Egipto antiguo

Historia antigua. Civilización egipcia. Religión egipcios. Doctrinas Heliópolis, Atón, Akenatón. Magia y culto animalístico. Culto muertos

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ÍNDICE

-Índice 1-2

-Introducción al trabajo de las religiones antiguas 3

-Introducción a la religión Egipcia 4

-Desarrollo de la religión Egipcia:

*¿Una o varias religiones Egipcias? 5-6

*La formación de la religiosidad popular 6

*La aparición de los dioses locales 6

*Las doctrinas teológicas de Heliópolis 6-7

*La doctrina de Atón (ciclo solar) 7

*Tebas se impone (Imperio Medio) 7

*Triada tebana y el culto a Amón 7-8

*La herejía de Akenatón y el culto a Atón 8-9

*Las ideas religiosas egipcias en la época tardía 9

*Magia y culto animalístico 9

*Crisis final 9-10

*Aspectos puntuales 10

*Sacerdotes y culto 10

-Culto a los muertos:

*Creencias y ritos de ultratumba 11

*La doctrina osiríaca (ciclo agrario) 11-12-13-14-15

-Vocabulario 16

-Bibliografía 17

INTRODUCCIÓN

Este trabajo trata sobre las religiones en tiempos pasados, su desarrollo y forma de pensar de las civilizaciones antiguas así como de su forma de ver la vida.

Una de las razones por las que he elegido este trabajo es porque desde siempre me ha gustado la historia de nuestros antepasados y lo que hacía la gente antiguamente y sobre todo me gusta mucho estas religiones que nos da a tratar el profesor, como la religión Egipcia, Griega y Romana. Sobretodo me gusta la religión Egipcia, sus dioses y sus ritos.

Otra de las razones puede ser porque es uno de los temas donde se puede sacar bastante información.

Egipto antiguo

INTRODUCCIÓN

Las noticias sobre la vieja religión egipcia, e incluso las referentes a toda su historia y cultura, proceden íntegramente de dos fuentes: escritos de autores griegos antiguos y los propios textos egipcios. Aunque fragmentarios y de difícil interpretación el número de datos que proporcionan es suficiente para reconstruir el mundo del Egipto antiguo. El sabio francés Champollion aisló, el 14 de septiembre de 1822, el nombre de Ramsés II, y en pocos años se resolvió uno de los más apasionantes misterios de la Historia. Simultáneamente se emprendieron en serio los trabajos arqueológicos, que aún continúan y que han proporcionado no sólo espléndidas obras de arte, sino también millares de textos de las paredes de templos y tumbas, de estelas, obeliscos, sarcófagos y papiros, algunos de ellos equivalentes a verdaderos libros, además de otros muchos documentos de diverso carácter. Suelen quejarse los historiadores de que todas estas obras tengan carácter más o menos religioso, lo que les obliga a complicadas interpretaciones para hallar la verdad histórica; en cambio, esta circunstancia es sumamente ventajosa para la Historia de las Religiones. Los más viejos textos son las inscripciones de las paredes de las tumbas de los faraones abundan las oraciones y otros textos litúrgicos que, si no son claros relatos mitológicos, al menos permiten reconstruir con seguridad las ideas religiosas y muchas de las historias de los dioses. El famoso libro de los Muertos, junto a otras obras similares, nos informa, sobre las creencias de ultratumba. Existe también un pequeño grupo de textos literarios con narraciones mitológicas, a los que hay que añadir las numerosas inscripciones, pinturas y producciones del arte suntuario, han proporcionado también valiosos e interesantes datos para completar las ideas religiosas egipcias.

La Mitología egipcia, es el conjunto de creencias que conformaban la religión del antiguo Egipto. Las creencias religiosas de los antiguos egipcios tuvieron una influencia importante en el desarrollo de su cultura, aunque nunca existió entre ellos una verdadera religión, en el sentido de un sistema teológico unificado. La fe egipcia estaba basada en una acumulación desorganizada de antiguos mitos, culto a la naturaleza e innumerables deidades. En el más influyente y famoso de estos mitos se desarrolla una jerarquía divina y se explica la creación de la tierra.

DESARROLLO DE LA RELIGIÓN EGIPCIA

¿Una o varias religiones egipcias?

Según los griegos, "los egipcios eran los más religiosos de los hombres". En efecto, pocos grupos humanos habrán tenido tan hondamente arraigadas las creencias religiosas, desde el faraón hasta el último de los plebeyos. No sólo se preguntan por el sentido del universo y la propia existencia sino también por su destino, reforzada por las ideas de ultratumba, y cualquier actividad de la vida llevaba siempre el sello religioso.

Superficialmente considerada, la religión egipcia presenta gran número de dioses importantes e innumerables de segunda o tercera categoría, un panteón pobladísimo que en principio repugna a nuestra conciencia y que hasta puede resultar absurdo o ridículo. En principio puede hablarse de una religión politeísta. Sin embargo, un análisis profundo de las ideas, descubre un fondo monoteísta, mucho más intenso de lo que parece.

-En tiempos prehistóricos, cada clan tuvo su tótem, que luego se convirtió en dios; todos los dioses eran expresiones locales de una misma idea con nombres y aspectos diferentes.

-Cuando se unificó Egipto, el país resultante estaba formado por un mosaico de ciudades-Estados (convertidas en "nomos" o provincias), pobladas por hombres de grupos diferentes (que se fueron fundiendo entre sí), y por los antiguos dioses que, al reunirse, dieron por resultado el citado politeísmo. Sin embargo, no todos los egipcios adoraban a todos los dioses, sino cada ciudad o "nomo" a los suyos y a algunos generalizados, lo que ya es una notable reducción. En el fondo, eran los mismos dioses con diferentes nombres, ya que el creador se identificaba en cada nomo con el propio dios local.

-Más adelante, los sacerdotes-filósofos hicieron notables esfuerzos para reducir cada vez más la pluralidad de los dioses a una unidad cada vez más intensa. Así, Atum, Ra, Horas, Anión y otros se identificaron con el sol y todos representan el principio creador. Por otra parte, las divinidades funerarias acabaron resumiéndose en Osiris, y este se unificó a su vez con el Creador, como dos manifestaciones de una esencia única.

-Así se explican las relaciones familiares. Los dioses de nombre compuesto y una serie de historias, que sólo son justificaciones y explicaciones gráficas de esta marcha hacia el monoteísmo.

Es muy discutible si se debe hablar de una o de varias religiones egipcias; pero en su desarrollo histórico las ideas se van diferenciando cada vez más. En realidad se trata de numerosos tótem prehistóricos que se convirtieron en dioses de los nomos y luego en divinidades locales que, a veces, forman familias; una de ellas, por razones políticas, adquiere especial importancia en los Imperios tebanos: la de Amón-Hathor~Khonsú, y provoca la llamada herejía de Atón. Sobresalen las citadas doctrinas heliopolitanas y osiríacas; en tiempos tardíos renacen viejos dioses, se introducen algunos extranjeros y se cae en una especie de zoolatría o adoración de los animales

Con el tiempo se estructuraron varias corrientes de pensamiento:

- La religión popular, de aspecto politeísta, basada en la evolución de los antiguos tótem convertidos en dioses locales.

- Las concepciones teológico-políticas, simbolizadas en:

a) un mito solar (doctrina heliopolitana): la creación y origen del mundo

b) un rico mito agrícola (doctrina osiríaca); la resurrección y vida eterna.

- Las prácticas funerarias apoyadas en todo lo anterior, derivadas básicamente del mito de Osiris.

La formación de la religiosidad popular (primer núcleo de creencias)

Los dioses de Egipto son el resultado de una larga evolución histórica. Antes de la era faraónica en las orillas del Nilo los grupos humanos o clanes procedentes de Asia, África y del mismo Mediterráneo convergieron formando lo que conocemos por pueblo egipcio.

El primer núcleo de creencias

1. En Paleolítico la mayoría seguía creencias totémicas y animistas. Así pues se creían descendientes y emparentados con los animales, plantas o cosas. Esos seres fueron la primera base de los dioses del país del Nilo. Con el tiempo fueron evolucionando y creando sus propias reflexiones y doctrinas religiosas que explicaban el origen y organización del universo, la vida humana y su destino de ultratumba, de una manera más evolucionada.

2. Con el sedentarismo neolítico fueron fijando los territorios donde cultivaban y dominaban, con una ciudad como capital y centro; eran las divisiones de los griegos que llamaron "nomos", unos en el Delta o tierras bajas y otros en el alto valle del Nilo. Solían luchar entre sí y formar confederaciones; primero estuvieron divididos y rivalizaron entre sí, hasta que Menes, el primer faraón, unificó los dos Egiptos a comienzos de la III dinastía. Así nació el Egipto histórico.

La aparición de los dioses locales

Cada "nomo" conservó su antiguo tótem, convertido ahora en dios muy elemental (halcón, perro, lobo, cocodrilo...o con figuración antropomórfica). Las ideas animalísticas y humanizantes no tardaron en fundirse de manera muy curiosa, y dieron origen a seres híbridos con cuerpo humano (de las ideas más avanzadas) y cabeza de animal (peso totémico)

A veces fruto de las conquistas aparecen los símbolos dobles (Ej.: un halcón colocado encima de un chacal indica la conquista de un nomo por otro). Muchos de los tótem-dioses desaparecieron o quedaron reducidos a divinidades locales o populares sin importancia; en cambio, otros, como el halcón, el chacal, el hipopótamo, etc. Fueron creciendo en importancia y antropomorfismo, se les dotó de verdaderas biografías y sirvieron de base a complicadas concepciones teológicas, convirtiéndose así en los grandes dioses históricos.

Las doctrinas teológicas de Heliópolis

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Ya indicamos que el enorme conjunto de creencias egipcias, de complicación verdaderamente extraordinaria, tienden a agruparse en dos ciclos fundamentales, uno de carácter solar, el de Heliópolis, y otro de simbolismo agrícola, el de Isis y Osiris. Ambos presentan a su vez abundantes variantes que se pueden agrupar en las tradiciones populares de aspecto novelesco, y en una doctrina mucho más culta, elaborada y filosófica, ligada a los sacerdotes.

La doctrina de Atón (ciclo solar)

En su aspecto popular, todo arranca del dios solar y local de Heliópolis, llamado Atum. Era el creador primordial, que existía ya antes de los comienzos; de si mismo extrajo la primera pareja: Shu, dios del aire, y Tefnet, diosa del vació, de los que nacieron Geb (la tierra, masculino) y Nut (el cielo, femenino) íntimamente unidos y colocados horizontales uno sobre el otro hasta que Shu se interpuso, levantó a Nut y separó así a los elementos; ambos quedaron unidos por los pies y las manos y Nut forma la bóveda celeste estrellada, que aparentemente descansa sobre el horizonte. Geb quiere apartar a Shu, se agita, pero sus movimientos quedan petrificados, lo que explica los terremotos y las montañas. De Nut y Geb nacieron otras parejas Osiris (el Nilo) e Isis (el suelo fecundado); Set (el desierto) y Nephtys. Atum y las cuatro parejas constituyeron la Gran Enéada heliopolitana, origen no sólo del universo físico, sino de todos los demás dioses y los hombres.

Existen variantes de dicho mito en otros lugares de Egipto que suponen otras combinaciones. Pero todas intentan explicar el origen del sol, la tierra, el espacio...

La doctrina heliopolitana Influyó enormemente en toda la vida moral y práctica de Egipto, se alió íntimamente con la realeza, que, al menos en teoría, se fundamentaba en sus principios. En otras ciudades se adaptaron sus ideas a los dioses locales, y así nacieron divinidades complejas, como Amón Ra, de Tebas, Sebek-Ra, de Cocodripolis, etc., y su esposa Hator se asoció a su vez a la mayoría de diosas locales.

Tebas se impone (Imperio Medio)

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A finales del Imperio Medio, Tebas, capital del Alto Egipto, sufrió la invasión de los reyes iksos o pastores, Tras trágicas revueltas, Tebas se impuso contra los extranjeros. Esto la convirtió en capital absoluta de Egipto durante la época más brillante de su historia: el Imperio Nuevo.

Tríada tebana y el culto a Amón

Amón, el viejo dios-carnero de Tebas, sin grandes tradiciones teológicas, se fue enriqueciendo con los simbolismos de otras divinidades a las que suplantaba, y pronto se identificó con el sol como Amón-Ra; así detentó la dignidad de creador, señor de Egipto y usurpó todos los atributos de la doctrina heliopolitana, entre otros, la paternidad carnal de los faraones.

Su culto fue pronto espléndido, se le levantaron templos en todo el país, los dos más importantes en Tebas y Luxor. Amón tuvo por esposa a Hathor, gran diosa-vaca del cielo y madre del sol, que como diosa de la vida y del amor fue muy popular. No solo presidía el nacimiento, sino también la muerte y cultivaba los sicomoros en la linde del desierto para alimentar a los muertos. Amón se representaba con cabeza de carnero y dos plumas; Hathor como vaca, mujer con cabeza de vaca, o mujer con cabeza normal, pero de orejas vacunas. En cambio, el hijo de ambos, Khonsú, siempre ofrecía aspecto de un joven muy bello; originariamente era una divinidad lunar, que luego se popularizó como creador y exorcista.

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La tríada tebana tuvo poca originalidad teológica, pero su influencia política era inmensa, incluso sobre los propios faraones. El rey no era ya el sumo sacerdote, cargo que pasó al Primer Profeta de Amón. El sacerdocio tebano tiranizaba al país, provocando las revueltas dinásticas de tiempo de Amenofis III y la reina Hapt-set-supt, y la religiosa de Akhenatón. Además, el pueblo se atrevió en estos tiempos a dirigirse directamente a la bondad y protección de la divinidad, acabando por crear una especie de religión o devoción popular, práctica y comprensible para todos, muy diferente de las oscuras elucubraciones de los sacerdotes de Amón, comprensibles tan sólo para una minoría selecta de iniciados.

La herejía de Akenatón y el culto a Atón

Durante la dinastía XVIII se produjo uno de los movimientos religiosos más interesantes de Egipto, la llamada "herejía de Akenatón", que fue al mismo tiempo una reacción de significado teológico y político, auténtica revolución dirigida "desde arriba" por el propio faraón.

Desde el punto de vista religioso se fundamenta en un aumento progresivo de la devoción al sol, considerado como símbolo divino cada vez más abstracto, bajo el nombre de Atón, que en realidad no era idea ni nombre nuevo, pero que anteriormente aparecía de modo secundario o confundido como atributo de otros dioses, como Ra o Amón. El cambio teo1ógico se va preparando por la influencia asiática aportada por los casamientos sucesivos de varios faraones con princesas asiáticas, caso de Tutmosis IV, Amenofis III y, sobre todo, Amenofis IV.

Amenofis IV era hombre extraño, débil y deforme de cuerpo, enfermo y de aspecto poco agradable, pero dotado de un gran espíritu y de indomable energía. Su esposa, la famosa Tadukhipa, llamada, en Egipto, Nefertiti, Nefertari o Nefertite, fue su constante colaboradora. Cuando menos podía esperarse, rompió abiertamente con la tiranía de los sacerdotes de Amón, hasta el punto de que cambió su nombre de Amenofis (que significa «Amón está satisfecho») por el de Akenatón (la gloria de Atón), abandonó la ciudad de Tebas y fundó otra nueva, Ikhunatón (Horizonte de Atón), llamada hoy Tell el-Amarna, e incluso la persecución de los sacerdotes del culto anterior y la destrucción de las imágenes de los dioses.

La doctrina de Atón es profunda: un monoteísmo que reconoce a la divinidad suprema llena de dulzura, de justicia y de amor a los hombres; se le representa como un disco con numerosos rayos terminados en manos que acarician al faraón, a los humanos y a todas las cosas, simbolizando así su providencia. Esta reforma duró poco tiempo, aproximadamente desde el 1370 al 1350 a. de J.C. Akenatón murió joven y sus sucesores, entre los que se encuentra el famoso Tutankamon, abjuraron pronto de la nueva fe y los sacerdotes de Amón restablecieron pronto su tiranía en Tebas con más fuerza que antes. Fue una época corta, pero muy interesante en todos los aspectos, especialmente por sus bellas producciones literarias, la renovación del arte, que se transformó en expresión íntima y naturalista de la vida, y por sus concepciones tan humanas y de ideales muy puros y elevados.

Las ideas religiosas egipcias en la época tardía

Magia y culto animalístico

La época saíta coincide con la decadencia de Egipto: Este sufre las conquistas de sus vecinos más fuertes (asirios, persas y griegos). Destacan por su importancia en esta época las dinastías llamadas saítas por tener su capital en Sais, en el Delta, que intentaron en vano reconstruir el antiguo esplendor del país. Son esfuerzos marcados por el nacionalismo como medio de autodefensa ante las influencias extranjeras.

La teología, sufre también la crisis. Se descompone y divide en multitud de creencias, frecuentemente supersticiosas y locales, la magia adquiere cada vez más importancia y está al alcance de todos, con lo que la religión se trivializa y pierde calidad. Fruto de esta crisis es la nueva importancia y forma de adoración que recibe el culto a los animales. Es una especie de vuelta a los orígenes totémicos y animalísticos.


Nunca habían faltado el culto a los animales divinizados como la vaca Hathor, el buey Apis o el halcón Horus, o como símbolos (escarabajo sagrado lo era del disco solar). Pero su número era siempre limitado y sometido a ritos cuidadosos. En cambio, en los últimos tiempos se multiplicaban las especies sagradas, hasta el punto de serlo casi todas las que vivían en Egipto; en El Fayum, el dios Sobk no se suponía encarnado en un cocodrilo, sino en todos; no se adoraba a Bast en un gato determinado y especialmente consagrado, sino en todos los del país. Lo que comenzó siendo una aspiración sentimental e ingenua hacia las épocas heroicas, y como una reivindicación nacionalista al destacar los dioses más antiguos y nacionales, degeneró en superstición, en una verdadera zoolatria o adoración ciega a los animales por sí mismos.

Crisis final

Durante la época de los Tolomeos Egipto fue independiente pero a continuación quedó bajo la dominación de Roma como provincia sometida, hasta la ruina del Imperio. No pudo resistir Egipto la Influencia de los cultos invasores, (griegos, romanos). Seguía de moda la adoración de los animales y se mantenían algunos dioses, pero pronto surgieron mitos y ritos, mixtos, con características de ambos pueblos y se intentó la identificación o equivalencia de dioses de ambas partes: Zeus y Amón. Anubis y Hermes, Atenea y Neith, Hathor y Afrodita, etc., constituyendo un nuevo y abigarrado panteón sin personalidad ni grandeza. No obstante, a los verdaderos egipcios les repugnaban estas divinidades y seguían adorando a las suyas, que a su vez resultaban ridículas y condenables para los griegos y, sobre todo, para los romanos.

 Aspectos puntuales

Sacerdotes y culto

Las ideas religiosas de los egipcios fueron muy diversas a través de su larga evolución. A primera vista pueden considerarse religiones diferentes, dada la variedad de templos y de sus ritos.

En tiempos más lejanos el jefe del clan sería al mismo tiempo cabeza religiosa del grupo, acaso auxiliado por brujos que adquirieron cada vez más importancia. Al llegar los cultos solares del Imperio Antiguo, el faraón se erigió en sacerdote supremo al mismo tiempo que era jefe del Estado, auxiliado por numerosos sacerdotes menores. Ello se justificaba por su carácter de encarnación terrestre de la divinidad solar. Por lo tanto, el Estado regía la religión.

Los sumos sacerdotes de los diferentes cultos elaboraron las doctrinas dogmáticas que ayudaban al faraón. Cada vez fueron adquiriendo más peso político debido, en parte, por la debilidad de los faraones. Cuando el dios local de Tebas, Amón, logró la supremacía religiosa oficial sobre todo Egipto, lo hizo ayudado por la los sacerdotes.

La clase sacerdotal, rica, soberbia, culta y con apetencias sin límites, era numerosa y perfectamente jerarquizada. Llegaron a poseer la tercera parte de las riquezas y tierras de Egipto, dominaron a los faraones, sin que lograran triunfar ningún tipo de sublevaciones que supusiera cambios en dicha estructura (como la de Hapt-set-supt o la de Akenatón).

El pueblo tenía una escasa o nula participación en la liturgia profunda celebrada en los templos. Esta consistía esencialmente en ofrendas de alimentos y bienes, en sacrificios de animales, cremación de incienso, oraciones y cánticos. Especial relevancia tenían los ritos funerarios y los solares como los de Ra.

CULTO A LOS MUERTOS

Creencias y ritos de ultratumba

La creencia en la vida de ultratumba y los ritos para asegurarla, caracteriza a la cultura egipcia posiblemente más que cualquier otro de sus aspectos. Como hemos visto en la religión, también las ideas y las prácticas evolucionaron mucho a través de la larga historia. Desde de tiempos de las primeras dinastías encontramos ya muestras de la creencia en que el faraón divinizado segaría viviendo en otro mundo y protegiendo desde él a su pueblo.

Más tarde, los textos de las pirámides nos ilustran con profusión que ya no se trataba, como antes, de una prolongación de las funciones reales después de la muerte, sino de la auténtica divinización del faraón. Hay que defender el cadáver real, hacerle revivir, asegurar su duración eterna, porque con su suerte se identifica el porvenir de toda la raza, en lucha contra la muerte.

La doctrina osiríaca (ciclo agrario)

El otro gran mito que polariza las creencias egipcias es el de la muerte y resurrección, materializado en la historia de Osiris y de su esposa Isis. Su importancia fue enorme, ya que de él dependen todas las creencias y prácticas relacionadas con ultratumba, fundamentales en el país de los faraones y de gran repercusión en sus costumbres, literatura y arte. En cierto modo complementa el ciclo heliopolitano,

Osiris, acaso el dios más popular de Egipto, fue en sus comienzos un dios de la vegetación. Osiris era un gran rey. Enseñó a los hombres la agricultura y les dio el trigo, la cebada y la vid, de donde salieron el pan, la cerveza y el vino. Instituyó leyes para los egipcios, les enseñó a adorar a los dioses, conquistó el Alto Egipto, rico en metales, y les legó la metalurgia. Luego extendió su reinado de paz, bondad, ciencia y cultura a todo el mundo; su constante colaboradora y esposa era Isis, la sabia y poderosa hechicera, autora de muchos de estos inventos. El dios Thot creó las letras y las artes, era buen administrador y ayudaba también a Osiris; Anubis, dios-perro, y Upuat, dios-lobo, acompañaron a Osiris en sus conquistas; eran dioses guerreros procedentes de otros nomos y aliados de Osiris.

Su malvado hermano Seth (el tifón, el desierto), ayudado por 72 conjurados, lo encierra en un cofre y lo arroja a al Nilo. Osiris se ahoga, su cadaver llega flotando hasta Byblos, en Siria, donde Isis, su esposa, recoge el cuerpo. Pero Seth lo descubre, se lo arrebata y corta el cadáver en pedazos distribuyéndolo entre sus cómplices. Independientemente de esto, los hombres del Alto Egipto (el Valle), donde reinaba Seth toman el Delta. Los dos hermanos representan dos principios irreconciliables y complementarios del universo: la vida y la muerte, simbolizadas por la vegetación. Al final de su ciclo, las semillas quedan enterradas, como los cadáveres, en el suelo.

Siguiendo este paralelo, la etapa siguiente es la resurrección, del mismo modo que de los granos ocultos nacen nuevas plantas que perpetúan eternamente el ciclo vida-muerte-resurrección, Isis desempeña aquí el papel principal, como diosa de las aguas y la vegetación.

Isis busca cada uno de los miembros de Osiris y erige una tumba a cada uno; aparecen todos menos las partes sexuales, que devoró un pez. No contenta, vence a la muerte con sus hechicerías, "Inventó el remedio que da la inmortalidad". Para ello reunió todos los miembros, y ayudada por Anubis, Thot y Nephtys, hizo un cuerpo eterno o "zert", la primera momia, dotado de vida eterna y mágica, pero esta nueva vida, que es la de ultratumba, la aleja del mundo, cuyo gobierno directo confió a un sucesor.

La historia de éste es el colofón de la leyenda de Osiris.

Isis recurrió de nuevo a la magia para ser fecundada por el cuerpo muerto de Osiris, y dio a luz un hijo póstumo, Horas, que por ello se llama preferentemente "hijo de Isis". Creció en los pantanos del Delta —como el trigo que renace del grano enterrado—y cuando llegó a la mayoría de edad se transformó en el vengador de su padre. Ayudado por numerosos dioses, incluso la concubina de Seth, y muchos egipcios, venció al asesino; éste pretendió ser inocente y recurrió a un tribunal, que gracias a la intervención de Thot le declaró culpable; Hotus le venció otras dos veces y le sometió para siempre.

En todo esto vemos el reflejo de las luchas entre el Alto y el Bajo Egipto, la organización social y política de tiempos prehistóricos y uno de tantos mitos agrícolas de la vida y de la muerte. Pero la teología de Osiris, convertido en dios y juez de la muerte, es mucho más profunda.

La historia de Osiris recuerda desde luego la organización y a la constitución del Estado: la familia osiriaca es modelo de la del faraón muerto y vivo. Más profunda es la extensión de su carácter benéfico de divinidad de la vegetación, que acaba convirtiéndole en el Ser-bueno. Víctima que muere para la salvación de los hombres. Es también importante que su venganza no sea solamente la revancha de la fuerza bruta, sino que vaya seguida de un juicio ante tribunal, lo que significa el triunfo de la verdad y de la justicia.

Osiris como dios de la vegetación, nace, vive, es desmembrado (el trigo molido, las uvas pisadas), enterrado (siembra del grano) y resucita (nacimiento de la vegetación en primavera). Como todos los dioses agrícolas, su vida y resurrección se identifica con la vida del universo.

Osiris debe el prestigio a su carácter de divinidad funeraria que se enfrenta con la muerte, la vence y enseña a todos los hombres la manera de superarla. Esto explica que reinase en las necrópolis y que su culto fuera popular y universal.

En los mitos de Osiris, el dios real asesinado y resucitado, los teólogos de Heliópolis, identifican al faraón vivo con Horus, muerto lo unen a Ra. Ambas ideas se entremezclan sin excluirse, y el rey muerto tiene al mismo tiempo dos destinos: el osiríaco y el solar. Para los egipcios el hombre constaba de un cuerpo terrestre vivo (ket), un cuerpo terrestre muerto y momificado (zet) cuya duración se refuerza con varias estatuas o «dobles», y los elementos espirituales: sustancia divina (ka), espíritu (alh) y alma o principio vital (ba).

Por eso se organizó un rito litúrgico, llevado por sacerdotes especializados, donde se estableció la momificación. Se momificaban los cuerpos con el objetivo de conservarlos para la nueva vida y se rodeaba a los muertos de todo aquello que se creía que podía serles útil (platos, comida, joyas, muebles, herramientas…)

Esta segunda vida era, según las creencias religiosas de los egipcios, similar a la que habían vivido antes de morir, pero sin las penalidades cotidianas.

En el Imperio Antiguo la religión egipcia mantenía que solamente los faraones eran inmortales y que, como dioses que eran, gozaban de otra vida llena de todos los lujos, por eso se les erigían grandes monumentos funerarios. Desde el Imperio Medio, se fue extendiendo la creencia de que todos los humanos podían vivir otra vida tras la muerte.

La momificación o embalsamamiento era un proceso largo y costoso que no todas las personas podían permitirse.

Había tres métodos de embalsamiento. El más completo consistía en extraer el cerebro con unos ganchos por la nariz; después se abría el abdomen y se retiraban todas las vísceras, que eran lavadas y guardadas en tarros. El vientre se rellenaba con hierbas y otros productos y luego se dejaba el cuerpo sumergido en natrón (carbonato cálcico) durante sesenta días. Pasado este tiempo, el cuerpo se había endurecido, entonces se envolvía con gasas y se le colocaban los adornos y amuletos, entre los que destacaban un gran escarabajo en el lugar del corazón.

El segundo método de embalsamiento consistía en introducir resina dentro del cadáver, sin abrirlo, y en dejar el cuerpo sesenta días sumergido en natrón.

Además del costo de la momificación, había que tener en cuenta la compra de un sarcófago y de una tumba donde el difunto descanse en paz y donde sus familiares pudieran llevarle comida.

Todo esto hacia que asegurase el paso a la otra vida resultara caro, por lo que la mayoría de los egipcios acabaron siendo enterrados en el desierto, donde su cuerpo se descomponía con rapidez.

En cementerios especiales, cercanos a algunos templos, se han encontrados muchos animales momificados. Eran animales sagrados que representaban a un dios o una diosa. Este es el caso de los gatos, semejantes a los gatos abisinos actuales, símbolos de la diosa Bast.

Los lugares donde descansaban los cuerpos tras la momificación también eran muy variados. Los más ostentosos y ricos eran las tumbas de los faraones y de sus familias. Estos eran enterrados en enormes matabas o pirámides.

Posteriormente, trataron de esconder sus lugares de enterramiento para evitar el saqueo de las tumbas. Por este motivo se construyeron los hipogeos, galerías excavadas en la roca y con la puerta disimulada.

De esta manera el espíritu del faraón podía sufrir el juicio ante un tribunal, presidido por Osiris. Se procedía a una psicostasis o peso del alma. En una balanza se pesaba el corazón del difunto y la pluma de la diosa Maat. Si pesaba más el corazón, un ser mitad elefante mitad cocodrilo devoraba el difunto juzgado, pues no merecía disfrutar de otra vida.

Si superaba esta prueba, es decir si pesaba más la pluma, era preguntado sobre sus actos durante la vida.

Era una especie de confesión en que relataba todo lo bueno que había hecho en vida y negaba lo malo. Con el fin de que pudiera salir bien parado del interrogatorio, se colocaba al lado de la momia un ejemplar del Libro de los Muertos, que recogía todas las respuestas correctas y alabanzas a Osiris.

Con el fin de que pudiera salir bien parado del interrogatorio, se colocaba al lado de la momia un ejemplar del Libro de los Muertos, que recogía todas las respuestas correctas y alabanzas a Osiris.

El faraón se identificaba entonces con Osiris y accedía a la inmortalidad.

Pasado el interrogatorio, sólo era necesario que los familiares no olvidaran llevar regularmente alimentos al a tumba.

Egipto antiguo

El destino solar fue siempre privativo del faraón. Los ritos osiríacos (de la inmortalidad y de la resurrección) no estaban permitidos a todos los habitantes de Egipto. Sólo 500 imakhu o elegidos del rey (parientes, cortesanos y amigos), obtenían este privilegio y podían construirse una tumba en la necrópolis real.

La situación era tan injusta, que al final del Imperio Antiguo se produce la llamada revolución social. Una de sus causas fue el deseo de los egipcios de tener también derecho a la inmortalidad. La consiguieron a partir de la época tebana—Imperios Medio y Nuevo—, lo que fue la primera gran conquista social de la humanidad. Los ritos osiriacos se aplicaron desde entonces a todos los que podían pagar la costosa preparación de la momia (para lo que se establecían tres sistemas y tres tarifas), construirse una tumba que asegurara la conservación del zet y de la estatua, y ofrendarle figurillas y pinturas (respondientes) que realizaran para ellos todos los trabajos y servicios en el otro mundo.

Finalmente, conforme avanzaron los tiempos, los ritos y derechos se fueron difundiendo y simplificando, hasta que prácticamente todos tuvieron derecho a la vida eterna de ultratumba. Se ha pasado del despotismo sagrado al socialismo religioso del Estado.

Los jeroglíficos de los libros y relieves del antiguo Egipto suelen ser parte integral de la escena a la que alude.

Enterrar a los muertos era una cuestión religiosa en Egipto, y los rituales y el equipamiento funerarios egipcios llegaron a ser los más elaborados que el mundo haya conocido. Los egipcios creían que la fuerza vital estaba compuesta de varios elementos psíquicos, el más importante de los cuales era el ka. El ka, un doble del cuerpo, acompañaba a éste durante toda la vida y, después de la muerte, se separaba del cuerpo para ocupar su lugar en el reino de los muertos. El ka, sin embargo, no podía existir sin el cuerpo; por lo tanto debían hacerse los esfuerzos necesarios para preservar el cadáver. Los cuerpos eran embalsamados y momificados de acuerdo con un método tradicional supuestamente iniciado por Isis, quien momificó a su marido Osiris. Además, encima de la tumba se colocaban las réplicas de madera o de piedra del cuerpo para que sirvieran de sustitutos en caso de que la momia fuese destruida. Cuanto mayor fuera el número de dobles escultóricos, mayores eran las oportunidades de que la persona muerta resucitara. Como última medida, se erigían tumbas sumamente complicadas para proteger el cadáver y su equipo.

Al abandonar la tumba, las almas de los muertos eran supuestamente acosadas por innumerables peligros, por consiguiente, a los cadáveres se los enterraba con una copia del Libro de los muertos. Parte de este libro, una guía por el mundo de los muertos, consiste en encantamientos ideados para superar estos peligros. Cuando se llegaba al reino de los muertos, el ka era juzgado por Osiris, el rey de los muertos, y asistido por 42 demonios. El Libro de los muertos también contiene instrucciones sobre la conducta apropiada ante estos jueces. Si los jueces decidían que el difunto había sido un pecador, el ka era condenado a pasar hambre y sed o a ser despedazado por terribles verdugos. Si la decisión era favorable, el ka iba al reino celestial de los campos de Yaru, donde los cereales crecían dos veces más que la altura de un hombre y la existencia era una versión glorificada de la vida en la tierra. Todas las necesidades que el alma pudiera tener en esta existencia paradisíaca, desde muebles hasta material de lectura, había que colocarlas en las tumbas. Como pago por la vida después de la muerte y por su benevolente protección, Osiris requería que los muertos realizaran tareas para él, tales como trabajar en los campos de cereales. Podían eximirse de este deber, si en las tumbas se habían depositado unas estatuillas denominadas ushabtis, ya que estas, en el reino de los muertos, se transformaban en sustitutos de los muertos.

VOCABULARIO

  • Suntuario: Relativo al lujo

  • Teológico: Doctrina sobre a esencia, existencia y atributos de dioses.

  • Deidad: Divinidad

  • Arraigada: Establecer o afirmar en una virtud, costumbre etc.…

  • Tótem: Ser animado o inanimado, pero generalmente animal o vegetal, de quien cree descender la tribu y a la cual sirve al mismo tiempo de emblema y de nombre colectivo.

  • Zoolatría: Adoración, culto a los animales.

  • Animistas: Partidario del animismo (doctrina)

  • Híbrido: Que proviene de dos especies o variedades distintas.

  • Sicomoros: Árbol moráceo de Egipto; especie de higuera con las hojas parecidas a las de la morera.

  • Providencia: Disposición anticipada o prevención que mira o conduce al logro de un fin.

  • Trivializar: Quitar importancia, o no dársela, a una cosa o un asunto.

  • Dogmático: Que afirma como verdad inconcusa o como un hecho establecido a lo que es discutible.

  • Profusión: Copia, abundancia excesiva.

  • Polarizar: Acumular los efectos de un agente físico en puntos o direcciones opuestas de un cuerpo.

  • Ostentoso: Magnífico, suntuoso, pomposo.

BIBLIOGRAFÍA

    • Microsoft Encarta 2002

    • Libro de E.D.B 1º de Historia

    • Enciclopedia Larousse

    • Libro: Ramsés II: La verdadera historia de Christiane Desroches, Ediciones Destino

Páginas de Internet:

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