no haber pagado sus deudas, tiempo que no pasó tan mal como era de esperar debido a que tenía bastantes amigos que le socorrían, bien con comida como la Lebrijana o bien con algunos reales como Quevedo y Juan Vicuña. También le ayudó bastante el hecho de que se hiciera respetar por su valor desde el momento en el que entró al enfrentarse con Bartolo Cagafuégos, el más peligroso de todos los reclusos que había en aquel momento. Sin ninguna provocación previa, Alatriste se abalanzó sobre él y le puso un cuchillo en el gaznate; de este modo nadie más se atrevió a molestarle.

SEGUNDO CAPÍTULO

Tras colocarse la capa, y llegar al lugar del que Saldaña le había hablado, el capitán golpeó cuatro veces el portillo, como le habían indicado. Con la mano cerca del pomo de la vizcaína esperó hasta que un criado le abrió la puerta y, tras preguntarle al capitán su identidad, le condujo hasta un pequeño cuarto sin amueblar, donde un sólo candelabro iluminaba la habitación dejando ver a un hombre vestido de negro que se encontraba en un ángulo de la misma.

Alatriste pudo observar que él no era el único que había acudido a la cita, sino que allí se encontraba otro hombre más. Dos hombres enmascarados les dijeron, en primer lugar, que no querían muertos ni sangre que como mucho algún picotazo. Después les indicaron que el trabajo consistía en asaltar a dos ingleses, hiriendo a uno de ellos, que llegarían a Madrid de incógnito y que se hacían llamar John Smith y Thomas Smith, y en conseguir arrebatarles todos los documentos que llevaran encima para más tarde entregarlos.

Finalizada la explicación del trabajo que les encomendaban, uno de los enmascarados les entregó parte del dinero y el otro abandonó la habitación; luego apareció otro hombre por una puerta que estaba escondida en la pared.

Este último hombre, que no llevaba el rostro cubierto e iba vestido como un fraile, les dió instrucciones diferentes a las de los enmascarados para el trabajo ya que les dijo que los dos ingleses debían morir. Alatriste le solicitó algunas explicaciones ya que el encargo le parecía demasiado bien pagado y muy extraño; aun así al final aceptó llevarlo a cabo ya que si se negaba, Emilio Bocanegra, el presidente del Santo Tribunal de la Inquisición haría que el capitán y el italiano se tuvieran que enfrentar al Santo Oficio.

Después de las amenazas del fraile nadie se atrevía a pronunciar palabra y, en medio del silencio, Bocanegra les entregó más dinero por el encargo ya que las indicaciones habían cambiado.

TERCER CAPÍTULO

Cuando Íñigo todavía era un mozo, en la época de Felipe IV, había en Madrid un montón de tabernas dónde los vecinos podían calmar su sed y pasar un buen rato. La taberna del Turco era el lugar más frecuentado por el Capitán y sus compañeros, aunque más que una taberna era un bodegón situado en una esquina a quinientos pasos de la Plaza Mayor. El sitio olía a fritanga y a primera vista no parecía muy limpio pero era confortable. La Lebrijana reservaba una mesa al lado de la puerta, donde le servía vino al Capitán y a sus camaradas: el Licenciado Calzas, Juan Vicuña, el Dominé Pérez, el boticario Fadrique. . .

Aquella mañana había llovido y en la taberna olía a humedad. Íñigo cogió la pluma y decidió practicar un poco de caligrafía y, mientras el Capitán y sus contertulios empezaban a discutir, se acordó de unos versos que solía decir el Capitán y comenzó a escribirlos. Al rato llegaron el tuerto Fadrique y Francisco de Quevedo quitándose el lodo de los zapatos.

Juan Vicuña le preguntó a Quevedo que tal iba lo del memorial, Francisco le contestó que Felipe IV se limpiaba el culo con él. Al Dominé Pérez eso le olía a problemas y siempre que alguno de sus amigos se metía en ellos era él quien lo salvaba. En este caso instó a Don Francisco a ser prudente.

En la taberna, por respeto al Dominé, nunca se hablaba de lances turbios ni de mujeres, ya que estos temas los trataba en el confesionario. Sus superiores le reprochaban que fuera a la taberna pero él respondía que a los pecadores hay que ir a buscarlos donde están.

Escuchaba Íñigo, desde su rincón, palabras que no alcanzaba a comprender. A don Francisco le dolía España porque la veía en manos de perezosos, improductivos y derrochadores; en definitiva, condenada a la decadencia.

Estaba perdido en aquellos razonamientos cuando vió la carroza y dentro pudo vislumbrar un cabello largo y rubio peinado en tirabuzones, tenía once o doce años y su belleza ya prometía, como más tarde reflejó el propio Velázquez. Aquella mañana, en lugar de pasar de largo como siempre, se bloqueó el eje del carruaje, y el cochero hubo de parar para arreglarlo. Unos pilluelos que andaban por la calle empezaron a tirar bolas de barro e Íñigo, digno hijo de su padre, salió resuelto a batirse por quien consideraba su dama. Cuando ya se había deshecho de sus adversarios y estaba a punto de irse, unos ojos azules aparecieron por la ventanilla. - Íñigo Balboa a vuestro servicio - dijo entrecortadamente. y mientras el carruaje arrancaba, el muchacho vió un gesto que quiso interpretar como una sonrisa.

CUARTO CAPÍTULO

En Marzo anochecía pronto, el capitán Alatriste y su compañero "el italiano" estaban dispuestos a cumplir la misión que los enmascarados les habían propuesto.

Los dos se situaron en el lugar elegido para llevar a cabo la encerrona; se trataba de un tramo que torcía en ángulo recto, oscuro, estrecho y solitario.

Para que no hubiera equivocaciones anteriormente les habían aportado la descripción de sus dos jóvenes víctimas: John Smith, el más joven, montaba un bayo. Su traje era de color castaño, con botas de cuero y sombrero con tres pequeñas plumas blancas. Mientras que Thomas Smith, el más rubio y de más edad, montaba un caballo tordo y vestía un traje de viaje gris con adornos discretos de plata, botas altas de piel teñidas de gris y un sombrero con cinta del mismo color.

Diego Alatriste y su compañero, que había acudido a la cita vestido de negro, colocaron un farol en el recodo de la calle para poder ver a los viajeros cuando pasaran, de tal manera que no les vieran antes los ingleses a ellos.

Ambos estaban dispuestos, con la espada en la vaina y la pistola cargada en el cinto, por si era necesario recurrir a ella a pesar de que todo debía transcurrir con la discreción suficiente para zanjar la cuestión, registrar los equipajes, encontrar los documentos y aligerar a los fiambres del dinero que llevaran encima.

Mientras esperaban a que acudieran los ingleses al lugar elegido, el capitán se entretuvo recordando los once hombres que había matado, sin contar los de la guerra. Todos ellos por asuntos de juego, palabras inconvenientes, mujeres o lances pagados. Al capitán le gustaba enfrentarse con la gente cara a cara puesto que eso de atacar por la espalda no le parecía juego limpio ni de hombres de honor.

Cuando eran las ocho pasadas unos minutos, se empezaron a oír ruidos de cascos de caballos, lo que les indicó que se acercaban los ingleses; éstos caminaban con las riendas de los caballos en la mano, aproximándose cada vez más al lugar dónde el capitán y el italiano les aguardaban,

Cuando se acercaron lo suficiente Alatriste estudió sus rostros para intentar reconocer al mayor de ellos, con el cuál se batiría en unos instantes, dejando que el italiano se ocupara del más joven de los dos.

Después de un rato en el que se estuvieron cruzando los aceros, el inglés más joven recibió una cuchillada de manos del italiano y en ese momento Thomas Smith empezó a pedir cuartel para su compañero en vez de para él y Alatriste le desarmó sin dificultad, aprovechando que el inglés estaba pendiente de su compañero y se encontraba de rodillas en el suelo intentando evitar que le volvieran a herir. Era el momento de dar por cumplida la misión ya que el capitán tenía la espada en la garganta del hereje, pero comenzó a pensar en los enmascarados que les habían encargado la emboscada y le pareció que todo era demasiado raro para despachar al inglés con dos estocadas y quedarse tranquilo sin que le sobresaltara posteriormente ninguna duda. Decidió perdonarle la vida u se dirigió al italiano para que hiciera lo mismo con su rival, pero éste no le hizo caso y lanzó otras dos cuchilladas, de las cuáles la última fué parada por capitán.

El italiano enfurecido se dio la vuelta y, apagando el farol de una patada, echó a correr desapareciendo en la oscuridad de la calle.

QUINTO CAPÍTULO

John Smith, el más joven no estaba herido de gravedad, únicamente tenía una cuchillada sin importancia, uno de esos rasguños superficiales muy aparatosos de sangre, pero sin consecuencia alguna.

Mientras Thomas Smith ojeaba la herida de su compañero, Alatriste se percató de que se dirigía a el con afectuoso respeto mientras que John Smith se dirigía a Thomas con el nombre de Steenie.

Como todo eso le pareció muy extraño, el capitán en vez de tomar las de Villadiego se quedó allí quieto con los dos ingleses mientras reflexionaba y se daba cuenta de que apartar el acero del italiano había sido un paso irreparable sin vuelta atrás.

Al cabo de un rato el inglés vestido de gris se puso en pie y se dirigió al capitán para "recordarle" que estaban en deuda con él. El tono que utilizó el más mayor de los dos ingleses parecía sincero, resultaba evidente que habían visto de verdad la muerte de cerca. A pesar de que el italiano y el capitán habían intentado asesinar a aquellos dos jóvenes, los ingleses estaban en deuda con el capitán. Poco a poco John Smith iba recobrando el color y le dijo a Alatriste que él no era un vulgar salteador. Éste miró al más joven y pudo divisar la apariencia aristocrática que tenía a pesar del polvo.

Uno de los dos jóvenes mantuvo una conversación con Alatriste preguntándole si conocía la casa de las siete chimeneas y después de que el capitán respondiera que quizás, el joven le preguntó que si llevaría un mensaje de su parte y el capitán negó con la cabeza al tiempo que echaba un vistazo a la calle preocupado y pensaba que había que irse de allí rápido puesto que alguien les podía ver.

Ya que el capitán no podía dirigirse a su casa después del suceso, decidió dirigirse a la casa de Alvaro de la Marca, conde de Guadalmedina.

Una vez allí le contó lo sucedido y el conde le comentó las verdaderas identidades de los dos individuos. Empezó por decirle que Thomas Smith en realidad se llamaba Jorge Villiers, más conocido como el marqués de Buckingham, el favorito del rey. Después le dijo que John Smith era Carlos Estuardo, el príncipe de Gales.

SEXTO CAPÍTULO

Madrid se despertó con la noticia de que Carlos Estuardo, cansado de la lentitud de las negociaciones matrimoniales con la infanta doña María, había decidido viajar a Madrid y resolver el problema. La noticia corrió como la pólvora y el joven Carlos Estuardo llegó al corazón de todo Madrid, aunque al rey y al conde duque de Olivares les sentó como un pistoletazo entre las cejas. Todo fueron agasajos y nadie hizo mención de la escaramuza del callejón.

Guadalmedina le explicó a Diego que Inglaterra llevaba tiempo para presionando para celebrar la boda. Pero Olivares no hacía más que dar largas, en definitiva la Iglesia y la Inquisición estaban en contra, además del Papa, Francia, Saboya y Venecia. Cuando el conde le preguntó a Alatriste, si estaba seguro de que los que alquilaron sus servicios eran españoles, éste le respondió: tanto como usted y como yo. En cualquier caso, fueran quienes fueran su objetivo era impedir la boda, y hacer estallar una guerra contra Inglaterra. El consejo de Guadalmedina, puesto que había echado por tierra el objetivo de quien le contrató, fué que cuidara su pellejo y que hiciera un largo viaje; y en cualquier caso que no contara nada a nadie ni siquiera bajo secreto de confesión. La mejor manera de silenciar un testigo era convertirlo en cadáver.

Madrid era una fiesta y todo el mundo curioseaba por la casa de las Siete Chimeneas y pedía a gritos al príncipe que saliera a saludar. Íñigo estaba con Caridad la Lebrijana cuando apareció el Capitán sin afeitar con el sombrero bien calado y la capa envuelta.

Entre los curiosos también había coches y carruajes, Íñigo reconoció el de su amada por lo que se acercó para ponerse a su servicio, la mocita rubia le sonrió al reconocerle, y le dijo a su acompañante que estaba al servicio de un capitán, un tal Batiste, el Triste o algo así. Hubo movimiento en el interior del coche e Íñigo pudo ver a un hombre que al oír el nombre del capitán mostró una expresión de odio y cólera que estremeció al muchacho.

SÉPTIMO CAPÍTULO

La porte festiva empezó en la rúa donde todo el mundo esperaba a la corte y a la infanta para hacer la rúa, paseo tradicional que se hacía en carroza, a pie o a caballo por la Calle Mayor hasta las huertas del Duque de Lerma.

Este era el tránsito desde el centro de la villa al Alcázar Real y lugar de plateros, joyeros...

Por la tarde, las damas se lucían ante ellas; respecto al Prado de San Jerónimo era un lugar arbolado y verde donde circulaban carruajes y era sitio social y galanteo propio para enamorados. Este lugar era el propio para organizar el primer acontecimiento oficioso entre la infanta y el pretendiente inglés.

Se organizó un paseo de carrozas en el que podía partipar todo aquel que era algo en la corte.

No estaba muy bien visto que el príncipe de Gales hablase o pudiera acercarse a la infanta doña María ya que no había sido presentado.

Madrid se vestía con sus mejores galas pero se comportó con la mayor naturalidad, ya que la Familia Real pasaba con los carruajes.

Y fué la primera vez que Carlos vió a Doña María, y aunque apenas dió tiempo a que viera a la infanta se quedó plenamente enamorado.

Mientras hubo esperanzas de boda la ventaja fué que los ingleses hicieron tregua.

Sin hacer caso a los consejos de Guadalmedina, Alatriste no se quiso esconder.

La noche siguiente el capitán mandó a Íñigo a dormir con la Lebrijana con el pretexto de que tenía que recibir gente, pero esa noche la pasó en vela con las pistolas, la espada y la daga.

Diego Alatriste tenía orgullo y soberbia, pero le iba por dentro. Y sólo se le manifestaban en sus silencios. Nunca fanfarroneaba de su larga vida militar. Pero cuando estaba con sus camaradas, viejos amigos suyos sacaban a relucir historias relacionadas con él.

Alatriste esperaba que fueran a buscarle de noche pero fueron al atardecer. Saldaña entró, bien herrado el cinto de armas, en la habitación en la que se encontraba el capitán. Alatriste preguntó que de que le acusaban y Martín Saldaña se encogió de hombros, dijo que su obligación era llevarle vivo o muerto si se oponía. No le había desvelado ni el trayecto, ni el lugar donde le llevaría, pero si le dejó esconderse en la bota la cuchilla de matarife.

Se fueron en una carroza que les llevaría a una casa de apariencia ruin, con dos pequeñas ventanas y un zagüan grande, que estaba en un lugar conocido como el Portillo de las Ánimas.

OCTAVO CAPÍTULO

Aquel lugar parecía un tribunal en el que el Capitán echaba en falta a uno de los enmascarados, el que había exigido poca sangre, pero si estaba el otro y Fray Emilio Bocanegra

El fraile le empezó a hacer un interrogatorio mientras Alatriste buscaba el potro en el que le torturarían.

Mientras el enmascarado anotaba algunos datos de la conversación, que se prolongó durante media hora, al capitán le dió tiempo a percatarse de que a los interrogadores sólo les interesaba averiguar quién conocía los hechos sucedidos con los ingleses. El Capitán no reconoció nada ni a nadie y sostuvo que la intervención de Guadalmedina era casual, al igual que dijo que nadie sabía nada de su entrevista con los enmascarados y el dominico.

El Capitán pensó que estaba muerto cuando los ojos de los enmascarados y del fraile se clavaron en los suyo, tras darles una explicación de porque había matado y de que impulsaba a un hombre a pasarse del bando de Dios al de los herejes.

Tras una conversación en la que estuvieron hablando de los dos ingleses de sus verdaderas identidades. . . El Capitán devolvió el dinero que le habían entregado, excepto cuatro doblones que se quedó por las molestias y porque le habían tomado por un imbécil.

Después de que el dominico amenazara al capitán le dijeron que se marchara que ellos ya habían terminado.

Todo eso le parecía demasiado extraño y cogió la cuchilla de matarife que llevaba en la bota.

Como el capitán tardaba en salir, Íñigo, que había seguido al carruaje de cerca desde que había salido de la vivienda y había permanecido escondido, decidió acercarse con cuidado a echar un vistazo. Cuando se estaba acercando, el joven advirtió un movimiento, y tras estar atento, pudo divisar tres hombres.

Más tarde Íñigo cargó las dos pistolas que pertenecían al capitán para más tarde dispararlas en dirección a dos de los hombres que había visto antes. Uno de los disparos alcanzó a uno de los hombres pero el otro se perdió por el camino.

Mientras, el capitán, tras hacerse con la espada que le lanzó Íñigo, estuvo luchando con dos de los hombres que estuvieron esperando a que saliera para deshacerse de él. Alatriste dio una cuchillada a uno de ellos mientras que el otro salió ileso del enfrentamiento a diferencia del capitán, al que hirieron en la mano.

El único hombre que se fue ileso del lugar reveló a Diego su identidad antes de irse. Él era Gualterio Malatesa.

Más tarde el capitán Alatriste fué a ver al herido que pedía confesión y tras ayudar a Íñigo a levantarse, le mandó a buscar un cura.

NOVENO CAPÍTULO

Después de todo lo que había pasado esa noche parecía que llegaba la calma, aun así el Capitán estaba muy al tanto de todo y apenas dormía, cualquier pequeño ruido que escuchaba o movimiento extraño le daba que pensar.

El Capitán intentó mandar a Íñigo de Balboa una temporada con su madre, pero el mozo no quiso. En estos días el príncipe de Gales llegó a Madrid y también había celebraciones variadas.

Francisco de Quevedo y Gongora eran rivales, se insultaban y peleaban mediante pequeños poemas, en los que uno iba dejando peor al otro.

El tema principal de conversación en estas fechas en las Gradas de San Felipe era el príncipe de Gales y la infanta.

En este día Íñigo conoció a Lope, y el capitán le dijo que nunca le olvidase. Desde aquel día el chico que no le olvidó y recordó durante toda su vida como Lope le pasó la mano por la coronilla

.

Mientras el chico estaba con los adultos poco a poco se fué alejando ya que vió a Angélica de Alquézar.

DÉCIMO CAPÍTULO

El capitán le prometió a Íñigo que le llevaría a ver su primera obra en un Corral de comedias. Y así lo hizo; al día siguiente por la tarde se dirigieron al Corral. Fueron Alatriste, Íñigo, Quevedo y el resto de contertulios y amigos que se reunían habitualmente en la Taberna del Turco.

Una vez empezó la obra, Íñigo quedó atónito observando a los actores mientras que Alatriste a la vez que veía la función estaba pendiente de la gente que allí había. Quevedo, que estaba junto a ellos, se fué a sentar unas filas más adelante. El capitán no quitaba ojo a ciertos personajes que le estaban observando, hasta que los cinco hombres se empezaron a acercar, por lo que Diego no sé lo pensó dos veces, desenvainó su espada y acto seguido los cinco le atacaron, por lo que el futuro rey Carlos y el Duque de Buckingham al ver que le atacaban saltaron en su defensa. Una estocada que se dirigía al cuello de Alatriste fué detenida por su amigo Quevedo que le salvó a pesar de su cojera.

En cuanto el rey vió la pelea, mandó a su guardia a detenerlo, arrestaron a Alatriste y a dos de los cinco hombres que habían iniciado la pelea ya que otros dos escaparon y el tercero estaba gravemente herido. El capitán fué encarcelado.

ONCEAVO CAPÍTULO

Diego Alatriste se encontraba en Palacio, en una de las habitaciones donde un hombre leía cartas sin parar, ni siquiera se detuvo cuando Martín Saldaña acompañado por un sargento y dos soldados entraron en la habitación. El capitán estaba pensando que ojalá la ejecución que le reservaban no fuera con garrote.

Alatriste estaba en la celda cuando Saldaña fué a despertarlo, para conducirlo al Alcázar. Martín le comentó que sus posibilidades de sobrevivir eran escasas. Alatriste pensó que podía saltar por la ventana, pero si había alguien abajo no podía ser buen espectáculo. Por lo tanto se hizo a la idea de que a fin de cuentas siempre acabas muriendo.

El Conde Duque de Olivares le comenzó a interrogar, le preguntó que si le había visto alguna vez y le comentó que no, que nunca, aunque finalmente pensándolo mejor, le dijo que alguna vez le había visto por la calle. También le preguntó que desde cuando hacia trabajos como espadachín. El capitán le contestó que realizaba trabajos de ese estilo desde los 13 años y que lo de capitán era un apodo. Alatriste le comentó al Duque de Olivares que dejó marchar a los dos supuestos herejes porque le parecían gente de calidad, además de que el mayor de los ingleses pidió cuartel para su compañero y no para él. El Conde comentó que tenía dudas de que castigo iba a poner al capitán, puesto que me le habían dado algunas cartas de recomendaciones de tu persona.

Después de mucho pensar y hacerle un largo interrogatorio, decidió que por su larga experiencia en las guerras y soldados de bandos contrarios muertos, Alatriste debía quedar libre.

Olivares comentó a Alatriste que había un viajero ingles en Madrid, que creía deberle la vida y al pensar que su vida y la vuestra no se encontrarían nunca, le había entregado un paquete para que se lo diera al capitán. Y a la vez le entregó una caja de madera negra, adornada con incrustaciones de marfil en la tapa. La caja contenía un anillo de oro que estaba grabado con las tres plumas del heredero de Inglaterra y una carta que obligaba a cualquier súbdito de su Majestad Británica a prestar ayuda al capitán Diego Alatriste si este la necesita.

PERSONAJES PRINCIPALES

Y

SECUNDARIOS

CAPITAN ALATRISTE

Diego Alatriste y Tenorio es su nombre completo. No era un hombre muy honesto ni el más piadoso pero si valiente también era un gran espadachín. Malvivía en Madrid, haciendo trabajos de poco lustre por los cuales cobraba muy poco. Tenía una amante (caridad la Lebrijana). Lo de Capitán era un apodo que adquirió ejerciendo la labor de soldado en las guerras de Flandes. Se caracterizaba por tener cinco cicatrices por su cuerpo como: una sobre la ceja izquierda, otra de media luna en él estomago, en el muslo tenía una en forma de “zigzag", la cuarta tenía una forma de estrella producida por un balazo, la ultima estaba situada en el costado izquierdo y no estaba curada del todo.

Algo que llamaba la atención sobre el capitán era sus singulares expresiones su mirada por una parte podían ser muy clara y muy fría, glauca como el agua de los charcos en las mañanas de invierno. Por otra, podría quebrarse de pronto en una sonrisa cálida y acogedora, como un golpe de calor fundiendo un trozo de hielo, mientras que el rostro permanecía serio, inexpresivo o grave. Otra sonrisa la más inquietante de todas que reservaba para los momentos de peligro o de tristeza: una mueca bajo el mostacho que torcía éste hacía la comisura izquierda y siempre resultaba amenazadora como una estocada.

ÍÑIGO DE BALBOA

Hijo de Lope de Balboa, este fué el único superviviente de la guerra de Flandes con Alatriste era el mejor amigo del capitán y antes de que muriera le pidió que si le pasaba algo que por favor se ocupara de su hijo cuando fuera un mozo.

Este muchacho, Íñigo de Balboa tenía tan solo trece años cuando su madre le envió con Diego Alatriste, como su padre le había pedido.

Es el narrador de la historia y en todo momento nos cuenta las aventuras del Capitán, e incluso en algún momento nos cuenta sus enamoramientos de Angélica de Alquezar, con quien mantiene de vez en cuando amor y otras veces odio.

CONDE DE GUADALMEDINA

Álvaro Luis Gonzaga de la Marca y Alvarez de Sidonia era grande de España. Tenía una gran amistad con el rey de aquel entonces, Felipe IV. Este Conde tenía una gran influencia en la corte.

Siendo muy joven ya formaba parte del estado mayor del duque de Osuna , peleando contra los soldados de origen turco y de origen veneciano. Durante estos tiempos fué cuando conoció a Alatriste.

ANGELICA DE ALQUÉZAR

Era una chiquilla aragonesa que nació en 1611 o 1612. Se quedo huérfana a temprana edad y fué acogida por su tío Luis de Alquézar (secretario del rey).

Fué introducida en la corte, y años después menina de la reina.

Mantuvo una relación de amor y odio a la vez con Íñigo de Balboa a quien conoció en 1623. La primera vez que se vieron la muchacha iba en un coche de caballos, Íñigo la vió desde la calle le pareció una chica muy hermosa: cabello rubio y rizado, tez muy clara casi pálida, y unos preciosos ojos azules.

Angélica fué retratada por Velázquez. Murió muy joven, antes de 1640.

LICENCIADO CALZAS

Era un abogado madrileño , amigo del Capitán y contertulio de la taberna del Turco. Era un experto en los temas de la justicia . Muy a menudo da consejos a Alatriste y a sus amigos.

GUALTERIO MALATESTA

Espadachín a sueldo y gran esgrimador, nacido en Sicilia. Comenzó su carrera en su ciudad natal y después de su traslado a Madrid ,donde primero fué por libre y luego entró como sicario al servicio al secretario del rey Luis de Alquezar. A consecuencia de una diferencia de pensamiento entre el y Alatriste ambos se convierten en enemigos a muerte. El origen de esto fué debido a que Malatesta pretendía matar a los ingleses y el Capitán no.

DÓMINE PÉREZ

Es un jesuita madrileño, sacerdote en la iglesia de San Pedro y San Pablo de Madrid y también profesor en el adyacente Colegio de los Jesuitas. Amigo de Alatriste, preceptor de Íñigo de Balboa al que inicia en el estudio y contertulio en la taberna del Turco.

EL TUERTO (FADRIQUE)

Boticario con tienda abierta en la madrileña plaza de Puerta Cerrada. Amigo de Alatriste y contertulio de la taberna.

JUAN VICUÑA

Era extremeño, fué soldado en los tercios de Flandes, alcanzndo el grado de sargento de la caballería pesada. Tomó allí amistad con Diego Alatriste. Se licenció tras quedar manco de la mano derecha en la guerra de Nieupor. Es otro de los contertulios de la taberna.

LUIS DE ALQUÉZAR

Letrado aragonés oriundo de la villa de Alquezar, nacido hacia 1570, estudió ambos derechos en Zaragoza e inició su carrera como escribano de la real academia aragonesa, llegó a alcanzar el cargo de secretario real con el apoyo de Olivares. En el mismo año conoció a Diego Alatriste. A causa de la persecución de los ingleses.

FRAY EMILIO BOCANEGRA

Es un fraile dominico presidente de la inquisición. Opuesto a la política de Olivares intenta obstaculizarlos proyectos de Olivares y es enemigo acérrimo del Capitán Alatriste.

CARIDAD LA LEBRIJANA

Era una andaluza de la que se podían destacar que era vulgar, morena, tenía buenas trazas, ojos grandes y negros y de pecho opulento. Fué actriz de comedias durante cinco años y también desempeñó la función de prostituta otros cuantos.

Es la dueña de la taberna del Turco donde allí sirve pastelillos de carne y vino.

MENDO EL TOSCANO

Barbero afincado en Madrid, que regentaba una casa de baño.

Fué soldado y conoció a Alatriste en la batalla de Nápoles.

LOPE DE BALBOA

Soldado español de origen leones, padre de Íñigo y compañero del capitán. Único superviviente en la guerra de Flandes junto a Alatriste, murió de un tiro de arcabuz en un baluarte de Jülich, ocasión en la cual rogó a Alatriste que se ocupara de su hijo.

MARTÍN SALDAÑA

Soldado retirado de los tercios de Flandes, en los que conoció a Alatriste, al que le unirá una buena amistad. Tras su licencia fué nombrado teniente de Alguaciles.

CONDE DUQUE DE OLIVARES

Era un valido del rey Felipe IV. El joven monarca más amigo de las fiestas. Tenía un poder inmenso.

CARTA

DE

DIEGO ALATRISTE

A quién tenga a bien leer estas líneas mal escritas, vengo a decirles que me llaman Don Diego Alatriste y aunque seré el personaje principal de un famoso libro en los años venideros, no soy más que uno de los muchos soldados que no son nada en tiempo de paz y que tienen que valerse de la espada y la vizcaína para poder llenar las tripas con algo más que aire. Por si no sois muy dados a la lectura y en los mentideros tenéis otros temas de que hablar, me gustaría mencionaros a las personas verdaderamente importantes que he tenido la suerte de conocer.

En primer lugar está Íñigo de Balboa, valiente rapaz que me fué enviado por su madre requiriéndome que hiciera honor a la promesa que hice a su padre de acogerle bajo mi tutela si la ocasión lo requería. Es fiel, leal y no escapa de los problemas de que se ve rodeada mi agitada vida. Aunque él no lo sabrá me siento obligado a él como si de mi propio hijo se tratara e incluso le he regalado una daga para que aprenda a defenderse si insiste en quedar cerca de mí.

No puedo olvidar a mi asiduo compañero de reyertas y duelos: Francisco de Quevedo. En la Corte del Rey Nuestro Señor Don Felipe el Cuarto, más dado a los toros, a la caza y a los sainetes que a gastar con mesura los dineros del reino, es un autor muy apreciado aunque su insumisión y su sarcasmo le han llevado a dar con sus huesos en la cárcel más veces de las que él quisiera. Dios quiera que alguno de sus escritos haya llegado hasta vosotros dándole la inmortalidad de espíritu ya que la del cuerpo es bastante más difícil de conseguir para un tipo tan pendenciero y orgulloso como él. No menos importante, aunque no gozo de su amistad, es Luis de Góngora que con su ingenio azuzó el de mi amigo Francisco incitándole a superarse.

Preciso es decir que en estos tiempos que corren de festejos y homenajes al Príncipe de Gales que ha venido a decidir su matrimonio con nuestra Infanta María, no son buenos tiempos los que corren para el pueblo llano merced a la desidia de Don Felipe y a la ineptitud en el gobierno de su valido el Conde Duque de Olivares. Tantas luchas, tantas heridas en el cuerpo y tantos compañeros muertos en las mil y una batallas libradas por los tercios, para ver como España pierde su imperio y su orgullo con la misma rapidez que el monarca vacía nuestras arcas con sus alegrías.

Aunque tanta fiesta ofrecida al inglés por el pueblo de Madrid no ha conseguido limar las asperezas que había en las negociaciones para el enlace. Han pasado meses desde su llegada a la Corte y cada vez crece más el séquito de compatriotas del príncipe. No parecen muy simpáticos ni educados si juzgar podemos por el talante mostrado por el duque de Buckingham, joven mal criado y arrogante pero muy apreciado por su rey. La educación de nuestros gentileshombres no ha podido evitar que tantos desaires hayan dado al traste con las negociaciones y se haya deshecho el compromiso. Esto no puede sino traer malas consecuencias para mi patria. Sólo me queda el saber que ni Íñigo ni yo hemos participado para nada en esta pantomima.

Estos hechos son la comidilla en el mentidero de San Felipe al que suelo acudir en compañía de mi amigo Quevedo. Allí se cuece de todo, se critica, se habla y hasta se ofende, acción esta última en la que es muy avezado mi compañero y gracias a la cual me he visto envuelto en no pocas reyertas y lancse. Sin ir más lejos, hoy descubrimos a dos individuos que parecían corchetes y, bien sabe Dios, que no sabíamos a quién de nosotros dos seguían ya que él con su lengua viperina y yo con mis duelos a espada hemos dado motivos sobrados para la persecución. Hoy hubo suerte y no ha sucedido nada ya que todos nos distrajimos a la voz de 'ahí viene Lope'. Ha sido un momento emocionante para Íñigo, cuando don Francisco le presentó como el hijo de un militar caído en Flandes y el Fénix de los Ingenios le tocó la cabeza en un claro gesto de simpatía. Le he dicho que nunca olvide a este hombre ni este día por la importancia del hecho. Quiero a este rapaz aunque me tiene preocupado: hoy le he vuelto a sorprender mirando hipnotizado a la niña de la carroza negra. Esa mirada de hielo no puede presagiar nada bueno.

Ya es después de la hora del ángelus y las letras se me confunden a luz de esta vela. Voy a dejar de escribir con la esperanza de que este pergamino manchado con mi tinta deje constancia de que un día existió en Madrid un español llamado Diego Alatriste y Tenorio.

El Capitán

HECHOS HISTORICOS REFEJADOS

EN LA

OBRA

ARMADA INVENCIBLE

Así se conoce a la flota enviada a Inglaterra por Felipe II en 1588, con el fin de vengar la muerte de María Estuardo, destronar a Isabel y restablecer el catolicismo.

En Mayo de 1588 partieron de Lisboa ciento treinta buques de la escuadra (galeras, galeones, fragatas, naves de carga, ...) con cerca de diecinueve mil hombres. Su objetivo inicial era encontrarse el 22 de Julio, en el Canal de la Mancha, con el ejército de Alejandro Farnesio que debía llegar desde Flandes y que nunca apareció provocando el inicio del desastre.

El 31 de Julio se libró el primer combate entre naves españolas e inglesas. En los primeros días de Agosto siguieron los combates sin producir grandes pérdidas de una o de otra parte. En las cuatro batallas más importantes libradas en el Canal, los españoles tuvieron 167 muertos, 400 heridos y otros tantos prisioneros además de la pérdida de la mitad de los efectivos navales. Lo más grave era que todo el esfuerzo era inútil ante la ausencia de las tropas de Farnesio y por ello, pensaron que era mejor volver a España con el mayor número de naves posibles y dieron la vuelta bordeando las Islas Británicas por el Norte. Fué precisamente en este viaje cuando la Armada tuvo sus mayores pérdidas en naves y hombres debido en parte al acoso de las naves inglesas, mucho más ágiles, y en parte a las tempestades (los famosos ("elementos") y a las muchas dificultades que se encontraron en el camino.

El resultado fué que sólo la mitad de los efectivos navales fueron capaces de alcanzar España con tremendas pérdidas de hombres y de material y sobre todo, con la ruina del prestigio. De las naves que se estrellaron en la costa quedan algunos restos, conservados a modo de trofeo en museos británicos.

Las frases de resignación atribuidas a Felipe II son falsas ya que el Rey tardó mucho en enterarse de las verdaderas proporciones del desastre y su reacción fué la de asegurar que construiría otra flota más potente.

LOS TERCIOS DE FLANDES

Los tercios fueron creados en 1534 por Carlos I en sustitución de las coronelías que, organizadas por el Gran Capitán, estaban inspiradas en las legiones romanas. Las tres armas básicas que utilizaban eran arcabuz, pica y rodela. Más adelante, la rodela y la espada serían reemplazadas por el mosquete. El tercio, al mando de un maestre de campo, se fraccionaba en tres coronelías y contaba con doce compañías. Estas normalmente tenían unos doscientos cincuenta o trescientos hombres. Los éxitos logrados por los tercios españoles en Europa les dieron mucha fama. Desaparecieron en 1704 al ser adoptada la organización a base de regimientos.

Cuando subió al trono Felipe II en 1555, estos estados quedaron directamente vinculados a la monarquía española y a su política católica y antifrancesa. Las primeras campañas del nuevo monarca partieron desde aquí. La infiltración calvinista en las provincias del norte provocó la guerra. En 1566 los nobles flamencos que habían conseguido la retirada de Granvela como jefe de gobierno, firmaron el compromiso de Breda, en el que unían sus esfuerzos para luchar contra los españoles. Las diferencias entre los grupos rivales que rodeaban a Felipe II se reflejaron en la actuación de los españoles en los Países Bajos. La fracción del duque de Alba, partidario de una política de dureza en Flandes, se impuso. Tras el fracaso del gobierno del duque de Alba se decidió llevar a cabo medidas de pacificación y reconciliación. La difícil situación financiera que pesaba sobre la corona anuló de hecho toda posibilidad conciliatoria, puesto que el ejército, descontento porque no se le pagaba, se amotinó y saqueó Amberes en 1574. Juan de Austria firmó el Edicto perpetuo que estipulaba la retirada de todas las tropas españolas. A su muerte, le sucedió en el gobierno Alejandro Farnesio, quién firmo un nuevo convenio en el que se decía que las tropas españolas debían salir de Flandes. Si bien Farnesio realizó notables progresos, el desastre de la Armada Invencible y las guerras con Francia lo invalidaron. En 1597, Felipe II cedió a su hija Isabel Clara Eugenia y su yerno el archiduque Alberto la soberanía de los Países Bajos, que sólo volverían a España en caso de su muerte sin herederos. Los archiduques tuvieron que hacer frente a las continuas luchas entre católicos y protestantes. La tregua de los Doce años (1609-1621) abrió un período de Paz, pero la guerra se reaunudó poco después. A la muerte de la infanta en 1633, le sucedió en el gobierno el cardenal-infante Don Fernando, tras el cual la pérdida de Flandes era ya inevitable para España.

En resumen, las guerras de Flandes fueron una constante sangría de hombres y dinero para España. Los conocidos tercios, unidades típicas de la infantería española equivalentes a un regimiento, lucharon a golpe de espada y fusil, a sangre y fuégo, entregándolo todo antes de ser derrotados por los franceses. Fueron soldados que "todo lo sufren en cualquier asalto y que sólo no sufren que les hablen alto".

OFICIOS

Y COSTUMBRES DEL SIGLO XVII

OFICIOS

El libro se desarrolla en el Madrid del siglo XVII donde se reflejan los usos y costumbres de la época así como los oficios comúnmente desempeñados en la villa y Corte.

El protagonista llamado Diego conocido por Capitán Alatriste, malvivía en Madrid alquilándose por cuatro maravedis como espadachín por resolver los problemas de otros.

Íñigo de Balboa, hijo de Lope de Balboa, amigo y camarada del Capitán Alatriste en la guerra de Flandes, entró a su servicio al cumplir los doce años.

Caridad la Lebrijana era una andaluza vulgar y opulenta, dueña de la taberna del Turco que con sus potajes y sus botellas de vino hizo más llevadero el encierro del Capitán en la cárcel, cuando salió de prisión lo primero que hizo fué darse un baño donde el barbero Mendo el Toscano, le rapo la barba y el pelo.

Solía pasar muchas tardes en la taberna del Turco bebiendo vino con sus amigos, el licenciado Calzas, Juan Vicuña, los bachilleres y licenciados procedían de familias hidalgas y burguesas que ejercían de abogados, administradores y consejeros.

El Dominé Pérez que era un padre jesuita que desempeñaba su labor en la iglesia de San Pedro y San Pablo, también era compañero de juergas. El boticario Fadrique que preparaba específicos mejunjes y polvos medicinales para sus clientes, y como no Don Francisco de Quevedo de profesión poeta y enemigo acérrimo de Don Luis de Góngora.

La taberna de la Lebrijana era muy entretenida porque la frecuentaban gente variopinta como: viajeros de la posta, golillas, escribanos, ministriles, floristas, tenderos, y antiguos soldados.

En la Calle Mayor, camino desde el centro de la Villa al Alcázar Real había Plateros y Joyeros.

COSTUMBRES

Solía enzarzar largas discusiones sobre política, teatro, mujeres, guerras, beber vino en jarra acompañándolo de pastelillos de carne, los soldados veteranos se pasaban el día fanfarroneando y presumiendo de sus antiguas batallas, en la taberna del Turco no se servía el agua por lo que iban a beber a la tinaja. Un pasatiempo de la época era decir mal sobre la gente del vecindario. Los niños de Madrid de clase baja eran pilluelos que pasaban el día en la calle riendo y militando para divertirse.

Todos los hombres de esta época tenían por costumbre llevar una capa.

Otra forma de pasar el rato era manteniendo disputas constantemente con algunos colegas rivales. La gente de la villa que tenía una clase social baja o normal dormía en jergones que eran pequeños colchones hechos de paja o hierbas. Además había personas que se dedicaban a pregonar sus bebidas como aguadores y alojeros. De vez en cuando también se podía ver a algún vendedor ambulante por las calles de Madrid.

PESIMISMO Y FATALISMO EN EL BARROCO

El siglo XVII es una época de crisis, decepción y pesimismo. En este periodo se mantenían muchas guerras con otros países y a consecuencia de eso hubo muchas muertes, huérfanos, mucha gente sin trabajo que tenía que mendigar para sobrevivir... Además los barcos que venían de las Indias eran atracados por los piratas y no llegaban a España.

Ante esta situación muchos artistas y escritores encontraron en la literatura y en el arte una forma de evasión de la realidad que no les gustaba.

COINCIDENCIAS ENTRE ÍÑIGO DE BALBOA Y EL LAZARILLO DE TORMES

Las dos novelas se basan en las España de los siglos XVI y XVII.

Las coincidencias que hay entre Íñigo de Balboa y el Lazarillo de Tormes son principalmente las siguientes: Los dos muchachos pierden a sus padres cuando aun son muy jóvenes, los dos padres murieron cuando luchaban en una armada contra moros o como soldado en la guerra de Flandes. Entonces sus respectivas madres quedan viudas y a consecuencia de esto deciden enviarles con alguien. Al Lazarillo le mandan por problemas económicos en cambio a Íñigo le mandan porque su padre se lo pidió al Capitán. La madre de Lázaro de Tormes le deja en manos de un hombre ciego, que fué a parar en su mesón y le dice que el se encargara del niño. Los dos adultos que se encargan de los chiquillos les enseñan algunas cosas que ellos ya saben.

EXPRESIONES

Y

PALABRASEXPRESIONES USADAS EN EL LIBRO

  • Cortados por un mismo patrón.

Página: 93

Que se parecen físicamente o en la manera de pensar.

  • Pueden más dos mamellas que dos centellas.

Página:123

En el lenguaje coloquial de nuestra época la frase es "pueden más dos tetas que dos carretas". Significa que el poder de una mujer es superior a muchas cosas.

  • No queda sino batirse.

Página: 203 y 21

No hay más remedio que luchar.

  • A fe mía

Página:: 217 y 57

Por mi honor, o lo que se dice a continuación es cierto.

  • Una de cal y otra de vizcaína.

Página:26

En el lenguaje coloquial es lo mismo que una de cal y otra de arena. En resumen no definirse en una postura concreta.

  • Voto a Dios.

Página: 96

Significa prometer a Dios.

  • Una cosa piensa el bayo y otra el que lo ensilla.

Página: 171

Los que mandan y los mandados piensan de manera diferente.

  • Dándole más puñaladas en las asaduras que oremos tiene un misal.

Página: 186

En el contexto significa que le ha dado un número exagerado de puñaladas.

  • La legítima del válido no hace ascos a la hora de tomar varas.

Página: 183

En el contexto en el que está dicho quiere decir que la esposa del Conde de Olivares no rechazaba los galanteos que le hacia Buckingham. Hoy en día, la expresion "tomar varas" se utiliza en ambientes taurinos para decir que el toro ha recibido la vara de picar.

  • Coger las de Villadiego.

Página: 102

Significa irse.

PALABRAS ENCONTRADAS EN LA OBRA

  • Chapiro: Palabra empleada en las expresiones de enojo.

  • Coleto: Vestidura hecha de piel, por lo común de ante, con mangas o sin ellas que cubre el cuerpo ciñéndolo hasta la cintura.

  • Amostazarse: Irritar, enojar, avergonzar.

  • Jubón: Antigua prenda de vestir masculina muy ajustada, con o sin mangas, que cubría hasta la cintura.

  • Golillas: Adorno hecho de cartón forrado de tafetán u otra tela negra, que circundaba el cuello y sobre el cual se ponía una valona de gasa u otra tela blanca engomada o almidonada.

  • Hijosdalgo: Hidalgo, persona que es de clase noble y distinguida.

  • Mentidero: Sitio o lugar donde se junta la gente ociosa para conversar

  • Portillo: Abertura que hay en las murallas, paredes o tapias. Postigo o puerta chica que hay en otra mayor.

  • Maravedís: Moneda española, efectiva unas veces y otras imaginaria que ha tenido diferentes valores y calificativos.

  • Ardite: Moneda de poco valor que hubo antiguamente en Castilla

  • Ministriles: Ministros inferiores de poca autoridad o respeto, que se ocupa de los más ínfimos ministerios de justicia

ACTITUDES SOLIDARIAS

  • Capítulo: La emboscada.

Página: 80

Palabras textuales de John Smith:

Cuartel para mi compañero.

  • Capítulo: La taberna del turco.

Página:30

Palabras textuales:

Después del generoso reparto de los potajes de la Lebrijana y las botellas de vino compradas al alcaide, con el socorro de los amigos aseguraron sólidas letales en el recinto.

  • Capítulo El arte de hacer enemigos. :

Página: 97

Palabras textuales del capitán:

-¡Dejadlo! Le gritó Alatriste al italiano -.

  • Capítulo: Los dos ingleses.

Página:97

Palabras textuales:

Habían llevado entre su acompañante y Diego Alatriste más cerca del farol.

CORRALES

DE

COMEDIAS.

En el Siglo XVII los habitantes de una región se juntaban en locales para presenciar obras teatrales, estos locales recibían el nombre de corrales de comedias.

Al principio los corrales eran los patios traseros de las casas, pero más tarde pasaron a tener una estructura rectangular, en la que en uno de sus extremos se situaba el escenario, prácticamente desnudo, sin decorados.

Para presenciar el espectáculo los espectadores se situaban según un orden establecido, mientras que los hombres presenciaban la representación de pie desde el patio, las mujeres se situaban al fondo en una zona denominada la cazuela.

Estaba prohibido que los hombres y las mujeres se juntaran durante las representaciones, excepto en los palcos destinados a las autoridades y a los nobles.

Las representaciones solían empezar después de comer y duraban varias horas.

El orden de la representación era el siguiente:

  • Se comenzaba con una pieza que encabeza el espectáculo a modo de introducción. Era una especie de saludo en nombre de la compañía para hacer callar al público y predisponerlo favorablemente; esta pieza recibía el nombre de loa.

  • A continuación se representaba la comedia.

  • En los entreactos se intercalaban bailes y entremeses; estos últimos son breves piezas cómicas que se representan con la finalidad de divertir llenando un tiempo muerto. El maestro del género fué Luis Quiñones de Benavente.

  • Terminaba con una jácara (o en ocasiones con un baile) que era una representación que recreaba el mundo marginal. La creación del género se atribuye a Francisco de Quevedo.

Algunos autores muy destacados de representaciones teatrales fueron:

Lope de Vega

Fué el máximo creador de comedias de la época. Su carácter y su personalidad quedaron ampliamente reflejados en sus obras.

Lope tenía una gran facilidad para versificar, lo que era muy importante en un momento en el que el público requería una renovación frecuente del repertorio.

En sus comedias lo que importa es la acción, que es lo que mantiene el interés del público. Su mérito esta precisamente en haber sabido conectar con ese público creando un teatro que encauzaba los sentimientos colectivos.

Su producción abordó todos los temas posibles; hay obras de tema religioso, de enredo (El perro del hortelano), de honor, histórico o legendario (Fuénteovejuna)...

Tirso de Molina

Tirso de Molina es el seudónimo de Fray Gabriel Téllez. Era un agudo observador, de ahí que los rasgos dominantes de su teatro sean la profundidad psicológica y la fuerza de los caracteres de los personajes. En las obras de Tirso la mujer tiene un papel relevante: son damas con valor, ingenio, y astucia; mujeres fuertes que no sucumben al dolor ni evitan los conflictos, sino que se enfrentan a ellos.

Tiene un nivel medio superior al de su maestro Lope aunque no llega a alcanzar las cimas de este en sus mejores producciones.

De entre sus comedias destaca El vergonzoso en palacio y Don Gil de las calzas verdes.

Calderón de la Barca

Calderón consiguió la perfección en sus obras teatrales. Cuando empezó a escribir ya se trataba de un género famoso admirado por mucha gente. El eje de casi todas sus obras es el protagonista alrededor del cual giran tanto la acción como el resto de los personajes. En sus obras se detallan claramente las situaciones dramáticas, los motivos y los sentimientos.

Escribió dramas como El alcalde de Zalamea y La vida es sueño, comedias (La dama duende) y autosacramentales como El gran teatro del mundo.

FRAGMENTOS

DE

OBRAS

LITERARIAS

¿Diré qué galán bridón,

calzadas botas y espuelas,

airoso el brazo, la mano

baja, ajustada la rienda,

terciada la capa, el cuerpo

igual y la vista atenta

paseó galán las calles

al estribo de la reina?

Página: 181

Obra: La banda y la flor.

Autor: Calderón de la Barca.

Adiós, de San Felipe el gran paseo,

donde si baja el turco o sube el galgo,

como en gaceta de Venecia leo.

Página: 188

Obra: Viaje al Parnaso.

Autor: Miguel de Cervantes.

Por la mañana estaré

en la iglesia a que acudís;

por la tarde, si salís

en la Carrera os veré;

al anochecer iré

al Prado, al coche arrimado;

luego, en la calle embozado:

ved si advierte bien mi amor

horas de calle Mayor

misa, reja, coche y Prado.

Página: 144

Obra: Fragmento de una de sus comedias.

Autor: Calderón de la Barca.

Aquí yace Misser de la Florida

y dicen que le hizo buen provecho

a Satanás su vida.

Ningún coño le vió jamás arrecho.

De Herodes fué enemigo y de sus gentes,

no porque degolló los inocentes,

mas porque, siendo niños tan bellos,

los mandó degollar y no jodellos.

Página: 61

Fragmento en el que Quevedo insulta a Góngora.

Autor: Francisco de Quevedo.

. . . Sufren a pie quedo

con un semblante ,bien o mal pagados.

Nunca la sombra vil vieron del miedo,

Y aunque soberbios son, son reportados.

Todo lo sufren en cualquier asalto;

Sólo no sufren que les hablen alto.

Página: 135

Autor: Pedro Calderón de la Barca .

BIBLIOGRAFÍA

Páginas web.

www.aula.el-mundo.es

www.faculty-staff.ou.edu

www.cvc.cervantes.es

www.members.es

www.recursos/alatriste.htm

www.google.com

www.altavista.com

Enciclopedias del ordenador.

  • Encarta 99 y 2000

  • Planeta

  • Salvat

Enciclopedias.

  • Santillana

  • Larousse

  • Lambaa

  • Anaya

Libros consultados.

  • El de lengua

  • Historia de España / Edición Planeta

Otros puntos de información.

  • Diario el País.

  • Cuaderno de lengua del año pasado.