El arte Barroco

Historia del arte. Ciudad de sevilla. Barroco en Sevilla. Pintores barroco sevillanos

  • Enviado por: Eduardo Fernández González
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Índice

I.INTRODUCCIÓN: LA CIUDAD DE SEVILLA 1

II.EL ARTE BARROCO 2

A.CARACTERÍSTICAS DEL ARTE BARROCO 2

III.EL BARROCO EN SEVILLA 3

A.PRINCIPALES PINTORES BARROCOS EN SEVILLA 3

B.OTROS PINTORES BARROCOS SEVILLANOS 3

1.Francisco de Herrera el Viejo 3

2.Francisco Pacheco 4

3.Sebastián López de Arteaga 4

4.Juan de Valdés Leal 4

IV.BIBLIOGRAFÍA 5

I. Introducción: la ciudad de Sevilla

Sevilla es la capital de su provincia y de la comunidad autónoma de Andalucía. Está

situada junto al río Guadalquivir, a 120 km. de la costa. Tiene un puerto fluvial que, en

tiempos pasados, fue el más importante de España.

En la actualidad la ciudad vive fundamentalmente del sector servicios; es el centro

político y administrativo de la comunidad autónoma, su universidad cuenta con más de

60.000 estudiantes y concentra una parte importante del comercio de Andalucía occidental.

Las fiestas más importantes son la Semana Santa, la Feria de Abril y El Rocío; y es la cuarta

ciudad española en número de habitantes.

Sevilla tiene su origen en una población fundada por los Tartessos en el siglo VIII

a.C. llamada Ispal, que los fenicios ocuparon posteriormente. En el año 205 a.C. Escipión el

Africano la conquistó a los cartagineses, convirtiéndola en la capital de la provincia romana

de Bética. Durante el periodo romano la ciudad creció y se llenó de impresionantes

edificios, como la cercana Itálica, al tiempo que se convirtió en un foco cultural muy

importante. El nombre originario se latinizó, pasando a denominarse en esta época Hispalis.

En el año 428 la ciudad fue tomada por los vándalos que, poco después, fueron

desplazados por los visigodos. Fue conquistada por los musulmanes y se convirtió, junto

con Córdoba, en la urbe de mayor importancia en el Occidente europeo. Parece que de la

arabización de su nombre latino surgió la actual denominación de Sevilla (Ishbaliya' a

'Shbiya). Durante la época almohade se construyó la Giralda, la Torre del Oro, el Alcázar y

San Marcos.

En el año 1248 el rey castellano Fernando III la conquistó. La dominación cristiana

no supuso la emigración ni el exilio de gran parte de los artesanos y comerciantes sevillanos,

por lo que la ciudad no perdió su gran actividad comercial dirigida a servir de centro de

intercambios entre Venecia, Génova y los países bálticos con los puertos norteafricanos.

Durante los siglos XV y XVI Sevilla se convirtió en la puerta de los viajes atlánticos

que permitieron la conquista de las islas Canarias y de América. En 1502 se fundó la Casa

de Contratación, que hizo de su puerto fluvial el más importante de Europa. De esta época

son la catedral, la colegiata del Salvador y numerosos edificios civiles como la Casa de

Pilatos, la Casa de las Dueñas y la misma Casa de Contratación, hoy Archivo General de

Indias. Pero a lo largo de los siglos XVII y XVIII se produjo un estancamiento de la ciudad

a causa de la crisis del comercio colonial y del traslado a Cádiz de la Casa de Contratación.

Durante el siglo XX la ciudad se reactivó gracias a dos exposiciones internacionales:

la primera, la Exposición Iberoamericana de 1929, propició un primer ensanche urbanístico;

la segunda, la Exposición Universal de 1992, además de integrar a la ciudad la isla de la

Cartuja, conllevó una mejora urbanística y de la red de accesos a la ciudad tanto por

carretera como por ferrocarril, con la puesta en funcionamiento del tren de alta velocidad

AVE. En 1995 la población de Sevilla era de 719.588 habitantes.

II. El arte barroco

El barroco fue el estilo dominante en el arte y la arquitectura occidentales

aproximadamente desde el año 1600 hasta el 1750. Sus características perduraron a lo largo

de la primera mitad del siglo XVIII, si bien dicho periodo se denomina en ocasiones estilo

rococó. Manifestaciones barrocas aparecen en el arte de prácticamente todos los países

europeos, así como en las colonias españolas y portuguesas de América.

A. Características del arte barroco

Entre las características generales del arte barroco están su sentido del movimiento, la

energía y la tensión. Fuertes contrastes de luces y sombras realzan los efectos escenográficos

de muchos cuadros, esculturas y obras arquitectónicas. Una intensa espiritualidad aparece con

frecuencia en las escenas de éxtasis, martirios y apariciones milagrosas. La insinuación de

enormes espacios es frecuente en la pintura y escultura barrocas; tanto en el renacimiento

como en el barroco, los pintores pretendieron siempre en sus obras la representación correcta

del espacio y la perspectiva. El naturalismo es otra característica esencial del arte barroco; las

figuras no se representan en los cuadros como simples estereotipos sino de manera

individualizada, con su personalidad propia. Los artistas buscaban la representación de los

sentimientos interiores, las pasiones y los temperamentos, magníficamente reflejados en los

rostros de sus personajes. La intensidad e inmediatez, el individualismo y el detalle del arte

barroco —manifestado en las representaciones realistas de la piel y las ropas— hicieron de él

uno de los estilos más arraigados del arte occidental.

III. El barroco en Sevilla

Durante el siglo XVII la pintura española atravesó uno de los momentos culminantes

de su historia, pasando del realismo tenebrista de la primera mitad del siglo, al colorismo y la

luminosidad de influencia flamenca de la segunda mitad. Sevilla y Madrid se convirtieron en los

dos centros principales del arte barroco en España.

A. Principales pintores barrocos en Sevilla

Ya en los comienzos del siglo XVII las características típicas del barroco se aprecian

en los cuadros de Juan de las Roelas, Francisco Pacheco y Francisco de Herrera el Viejo.

Francisco de Zurbarán, afincado en Sevilla desde 1629, fue el pintor monástico por

excelencia; sólo él supo representar con más sencillez el fervor religioso de la vida monástica

contrarreformista. Los volúmenes simples, la sencillez compositiva y el tenebrismo,

caracterizado por los fuertes contrastes de luz y sombra, definen el estilo que no cambiará

hasta los últimos años de su vida, cuando la influencia de Bartolomé Esteban Murillo le lleve a

experimentar con una pincelada más suelta y ligera y un uso más vaporoso de los colores.

Diego Velázquez, el pintor más importante del barroco español, se moverá entre el

naturalismo de la primera mitad del siglo XVII y el barroquismo de la segunda. De su etapa

juvenil en Sevilla sobresalen obras como la Vieja friendo huevos y la Adoración de los

Magos. En 1623 se trasladó a Madrid como pintor de corte de Felipe IV, cargo que ocupará

ya toda su vida. Sus series de retratos reales culminaron con Las Meninas, retrato colectivo

de las infantas, las meninas y otros personajes de la corte, en el que aparece también el propio

pintor. Maestro en el tratamiento de los volúmenes, la forma y el color, y pionero de la

perspectiva aérea y las grandes pinceladas, Velázquez destacó también por sus cuadros de

tema histórico, como La rendición de Breda, y mitológico, con obras como La fragua de

Vulcano y la Venus del espejo.

Contemporáneo de Velázquez fue el granadino Alonso Cano, pintor célebre por sus

representaciones del cuerpo humano, como muestra el Descenso al limbo, uno de los pocos

ejemplos de desnudo en el barroco español. Murillo, pintor sevillano algo más joven que

Velázquez, fue el maestro de la gracia y delicadeza femenina, presentes en sus

representaciones del Niño Jesús y la Inmaculada Concepción. La última fase del barroco

sevillano la representa Juan de Valdés Leal. Entre sus obras destacan los dos Jeroglíficos de

las postrimerías del hospital de la Caridad de Sevilla, pinturas extremadamente realistas y

mórbidas de esqueletos y cuerpos putrefactos.

El hecho de que Sevilla fuera en esa época la puerta, por así decirlo, de entrada a

América, posibilitó el desarrolló en el nuevo continente del arte barroco, con autores como

Sebastián López de Arteaga, José Juárez y Melchor Pérez de Holguín.

B. Otros pintores barrocos sevillanos

1. Francisco de Herrera el Viejo

Pintor y grabador español, figura esencial en la transición del manierismo al barroco,

considerado como el fundador del estilo naturalista de la escuela sevillana del siglo XVII.

Nació en Sevilla a finales del siglo XVI. En su primera etapa realizó una serie de grabados,

pero su actividad como pintor no se desarrollaría hasta más tarde con Pentecostés, la más

antigua de sus obras fechadas, de estilo claramente manierista. En sus cuadros posteriores se

aprecian también influencias de la pintura veneciana así como de Diego Velázquez y Francisco

Zurbarán. Reaccionó contra el estilo detallado y formalista en el que se había formado y en

sus obras de madurez cultivó una expresión más realista y rigurosa. Sus obras, principalmente

las de tema religioso, como El triunfo de san Hermenegildo, San Buenaventura recibe el

hábito de san Francisco y su gran obra maestra San Basilio dictando su doctrina, se

caracterizan por la pincelada amplia y áspera, la riqueza en el tratamiento del color y el

realismo de los modelos. También hizo pintura de género, innovación que, junto con su

técnica, ejerció una notable influencia en numerosos pintores españoles posteriores. En 1639

se trasladó a Madrid, donde pasó los últimos años de su vida. Algunos historiadores afirman

que Velázquez fue su discípulo durante un breve periodo de tiempo, pero esta idea no cuenta

con el apoyo de estudios más recientes.

2. Francisco Pacheco

Nacido en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), fue el más respetado maestro sevillano de

su época, en cuyo taller se formaron algunos de los principales pintores de la siguiente

generación, como Velázquez y Alonso Cano. Sus obras, académicas y arcaizantes, prolongan

en el XVII el romanticismo manierista imperante en las últimas décadas del siglo anterior (serie

para la Merced de Sevilla, entre 1600 y 1611, en museos de Sevilla y Barcelona).

Artista culto y erudito, escribió uno de los primeros tratados sobre la pintura española

del Siglo de oro, El arte de la pintura, publicado en 1649, en el que dedica una parte a la

práctica y técnicas pictóricas, recoge también sus preocupaciones teóricas, defendiendo el

carácter liberal del arte de la pintura y define la iconografía de la doctrina católica emanada de

los ideales contrarreformistas.

3. Sebastián López de Arteaga

Nació en 1610 en Sevilla, y es considerado el introductor del estilo tenebrista en el

virreinato de Nueva España.

Entre 1625 y 1630, año en que obtuvo el título de pintor, fue discípulo de Zurbarán.

En 1640 se trasladó a Nueva España y, tres años después, fue nombrado pintor honorífico

del Santo Oficio, para el que pintó una colección de retratos de los primeros inquisidores.

Su estilo se mantuvo siempre fiel a la escuela del maestro extremeño: utilización del

claroscuro, gama reducida de colores y sobriedad formal. Aunque fue un autor muy

prolífico, se ha perdido la mayor parte de su obra. En la Pinacoteca Virreinal (México D.

F.) se conserva el cuadro titulado La incredulidad de santo Tomás (1643), un magnífico

lienzo en el que se pone de manifiesto la profunda influencia de Zurbarán en este autor.

Otras obras suyas son Los desposorios de la Virgen y el Crucificado, ambos en la

Academia de Bellas Artes de la ciudad de México.Murió en 1656.

4. Juan de Valdés Leal

Nació en Sevilla, Andalucía, en 1622, ciudad en la que desarrolló casi toda su

actividad, salvo una corta estancia en su juventud en la ciudad de Córdoba, donde completó

su formación. Su estilo se caracteriza por una gran ligereza de toque y por un especial interés

por la expresividad, que protagoniza sus composiciones en detrimento de la belleza y la

corrección formal. Tenía inclinación por la temática macabra o grotesca, pero con un vivo

sentido del movimiento, brillante colorido y dramática iluminación. En su producción destacan

los dos cuadros que pintó para la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla, los Jeroglíficos

de las postrimerías, en 1671 y 1672: In ictu oculi y Finis gloriae mundi, ambos dedicados

a representar de forma alegórica la fugacidad de los bienes terrenales y la inevitabilidad de la

muerte.

IV. Bibliografía

Valdivieso González, Enrique, La pintura en el museo de bellas artes de

Sevilla, Ediciones Gálvez, Sevilla, 1993.

Palomero Páramo, Jesús, Historia del arte de Cou, Editorial Algaida, Madrid,

1996.

Checa, Fernando, Pintura y escultura del renacimiento en España. 1450-

1600, Ediciones Cátedra, Madrid,1983.

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