El arquitecto y el emperador de Arabia; Joan Gisbert Ponsoe

Literatura infantil contemporánea. Narrativa. Novela islámica. Mundo árabe. Arte islámico. Islam. Arquitectura islámica. Personajes: Dalhabad, Hasib, Iskandar. Argumento

  • Enviado por: Fernando
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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LIBRO: El arquitecto y el emperador de Arábia AUTOR: Joan Manuel Gisbert

EDITORIAL: Edelvives

RESUMEN:

En este libro se nos cuenta la historia de un emperador y su arquitecto.

PRIMERA PARTE

La historia comienza en alcázar-palacio que el rey de Arabia, uno de los cuatro soberanos más grandes de la Tierra llamado Al-Iksir, era de mediana edad, había tenido catorce esposas distintas pensó que no podría tener ya hijos por lo que se le ocurrió la brillante idea de construir una obra monumental, que recibiera muchas visitas y hacerse muy famoso.

Envió miles de tropas en busca del mejor arquitecto del mundo, en este casó Iskandar, arquitecto apátrida, de persas descendiente lejano también de mediana edad.

Cuando el arquitecto fue encontrado fue invitado por un chamberlán a sentarse en un palanquín cubierto de sedas y brocados. Cuatro esclavos lo llevaban: uno turco, otro; indio, el tercero, griego y el último, abisinio.

Le llevaron a una sala entera refulgía en su enlosado de rojo mármol y columnas de ónice de Yemen, Iskandar se dirigió a Al-Iksir y frente a frente el rey le dijo,

que quería que construyera para el y sus súbditos un jardín en el que la fantasía fuese exaltada y los sentidos quedaran asombrados ante tal maravilla, el vergel más ornamentado que haya existido jamás en la faz de la Tierra.

Iskandar quedó sin palabras ante tal cosa, y de pronto le explicó que le quedaba mucho por aprender en el desempeño de sus artes pero creía que el magno desafío lo elevaría por arriba de sus posibilidades.

El rey le dejó a su disposición todos los hombres y materiales que le hicieran falta, que todo estaría a su disposición.

Y que con la recompensa seria uno de los arquitectos más ricos y prestigiosos del mundo, mucho más rico que cualquier príncipe.

Después de todo esto, el arquitecto fue acompañado a su habitación a descansar.

Pasados siete meses Iskandar mostró el proyecto a Al-Iksir, cuatrocientos catorce pliegos, cuidadosamente doblados, fueron introducidos en el salón por ocho pajes, este proyecto costaba de cúpulas cuidadosamente y detalladamente decoradas, 30 pabellones distintos, diferentes estanques, estatuas proveedoras de agua etc..

Cuando quedaba un pliego por abrir el rey dudoso preguntó lo que iba a poner en el centro del parque.

Iskandar había pensado poner un gran túmulo de mármol blanco salpicado de incrustaciones de oro, para rendir homenaje a sus antecesores, los antiguos arquitectos Persas. A el rey le pareció una idea estupenda.

Khaled, tercer visir del rey, fue nombrado: `'General de la obra'', dispuesto a estar al servicio del arquitecto para todo.

Al día siguiente, al rayar el alba, Iskandar se dirigió al cenagal a la cabeza de un contingente de veinte capataces y trescientos peones reclutados durante la noche por Khaled. En número superior, bueyes y camellos, acostumbrados a rudas tareas de labranza, los acompañaban.

Estos fueron enganchados por parejas a grandes arados de manera que sirvieran para la demolición y el arrastre de tierras.

Primero vaciaron una gran cuenca de lodazal para construir allí las grandes murallas del jardín, esta dura tarea fue empleada durante 22 semanas.

Después crearon el sistema de zanjas, acueductos y canales para el agua. La llegada de caravanas con materiales era continua.

Al-Iksir observaba el proyecto desde la ventana; desde lejos.

Cumplidas 50 semanas, ya construidos los cimientos de los primeros pabellones; Un anciano ciego y curioso, de origen turco, llamado Zoz que pasaba por allí, acompañado de un camello y un lazarillo, cuyo nombre era Hasib, estaba asdombrado con tanto polvo y ruido.

El arquitecto le informó sin altanería. Se estaba empezando a levantar lo que seria la maravilla del mundo, un gran jardín monumental para deleite de los sentidos, como nunca lo ha habido, por el cual recibiría gran cantidad de dinero por parte del rey.

El anciano sabía el gran peligro que corría, por eso no dudo en decírselo al arquitecto.

Iskandar se dio cuenta de que los trucos que el anciano usaba tenían que ver con los Turcos, sus grandes habilidades enigmáticas.

El arquitecto explico a Zoz la tardanza del proyecto, en este caso 4 años.

Zoz le rectificó diciendo que serían 4 años y 100 días aunque según las estimaciones de Iskandar que no había revelado a nadie serían 3 años y 100 días, no como predijo el anciano. Iskandar advertido por Zoz, se quedó pensando mientras el anciano y el lazarillo se alejaron en busca de su camello viejo y se marcharon.

Tras un rato de penosa marcha Zoz explicó al muchacho que hasta que volviera a los páramos, fingiera ser mudo y corto de entendimiento y aunque Hasib no lo comprendió hizo caso a las indicaciones del viejo.

Unos instantes después unos jinetes por orden del rey de Arábia, tomaron preso a Zoz y su lazarillo y los llevaron al Alcázar-palacio, Khaled sopló al rey haber visto al ciego decir a Iskandar cosas sobre una maldición.

Por lo que el rey habló en privado con Zoz, el rey le apuntó con la daga cuando el ciego se dirigió al rey, sabiendo que iba a vender su pablabra ni por el doble de riquezas ofrecidas a Iskandar, por lo que fue condenado a muerte. Zoz murió al alba, como había previsto, el anciano no notó apenas el momento en que ya no fue suya su cabeza.

Aunque el lazarillo tuvo mucha suerte, consiguió escapar debido a que gracias a ser considerado mudo y débil mental, los soldados no se molestaron en matarlo.

Hasib en plena noche fue arrojado a los caminos y olvidado.

Mientras que Iskandar continuaba su proyecto, el lazarillo vagaba por los páramos sin dormir, ya que cuando más lejos sería mejor, ya que llegara si descubrían su tapadera, le perseguirían y lo matarían.

Hasib una tarde, muerto de cansancio encontró un palmeral donde descansar.

Al despertar, cerca de él estaba sentado un maduro de rostro sereno y ojos grandes.

El hombre parecía conocer el cayado de Zoz, por lo que preguntó y Hasib fingió no conocerlo. Al cabo de un rato se dio a conocer, se llamaba Dalhabad, el poeta de Siria.

Hasib sabía que no era un desconocido, ya que Zoz hablaba mucho de él, por eso le contó la verdad, toda la historia y lo que le había ocurrido a Zoz.

El poeta propuso a Hasib que marchara con él, el lazarillo estaba solo por lo que Dalhabad le dio comida y marcharon hacia Arábia.

SEGUNDA PARTE

Pasaron cuatro años en la sucesión de sus días y sus horas cuando Iskandar ya ebrio de ideas, había multiplicado su actividad hasta lo indecible. Por las noches Iskandar soñaba y a la mañana siguiente añadía todo lo que había visto en su sueño.

Para Dalhabad y Hasib esos años también fueron fructíferos, el poeta iba recogiendo todo tipo de versos por donde pasaban y seguía siendo el gran poeta de Arábia.

El día en que las cúpulas ya estaban en sus pabellones, todas las flores y árboles plantados, Iskandar despareció misteriosamente.

Cuando la noticia fue comunicada a Al-Iksir, su rostro se demudó y al cabo de un rato, mandó cuatrocientas patrullas en busca del arquitecto. Iskandar solía salir a dar paseos por la noche y los guardias al ver quién era lo dejaron salir como solían hacer de costumbre.

El emperador amenazó a Khaled con matarlo si el arquitecto no aparecía y aunque así fuese, Iskandar había dejado todos los planos de su proyecto terminados y solo quedaba acabarlo por lo que Khaled se puso a la cabeza del proyecto.

Cuando un maestro jardinero divulgó la noticia, Hasib al enterarse se lo comunicó a Dalhabad. El aviso de Zoz al fin había surgido efecto.

Dalhabad y el lazarillo marcharon con el presentimiento de encontrar al arquitecto.

Ese mismo día Iskandar regresó solo a palacio, del cual partió 40 días antes. Al-Iksir fue el primero en enterarse, por lo que se alegro mucho.

A primera hora de la mañana Iskandar empezó a dar nuevas órdenes del jardín, aunque el arquitecto no tenía las mismas ganas ni la misma ilusión en el trabajo.

Cuando Dalhabad se enteró, fueron rumbo hacia el alcázar-palacio.

Cuatro años y cien días de la muerte de Zoz, el jardín se vio enteramente concluido, el rey mandó que fuese amurallado todo el recinto. Al-Iksir mandó a Khaled que el arquitecto se reuniera con él y sin armas. A la mañana siguiente los soldados, fueron instalados en las murallas circundantes, ocupaban garitas y minaretes de vigilancia.

Iskandar se encontraba en la puerta esperando, dispuesto de lujosos ropajes dispuestos por Khaled, el cual muy astuto, pudo comprobar que no iba armado.

Al-Iksir llegó con su séquito, el arquitecto lo recibió, inclinándose escuetamente.

Los dos apartados de los soldados, entraron al jardín monumental. Iskandar fue el guía del trayecto.

Tras pasar bajo un extenso palio de vegetación que ocultaba el cielo, yen el que se despuntaban yemas incontables, los dos visitantes llegaron al Pabellón de las plantas colgantes. La profusión de las variedades en cascada era tan grande que la estructura del edificio, de madera de teca, resultaba invisible bajo el esplendor de los largos tallos suspendidos. Al-Iksir manifestó su aprobación al prodigio. Después pasaron por un estanque cubierto con nenúfares y una gran estatua de ónice.

Fueron conducidos por un pasadizo con árboles de todas las clases hasta el pabellón del Árbol mágico, Al-Iksir pudo comprobar la rutilante orfebrería, un árbol de oro macizo cargado de piedras preciosas, talladas como frutos. Iskandar accionó un mecanismo, y aparecieron de las ramas unos pájaros de plata.

Pasaron también por el Pabellón de los Astros, en su interior había, sobre unas columnas de pórfido, jaspe y ágata, se alzaban arcos como lunas crecientes que sostenía una bóveda azul ultramar. Entre simbolismos de plata, se observaban planetas.

Pasando por pasadizos de árboles y zonas florales, llegaron al Pabellón del Mercurio, en el cual había una piscina llena de este, el lago metálico reflejaba la claridad en todos sus sentidos. Al-Iksir quedó sin palabras.

Legaron a una avenida con columnas de calcedonia, cubiertas de plantas trepadoras, coronadas por estalagmitas de cuarzo africano, fue el Pabellón del Agua. Tenía poca altura y amplia base, y estaba revestido de ámbar rubio que lucía como oro puro. Su cubierta estaba formada por claraboyas de cristal, y el suelo adornado con piedras preciosas. Atravesaron cientos de Pabellones, hasta llegar al Pabellón Central, en su fachada se daba cita de todo tipo de mármoles, tanto alabastros como ónices, en inverosímil armonía. Cuando Al-Iksir estaba dispuesto a recompensar al arquitecto, una súbita ráfaga de aire llevó los cabellos de Iskandar a su rostro. El rey había puesto en el pabellón central una copa de honor, tallada en un solo rubí de gran tamaño. Entraron al Pabellón a brindar por su talento y su fortuna, el arquitecto, alzó la copa y al beber, el licor le abrasó la garganta. En ese mismo instante el rey empuño una daga y se la estacó el msimo en su costado izquierdo, Al-Iksir se contraía a causa de su dolor, Iskandar se mareó, su cuerpo quedó casi inerte, solo pudo oyó los pasos del emperador, salir del Pabellón.

Cuando Iskandar volvió en sí, el sol de una nueva jornada ya avanzaba hacia el cenit del mediodía. Enseguida se dio cuenta de que en el pabellón se habían producido cambios importantes. La puerta antes abierta y franqueable, estaba tapiada con ladrillos de oro rojo, así como las ventanas. Sólo algunas aberturas dejaban pasar la luz, vio al rey con una venda en su costado el cual le había hecho prisionero para que no construyera ninguna maravilla más, tenía todos los lujos y ropajes pagados, una chica bella y exótica, de distintos países le eran concedidas. Al-Iksir le había contado a todos, una falsa historia, que la puñalada se la asestó Iskandar y no él mismo y que se había vuelto loco.

TERCERA PARTE

Ciento veinte días pasaron, Iskandar ya parecía un mendigo. Apenas probaba la comida ofrecida por el rey, devolvía los platos casi intactos, comía solo lo imprescindible para vivir. Tampoco se ponía los lujosos ropajes, ni se acercaba a las bellas doncellas concedidas por Al-Iksir, ni ellas a él, ya que según la falsa historia contada por el emperador, las chicas le tenían miedo.

Los visires pidieron al emperador, su muerte, por lo desagradecido que estaba siendo con el castigo, aunque el rey quería que su locura se apaciguara.

El Pabellón central, se estaba llenando de aves y de todo tipo de animales, se estaba ensuciando de tal manera que daba asco.

Mientras esto ocurría Dalhabad y Hasib, llegaron a Arabia y cuando conocieron la falsa versión de los hechos, se dieron cuenta de la monstruosa transformación de la que habían sido víctimas los hechos.

Los dos caminantes, decidieron ir al Jardín, aunque sería imposible entrar, sin revelar su identidad, ya que habían largas colas y días de espera. Cuando llegaron, revelaron su verdadera identidad, por lo que fueron recibidos por el rey, el cual les ofreció quedarse allí, a cambio de los cantos de Dalhabad, el gran poeta de Siria.

Dalhabad, con el propósito de hablar con Iskandar, engaño al rey, diciéndole que solo averiguaría donde estuvo los 40 días de su ausencia, que ahí estava el misterio de su locura.

El rey estuvo pensando y después de largas explicaciones, se negó.

Los dos poetas, fueron a una habitación en un ala secundaria del alcázar-palacio.

Día tras día Dalhabad y Hasib se enriquecían, con las maravillas creadas por Iskandar.

Una noche, a Al-Iksir, se le apareció Iskandar en sueños, el cual le dijo que no estava loco, que aún seguía imaginando nuevos proyectos, fuentes, palácios, jardines colgantes y que su mente no había muerto.

Este sueño y las explicaciones de Dalhabad al emperador, bastaron para concederle el permiso de la visita al arquitecto, solo con una condición, que revelara todo lo ocurrido al emperador, o moriría, que su vida estaba en sus manos. Él estaba sereno y tranquilo ya que sabía que los guardias eran sordos, aunque el emperador no era tonto.

A la mañana siguiente, Dalhabad era izado con una silla portátil al interior del Pabellón Central. Inmediatamente después, Hasib presenció un hecho inesperado. Un nutido grupo de hombres, tan pequeños que los tomó por niños al principio, surgió de la espesura del parque y treparon con agilidad simiesca por el exterior del Pabellón.

Eran los escuchas de Al-Iksir, oyó decir a un lancero. Su oído era finísimo y la resonancia del Pabellón iba a ser crucial. Hasib desesperado por avisarels, no pudo hacer nada.

Cuando Dalhabad pisó el suelo del Pabellón Central, se dio cuenta del deterioro de aquello, cientos de aves reinaban en la habitación. Los valiosos tapices, estaban doblados y rotos, con formas de jardines, fuentes, palacios. Por lo que el poeta se dio cuenta que no estaba loco, y que su imaginación aún funcionaba.

El poeta gritó el nombre del arquitecto, el cual resonó en toda la habitación. Pareció en vano, cuando Iskandar muy desgarbado, surgió del interior de unos túmulos.

Iskandar no creía estar ante Dalhabad, el famoso poeta de Siria, aunque después de unos famosos poemas, recobró la felicidad y los dos se abrazaron.

Durante dos horas el arquitecto y el poeta se comunicaron mediante el verso, lleno de malos presagios. Cuando las aves de la habitación volaron desesperadas, Iskandar ya sabía que los espiaban y se lo comunicó a Dalhabad.

Cuando el poeta abandonó el Pabellón, le contó al rey, que se había vuelto loco, que había perdido el juicio y que su mente estaba gravemente trastornada, que solo le concedió algunos versos, desvariando al final y que su imaginación estava destruida.

La historia coincidía con la de los escuchas, enviados por Al-Iksir, ya que tenían el oíso fino y sensible a todo tipo de sonidos, pero no recibían el mensaje con la inspiración que lo hacía el poeta, por lo que el emperador no sabía nada.

Cuando Dalhabad se reunió con Hasib, fue al final de un largo viaje por los páramos, hasta que los jinetes de Al-Iksir los dejaron solos. El poeta contó a Hasib, que su mente estava inundada de ideas, que le había revelado una verdad deslumbrante, épica.

Se comunicaban utilizando metáforas, por lo que los escuchas creían que estaba loco.

El arquitecto pudo comunicarse con Dalhabad, gracias a su dominio de la lírica, había leído antiguos pergaminos en verso, inscripciones de antiguas tumbas y muchas otras cosas. Le había dicho, que las aves le ayudaban a enviar mensajes para amigos suyos, El arquitecto dirigía desde el Pabellón, la construcción de las tres grandes maravillas, sus amigos habían colaborado de incógnito en el proyecto del Jardín y que se estaban dirigían desde fuera del alcázar-palacio la construcción de otras tres grandes maravillas, que habían sido preparadas por él anteriormente, gracias a la advertencia de Zoz. Los 40 días de su ausencia, no estaba en las cavernas del monte Arfoz, sino que había estado reunido con sus amigos, para hablar sobre las tres otras grandes maravillas: En el norte de África, bajo los auspicios del gran Califa de Mogreb, un gran laberinto cósmico. A las orillas del Nilo azul, el gran Sultán de Egipto, impulsa los preparativos de un Observatorio Universal. Y el último, en oriente, el emperador de Persia, bajo el mayor de los sigilos, iba a acometer la construcción de un Imago Mundi portentoso.

Estos reyes no sabían si echar el proyecto hacia delante, pero en conocer que Al-Iksir, tenía preso al arquitecto, no vacilaron y se pusieron en marcha.

Los poetas marcharon por las callejas, contando la gran gesta del arquitecto.

Epílogo

Cuando Al-Iksir se dio cuenta, de que Iskandar había llevado a cabo las otras tres grandes maravillas del mundo, incapaz de conjurar lo inevitable, le ofreció a Iskandar la libertad a cambio de su renuncia a las riquezas que se le debían, Iskandar mostró su conformidad, el emperador entregó al arquitecto una solo moneda de cobre con la cual marchó sin decir palabra. Iskandar abandonó Arabia y desde lugares secretos, diversos y cambiantes, dirigió las tres grandes obras. Nunca se supo con certeza donde estuvo ni que hizo durante los siguientes años de su vida. Iskandar había alcanzado lo insuperable en una vida , vivió hasta edad muy avanzada en una isla griega, de incógnito, dedicado a sencillas labores de horticultura y albañilería.

Una mañana fue encontrado su cuerpo sin vida, tenía en sus manos casi desintegradas, la vieja moneda de cobre entregada por el emperador hacía años. Nunca visitó sus tres grandes obras y Dalhabad nunca lo volvió a ver. Hasib culmino el gran canto que el poeta había empezado en Arábia.

Posfacio

El lento paso de las Edades, la erosión del tiempo, destruyeron las maravillas del arquitecto, pero la leyenda de Iskandar viviría para siempre.