El árbol de la ciencia; Pío Baroja

Literatura española. Generación del 98. Novela (narrativa) contemporánea. Temas. Personajes. Filosofía barojiana. Ataraxia. Misoginia. Antisemitismo

  • Enviado por: Txarly
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Tesis

El árbol de la ciencia, (y todas sus novelas en general) abarca todo tipo de temas, combinando la filosofía, la crítica a la sociedad y una trama argumental entorno a la vida de Andrés Hurtado.

Baroja parece actuar como narrador testigo, compartiendo las mismas miserias sociales que sus personajes, pero la obra tiene mucho de autobiográfica. El autor práctica la técnica del desdoblamiento en el personaje principal, Andrés Hurtado, y en Lulú, el otro gran protagonista, en los que vierte sus inquietudes, ideas y posibilidades de un yo futuro o pasado. Baroja coincide con Hurtado en que estudia en Madrid, reside una temporada en Valencia, y en la muerte de su hermano. Además éste le sirve de puente para desarrollar sus propias teorías, sobretodo filosóficas, especialmente reflejadas en la cuarta parte del libro, un diálogo con Iturrioz.

Los personajes constituyen el elemento más importante de la obra. Los dos personajes sobre los que se desdobla el autor son los más importantes, desarrollándose la obra a partir de la experiencia vital de Andrés Hurtado. Andrés Hurtado es un personaje arrojado al mundo, donde se siente perdido, sin un apoyo familiar, sin una orientación filosófica clara, y golpeado por la deficiencia de la educación y de la medicina de la época. Lulú es la mujer que ocupará un puesto esencial en la vida de Hurtado, producto de la miseria y el trabajo, de fondo muy noble y preocupada por los desvalidos, sobre los que vierte una gran ternura. Gran importancia tendrá también en la obra la figura de Luis, que con su muerte, provocará la desorientación de Andrés.

Éstos personajes principales no se muestran ya caracterizados desde el momento de su aparición, sino que se van creando lentamente, a medida que se desenvuelven en los distintos ambientes, y a los que llegamos por medio de sus acciones, sus diálogos, o sus reflexiones. Son personajes que evolucionan a medida que avanza la novela, como es el claro caso de Andrés, quien adquiere nuevas concepciones de la vida a medida que pasan los capítulos, construyendo y modificando filosofías que conocemos a través de sus diálogos y reflexiones

En torno a Andrés y Lulú se mueven gran cantidad de personajes secundarios, bocetos vigorosos, retratados o no, de manera directa, por Baroja. Así, el autor se entretiene más en el padre de Andrés, Pedro Hurtado, despótico, arbitrario y egoísta; Iturrioz, con quien Andrés mantenía conversaciones filosóficas; Lamela, estudiante rezagado, gallego, flaco y nervioso... Estos personajes no se justifican, en muchas ocasiones, por el argumento central, sino que son en sí, representan tipos sociales en los que Baroja se entretiene. Con todo, hay que estudiar la influencia que tendrá cada personaje en los principales, Andrés y Lulú. Tales personajes, al contrario de los principales, se nos dan ya dibujados, con trazos rápidos pero certeros, descritos de forma satírica, incluso cruel, en algunos casos, pero tratados con extrema ternura en otros. Las descripciones son subjetivas, muestra los defectos, todo le parece repulsivo.

En "el árbol de la ciencia" podría hablarse de una tercera categoría de personajes, personajes colectivos, que aparecen como meros figurantes, piezas de un ambiente, de una atmósfera insustituible. En esta categoría se encuentran los enfermos del hospital, los estudiantes, los amigos, los vecinos...

Distingue dos tipos de personajes: el ibérico, fuerte y guerrero, y el semita, de tendencias rapaces, de intriga y de comercio. Al igual que los Behavionistas, psicológicamente estudia los personajes según su conducta y sus manifestaciones externas. Cree que la gente es ridícula y por eso la presenta así: unos porque hacen el bien, como el hermano Juan, y otros porque hacen el mal.

En cuanto al estilo, a parte de la técnica de pintura de los personajes, se reconoce el gusto por el párrafo breve, la naturalidad expresiva del autor, tanto en lo descriptivo como en los diálogos. Casi clasificable como una novela con connotaciones de picaresca, la cual se define como: extensa obra de ficción, por lo general de carácter satírico, cuyo personaje principal es un individuo cínico y amoral. La novela picaresca narra una serie de incidentes o episodios de la vida del protagonista que se presentan en orden cronológico sin entremezclarse en una trama sólida. Utiliza el esquema tradicional de los libros o novelas de caballería, pero lo hace con una voluntad claramente desmitificadora, a partir de la crítica a la sociedad de la época. La estructura es un relato en primera persona de episodios de la vida del autor que vienen a justificar su situación final poco afortunada. Sin embargo, la novela picaresca no constituye un género claramente diferenciado, pues el propósito de sus autores es siempre distinto”

El lenguaje actúa como otro elemento más en la caracterización de ambientes, así Baroja opta por el uso de términos coloquiales y vulgarismos, De esta manera, contrasta el lenguaje de Lulú con el del filósofo Iturrioz, en sus conversaciones existenciales con Hurtado, en la cuarta parte del libro. El lenguaje es austero, y de un estilo "desarreglado", desordenado, pero culto.

La concepción de Baroja de una novela abierta se hace notar en su despreocupación por la composición, que da esa idea de desorden estructural, aunque, como ya veremos, la obra resulta de una gran consistencia estructural. Lo que le importa son los episodios, las anécdotas y las disgresiones. Tampoco le preocupa la unidad, según él, una novela larga es una sucesión de novelas cortas.

La figura de Andrés Hurtado da unidad al relato, pero su trayectoria va hilvanando multitud de elementos. No obstante, esto no quiere decir que haya una ausencia de composición.

Pese a todo esto, el árbol de la ciencia está hilvanado sobre la trayectoria vital del árbol de la ciencia, que confiere la unidad a la obra y que enlaza los ambientes, anécdotas y episodios.

El árbol de la ciencia es un ejemplo de condensación temporal, porque en un libro que se puede leer entre siete y diez horas, el autor condensa toda la vida de su protagonista, Andrés Hurtado. Las acciones pasan rápidamente, y los años se suceden en cuestión de párrafos.

El tiempo es lineal, sin saltos atrás en el tiempo, pero con enormes saltos hacia el futuro (analepsis).

La estructura no limita la libertad del relato, el hilo narrativo se desarrolla con gran libertad y se sigue entrelazando con multitud de anécdotas laterales.

Personajes (psicología de los personajes)

- Doctor Iturrioz: Es el tío de Andrés y otro de los protagonistas de la novela. Este personaje se convertirá en el mejor amigo, junto a Lulú, de Andrés Hurtado. Con él discute todo lo cuestionable que se le pasa por la cabeza. Es él quien, junto a otro médico, le ve en su lecho de muerte después de que Andrés se haya suicidado.

- Andrés Hurtado: Es el protagonista de la obra, y es también el que hace el papel de Pío Baroja en la obra. Su familia era de ideas derechistas, contrarias a las suyas. Era un joven inquieto y ávido de aprender cualquier cosa, sobre todo medicina (su carrera). Este ímpetu de aprendizaje le levaba a plantearse cuestiones filosóficas que discutía con su tío Iturrioz, estas preguntas eran sobre todo existenciales, las cuales se plante más que nunca a partir de la muerte de su hermano Luisito. Estas inquietudes vitales terminan con su muerte. El fallecimiento de su esposa poco después de dar a luz un niño que nace muerto le sumen en una profunda depresión que no puede aguantar y termina suicidándose.

- Julio Aracil. : Amigo íntimo de Andrés, compañero desde antes de la carrera y más tarde de trabajo. Aunque su forma de vida no concordaba con los ideales de Andrés Hurtado, eran buenos amigos

-Lulú: Se la podría considerar la tercera protagonista de la obra. Al principio aparece como alguien poco significativo para Andrés, simpática pero fea, pero poco a poco se va dando cuenta de que es la mujer a quien ama, tal es así que Lulú termina representando para Andrés el culmen de mujer inteligente y bella. Llegó a amarla hasta el punto de no soportar su muerte.

- Montaner: Compañero de carrera de Julio Aracil y de Andrés Hurtado, con este ultimo mantenía discusiones de todo tipo. Al principio estas discusiones eran muy tensas y Aracil hacia de árbitro e intermediario entre los dos compañeros. Montaner era derechista, aristócrata, monárquico y creía en las clases sociales. Paradójicamente acabó siendo pobre y pidiendo un puesto de trabajo a Aracil.

- Margarita: La hermana real de Baroja (Carmen) se convierte en este personaje. Es una mujer resignada a los valores sociales de la época y acostumbrada a vivir en el seno de una familia costumbrista y de derechas.

- D. Pedro Hurtado: Padre de Andrés, hombre totalmente contrario a las ideas de este, de costumbres e ideas derechistas y que demostraba (y sentía) muy poco afecto por Andrés.

- Dorotea: Representa para Andrés (y en la obra) el amor carnal, toda la lujuria desenfrenada de una pasional explosión de amor por una noche.

- Dña. Leonarda: Madre de Lulú representa la mujer madura de la época de Andrés. Volcada a la religión y a los valores tradicionales que la sociedad había impuesto anteriormente.

Conexiones con su realidad

Tanto Julio Aracil como Montaner, representan dos compañeros verdaderos de Baroja, Carlos Venero y Pedro Riu Davets, mencionados a menudo en sus memorias, sobre todo en la parte “De estudiante de medicina”, de Familia, infancia y juventud.

El tío Iturrioz, es un personaje que había aparecido antes en “La Dama errante”(1908), aunque con distintas características, y que asumirá un papel importante en esta novela. Se inspira en un tío-primo del novelista llamado Justo Goñi que vivía en Madrid, y a quien el joven Baroja solía ver a menudo. Retratado por Baroja como un “hombre original, ocurrente, e individualista”, que “había empezado la carrera de ingeniero militar, pero que no la acabó. Luego estudió la de abogado, que también dejó a medio acabar, y por fin se hizo médico”; No obstante no habría por qué creer que las ideas que expresa Iturrioz a lo largo de la obra correspondan siempre a la manera de pensar de Justo Goñi.

Antonio Lamela, aparece también brevemente en otras novelas de Baroja. Como Julio Aracil y Montaner, fue un conocido de Baroja en sus años de estudiante, y que es incluido en la novela sin otra modificación que su nombre.

Al hermano de Baroja, Darío, le corresponde el personaje de Luisito. Darío murió en Valencia en febrero de 1894. Baroja cuenta: “...Andrés abrió la carta, la leyó, y quedó atónito. Luisito acababa de Morir en Valencia...”

Si diversos personajes de la obra tienen un carácter definidamente autobiográficos, la figura de Lulú es la que más se despega de lo que escribió Baroja en sus Memorias, Para cobrar un desarrollo autónomo y una importancia real, perceptible, más si cabe, en las dos últimas partes de la obra.

Las dos Españas: Pueblo y ciudad

La trilogía de “La lucha por la vida” nos permite ver un reflejo fiel de la sociedad madrileña de esos años, de sus ambientes y preocupaciones; Que quedan completadas con otras del mismo Baroja en las que aborda temas más concretos, y una de ellas es “El árbol de la ciencia”(1911).

Así, para conocer el mundo pobre de Madrid hay que recurrir a dicha trilogía.

La idea de conocer España (muy arraigada y clara en los jóvenes de esa generación) fue la precursora de muchas inquietudes de los jóvenes de hoy en día y que entronca, saltándose otras generaciones intermedias más preocupadas por otros valores más estéticos y menos realistas, con la inquietud de conocer la tierra y los pueblos de España.

Andrés Hurtado se mueve en una sociedad inmersa en las más diversas miserias y lacras sociales, pero la realidad española se estructura más marcadamente en la contraposición campo-ciudad.

El mundo rural (Alcolea del campo) es un mundo inmóvil como "un cementerio bien cuidado", presidido por la pasividad y la insolidaridad de sus gentes ante las injusticias. Palabras como egoísmo, prejuicios, envidia, crueldad, etc., son las que sobresalen en su pintura. Es un pueblo ficticio al que Baroja da características típicas de un pueblo manchego. Así, su crítica socio-política pretende ser de carácter nacional

La ciudad, Madrid, es "un campo de ceniza" por donde discurre una "vida sin vida". De nuevo se nos presentan muestras de la más absoluta miseria, con la que se codea la despreocupación de los pudientes, de los "señoritos juerguistas".

Temas del 98: Reacciones ante el desastre

La Generación del 98, también llamada generación del desastre en alusión a la pérdida de Cuba por España, representó un fenómeno importante por cuestionarse la tarea intelectual frente a España y la política española, y plantearse el dilema de una literatura acorde con esas inquietudes. Sobresale la enumeración de los engaños que dominaban a España en el campo de la prensa, la política, la oligarquía y el caciquismo, la literatura y la ciencia, las supuestas glorias históricas, y, como otros jóvenes rebeldes, rechazaba la guerra colonial en todas sus manifestaciones. La generación del 98, a veces asociada con el modernismo literario, reflejó en gran medida las oscilaciones ideológicas de algunos de sus integrantes, según lo ha estudiado Carlos Blanco Aguinaga en su “Juventud del 98” (de las posturas socialistas y anarquistas a cierto énfasis nacional de corto alcance) y en no conseguir siempre resolver el ajuste entre su preocupación por el casticismo y el problema español, y las preguntas estrictamente ligadas al ejercicio de la literatura. Este ejercicio sólo fue posible a través de búsquedas más individuales y en el tránsito hacia propuestas estéticas de las generaciones próximas en el tiempo: la del 14 y la del 27.

Los rasgos estilísticos comunes en los autores de la Generación del 98 se dejan notar en el Arbol de la ciencia: la creación de una lengua sencilla y espontánea marcada por un claro antirretoricismo; el enriquecimiento de la lengua con la etimología y la expresión popular; la abundancia de estructuras coordinadas en la sintaxis y de párrafos breves; la renovación de la técnica de la novela, y la predilección por el ensayo.

Los miembros de la generación del 98 manifiestan dos grandes preocupaciones en sus obras: El tema de España y del sentido de la vida. Demuestran un entrañable amor hacia el país, denuncian su atraso y buscan soluciones para forjar una España distinta de la consagrada por los tópicos. Para ello, recogen la inquietud que muchos intelectuales y habían manifestado desde hacía siglos.

Efectivamente, los escritores de este grupo, siguen aquella tradición de crítica al país que ya aparece en el Lazarillo de Tormes, y que plasmaron autores como Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián, Diego de Saavedra Fajardo, Benito Feijoo, José Cadalso, Gaspar Melchor de Jovellanos, y Mariano José de Larra. Esta preocupación también la habían manifestado autores e intelectuales del siglo 19 como Angel Ganivet, Joaquín Costa y Francisco Giner de los Ríos.

Su temática tiene que ver con los siguientes aspectos:

-El paisaje. Descubren y valoran el austero y pobre paisaje castellano como núcleo de España (aunque ninguno de estos escritores haya nacido en Castilla). No reflejan el paisaje de forma realista y objetiva, sino subjetivamente ya que proyectan su espíritu sobre él. De este modo, desean captar su alma y a través de ella, la de Castilla y la de la verdadera España, sintiendo tristeza y amor, como dice A. Machado en un poema.

-La historia. Al principio, consideran que la historia de España es la causa de los males que sufre el país, pero a partir de 1905 también indagan en el pasado para encontrar los valores intrínsecos de Castilla y de España. Más que la historia externa, les atrajo la intrahistoria (M. De Unamuno), es decir, la vida callada de millones de hombres sin historia, que son los que han protagonizado la verdadera historia de España.

-Los problemas existenciales. Sienten una desazón como consecuencia del mundo que les ha tocado vivir. Se preguntan sobre el sentido de la existencia del ser humano, el paso del tiempo, la muerte, las personas... y, al no hallar respuestas, sienten una profunda angustia vital.

Concretamente, Pío Baroja se preocupa por el dolor humano desde una perspectiva pesimista. Predomina la narración de acciones de unos personajes inadaptados que luchan por la supervivencia.

Experiencia de Madrid y la Universidad

En la primera parte, llamada “La Vida de un Estudiante en Madrid” se cuentan los encuentros de Andrés con los compañeros de la facultad, el jaleo de las clases y las fuertes discusiones entre Hurtado y Montaner, arbitradas por Julio Aracil, hasta que este consiguió que cesara la fuerte tensión que existía cuando los dos primeros discutían.

El ambiente familiar de Andrés era también tenso, enemigo de su padre viudo y derechista, y totalmente en desacuerdo con sus hermanos Alejandro y Pedro, los únicos miembros dela familia por los que sentía verdadero afecto eran su hermana Margarita, única mujer dentro de una familia excesivamente conservadora, y su hermano Luisito, que muere de tuberculosis.

Habiendo aprobado todas las asignaturas menos química al fina de curso, en junio fue a que su tío Iturroz le diera clase de la materia pendiente. Iturroz era un muy buen médico y consiguió que Andrés aprobara en Septiembre. Lo mismo sucedió con la asignatura de Anatomía en el curso siguiente. En el tercer curso Luisito, el hermano de Andrés cae enfermo, y aunque logra recuperarse, nunca volvió a estar enteramente sano. Durante el cuarto curso Aracil y Andrés logran entrar como médicos en el Hospital San Juan de Dios, a Andrés Hurtado no le gustaba este sitio y tras pensarlo detenidamente lo abandona. Pero a mediados del último curso Aracil y él aprueban un examen por el que consiguen entrar en el Hospital General. Ahora son los dos compañeros los que están a disgusto y abandonan los dos.

La sexta parte, “La Experiencia en Madrid” comienza con el regreso de Andrés Hurtado a Madrid, donde recibe la noticia de que España ha declarado la guerra a los E.E. U.U. y de que no hay casi posibilidades de ganar. Se entera también de que Aracil se ha hecho rico, que se ha casado con una rica y que le ha prometido un trabajo de auxiliar de una de sus clínicas a Montaner, que ahora es pobre. Pero el encuentro que más le impacta es volver a ver a Lulú. Su hermana se ha casado con un hombre rico y gracias a ella Lulú ahora tiene una tienda de confecciones. La amistad entre Lulú y Andrés, como en su juventud, sigue creciendo, hasta convertirse en verdadero amor lo que sienten el uno por el otro. Antes de llegar a esto, Andrés había pasado por ser médico de higiene, donde vio todo el horror de la prostitución y la enfermedad, más tarde fue médico de pobres e incluso con estos tuvo tiempo de reflexionar sobre la vida y la muerte, y con sigo mismo, sobre el amor.

Influencias de filosofías extranjeras

En la obra cabe destacar el pesimismo de Baroja hacia la vida en general, como se puede apreciar en “... La vida en general y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable...”, donde cabe destacar la presencia de estos adjetivos -tres notas descriptivas y una filosófica - un auténtico resumen de la visión de Baroja acerca de la existencia.

La manera en que Andrés Hurtado se inicia en la lectura de los filósofos alemanes es pura autobiografía Barojiana, que el autor describiría más tarde en sus memorias en el tomo Familia, infancia y juventud. Fischte le aburrió muy pronto, pero durante toda su vida consideró a Kant como un símbolo de cultura, marca de prestigio intelectual, aunque no lo entendió directamente sino a través de la interpretación de Schopenhauer.

Esta relación filosófica Kant-Schopenhauer con Andrés Hurtado se puede observar en los capítulos en los que Andrés discute con su tío Iturrioz. El respeto intelectual y ético que Baroja siente por Schopenhauer es transparente e incuestionable.

La discusión mencionada antes entre Andrés e Iturrioz, viene a ser una contraposición del pragmatismo filosófico y el utilitarismo inglés, con su método esencialmente anti-metafísico, y la teoría metafísica de Kant de que los conceptos de espacio, tiempo, y causalidad son propiedades de la inteligencia humana y no de la misma realidad. Esto es el meollo metafísico de la filosofía de Schopenhauer, descrito en su obra capital, El mundo como voluntad y representación. Y pone, como se ve en el siguiente capítulo que argumenta Andrés, la ciencia como una base más segura porque la inteligencia y el conocimiento están limitados a la experiencia humana y no tienen nada que ver con abstracciones tales como Justicia, Moral, Dios. Schopenhauer cree que lo que experimentamos no es más que un reflejo de la realidad, limitado por el espacio, tiempo y las leyes de la causalidad, y que este conocimiento puede ser determinado y estudiado por la ciencia. La vida misma es una fuerza ciega, desconocida por el hombre e imposible de conocer excepto a través de reflejos de la experiencia. La única verdad, entonces, se halla en la concordancia de nuestras experiencias de conocimientos prácticos.

Entre líneas se puede leer “... Ya se ve claro en estos dos principios: vida y verdad, voluntad e inteligencia...” haciendo referencia a las teorías de Kant, según las cuales, los grandes problemas de la metafísica, como Dios, libertad e inmortalidad, no se pueden resolver por la razón especulativa. Toda cuestión ética parte de una creencia en la existencia de Dios, la libertad y la inmortalidad. Así es que son necesarias para que halla leyes morales. Schopenhauer, sin embargo, da una interpretación conflictiva o pesimista a la “cosa en sí”, como dice Andrés(Baroja) aquí.

Más adelante, es posible apreciar cómo defiende las teorías de Lange, al afirmar “... Esta sentencia de Demócrito, que había leído en la Historia del materialismo de Lange, le parecía a Andrés muy exacta...”.

En otro fragmento de su novela se puede leer “... comenzaba a vislumbrar ese estado de ataraxia...”, haciendo alusión al término utilizado por Baroja para definir la imperturbabilidad del ánimo, tranquilidad máxima del alma, lograda a través del dominio de las pasiones. Es un tema muy frecuente en la obra de Baroja.

Misoginismo y antisemitismo

El Misoginismo de Baroja se deja entrever en la discusión entre Andrés e Iturrioz, en la que se puede leer “... ¡Cómo se ve el sentido práctico de esa granujería semítica! ... Griegos y semitas tenían el instinto fuerte de vivir, inventaban dioses para ellos, un paraíso exclusivamente suyo... los turanios y los arios del norte intentaron ver la naturaleza tal y como es... el semitismo, con sus tres impostores, ha dominado al mundo... hoy después de siglos de dominación semítica, el mundo vuelve a la cordura, y la verdad aparece... tras de los terrores de la noche...” lo que hace pensar que Baroja piensa algo así como que todo lo semítico, a pesar de ayudar a vivir, oculta en las sombras a la ciencia, que resurgirá “como una aurora pálida tras de los terrores de la noche”.

En la misma página, se determina el concepto de Baroja del sexo femenino, al aparecer la siguiente oración, que relaciona a la mujer con el -sexo débil- y al hombre con el espíritu guerrero: “...el semitismo... dio... a los débiles y a las mujeres un motivo de lamentos, de quejas y de sensiblería...” lo que refleja su aspecto misógino.

Arbol de la ciencia

-o-

Arbol de la vida

Ambas opciones pueden ser válidas, aunque la complementación de ambas permite llegar a la verdad absoluta “Debe haber filósofos y biófilos” La mentira es necesaria para la vida.

Cuando Andrés/Baroja dice: “En estas circunstancias el instinto vital se siente herido y tiene que reaccionar y reacciona. Los unos,...,ponen su optimismo en la vida, en la brutalidad de los instintos y cantan la vida cruel, canalla, infame, la vida sin finalidad, sin objeto, sin principios y sin moral, como una pantera en medio de la selva” nos da a entender que si el individuo se fija sólo en lo material, la energía y lo tangible, es decir , en la ciencia, la vida pierde todo su sentido como tal, y sin embargo, como demuestra en la siguiente oración: “hay quienes desean volver a la tradición, a las viejas ideas, y a los viejos mitos, porque son útiles para la vida” expresa todo lo contrario: Vivir feliz, sin preocuparse de la vida, pero viviéndola, sin plantearse un objetivo pero buscándolo.

Baroja no se aleja de la dualidad de opinión al expresarla en: “...¿Qué mejor norma de la vida que su utilidad?-...-Eso llevaría a los mayores absurdos en la teoría y en la práctica. Tendríamos que ir aceptando ficciones lógicas: el libre albedrío, la responsabilidad, el mérito; acabaríamos aceptándolo todo, las mayores extravagancias de las religiones.-.No, no aceptaríamos mas que lo util.-.Pero para lo útil no hay comprobación como para lo verdadero...”

Y concluye, tras comprobar la obligatoriedad de la existencia de árboles de ambos tipos, con carácter de burla irónica: “Habrá que creer que el árbol de la ciencia es como el clásico manzanillo, que mata a quien se acoge a su sombra.”

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