Ejército Romano

Roma. Historia universal antigua. Legionario. Equipo. Legiones del Imperio. Batalla. Orden de acampada. Tácticas de asedio

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EL EJÉRCITO ROMANO

INTRODUCCIÓN

Roma fue fundada en la edad de Hierro europea, hacia el año 800 a.C. Reducida al principio a un pequeña aldea a orillas de Tíber, fue creciendo hasta dominar Italia entera y más tarde toda la cuenca del Mediterráneo. Si bien la conquista de Italia duró 600 años, para someter los restantes territorios Roma necesitó poco más de 100 años.

En el siglo II a.C. Roma era una República. La conquista de Italia había llegado a su fin y su dominio se extendía a la península ibérica y África noroccidental. Sus dos rivales, Cartago y Siria, habían sido ya derrotados y únicamente el Estado griego de Macedonia mantenía su actitud de desafío.

A mediados del siglo I a.C. las regiones de Julio Cesar habían sido reorganizas. Aparece un nuevo tipo de ejército, que tiende a traspasar a sus caudillos militares su primitiva lealtad a Roma.

En el siglo I d.C., era la época en que Roma constituía una unidad política que abarcaba desde Escocia por el Norte hasta Egipto hasta el Sur y desde la península ibérica por el Oeste hasta Armenia por el Este. Sin embargo el período se vio oscurecido por violentas luchas civiles. Las legiones, que tantos éxitos habían cosechado, se hallaban enzarzadas en rivalidades internas y pugnaban por colocar a sus propios jefes en el trono imperial.

Pero a finales del siglo II d.C., los pueblos germánicos (“bárbaros” les llamaban los romanos) amenazaban el Imperio. En el siglo III, realizan algunas incursiones; en el siglo IV, se asientan pacíficamente en él; y el siglo V, huyendo ante el avance de los hunos procedentes de Asia, irrumpen finalmente por todo el imperio y lo destruyen.

Esta presencia de pueblos germánicos fue el detonante de la crisis del Imperio, pero su trasfondo era el deterioro del sistema esclavista y la imposibilidad de mantener el centro de la actividad económica y social en las ciudades, como hasta entonces. Las oligarquías urbanas decayeron y los grandes latifundistas se convirtieron en el sector social más poderoso. Los pequeños campesinos abandonaban o cedían sus tierras a favor de los grandes terratenientes, con lo que establecieron lazos personales que anunciaban el sistema feudal.

En el año 330, Roma pierde el rango de capital: Constantino traslada la capitalidad a Constantinopla. Los emperadores, dueños absolutos, son adulados como dioses. Cuando los pueblos germánicos invaden el Imperio, uno de sus jefes destituye, en el 476, a Rómulo Augústulo, su último emperador.

LA VIDA DEL LEGIONARIO

Un legionario debía ser recomendado por alguien relacionado con el ejército. En caso de ser aceptado, recibía una pequeña cantidad en concepto de gastos de viaje, con el fin de que pudiera trasladarse a su le legión. A su llegada al campamento, prestaba el juramento militar y a continuación era enviado a su centuria. El juramento era renovado el primer día de cada año.

El nuevo recluta era entrenado para la marcha: a lo largo de sus años de servicio debía contar con tres marchas de 30 kilómetros al mes. Era adiestrado para construir un campamento y debía ejercitarse dos veces al día. Recibía una instrucción general referente a manejo de la honda, la natación y la equitación.

Para la instrucción de combate se utilizaba un poste, aproximadamente de la altura de un hombre, plantado en el suelo. El recluta, armado con un escudo de mimbre y una espada de madera, aprendía a tirar estocadas atacando dicho poste. Luego se simulaban batallas.

El período de servicio de un legionario era de 25 años. Recibía una paga tres veces superior a la de un auxiliar. Al retirarse, el legionario tenía derecho a una parcela de tierra o a una suma de dinero, a su elección. Por regla general se afincaba en el mismo territorio donde había prestado servicio.

EL EQUIPO DEL LEGIONARIO

La armadura estaba formada por unas placas que cubrían el pecho y la parte superior de la espalda. Los dos conjuntos superiores de ambos lados eran sujetados mediante correas y hebillas. Estos conjuntos estaban formados por placas articuladas con bisagras decorativas. Las láminas estrechas de los hombros, la espalda y la cintura eran remachadas sobre tiras de cuero resistente. Las de la cintura se abrochaban por delante con cordones.

Armadura romana

El escudo estaba formado por tres capas de tiras de madera desbastada de unos 2 milímetros de grosor, pegada de forma entrecruzada para formar una plancha contrachapeada con listones de madera encolados. Todo el escudo está forrado de piel y la parte delantera con una capa de lino. Los rebordes están cosidos sobre la madera.

A principios de siglo, la espada aún se recordaba la forma de daga de las espadas hispánicas primitivas, con una punta larga y aguda. A medida que avanzaba el siglo, los bordes se hacían paralelos y la punta más corta. Las vainas eran generalmente de madera y cuero, unido entre sí con bronce.

Las vainas varían poco en la forma. Son de bronce o de hierro. A menudo ostentan dedicados diseños, hechos con incrustaciones de plata. Al parecer, este arma dejó de usarse a partir de finales del siglo I d.C. No aparece ni una sola daga en la columna trajana.

LAS LEGIONES DEL IMPERIO

En la segunda mitad del siglo I d.C. se produjo unos cambios en las legiones. En la primera cohorte fue aumentada a unos 800 hombres, además de sufrir una pequeña reorganización que redujo a cinco las seis centurias anteriores. Por otra parte, se agregaron 120 jinetes, para misiones de exploración y enlace. Estas medidas elevaron sus efectivos a unos 5.500 hombres.

Muchas de las legiones surgieron en el transcurso de los 20 años que duró la guerra civil iniciada en el año 50 a.C. y concluida en el año 30 a.C. Probablemente por esta razón existían legiones con la numeración duplicada. El número de una legión aniquilada o disuelta no volvía a ser asignado a ninguna otra.

EN LA BATALLA

Generalmente consistía en dos legiones romanas en el centro, flanqueadas por dos aliadas, con la caballería cubriendo el flanco. Los hastati formaban la primera fila, ordenado en manípulos. Detrás venían los principes, y finalmente los de triarii.

Lo más común era que entre un soldado y otro se dejase un espacio de 2 metros. Es probable que la carga se efectuase en orden abierto y que tras el lanzamiento de los pila se cerrasen las filas.

La batalla comenzaba con el ataque de los velites y la caballería, que hostigaban al enemigo para quebrantar su moral.

Listas las legiones para el avance, la caballería volvía a ocupar sus posiciones en los flancos de la formación.

A continuación, el ejército avanzaba hacia el enemigo. Al llegar a una distancia de veinte metros, los hastati lanzaban los pilas ligeros y a continuación los pesados. Si se clavaban en el escudo, las púas de la punta dificultaba su extracción, y la varilla metálica se doblaba, lo que hacía inútiles los esfuerzos del enemigo por deshacerse de el, y su peso hacía incontrolable el escudo.

Aprovechando la confusión producida por la lluvia de lanzas, el legionario desenvainaba la espada y se lanzaba al asalto en orden cerrado.

ORDEN DE ACAMPADA

Para acampar necesitaban lo más parecido a una extensión de 800 metros cuadrados, de preferencia en terreno elevado, que no ofreciera protección al enemigo en caso de ataque y con agua en las proximidades.

En el centro de las líneas que señalaban la situación de las tiendas de los legionarios, el tribuno fijaba su groma para la medición del campamento. Determinaba las líneas de defensas frontales a una distancia de 400 metros. Además marcaba la línea de las tres avenidas principales.

Cuando el enemigo estaba próximo, el convoy de la impedimenta era colocado en las líneas que señalaban las defensas frontales del campamento. Los velites, la caballería y la mitad de la infantería pesada se colocaban por delante de dicha línea.

Tras esta línea humana, los legionarios levantaban un foso de unos tres metros de profundidad y cuatro de anchura, apilando la tierra extraída en el lado más próximo al praetorium, para formar luego un terraplén. La parte frontal del mismo era cubierta con el césped extraído de la zanja.

TÁCTICAS DE ASEDIO

En lo que realmente destacaban los romanos era en sus construcciones de asedio. Su maestría provenía principalmente de una combinación de habilidad, disciplina, energía y una gran tenacidad.

Utilizaban dos técnicas distintas. La primera consistía en la construcción de rampas y torres para tomar las murallas. La segunda recurría a fortificaciones defensivas alrededor de la misma, que quedaba aislada e imposibilitada de abastecerse de alimentos.

El mejor ejemplo de la segunda táctica se desarrolló en el sitio de Alesia. Sobre la tierra extraída de la zanja era construida una empalizada, con torres de 25 metros de altura.

Delante de la empalizada se ordenó excavar cinco zanjas, en cuyo interior se colocaron ramas puntiagudas, que formaban un cercado espinoso. Frente a este cercado se añadieron ocho hileras de estacas afiladas que a continuación se cubrieron con maleza.

En las tácticas de asedio, podían capturar una posición amurallada mediante el asalto, para este método, las catapultas lanzaban una barrera de piedras y flechas que obligaban a los defensores a ocultarse. Cubierto por ella, los legionarios hacían avanzar los arietes y torres.

También utilizaban mamparas para proteger a los legionarios mientras trabajaban. Las galerías eran cobertizos abierto por ambos lados, bajo los cuales los legionarios se aproximaban a las murallas.

Las torres eran utilizadas para elevar a los sitiadores a la altura de las murallas. Podían avanzar mediante ruedas o sobre rollos de madera. El interior estaba dividido en pisos y escaleras. En ocasiones sobrepasaban los 30 metros.

La formación tortuga trataba de la formación de tropas de forma que no le pudiera alcanzar ningún proyectil enemigo.

Consistía en la agrupación de 27 soldados formados en cuatro filas. Los seis de primera fila se enganchaban tras los escudos de los cuatro centrales, mientras que los de los extremos colocaban sus escudos vueltos hacia los lados. Las tres filas restantes, de siete filas cada una, estaban dispuestas de manera similar, pero los cinco centrales mantenían el escudo por encima de sus cabezas.