El Anticristo

Teología. Biblia. Epístolas. Profecía. Diablo. Divino. Creador. Naturaleza humana. Doctrina. Verdad. Mandamientos. Dios. Todopoderoso

  • Enviado por: Mogape
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Millones No Saben Qué

Era Cristo en Realidad

LA VERDADERA "Utopía" esta casi a las puertas. Muy pronto Dios va a intervenir en las cuestiones del mundo para salvarlo de sí mismo.

Las profecías la predicen. Los acontecimientos mundiales son señales indicadoras de su aproximación. Muchos de USTEDES la verán con sus propios ojos.

Mientras que una gran mayoría parece burlarse ante la idea de que el Creador puede interponer su autoridad en los asuntos del mundo, los mensajes proféticos de Dios se siguen cumpliendo cada día.

Rápidamente vamos alcanzando el punto donde la única esperanza del mundo será la intervención de Dios para REDIMIR a la extraviada humanidad de los terribles resultados que acarrean sus malos procederes.

Sólo Dios tiene poder para SALVAR al hombre de los inevitables efectos de la rivalidad, el egoísmo, y la codicia, insanas pasiones que se traducen en guerras mundiales. Sólo Dios, en su misericordia infinita, hizo posible que el hombre pudiera ser librado de las espantosas consecuencias del pecado, "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).

¿Comprendemos cuan tremendo sacrificio tuvo que ser ofrecido para redimirnos del pecado, y otorgarnos vida eterna?

¡Fue de tal manera inmenso el AMOR de Dios por el mundo, que dio a su propio Hijo para salvarnos!

¡Dios es amor!

Colectivamente, el hombre esta a punto de agotar su ultimo recurso. AL fin de su carrera, comprenderá el incomparable AMOR de Dios, cuando sea salvado milagrosamente, en el instante mismo en que el mundo este a punto de cometer suicidio. Individualmente, necesitamos entender COMO Dios hizo posible que fuésemos indultados de la pena que merecíamos por nuestras equivocadas acciones.

Extraño problema

El problema acerca de cómo Dios ordenó que la pena del pecado humano fuese pagada, es uno de los que han intrigado a los teólogos por generaciones. A decir verdad, fue este la base para muchas de las primeras herejías que surgieron después de la era apostólica.

Este tema requiere claridad de pensamiento y voluntad de ser corregido y reprendido por la Palabra de Dios -la única fuente infalible de información. Debemos ser muy cuidadosas al considerar TODAS las escrituras referentes al asunto que nos ocupa, y entender que un pasaje no puede ser usado para contradecir a otro—porque Dios no se contradice y como dijera Jesús, "...la Escritura no puede ser quebrantada" (Juan 10:35).

En primer lugar, necesitamos entender que la recompense por el pecado es la MUERTE. La inspirada Palabra de Dios dice: "Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23).

Cuando Jesús cargo con la culpa de nuestros pecados, pago el castigo que pesaba sobre nosotros -ese castigo no era vivir por siempre en el infierno, sino la MUERTE. "Cristo fue muerto por nuestros pecados conforme a las Escrituras" (I Corintios 15:3).

Pero si Jesús hubiera sido tan solo humano, su vida habría pagado la pena de muerte de UNA sola persona. Ningún ser humano podría salvar a la humanidad.

La pena por los pecados de cada uno debe ser pagada en pleno. Con todo, Dios sólo no podría de sí mismo pagar la pena de los pecados del hombre. El castigo es el decomiso de la vida humana --no de vida animal, vegetal, u otra clase de vida. Y Dios, quien tiene vida en sí mismo y es un ser espiritual, no puede morir (Juan 5:26; II Corintios 4:18).

Por lo tanto, era absolutamente necesario que hubiese UNO que llevara ambas naturalezas, la divina y la humana.

Cristo era Divino

A fin de pager la pena por los pecados de usted y los míos, se requería que Cristo tuviera la naturaleza divina --que su vida fuera de mayor valía que todas las vidas humanas en conjunto.

El hombre no tiene vida inherente en si mismo. Tiene solamente una existencia química de muy corta duración. Ya lo dijo el Creador a Adán después de que este pecó: "polvo eres y al polvo será tornado" (Génesis 3:19). Luego Dios arrojó al hombre del Jardín del Edén, "para que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre" (versículos 22 y 24). Este pasaje claramente nos dice que Adán no tenía vida eterna en sí mismo --y Dios no le permitió adquirirla en ese entonces.

El Nuevo Testamento también nos demuestra, evidentemente, que el hombre no tiene vida eterna en sí mismo. Un ejemplo es esta inspirada declaración de Juan: "Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en él" (I Juan 3:15).

Solamente Dios tiene y puede dar vida eterna. "Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo" (Juan 5:26). De nuevo leemos de Cristo: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres" (Juan 1:4). Jesús dijo a Marta: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mi, aunque este muerto vivirá" (Juan 11:25).

Pablo describió a Cristo como Aquel "Quien sólo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible" (I Timoteo 6:16).

Si Cristo hubiera sido humano solamente, habría podido salvar tan solo a otro humano y no hubiese dado vida eterna a nadie.

Para impartir vida eterna se requiere a Dios --la vida y el poder del Creador.

Cristo es el Creador

En Juan 1:1-2 leemos que Cristo --el Verbo o Vocero-- estaba con Dios el Padre en el principio. "Todas las cosas por él (Cristo) fueron hechas" (versículo 3).

Pablo escribió de Cristo: "Porque por él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra” (Colosenses 1:15). Queda también comprobado que Cristo es el autor de la Creación, en Hebreos 1:8-10. Cristo, el Verbo, el Vocero Divino, "dijo, y fue hecho".

Por lo tanto, la vida de Cristo es la vida del Creador Dios. Pablo llama “Dios nuestro Salvador” (Tito 1:3).

¡Si, en la persona de Cristo, el Creador mismo se convirtió en nuestro Salvador!

Cristo era nuestro hacedor y miembro de la Divinidad. Por lo cual, la vida que dio por nosotros era de un valor infinitamente superior al que pudiera tener el total de todas las vidas humanas.

En Hebreos 7:1-4, encontramos una descripción de Aquel que fue “hecho semejante al Hijo de Dios” y que ahora “permanece sacerdote para siempre” (versículo 3). Todo el libro de Hebreos revela el actual oficio de Cristo como Sumo Sacerdote nuestro. Tal descripción no puede corresponder a ningún otro que a Aquel que vino en carne como Jesús el Cristo.

Se dice de El: “Sin padre, ni madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida” (versículo 3). Por lo tanto, vemos que Cristo no fue el “Hijo” de Dios, sino hasta que nació de la virgen María.

Luego, Cristo, Aquel por medio de quien el Padre creó los cielos y la tierra, fue hecho carne y nació de una virgen humana. Mateo escribe que María “se halló que había concebido del Espíritu Santo" (Mateo 1:18).

Un ángel hablo a José diciéndole que el niño había sido concebido del Espíritu Santo y le ordeno: "llamaras su nombre Jesús (que quiere decir Salvador) porque él salvara' a su pueblo de sus pecados" (versículo 21). La narración continua: "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: He aquí la virgen concebirá, y parirá un hijo, y llamaras su nombre Emmanuel que declarado, es: Dios con nosotros" (versículos 22-23).

Vemos aquí que aun el nombre de Jesucristo lo revela como el Salvador y como Dios con nosotros -un ser divino con nosotros, en la carne-- para SALVARNOS de nuestros pecados.

Solamente su vida --aquella de es la vida del Creador-- podría pagar en pleno, el castigo de los pecados de toda la humanidad.

Jesús era también humano

Para pagar la pena del pecado humano, no bastaba con que Jesús fuese Divino. Tenia que ser humano también.

La Biblia define el pecado de la siguiente manera: "El pecado es infracción de la ley" (1 Juan 3:4). La ley espiritual de Dios fue dada al hombre --no a las plantas, ni a los animales, ni tampoco a los ángeles. Los Diez Mandamientos gobiernan las relaciones de los hombres entre sí, y las relaciones entre el hombre y Dios. La infracción de esta ley constituye pecado. Y, como todos hemos pecado, la paga, o recompensa que nos hemos atraído, es la muerte (Romanos 6:23). Dios exige la decomisacion de la vida humana como la pena por la trasgresión de la ley.

"Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados” (Hebreos 10:4). ¡Se requiere SANGRE HUMANA! Por lo tanto, Cristo tuvo que ser humano para pagar dicha pena.

Pablo explica en I Corintios 15:21-22: "Porque por cuanto la muerte entro por un hombre (Adán), también por un hombre (CRISTO) la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados". Puesto que la VIDA eterna se hizo posible solamente por medio de la resurrección del HOMBRE --y la resurrección a vida eterna se hizo posible para todo el género humano, únicamente por medio de la resurrección de UN HOMBRE--CRISTO--y en vista de que El fue resucitado de entre los muertos—consecuentemente la MUERTE de AQUEL HOMBRE, Jesucristo, era necesaria para pagar el castigo de LA HUMANIDAD.

Adán, el padre de la raza humana, introdujo el pecado al mundo, y todos nosotros hemos sucumbido ante el pecado. Es la raza humana la que se halla bajo la pena de muerte a causa de la trasgresión --y esa pena tiene que ser pagada-- ¡CON VIDA HUMANA!

Por lo tanto, ya que solo Dios tiene poder para salvar y dar vida --y dado que solamente el hombre puede pagar el castigo que acarrea el pecado-- la única manera posible de salvar a la humanidad era que Yahwéh -el "Señor" o "Eterno" del Antiguo Testamento, el que ejecutara la Creación por Dios el Padre-- viniese en la carne como un HUMANO --Dios hecho HOMBRE—y muriese por los pecados del mundo. Solamente así podría ser pagada la pena de todo el pecado humano por un hombre, como Salvador del mundo. La vida que se dio para redimir la nuestra, fue la inestimable vida de nuestro HACEDOR, quien se hizo HUMANO con el propósito de gustar la muerte --¡una vida superior a la suma total de todas las vidas humanas!

¡QUE PORTENTOSO MISTERIO!

Jesús poseía naturaleza humana

Dios vino en la carne, como Jesucristo, vivió sin pecado, y por ello pudo morir en nuestro lugar y pagar en pleno el castigo que trae consigo el pecado.

El Apóstol Pablo escribió por inspiración divina: “Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley, para que REDIMIESE a los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos" (el germen divino de vida eterna que nos hace miembros engendrados --no nacidos aun-- de la Familia de Dios) (Gálatas 4:4-5). Cristo fue hecho de una mujer -nacido de la virgen Maria. Fue hecho "sujeto a la ley". Su propósito al venir en carne humana era tomar nuestros pecados, lo cual habría de colocarlo "bajo la ley" --bajo el castigo que ésta exige, es decir, la muerte. El llevo a cabo tan tremendo sacrificio para redimir a toda la humanidad que estaba "bajo la ley" --bajo la pena de MUERTE.

Jesús era DIOS mismo hecho carne humana, mortal, "para que gustase la muerte por todos" (Hebreos 2:9).

¡TAL FUE EL PROPÓSITO!

De manera que, Jesús tomó sobre si la naturaleza humana y fue hecho sujeto a muerte, para que pudiera ser nuestro Salvador. "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne, el también participó de lo mismo" --tomó la NATURALEZA HUMANA—se hizo carne y sangre --"para destruir por la muerte, al que tenia el imperio de la muerte, es a saber, al Diablo" (Hebreos 2:14).

Cristo estuvo realmente MUERTO durante los tres días y tres noches (pida el folleto: La resurrección ¿cuándo ocurrió?) que su cuerpo permaneció en la tumba. Él, que había sido una de las personalidades en Dios, fue cambiado, fue hecho carne, para que pudiera MORIR por nuestros pecados.

Pablo explica que Cristo: "Siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser IGUAL a Dios: Sin embargo, se despojó a sí mismo" -SE DESPOSEYÓ de su divina gloria y poder-- "tomando forma de siervo, hecho SEMEJANTE a los hombres...y fue obediente hasta la MUERTE" (Filipenses 2:6-8).

En los días de su carne, Cristo dijo: "No puedo yo de mí mismo hacer NADA: como oigo, juzgo: y mi JUICIO es JUSTO; porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre"

(Juan 5: 30). Jesús se había despojado de su gloria y gran poder. El claramente dijo que de si mismo --con su humana fortaleza-- no podía hacer NADA.

En Juan 14:12, Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que en mi cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre". Vemos aquí que cualquier ayuda exterior y el poder que Jesús poseía --procedente de Dios el Padre-- también nosotros podemos tenerlos, y podemos llevar a cato mayores obras a través del poder del Espíritu Santo, que Cristo prometió enviar del cielo, a su partida.

Para vivir una vida perfecta, y para hacer grandes milagros, Jesús NO tuvo ninguna ayuda especial de Dios el Padre que nosotros no podamos tener también.

Cristo es de la Deidad, había sido cambiado ahora en carne --conservando aun la personalidad y la voluntad de hacer lo recto, cualidades que lo distinguían como un ser especial-- no obstante, se había convertido ya en un mortal; tenia la NATURALEZA HUMANA con todos sus deseos, debilidades y vehemencias -y estaba sujeto a muerte, exactamente como cualquier otro ser humano.

Este es la verdad respecto de la cual millones han sido ENGAÑADOS.

La doctrina del Anti-Cristo

La doctrina inspirada por Satanás, que afirma que Jesús no era humano, que no heredó la naturaleza pecaminosa de Adán, que no tenia todas las pasiones humanas normales, a la par que las debilidades contra las cuales todos nosotros tenemos que luchar --en una palabra, que Jesús no vino realmente "en la carne" como un ser humano normal-- es la doctrina del Anti-Cristo. Note lo que dice Pablo en Romanos 8:3: "Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado". "Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, NO es de Dios: Y éste es el espíritu del anticristo del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que AHORA ya está en el mundo" (I Juan 4:3).

A millones se les ha inculcado, en una forma u otra, este embuste de Satanás el Diablo. Algunos creen que Jesús tenía en sus venas una sangre de tipo "especial" --que no contenía naturaleza humana con todas las debilidades propias de la misma. Por lo tanto, existe una doctrina que niega que Jesús heredó la naturaleza humana de Maria su madre.

Esta teoría contradice el significado de las muchas escrituras que indican que Cristo Jesús vino como el hijo del hombre --que heredó su naturaleza carnal de una madre normal y humana. Si, como lo declaran llanamente las Escrituras, esta doctrina del Anticristo inspirada por Satanás, "ahora ya esta en el mundo", y algunas personas honestas y sinceras están siendo engañadas por sus enseñanzas.

La doctrina explicada.

EL PROPÓSITO fundamental de Satanás -el Adversario-- al formular la doctrina del Anticristo es es-te: Es un intento de negar el hecho de que un hombre normal --con NATURALEZA HUMANA-- puede, con la ayuda del Espíritu Santo de Dios, el cual es ahora accesible a todos los hombres (Hechos 10:34-35), vivir en perfecta obediencia a la LEY DE DIOS, como Jesucristo vivió. Notemos una vez mas POR QUE Cristo vino en la semejanza de carne de pecado: "...y, a causa del pecado, condenó el pecado en la carne" --¿POR QUÉ? "para que la justicia de la ley fuera cumplida EN NOSOTROS, que no andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu” (Romanos 8:3-4).

La idea que Satanás esta tratando de interponer, es que es imposible para el hombre guardar la ley espiritual de Dios, y que Jesús vino como nuestro Salvador -no “en la carne” con naturaleza humana normal—sino mediante algunos “procesos especiales” a fin de que pudiera guardar la ley de Dios en nuestro lugar, y que por lo tanto, nosotros no tenemos que guardar la ley espiritual. La verdad es que lo que Cristo hizo en nuestro lugar fue morir por nosotros.

Pero SU obediencia debe ser nuestro EJEMPLO.

Aquellos que creen tal doctrina, parecen olvidar que Jesús obedeció en todo punto, “dejándonos ejemplo para que vosotros sigáis en sus pisadas” (I Pedro 2:21-22); que Jesús declaró: “SI quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19:17); y que El dijo, refiriéndose a toda la humanidad: “No con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios” (Lucas 4:4). Nosotros no sólo debemos guardar la letra de la ley, sino acatarla conforme es amplificada a través de la Biblia en “cada palabra de Dios”.

Como lo explico Jesús a través de Mateo 5, tenemos que HACER y ENSEÑAR aun él más pequeño de los mandamientos (versículo 19), e ir mas allá de las practicas de los escribas y fariseos, obedeciendo aun el espíritu y la intención de la ley divina de amor, conforme está resumida en los Diez Mandamientos.

Satanás el Diablo, a través de sus falsos ministros que se presentan como “ministros de justicia” (II Corintios 11:13-15), está tratando de engañar al mundo, al hacerle creer en un CRISTO FALSO -un Cristo que abolió la ley espiritual del Padre e hizo posible para nosotros herencia de la vida eterna, sin tener que construir con la ayuda del Espíritu de Dios, el CARÁCTER santo y justo que nos habilita a obedecer la LEY espiritual, eterna, no sólo desde ahora, sino para siempre.

La verdad aclarada

Ahora bien, para que comprendamos el real motivo que se oculta bajo la doctrina del anticristo, consideremos ciertas escrituras que esclarecerán la verdad de este asunto de una vez y para siempre.

En Santiago 1:13-14, leemos: “No diga nadie cuando es tentado: Tentado soy por parte de Dios; PORQUE DIOS NO PUEDE SER TENTADO DE COSAS MALAS, ni tienta a nadie; sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, cuando es halagado y arrastrado por ella” (Versión moderna).

¡Que claro! ¡Qué abundantemente claro! Como Dios no está compuesto de naturaleza humana con sus pasiones y deseos, NO PUEDE ser tentado por el mal. Y por el contrario, todo hombre es tentado de su propia concupiscencia - porque todo hombre tiene naturaleza humana.

Ahora busquemos Hebreos 2:17-18. Aquí Dios nos muestra que Cristo está en posición de ser un Pontífice misericordioso y fiel, “Porque en cuanto él mismo padeció siendo TENTADO, es poderoso para socorrer a los que son tentados”.

Y de nuevo en Hebreos 4:15 leemos: “Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; MAS TENTADO EN TODO según nuestra semejanza, pero sin pecado”.

¿Podría algo ser mas claro? Dios no PUEDE ser tentado. No obstante, Cristo Jesús FUE tentado en todo como lo somos nosotros. El era HUMANO. Fue tentado a través de los deseos de SU NATURALEZA HUMANA. El dijo: “No puedo yo de mí mismo hacer nada” (Juan 5:30). En los días de su debilidad carnal, con lagrimas clamo a Dios, el único SER que podía librarle de la muerte (Hebreos 5:7).

A pesar de tener naturaleza humana exactamente como la nuestra, con todas sus pasiones y debilidades y a pesar de haber sido “tentado en todo según nuestra semejanza”, fue hallado “SIN pecado”. El sufrió, voluntariamente, toda aflicción humana, privaciones y persecución, “dejándonos EJEMPLO” para que sigamos sus pisadas. “EL CUAL NI HIZO PECADO; ni fue hallado engaño en su boca” (I Pedro 2:21-22).

Jesús observó los mandamientos

Aunque tenía naturaleza humana, Jesús no pecó. Y de acuerdo con la Biblia, la Palabra de Dios, ¿cuál es la definición de pecado? “Pecado es la trasgresión de LA LEY” (I Juan 3:4).

Entonces Jesús, aunque tenía naturaleza humana, obedeció la LEY de Dios. En cierta ocasión dijo: “yo he guardado los mandamientos de mi Padre” (I Juan 15:10).

Su mandato fue: “Si quieres entrar en la vida, guarda los MANDAMIENTOS” (Mateo 19:17).

Así que, no sólo es posible -sino obligatorio— que obedezcamos la ley espiritual de Dios, los Diez Mandamientos, conforme son magnificados a través de la Biblia. Guardarlos en el espíritu no quiere decir “subliminarlos”, sino obedecerlos realmente, según el ejemplo que nos puso Jesús, mediante el poder del Espíritu Santo de Dios, el cual da sólo a quienes le OBEDECEN” (Hechos 5:32).

Pero Satanás mañosamente ha torcido, pervertido y mal aplicado escrituras aisladas, y valiéndose de sus falsos ministros que predican la doctrina del Anti-Cristo, ha logrado engañar a casi toda la Cristiandad de profesión en lo que a este particular concierne.

Pedro sabía que los hombres tratarían de pervertir y torcer especialmente los escritos de Pablo, en cuanto a lo que respecta a la ley de Dios. Por eso, escribió bajo inspiración divina, que las epístolas de

Pablo contenían algunas cosas “difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para perdición de sí mismos” (II Pedro 3:16).

Dios no se contradice, y literalmente centenares de escrituras por demás claras y precisas, nos enseñan a OBEDECER los mandamientos, la ley santa, espiritual de Dios. Y la Biblia claramente revela que Jesús -nacido de carne humana y teniendo la naturaleza humana, al igual que usted y yo —guardo los mandamientos de su Padre, dejándonos un ejemplo perfecto.

Ejercitando carácter

La única diferencia entre Jesús y cualquier otro ser humano es que Él fue concebido del Espíritu Santo. Por lo mismo, Él obedeció las leyes de Dios desde su nacimiento y jamás tuvo que pasar por los procesos de arrepentimiento, puesto que no cometió pecado, ni tuvo que desaprender ideas erróneas o malos hábitos, ni tuvo que aprender, gradualmente, a ejercitar su voluntad a fin de hacer el bien continuamente.

Él, que había sido Dios, estaba ahora cambiado, hecho carne humana con todas sus debilidades y deseos. No obstante, retenía en su personalidad la determinación, la VOLUNTAD de obedecer a Dios siempre.

La tentación de hacer mal, la idea de pecar, entró en la mente de Jesús. Si, eso le OCURRIÓ a Cristo a fin de que desobedeciera a Dios. ¡FUE tentado en todo, como lo somos nosotros!

Pero desde su nacimiento, Jesús rechazó tales ideas erróneas, tales tentaciones. Él dijo: “Vete de mí, Satanás”. SU VOLUNTAD era obrar rectamente. Él acudió a Dios el Padre en demanda de PODER para hacer siempre el bien. Y, demandando en oración la fortaleza necesaria a través del Espíritu Santo, siempre obró rectamente.

¡PERO NO CREA USTED QUE LE ERA FÁCIL!

Día tras día, Jesús luchaba contra el pecado, al igual que luchamos nosotros hoy.

Jesús necesitaba, angustiosamente, ayuda exterior. Pero El sabía donde podía obtener esa ayuda. “Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí ORABA” (Marcos 1:35). Cuando necesito fortaleza espiritual extra para poder pasar la terrible prueba de la crucifixión, “estando en agonía, oraba mas INTENSAMENTE: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44).

Quizás ahora podemos entender mejor la inspirada declaración de Pablo inscrita en Romanos 8:3: “Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de PECADO, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne”.

Sí, Jesús tenía carne de pecado -naturaleza humana.

Pero ejercitando la VOLUNTAD de obedecer siempre a Dios y mediante la ayuda extra que recibía y que necesitaba para dominar sus deseos carnales, Jesús repudió el influjo del pecado en la carne humana y demostró que la ley de Dios puede ser observada.

Entendamos aquí las escrituras que nos muestran que Jesús fue adorado mientras se hallaba aún en la carne. En Mateo 2:11, 8:2 y otros siete pasajes de los evangelios, encontramos relatos que nos dicen cómo los hombres adoraron a Jesús.

Con todo, sabemos que la Biblia nos prohíbe adorar a otro hombre. Para comprender esto, debemos entender que en Jesús “Dios ha sido manifestado en carne” (I Timoteo 3:16). A los hombres les era permitido adorar a Jesús, porque Él era la personalidad y voluntad perfecta de uno que era Dios -y Él ejercitó el carácter de Dios. Ellos no estaban adorando a Jesús como a cualquier otro hombre, sino como al santo, justo, perfecto carácter de Dios manifestado en la carne. ¡Él era Dios -en carne humana!

El gran propósito de Dios

Y así, ejercitando la VOLUNTAD para obedecer a Dios, Jesús “condenó el pecado en la carne” ¿con qué propósito? He aquí la verdadera RESPUESTA al por qué Dios tuvo que venir en carne humana. Aquí está el real PROPÓSITO del gran SACRIFICIO de Cristo, efectuado al desposeerse de su divino poder y gloria y venir a luchar contra el pecado en la carne y finalmente MORIR la ignominiosa muerte de la cruz.

La citada respuesta nos es dada en el siguiente versículo de Romanos 8. Cristo vino a condenar el pecado en la carne “Para que la justicia de la LEY fuese cumplida en NOSOTROS, que NO andamos conforme a la carne, mas conforme al espíritu” (versículo 4).

Cristo vino en la carne para ponernos un ejemplo perfecto, para MORIR en pago de nuestros pecados y hacer posible para nosotros el ser reconciliados con Dios, quien es santidad y justicia y recibir el Espíritu Santo -SU misma vida y carácter, implantados dentro de nosotros.

Después fue resucitado de la muerte y ascendido al cielo, habiendo ya calificado a través de cruel experiencia humana, para constituirse en nuestro Pontífice fiel y misericordioso -para guiarnos y fortalecernos por medio del Espíritu Santo, para que nosotros, también, podamos aprender a OBEDECER perfectamente las leyes de Dios, podamos DETERMINARNOS a hacer siempre el bien, podamos desarrollar el CARÁCTER santo, espiritual de Dios— y finalmente ser hallados dignos de heredar vida eterna como hijos nacidos del Todopoderoso.

¡Qué grande es el amor de Dios!

¡Qué sublime manifestación de ese amor, al venir en carne humana para salvarnos y hacernos su posesión para siempre!

¡Qué maravilloso es su plan cuando lo entendemos realmente!

¡Que Dios nos ayude a entenderlo!