El Caballero de la carreta; Chrétien de Troyes

Literatura medieval francesa. Narrativa. Novela de caballería de la Edad Media. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Marina
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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EL CABALLERO DE LA CARRETA

0. Introducción a la trama de la novela

Esta novela de Chrétien empieza durante una fiesta de Ascensión en la que el rey Arturo se encuentra reunido con su corte. De repente entra en escena un caballero, Meleagante, que pretende la cautividad de los habitantes del reino. El desafío se complica hasta el punto de que el caballero huye y Keu y la reina Ginebra le persiguen. Pero se trataba de una trampa, y así Meleagante logra hacerlos prisioneros a los dos. Así pues, la trama irá encaminada a la búsqueda de la reina y de Keu, aventura en la que se inmiscuyen Galván y el “Caballero de la carreta”.

1. Galván y el caballero de la carreta llegan a un castillo

Efectivamente, los dos personajes repostan en un castillo donde son debidamente atendidos por su dama. Poca cosa se nos dice del lugar en cuestión; sólo sabemos, a través del propio Chrétien que se trata de un castillo muy espléndido y de arrogante aspecto (p. 24). Lo curioso es que en su interior había un lecho que, según lo relata el cuento, aquél ofrecía todo el deleite que puede imaginarse en un lecho (...), y en él no puede echarse más que aquel que lo merezca (p. 26) Se trata, pues, de una cama muy similar al Lecho de las Maravillas del Castillo de las Reinas, donde precisamente fue Galván quien en él se tumbó y mereció su reconocimiento al pasar las pruebas que le deparaba la estancia. En el Cuento de la Carreta es Lanzarote quien no tiene reparos en tumbarse; durante la noche ha de esquivar una lanza de fuego que prende las sábanas, pero no se le da la menor importancia en todo el transcurso del relato. Ni siquiera la doncella del castillo hace comentario alguno.

Al día siguiente continúan su camino de búsqueda cuando se encuentran a una doncella que les descubre el paradero de los prisioneros y el camino para llegar hasta ellos. A partir de este punto, los caballeros se dividen: Galván irá hacia el Puente Bajo el Agua, y Lanzarote hacia el Puente de la Espada.

2. La aventura en solitario de Lanzarote

En su búsqueda en solitario, Lanzarote va a parar a un prado con un vado, y al otro lado del río se erguía el caballero que lo guardaba. Junto a él había una doncella montada en un palafrén (p. 31). De nuevo resulta familiar el pasaje, y es que recuerda bastante al episodio de El Cuento del Grial en el que Galván se topa con la Orgullosa de Logres y su amigo el que vigila los puertos de Galvoie.

El próximo albergue de Lanzarote es un castillo también custodiado por una doncella. Tampoco aquí se encuentran referencias detalladas ni a la majestuosidad del castillo, ni mucho menos a alguna pista que ayude a precisar un establecimiento donde ubicarlo hoy día. Lo único que de él se dice es lo siguiente: No encontraría uno más bello [castillo] de aquí [¿?] hasta Tesalia. Estaba protegido en su circunferencia por altos muros y un foso de agua profunda (p. 35)

3. El destino de Lanzarote escrito en una lápida

Finalmente, la doncella del castillo anterior decide acompañar un trecho a Lanzarote. Cabalgan juntos hasta que se topan con una fuente: La fuente estaba en medio del prado, y a su lado había un bloque de piedra. En la roca vecina había olvidado no sé quién un peine de marfil dorado (p. 43) La doncella identifica el peine al de la reina Ginebra: una buena pista para proseguir el camino por aquella dirección.

Tras eludir el duelo de un caballero celoso enamorado de la doncella que acompaña a Lanzarote, encuentran en un lugar muy bello un monasterio y, cerca del coro, un cementerio rodeado de muros. No se portó como villano ni como necio el caballero [Lanzarote] que entró a pie en el monasterio para rezar. (...) Entonces le introduce en el cementerio [un monje muy viejo], entre las más hermosas tumbas que se podrían encontrar desde Dombes hasta Pamplona. (...) Entre la tumbas encuentra una de mármol, que parece ser una obra maestra, las más bella, muy por encima de todas las otras (pp. 52 y 53) Ésta tumba será donde yacerá Lanzarote cuando muera según la inscripción, que dice: “Aquel que sólo y por su propia fuerza consiga levantar esta losa, liberaría a aquellos y aquellas que yacen en cautividad en la tierra donde no sale nadie, ni siervo ni gentilhombre, una vez que ha penetrado en ella” (p. 53) De este modo, se evidencia que Lanzarote es el caballero que liberará no sólo a la reina ( esta predestinación está presente en toda la obra), sino también a todos los cautivos de la tierra de Logres, como se demuestra más adelante.

Es en este episodio cuando Lanzarote revela su lugar de origen: un caballero soy, como veis, y nacido en el país de Logres (p. 54)

4. Lanzarote cabalga sin compañía

En cierto momento del relato la joven le dice [a Lanzarote] que, si le da permiso para retirarse, se volverá atrás. Y él le dice adiós con gesto alegre (p. 55). La marcha de la doncella se resuelve de esta forma tan simple, con las justas palabras que aquí se han mostrado. Chrétien no explica el porqué de la decisión de la doncella, algo que tampoco parece afectar demasiado a Lanzarote, el cual a partir de ahora continuará la marcha solo.

Al anochecer se instala en casa de un vavasor que le recomienda ir por un lugar mucho más seguro y largo para llegar al Puente de la Espada. Sin embargo, Lanzarote prefiere continuar la trayectoria en línea recta para llegar cuanto antes, a lo que el vavasor le comenta: si avanzáis por tal camino, mañana llegaréis a un paso donde al pronto podéis recibir gran daño. Su nombre el Paso de las Rocas (p. 58), por donde sólo puede cruzar un caballero. Debido a la insistencia de Lanzarote de ir por el camino más corto y al peligro que ello conlleva, dos de los hijos del vavasor le acompañan, ya que les parece un caballero admirable por su valor y no deben desaprovechar la oportunidad de hacerle lado.

Así pues, los tres llegan al Paso de las Rocas a la hora prima. En medio del paraje había una barrera fortificada sobre la que estaba apostado un hombre, el cual al verlos lanza un grito de advertencia y aparece sobre un caballo un caballero en la fortificación, armado con un luciente arnés, y acompañado por ambos lados de unos criados que empuñan hachas cortantes (p. 59) Se inicia entonces una breve lucha en la que Lanzarote sale victorioso.

5. La lucha a favor del reino de Logres

La prueba ha sido superada con éxito y el caballero y los dos hermanos pueden proseguir la marcha. Con el propósito de hospedarles un hombre les dirige hacia una fortaleza que se alzaba sobre una colina (...) El castillo estaba rodeado en torno por un alto muro y un foso. Apenas hubieron penetrado en el recinto, allí dejaron caer una puerta tras sus talones para impedirles salir de nuevo (p. 61 y 62) Logran escapar derribando la puerta y en el exterior se encuentran en una batalla en la que, al parecer, se enfrentan habitantes del reino de Logres contra el de Gorre. Luchan los tres valientes hasta vencer la batalla a favor de los de Logres. Se albergan en casa de uno de los habitantes.

Al día siguiente cabalgaron desde la mañana al caer el sol sin encontrar aventura. Cabalgan en muy rápida carrera cuando muy tarde salieron de un bosque. Al salir contemplaron la mansión de un caballero (p. 65) Ese será su último hospedaje antes de llegar al temido Puente de la Espada.

6. Llegada al Puente de la Espada y a la corte del rey Baudemagus

Van cabalgando por el camino recto a medida que el día pasa y declina, y después de la hora nona, al anochecer, llegan al Puente de la Espada. A la entrada del puente, que bien terrible era, han desmontado de sus caballos. Ante sí ven el agua asesina, negra y rugiente, densa y espesa, tan terrorífica y espantosa como si fuese la del río del demonio, y tan peligrosa y profunda que no hay cosa en el mundo que, si allí cayera, no desapareciera como en alta mar. Y el puente que estaba tendido al través era diferente de cualquier otro; que, jamás hubo otro semejante ni lo habrá. (...) Consistía el puente en una espada afilada y luciente recubierta por el agua fría, y la espada era fuerte y tensa y tenía dos lanzas de largo; a cada lado había un gran tronco en el que estaba incrustada la espada (...) Pero lo que infundía mayor desánimo a los dos caballeros que acompañaban al de la carreta, era que creían ver dos leones o dos leopardos al otro extremo del puente, encadenados a un bloque de piedra (p. 75)

El Puente de la Espada constituye la prueba final que Lanzarote ha de superar para conseguir el propósito del caballero: rescatar a la reina Ginebra. Por ello, Chrétien enfatiza el carácter maravilloso del puente para intensificar más aún la escena. Como es de esperar en este tipo de relatos, Lanzarote logra pasar el puente, a pesar de las dificultades añadidas, y contempla como se levanta ante sí el castillo del rey Baudemagus: entonces ve ante él una torre tan fuerte como nunca en su vida había visto nunca. La torre no podía ser mejor (p. 77) Desde las ventanas del castillo Meleagante y su padre Baudemagus, han podido ver cómo increíblemente Lanzarote ha cruzado el temido puente. Este castillo es llamado Castillo de la Alegre Guardia, situado en Inglaterra, a varios días de Camelot a caballo, aunque su nombre no se desvela en este “roman” de Chrétien. Manguel y Guadalupi detallan la impresión del castillo (p. 13): los muros exteriores están revocados y cromados, de manera que brillan como el oro a la luz del sol. Sus tejados son de pizarra y teja, quebrado por numerosas torres y puentes que las comunican entre sí. En los primeros tiempos, fue llamado el castillo de la Dolorosa Guardia.

Para poder hacerse efectivo el rescate de la reina Ginebra, antes tendrán que luchar en duelo Lanzarote y Meleagante. Así lo disponen, pero la batalla queda inconclusa. A partir de aquí se desencadena la trama más pasional del relato, en la que Ginebra desprecia a Lanzarote y éste desea morir en su infortunio. Pero el deseo de ambos es tan fuerte, que finalmente acaban consumando el acto sexual.

7. El rescate de Galván en el Puente bajo el Agua

Hace tiempo que no hay noticias de Galván, que también había partido en busca de la reina Ginebra y que en su búsqueda había de llegar a través del Puente Bajo el Agua. Debido a su retraso, Lanzarote decide ir a buscarlo al sospechar que puede estar en dificultades. En esta tarea le acompañan servidores de la corte de Gorre. A marchas forzadas se han acercado al Puente bajo el Agua, tanto que les separa una sola legua de él (pp. 111 y 112.) Entonces un enano sale al encuentro de Lanzarote y engañándole, consigue hacerle prisionero. Ante la tardanza de Lanzarote, el resto de caballeros deciden dirigirse al paso del Puente bajo el Agua, que no está lejos, y buscar en seguida a Lanzarote con la aprobación de mi señor Galván, si es que llegan a encontrarle en floresta o en llano (...) Recién llegados, ven a mis señor Galván, que había tropezado y caído en el agua, a la sazón profunda (...) Llegan los caballeros a la orilla y consiguen asirle con ramas de árbol, pértigas y ganchos (p. 112)

El Puente bajo el Agua, también llamado Puente Sumergido, se encuentra situado bajo el agua como bien indica su nombre, a la misma distancia del fondo que de la superficie y tiene solamente un pie y medio tanto de ancho como de grueso. Su localización es absolutamente distinta a la del de la Espada, ya que se encuentra alejado del castillo del rey y no delante como era el caso del otro puente (Alvar: 337 y 338) Además hay que añadir el carácter simbólico que esconde la disyuntiva entre ambos puentes, pues parece que la muerte por el filo de la espada (del Puente de la Espada) es propia de los caballeros nobles y valiente, mientras que la muerte dentro el agua estaría reservada a cobardes y traidores: de ahí que la decisión de Lanzarote y Galván deba ser considerada como algo más que una simple alternativa (Alvar: 338)

De este modo, Galván y el resto de caballeros regresan al castillo de rey Baudemagus; si Lanzarote no aparece, irán en su busca cuando amanezca. Pero se presenta un paje ante los caballeros y les afirma que Lanzarote se encuentra a salvo en la corte del rey Arturo, así que la reina Ginebra y Keu pueden regresar allí con él.

8. La trampa de Meleagante

Todo este embrollo no es más que una trampa que Meleagante ha preparado. El hijo de Baudemagus ha encerrado a Lanzarote en casa de su senescal, cuya esposa siente una gran lástima por el caballero y le deja asistir al torneo de Noauz con una condición: vais a jurar vuestro regreso, y, además, me vais a asegurar que obtendré vuestro amor [palabras de la mujer del senescal]. Tanto cabalga que a Noauz llega. A este bando se adscribe y toma alojamiento fuera de la ciudad. (...) Pero no quería hospedarse en lugar donde fuese reconocido (p. 119) Lanzarote cumple su palabra y vuelve a su prisión sin saber que el senescal y Meleagante se han enterado de su marcha y le reservan un destino peor: En efecto, cerca de Gorre fluye un ancho brazo de mar en cuyo centro hay una isla (...) Es allí donde ordena [Meleagante] que se extraigan la piedra y la madera para levantar la torre. En menos de cincuenta y siete días fue construida, fuerte y espesa, larga y ancha (...) Después mandó tapiar las puertas e hizo jurar a todos los albañiles que jamás en su vida dirían palabra de esta torre (...) Salvo una pequeña ventana, no tiene huecos ni aberturas (pp. 130 y 131).

Gorre es el reino de Baudemagus, conocido por ser la tierra de la que nadie regresa. Esta tradición tuvo su origen en la lucha que mantuvieron Urién, rey de Gorre, y Uterpendragón, rey de Bretaña, que arrasó con Gorre. Cuando Urién recuperó el territorio devastado mandó coronar a su sobrino Baudemagus, y desde entonces todo aquel que llegaba a Gorre desde Bretaña era apresado y obligado a jurar que nunca volvería a salir hasta que algún caballero conquistara por méritos propios las torres que había colocado en dos puentes. Cuando la tierra estuvo repoblada, Baudemagus ordenó destruir estos dos puentes y construir otros dos, absolutamente extraordinarios [se trata de el Puente bajo el Agua y el Puente de la Espada] (Alvar: 198) según las indicaciones de Carlos Alvar (p. 199) el reino de Gorre ha sido identificado por Brugger como Strathmore (Escocia), Bruce lo atribuye a la península de Goewer (Gales) y Lot la considera equivalente a la Isla de Cristal.

9. El encierro y el rescate de Lanzarote

Mientras tanto, en la corte del rey Baudemagus, Meleagante espera con ansias el día del enfrentamiento con Lanzarote, puesto que está convencido de que nunca podrá salir de la torre donde lo tiene cautivo: Aquel día muy alegre tenía su corte el rey Baudemagus en Bade su ciudad (p. 132) Es la única vez en toda la novela que se cita el lugar concreto donde Baudemagus dispone de su corte. Luis Alberto de Cuenca y Carlos García Gual advierten en un pie de página de su edición (p. 132) que la ciudad de Bade corresponde en la actualidad a la de Bath, en el condado de Somerset.

Cierto día, la hermana de Meleagante descubre el lugar donde se encuentra Lanzarote: sobre la orilla, junto a un brazo de mar, una torre: en una legua a la redonda no se veía choza, cabaña ni vivienda alguna. Meleagante había hecho encerrar allí a Lanzarote, pero ella no lo sabía (p. 136) Y decide ayudarlo a salir por tener con él un don pendiente. Cabalgan secretamente (...) hasta que por fin llegan a un refugio donde solía a menudo residir [la hermana de Meleagante], pues era agradable y hermoso (p.139)

10. Lanzarote regresa a al corte del rey Artús. Fin del “roman”

Galván se presta a la lucha con Meleagante ya que Lanzarote ha desaparecido, pero en el momento más inesperado se presenta el caballero de la carreta y explica cuánto le ha sucedido: Meleagante, el felón traidor, me ha tenido prisionero desde que fueron liberados de su tierra los cautivos, condenándome a vivir vergonzosamente en una torre, a la orilla del mar. Allí me hizo encerrar, y allí sufriría hoy el peor de los destinos, si no fuese por una mi amiga, una doncella a la que presté hace tiempo un pequeño servicio. A cambio de aquel favor, ¡gran galardón me ha vuelto! Gran honra he recibido de ella, e impagable servicio. En cuanto aquel a quien no amo en absoluto, de quien he recibido tanta deshonra, quisiera pagarle cuanto le debo en este lugar y sin tardanza (p. 143) Finalmente, Meleagante es vencido y Lanzarote le corta la cabeza.

No es la única vez que Lanzarote indica el lugar de su procedencia. Así por ejemplo, lo vuelve a repetir en la página 57: soy del reino de Logres, y en este país vuestro no había estado nunca. También se lo comenta a la doncella que la acompaña: ¿No os he dicho que soy del reino del Rey Arturo? (p. 55)

El comentario correspondiente al territorio de Logres ya se ha explicado con anterioridad en El Cuento del Grial.

No está explícito en el texto la referencia a los habitantes de Gorre. Sí los de Logres: así que los de Logres se asombraban de no reconocer al caballero (p. 63). La hipótesis de que se encuentren los personajes ya dentro del país de Gorre responde a la dificultad en el camino de Lanzarote (Alvar: p. 198)

Chrétien juega aquí con la verosimilitud: los protagonistas creen ver a dos leones, pero en realidad se trata de un hechizo del que Lanzarote se puede librar gracias a un anillo que lleva que funciona como detector de encantamientos.

A partir de aquí el relato es continuado por Godefroi de Leigni, uno de los discípulos de Chrétien de Troyes.