El caballero de Olmedo; Lope de Vega

Literatura española barroca del siglo XVII. Teatro barroco. Siglo de oro. Argumento. Personajes

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El Caballero de Olmedo

Por: Lope de Vega

La obra nos sitúa en Medina del Campo, en donde Don Alonso (proveniente de Olmedo)se enamora de doña Inés y para conseguir su amor contrata a una alcahueta, llamada Fabia. Ella arregla una cita en el huerto, donde asiste Don Rodrigo, persona de clase social alta, y hombre con el cual el padre de Doña Inés pretende casarla. Esta se enfada, porque piensa que Fabia le ha engañado. A los pocos días Don Alonso visita a Doña Inés, y su criado se queda con ella como profesor de latín.

     

Doña Inés se viste de monja para no casarse con Don Rodrigo. Don Alonso la corteja. Al volver de Olmedo, Don Alonso cae en una emboscada preparada por Don Rodrigo y Fernando, que lo dejan mal herido, quedando tirado en el camino desangrándose. Lo encuentra su criado, llevándolo a casa de sus padres. Le informa luego a Doña Inés y a Don Rodrigo, que estaban con el rey, a quien el criado pide justicia.

EL ENIGMA DEL CABALLERO DE OLMEDO:

 

      "Que de noche le mataron

       al caballero

       la gala de Medina

la flor de Olmedo"

 

      La obra retoma el tema del Caballero de Olmedo asesinado en Medina, tema que se hizo popular gracias a una copla de moda en la época de Lope. Se hablaba mucho del caballero, las posibles razones por las cuales fue asesinado... era todo un misterio al cual Lope le buscó una solución por la vía artística.  

 LA CREACIÓN DRAMÁTICA A PARTIR DEL ENIGMA:

Lope parte de este presupuesto: el caballero debe morir, porque así dice el cantar. El punto de partida de la creación es este, sin ninguna duda: la muerte del caballero de Olmedo. ¿Por qué causas? ¿Es don Alonso responsable del algún pecado grave, o simple víctima de hado injusto y adverso?.

     

Sus intenciones amorosas son honestas y lícitas, pues van encaminadas al propósito de casarse con Inés (en una capilla entraron…). No pretendía el caballero mantener relaciones eróticas prohibidas, porque ni su dama está casada, ni pretende mantener ocultas tales relaciones amorosas, ni su concepción del amor responde en modo alguno a la normativa cortés, sino que se enmarca dentro de los cánones del amor neoplatónico y cristiano. Si don Alonso no solicita la mano de Inés es porque Don Rodrigo se le adelanta y consigue la promesa de matrimonio del padre de la dama, don Pedro, por lo cuál ve cerrada la posibilidad de hacer lo propio. La única tacha de orden moral que se puede imputar a don Alonso es haber acudido a Fabia para que favoreciera sus amores; alcahueta que practicaba la hechicería en la mejor tradición celestinesca.

El caos religioso y espiritual que tiene el caballero en su mente es tan grande cuando regresa (ayudado por el ambiente nocturno), que no sabe si los augurios de su inminente muerte son obra del cielo o del infierno, de Dios o de Satanás, porque, aunque no quiere, cree en el poder mágico de la alcahueta.. Esta confusión moral, junto con dicho desorden afectan directamente a la consumación del fatal desenlace de la tragedia, pues en última instancia don Alonso piensa que los vaticinios que anuncian su muerte son obra de Fabia (bruja celestinesca), y un caballero cristiano como él no puede hacer caso de "sueños ni agüeros, cosas a la fe contraria". Si hubiera pensado que las nefastas premoniciones eran obra de Dios, habría regresado a Medina, evitando así su muerte. La duda creada por Fabia en su fe religiosa se muestra como uno de los impulsores fundamentales que precipitan la tragedia.

     

El caballero, pocos segundos antes de morir, mortalmente herido, muestra una clara conciencia de haber sido justamente castigado por Dios, y reconoce su error, que le conduce a una muerte poéticamente justa. Este “error” hace que aflore a la escena lo mejor del héroe: su honor, su calidad perfecta de caballero cristiano que sigue hasta la muerte. 

                                                          

      Otro móvil impulsor de la tragedia es el amor filial del protagonista. Don Alonso sigue los designios del deber, en este caso de obediencia a sus padres. Debe elegir entre el deber y su deseo de permanecer al lado de su adorada Inés: al final decide obedecer el mandato de sus padres.

     

La tragedia se da precisamente porque don Alonso es un caballero intachable, un héroe que lleva hasta sus últimas consecuencias su condición ejemplar. Encuentra la muerte en el cumplimiento de sus obligaciones de cristiano, de hombre de honor y de hijo leal.

     

Hay otro motor de la tragedia: la reflexión que el caballero realiza sobre la posibilidad de que don Rodrigo le haga daño.

        

Don Alonso, siempre puro, honesto, leal, valiente y virtuoso, admirado por las damas, envidiado por los hombres, celebrado por el mismo rey, acompañado por la suerte, es el caballero por definición. Su oponente, Rodrigo, es todo lo contrario: más cobarde, menos brillante, nada puro, desgraciado siempre y perdedor en todo. Las diferentes visiones del mundo que tienen ambos caballeros se juntan también en el momento cumbre de la muerte de don Alonso; porque este, que había hecho huir a don Rodrigo ya al comienzo de la obra, que había conseguido quitarle el amor de su dama, que le había puesto en ridículo en los toros, que incluso le había salvado la vida, para mayor humillación… Este galán perfecto y arquetípico no prevee que el otro pueda asesinarlo. Fue el último de don Alonso; pensar que todo caballero tiene tan alto y ejemplar concepto de la caballería como él.

Se podría decir, que el caballero muere también por causa de su concepción del mundo caballeresco, de su noble idealismo, de su alejamiento de la realidad. Esto no sólo le causa la muerte sino que también lo glorifica como personaje.

Fabia se puede comparar con la Celestina de Rojas. El ambiente celestinesco se nota en "El Caballero": alcahuetería y brujería van ligadas en el personaje de Fabia, criada astuta que juega con la distancia entre los amantes, tratando de acercarlos y de hacer menos imposible su amor. Las alusiones a la obra de Rojas son constantes: en el acto segundo, cuando Tello va a casa de Inés y pregunta a Ana si “¿está en casa Melibea? que ya viene Calisto aquí” y esta le contesta “aguarda un poco, Sempronio”. De todos modos, se cree que el personaje de Fabia es simplemente un recurso para llamar la atención de los espectadores fanáticos de La Celestina, pues Lope es muy escéptico respecto a la brujería, así como don Alonso en la obra. Don Alonso no se parece a Calisto; él quiere casarse con Inés, no está dominado por su pasión; permanece fiel a sus deberes y a su condición de caballero: es leal y respetuoso para con doña Inés; es generoso con su rival, al que salva de los cuernos de un toro; es un hijo ejemplar por querer visitar a su padre.

      "El Caballero de Olmedo" cobra toda su fuerza en el desenlace trágico, desenlace que los espectadores de la época conocían y esperaban, ya que se sabían la copla que resume el destino del protagonista. Se nota la presencia del destino. Don Alonso se encamina hacia la muerte, destino que el público conoce y que éste presiente. Ya desde el primer encuentro con doña Inés, deslumbrado por su belleza, hechizado por su gracia, cuando la sigue en la capilla donde ella va a oir misa, don Alonso piensa, aunque de paso, en la muerte:

"Vime sentenciado a muerte,

                                                   porque el amor me decía:

                                                   mañana mueres, pues hoy

                                                   te meten en la capilla"

  

      En los dos primeros actos, don Alonso a veces es atacado por una angustia, de la que se burla a ratos pero que le obsesiona. En toda la obra hay varios presagios funestos; como al final del segundo acto don Alonso le cuenta a Tello un sueño que ha tenido en el que vio morir a un pajarillo por otro pájaro que tenia celos porque el pajarillo estaba posado sobre unas lindas flores. A partir del segundo acto, la proximidad de la muerte que se cierne sobre el caballero da a la obra una tensión trágica. En el acto tercero es donde se multiplican los avisos, se va preocupado a Olmedo, se cruza con una sombra misteriosa que no le contesta y luego viene el momento de mayor emoción trágica, cuando un labrador cruza el camino cantándole la copla de su propio destino:

 

                                                   "Que de noche le mataron

                                                    al caballero…"

 

 

El labrador trata de detener al caballero:

 

                                                    "Volved atrás; no paseis

                                                     deste arroyo

                                                    …………………………

                                                    volved, volved a Medina"                                                  

 

     Don Alonso siente miedo, pero con valor sigue su camino, para encontrarse con el peligro concreto. Don Rodrigo, su rival no se presta a un combate leal:

                                                    "Yo vengo a matar; no vengo

                                                    a desafíos"

Por el lado de la tragedia, notamos los elementos patéticos y la lucha angustiada contra un destino inevitable, características de la tragedia clásica; pero la mezcla de elementos cómicos y burlescos, le impide categorizarse como una tragedia pura. Recordemos que Lope escribía para divertir a su público, y lo más eficaz en esa época para atraer espectadores era jugar con el contraste entre lo trágico y lo cómico. Ya lo decía Lope en su Arte nuevo de hacer comedias: para él lo importante es la vida. El teatro es una representación de la vida; y por ello mezcla lo aristocrático y lo plebeyo, lo alegre con lo triste, lo divino y lo humano. Por ello en El caballero de Olmedo, el asunto es trágico, pero Lope pone en marcha una comedia amorosa para que el público se vaya emocionando. Los dos primeros actos forman una comedia, que unidos al 3º (trágico) forman una tragicomedia.

     

PERSONAJES

 

    En esta obra aparecen los personajes representativos del teatro clásico español. El protagonista masculino suele ser un galán, este es el caso de don Alonso, mientras que la protagonista femenina generalmente es una chica inocente que se enamora a primera vista del protagonista, sería doña Inés. El amor entre los dos protagonistas siempre debe tener alguna dificultad y en esta tragedia es don Rodrigo, quien está enamorado de doña Inés y evita a toda costa que se case con don Alonso; su amigo y consejero es un personaje secundario pero posee una gran importancia, este es el caso de don Fernando. También suelen aparecer la figura que acompaña a la protagonista (en esta ocasión es su hermana, doña Leonor) y el padre de la protagonista (don Pedro). En toda obra clásica suele intervenir el rey, y en esta obra aparece como la persona que imparte justicia en el pueblo.

          

a)    Don Alonso

Es un personaje enamorado, atractivo, noble y valeroso. Se mueve en un ambiente de pasión, melancolía y tristes imaginaciones. Se enamora de la protagonista nada mas verla: “Ojos, si ha quedado en vos de la vista el mismo efeto, amor vivirá perfeto, pues fue engendrado de dos; pero si tú, ciego dios, diversas flechas tomaste, no te alabes que alcanzaste la vitoria, que perdiste, si e mí solo naciste, pues imperfeto quedaste”. Es muy conocido y admirado por todo el mundo gracias a su destreza en el toreo, por ello el rey dice “Es hombre de notable fama y nombre”. Su nobleza es apreciada por los demás: al salvar a su enemigo, unos hombres comentan: “¡Qué gallardo, qué animoso don Alonso le socorre!”.

b)    Doña Inés

   Es el centro del conflicto. Se enamora de don Alonso perdidamente: “Apenas la blanca Aurora, Leonor, el pie de marfil uso en as flores de abril, que pinta, esmalta y colora, cuando  mirar el listón salí de Amor desvelada, y con la mano turbada di sosiego al corazón. En fin, él no estaba allí”. Doña Inés, por medio de Fabia, se cita con don Alonso, pero se aparece don Rodrigo quien pide explicaciones; doña Inés, quien ya es el prototipo de la enamorada y sólo quiere estar con su caballero, le dice a su padre que se va a ordenar monja en un convento de Olmedo, aunque sus verdaderos planes son escaparse con don Alonso. Para este plan le dice a su padre que Fabia será quien le enseñe a comportarse como una monja y Tello será su maestro para aprender latín. Durante toda la obra doña Inés le dice a don Alonso que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa; es toda una heroína enamorada.

       c) Don Rodrigo

    

Este personaje encarna la figura del antagonista enamorado para que, por contraste, se realce más la calidad del Caballero de Olmedo. Lope lo retrata como a un traidor. Está muy celoso del caballero “Muchas veces había reparado, don Fernando, en aqueste caballero, del corazón solícito avisado. El talle, el grave rostro, lo severo, celoso me obligaban a miralle”, y se siente humillado porque le salvaron la vida: “Mala caída, mal suceso, malo todo; pero más deber la vida a quien e tiene celos y a quien la muerte deseo”. Planea la muerte del caballero de la manera más vil: “Hoy tendrán fin mis celos y su vida”. “Prendedlos, y en un teatro mañana cortad sus infames cuellos: fin de la trágica historia del Caballero de Olmedo”. 

d)    Tello

    

El criado Tello es gracioso, cobarde, fanfarrón, materialista y regocijado de la vida. Fiel a Don Alonso, su señor, lo anima, aconseja y recuerda su amor hacia Doña Inés. Se ofrece de profesor de latín para ayudar con la farsa: “Pues ha de leer latín, ¿no será fácil que pueda ser yo quien venga a enseñarla? ¡Y verás con qué destreza la enseño a leer tus cartas!”. Conocemos su dolor al encontrar herido a su señor: “¡Traidores, villanos, perros, volved, volved a matarme, pues habéis, infames, muerto el más noble, el más valiente, el más galán caballero que ciñó espada en Castilla!”. Cuando su amo muere va a Medina para pedir justicia al rey y contar a doña Inés lo ocurrido. No es el típico gracioso del teatro medieval; debe ser por el carácter más trágico (y menos pueblerino) que tiene esta obra.

e)     Fabia

    

Es un personaje que sabe despertar la curiosidad de las jóvenes y siempre tiene éxito debido a su experiencia y armas que utiliza para conseguir sus propósitos. Es una hechicera que con sus artes ha conseguido que muchas parejas se juntasen, aunque utiliza como tapadera la venta de cosméticos y demás pócimas para la higiene personal (recordemos que en esta época la hechicería era común pero era perseguida por la iglesia católica). Este carácter de doble cara estará presente a lo largo de sus intervenciones: para convencer a doña Inés entra a su casa con historias falsas, y luego le dice: “Hay en la villa cierto galán bachiller que quiere bien una dama; prométeme una cadena porque le dé yo, con pena de su honor, recato y fama. Aunque es para casamiento, no me atrevo. Haz una cosa para mí, doña Inés hermosa, que es discreto pensamiento. Respóndeme a este papel, y diré que me le ha dado su dama”. Es Fabia quien hace que canten el romance para que don Alonso no se vaya a Olmedo, ya que cree tener una premonición,  pero este no hace caso del romance y perece asesinado; cumpliéndose la premonición de la anciana. Todo lo hace por una cadena que le prometió don Alonso si conseguía que él llegara a amoríos con doña Inés (recordamos la cadena de oro prometida a la Celestina en la Tragicomedia de Calisto y Melibea)

i)       Rey don Juan

      Es el rey de Castilla, está en Medina de paso para la feria de Mayo; allí espera ver a don Alonso torear porque ya le había visto antes y le había gustado mucho. Es el encargado de impartir justicia cuando se sabe que don Alonso ha sido asesinado por don Rodrigo y don Fernando: “Prendedlos, y en un teatro mañana cortad sus infames cuellos: fin de la trágica historia del Caballero de Olmedo”; nuevamente la figura del soberano justiciero y restaurador del orden aparece en las obras de Lope.