El árbol de la ciencia; Pío Baroja

Literatura española. Generación del 98. Novela (narrativa) contemporánea. Argumento y personajes

  • Enviado por: Mithary
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 21 páginas
publicidad
publicidad

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

Primera parte: La vida de un estudiante en Madrid.

I

Andrés Hurtado comienza la carrera.

Primer día de curso de la carrera, los estudiantes se arremolinan en la entrada. Provincianos arman escándalos en clase. Andrés Hurtado se encuentra con Julio Aracil, antiguo compañero del bachillerato, y con un amigo de este, Montaner. Montaner y Hurtado se llevan fatal, porque no coinciden en nada: monárquico, republicano, Zorrilla, Espronceda...

II

Los estudiantes.

Por aquella época, los estudiantes provincianos iban al Madrid del siglo XVII y no al del XIX, iban a hacer de donjuanes como en Tenorio. La acción de la cultura Europea era mínima y restringida, vivían en la ignorancia creyendo en la ilusión del país pobre que se aísla, creían que el resto de los países les odiaban porque les tenían envidias. "Sin duda no los jubilaban (a los profesores)... por esa simpatía y respeto que ha habido siempre en España hacia lo inútil." Los estudiantes se mofaban de los profesores y entorpecían las clases: a Hurtado no le gustaba.

III

Andrés Hurtado y su familia.

Se sentía sólo y abandonado. Su madre había muerto; a su padre (Pedro) lo odiaba y siempre estaban discutiendo, sobre todo por política, le considera un déspota; Alejandro, su hermano mayor, era como su padre y Andrés le tenía en la misma consideración porque además Alejandro apoyaba al padre; su hermano Pedro, estudiaba pero se dedicaba más a la buena vida y a las mujeres, tenía admiración por Andrés; Margarita siempre reprochaba a Andrés aunque le estimaba, era la única mujer de la casa, pero el padre no quería que ella se ocupase; después iba Andrés; y después Luisito, de cinco años que quería mucho a Andrés y este a él.

IV

En el aislamiento.

La religión a Andrés le era indiferente. Sus hermanos habían estudiado en el colegio el bachillerato, pero a él lo mandaron al Instituto de San Isidro y estudió un tanto abandonado. No le gustaba salir, sino meterse en su cuarto y leer novelas. No comentó a nadie que quería estudiar medicina y lo decidió sólo. Pedro y Andrés discutían porque uno era conservador y el otro revolucionario; tenían unos vecinos (padre e hijo) que eran igual pero al contrario. Andrés no le pedía nunca dinero a su padre porque le quería considerar como a un extraño.

V

El rincón de Andrés.

La familia Hurtado tenía muchas amistades porque a pesar del despotismo que el padre gastaba en su casa, con los de fuera era amabilísimo. Don Pedro no consideraba persona a los obreros, ni podía admitir que una mujer quisiera independizarse. Además... "a quien se podía hablar de tú, chulos, mozas de partido, jugadores, guardaba don Pedro todas sus simpatías." Andrés dormía en un cuartucho que le apartaba del resto de la familia y en el que se pasaba las horas muertas leyendo o, simplemente, mirando por la ventana a los habitantes de las casas colindantes. Sus hermanos Luis y Pedro solían ir a visitarle al cuarto. En el primer año tenía miedo de las notas finales porque apenas había estudiado, solo había leído. Empezó a devorar los libros y finalmente, aprobó todas menos una. Llevó a su maestro una recomendación de su tío Iturrioz, que era doctor, y el maestro le hizo un examen que, para su sorpresa, le aprobaron.

VI

La sala de disección.

El segundo año, tenían clase de Anatomía y hacían disecciones de cadáveres. Sin saber porqué, Andrés y Montaner, se empezaron a llevar muy bien. Casi todos los estudiantes deseaban ir a la sala de disecciones, lo veían una cosa divertida y grotesca, además afrontaban la muerte jovial e indiferentemente. Se contaban anécdotas de esas clases (brazo saludo, cerebro de comida). A Hurtado le pasaba lo mismo, pero le molestaba la forma que tenían de trasladar los cadáveres desde el camión en que los llevaban hasta la sala y que después de hechas las disecciones, metían los pedazos sobrantes en calderas y se veían multitud de diferentes órganos mezclados y descuartizados. Pero a pesar de todo, la anatomía y la disección le gustaban. Un amigo de Aracil, Jaime Massó, gustaba de llevarse los órganos a su casa y disecarlos. Además era un supersticioso y Aracil se burlaba de él. La biblioteca de Hurtado iba aumentando, compuesta sobre todo, por libros revolucionarios, pero eso no salía de su habitación. Tenía dos amigos más, Rafael Sañudo y Fermín Ibarra. A veces iba con Sañudo a un café pero todos eran muy filarmónicos y eso a Hurtado no le interesaba. Su otro amigo, Ibarra, estaba enfermo y cuando iba a visitarle, le contaba las cosas de fuera ya que este no podía salir. Entonces pensaba que su vida era agradable, pero fuera de esos momentos, sentía que "sobre todo la suya (su vida),... una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable.

VII

Aracil y Montaner.

Hurtado, Aracil y Montaner acabaron el primer curso de Anatomía. Aracil y Montaner se fueron y Hurtado se quedó sin amigos en Madrid. Hurtado tenían especial ilusión por el curso siguiente pues comenzaría a dar Fisiología, cosa que le parecía muy interesante. Pero se encontró con que no le parecía tan interesante, sino que fue un escollo más que salvar para acabar la carrera. Ese curso, Hurtado intimó mucho más con Aracil. Era un chico independiente sobre todo porque en Madrid no estaban sus padres y vivía con unas tías viejas; pretendía debérselo todo a sí mismo. Era presumido y tenía buena mano con el juego, además de que le daba mucha importancia al dinero, leía novelas de escritores franceses medio naturalistas que contaban el lujo y el vicio de París. Montaner era enemigo de lo violento, perezoso, tranquilo y comodón, y un blando de carácter. Cuando acabaron el curso, Hurtado y Montaner quedaron solos en Madrid e iban a pasear juntos por el caluroso Madrid. Ambos hablaban mal de Julio, pero cuando este regresaba, siempre se juntaban los tres.

VIII

Una fórmula de vida.

En cuarto de carrera, Andrés conoció al profesor Letamendi, del que se decía que era un hombre sabio. Comenzó a leer sus libros y le parecieron admirables. Hurtado fue con Sañudo y comenzó a explicar las doctrinas del profesor pero otro estudiante le derrotó dando argumentos válidos sobre que Letamendi no tenía ni idea de lo que hablaba y escribía. Leyó de nuevo el libro y siguió asistiendo a sus clases hasta que se dio cuenta que lo que le habían dicho era cierto: solo tenía palabrería y frases hechas. Esto llevó a Hurtado a interesarse por la filosofía (Kant, Fichte y Schopenhauer). Leyó sus libros haciendo un gran esfuerzo por seguir el razonamiento. Durante el verano también leyó libros de filosofía francesa moderna pero sólo reflejaban métodos y clasificaciones, cosa que a Andrés no le interesaba. Viendo que los libros modernos no le agradaban volvió a Kant y entendió algunas cosas en líneas generales, aunque le supusiera un gran trabajo.

IX

Un rezagado.

Luisito cayó enfermo con fiebres. Margarita y Andrés estuvieron casi de continuo cuidándolo. Esto los unió más. Andrés leía los manuales de medicina. A Luisito le diagnosticaron fiebre tifoidea. Estuvo 30 o 40 días con fiebre y cuando desapareció dejó al niño muy demacrado. Andrés empezó a pensar si la medicina no serviría para nada. En ese curso Andrés se hizo amigo de Antonio Lamela, un estudiante gallego bastante mayor que él y que iba rezagado, porque un día este le preguntó qué le pasaba y Andrés contó lo de su hermano y Antonio intentó consolarle. El secreto de Lamela era que estaba enamorado de una mujer de la aristocracia, la cual también estaba enamorada de él. Decía que era muy bella pero cuando se la mostró a Hurtado, este puedo ver que era fea, agria y que, no sólo no hacía caso a Lamela, sino que lo miraba con desprecio. Pero Lamela, en su fantasía, no veía nada de aquello. Él dividía a los hombres en dos grupos: la gente franca y de buen corazón, y la gente mezquina y vanidosa, donde incluía a Aracil y Montaner, de los cuales ninguno tomaba en serio a Lamela. Andrés contaba en casa sus extravagancias; a Margarita le interesaban esos amores, Luisito había inventado un cuento sobre los mismos.

X

Paso por San Juan.

Montaner, Hurtado y Aracil comenzaron a asistir a unos cursos de enfermedades venéreas que se impartían en el Hospital de San Juan de Dios. Allí, los enfermos vivían en unas condiciones terribles: sin higiene, sin cuidados, sin luz, sin aire y con castigos, porque el médico de la sala castigaba a los enfermos por delitos que se inventaba y los encerraba o los tenía a pan y agua. Hurtado odiaba al médico y no le llegó a agredir porque se lo impidieron (mujer, gato, se escapa, médico lo ve, que lo maten, que la encierren). Desde entonces Andrés no volvió a ir y su piedad, pesadumbre y compasión por los demás se acrecentó. "Se iba inclinando a un anarquismo espiritual, basado en la simpatía y en la piedad, sin solución práctica ninguna". Aracil le decían que si quería cambiar el mundo se tenía que meter a político y si no, que desistiese, porque si no, no podría hacer nada. A Hurtado ya no le entusiasmaban las ideas revolucionarias y las nuevas ideas le mantenían en un desconcierto y en una excitación cerebral constantes a la vez que inútiles.

XI

De alumno interno.

Hurtado, Montaner y Aracil se presentaron a los exámenes para interno del Hospital General. Hurtado fue a ver a su tío Iturrioz para que le recomendara. Aracil y Hurtado aprobaron. Comenzaban siendo nadie y ganando muy poco, pero tenían opción a ascender y ganar más dinero. Como a Andrés le preocupaban más las ideas y los sentimientos de los enfermos, uno de los médicos le notó que no le ponía ningún interés al diagnóstico de las enfermedades. Para él, era más importante el lado psicológico de las cosas. Había mucha corrupción y filtración en el hospital, se pasaban todo el día jugando a juegos de azar, los curas del hospital sólo pensaban en la manera de conseguir más dinero, las hermanas de la Caridad solo se preocupaban de gestiones administrativas y de llamar a un cura si algún enfermo estaba grave. Llegó a manos de Andrés un diario de una hermana de la Caridad que ya había muerto. En su diario, veía la vida del hospital de forma muy sencilla e ingenua. Esto Andrés le causó curiosidad e incluso le gustaría haber conocido a sor María, que así se llamaba. Luego estaba el hermano Juan, del que se contaban dos versiones: que era un santo hombre preocupado por los demás o un depravado sexual. Lo único que pensaba Hurtado es que era repulsivo pues iba en busca del sufrimiento y el dolor ajeno, en vez de reaccionar como cualquier ser humano frente al dolor, huyendo.

Segunda parte: Las carnarias.

I

Las Minglanillas.

Julio comenzaba a sentir más estimación por Hurtado que por Montaner porque este había suspendido los exámenes de interno y había perdido el curso, gastando todo su tiempo en hacerle el amor a una vecina suya. Aracil quería que Andrés siguiera sus pasos de hombre de mundo y le presentó a las Minglanillas, una madre con sus dos hijas de las cuales la mayor era amante de Julio. Él no pensaba casarse con ella, la utilizaba para divertirse y pretendía que Andrés hiciese lo mismo con la pequeña, pero a Hurtado no le parecía bien ese egoísmo. Vivían en la miseria pero la madre aún relataba sus días de gloria, ya que su marido había sido subsecretario. Andrés comenzó a tener a mantener conversación con Lulú, que era fea pero inteligente. Tenía 18 años. Niní era más mujer, pero también más vulgar. A Andrés le disgustaba que cuando Julio se cansase dejaría a aquella familia apesadumbrada.

II

Una cachupinada.

En Carnaval se celebró un baile en casa de las Minglanillas. Allí hubo mucha gente. Julio le presentó a un sainetero estúpido y sin gracia, y a Antoñito Casares, un periodista andaluz y con moral de chulo. Se dedicaba a la caza de la mujer rica constantemente, que primero le aceptaban y al saber de su profesión, no querían saber nada más de él. En el baile, todos comenzaron a bailar, pero Hurtado, como no sabía, fue a hablar con Lulú ya que a esta no le apetecía. En el baile estaba Estrella, una chica que sobresalía entre todas y que había sido secuestrada por un viejo, del cual logró escaparse. Todas las vecinas la odiaban porque lucía colgadas en el balcón, prendas interiores muy caras que hacían suponer un trabajo deshonroso. Tenía una hermana que seguía sus pasos y doña Leonarda no quería que sus hijas tuvieran relación con ellas. Lulú sabe porque Julio está con su hermana y que este le ha dicho a Andrés que vaya a por ella. Andrés lo niega todo, pero ella está segura y le asegura que sabe que Andrés no podría hacer eso con una mujer porque es distinto a Aracil. A Lulú no le atraían demasiado los hombres y Andrés pensó que era por la miseria vital entre la que se encontraba. Ella afirmaba que deseaba morirse. Con la conversación se hicieron muy amigos, pero pronto doña Leonarda declaró que la fiesta había terminado.

III

Las moscas.

Andrés y algunos más salieron a la calle y se dirigieron a casa de Virginia García, una comadrona. Estaba acompañada por dos hombres, uno que era su amante, del cual dijo que era italiano, y el director de la revista El Masón Ilustrado. Pronto se marcharon los hombres, excepto el amante, pues ella les dijo que estaba cuidando a una parturienta. En la calle, se encontraron a un amigo de Aracil en compañía de una chulapa, que se dirigía al baile de la Zarzuela. El director de la revista, le dijo a Andrés que Virginia había eliminado a dos maridos, secuestraba a las muchachas y las vendía, hacía abortos... acostumbrada a hacer gimnasia y dar masajes, podía fácilmente manejar a una mujer como si de un niño se tratara. Le dijo también que el italiano era un simple carterista que era cómplice de los negocios de la mujer. Fueron a casa de Rafael Villasús que era un autor dramático y tenía dos hijas. Andrés comprendió que este era un majadero y que había echado a perder a sus dos hijas, Pura y Ernestina. La mayor tenía un hijo con un sainetero que era un imbécil y un granuja. Los dos saineteros comenzaron a contar chistes viejos y malos. Ellos, Casares, Julio y el director de El Masón Ilustrado comenzaron a mofarse del Villasús sin que el pobre infeliz si quiera se enterara. Andrés encontró al director de la revista planeando una barrabasada para Villasús, entonces Andrés le reprendió con un insulto y, si no llega a ser porque Casares pone pie en pared se hubiese liado una trifulca. Se marchó triste de esa casa... "Doña Virginia, explotando y vendiendo mujeres; aquellos jóvenes, escarneciendo a una pobre gente desdichada. La piedad no aparecía por el mundo".

IV

Lulú.

A Andrés le resultaba simpática y graciosa, aunque tal vez rayaba en la soez. La chica le contó a Andrés que la comadrona la quería vender a un viejo. A pesar de que la muchacha le fascinaba, sólo podía ver en ella a una buena amiga. Lulú bordaba y solía cantar canciones de la calle, mientras lo hacía. Cuando le faltaba el humor, bordaba muy silenciosamente. "Estaba acostumbrada a no tener respeto ni a nada ni a nadie" pero sí era servicial. La miseria en que se encontraban la causaba una depresión que a veces la vencía.

V

Más de Lulú.

Andrés acompañaba a dar un paseo a Lulú y a su madre, sobre todo solían ir al Botánico. Entonces se sentaban y Lulú le contaba su vida. De pequeña había sido una niña más bien enfermiza, además, era muy arbitraria, ponía sus simpatías o antipatías sin razón ninguna y no le gustaba comer con orden, ni las comidas calientes. Si Andrés hubiese tratado con más mujeres, hubiese sentido especial estima por Lulú porque tenía una idea muy humana y muy noble de las cosas: no le parecían mal los vicios, pero detestaba la hipocresía. Decía que si encontraba al hombre que la quería de verdad, no le importaría irse con él sin casarse ni nada, aunque luego la maltratase, viviría determinado tiempo feliz y después, Dios diría. Hacía un tiempo habían intentado violarla pero a eso no le daba demasiada importancia porque "para una mujer que no es guapa y siempre tiene que estar trabajando, la cosa no tiene mayor importancia". Andrés no sabía si Lulú era original o pretendía aparentar ostentación.

VI

Manolo el Chafandín.

Lulú tenía una amiga, la planchadora Venancia, una mujer mayor que se pasaba la vida planchando sin tregua. Vivía con su hija, con su yerno Manolo el Chafandín y con la hija de ambos. La hija de Venancia era una holgazana, una borracha y una maruja. A su marido tampoco le gustaba trabajar, por lo que todos vivían de lo que Venancia sacaba en el taller de plancha. Cuando Manolo y su suegra discutían, la hija siempre se ponía del lado de su marido. Un día, Lulú salió en defensa de Venancia y salió tarifando con la hija de la planchadora y su marido, que dijo que iría a pedir explicaciones a casa de Lulú. Allí le estaban esperando Lúlu, su madre, Niní, Julio y Andrés. Chafandín llegó y empezó a reprocharle las cosas a Lulú. Entonces Andrés no aguantó más y le reprendió a Manolo el Chafandín. Al final este tuvo que salir de la casa, porque Andrés deseaba darle un buen escarmiento para que aprendiese a tratar a las personas. Lulú, durante la riña, estuvo vibrando esperando el momento para saltar a la palestra. Cuando Hurtado se despidió le estrechó la mano más fuerte que de costumbre.

VII

Historia de la Venancia.

La trifulca de Chafandín, hizo de Andrés el héroe de la casa. Lúlu llevo un día a Andrés al taller de la Venancia: de joven había trabajado de doncella en varias casas. "Para ella el rico, sobre todo el aristócrata, pertenecía a una clase superior a la humana" que tenía derecho a hacer y decir todo lo que quisiese. "Hay en el cielo un santo, San Pascual Bailón, que baila delante del Altísimo, y que dice siempre: más, más, más. Si uno tiene suerte, le da más, más, más; si tiene desgracias le da también más, más, más. Esta filosofía bailonesca tenía la señora Venancia". Cuenta sus historias con sus amas (la que pegaba a todos y se murió el niño, la de los amantes) y conocía todas las cosas de la aristocracia. A Lulú le interesaban estas historias, Andrés afirmaba que eran gente sucia pero la señora Venancia decía "Así hemos encontrado el mundo y así le dejaremos".

VIII

Otros tipos de la casa.

La Negra: inquilina de las guardillas, verdulera, vieja, borracha. Cuando se emborrachaba le daba por proclamar la república e insultar a ricos y ministros. La policía se la llevaba al calabozo de vez en cuando por blasfemar y estaba allí unos 15 días, pero cuando salía estaba en las mismas. Se llamaba Nieves.

Doña Pitusa: pequeña, ojos muy vivos. Pedía limosnas y contaba que había tenido muchas desgracias y pérdida de fortuna. Se llamaba Benjamin.

El Chuleta: hijo de doña Pitusa, empleado en una funeraria, aspecto fúnebre, vengativo, rencoroso, odiaba a Manolo el Chafandín, tenía muchos hijos y todos como él.

Paca: gallega gorda y bizca. Tenía en la guardilla una casa de huéspedes, en ella se alojaban un mozo de la clase de disección de San Carlos, un enfermero del Hospital General y don Clero.

Don Clero: hombre bien educado y culto que había caído en la miseria. Muy limpio, muy arreglado. Estoico.

Maestreen: manchego pedante y sabihondo, droguero, curandero y sanguijuelo. Tenía una tienda, una hija y un gran sentido del honor.

Todos pagaban la contribución al prestamista de la calle de Atocha, don Martín o el tío Miserias. Vivía en una pequeña casa aislado de la sociedad pues decía que esta le debía atenciones que le negaba. Como usurero era tremendo, no perdonaba a nadie. El dinero que este recaudaba se lo quedaba Victorio, su sobrino, que iba como un donjuán y prometía ser peor que su tío.

IX

La crueldad universal.

Andrés fue a comentar filosóficamente la vida de los vecinos de Lulú con su tío Iturrioz pues sus amigos no se interesaban por esas cosas. Para Iturrioz la vida era una lucha constante y cruel en que unos se comen a otros. Respecto a la justicia, él creía que lo justo es lo que a cada uno le conviene. "La consecuencia a la que yo iba era ésta, que ante la vida no hay más que dos soluciones prácticas para un hombre sereno: o la abstención y contemplación indiferente de todo o la acción limitándose a un círculo pequeño. Es decir, que se puede tener el quijotismo contra una anomalía; pero tenerlo contra una regla general es absurdo". De lo que se deduce que le estaba aconsejando que si quería hacer algo por esa gente que sufre, se limite a una persona, una casa, un vecindario; pero que no intente arreglar todas las situaciones semejantes que ocurren en el mundo. Se observa que si hay algún plan para vivir con decoro es porque "el que lo tiene es porque ha inventado uno para su uso. Yo hoy creo que todo lo espontáneo es malo; que sólo lo artificial, lo creado por el hombre es bueno". Todo esto le dio que pensar a Andrés.

Tercera parte: Tristezas y dolores.

I

Día de Navidad.

Luisito comenzó a escupir sangre, Andrés empezó a pensar que le niño podía tener tuberculosis, pero se hicieron unos análisis y no se encontró nada, pero no contento con esto, Andrés pidió al médico de su sala que fuese a reconocer al niño y encontró que podía haber una posibilidad de que sí fuese tuberculosis. Le recomendaron que se fuese a una ciudad del Mediterráneo para que el niño mejorase y así ocurrió, los primos solterones de don Pedro les dejaron una casa en un pueblo próximo a Valencia. Andrés, el día de Nochebuena, fue a ver en qué condiciones se encontraba la casa; fue y volvió en un vagón de tercera pasando muchísimo frío. Desde Valencia, mandó un telegrama a la familia diciendo que la casa estaba bien.

II

Vida infantil.

Unas semanas después se fueron todos a Valencia menos Andrés, Alejandro y su hermano Pedro. Andrés tenía que estudiar para la Licenciatura. Muchas veces le decía este a Lulú que quería a Luisito como a un hijo. En junio, Andrés se examinó y salió bien. Entonces Andrés se fue a Valencia en un coche de tercera. El niño estaba mucho mejor y Margarita estaba mucho más bella. Al día siguiente y todos los demás, Luisito y Andrés empezaron a hacer muchas cosas juntos, en el huerto, pasear, etc. Pero Andrés siempre estuvo cuidando del bienestar de su pequeño hermano por eso siempre estaba en casa.

III

La casa antigua.

Luisito parecía estar bien pero conservaba aquella tendencia fantaseadora. Don Pedro decía que no podía mantener dos casas, pero Andrés creía que se tenían que quedar allí ya que su padre podía mantenerlas con el dinero que se gastaba en el casino. Pero una prima de don Pedro, les dijo que se trasladases a su casa, en Valencia capital y este aceptó. Así que se mudaron a esa casa sombría y lúgubre.

IV

Aburrimiento.

Andrés se aburría en aquella casa porque no había que hacer y tenía muy pocas ganas de hacer vida social. Así que empezó a preparar su doctorado. Luisito, al parecer, estaba curado.

V

Desde lejos.

Andrés volvió a Madrid para examinarse del doctorado. Allí en Madrid se encontró mal porque continuaban las desavenencias con su padre. Le dieron un puesto de trabajo en Burgos y se marchó. Hizo muy buenas migas con el médico al que tenía que sustituir y al que ya no le importaba la medicina. Pasó el verano leyendo y paseando. Mes y medio después le llegó una carta de su padre que le comunicaba que Luisito había muerto hace ocho días. "El haber dejado a su marcha a Luisito sano y fuerte, le impedía experimentar la pena que hubiese sentido cerca del enfermo. Aquella falta de dolor le parecía algo malo". Por carta Margarita le informó de como había marchado la enfermedad. Andrés intentaba imaginarse a su hermano enfermo como ya había visto a otros niños, pero le era imposible y sólo podía recordarle sano, contento, risueño y feliz.

Cuarta parte: Inquisiciones.

I

Plan filosófico.

Cuando terminó su sustitución en Burgos Andrés volvió a Madrid. Estaba dispuesto a marcharse a cualquier pueblo si no encontraba nada de trabajo en Madrid. Un día se encontró en la Biblioteca Nacional a Fermín Ibarra que estaba curado y andaba con bastón, el cual pensaba estudiar para ingeniero. El chico inventaba cosas y le comentó que iba a pedir unas cuantas patentes. Andrés pensó que estaba loco, pero cuando vio un invento suyo comercializado, pensó que Ibarra en realidad era un inventor. Por las tardes, Andrés, solía visitar a su tío Iturrioz. Andrés le decía que el único plan claro que tenía era vivir independiente en España, que era suficiente plan. Andrés le dijo a su tío que lo que quería encontrar era una explicación entre el Universo físico y el moral. Este le recomienda que lo busque en los filósofos ingleses, no en los alemanes. Pero Andrés que el verdadero mérito de Kant es hacer ver que las fantasías que la filosofía antigua creó, era sólo eso, meras fantasías. Además, de que demostró que Dios y la libertad son indemostrables. "Después de Kant, el mundo es ciego; ya no puede haber ni libertad ni justicia, sino fuerzas que obran por un principio de causalidad en los dominios del espacio y del tiempo." Además, que ese principio de causalidad, no existe fuera de nosotros, que puede ser distinto y que puede no existir.

II

Realidad de las cosas.

Se observa que el mundo para cada uno es una cosa porque es el reflejo de nuestra mente. Se afirma que hay verdad en cuanto que en cuanto que todas las inteligencias están de acuerdo en una misma cosa; de lo que se deduce, que son unánimes para todos porque son verdades. "El encadenamiento de causas y efectos es la ciencia. Si ese encadenamiento no existiera, ya no habría asidero alguno; todo podría ser verdad". Se afirma que los datos científicos y empíricos no son absolutos pero se creen en la ciencia como la única construcción fuerte de la humanidad que ha roto religiones, morales y utopías desde la antigüedad. También se dice que la ciencia arrolla los obstáculos hacia el verdadero conocimiento pero también al hombre.

III

El árbol de la ciencia y el árbol de la vida.

Iturrioz dice que gente como Andrés han convertido a la ciencia en un ídolo y este replica que hay esperanzas de que la ciencia pueda ser útil algún día. "El individuo sano y fuerte no ve las cosas como son porque no le convienen. Vive en una alucinación" así vive más y con más intensidad que otros. La mentira es algo vital y la ciencia estudiaría, según Andrés, la cantidad de mentira necesaria para sobrevivir. Comparación de la felicidad a través de la inocencia con la historia del génesis de los dos árboles: el que daba la inmortalidad y el que daba el conocimiento. Andrés cree que el semitismo, el oportunismo, etc. será barrido por la mentalidad científica europea, con Kant, Schopenhauer. Kant pide que la libertad, el derecho, la responsabilidad (algo vital) descansen junto al conocimiento, para que el hombre mire el mundo de diferente manera. Los religiosos creen que el conocimiento científico es vulgar, pero que el que cree ciegamente en algo que no es demostrable, es distinguido y más inteligente que el que cree en la ciencia. La fuerza es la idea que empuja a todo el mundo a realizar grandes empresas. En realidad lo que Andrés quiere es "partiendo de la relatividad de todo, dar un valor absoluto a las relaciones entre las cosas". También, tomando la verdad como norma, se puede llegar al fanatismo más bárbaro, convirtiendo a la verdad en algo que no lo es. "Para lo útil no hay comprobación como para lo verdadero". "La otra fe conviene destruirla; dejarla es un peligro; tras de esa puerta que abre hacia lo arbitrario una filosofía basada en la utilidad, entran todas las locuras humanas".

IV

Disociación.

Iturrioz dice que el intelectualismo es estéril porque todo el mundo lo repudia. Andrés le dice que lo que intentan hacer es disociar las ideas tradicionales para ver qué componentes tiene y qué nuevos aspectos va tomando. Pero Iturrioz dice que la sociedad protestaría pues a la sociedad no le suelen gustar los cambios que les afecten en lo moral, en las tradiciones. Andrés cree que es necesario descomponer la sociedad existente para crear un mundo mejor, pero Iturrioz le advierte que no va a ser tan fácil pues no habría ninguna garantía. Andrés afirma que la ciencia ha quitado al género humano muchos terrores infundidos y que así se van haciendo dueños del mundo y no al contrario.

V

La compañía del hombre.

Iturrioz reconoce la afirmación de Andrés, pero dice que también ha quitado vida, porque la claridad quita la vida. Dejaron de hablar profundamente (Compañía de Jesús) y Andrés le volvió a confirmar que se iría a algún pueblo. Finalmente dejaron de hablar y observaron la tarde desde la azotea de Iturrioz

Esta cuarta parte que es discursiva, separa un primer bloque de tres partes y un segundo bloque de también tres partes.

Quinta parte: La experiencia en el pueblo.

I

De viaje.

Días después, Hurtado marchó para Alcolea del Campo, donde le habían nombrado médico titular. Este era un pueblecito fronterizo entre La Mancha y Andalucía. En el tren, en su vagón había un tipo muy peculiar con acento extranjero y que llevaba un billete de segunda, no de primera. El revisor lo vio, el hombre se empezó a poner nervioso y a insultar a España y a los españoles. Entonces otro viajero se levantó y le dijo que si España no le gustaba que se marchase pero que no iba a permitir que hablase así. Entonces el hombrecillo se calmó y comenzó a dar explicaciones. Andrés pensó que el otro viajero había estado muy bien y se adormiló. Al amanecer ya había llegado al lugar donde tenía que bajar. Preguntó que cuando llegaba el coche para Alcolea y se sentó a esperarle.

II

Llegada al pueblo.

Llegó al pueblo bien entrada la mañana, le dejaron en la fonda y allí le acomodaron. Conoció allí a tres viajeros: un catalán, un riojano y un andaluz, de los cuales ninguno de los tres correspondía con el prototipo de cada una de sus comunidades. Sólo se comía allí carne con muchas especias picantes. Se fue al casino con los viajeros y al volver, Andrés se quedó aletargado en la cama; en la calle hacía un calor insoportable. A las seis fue a visitar al secretario del Ayuntamiento y al otro médico. Este último le dijo que allí, de médico, se ganaba poco porque apenas había enfermedades. Después, los tres salieron a dar una vuelta por el pueblo para que Andrés lo conociese. Después, el secretario y Andrés se subieron a un cerro para que este último se hiciese una idea de cómo era el pueblo en realidad. Aquel pueblo en la noche parecía no ser real, parecía ser un gran sepulcro.

III

Primeras dificultades.

Andrés y el doctor Sánchez se dividieron el pueblo por la mitad a la hora de hacer las visitas. Cada mes, se alternarían la mitad del pueblo. Sánchez dijo que si alguna familia pedía sus servicios, Hurtado no tendría que oponerse. Andrés aceptó, aunque sabía que comenzaba con mucha desventaja. Hacía las visitas por las mañanas y por las tardes ya no tenía que salir. El primer verano lo pasó soñoliento, escuchaba a los viajantes de la fonda y la visita no le daba problemas. Pronto se cansó de vivir en la fonda porque las conversaciones le aburrían y porque, por más que pidió legumbres, no se comía otra cosa que no fuese la típica carne. Además, no podía bañarse porque los pozos eran muy profundos y sacar suficiente agua para bañarse suponía un esfuerzo que no merecía la pena. Sánchez le buscó una casa, ya que a él le convenía, pues así no tendría tanto trato con la gente como en la fonda. Allí le dieron una habitación grande, le cedieron una tinaja y alguien que la llenase para bañarse y le complacieron en las comidas. Allí estaba mejor. El patrón, al que le llamaban Pepinito, era un hombre estúpido, pedante, degenerado, con las orejas muy separadas y el labio colgando. Su esposa era muy hermosa y la hija de ambos, Consuelo, ni era tan estúpida como su padre ni tan bella como su madre.

IV

La hostilidad médica.

Al doctor Sánchez le había fastidiado mucho el antiguo médico y ahora se creía en el derecho de hacer él lo mismo con Andrés. Cuando este se dio cuenta se puso a la defensiva.

Una vez, llamaron a Andrés porque la hija del molinero estaba grave. Era paciente de Sánchez pero el se había ido a una corrida de toros. El molinero no quería que Andrés interviniese, pero la tuvo que operar. Esa operación la había salvado por el momento y esto le dio prestigio a Hurtado. Sánchez le acusó de querer perjudicarle. Desde entonces Andrés, cuando había que intervenir quirúrgicamente, le mandaba el paciente a Sánchez. Hurtado no dejaba de tener éxitos, pero él mismo reconocía que casi nunca le salía un diagnóstico bien. También había enfermos que se quejaban de enfermedades graves y con un jarabe se les pasaba la dolencia. Sobre higiene, nadie le hacía caso. Los ricos no querían a Hurtado porque, como cometían excesos, tenían dolencias y el médico les aconsejaba que no comiesen carnes. La mujer del secretario del Ayuntamiento se empeñó en casar a Andrés con alguien del pueblo para que se instalase allí definitivamente.

V

Alcolea del Campo.

Los vecinos no tenían sentido social, no había solidaridad. El pueblo se había arruinado por falta de instinto colectivo. Tuvieron tratados con Franca por el vino y cambiaron todos los cultivos viñedos. Se enriquecieron, pero cuando se acabó el tratado, nadie cambió de nuevo los cultivos y se empobrecieron. No participaban en admiraciones comunes, sólo la rutina les unía. Además, en aquel pueblo todo estaba perfectamente ordenado. En política había dos bandos contrarios; los Ratones y los Mochuelo. Por entonces ganaban los Mochuelos, con el alcalde a la cabeza, que poco a poco se iba llevando todo lo que podía del municipio. Los Ratones estaban liderados por un bruto, despótico que cuando mandaba lo hacía como conquistador. La gente del pueblo ya se había acostumbrado a la presencia de estos dos bandos. "Andrés podía estudiar en Alcolea todas aquellas manifestaciones del árbol de la vida, y de la vida áspera manchega: la expansión del egoísmo, de la envidia, de la crueldad, del orgullo.” Andrés muchas veces le comentaba a Dorotea, su patrona, que la revolución en Alcolea era necesaria. Su patrona se reía de las ideas que tenía el huésped. El tiempo en este pueblo le resultaba a Andrés muy largo, además llevaba una vida muy monótona en la que todos los días eran iguales al anterior. Por las noches llegaba Pepinito que tenía la petulancia de un catedrático sin saber hablar. Trataba muy mal a su mujer y a su hija. A Andrés le entraban ganas de estrangularlo. Su patrona le enseñó la bodega, que era un poco tétrica. “Días después comenzó la vendimia. Andrés se acercó al lugar, y el ver a aquellos hombres sudando y agitándose en un rincón bajo de techo, le produjo una impresión desagradable. No creía que esta labor fuera tan penosa. Andrés recordó a Iturrioz, cuando decía que sólo lo artificial es bueno, y pensó que tenía razón. Las decantadas labores rurales, motivo de inspiración para los poetas, le parecían estúpidas y bestiales.”

VI

Tipos de casino.

Comenzó a ir al casino, espejo de lo que el pueblo había sido. La mayoría de los que lo frecuentaban eran tipos vulgares, pero conoció a dos interesantes: el pianista y don Blas Carreño, hidalgo acomodado. Esta discurría y obraba como los protagonistas de las obras clásicas y tenía un lenguaje arcaizante. El pianista tenía a don Blas como modelo y hablaba y obraba como él. Don Blas mostró a Hurtado su biblioteca llena de libros y le dijo que podía utilizarlos cuando quisiese. A pesar de lo inteligente que era don Blas, no notaba los problemas de alrededor (o no quería darse cuenta). Para él, había gente que tenía derecho a todos y otros que no tenían derecho a nada, simplemente porque sí; era muy arbitrario. Hurtado y el hidalgo se sorprendían mutuamente y a pesar de que divergían en muchas cuestiones, se llevaban bien. Al que si que no soportaba era a un joven usurero que se creía el centro del mundo y que decía que él miraba todo irónica y piadosamente. Había invitado muchas veces a Hurtado a discutir, pero este rechazaba la invitación pues pensaba que “el que ama la contradicción y la verbosidad es incapaz de aprender nada serio”.

VII

Sexualidad y pornografía.

En el pueblo, había una escasa actividad sexual pero sin embargo se leían mucho revistas pornográficas. Esto le chocó a Andrés y concluyó en que las sociedades tenían libertad sexual, se consumía menos pornografía; en las que no, más.

VIII

El dilema.

Andrés se fue ganando una mala reputación sin ni si quiera saber por qué. Comenzó a notar la hostilidad y a dejar de ir al casino. Se aburría y leía casi de continuo. Luego dejó de leer libros de filosofía porque creía que le irritaban y le pidió a don Blas algún libro. Después leyó astronomía e incluso intentó escribir, pero no servía para eso. Él creía que su estado de ánimo y sus consecuencias físicas se debían a la castidad y empezó a controlarse la comida para no aumentar la excitación, hasta que llegó un punto en el que era completamente feliz con su ascetismo.

IX

La mujer del tío Garrota.

Una noche avisaron a Andrés de que una mujer se había caído a la calle y se estaba muriendo. Andrés fue, la reconoció y vio que tenía una grave lesión en el cráneo. La hizo una sangría y la mujer comenzó a respirar mejor. Cuando vio que podía hablar, Andrés llamó al juez para que la interrogase. Ella solo decía un balbuceo que se creyó que era el nombre de su marido, al cual acusaba. Pero Andrés dijo que, por el golpe, se le había afectado la zona cerebral del lenguaje y sólo podía decir eso. Andrés y el juez fueron a la casa del tío Garrota y encontraron indicios del crimen, pero se concluyó que había que esperar la autopsia. Cuando llegaron donde la mujer esta había muerto. El pueblo pedía justicia contra el tío Garrota, incluso Sánchez, pero en la autopsia, que se realizó entre Sánchez, Hurtado y otro médico arbitrario, se afirmó que la mujer borracha se había intentado matar con una pala de la lumbre y que, viendo que no conseguía nada, se arrojó por el balcón. La gente ya creía en la versión pero incluso entonces, consideraban que Sánchez aunque equivocado, había sido más honrado que Andrés que estaba en lo cierto.

X

Despedida.

Visto la aversión del pueblo, Andrés decidió marcharse. Se despidió de don Blas y del juez, y tuvo un altercado de virulentas palabras con Sánchez. Mientras preparaba el equipaje en su habitación, llegó la patrona. A Andrés le dio la vena y le dijo a su patrona que se quería acostar con ella. Estaban solos y, aunque ella decía que era una mujer casada, al final se acostó con él. Por la mañana, ella salió corriendo de la habitación y él montó en el coche que le llevaría a la estación. Estaba abatido y pensaba que su vida y esa última noche habían sido absurdas. Estaba nervioso y en el tren la cosa empeoró. Decidió bajarse en Aranjuez y pasó allí tres días que le tranquilizaron.

Sexta parte: La experiencia en Madrid.

I

Comentario de lo pasado.

A los pocos días de llegar a Madrid, Andrés se enteró de que España había declarado la guerra a Estados Unidos por el interés colonial en Cuba. Toda la nación era muy optimista, en opinión de Andrés, idiota, porque era casi imposible que ganasen la guerra. Y la perdió con gran indiferencia del país. Andrés pensaba que eran unos idiotas porque jalearon la guerra con gritos en la calle, pero no la cacería que llevaron a cabo los yanquis con los españoles. Fue a casa de Iturrioz y le contó su experiencia en Alcolea. Andrés le dijo a su tío que los pueblos estaban perdidos porque el egoísmo y la riqueza estaban mal repartidos y todo se encontraba en manos de los más ricos, que cuando dejasen esa actitud pasiva y se enfrentasen a los egoístas, los pueblos evolucionarían. Iturrioz le dice que él ha fracasado en ese pueblo porque ha intentado vivir independientemente y eso no es posible, hay que vivir en sociedad. Andrés le dice que va a intentar vivir otra experiencia en Madrid.

II

Los amigos.

Andrés no tenía trabajo y pasaba las mañanas en la Biblioteca Nacional y las tardes paseando. Un día se encontró con Montaner que le contó que hacía un año que acababa de terminar la carrera y que estaba sin trabajo. Había trabajado con Julio, pero este le había echado, que es un roñoso y que se había casado, pero que tenía una amante vieja y rica y que prostituía a su mujer. Le cuenta que ha sido de sus condiscípulos y llegan a la conclusión de que ha nadie le marchó demasiado bien. A los pocos días se encontró con Julio. Este le contó como le iba y le dijo que le irritaba la gente chapada a la antigua. Le negó que prostituyese a su mujer, que lo único que hacía era mantenerla bonita y arreglada. Cuando terminó la conversación, Andrés pensó que por mucho que su amigo subiera, no tenía nada que envidiarle.

III

Fermín Ibarra.

Se encontró con él y estaba fuerte, ya no necesitaba bastón. Quería irse a Alemania a patentar sus inventos porque en España no había conseguido nada. Y es que decía que en el país no se podía hacer nada porque estaba gobernado por chulos. Meses después, Andrés recibió una carta suya desde Bélgica en la que le decía que era jefe de un taller y que sus negocios iban para adelante.

IV

Encuentro con Lulú.

Un amigo del padre de Andrés le encontró trabajo como médico de higiene. A Andrés no le gustó mucho la idea pero no tenía nada más. Un día se encontró con Lulú y quedaron en un café para charlar. Cuando al día siguiente Andrés entró en el café, vio a Lulú con su madre y un señor joven con gafas. Se acercó y estuvo hablando con Lulú de Alcolea. Esta le contó que tenía un taller propio, que habían cambiado de casa y que todo eso gracias a Julio, porque él no se quería casar con Niní y llamó a don Prudencio, hombre rico, diciendo que no tenía medios para casarse. El tal don, que estaba enamorado de Niní, se casó con ella y les arregló la vida. También le dice que don Cleto murió de hambre y Andrés asegura que volverá a verla. Lulú dice que siente desprecio por Julio.

V

Médico de higiene.

En su nuevo trabajo Andrés se dio cuenta de que cada vez era más antisocial; despreciaba al rico y no tenía ninguna simpatía por el pobre. Tenía que reconocer a las prostitutas cuando en realidad sentía que las tenía que dejar que infectasen a muchos hijos de familia. “La irritación le hacía ser en sus palabras violento y brutal”. Cuando tenía que ir a reconocerlas a las casas, encontraba allí la diferencia entre las prostitutas cansadas e intentando parecer alegres y los hijos de familia robustos y fuertes. Y es que en Madrid, el pobre era más pobre cada vez, y el rico más rico. “La verdad es que si el pueblo lo comprendiese, se mataría por intentar una revolución social, aunque esta no sea más que una utopía, un sueño.” “La casta burguesa se iba preparando para someter a la casta pobre y hacerla su esclava”.

VI

La tienda de confecciones.

Andrés fue a ver a Lulú a su tienda y se encontró con que la tienda era grande y Lulú podía vivir bastante bien. Ella le dijo que Julio le había comentado que alguna vez Andrés había dicho que casarse con Lulú era como casarse con un orangután. Andrés dijo que a lo mejor lo habría dicho. Este habló con el hombre joven de las gafas que quería casarse con Lulú, era un farmacéutico adinerado e inteligente. Andrés le dijo que no era mujer para casarse con ella porque era muy cerebral y poco sensual. Esa tarde Andrés vio que Lulú trataba muy mal al farmacéutico y se lo dijo a ella, le dijo que por el hecho de que se enamoran de ella no tenía que comportarse así y que se pusiese en su lugar. Ella le preguntó que como podía estar tan seguro de que no le pasaba y que lo hacía porque no le agradaba.

VII

De los focos de la peste.

Andrés habla con Lulú de lo mal que viven y son tratadas las prostitutas. Que muchas veces son secuestradas, que tienen una esperanza de vida muy corta. Dice que están atadas a la prostitución porque si se escapan, el ama o el chulo las denuncian como delincuentes y los policías, que están compinchados con ellos las condenan. No tiene protección ninguna, en cambio sus “amos”, estaban protegidos por la policía. La prostitución no se puede impedir porque la gente alta la protege y algunos incluso hacen uso de ella. Lulú le dice que tiene que dejar ese trabajo; él afirma que lo hará.

VIII

La muerte de Villasús.

Andrés dejó el trabajo pretextando que estaba enfermo y Aracil le consiguió trabajo en una sociedad para ayuda de los pobres, La Esperanza. Este trabajo no le indignaba, pero era muy cansado porque tenía que hacer muchas visitas y muchas veces, los familiares de los enfermos descargaban su tensión con él. “Iturrioz tenía razón: la naturaleza no sólo hacía al esclavo, sino que daba el espíritu de la esclavitud”. “Andrés pudo evidenciar que la fuerza de la ley disminuye proporcionalmente al aumento de medios del triunfador. La ley es más dura con el débil. Es lógico que el débil odie la ley”. A Andrés le gustaría acabar con la morralla que era indiferente al sufrimiento de los demás (los que disfrutaban con los toros). El oasis de Hurtado era la tienda de Lulú. Allí charlaban y muchas noches iba con ella y con su madre a Rosales. Una noche cuando volvían, una mujer le pidió que viese a su hijo enfermo y se encontró con un viejo que deliraba y estaba ciego; era Rafael Villasús, el artista. Andrés pensó que fue un imbécil porque toda su vida estuvo empeñado en desafiar a la riqueza. Pocos días después murió y estaba rodeado de desarrapados que le daban la despedida melodramáticamente.

IX

Amor, teoría y práctica.

Andrés estaba en la tienda de Lulú charlando sobre el amor y, entonces, Andrés la pidió que se acercase y la dijo que la quería, la besó y se despidieron. Lulú dijo: “Adiós. Y ya no me dejes más, Andrés. Donde tú vayas, llévame.”

Séptima parte: La experiencia del hijo.

I

El derecho a la prole.

Andrés le comentó a su tío que un enfermo suyo se quería casar. Iturrioz le dijo que lo mejor que podía hacer era casarse si quería pero que no tuviese hijos porque si estaba enfermo iba a traer personas desdichadas, enfermas y pobres al mundo. “La fecundidad no puede ser un ideal social. No se necesita cantidad, sino calidad”. Cuando se marchó de la azotea, Andrés le escribió una carta diciéndole que el que se iba a casar era él.

II

La nueva vida.

Antes de casarse con Lulú, la llevó a conocer a Iturrioz y simpatizaron. Ella le pidió que le encontrara a Andrés un trabajo en el que no tuviese que salir mucho de casa, porque con el que tenía, apenas iba a aparecer por allí. Le encontró trabajo como traductor de artículos en una revista científica. Se alquilaron un piso cerca de la tienda de Lulú y allí Andrés se colocó un estudio. Pidió dinero a su tío para comprar muebles sencillo pues no quería visitas en su casa. Por eso no permitió que su suegra se fuese con ellos, porque ella vivía más para afuera que para adentro. Contrataron a Venancia como sirvienta. Estaba feliz con su trabajo, con su esposa, en definitiva, con su vida. Pero temía que el mejor día sucediese algo que rompiese esa armonía. Más que temerlo, lo obsesionaba. Los conocidos del matrimonio envidiaban la armonía que había entre ellos e intentaban, casi todos, meter cizaña. Pero Andrés decía: “Hemos llegado a querernos de verdad porque no teníamos interés en mentir”.

III

En paz.

Así pasaron muchos meses, lo que le daba a Andrés un gran estado de lucidez para sus trabajos. Pero Lulú estaba triste porque no tenían un niño. Andrés no quería oír hablar de eso pero al final cedió porque su mujer estaba muy afectada. Ya estando embarazada, Lulú dejó de ser una excepción entre las mujeres. Lulú llevaba muy bien el embarazo, pero su marido no; comenzó a tomar morfina para poder dormir. Los únicos momentos agradables de su vida, empezaron a ser cuando se ponía a trabajar.

IV

Tenía algo de precursor.

Lulú no podía dar a luz y tenía la impresión de que el niño nacería muerto por los grandes dolores que sentía sin poder parir. Tuvieron que sacar al niño con fórceps, pero salió muerto. Lulú se desmayó y no le podían sacar la placenta. Al fin se la sacaron pero tuvo hemorragia y el médico la aconsejó que descansara. Durante dos días estuvo postrada en la cama con la impresión de que se moría. Al tercer día Lulú murió. Andrés salió de la alcoba, se inyectó morfina y se durmió. Cuando se despertó, veló el cuerpo de su mujer. Oyó a Iturrioz, al médico y a otra persona que decían que es posible que Lulú y el niño hubiesen vivido si hubiesen estado en el campo. A Andrés, cuando oyó esto se le traspasó el alma y rápidamente se fue a su estudio y se encerró. La mañana del entierro, Andrés no salía del cuarto. Entraron a despertarle y lo encontraron muerto, se había envenenado. Iturrioz dice: ” Ha muerto sin dolor. Este muchacho ya no tenía fuerza para vivir. Era un epicúreo, un aristócrata, aunque él no lo creía”.

Baroja pertenece a la generación del 98, que está marcada por el pesimismo. Él es un escéptico, no cree en nada por eso en el libro critica a la religión, la enseñanza (a los alumnos y a los profesores), a La Mancha porque son unos caciques (hacían lo que mandaba el cacique, el mandamás). Baroja es misógino y misántropo y por eso no se casa. En el hermano Juan refleja la poca confianza que tiene en el ser humano. Odia la prostitución, critica a los señoritos y las busconas de los cafés.

Lulú es anacrónica, es de nuestra época y es la mujer con la que soñaba Baroja pero por esos tiempos ninguna mujer era como Lulú.

Felicidad = Ignorancia = El árbol de la vida (no comer) Animal.

Infelicidad = Sabiduría = El árbol de la ciencia Humano.

La generación del 98 está compuesta por Azorín, Baroja y Maeztu (grupo de los tres, que son cien por cien ácratas, que no son partidarios de nadie que les reprima) Después, Azorín y Maeztu se vuelven conservadores y Baroja un escéptico. Machado, poeta. Valle Inclán, dramaturgo. Miguel de Unamuno, pensador y director del movimiento. Abogaban todos ellos por la educación; seguían a los regeneracionistas (Joaquín Costa, sociólogo: “Defensa, escuela y siete llaves al sepulcro del Cid”; inversión en nuestra economía, educación y olvidemos el pasado glorioso porque el presente no lo es); pero en sus novelas escriben defendiendo la postura distinta.

Además de esta tesis, se defienden o atacan instituciones típicas de finales del siglo XIX-principios del XX, como la universidad, la medicina caritativa, el caciquismo de los pueblo, la holgazanería de la clase burguesa personalizada en los señoritos carentes de vocación por el estudio y la situación de la mujer, al margen de que Baroja era un misógino como Quevedo. Odia la forma que la mujer tenía entonces, la que él quiere es como Lulú, es decir, un ideal en su época.

Iturrioz representa al hombre ataraxico que está por encima de todo sin sentimientos. También a través de este personaje se plasman las ideas de Schopenhauer, filósofo que influye en Baroja y que defiende que la voluntad es lo más importante del ser humano frente a la abulia que es característica de muchos personajes barojianos. Es decir, Baroja anhela la voluntad, la acción en sus personajes o si no, la ataraxia a la que se puede llegar por dos medios: por el estoicismo (resignación) o por el hedonismo o epicureísmo (vivir para el placer). Esto hace que muchos de la generación del 98, también influidos por Schopenhauer, escriban sobre la voluntad (Azorín, La Voluntad), pero la diferencia con Baroja es que él, que es más escéptico que estoico o hedonista, no encuentra el camino.

Además, preconiza a través de sus personajes las ideas de Darwin que, expresamente, las plasma en la trilogía La Lucha por la Vida (Aurora Roja, Mala Hierba, La Busca): los personajes se defienden atacándose unos a otros, como en la naturaleza.

Está influido por el existencialismo que dice que se puede existir por medio de dos filosofías:

  • La filosofía de las esencia, por la cual se vive a través de unas creencias o unos valores.

  • La filosofía de la existencia, en la que no hay un camino marcado y tampoco dios. La generación del 98 es agnóstica, creen que no hay nada más que la propia vida.

Ese existencialismo lleva a Hurtado al fin trágico. Algunos dicen que es lo que Baroja hubiese hecho si hubiera sido valiente.

Además, Baroja utiliza el suicidio de Hurtado como una especie de alegato en contra del matrimonio y en contra de la maternidad. Esto estaría relacionado con su misantropía, lo que le hace que ni si quiera tenga el escape del amor.

Por otra parte, el final de la novela entronca con el tema del cual partimos y con el propio título, es decir, Andrés sabio e infeliz no tiene más salida que la muerte. Este mismo tema es tratado por Unamuno en su novela “San Manuel Bueno Mártir”.

La generación del 98 es agnóstica pero consideran que el pueblo es como un niño que no sabe nada, por lo tantos, si ellos les revelaran que no hay dios, estarían perdidos.

Desde el punto de vista estático, se entremezclan las premisas que Baroja estableció en el prólogo de “La nave de los locos” que vienen a decir que una novela es un cajón de sastre donde cabe todo: descripción, narración, filosofía, ideología... Es como la vida y en esto toma como modelo a Stendhal (“La novela es un espejo de la vida”). Todos los personajes tienen la misma categoría.

Estilo: - incorrecciones: ¿intencionadas o no? Puede que a veces las haga buscando el decoro poético (cada personaje tiene un registro de acuerdo a su condición)

  • leísmo: permitido o no.

  • Laísmo: con los que reproduce el habla madrileña, siempre incorrecto y voluntario.

Baroja describe y narra de modo impresionista por razones cronológicas y por su afán de rapidez. Dicen que hay tres maneras de pintar o de describir:

  • Figurativo: descripción o narración realista. Característica del XIX.

  • Impresionista: finales XIX-XX (años 70). En el que se coge el modelo pero se describe según la impresión del autor. Cuando Baroja escribe los impresionistas están en Francia y él viajó a París.

  • Expresionista: arte abstracto.

La crítica del novecentismo (generación del 14) le reprochan su impresionismo porque dicen que se debe narrar de una manera más objetiva.

Ortega y Gasset escribió “La deshumanización del arte”, en el que se dice que el arte debe ser racionalista y no visceral. Tiene un apéndice en contra de Baroja (Ideas sobre la novela) y Baroja le dice en un prólogo que le da igual lo que diga, porque no es escritor y no tiene ni idea.

“Castilla miserable,

ayer dominadora,

envuelta en sus andrajos

desprecia cuanto ignora”

  • Machado.

  • El árbol de la ciencia es una novela ideológica y lo estilístico está siempre al servicio de la idea. Por eso los críticos novecentistas dicen que para escribir eso, mejor hubiese escrito un ensayo.