El Banquete; Platón

Filosofía griega. Pensamiento platónica. Concepción del amor platónico. Diálogos

  • Enviado por: Antonio Colvin
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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DIALOGOS - PLATON-

El Banquete-(416 a.C.)

  • Comentarios al presente trabajo:

  • El objeto de este pequeño análisis es el de intentar animar al curioso principiante en el estudio de la Filosofía a través de una de las mejores obras clásicas del género.

    En ella se revelan los niveles de desarrollo del pensamiento humano hace 2.500 años . Es triste pensar a lo que podríamos haber llegado si hubiéramos seguido por ese camino sin que lo hubieran impedido mentes de escaso nivel intelectual.

    Con este mínimo estudio se trata de transmitir a todo el que lo lea no sólo una fuente de datos y consideraciones de apoyo para el aprendizaje, sino la admiración que se experimenta conforme se avanza en su lectura al ir descubriendo la profundidad de los temas que se tratan.

    En esta obra y, de una forma muy velada, Platón, a nuestro entender pone en duda el sistema religioso griego, dado que, llega a vislumbrar un algo verdaderamente elevado, bello y bueno, muy superior a los dioses griegos, de tal manera que, bien pudiera haberle dado miedo el continuar, al menos por escrito. Asimismo, llegamos a la deducción que Sócrates bien pudiera haber llegado, a través de un camino distinto del misticismo religioso cristiano, a la contemplación de Dios mismo.

    El tema presentado, comprendiendo el tiempo y lugar en el que se trata, es de absoluta actualidad, de hecho, tanto es así que bien podría haber ocurrido en una tertulia de intelectuales de nuestros días.

    Aquellos hombres y mujeres y, sus circunstancias, son difíciles de repetirse. Tal vez y, gracias a nuevas y más cultas generaciones, la Humanidad pueda ser gobernada por un conjunto de modernos Pericles que faciliten el desarrollo humanístico y no se vuelquen totalmente en el progreso tecnológico, fomentando la creación de Foros internacionales destinados a desarrollar el pensamiento humano y aporten soluciones prácticas a los problemas que continuamente se plantean a la Humanidad; eso sí, con plena libertad de expresión, lejos de presiones económicas, políticas, racistas y religiosas. Esa puede ser nuestra misión.

  • Personajes y contexto histórico:

  • Recomiendo al iniciado en estos temas lea un pequeño libro escrito por Indro Montanelli llamado “Historia de los Griegos” de la editorial Plaza & Janes Editores. Su fácil lectura hace que nos situemos en el porqué de los inicios, esplendor y decadencia de la civilización griega y en donde se describe brevemente a los principales personajes que aparecen en El Banquete. Pero demos unas breves presentaciones:

    Pericles: (495-429 a.C.): strategos de la ciudad de Atenas, gracias a su gobierno la ciudad disfruta de una época de paz (39 años) que nunca ha tenido ni tendrá en siglos. Es la Edad de Pericles, es la Edad de Oro Ateniense en la cual se dan las circunstancias apropiadas para que surjan los siguientes personajes:

    Sócrates: (469-399 a.C.): es el más grande pensador en la historia de la Humanidad. Fundador de la filosofía moral o axiología. Creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura, enseñando mediante diálogos y discusiones con todo aquel que quisiera escucharle y al que le respondía mediante preguntas, (método denominado mayeutica o arte de alumbrar espíritus) que lograban que el interlocutor descubra sus propias verdades. Platón a través de sus Diálogos y concretamente de uno de los personajes de El Banquete, (Alcibíades) lo describe perfectamente. Poseedor de una agudeza mental extraordinaria, es un hombre difícilmente repetible que, en el fondo de su alma se escondía la soberbia de saberse superior a los demás y que surge en el acto supremo de desafío al tribunal que tiene que decidir sobre su destino final. Con su muerte castigaba a sus conciudadanos, los cuales, le habían demostrado que no se merecían que el estuviera con ellos.

    Platón: (427-347 a.C.): fue el más entusiasta discípulo de Sócrates, su verdadero nombre era Arístocles, pero sus amigos le apodaron Platón debido a su gran estructura física. Gracias a él conocemos el pensamiento socrático y la ampliación del mismo que él realizó. A él le debemos la fundación de la Academia, básica en el desarrollo del saber occidental y que existió hasta el año 529 d. C. en el que fué cerrada por el Emperador Justiniano I dado que propagaba ideas paganas. (seguro que no leyó y estudió a fondo a Sócrates ni a Platón). Como compensación a esta barbaridad, a este Emperador le debemos la codificación y actualización del Derecho Romano, pero esa es otra historia. Los escritos de Platón adoptaban la forma de diálogos, en donde se exponían ideas filosóficas, se discutían y se criticaban en el contexto de una conversación o debate.

    Los diálogos se pueden dividir en tres etapas de redacción. La primera representa el intento de comunicar la filosofía y estilo dialéctico de Sócrates. Dentro de este grupo se encuentran Carménides, Lisis, Laques, Protágoras, Eutifrón y el Libro I de la República. Los diálogos de los períodos intermedios y últimos de Platón reflejan su propia evolución filosófica. Las ideas de esas obras se atribuyen al propio Platón aunque el protagonista sea Sócrates. Al período intermedio pertenecen Gorgias, lMenón, Apología de Crétilo, Fedro, El Banquete, Fedón y el Libro II de la República. Al último período se encuentran Teeteto, Parménides, Filebo, Timeo y Leyes.

    Aristófanes: (450-385 a.C.): comediógrafo, antisocrático declarado, a través de cuyas obras criticaba a la sociedad incluyendo a Cleón su gobernante, al propio Sócrates y a su colega Eurípides.

    Alcibíades: (450-404 a.C.): político, general y traidor a Atenas. Sócrates estaba totalmente encariñado con él. Estentóreo, con buena presencia y personalidad acusada. Su vida es verdaderamente inquieta. El mismo narra en esta obra haber sido salvado por Sócrates en toma de la ciudad rebelde de Potidea en el 430-429 a.C. es decir, cuando Sócrates tenía 39 años y Alcibíades 20.

    Agatón: ( nacido 448 a.C.): poeta trágico. Alcanzó su primera victoria en 416 a.C., poco sabemos de él exceptuando lo que se cuenta en El Banquete,

    Apolodoro: (se desconocen fechas): Personaje mencionado en Fedro y en otras obras, llamado “el maniático” por su extremada devoción a Sócrates.

    Pausanias: (se desconocen fechas): Personaje mencionado también en El Banquete de Jenofonte como entusiasta propugnador de la pederastia.

    Erixímaco: (se desconocen fechas): Médico, como Acúmeno, su padre.

    Fedro: (se desconocen fechas): Hijo de Pitocles aparece también en el diálogo que lleva su nombre y en el Protágoras.

    Aristonemo de Cidateneon: (se desconocen fechas): personaje del que se hace mención en las Memorias de Jenofonte.

    Diotima de Mantinea: (se desconocen fechas): su existencia real es discutida, algunos profesores estiman que es un personaje ficticio introducido por Platón por motivos literarios: Sócrates por cortesía ante Agatón finge haber sido refutado por los mismos errores por una sapientísima mujer de Mantinea. Otros consideran que esta mujer existió realmente. En mi opinión, dada la costumbre de Platón de nombrar a personas reales en sus obras creo que existió, ahora bien, pero como personaje de menor entidad, tal vez sacerdotisa de algún templo, utilizada aquí por Platón en el sentido indicado anteriormente.

    3) Presentacion: Tal vez convenga aquí dar un pequeño inciso para explicar en qué consistía un banquete al estilo ateniense: Constaba de dos partes, el deipnon o syndeipnon (la comida) y el potos o sympotos (la bebida en común) que venía después de la comida. Durante esta segunda parte, los “comebebedores” animados por el vino eran capaces de pronunciar discursos, cantaban o se divertían de acuerdo con el programa que fijaba el symposiarchos (el presidente del banquete), que fijaba asimismo la cantidad de vino a beber y la proporción en que debía de mezclarse con agua. Antes del pasar al sympotos, se retiraban las mesas, se limpiaba la sala, hacíase una libación de vino puro en honor de Dionisio o Zeus, y se entonaba un peán en honor a Apolo. Si lo normal era que estos symposia degeneraban en orgía, eran en ocasiones, tal como la presente, un motivo de encuentro para poder desplegar el más refinado ingenio al tratar temas de lo más elevados.

    El Banquete es un diálogo en estilo indirecto en el que se refieren los discursos que en torno al Amor (Eros) se pronunciaron en casa del poeta Agatón, con ocasión de su primer triunfo trágico en las Panateneas de Atenas.

    En mi opinión la obra se estructura en tres partes bien diferenciadas que a su vez tienen subdivisiones, con excepción de la ultima. Es decir, El Banquete está organizado como tal, primero entremeses, después el plato principal y luego el postre. La primera parte está compuesta a su vez por cinco subdivisiones que son los discursos de Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes y Agatón. La segunda parte contiene el discurso de Sócrates dividido a su vez en dos apartados. En el primero, el maestro rebate y corrige algunas opiniones vertidas anteriormente mediante su lógica de acertadas preguntas. El segundo basado en una supuesta conversación con Diotima de Mantinea es en donde se sientan las bases del Amor platónico. La tercera parte es un panegírico a favor de Sócrates realizado por Albicíades en el que se puede analizar el carácter y forma de ser del maestro.

    4) Análisis

    El momento en que se sitúa la escena de la conversación inicial entre Apolodoro y sus amigos corresponde al 416 a.C. en un período de entusiasmo organizador de la desastrosa campaña contra Siracusa (Sicilia) y la máxima popularidad de Alcibíades a quien se verá irrumpir estruendosamente al final del diálogo. El elogiar por turno al Amor lo propone el médico Erixímaco que parece ejercer las funciones de symposiarchos - organizador -, aunque el verdadero inspirador del discurso no sea él sino Fedro que considera un gran olvido que hasta entonces, ningún poeta ni sofista hubiera compuesto algo en honor de un dios tan grande toda vez si se piensa en los grandes poetas eróticos griegos -Safo, Anacreonte o en los trágicos -Sófocles (Antígona) y Eurípides (Hipólito)-, pero bien es verdad que ninguno de estos autores habían contemplado los aspectos apacibles del Amor, sino los destructivos de la pasión.

    El primero en hablar es el joven Fedro, su discurso se encuadra dentro de la línea tradicional del pensamiento mítico idealizado por la cultura del pundonor heroica, dentro de la cual desempeña un primordial papel la pederastia. Particularmente destaco los siguientes puntos en su perorata:

  • El Amor no tiene padres, son desconocidos al menos, ya que ningún poeta los nombra.

  • Que Hesiodo coincide con Acusilao en que después del Caos se produjeron dos seres: La Tierra (Gea) y El Amor (Eros). Lo que conlleva a determinar que este dios es el más antiguo nombrado en la Teogonia de Hesiodo. Esmás el Amor es el que hace que los demás dioses se enamoren entre sí y engendren otros dioses. Por tanto el Amor es uno de los más antiguos.

  • Que el Amor hace a los hombres vivir honesta y virtuosamente, por cuanto que la vergüenza y la emulación ante nadie se siente con tanta intensidad como ante el amado, por no hablar de ese valor que Amor inspira y lleva a hombres y mujeres a los mayores actos de sacrificio y heroísmo, de tal manera que, si se creara un ejército de amantes y amados sería invencible. Esta parte de los Diálogos (416 a. C.) debió de leerla el tebano Epaminondas ya que, consiguió en el 371 a.C. ganar en la batalla de Leuctra a los espartanos escogiendo dentro de su ejército a 300 guerreros y formándolos por parejas según el afecto que se tenían y haciéndoles jurar que ninguno abandonaría por ninguna causa a su pareja y atacando con ellos el flanco derecho de los espartanos los venció.

  • Consecuentemente, admite y alaba la relación entre personas del mismo sexo, en especial entre hombres.

  • Sitúa la acción benéfica del Amor en el amante y, al amado en una situación de correspondencia.

  • Pausanias le sigue en el discurso profundizando en los beneficios de la pederastia, situando la relación entre hombres como un medio de aspirar a un amor más espiritual (Amor Platónico) sentando la base de lo que posteriormente Sócratres dejará como doctrina: los hijos del espíritu son superiores a los de la carne y los únicos que reportan gloria a los hombres. Sin Amor no se comprende Afrodita. Ahora bien, siguiendo una reminiscencia hesiódica considera que existen dos Afroditas una, Celeste, hija de Urano (Urania) y otra, Vulgar, posterior y por tanto más joven y fruto de las relaciones entre Zeus y Dione (Pandema) y, por tanto, cada una de ellas tiene su Amor correspondiente (Urano y Pandemo).

    Lo inspirados por el Amor de Afrodita Urania, en cuya generación no intervino hembra alguna, se dirigen exclusivamente a los varones, “sintiendo predilección por lo que es de naturaleza más fuerte y tiene mayor entendimiento” -(¿Una forma de machismo: Amar a los mancebos por ser superiores a las doncellas?). Esta diosa al proceder sólo de Urano representa al amor que se tiene entre sí los hombres en un sentido más espiritual, al estilo que se entiende en Atica o en Lacedemonia. Al ser esta Afrodita más antigua, su Amor es más maduro, sereno, constante y fiel.

    El Amor de Afrodita Pandemo es vulgar al estilo de las repúblicas de Beocia o Elide, no distingue entre hembra o varón.

    Considera que es mejor “amar a las claras que en secreto” y la relación que surge más noble y menos interesada.. Afirma que “es cosa realizada de fea manera el complacer a un hombre vil, vilmente y de bella manera, en cambio, ceder a un hombre de bien, en buena forma” , norma que puede explicar el comportamiento de Albicíades con Sócrates según indica el primero más adelante. Esta era una doctrina que era tomada como moneda corriente en Atenas y a la que ciertos espíritus sofisticados, (leer el discurso de Lisias en Fedro) replicarían con la tesis de que se debe otorgar el favor al no-enamorado con preferencia al que lo está.

    Existe una voluntariedad en los amantes de hacerse esclavos de los amados. Esta voluntariedad es una virtud, ya que si alguien desea servir es para obtener del otro algo que le haga mejor en algún saber. El entregarse para hacerse mejor es bello y, esta clase de entrega amorosa pertenece sin duda al Amor de Afrodita Celeste (Urania).

    Erixímaco, de profesión médico, continua el tema amoroso ampliando la atracción que sienten los seres humanos entre sí a la general inclinación a lo bello, incluyendo tanto a animales como a frutos de la Tierra, es más, Amor, “extiende su poder tanto en el orden humano como el divino” . Dando un nuevo giro a los discursos y considerando al igual que Pausanias, existen dos Amores dentro del cuerpo humano, uno corresponde al cuerpo sano y otro al cuerpo enfermo, distingue entre el amor bello y el amor morboso. El primer amor que impone la concordia y la armonía entre los elementos contrarios es causa de la salud en el cuerpo y de las condiciones climatológicas necesarias para el desarrollo de la vida en el universo. El amor morboso, en cambio, en búsqueda egoísta de lo que le es semejante y en guerra constante con sus contrarios conduce a la enfermedad, los cataclismos y a la desintegración del equilibrio armónico de los elementos y a la muerte. La medicina debe de tratar de animar el primero y de frenar el segundo creando una armonía entre ambos. Siendo la armonía una consonancia, “ y las consonancia es un acuerdo que resulte de cosas discordantes”.

    Define como el Amor más sublime como aquel que se “manifiesta en el bien unido a la moderación y a la justicia tanto en nosotros como en los dioses es el que posee mayor poder y el que proporciona la felicidad completa” .

    El discurso de Erixímaco que, por desviarse de la trayectoria tomada por la discusión es desatendido por los comentaristas de este diálogo, contiene un cuadro históricamente correcto de un médico de la época, en una parte estudioso de los males que aquejan el cuerpo humano y por otra parte filósofo.

    La muerte, aludida como consecuencia del amor morboso, es un regreso de los distintos componentes del hombre, hasta ese momento en un estado de equilibrio precario, a los respectivos semejantes de donde proceden, según dice el autor del Del Natura hominis (presumiblemente Pólibo, yerno de Hipócrates). Este equilibrio proviene del pensamiento de Emédocles, con cuya pareja Philotes-Neikos (Amistad-Discordia) coincide en lo fundamental con los dos amores de Erixímaco.

    En su discurso también se menciona a Heráclito como introducción a la comparación entre la medicina y la música como restauradoras del ritmo y la armonía en los elementos disonantes del cuerpo, lo que evoca las prácticas medicinales de la escuela pitagórica tal como la meloterapia.

    Aristófanes en el siguiente discurso nos resalta cómo si el amor obedeciera a un íntimo anhelo de restitución de una plenitud perdida, de reencuentro con un total uno mismo en el ser amado y, que supera con mucho el mecanismo químico y biológico de atracciones y rechazos de los elementos constitutivos del hombre, tal como nos decía Erixímaco anteriormente, y para ello nos hace disfrutar partiendo de una antigua leyenda sobre Efialtes y Oto hijos de gigantescos del tesalio Aloeo, que encadenaron a Ares e intentaron escalar el cielo para derrocar a Zeus (Homero en Iliada y en Odisea).

    Expone que, en la antigüedad, la humanidad se dividía en tres géneros, el masculino, el femenino y el “andrógino”. Los seres que pertenecían a esta última clase eran redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza y, por supuestos dos órganos sexuales. Eran seres tan terribles por su vigor y fuerza que se sintieron suficientes para atentar contra los dioses. Zeus los castigó partiéndolos por la mitad. El Amor desde tiempos inmemoriales trata de unirlos, de tal manera que, cuando se encuentran se unen de tal forma que es para toda la vida, tratando cada uno de “reunirse y fundirse con el amado y convertirse de dos seres en uno solo” de manera que “tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie cuando se dé el tiempo en que la mitad de la Humanidad se encuentre con su otra mitad. Por lo que se deduce que “tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie si lleváramos el amor a su término de perfección y cada uno consiguiera el amado que le corresponde”.

    El Mito del Andrógino explica maravillosamente la sensación de plenitud que da la unión amorosa y, al propio tiempo explica la polarización del amor hacia uno y otro sexo desde el mismo comienzo de la vida.

    Agatón pretende exponer cómo es la naturaleza del amor y sus propiedades, para ello recurre al principio de lo “semejante con lo semejante” propio del pensamiento presocrático. Por ello difiere de los demás al considerar en su naturaleza como el más joven de los dioses porque huye de la vejez encontrándosele siempre entre jóvenes y no con los ancianos. Es delicado ya que camina sobre lo más blando de los seres humanos: el alma. Es flexible porque es capaz de replegarse sobre sí mismo y esconderse en el menor de los resquicios del espíritu. Es proporcionado, porque siempre está en guerra con la deformidad. Es bello de tez porque vive entre las flores, pues lo que no está en flor está marchito.

    Entre sus virtudes está:

    -El no cometer injusticia ni recibirla.

    -Ni padece ni ejerce la violencia

    -Participa en la mayor templanza

    -Es valiente

    -Sabio

    -Poeta y creador de poetas.

    En este discurso, se sienta el correcto principio metodológico en el que se basará Sócrates: para elogiar algo, primero hay que hablar de su naturaleza y posteriormente de sus efectos.

    Tal como desarrolla otras obras, Platón nos deja para el final al propio Sócrates, el cual, en la primera fase de su discurso realiza ciertas preguntas con las que llega a deducciones lapidarias y que, posteriormente, desarrolla didácticamente. Las preguntas son formuladas por el maestro y contestadas por el último en hablar: Agatón.

    (Lo que sigue está reproducido directamente de los Dialogos dado que entran de lleno en el juego deductivo que sigue el maestro).

    “¿Es por su naturaleza el Amor de tal clase que sea Amor de algo o de nada? - Si por cierto, lo es de algo.

    ¿Desea el Amor aquello de lo que es amar ó no? -Si, y mucho.

    ¿Es acaso al poseer lo que desea y ama cuando desea y ama, o es al no poseerlo?. - Al no poseerlo, al menos según es verosímil.

    Considera ahora -replicó Socrates- si en vez de verosímil es necesario que así sea, es decir: lo que desea, desea aquello de que está falto, y no lo desea si está provisto de ello. A mí al menos me da una extraordinaria sensación de que es necesario. ¿Y a ti?. -También a mí me la da -responde Agatón-.

    Dices bien. ¿Querría, por consiguiente, el que es grande ser grande y el que es fuerte ser fuerte? -Es imposible según lo convenido -.

    En efecto, ya que no carecería de estas cualidades por poseerlas en sí mismo. -Dices la verdad-

    Pero en el caso de que alguien, a pesar de ser fuerte, quisiera ser fuerte agregó Sócrates- o siendo veloz, ser veloz o estando sano estar sano…. Pues tal vez puede alguien creer con respecto a estas cualidades y a todas las similares, que los que las reúnan en si y las poseen, desean, no obstante, lo que tienen. ¿Quién puede estar deseoso de lo que tiene?: - Porque lo que desea realmente es tenerlo durante toda su vida -.

    ¿No equivale esto a desear algo que no se tiene? -Sin duda alguna -, luego éste y cualquier otro que sienta deseo, desea lo que no tiene a su disposición y no está presente, lo que no posee, lo que él no es y aquello de que carece. ¿No es el Amor en primer lugar amor de algo y en segundo lugar de aquello que está falto?.

    Tu dijiste, Agatón que entre los dioses se estableció un orden de las cosas gracias al amor de lo bello, pues lo feo no podía ser objeto del amor.

    ¿Mas, no se ha convenido anteriormente en que es lo que le falta y no tiene, lo que desea y ama? -Si-.

    En ese caso, el Amor carece de belleza y no la posee.

    ……………………………………

    Pero respóndeme todavía un poco. ¿Las cosas buenas no te parecen también bellas? -Al menos, esa es mi opinión-

    Entonces, , si el Amor carece de cosas bellas y lo bueno es bello, también estará falto de cosas buenas.

    La anterior discusión no trata de superar discurso anteriores, sino, más bien, precisar algunos extremos y corregir errores de apreciación.

    En la segunda fase, el maestro se dispone a exponer su doctrina sobre el amor y deja de hablar por sí mismo y lo hace a través de Diotima de Mantinea cuya existencia es discutida tal como hemos indicado en la presentación de los personajes. No deja de ser curioso que, en una reunión de hombres sea una mujer la que Platón introduzca como el personaje que dicte lo que es realmente el amor, lo que confirma la idea sobre la igualdad de los sexos que tenía el autor del texto. Diotima, considera incorrecta la ultima deducción enunciada entre el maestro y Agatón, ya que no necesariamente todo lo que no es bello tiene que ser por necesidad feo, y todo lo que no es bueno tiene que ser malo, al igual que siempre existe algo intermedio entre la sabiduría y la ignorancia y que puede ser el tener una recta opinión intuitiva.

    A continuación se niega la divina naturaleza del Amor, dado que un dios tiene que ser bello y bueno y Amor no lo es. Es algo intermedio entre un dios y un mortal, es un gran genio ó “daimön” cuya función es la de ser un medio de comunicación entre los dioses y los hombres. Platón recoge aquí creencias populares que ya se habían estudiado por la escuela pitagórica ofreciendo la novedad de hacer de los démones tradicionales -identificados como fantasmas- convirtiéndolo como eslabón necesario para rellenar el abismo existente entre los espíritus puros y la materia.

    En esta consideración hay algo que se nos oculta, bien por Platón o bien por Sócrates o tal vez por los dos: a poco que nos adentremos en la Mitología griega observamos que sus dioses tal vez fueron considerados como bellos, pero desde luego como buenos distaban mucho que desear y por las propias equiparaciones que en este texto se hacen respecto de que lo bueno es bello, por extensión los dioses en general para tanto Platón como Sócrates no dejarían de ser una entelequia creada por sus contemporáneos a su medida y gustos, es decir, ambos maestros debían de tener bastantes reservas acerca de la religión oficial. . Esta observación creo que se confirma más adelante.

    Hijo de Poro (el Recurso) y de Penia (La pobreza), su unión se efectuó del modo siguiente: en el nacimiento de Afrodita, los dioses celebraron un banquete, asistiendo Metis (La Prudencia) con su hijo Poro que, embriagado por que toma demasiado néctar (el vino no existía aún) se hechó a dormir en el huerto del palacio de Zeus. Como siempre ocurre después de las celebraciones, pasó por allí mendigando Penia que dado que siempre estaba falta de recursos creyó conveniente aprovecharse de la borrachera de Poro para hacerse un hijo que la ayudara a salir de sus estrecheces, dicho y hecho, no sabemos si se enteró de algo el pobre Poro, pero el caso es que allí Penia concibió a Eros (El Amor).

    La mítica caracterización de Eros describe perfectamente la situación de los que aman: El Amor es acólito y escudero de Afrodita dado que fue engendrado en su natalicio y, por tanto, enamorado de lo bello.Por parte de madre, siempre pobre, lejos de ser delicado y bello, rudo y escuálido, anda descalzo, sin hogar, duerme en el suelo, Por parte de su padre hereda su ocurrencia, su habilidad en urdir tramas (y por tanto, buen cazador), charlatán, embelesador y sofista, ni mortal ni inmortal, en un mismo día muere y revive dependiendo de la abundancia o miseria de recursos que obtenga. Se encuentra en un término medio entre la sabiduría y la ignorancia dado que no es un dios, los cuales nunca filosofan ni desean ser sabios porque ya lo son, ni tampoco es un ignorante puesto que no filosofan ni quieren ser sabios “puesto que en esto estriba el mal de la ignorancia: el no ser ni noble, ni bueno, ni sabio y tener la ilusión de serlo en grado suficiente. Así el que no cree estar falto de nada no siente deseo de lo que no cree necesitar”.

    Interrumpe Sócrates alarmado preguntando: ¿Entonces, quiénes son los que filosofan?: los que, al igual que el Amor están en un punto intermedio. Diotima considera que la Filosofía es un medio para llegar a la sabiduría siendo como es, una de las cosas más bellas y deseables y el Amor es amor respecto de lo bello, por lo que el Amor tiene que ser filósofo necesariamente.

    A continuación Diotima deduce la clave de la justificación de la existencia del Amor, este mensaje es, a mi entender de una gran profundidad: El Amor, se ha dicho que es el amor de las cosas bellas, la belleza así entendida es equiparable a bondad. El amante de las cosas buenas desea obtenerlas, una vez que lo consigue, que llega a obtener todas las cosas buenas se encuentra que ha hallado la felicidad.

    El Amor es un camino para ser feliz.

    Ahora bien, el camino tiene sus dificultades, empezando porque no todos tienen el mismo concepto de amor, puesto que no todos los hombres aman las mismas cosas. Esto lo explica Diotima porque hay distintos amores, al igual que el concepto “creación”, es muy amplio y contiene varios conceptos de creación, desde artesanos hasta poetas.

    A continuación se realiza un pequeño inciso al objeto de deshacer la versión de los andróginos puesto que los hombres, en lugar de buscar su unión, son capaces hasta de amputarse una parte de ellos mismos, si esa parte es fea ó enferma.

    El hombre que persigue el Amor lo puede conseguir a través de la creación de belleza, de su procreación tanto según el cuerpo como del alma que, a su vez, no es más que un deseo de inmortalidad, de perpetuación de uno mismo como único modo que le es concedido a una naturaleza mortal. Ahora bien, hay que apartar el simple instinto de conservación de la especie para abundar en el deseo de inmortalidad más excelso: el de la paternidad intelectual y espiritual. Los progenitores de esto último les corresponde parir al alma,(Sócrates decía que le venía de familia por parte de su madre, que había sido comadrona, su deseo de ayudar a nacer ideas de las mentes), la sabiduría moral, las grandes creaciones de la poesía, las instituciones y las leyes, lo que hará que ellos perduren a través de sus obras imperecederas.

    El Amor es también un camino a la inmortalidad.

    Todos estos logros que hasta ahora se pueden conseguir a través del Amor son solo una fase previa para la obtención un bien mejor, el máximo, el de la iniciación perfecta a través de la contemplación (¿De qué nos suena esto?), que lo subordina al seguimiento de un método, en cuyos inicios, la sensualidad y la pederastia desempeñan un papel importante en esta parte de la obra. El aspirante deberá de dirigirse a los bellos cuerpos, a enamorarse primero de uno solo, engendrando en él bellos discursos y enamorarse después de todos los bellos cuerpos, percatándose que, la hermosura existente en todos tiene una misma raíz, superando la atracción que le vincula a uno solo. Pasará después a amar la belleza de las almas por estimarla superior a la de los cuerpos, de aquí se remontará al amor de la belleza de las normas de conducta, luego, a la de las ciencias, hasta llegar de repente a la “visión de Algo que por naturaleza es admirablemente bello”, bueno, eterno e inmutable: la forma ideal de la belleza en la que participan todas las cosas bellas. Si consideramos la intrínseca unión de lo bello con lo bueno, llegamos a la conclusión de que es posible que, a través de la contemplación de las almas buenas y del cultivo del intelecto en sí, llegar a la presencia de la Bondad por excelencia, a un Ente Divino muy superior a los dioses conocidos.

    Es todo este pasaje donde está el núcleo de todo el diálogo. El sentido general del discurso de Diotima y de otros diálogos de Platón es bastante claro si sabemos prescindir de algunos puntos demasiado embarazosos en cuanto a la adoración de los cuerpos bellos. La “belleza en sí” de nuestro diálogo equivale a la “idea del bien” que se enuncia en la República, en donde se expone un entrenamiento similar del intelecto. Por otro lado, en las Leyes, Dios aparece como “el alma mejor” lo que parece presuponer que participa en la idea del Bien total, por otro lado es Dios quien hace que las cosas “participen” en el bien y en la belleza.

    Todavía hay un poco más: en el proceso iniciatorio descrito, se reconoce una vía mística que culmina en una experiencia inefable que podemos calificar de visión que no se puede percibir con los sentidos, sino a través de un órgano adecuado. La “visión” acontece a través de un éxtasis místico “toda ciencia transcendiendo”.

    Mientras que en otras preparaciones místicas que, como la cristiana, exige una serie de renuncias, un desraigamiento de todo lo que ata al hombre con lo material, es decir, una vía ascética, Platón sabía que, cuando se multiplican indefinidamente los objetos del deseo, “éste pierde en intensidad lo que gana en extensión, intelectualizándose en un proceso semejante al de la abstracción conceptual”. Y éste es un modo de depurar los apetitos más eficaz quizá que los rigores del ascetismo.

    Y en cuanto a lo proclamado por Diotima de ese momento supremo como lo único que vale la pena en la vida de un hombre ¿No es un llamamiento a la huida de este mundo, tal como podemos encontrar en el Fedón?. ¿Pretende darnos a entender Platón que su maestro pasó por una experiencia semejante y, consecuente con ello, renunció a seguir viviendo?. Es indudable que entre la doctrina de El Banquete y Fedón hay una estrecha coherencia: El filósofo es un amante del saber. El conocimiento sólo puede lograrse a través de la separación del alma y del cuerpo, por tanto, el conocimiento pleno sólo se consigue con la muerte y, hasta que ella llegue, el conocimiento máximo que se puede llegar es a través de esa muerte transitoria que es el éxtasis. ¿No habría entre las enseñanzas no escritas de Platón ó Sócrates las de una técnica del éxtasis?. En ésta misma obra llegamos a la conclusión que al menos Sócrates aspiró a ser un extático. No olvidemos que al principio, el maestro se queda rezagado de Aristodemo ensimismado en su meditación.

    Analizando la personalidad del maestro, un hombre extraordinario, pleno de conocimiento para su época, alejado de los bienes terrenales, dispuesto a derramar sus conocimientos en las almas de sus discípulos, ese Amor que preconiza como vía mística para la contemplación de la Suprema Bondad y por ende conlleva a la práctica del éxtasis, esa alegría especial que le lleva a compartir los goces de esta vida con sus amigos, ¿No muestra similitud con nuestros grandes místicos, desde Santa Teresa y San Francisco Javier?. ¿Hasta dónde llegó Sócrates en su conocimiento?.

    Después de lo anteriormente escrito, la mente queda tan exhausta que, se hace duro proseguir con el postre de este Banquete.

    Albicíades irrumpe en la reunión invitando a todos a beber vino, dada su devoción por Sócrates, le proponen que hable de él, lo que realiza a través de símiles. En principio lo compara con los silenos que, al igual que los sátiros, acompañaban a Dioniso, rectifica puntualizando que, más bien por su apariencia física se parece a Marsías, inventor de la flauta y, como él, es insolente al no importarle decir las verdades al más pintado, y al igual que el sátiro encanta no con el sonido de la flauta, sino con sus simples palabras, tal es así que el político confiesa que, al igual que otros muchos, su corazón se estremece de tal forma que “a la fuerza, pues, como si me apartara de las sirenas, contengo mis oídos y me escapo huyendo, para que no me sorprenda la vejez allí, sentado a su lado”. Afirma que el maestro siente una amorosa inclinación hacia los bellos mancebos ( y por otra parte no dejaba de hacerle hijos a su mujer Xantipa y frecuentar el burdel de Teodata la más célebre de las prostitutas de aquella época en Atenas) que le dejan pasmado al igual que los silenos pero, esa es su apariencia externa. Su forma interna es de que posee una templanza infinita que llega a rechazar al propio Albicíades que llega a meterse en su mismo lecho y declarar su amor. Su valor y resistencia a las fatigas se lo demuestra en la toma de Potidea que, incluso en el invierno andaba descalzo. En una ocasión delante de sus compañeros de milicia y, habiendo concebido algo en su mente, fue capaz de estarse de pie, inmóvil, durante un día entero.

    Considera que, los discursos de Sócrates en principio parecen ridículos al igual que harían los sátiros o los silenos, pero examinando su contenido, son los únicos que tienen sentido.

    Espero que el que lea este trabajo de aficionado lea El Banquete.